¿Y a Dios quién lo creó?

José Arregi

Enviado a la página web de Redes Cristianas

Hace poco todavía, padres y educadores enseñaban a los niños que “el mundo ha sido creado por Dios”. Sucedía a menudo que un niño o una niña preguntaba entonces: “¿Y a Dios quién lo creó?”. “A Dios no lo ha creado nadie –respondía el adulto –. Dios es eterno”. Es posible que el niño quedara entonces callado, pero ¿quedaba satisfecho el interés de su pregunta? Seguro que no. Apostaría que tampoco el adulto quedaba tranquilo con lo dicho, por mucha seguridad que fingiera. Leer más

El ecosocialismo: un proyecto prometedor

 

Leonardo Boff,

Tal vez la trayectoria vital del autor del anterior artículo con su frase final – De cada uno según su capacidad; a cada uno según su necesidad- y esta reflexión de Boff sean suficiente celebración de este Día internacional de los Trabajadores tan lleno de retórica en todo el mundo desde hace 125 años.

Una de las palabras más difamadas en el lenguaje político neoliberal y capitalista es seguramente la de “socialismo”. Se entiende el por qué, pues el socialismo aparece en la historia como un proyecto alternativo a la perversidad del capitalismo, ya sea como modo de producción ya sea como cultura globalizada, hostil a la vida e incapaz de traer y generalizar felicidad. Leer más

Cáritas: «La exclusión de las personas y las familias más pobres crece de forma escandalosa»

«No vivir de espaldas a la realidad sangrante» de los 5,4 millones de parados y 845 de hambrientos. Cáritas nos invita a vivir esta jornada como una oportunidad para construir una nueva fraternidad universal basada en la defensa de la dignidad y los derechos de todas las personas. Y nos recuerda  que «absolutamente todos somos convocados por Dios a vivir la fraternidad, la mesa compartida, construyendo y rehabilitando la vida desde una nueva forma de relación con el otro, especialmente, con las personas que menos tienen, que más sufren».

 

San Romero de América, pastor y mártir en defensa de los pobres

Editorial Redes Cristianas

¡Alegrémonos! El sábado 23 de mayo tendrá lugar en San Salvador la ceremonia de beatificación de Óscar Arnulfo Romero, que fuera arzobispo de esa ciudad desde 1977 hasta su asesinato, a los 62 años, mientras celebraba la eucaristía, el 24 de marzo de 1980. Su vida y su muerte nos interpelan a los que formamos parte de Redes Cristianas a vivir el cristianismo con coherencia y poniendo en primer lugar a los pobres y a los que sufren por la violencia y la injusticia, y a seguir trabajando por una iglesia cuyas prioridades sean las que tuvo Monseñor Romero, cuya sangre -en un mundo sediento de testimonio- ha sido la mejor “teología narrativa” que podíamos recibir de un obispo: Leer más

«Hirutasun Guztiz Santua – SANTÍSIMA TRINIDAD» B José A. Pagola

Evangelio del 31/05/15
por Coordinador Grupos de Jesús

KREDOAREN FUNTSA

Mendetan barna, ikerketa sakonak egin dituzte kristau-teologoek Hirutasun Santuaz. Halaz guztiz, gaur egungo hainbat kristauk ezin ikusi du zer duten ikustekorik irakaspen horiek beren bizitzarekin.

Ematen du, gaur egun Jainkoaz hitz egitean, hitz apalez eta xumez behar dugula hitz egin, gure bihotz pobre, nahasi eta erdi-etsipenezko hau ukituko duten hitzez, gure fede koloka hau indartuko dutenez. Agian, geure kredoaren funtsa berreskuratu beharra dugu, hura poz berriaz bizitzen ikasteko.

«Sinesten dut Jainko Aitagan, zeru-lurrak kreatu dituen harengan».
Geure arazo eta gatazka artean ez gara bizi geu bakarrik. Ez gara bizi bertan behera utzirik: gure «Aitta» da Jainkoa. Halaxe dei egiten zion Jesusek, eta halaxe dei egiten diogu geuk ere. Gure biziaren jatorria eta helmuga da Jainkoa. Guztiok kreatu gaitu, maitasun hutsez kreatu ere, eta guztion zain dugu, Aitta baten bihotzez, mundu honetako geure erromesaldiaren bukaeran.
Jende askok du ahantzia eta ukatua haren izena. Gure seme-alabak ere urrunduz doaz harengandik, eta fededunok ez gara gauza geure fedea kutsakor egiteko; halere, Jainkoak guztioi begira jarraitzen du, maitasunez. Duda-muda askok inguraturik bizi gara; halere, ez dezagun gal geure Jainko Kreatzaile eta Aittarekiko fedea; geure azken esperantza galtzea izango genuke hori.

«Sinesten dut Jesu Kristogan, haren Seme bakarra eta gure Jauna den horrengan».
Jainkoak munduari egin dion erregalua da. Aitta hori nolakoa eta zer den adierazi digu Jesu Kristok. Guretzat, Jesus ez da izango sekula beste gizaki bat gehiago. Horri begiratuz, Aitta ikusiko dugu: Jesusen keinuetan Aittaren samurtasunaz eta ulergarritasunaz jabetuko gara. Jesusengan, gizon eginik, hurbileko, adiskide nabari dugu Jainkoa.
Jesus horrek, Jainkoaren Seme kuttun horrek, bizitza haurridetsuago egitera eragin digu, guztientzat zoriontsuago egitera. Horixe da Aittaren nahirik handiena. Gainera, zein bide egin agertu digu: «Izan errukitsu zuen Aitta errukitsu den bezala». Jesusez ahazten bagara, zeinek bete haren hutsunea? Zeinek eskain diezaguke haren argia eta haren esperantza?

«Sinesten dut Espiritu Santuagan, Jauna eta bizi-emailea den horrengan».
Jainkoaren misterio hau ez da urruneko gauza. Gutako bakoitzaren barru-barruan presente da. Suma dezakegu, bai gure bizitza arnasten duen Espiritu bezala, bai sufritzen ari direnengana bultza egiten digun Maitasun bezala. Geure baitan dugun gauzarik hoberena dugu Espiritu hau.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Santísima Trinidad – B (Mateo 28,16-20)

Evangelio del 31/05/15
por Coordinador Grupos de Jesús

LO ESENCIAL DEL CREDO

A lo largo de los siglos, los teólogos cristianos han elaborado profundos estudios sobre la Trinidad. Sin embargo, bastantes cristianos de nuestros días no logran captar qué tienen que ver con su vida esas admirables doctrinas.

Al parecer, hoy necesitamos oír hablar de Dios con palabras humildes y sencillas, que toquen nuestro pobre corazón, confuso y desalentado, y reconforten nuestra fe vacilante. Necesitamos, tal vez, recuperar lo esencial de nuestro credo para aprender a vivirlo con alegría nueva.

«Creo en Dios Padre, creador del cielo y de la tierra».
No estamos solos ante nuestros problemas y conflictos. No vivimos olvidados, Dios es nuestro «Padre» querido. Así lo llamaba Jesús y así lo llamamos nosotros. Él es el origen y la meta de nuestra vida. Nos ha creado a todos solo por amor, y nos espera a todos con corazón de Padre al final de nuestra peregrinación por este mundo.
Su nombre es hoy olvidado y negado por muchos. Nuestros hijos se van alejando de él, y los creyentes no sabemos contagiarles nuestra fe, pero Dios nos sigue mirando a todos con amor. Aunque vivamos llenos de dudas, no hemos de perder la fe en un Dios Creador y Padre pues habríamos perdido nuestra última esperanza.

«Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor».
Es el gran regalo que Dios ha hecho al mundo. Él nos ha contado cómo es el Padre. Para nosotros, Jesús nunca será un hombre más. Mirándolo a él, vemos al Padre: en sus gestos captamos su ternura y comprensión. En él podemos sentir a Dios humano, cercano, amigo.
Este Jesús, el Hijo amado de Dios, nos ha animado a construir una vida más fraterna y dichosa para todos. Es lo que más quiere el Padre. Nos ha indicado, además, el camino a seguir: «Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo». Si olvidamos a Jesús, ¿quién ocupará su vacío?, ¿quién nos podrá ofrecer su luz y su esperanza?

«Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida».
Este misterio de Dios no es algo lejano. Está presente en el fondo de cada uno de nosotros. Lo podemos captar como Espíritu que alienta nuestras vidas, como Amor que nos lleva hacia los que sufren. Este Espíritu es lo mejor que hay dentro de nosotros.

José Antonio Pagola

 

«PENSAR A DIOS NO SIRVE DE NADA; VIVIRLO SÍ», Fray Marcos

Escrito por  Fray Marcos

FE ADULTA

Mt 28, 16-20

Es verdad que la Biblia dice que Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza, pero, en realidad, es el hombre el que está fabricando a cada instante un Dios a su medida. Es verdad que nunca podremos llegar a un concepto adecuado de lo que es Dios, pero no es menos cierto que muchas ideas de Dios pueden y deben ser superadas. Si ha cambiado nuestro conocimiento de la realidad, y del hombre, será lógico que cambie nuestra idea de Dios. El Dios antropomórfico tiene que dejar paso a un Dios-Espíritu, cada vez menos cosificado.

Decir que la Trinidad es un dogma o un misterio, no hace más comprensible la formulación trinitaria. La verdad es que hoy no nos dice casi nada, y menos aún las explicaciones que se han dado a través de los siglos. Todas las teologías surgieron de una elaboración racional que siempre se hace desde una filosofía de la vida, determinada por un tiempo y una cultura. También la primitiva teología cristiana se desarrolló en el marco de una cultura y una filosofía, la griega. Pudo ser muy útil a través de la historia, pero no tenemos por qué atarnos a ella y negarnos a buscar otras maneras de hablar de Dios.

Cada día se nos hace más difícil la comprensión del misterio, entre otras cosas porque no sabemos qué querían decir los que elaboraron el dogma. Aplicar hoy a las tres personas de la Trinidad la clásica definición de Boecio «individua sustantia, racionalis natura», se antoja un poco ridículo. Aplicar a Dios la individualidad y la racionalidad propia del hombre es ridículo. Dios no es un individuo, ni es una sustancia ni es una naturaleza racional.

La dificultad para hablar de Dios como tres personas, la encontra­mos en el mismo concepto de persona, que lejos de ser una constante a través de la historia, ha experimentado sucesivos cambios de sentido. Desde el «prosopon» griego, que era la máscara que se ponían en el teatro para que «resonara» la voz; pasando a significar el personaje que se representaba; al final terminó significando el individuo físico. El sentido moderno de persona, es el de yo individual, conciencia subjetiva, es decir, el núcleo íntimo del ser humano.

En la raíz del significado está la limitación. Existe la persona porque existe la diferencia y la separación. Esto es imposible aplicárselo a Dios. En los últimos años se está hablando del ámbito transpersonal. Creo que va a ser uno de los temas más apasionantes de los próximos decenios. Si  el hombre está anhelando lo transpersonal, es ridículo seguir encasillando a Dios en un concepto personal, que siempre supone la limitación del propio ser.

Siempre que nos atrevemos a decir «Dios es…,» estamos expresando una idea, es decir, un ídolo. Ídolo no es solamente una escultura o una pintura de dios. También es un ídolo cualquier concepto que aplicamos a dios. El ateo sincero está más cerca del verdadero Dios, que los teólogos que creen haberlo atrapado en sus intrincados conceptos. Dios no es nada que podemos nombrar. El «soy el que soy» del AT, tiene más miga de lo que parece. Dios es solo verbo, pero un verbo que no se conjuga, porque no tiene tiempos ni modos. Dios ES un inmenso presente que lo llena todo. Dios es la realidad que hace posible toda realidad.

Hoy podemos comprender que Dios no se identifica con la creación, pero tampoco es nada separado de ella. De la misma manera que no podemos imaginar la Vida como algo separado del ser que está vivo. No podemos imaginar lo divino separado de todo ser creado, que, por el mero hecho de existir, está traspasado de Dios. En los últimos tiempos muchos pensadores llaman a esa conexión inextricable, «no dualidad».Tampoco podemos decir que está donde actúa, porque tampoco puede actuar de una manera causal a semejanza de las causas segundas. La acción de Dios no podemos percibirla por los sentidos ni ser objeto de  ciencia. Dios es acto puro y lo que hace se identifica con lo que es. Lo está haciendo todo de una vez, por lo tanto no puede empezar a hacer algo o dejar de hacer lo que está haciendo.

El Dios de Jesús no es el Dios de los buenos, de los piadosos, de los religiosos ni de los sabios, es también el Dios de los excluidos y marginados, de los enfermos y tarados; incluso de los irreligiosos inmorales y ateos. El evangelio no puede ser más claro: «las prostitutas y los pecadores os llevan la delantera en el Reino de Dios». El Dios de Jesús no nos interesa porque no aporta nada a los «buenos» que ya lo tienen todo. En cambio, llena de esperanza a los «malos» que se sienten perdidos. «No tienen necesidad de médico los sanos si no los enfermos; no he venido a llamar a los justos si no a los pecadores» El mensaje de Jesús escandalizó, porque hablaba de un Dios que se da a todos sin que tengamos que merecerlo.

Para nosotros, es sobre todo la experiencia que Jesús tuvo de su Abba, lo que nos debe orientar en nuestra búsqueda. Jesús no se propuso inventar una nueva religión ni un nuevo Dios. Lo que intentó con todas sus fuerzas, fue purificar la idea de Dios que tenía el pueblo judío en su época. Ese esfuerzo le costó la vida. Jesús en todo momento quiere dejar claro que su Dios es el mismo del AT. Eso sí, tan purificado y limpio de adherencias idolátricas, que da la impresión de ser una realidad completamente distinta.

La forma en que Jesús habla de Dios como amor-salvación para los hombres, se inspira directamente en su experiencia personal. Naturalmen­te esa vivencia no hubiera sido posible sin hacer suyo el bagaje religioso heredado de la tradición bíblica. En ella se encuentran ya claros chispazos de lo que iba ser la revelación de Jesús. La experiencia básica de Jesús fue la presencia de Dios en su propio ser. Descubrió que Dios lo era todo para él y decidió corresponder siendo él mismo todo para los demás. Tomó concien­cia de la fidelidad de Dios y respondió siendo fiel a sí mismo. Al llamar a Dios «Abba», Jesús abre un horizonte completamente nuevo en las relaciones con el absoluto.

La base de toda experiencia religiosa reside en la condición de criaturas. El hombre se descubre sustentado por la permanente acción creadora de Dios. El modo finito de ser uno mismo, demuestra que no se da a sí mismo la existencia, por lo tanto, es más de Dios que de sí mismo. Sin Dios no sería posible nuestra existencia. El reconoci­miento de nuestra limitación, es el camino para llegar a la experiencia de Dios. Él es el único verdadero y sólido fundamento sin el cual, nada existe. Jesús descubre que el centro de su vida está en Dios. Pero eso no quiere decir que tenga que salir de sí para encontrar su centro. Descubrir a Dios como fundamento, es fuente de una insospechada humanidad.

Esta idea de Dios supone un salto sobre la idea del AT. Allí Dios era el Todopoderoso que hace un pacto al modo humano, y observa desde su atalaya a los hombres para ver si cumplen o no su «Alianza», y reacciona en consecuencia. Si la cumplen, los ama y los premia, si no la cumplen, los reprueba y castiga. En Jesús Dios actúa de modo muy diferente. Él es don absoluto e incondicional. Él es agape y se da totalmente. Es el hombre el que tiene que reaccionar al descubrir lo que Dios es para él. La fidelidad de Dios es lo primero y el verdadero fundamento de una actitud humana.

Dios no puede ser un «tú» en el mismo sentido que lo es otro ser humano. Dios sería más bien la realidad que posibilita el encuentro con un tú;es decir, sería como ese tú ilimitado que se experimenta en todo encuentro humano con el otro. Pero a Dios nunca se le puede experimentar directa­mente como tal tú, sin el rodeo del encuentro con un tú humano. No se trata pues, de evitar a toda costa el vocabulario teísta (nos quedaríamos sin lenguaje sobre Dios), sino exponer con suficiente claridad el carácter analógico de todo lenguaje sobre Dios. Toda nuestra vida religiosa quedará afectada por estas ideas que acabamos de exponer, desde la oración hasta la esperanza en la vida futura.

 

meditación-contemplación

La mejor pista nos la da Jesús: «yo y el Padre somos uno».
Bien entendido que esto lo dijo como ser humano.
Jesús sigue siendo Jesús y Dios sigue siendo Dios,
pero toda diferencia ha desaparecido.
…………………..

En su evangelio, Juan pone en boca de Jesús, uno y otra vez: «Yo soy…»
Es la definición que da Dios de sí mismo desde la zarza.
Lo que sustituye a los puntos suspensivos no tiene importancia.
Lo importante es que ha descubierto su ser.
…………….

Este es el único camino para conocer a Dios.
Descubrir que lo que Él es y lo que soy yo se identifica.
Sólo si llego a descubrir lo que soy,
puedo llegar, no a conocer, sino a vivir lo que es Dios.
……………

 

Fray Marcos

 

La era de las grandes trasformaciones

Leonardo Boff

Atrio

Vivimos en la era de las Grandes Trasformaciones. Entre tantas, destaco apenas dos: la primera en el campo de la economía y la segunda en el campo de la conciencia.

La primera en la economía: empezó a  partir de 1834  cuando se consolidó la revolución industrial en Inglaterra. Consiste en el paso de una economía de mercado a una sociedad de mercado. El mercado ha existido siempre en la historia de la humanidad, pero nunca una sociedad solo de mercado. Esto quiere decir que la economía es lo que cuenta, todo lo demás debe servirla. Leer más

POR LOS CAMINOS DEL SILENCIO

¿Qué es el silencio? ¿Es aislamiento? ¿una huida? ¿una fuga mundi?  No nos interesa el silencio en sí mismo sino la actitud interior del silencio. Silencio como liberación personal y apertura al amor. Leer más

Luces y sombras de la beatificación de monseñor Romero

La Iglesia Luterana, representada por el obispo salvadoreño D. Medardo Gómez y una obispa de la Iglesia Luterana de Nicaragua, así como varias pastoras y pastores luteranos estaban aislados en un rincón de la iglesia San José de la Montaña, desde donde saldríamos en procesión hasta la plaza de El Salvador del Mundo, donde sería la magna celebración. «Nos ha tenido que invitar el Papa directamente, porque la jerarquía de la Iglesia salvadoreña no nos invitó», me decía D. Medardo, quien se sentía feliz «porque Mons. Romero es de todos, también de los luteranos» me apuntaba, pues «él ha sido un referente muy claro para reconocer y seguir a Jesús en la vivencia del evangelio».

PENTECOSTES: «DIOS ES ESPÍRITU Y ESTÁ EN CADA A UNO DE NOSOTROS», Fray Marcos

Escrito por  Fray Marcos
Religión Digital

Jn 20, 19-23

Para entender hoy lo que celebramos, debemos mirar a la Trinidad. Lo que digamos lo tenemos adelantado para el próximo domingo. Que yo sepa, la teología oficial nunca ha dicho que al Padre, el Hijo o el Espíritu, anduvieran por ahí haciendo de las suyas por separado. La distinción de las personas en la Trinidad, solo se manifiesta en sus relaciones «ad intra», es decir, cuando se relacionan una con otra. En sus relaciones «ad extra», es decir, en sus relaciones con las criaturas, se comportan siempre como uno. El pueblo y algunos manuales piadosos han atribuido a cada persona tareas diferentes, pero esto no es más que una manera inadecuada de hablar. Nuestra relación es siempre con Dios.

La fiesta de Pentecostés está encuadrada en la Pascua, más aún, es la culminación de todo el tiempo pascual. Las primeras comunidades tenían claro que todo lo que estaba pasando en ellas era obra del Espíritu. Todo lo que había realizado el Espíritu en Jesús, lo estaba realizando ahora en cada uno de ellos. Todo esto queda reflejado en la idea de Pentecostés. Es el símbolo de la acción espectacular de Espíritu a través de Jesús. También para cada uno de nosotros, celebrar la Pascua significa descubrir la presencia en nosotros del Espíritu.

Según lo que acabamos de decir, siempre que hablamos del Espíritu, hablamos de Dios. Y siempre que hablamos de Dios, hablamos del Espíritu, porque Dios es Espíritu. Pentecostés era una fiesta judía que conmemoraba la alianza del Sinaí (Ley), y que se celebraba a los cincuenta días de la Pascua. Nosotros celebramos hoy la venida del Espíritu, también a los cincuenta días de la Pascua, pero sabiendo que no tiene que venir de ninguna parte. Queremos significar que el fundamento de la nueva comunidad no es la Ley sino el  Espíritu.

Tanto el «ruah» hebreo como el «pneuma» griego, significan viento. La raíz de esta palabra en las lenguas semíticas es rwh que significa el espacio existente entre el cielo y la tierra, que puede estar en calma o en movimiento. Sería el ámbito del que los seres vivos beben la vida. En estas culturas el signo de vida era la respiración. Ruah vino a significar soplo vital. Cuando Dios modela al hombre de barro, le sopla en la nariz el hálito de vida. En el evangelio que hemos leído hoy, Jesús exhala su aliento para comunicar el Espíritu. La misma tierra era concebida como un ser vivo, el viento era su respiración. Su comparación con la vida, sigue siendo el mejor camino para intentar comprender lo que significa «Espíritu».

No es tan corriente como suele creerse el uso específicamente teológico del término «ruah» (espíritu). Solamente en 20pasajes del las 389 veces que aparece en el AT, podemos encontrar este sentido. En los textos más antiguos se habla del espíritu de Dios que capacita a alguna persona, para llevar a cabo una misión concreta que salva al pueblo de algún peligro. Con la monarquía el Espíritu se convierte en un don permanente para el monarca (ungido). De aquí se pasa a hablar del Mesías como portador del Espíritu. Solo después del exilio, se habla también del don del espíritu a todo el pueblo.

En el NT, «espíritu» tiene un significado fluctuante, hasta cierto punto, todavía judío. El mismo término «ruah» se presta a asumir un significado figurado o simbólico. Solamente en algunos textos de Juan parece tener el significado de una persona distinta de Dios o de Jesús. «Os mandaré otro consolador.» El NT no determina con precisión la relación de la obra salvífica de Jesús con la obra del E. S. No está claro si el Pneuma es una entidad personal o no. Jesús nace del E. S., baja sobre él en el bautismo, es conducido por él en al desierto, etc. No podemos pensar en un Jesús teledirigido por otra entidad desde fuera de él. Según el NT, Cristo y el Espíritu desempeñan evidentemente la misma función. Dios es llamado Pneuma; y el mismo Cristo en algunas ocasiones. En unos relatos lo promete, en otros lo comunica. Unas veces les dice que la fuerza del E. S. está siempre con ellos, en otros dice que no les dejará desamparados, que él mismo estará siempre con ellos.

Hoy sabemos que el Espíritu Santo es un aspecto del mismo Dios. Por lo tanto, forma parte de nosotros mismos y no tiene que venir de ninguna parte. Está en mí, antes de que yo mismo empezara a existir. Es el fundamento de mi ser y la causa de todas mis posibilidades de crecer en el orden espiritual. Nada puedo hacer sin él y nunca estaré privado de su presencia. Todas las oraciones encaminadas a pedir la venida del Espíritu, nacen de una ignorancia de lo que queremos significar con ese término. Lo que tenemos que hacer es tomar conciencia de su presencia y dejarle actuar en nosotros.

Está siempre en nosotros, pero no siempre somos conscientes de ello y como Dios no puede violentar ninguna naturaleza, en realidad es como si no existieras. Un ejemplo puede ilustrar esta idea. En una semilla, hay vida, pero en estado latente. Si no coloco la bellota en unas condiciones adecuadas, nunca se convertirá en un roble. Para que la vida que hay en ella se desarrolle, necesita una tierra, una humedad y una temperatura adecuada. Pero una vez que se encuentra en las condiciones adecuadas, es ella la que germina; es ella la que, desde dentro, desarrolla el árbol que llevaba en potencia.

Dios (Espíritu) es el mismo en todos y nos empuja hacia la misma meta. Pero como cada uno está en un «lugar» diferente, el camino que nos obliga a recorrer, será siempre distinto. No son pues, la meta la que distinguen a los que se dejan mover por el Espíritu, sino los caminos que llevan a ella. El labrador, el médico, el sacerdote tienen que tener el mismo objetivo vital si están movidos por el mismo Espíritu. Pero su tarea es completamente diferente. ¿Cuál es la meta a la que empuja el Espíritu? Este es el nudo gordiano de la cuestión. Una mayor humanidad es la manifestación de esa presencia del Espíritu. La mayor preocupación por los demás, es la mejor muestra de que uno se está dejando llevar por él.

Si Dios está en cada uno de nosotros como lo que es, simple y a la vez, absoluto. No hay manera de imaginar que pueda darse más a uno que a otro. En toda criatura se ha derramado todo el Espíritu. Esgrimir el Espíritu como garantía de autoridad, es la mejor prueba de que uno no se ha enterado de lo que tiene dentro. Porque tiene la fuerza del Espíritu, el campesino será responsable y solícito en su trabajo y con su familia. En nombre del mismo Espíritu, el obispo desempeñará las tareas propias de su cargo. Siempre que queremos imponernos a los demás con cualquier clase de violencia o imposición, estamos dejándonos llevar, no del Espíritu, sino de nuestro espíritu raquítico.

La presencia de Dios en nosotros, nos mueve a parecernos a Él. Pero si tenemos una idea de Dios como poder, señorío y mando, que premia y castiga, intentaremos repetir esas cualidades en nosotros. El intento de ser como Dios en el relato de la torre de Babel, queda contrarrestado en este relato que nos habla de reunir y unificar lo que era diverso. El único lenguaje que todo el mundo entiende es el amor. Si descubrimos el Dios de Jesús que es amor y don total, intentaremos repetir en nosotros ese Dios, amando, reconciliando y sirviendo a los demás. Esta es la diferencia abismal entre seguir al Espíritu del que nos habla el evangelio, o seguir lo que nos dicta nuestro propio espíritu en nombre de un falso dios.

Dios llega a nuestra conciencia desde lo hondo del ser, y acomodándose totalmente a la manera de ser de cada uno. Por eso la presencia del Espíritu nunca supone violencia alguna. No lleva a la uniformidad, sino que potencia la pluralidad. Pablo lo vio claro: Formamos un solo cuerpo, pero cada uno es un miembro con una función diferente e igualmente útil para el todo. Esa uniformidad pretendida por los superiores en nombre del Espíritu, no tiene nada de evangélica, porque, lo que se intenta es que todos piensen y actúen como el superior. Si todos tocaran el mismo instrumento y la misma nota, no habría nunca sinfonía.

Meditación-contemplación

El Espíritu es la clave de la VIDA.
Mi verdadero ser es lo que hay de Dios en mí.
Dios en mí está como Espíritu que se me da.
Es el único y total Don de Dios a cada criatura.
………….

Desde nuestro ser aparente (lo que creemos ser),
debemos dar el salto a nuestra verdadera realidad.
Desde la parte reflejada del espejo,
tenemos que dar el salto al ser reflejado.
…………….

Mi verdadero ser y el ser de Dios no son dos realidades separadas.
Aunque yo sigo siendo yo y Dios sigue siendo Dios.
Para la razón es algo incomprensible.
Para el místico es la cosa más simple del mundo.
…………….

Fray Marcos