LA TRASCENDENCIA

Ofrecer un gol como imagen ejemplar del nexo entre vida y muerte es un remedio tosco pero eficaz.

Hace unas semanas los medios de comunicación daban cuenta de dos noticias aparentemente inconexas pero que, como se verá, tenían vínculos entre sí. A través de la primera se nos informaba del fallecimiento de dos personas en Chicago. Al tratar de recuperar los smartphone que se les habían caído en el río helado dejaron la vida en el intento. Era un acto absurdo, desde un cierto ángulo, aunque, desde otro, estuviese lleno de significado y fuese simbólicamente representativo de las pulsiones de nuestra época.

También la segunda noticia nos trasladaba a un escenario absurdo y representativo al unísono. Un club de fútbol —el Barcelona—, siguiendo el ejemplo de otros clubes europeos, había presentado públicamente el Espacio Memorial, un recinto funerario que albergaría las cenizas de todos aquellos difuntos que decidiesen escoger el estadio azulgrana como lugar de reposo para la eternidad. Los cálculos eran más bien optimistas y los dirigentes del club habían previsto, de entrada, 30.000 urnas individuales. Leer más

LA CRUZ Y EL SILENCIO DE JESÚS, Enrique Martínez Lozano

Escrito por  Enrique Martínez Lozano

FE ADULTA

Mt 27, 11-54

Son varios los elementos llamativos de este relato de la pasión que hace Mateo:

• El interés por «culpabilizar» a las autoridades judías –y, paralelamente, «desculpabilizar» a las romanas- de la muerte de Jesús. Parece hallarse una doble intención de fondo: expresar el enfrentamiento con el judaísmo, ya frontal en los años 80, y no «molestar» a los romanos, bajo cuyo imperio se iban extendiendo las comunidades. A ello habría que unir, probablemente, la intencionalidad de dejar clara la inocencia de Jesús.

• La incoherencia del poder que, a pesar de tener clara la inocencia del reo, decide igualmente su condena.

• Las torturas padecidas por el condenado, que nos traen ante nuestra mirada a tantos hombres y mujeres torturados de tantas maneras a lo largo de toda nuestra historia humana.

• Las burlas de la autoridad religiosa, que recuerdan, por otro lado, las tentaciones que acompañaron la vida de Jesús.

• Las palabras que pone en boca de Jesús moribundo («Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»), que no habrían sido pronunciadas por él mismo, sino que recogerían el sentir del primer evangelista (Marcos), y que están tomadas del Salmo 22.

• Los signos apocalípticos que utiliza el autor para subrayar la trascendencia de esa muerte, vista desde su propia fe…

Sin embargo, en esta ocasión, lo que más ha «tocado» mi corazón ha sido el silencio de Jesús. Si exceptuamos aquellas con las que se inicia el Salmo 22, y que parecen ser una atribución del autor, de los labios de Jesús no sale una sola palabra. Incluso, en el interrogatorio a que lo somete Pilato, y ante la extrañeza de este, Jesús calla.

Existen, ciertamente, diferentes tipos de silencio: el impuesto, el mutismo elegido, el que expresa indiferencia, o cobardía, o incluso desprecio y descalificación del otro… No parece que el silencio de Jesús encaje en ninguna de estas categorías.

Personalmente, alcanzo a ver tres niveles en ese silencio: por un lado, es expresión de dignidad, propia de quien ha sido y es fiel a sí mismo; por otro, de confianza, característica de quien se sabe sostenido y fundamentado, más allá de las circunstancias cambiantes; y, finalmente, en una dimensión todavía más profunda, de sabiduría, es decir, de conexión con su identidad más honda.

Tanto la dignidad como la confianza no son difíciles de comprender, sobre todo, teniendo en cuenta que habían sido signos distintivos de la práctica y del mensaje del maestro de Nazaret.

Pero, ¿qué significa que ese silencio sea expresión de sabiduría? Los sabios y los místicos tienen algo que decirnos al respecto: para ellos, el silencio no es mutismo, sino condición necesaria para percibir en profundidad, es decir, para acceder a aquella verdad a la que el razonamiento no puede acceder. De hecho, todos ellos han hablado del vacío, de la oscuridad, del no-saber, del no-pensamiento…, como requisito previo al conocimiento más profundo.

No solo eso. El silencio, así entendido, no es únicamente ausencia de ruido, ausencia de pensamiento y ausencia de ego, aunque incluya todo ello. Es, básica y fundamentalmente, un estado de consciencia, Aquello que somos en profundidad, Eso que constituye nuestra verdadera identidad.

En este sentido, lo opuesto a «silencio» es identificación con la mente, y con la identidad que ella piensa: el ego. Desde aquí, vivimos necesariamente reaccionando a lo que ocurre, a lo que nos dicen o nos hacen, desde la perspectiva y los mecanismos propios del ego.

«Silencio» es otro nombre de nuestra identidad verdadera, aquella que no puede ser pensada, porque no es objetivable. Nos evoca la «Nada», de Juan de la Cruz o de Miguel de Molinos, el Vacío del zen, o el sunyata del budismo.

Molinos se refería a ello con estas palabras: «Éntrate en la verdad de tu nada y de nada te inquietarás… Oh, ¡qué tesoro descubrirás si haces de la nada tu morada!… Si estás encerrado en la nada, adonde no llegan los golpes de las adversidades, nada te dará pena, nada te inquietará. Por aquí has de llegar al señorío de ti mismo, porque solo en la nada reina el perfecto y verdadero dominio».

Al conectar con nuestra verdadera identidad, tomamos distancia de la mente y de todos sus movimientos (mentales y emocionales), y se nos regala acceder a esa «Espaciosidad» sin fronteras que somos –pura consciencia de ser- y que muy bien se puede designar como «Silencio».

Silencio es la morada del sabio: desde él se vive, o mejor dicho, permite que la Vida viva, se exprese y fluya a través de su persona. Por eso, no hay reacciones, sino sencillamente respuestas.

En todo el proceso judicial que habría de acabar en la tortura y el ajusticiamiento, Jesús vive en conexión con su verdadera identidad, en el Silencio, donde se siente a salvo y desde donde puede vivir incluso la mayor injusticia con ojos de confianza y de perdón hacia sus verdugos.

Enrique Martínez Lozano

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Jaunaren Nekaldiko Erramu-Igandea – Domingo de Ramos, José A. Pagola

EZ ZION EZERK ATZERA EGINARAZI

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Mat 26,14-27,66

ECLESALIA, 09/04/14.- Joan Bataiatzailea hiltzea ez zen izan ezusteko bat. Judu-herrian oso hedatua zen ideia baten arabera, profetaren zoria ulertezina izatea da, ukatua izatea eta, kasu askotan, heriotza galdua izatea. Segur aski, oso garaiz barruntatu zuen Jesusek beretzat indarkeriazko azken bat.

Jesus ez zen izan suizida bat, ez zen ibili martiritzaren bila. Ez zuen sekula sufrimendua opa izan, ez beretzat, ez beste inorentzat. Bizitza osoan saiatu zen haren kontra, bai gaixotasunean, bai zuzengabekerian, bai bazterkerian edo etsipenean. «Jainkoaren erreinua eta haren zuzentasuna bilatzea» izan zuen bere asmo guztia: zeruko Aitak gogoko duen mundu duinago eta zoriontsuagoa baten bilatzeari emanik bizi izan zen.

Pertsekuzioa eta martiritza onartzen baditu, bere seme-alabak sufritzen ikusi nahi ez dituen Jainkoaren asmori leial izateagatik izan da. Horregatik, ez doa heriotzaren bila, baina atzera ere ez du egin. Ez du ihes egin mehatxuen aurrean, ez du aldatu edo leundu bere mezua ere.

Aise ihes egiten ahal zion Jesusek eraila izateari. Aski izango zuen isiltzea eta ez azpimarratzea tenpluan edo erromatar prefektuaren jauregian haserrea eragin zezakeen ezer. Baina ez. Bere bideari jarraitu zion. Nahiago izan zuen heriotza bere kontzientziari saldukeria egitea baino, Jainkoaren, bere Aitaren, asmori desleial izatea baino.

Segurtasun-faltaren, gatazkaren eta salaketen giroan bizitzen ikasi zuen. Eguna joan eguna etorri, bere gogoa bere egitekoari estuago lotuz joan zen, eta bere mezua argi eta garbi hots egiten. Mezu hura zabaltzera ausartu zen, ez Galileako herrixka baztertuetan bakarrik, baita tenpluaren ingurune arriskutsuan ere. Ez zion ezerk atzera eginarazi.

Jainkoari leial zelako hil zuten, harengan ezarria baitzuen beti bere konfiantza. Guztiei onarpena eskaintzen jarraitu zuen, baita bekatariei eta desiraezin zirenei ere. Berari uko egitera iristen badira, «baztertu» bat bezala hilko da, baina bizitza osoan zer izan den baietsiko du heriotza horrek: inor zapuzten ez duen eta bere barkazioa inori ukatzen ez dion Jainkoagan izan duen erabateko konfiantza du.

Jainkoaren eta haren erreinuaren bila jarraituko du, bat eginez pobreenak eta mespretxatuenak direnekin. Egun batean gurutzean, esklaboei dagokien tormentuan, hiltzen badute, pobre eta mespretxatu bat bezala hilko da; baina betiko zigilatuko du bere heriotzaz Jainkoagan duen konfiantza, hark salbazioa opa baitie gizon-emakume guztiei esklabotza guztitik.

Jesusengan, haren jarraitzaileok errealitatearen azken Misterioa aurkitu dugu, gizakiari dion maitasunean eta erabateko eskaintzan haragitua den Misterioa. Gurutziltzatua izan den horren maitasunean Jainkoa bera ageri zaigu, sufritzen ari diren guztiekin bat eginik, zuzengabekeria guztien kontra oihuka eta aldi guztietako borreroei barkatzen. Jainko honengan sinetsi daiteke edo ez, baina ezin egin zaio isekarik. Honengan dugu kristauok geure konfiantza. Ezerk ez dio atzera eragingo bere seme-alabak salbatzeko eginahalean.

Domingo de Ramos (A) Mateo 26,14-27,66

NADA LO PUDO DETENER

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com

ECLESALIA, 09/04/14.- La ejecución del Bautista no fue algo casual. Según una idea muy extendida en el pueblo judío, el destino que espera al profeta es la incomprensión, el rechazo y, en muchos casos, la muerte. Probablemente, Jesús contó desde muy pronto con la posibilidad de un final violento.

Jesús no fue un suicida ni buscaba el martirio. Nunca quiso el sufrimiento ni para él ni para nadie. Dedicó su vida a combatirlo en la enfermedad, las injusticias, la marginación o la desesperanza. Vivió entregado a “buscar el reino de Dios y su justicia”: ese mundo más digno y dichoso para todos, que busca su Padre.

Si acepta la persecución y el martirio es por fidelidad a ese proyecto de Dios que no quiere ver sufrir a sus hijos e hijas. Por eso, no corre hacia la muerte, pero tampoco se echa atrás. No huye ante las amenazas, tampoco modifica ni suaviza su mensaje.

Le habría sido fácil evitar la ejecución. Habría bastado con callarse y no insistir en lo que podía irritar en el templo o en el palacio del prefecto romano. No lo hizo. Siguió su camino. Prefirió ser ejecutado antes que traicionar su conciencia y ser infiel al proyecto de Dios, su Padre.

Aprendió a vivir en un clima de inseguridad, conflictos y acusaciones. Día a día se fue reafirmando en su misión y siguió anunciando con claridad su mensaje. Se atrevió a difundirlo no solo en las aldeas retiradas de Galilea, sino en el entorno peligroso del templo. Nada lo detuvo.

Morirá fiel al Dios en el que ha confiado siempre. Seguirá acogiendo a todos, incluso a pecadores e indeseables. Si terminan rechazándolo, morirá como un “excluido” pero con su muerte confirmará lo que ha sido su vida entera: confianza total en un Dios que no rechaza ni excluye a nadie de su perdón.

Seguirá buscando el reino de Dios y su justicia, identificándose con los más pobres y despreciados. Si un día lo ejecutan en el suplicio de la cruz, reservado para esclavos, morirá como el más pobre y despreciado, pero con su muerte sellará para siempre su fe en un Dios que quiere la salvación del ser humano de todo lo que lo esclaviza.

Los seguidores de Jesús descubrimos el Misterio último de la realidad, encarnado en su amor y entrega extrema al ser humano. En el amor de ese crucificado está Dios mismo identificado con todos los que sufren, gritando contra todas las injusticias y perdonando a los verdugos de todos los tiempos. En este Dios se puede creer o no creer, pero no es posible burlarse de él. En él confiamos los cristianos. Nada lo detendrá en su empeño de salvar a sus hijos. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

 

La reforma de la Iglesia

Atrio

José Mª Castillo

El nuevo estilo de presencia y gobierno del actual obispo de Roma, Francisco, ha suscitado, como es bien sabido, esperanza en no pocos cristianos. De la misma manera que son también bastantes los creyentes que se sienten inquietos, preocupados e incluso irritados. Porque piensan que Francisco le está haciendo daño a la Iglesia. Y le hará más daño, si el nuevo camino que ha emprendido el papado no se detiene y se orienta de acuerdo con lo que, durante tantos siglos, hicieron y dijeron los papas en la santa madre Iglesia. Así las cosas, ¿qué tendríamos que hacer los cristianos –concretamente los católicos– estando la Iglesia como está?

Lo primero que tendríamos que hacer: darnos cuenta de que la Iglesia necesita urgentemente una reforma muy profunda. La Iglesia no puede seguir como está. Desde hace siglos, la Iglesia lleva un camino equivocado. ¿Por qué? Porque en la Iglesia se vienen haciendo y diciendo muchas cosas que están literalmente en contra del Evangelio. Cosas, por tanto, que son contrarias a lo que hizo y dijo Jesús, el Hijo de Dios. Nadie tiene –ni puede tener– potestad en la Iglesia para anular lo que dice el Evangelio. Y, por tanto, nadie tiene potestad, ni siquiera un papa o un concilio, para actuar en contra de lo que dejó dispuesto Jesús. Leer más

TENER HIJOS O NO TENERLOS

Escrito por  José Arregi

Recientemente, una encuesta realizada por el Gabinete de Prospección Sociológica del Gobierno Vasco revelaba que el 21 % de los jóvenes vascos de entre 18 y 29 años tienen decidido, «con total seguridad», no tener hijos.

¿Será que nuestros jóvenes de hoy son tan infelices? No es eso, pues en todas las encuestas nuestros jóvenes dicen sentirse felices. ¿O será que están tan descontentos de sus padres o de su familia, que no quieren repetir la historia? Tampoco es eso, pues los jóvenes afirman estar muy satisfechos de su familia y ésta ocupa las notas más altas en su escala de valores, y no cambia la nota en los casos en los que su familia contradice todos los patrones tradicionales (padre varón, madre mujer e hijas o hijos biológicos de ambos). Leer más

Francisco: «La pobreza es la bandera del Evangelio, no del comunismo»

Francisco cree que ha cometido errores y que sigue cometiéndolos, según una entrevista difundida este viernes y concedida a un grupo de estudiantes católicos belgas de comunicación en la que reconoce también que es un «testarudo». «La pobreza sin ideología, porque los pobres están en el centro del Evangelio de Jesús»

 

SOMOS NECESIDAD Y PLENITUD, por Enrique Martínez Lozano

Escrito por  Enrique Martínez Lozano

Fe Adulta

Jn 11, 1-45

La belleza y sabiduría del relato consiste en conjugar, en la misma persona de Jesús, una doble afirmación: «Se echó a llorar» y «Yo soy la resurrección y la vida».

Esa es, justamente, nuestra paradoja: somos seres sensibles, a quienes nos afecta lo que sucede y, simultáneamente, somos Vida que se halla siempre a salvo.

Nos percibimos como pura necesidad y carencia –y, por tanto, vulnerables- pero, al mismo tiempo, somos plenitud a la que nada le falta.

Nuestro «doble rostro» no es sino expresión de las «dos caras» de lo Real: lo invisible y lo manifiesto, «lo implicado y lo explicado» (por utilizar los términos del físico David Bohm), el vacío y la forma…

Ambos aspectos son ciertos, si bien no en el mismo nivel. Por eso, en cierto modo, podría decirse que lo absoluto se manifiesta en lo (como) relativo.

La tradición cristiana ha personalizado este doble rostro de lo Real en la persona de Jesús, al afirmar simultáneamente su divinidad y su humanidad. La lectura adecuada de tal afirmación no habla de una suma o yuxtaposición de dos realidades separadas (Dios y hombre), sino del misterio de la Unidad, visto desde dos perspectivas diferentes. Por eso, la formulación menos inadecuada pudiera ser esta: lo humano es divino, y lo divino es humano. (Y probablemente fuera por aquí la intuición de Leonardo Boff cuando, al hablar de Jesús, afirmó que «alguien tan humano solo podía serlo Dios»).

Cuando se han entendido aquellas dos dimensiones en clave de yuxtaposición –una al lado de la otra-, se ha dado entrada a una serie interminable de pseudo-problemas que no conducen a ninguna parte.

Del mismo modo, cuando aquella afirmación se ciñó exclusivamente a Jesús, tuvo como resultado que se hiciera de él un «ídolo» separado y alejado de todos nosotros.

En realidad, lo que se afirma de Jesús se está diciendo también de todos nosotros. Y esto no es «rebajar» su figura –como leería una creencia mítica, o como temería un cristiano convencional-, sino justamente percibirla en toda su hondura y plenitud.

Parece claro que cualquier comparación nace de la mente y caracteriza el funcionamiento del ego, que vive precisamente del juicio y la comparación. Eso explica que, mientras se permanece en la mente y en el ego –como si esta fuera nuestra verdadera identidad-, la comparación sea inevitable, enfatizando, por encima de todo, las diferencias entre los egos.

Al silenciar y trascender la mente, se abre la perspectiva no-dual que, sin negar las diferencias manifiestas, sabe ver la unidad de fondo que las abraza, y que constituye realmente su identidad última.

Como Jesús, somos, a la vez, necesidad –por eso lloramos- y somos Vida. Y esto es lo que en la tradición cristiana se ha expresado con el término «resurrección».

La resurrección –como la reencarnación, en otras culturas y latitudes- es un «mapa», que apunta a la verdad de que somos Vida, que nada puede aniquilar.

Por eso, cuando Marta expresa la fe convencional judía –»sé que resucitará en la resurrección del último día»-, Jesús puntualiza: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre».

La muerte –aunque nos haga llorar e incluso produzca gran temor a nuestra sensibilidad, porque somos seres sintientes- es únicamente una «forma» más que adopta la Vida, no muy diferente de aquella otra que es el nacimiento. En este y en aquella, La Vida solo cambia de forma. Y esa misma Vida, como bien sabía Jesús, es nuestra verdadera identidad; no la identidad de nuestro yo individual (o ego), sino del Yo Soy universal que, más allá de las diferencias, somos.

Enrique Martínez Lozano

www.enriquemartinezlozano.com

 

Carta al papa Francisco

Enviado a la página web de Redes Cristianas

A mi hermano Francisco, papa y obispo de Roma.

Ante todo, te felicito cordialmente por tu Exhortación Evangelii Gaudium, en la que tu clara opción por una Iglesia pobre para los pobres, siguiendo las huellas de Jesús, se convierte en el centro de una Iglesia evangelizadora. Esto, unido a muchos de tus gestos y mensajes, nos ha hecho ver que por fin el Espíritu de Jesús, desde tu propia elección como obispo de Roma, ha vuelto a soplar con fuerza en el Vaticano.

De ti nos ha llegado recientemente un amplio cuestionario dirigido a todos los creyentes, para que intentemos ayudarte en tu ardua y difícil tarea. A mí me ha parecido bien centrarme en un tema que considero sustancial en el Evangelio, más bien que responder a ese amplio cuestionario. Leer más

RUANDA: 20 AÑOS DESPUÉS

Ramón Arozarena

En abril, se va a recordar, y de un modo especial dado lo simbólico del número – 20 años –, el genocidio cometido contra los tutsi en Ruanda, del 6 de abril a julio de 1994. No estoy en contra de este tipo de recordatorios que podrían servir para ahuyentar, ojalá para siempre  (¡“nunca más”!), la amenaza de su repetición. Sin embargo, lamento y denuncio la memoria selectiva que el poder de Kigali ha impuesto para legitimar su régimen dictatorial  y hacer olvidar las terribles masacres de hutu (en el Congo y en el interior del país), Leer más