JUEVES SANTO: DÍA DEL SERVICIO A LOS DEMÁS, POR AMOR Y EN HUMILDAD, Fray Marcos

Escrito por  Fray Marcos

FE ADULTA

Jn 13, 1-15

El tema central del Triduo Pascual es el AMOR. El Jueves se manifiesta en los gestos y palabras que lleva a cabo Jesús en la entrañable cena. El Viernes queda patente el grado supremo de amor al dar la vida por no renunciar al bien del hombre. El Sábado, celebramos la Vida que surge de ese Amor incondicional. En la liturgia de estos días intentamos manifestar de manera plástica, la realidad del amor supremo que se manifestó en Jesús. Lo importante no son los ritos, sino el significado que éstos encierran.

La liturgia del Jueves Santo está estructurada como recuerdo de la última cena. La lectura del evangelio de Jn nos debe hacer pensar; se aparta tanto de los sinópticos que nos llama la atención que no mencione la fracción del pan, pero en su lugar, nos narra una curiosa actuación de Jesús que nos deja desconcertados. Si el gesto sobre el pan y el vino, tuvo tanta importancia para la primera comunidad, ¿por qué lo omite Juan? Y si realmente Jesús realizó el lavatorio de los pies, ¿por qué no lo mencionan los tres sinópticos?

No es fácil resolver estas cuestiones, pero tampoco debemos ignorarlas o pasarlas por alto a la ligera. Seguiremos haciendo sugerencias, mientras los exegetas no lleguen a conclusiones más o menos definitivas. Sabemos que fue una cena entrañable, pero el carácter de despedida, se lo dieron después los primeros cristianos. Seguramente en ella sucedieron muchas cosas que después se revelaron como muy importantes para la primera comunidad. El gesto de partir el pan y de repartir la copa de vino, era un gesto normal que el cabeza de familia realizaba en toda cena pascual. Lo que pudo añadir Jesús, o los primeros cristianos, es el carácter de símbolo, de lo que en realidad fue la propia vida de Jesús.

El gesto de lavar los pies era una tarea exclusiva de esclavos. A nadie se le hubiera ocurrido que Jesús la hiciera si no hubiera acontecido algo similar. Es una acción más original y de mayor calado que el partir el pan. Seguramente, en las primeras comunidades se potenció la fracción del pan, por ser más sencilla. Poco a poco se le iría llenando de contenido sacramental hasta llegar a significar la entrega total de Jesús. Pero esa misma sublimación llevaba consigo un peligro: convertirla en un rito estereotipado que a nada compromete. Aquí veo yo la razón por la que Jn se olvida de la fracción del pan. La explicación que da de la acción, lleva directamente al compromiso con los demás y no es fácil escamotearla.

Parece demostrado que, para los sinópticos, la Última Cena es una comida pascual. Para Jn no tiene ese carácter. Jesús muere cuando se degollaba el cordero pascual, es decir el día de la preparación. La cena se tuvo que celebrar la noche anterior. Esta perspectiva no es inocente, porque Jn insiste, siempre que tiene ocasión, en que la de Jesús es otra Pascua. Identifica a Jesús con el cordero pascual, que no tenía carácter sacrificial, sino que era el signo de la liberación. Jesús el nuevo cordero, es signo de la nueva liberación.

Los amó hasta el extremo. Se omite toda referencia de lugar y a los preparativos de la cena. Va directamente a lo esencial. Lo esencial es la demostración del amor. «Hasta el extremo» (eis telos) = en el más alto grado, hasta alcanzar el objetivo final. Manifestó su amor durante toda su vida, ahora va a manifestarse de una manera total y absoluta. «Había amado… y demostró su amor hasta el final», dos aspectos del amor de Dios manifestado en Jesús: amor y lealtad, (1,14) amor que no se desmiente ni se escatima.

Dejó el manto y tomando un paño, se lo ató a la cintura. No se trata en Jn de la cena ritual pascual, sino de una cena ordinaria. Jesús no celebra el rito establecido, porque había roto con las instituciones de la Antigua Alianza. Dejar el manto significa dar la vida. El paño (delantal, toalla) es símbolo del servicio. Manifiesta cual debe ser la actitud del que le siga: Prestar servicio al hombre hasta dar la vida como Él. Jn pinta un cuadro que queda grabado para siempre en la mente de los discípulos. Esa última acción de Jesús, tiene que convertirse en norma para la comunidad. El amor es servicio concreto y singular a cada persona.

Se puso a lavarles los pies y a secárselos con la toalla. El lavar los pies era un signo de acogida o deferencia. Solo lo realizaban los esclavos o las mujeres. Lavar los pies en relación con una comida, siempre se hace antes, no durante la misma. Esto muestra que lo que Jesús hace no es un servicio cualquiera. Al ponerse a los pies de sus discípulos, echa por tierra la idea de Dios creada por la religión. El Dios de Jesús no actúa como Soberano, sino como servidor. El verdadero amor hace libres. Jesús se opone a toda opresión. En la nueva comunidad todos deben estar al servicio de todos, imitando a Jesús. La única grandeza del ser humano es ser como el Padre, don total y gratuito para los demás.

¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Esta explicación que el evangelista pone en boca de Jesús, nos indica hasta qué punto es original esa actitud. Retomó el manto pero no se quita el delantal. Se recostó de nuevo, símbolo de hombre libre. El servicio no anula la condición de hombre libre, al contrario, da la verdadera libertad y señorío. La pregunta quiere evitar cualquier malentendido. Tiene un carácter imperativo. Comprended bien lo que he hecho con vosotros, porque estas serán las señas de identidad de la nueva comunidad.

Vosotros me llamáis «Maestro» y «Señor» y decís bien porque lo soy. Jn es muy consciente de la diferencia entre Jesús y ellos. Lo que quiere señalar es que esa diferencia no crea rango de ninguna clase. Las dotes o funciones de cada uno no justifican superioridad alguna. Los hace iguales y deben tratarse como iguales. La única diferencia es la del mayor o menor amor manifestado en el servicio. Esta diferencia nunca eclipsará la relación personal de hermanos, todo lo contrario, a más amor más igualdad, más servicio.

Pues si yo os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros. Reconoce los títulos, pero les da un significado completamente nuevo. Es «Señor», no porque se imponga, sino porque manifiesta el amor, amando como el Padre. Su señorío no suprime la libertad, sino que la potencia. El amor ayuda al ser humano, a expresar plenamente la vida que posee. Llamarle Señor es identificarse con él, llamarle Maestro es aprender de él pero no doctrinas sino su actitud vital. Sienten la experiencia de ser amados, y así amarán con un amor que responde al suyo.

Os dejo un ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis. Los sinópticos dicen, después de la fracción de pan: «Haced esto para acordaros de mí». Es exactamente lo mismo, pero en el caso del lavatorio de los pies, queda mucho más claro el compromiso de servir. Lo que acaba de hacer no es un gesto momentáneo, sino una norma de vida. Ellos tienen que imitarle a él como él imita al Padre. Ser cristiano es imitar a Jesús en un amor que tiene que manifestarse siempre en el servicio a todos los hombres.

Es una pena que una vivencia tan profunda se haya reducido a celebrar hoy el día de la «caridad«. Tranquilizamos nuestra conciencia con un donativo de algo externo a nosotros, siempre de lo que me sobra, o por lo menos, que en nada compromete mi nivel de vida. Podemos aceptar que no somos capaces de seguir a Jesús, pero no tiene sentido engañarnos a nosotros mismos con ridículos apaños. Celebrar la eucaristía es comprometerse con el gesto y las palabras de Jesús. Él fue pan partido y preparado para ser comido. Él fue sangre (vida) derramada para que todos los que encontró a su paso la tuviera también. Jesús promete y da Vida definitiva al que es capaz de seguirle por el camino que nos marcó. La misma Vida de Dios, la comunica a todo el que acepta su mensaje. No al que es perfecto, sino al que, con autenticidad, se esfuerza por imitarle en la preocupación por el hombre.

 

Fray Marcos

Dios y la felicidad

Carlos F. Barberá

Manifestando una notable falta de sentido común, la Conferencia Episcopal Española ha puesto como uno de los pilares del curriculum para la educación religiosa en los colegios la frase siguiente: “(El) rechazo de Dios tiene como consecuencia en el ser humano la imposibilidad de ser feliz”.

Es de suponer la enemistad que tal afirmación habrá despertado en ambientes laicos. Pero no sólo en ellos. Serán muchos los que aporten su testimonio de que, sin Dios, son todo lo felices que puede ser un ser humano en este mundo y en esta sociedad. Los obispos podrían hacer recordado la frase de Wittgenstein, aunque fuera en otro sentido: “de lo que no se puede hablar hay que callarse”. Leer más

DOS AÑOS DEL PAPA FRANCISCO

JUAN CEJUDO, miembro de Moceop y de Comunidades Cristianas Populares.

ECLESALIA, – No pretendo hacer aquí un análisis detallado de los logros y pormenores de estos dos años del pontificado de Francisco, pero sí me gustaría subrayar aquellos aspectos que a mí más me han impactado como positivos y quizá subrayar también algunas cuestiones que me preocupan.

Destaco de él sobre todo, sus gestos. Un papa que habla más con sus hechos que con sus palabras. Ya lo decía Jesús: «por sus frutos lo conoceréis». No se trata tanto de hablar muy bien y muy fino sobre muchas cuestiones de alta teología, sino acercarse a las personas con el lenguaje de los hechos. Leer más

Credulidad, creencia y fe

Fernando Jiménez Hernández-Pinzón
Atrio

Fenomenología de la Fe

Parto de la tesis o el supuesto de que la Fe no es un acto mental que se realiza y cobra su sentido total con la pronunciación de la palabra “creo”, sino que la palabra “creo” sería como el comienzo de un camino progresivo de compromiso vital y de descubrimiento de las realidades que envuelven la existencia de los seres humanos; un proceso que entra en la corriente del crecimiento, de su evolución hacia el Noos (la Inteligencia, el pleno conocimiento intelectual) y de su autorrealización total, tras-pasando el Noos y culminando en el Espíritu, el puente entre la inmanencia y la trascendencia, donde el ser humano se diviniza como culminación de su auto-realización existencial. Leer más

«PUEDO DESPLEGAR LA MISMA VIDA DE DIOS QUE YA ESTÁ EN MÍ», Fray Marcos

Escrito por  Fray Marcos
FE ADULTA

Jn 12, 20-33

Estamos en el c. 12. Después de la unción en Betania y de la entrada triunfal en Jerusalén, y como respuesta a los griegos que querían verle, Juan pone en boca de Jesús un pequeño discurso que no responde ni a los griegos ni a Felpe y Andrés. Versa, como el domingo pasado sobre la Vida, pero desde otro punto de vista. Aquí la Vida solo puede ser alcanzada después de haber aceptado la muerte. También hoy hace referencia a ser levantado en alto, pero aquí para atraer a todos hacia él. Los «griegos» que quieren ver a Jesús podían ser simplemente extranjeros simpatizantes del judaísmo. El mensaje de Jn en este relato en muy claro: Los «judíos» rechazan a Jesús, y los paganos le buscan.

Ha llegado la hora de que se manifieste la gloria de este Hombre. Todo el evangelio de Jn es como una gran lente que concentrara todos sus rayos en la «hora«. Por tres veces se ha repetido en el texto la palabra «hora»; y otras tres, aparece el adverbio «ahora». Se trata del momento decisivo, manifestado en la cruz. Llegada la «hora», se manifiesta la gloria-amor de Dios y de «este Hombre». Reflejar lo que es Dios en su entrega total, será la mayor honra del Hijo. Todos estamos llamados a esa plenitud humana que se manifiesta en el amor-entrega. Ahora es posible la apertura a todos. El valor fundamental del hombre no depende ni de religión ni de raza ni de cultura. Los que buscaban su salvación en el templo, tienen que descubrirla ahora en «el Hombre».

Si el grano de trigo no muere, permanece él solo; en cambio, si muere, produce muchos frutos. Declaración rotunda y central para Jn. Dar Vida es la misión de Jesús. La Vida solo se comunica aceptando la muerte. La Vida es fruto del amor, pero el egoísmo es la cáscara que impide germinar esa vida, aunque esté dentro de mí. Amar es romper la cáscara y darse. La muerte del falso yo es la condición para que la Vida se libere. La incorporación de todos a la Vida, será la tarea que se impone Jesús; y será posible gracias a su entrega total hasta la muerte. El fruto no dependerá de la comunicación de un mensaje sino de la manifestación del un amor total. El amor es el verdadero mensaje. El fruto-amor solo puede darse en la nueva comunidad. Esta idea es original de Jn.

Hoy sabemos que el grano de trigo no muere más que en apariencia. Solo desaparece lo accidental para ser alimento de lo esencial. En la semilla hay vida, pero está latente, esperando la oportunidad de desplegarse. Esto es muy importante a la hora de interpretar el evangelio de hoy. La vida no se pierde cuando se convierte en alimento de la verdadera Vida. La vida biológica cobra pleno sentido cuando se pone al servicio de la Vida. La vida humana llega a su plenitud cuando trasciende lo puramente natural. Lo biológico no queda anulado por lo espiritual, sino potenciado y «plenificado».

Tener apego a la propia vida es destruirse, despreciar la propia vida en medio del orden este, es conservarse para una Vida definitiva. La traducción del griego es muy difícil. Primero habla de psyche (alma, vida sicológica) y al final, de «zoe» vida, pero al añadir «aionion» perdurable, eterna, en latín «vitam aeternam», nos está hablando de una vida definitiva, trascendente. No es un trabalenguas, está hablando de dos realidades distintas. Hoy podemos entenderlo mejor. Se trata de ganar o perder tu «ego», falso yo, lo que crees ser o de ganar o perder tu verdadero ser, lo que hay en ti de trascendente.

El amor tiene que superar el apego a la vida biológica y sicológica. En contra de lo que parece, entregar la vida no es desperdiciarla, sino llevarla a plenitud. No se trata de entregarla de una vez muriendo, sino de entregarla poco a poco en cada instante, sin miedo a que se termine. El mensaje de Jesús no conlleva un desprecio a la vida, sino todo lo contrario, solo cuando nos atrevemos a vivir a tope, dando pleno sentido a la vida, alcanzaremos la plenitud a la que estamos llamados. La muerte al falso yo, no es el final de la vida biológica, sino su plenitud. Consciente de esto y perdido el temor a la muerte, nadie ni nada te puede esclavizar. El evangelista tiene muy claro cual es el sentido de la muerte de Jesús, que no coincide en absoluto, con el sentido que se le ha dado después.

El que quiera colaborar conmigo, que me siga, y así, allí donde yo estoy, estará también mi colaborador. «Diakonos» significa servir, pero por amor, no  servir como esclavo. Traducir por servir y servidor, no deja claro el sentido del texto. Seguir a Jesús es compartir la misma suerte. Seguir a Jesús es entrar en la esfera de lo divino, es dejarse llevar por el Espíritu. El lugar donde habita Jesús, es el de la plenitud del amor. Lo manifestará cuando llegue su «hora«. Allí entregando su vida, hará presente el Amor total, que es Dios. No se trata de la muerte física; mucho menos en el género de muerte que él sufrió. Se trata de dar la vida, día a día, en la entrega confiada a los demás.

Ahora me siento fuertemente agitado; ¿Qué voy a decir?  «Padre líbrame de esta hora» ¡Pero, si para esto he venido, para esta hora! En esta escena, que los sinópticos colocan en Getsemaní, se manifiesta la auténtica humanidad de Jesús. Nos está diciendo, que ni siquiera para Jesús fue fácil lo que está proponiendo. Se trata del signo supremo de la muerte al «ego». Se deja llevar por el Espíritu, pero eso no suprime su condición de «hombre». Su parte sensitiva protesta vigorosamente. Pero está en el ámbito de la Vida, y eso le permite descubrir que se trata del paso definitivo.

Ahora el jefe de este orden va a ser echado fuera. Cuando sea levantado de la tierra, tiraré de todos hacia mí. Como el domingo pasado, identifica la cruz y la glorificación, idea clave para entender el evangelio de Jn. Todos nos tenemos que sentir, no sólo llamados, sino empujados hacia la misma meta.

Muerte y vida se entremezclan y se confunden en el evangelio de Jn. Para entender este lenguaje, hay que tener muy claro que está hablando de dos clases de muerte y dos clases de vida. Una es la muerte espiritual al falso yo superando todo egoísmo y otra la muerte física, que ni añade ni quita nada al verdadero ser del hombre. La muerte física no es imprescindible para llegar a la Vida. La muerte al falso «yo», sí, porque es el único camino hacia la Vida. La Vida de Dios en nosotros, es una realidad muy difícil de aprehender, pero a la que hay que llegar para alcanzar la plenitud humana. Toda vida espiritual es un proceso, un paso de la muerte a la vida, de la materia al espíritu. Hay que nacer de nuevo.

Mi plenitud humana no puede estar en la satisfacción de los sentidos, de las pasiones, de los apetitos, sino que tiene que estar en lo que tengo de específicamente humano; es decir, en el desarrollo de mi capacidad de conocer y de amar. La meta está en el descubrimiento de que mi verdadero ser existe en la medida que me doy a los demás, que la razón de mi existencia lo encontraré en la entrega y en el servicio. El dolor que causa el renunciar a la satisfacción de la parte inferior de mí ser, la interpreta el evangelio como muerte, y solo a través de esa muerte se puede acceder a la verdadera Vida. Si ponemos todo nuestro ser al servicio de la vida biológica y sicológica, nunca alcanzaremos la espiritual.

Estamos aquí para vivir muriendo. Aceptar la muerte es darse cuenta de nuestra limitación fundamental como criatu­ras, como seres vivos, como animales, y descubrir la posibilidad de ser más en lo que tenemos de específicamente humano. Estoy aquí para llevar la materia hacia el espíritu, para poner Vida donde solo había vida. El gran secreto, revelado en el evangelio, es que el hombre que vive biológicamente, puede acceder a otra realidad que llamamos Vida. Esta es la verdadera meta de un ser humano. El objetivo del hombre es esa Vida, no eliminar la muerte biológica y alcanzar una inmortalidad física. Si enfocamos todas nuestras energías hacia la vida terrena, nunca descubriremos la vida espiritual.

Meditación-contemplación

Si el grano de trigo no cae en tierra y muere…
Se trata de una condición que no podemos soslayar.
Si queremos dar fruto, es decir, dar sentido a nuestra vida,
Tenemos que gastarnos y consumirnos.
…………………

La vela solo cobra sentido cuando está encendida.
Pero si está encendida, se consume.
La rosa al esparcir su fragancia, entrega algo de sí mismo,
Y así está manifestando su verdadero ser.
——–

La vida es movimiento y por lo tanto, energía desplegada.
Si la consumo en beneficio del ego, la malogro.
Puedo consumirla en beneficio de los demás,
Y entones, consumarla dándole plenitud.

Fray Marcos

 

LA ESENCIA DE LO HUMANO

FE ADULTA

Un dogma es una proposición categórica sin base argumental alguna, es decir, algo que se afirma rotundamente aunque no se pueda demostrar. Cuando hablamos de dogmas, nos vienen a la mente los de la iglesia católica, pero los hay en todas las disciplinas y todos los ámbitos. Por ejemplo, el dogma básico de la cultura cientifista —en la que estamos inmersos— reza así: «No existe más realidad que la que vemos o entendemos» (Stephen Howking); dogma éste que podemos formular de forma más radical: «Es falso todo lo que escapa al ámbito científico». Leer más

Andalucía: la derrota del blanco y negro

Juan Torres López, catedrático de economía aplicada

La tramoya
Redes Cristianas

Los resultados de las elecciones andaluzas marcan algunos rasgos y tendencias que me parecen significativos y quizá determinantes no solo de lo que ocurra en Andalucía, sino en toda España durante los próximos años. Leer más

Las Marchas de la Dignidad recorren la capital en una manifestación masiva y pacífica

500.000 personas reclaman en Madrid pan, techo, trabajo y dignidad. Nueve “columnas” de las Marchas de la Dignidad llegadas de todos los territorios del estado se unieron ayer en Madrid, en una manifestación masiva y pacífica a la que asistieron medio millón de personas, según los organizadores. En el acto reivindicativo, que concluyó en la Plaza de Colón con la intervención de representantes sindicales, de los territorios y la Solfónica, los manifestantes pidieron “pan, techo, trabajo y dignidad” (consigna de las Marchas.

Este martes se cumplen 35 años de su martirio, a la espera de su beatificación

Treinta y cinco años después del asesinato de monseñor Óscar Arnulfo Romero, el Vaticano reconoció que hubo una campaña para denigrar al arzobispo, cuya beatificación estuvo bloqueada en la época de Juan Pablo II y reivindicada en la nueva era de Francisco, que lo considera un modelo para América Latina. Se le tildó de «desequilibrado», «marxista» o «títere de la teología de la liberación».

Erramu Igandea – Domingo de Ramos, B (Markos 14,1–15,47), José A. Pagola

Erramu Igandea – B (Markos 14,1–15,47)

Evangelio del 29/03/2015

por Coordinador Grupos de Jesús

EZAUGARRI GORENA – EL GESTO SUPREMO

Jesusek indarkeriazko azkena barruntatua zuen. Ez zen pertsona gexala. Bazekien zer zetorkiokeen Jainkoaren Erreinuaren egitasmoari atxikirik jarraitzen bazuen. Ezinezkoa zen «pobreentzat» eta «bekatarientzat bizitza duin baten bila» hain errotik jo eta ez eragitea erreakziorik inolako aldaketarik komeni ez zitzaion jendeagan.

Jakina, Jesus ez da suizida bat. Ez dabil gurutzean josi dezaten bila. Ez zuen opa izan sekula ufrimendurik, ez beretzat, ez besteentzat. Horren aurka jardun zuen, hain juxtu, bizitza osoan, arriskuan aurkitzen zuen guztietan: gaixotasunean, zuzengabekerian, bekatuan, etsipenean. Beraz, ez dabil orain heriotzaren bila, baina ez dago atzera egiteko ere bere asmoan.

Bekatariei eta zokoratuei harrera eginez jarraituko du, bere jarduerak tenpluan amorrua eragingo badu ere. Kondenatzen badute, delitugile eta zokoratu bezala hilko da bera ere, baina bere bizitza osoa aietsiko du bere heriotzaz: bere barkazioa inori ukatzen ez dion Jainkoaganako konfiantza osoa baietsiko du.

Azkenak direnei Jainkoak dien maitasuna hots egiten jarraituko du Jesusek, pobreenekin bat eginez eta inperioa gutxietsiz, erromatar gobernariaren inguruan pertsonarik gogaigarriena izango bada ere. Esklaboentzat izan ohi den gurutzean noizbait hiltzen badute, esklabo mespretxagarri bezala hilko da bera ere, baina bere heriotzaz biktimen defendatzaile den Jainkoarekiko fideltasuna zigilatuko du.

Jainkoarekiko maitasunaz beterik, «salbamena» eskaintzen jarraituko du gaitzak eta gaixotasunak jota direnei: «harrera» eskainiko die gizarteak eta erlijioak zokoratu dituztenei; Jainkoaren doako barkazioa erregalatuko die bekatariei eta jende galduari, haren adiskide izatera itzuli ezin direnei. Bere bizitza guztia arnastu duen jarrera salbatzaile hau izango du bere heriotzan ere.

Horregatik gertatzen zaigu gurutzea kristauoi hain erakargarri. Gurutziltzatuari musu ematen diogu, harengana jasotzen ditugu begiak, haren azken hitzak entzuten ditugu…, zeren, Jesus gurutzean ikusirik, batetik, Aitaren egitasmoari hark eskaini dion azken zerbitzua baitugu ikusten eta, bestetik, bere Semea emanez, gizadi osoarekiko maitasunagatik, Aitak agertu digun ezaugarri gorena.

Bilaukeria da aste santua folklore nahiz turismorako apeu edo dei bihurtzea. Jesusen jarraitzaileentzat, Jaunaren nekaldia eta heriotza ospatzea emozioz beteriko esker ona da, Jainkoaren maitasun «ezin sinetsizkoa» pozik adoratzea, Jesus bezala bizitzeko deia gurutzetuekin bat eginez.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Domingo de Ramos – B (Marcos 14,1–15,47)

Evangelio del 29/03/2015

por Coordinador Grupos de Jesús

EL GESTO SUPREMO

Jesús contó con la posibilidad de un final violento. No era un ingenuo. Sabía a qué se exponía si seguía insistiendo en el proyecto del reino de Dios. Era imposible buscar con tanta radicalidad una vida digna para los «pobres» y los «pecadores», sin provocar la reacción de aquellos a los que no interesaba cambio alguno.

Ciertamente, Jesús no es un suicida. No busca la crucifixión. Nunca quiso el sufrimiento ni para los demás ni para él. Toda su vida se había dedicado a combatirlo allí donde lo encontraba: en la enfermedad, en las injusticias, en el pecado o en la desesperanza. Por eso no corre ahora tras la muerte, pero tampoco se echa atrás.

Seguirá acogiendo a pecadores y excluidos aunque su actuación irrite en el templo. Si terminan condenándolo, morirá también él como un delincuente y excluido, pero su muerte confirmará lo que ha sido su vida entera: confianza total en un Dios que no excluye a nadie de su perdón.

Seguirá anunciando el amor de Dios a los últimos, identificándose con los más pobres y despreciados del imperio, por mucho que moleste en los ambientes cercanos al gobernador romano. Si un día lo ejecutan en el suplicio de la cruz, reservado para esclavos, morirá también él como un despreciable esclavo, pero su muerte sellará para siempre su fidelidad al Dios defensor de las víctimas.

Lleno del amor de Dios, seguirá ofreciendo «salvación» a quienes sufren el mal y la enfermedad: dará «acogida» a quienes son excluidos por la sociedad y la religión; regalará el «perdón» gratuito de Dios a pecadores y gentes perdidas, incapaces de volver a su amistad. Esta actitud salvadora que inspira su vida entera, inspirará también su muerte.

Por eso a los cristianos nos atrae tanto la cruz. Besamos el rostro del Crucificado, levantamos los ojos hacia él, escuchamos sus últimas palabras… porque en su crucifixión vemos el servicio último de Jesús al proyecto del Padre, y el gesto supremo de Dios entregando a su Hijo por amor a la humanidad entera.

Es indigno convertir la semana santa en folclore o reclamo turístico. Para los seguidores de Jesús celebrar la pasión y muerte del Señor es agradecimiento emocionado, adoración gozosa al amor «increíble» de Dios y llamada a vivir como Jesús solidarizándonos con los crucificados.

José Antonio Pagola