Carta abierta de la Coordinadora de CCP de Valencia sobre sus experiencias comunitarias

En comunión: Coordinadora de CCP-Valencia.

A raíz de la carta que sacerdotes de Vallecas han enviado al Papa sobre su experiencia de aceptación del ministerio del compañero cura obrero casado Julio Pérez Pinillos, la Coordinadora de CCP de Valencia se ha adherido a esa carta y a la que la Comunidad de Manises ha escrito mostrando su apoyo a dicha experiencia.

La  coordinadora de CCP-Valencia valora como un significativo paso adelante la normalización de un caso que no deja de ser excepcional: el ejercicio ministerial de un cura casado en una parroquia, aceptado por la comunidad parroquial y los sacerdotes del arciprestazgo. Leer más

LA VIDA MÁS ALLÁ DE LA MUERTE

Jesús Gil García
*(Leyendo al obispo anglicano J. Sh. Spong)

¿Qué es eso de la vida eterna de la que nos habla la religión cristiana? ¿Es razonable creer en el cielo y el infierno, como lugares de destino más allá de la muerte? El obispo Spong responde con contundencia: Creo que existe una vida eterna después de la muerte, y que es una vida diferente a lo propuesto por las religiones, incluida la cristiana, que nos habla de la visión beatífica, consistente en contemplar la esencia divina toda la eternidad. Éste es el premio del cielo para los fieles cumplidores de la ley divina. El mencionado obispo es por lo tanto partidario de una vida eterna, sin cielo ni infierno. Leer más

Asaltar el cielo… para tener limpio el cementerio

Juan Torres López
REDES CRISTIANAS

Una de las rémoras más grandes que siempre ha tenido la izquierda más radical (la que suele autodefinirse como auténticamente transformadora) a la hora de lograr confianza y apoyo social es su falta de experiencia en la gestión de los asuntos ordinarios de la gente normal y corriente. Un problema que se agrava al hacerse más general con las nuevas generaciones de líderes políticos que aspiran a gobernar a un país entero sin haber tenido nunca experiencia profesional o solo muy precaria dadas las pocas alternativas que proporciona hoy día el mercado laboral. Leer más

¡DEJA CRECER LA SEMILLA QUE HAY EN TI! Fray Marcos

Escrito por  Fray Marcos

FE ADULTA

Mc 4, 26-34

Todos los exegetas están de acuerdo en que el «Reino de Dios» es el centro de la predicación de Jesús. Lo difícil es concretar en que consiste esa realidad tan escurridiza. La verdad es que no se puede concretar, porque no es nada concreto. Tal vez por eso encontramos en los evangelios tantos apuntes desconcertantes sobre esa misteriosa realidad. Sobre todo en parábolas, que nos van indicando distintas perspectivas para que podamos ir intuyendo lo que puede esconderse en esa expresión aparentemente simple.

Podíamos decir que es un ámbito que abarca a la vez lo humano y lo divino. Todo el follón, que se armó el primer cristianismo a la hora de concretar la figura de Jesús, nos lo armamos nosotros a la hora de definir que significa ser cristiano. El Reino es a la vez, una realidad divina que ya está en cada uno de nosotros y una realidad humana, terrena que se tiene que manifestar en nuestra existencia de cada día. Ni es Dios en sí mismo ni se puede identificar con ninguna situación política, social o religiosa.

No debemos caer en la simplicidad ingenua de identificarlo con la Iglesia. Como dice el evangelio: «no está aquí ni está allí». Tampoco puede estar solamente dentro de cada uno de nosotros, porque si está dentro, se manifestará fuera. Esa ambivalencia de dentro y fuera, de divino y humano es lo que nos impide poder encerrarlo en conceptos que no pueden expresar realidades aparentemente contradictorias. Para nuestra tranquilidad debemos recordar que no se trata de comprender sino de vivir y ese es otro cantar.

Ya sabéis que las parábolas no se pueden expli­car. Solo una actitud vital adecuada puede ser la respuesta a cada una. Como nuestra actitud espiritual va cambiando, la parábola me va diciendo cosas distintas a medida que avanzo en mi camino. Tampoco las dos parábolas de hoy necesitan aclaración alguna. Todos sabemos lo que es una semilla y como se desarrolla. Si acaso, recordar que la semilla de mostaza es tan pequeña que es casi imperceptible a simple vista. Por eso es tan adecuada para precisar la fuerza del Reino.

El crecimiento de la planta, no es consecuencia de una acción externa sino que es consecuencia de una evolución de los elementos que ya estaban ahí. Este aspecto es muy importante, por dos razones: 1ª porque nos advierte de que lo importante no viene de fuera; 2ª porque nos obliga a pensar, no en algo estático sino en un proceso que no puede tener fin, porque su meta es el mismo Dios. El Reino que es Dios está ya ahí, en cada uno y en todos a la vez, pero su manifestación tiene que ir produciéndose paulatinamente a través del tiempo y del espacio. Nuestra tarea no es producir el Reino, sino hacerlo visible.

Las dos parábolas tienen doble lectura. Se pueden aplicar a cada persona, en cuanto está en este mundo para evolucionar hasta la plenitud que debe alcanzar a través de su vida. Y también se puede aplicar a las comunidades y a la humanidad en su conjunto. Hoy estamos muy familiarizados con el concepto de evolución y podemos entender que los seres humanos no hemos dejado de avanzar en nuestro caminar hacia una vida cada vez más humana.

Otra reflexión interesante es que no podemos pensar en una meta preconcebida. Desde lo que cada uno es en el núcleo de su ser, debe desplegar todas las posibilidades sin pretender saber de antemano a donde le llevará la experiencia de vivir. En la vida espiritual es ruinoso el prefijar metas a las que tienes que llegar. Se trata de desplegar una Vida y como tal, es imprevisible, porque toda vida es, ante todo, respuesta a los condicionamientos del entorno. No pretendas ninguna meta, simplemente camina hacia delante.

En cada una de las dos parábolas que hemos leído, se quiere destacar un aspecto de esa realidad potencial dentro de la semilla. En la primera, su vitalidad, es decir, la potencia que tiene para desarrollarse por sí misma. En la segunda quiere destacar la desproporción entre la pequeñez de la semilla y la planta que de ella surge. Parece imposible que de una semilla a penas perceptible, surja en muy poco tiempo, una planta de gran poete. En ambos casos, lo único que necesita la semilla es un ambiente adecuado para desplegar su vitalidad.

Cada uno de nosotros debemos preguntarnos si, de verdad, hemos descubierto y aceptado el Reino de Dios y si le hemos rodeado de unas condiciones mínimas indispensables para que pueda desplegar su propia energía. Si aún no se ha desarrollado, la culpa no será de la semilla, sino nuestra, por impedírselo de alguna manera. La semilla se desarrolla por sí sola, pero necesita humedad, luz, temperatura y nutrientes para poder desplegar su vitalidad latente. La semilla con su fuerza está en cada uno. Solo espera una oportunidad.

Con demasiada frecuencia olvidamos que no somos nosotros los que desarrollamos el Reino, sino que él se desarrolla en nosotros. Incluso los que tenemos como tarea hacer que el Reino se desarrolle en los demás, olvidamos ese dato fundamental. No tenemos paciencia para dejar tranquila la semilla, o intentamos tirar de la plantita en cuanto asoma y en vez de ayudarla a crecer, lo que hacemos es desarraigarla, o damos por perdida la semilla antes de que haya tenido tiempo de germinar. El tiempo no es el mismo para todos.

Puede frustrarnos el ansia de producir fruto sin haber pasado por las etapas de crecer como tallo, luego la espiga y por fin el fruto. También la vida espiritual tiene su ritmo y hay que procurar seguir los pasos por su orden. La mayoría de las veces nos desanimamos porque no vemos los frutos de nuestro esfuerzo. Debemos tener paciencia. Cada paso que demos es un logro y en él ya podemos apreciar el fruto, aunque nos parezca que no llega nunca.

El Reino no es ninguna realidad distinta de Dios mismo. Es la semilla divina la que está sembrada en cada uno de nosotros. Ella es la que tiene que desarrollarse y hacerse visible externamente. El Reino de Dios no es nada que podamos ver ni tocar. Es una realidad espiri­tual. Ahora bien, si está o no está en nosotros lo descubriremos, mirando las obras. Si mi relación con los demás es adecuada a mi verdadero ser, demostrará que el Reino está en mí. Si es inadecuada, demostrará que el Reino aún no se ha desarrollado.

Jesús experimentó dentro de sí mismo esa Realidad y la manifestó en su vida diaria. Toda su predicación consistió en proclamar esa posibilidad. El Reino de Dios está dentro de nosotros pero puede que no lo hayamos descubierto. Jesús hace referencia a esa realidad constantemente. Creo que aún hoy, nos empeñamos en identifi­car el Reino de Dios con situaciones externa. La lucha por el Reino tiene que hacerse dentro de nosotros mismo. Solo cuando lo hayamos dejado crecer dentro, se manifestará al exterior a través nuestro.

Los relatos no ponen ningún énfasis en el hacer y dejar de hacer. Creo que nadie tiene derecho a decir a otro lo que tiene que hacer o dejar de hacer. Lo importante está en descubrir lo que somos y actuar o dejar de actuar según las exigencias de nuestro verdadero ser. Decía los escolásticos que el obrar sigue al ser. Debemos olvidarnos de muchas normas que hemos cumplido mecánicamente y tratar de que lo que nos hace más humano surja de lo hondo de nuestro ser y no de programaciones que vengan de fuera.

Una pista para superar la interpretación materialista de «Reino de Dios». Cuando decimos que reina la paz, no estamos pensando en una señora que impone su voluntad. Cuando decimos reina el amor, tampoco pensamos en un dominio de alguien sobre los demás. Pensamos más bien, en un ambiente que entre todos creamos y que hace posible unas relaciones más humanas, que permiten a todos desplegar su propia humanidad.

 

Meditación- contemplación

El Reino de los cielos no se parece a nada.
Solo tú puedes crearlo y mantenerlo.
Dios en ti será siempre único e irrepetible.
La manera de manifestarlo será siempre origina.
……………………..

El Reino nunca será el fruto de una programación.
No surgirá por muchas doctrinas que atesores.
No lo encontrarás en los ritos litúrgicos.
Tampoco será producto del cumplimiento de unas normas.
……………………

Surgirá de una intuición de lo que en realidad eres,
manifestada en tus relaciones con los demás;
cuando dejes de considerarte como un yo aislado
y descubras que eres uno con toda la Realidad.
………………………….

 

Fray Marcos

 

Urteko 11. Igandea, “HAZI TXIKIAK- PEQUEÑAS SEMILLAS”, José A. Pagola

B (Markos 4,26-34)

Evangelio del 14/06/15
por Coordinador Grupos de Jesús

HAZI TXIKIAK

Albiste txarrek itorik bizi gara. Irratiak eta telebistak, albiste-emaileek eta erreportariek albiste-piloa botatzen digute gainera: gorrotoa dela, gerla, gosea eta indarkeria dela, eskandalu handiak eta txikiak direla. «Sentsazionalismoaren saltzaileek» ez dute aurkitzen nonbait gauza jatorragorik gure planeta honetan.

Albisteek, zabaltzeko, duten egundoko abiadurak zur eta lur uzten gaitu eta nahasturik. Zer egin dezake batek honelako sufrimendu honen aurrean? Gero eta informatuago gaude gizadi osoa jotzen duen gaitzaz, eta gero eta ahalmen gutxiago sentitzen dugu hari aurre egiteko.

Zientziak konbentziarazi nahi izan gaitu, esanez, problemak aska daitezkeela botere teknologiko handiagoaz, eta guztioi eragin digu bizitza modu erraldoian erakundetzera eta arrazionalizatzera. Baina botere erakundetu hau ez dago jada pertsonen esku, baizik egituren baitan. «Botere ikusezin» bihurtu da, pertsona bakoitzaren eskumenetik urrun kokatua.

Hartara, handia da paso emateko tentazioa. Zer egin dezaket nik gizarte hau hobetze aldera!? Ez ote dagokie buruzagi politiko eta erlijiosoei behar diren aldaketak egitea, bizikidetasuna duinago, gizatarrago eta zoriontsuago egiteko beharrezko direnak?

Ez, ez da egia. Bada ebanjelioan guztiei egindako deia; gizadi berri bat sortzeko hazi txikiak ereitean datza. Jesus ez da mintzo gauza handi-mandiez. Jainkoaren Erreinua gauza xumea eta moduzkoa da bere jatorrian. Hazirik txikiena bezala, oharkabeko gerta daiteke, baina ustekabeko moduan hazi eta fruitu ematera deitua da.

Beharbada, berriro behar dugu ikasi gauza txikiak eta keinu koxkorrak aintzat hartzen. Ez dugu sentitzen egunero heroi edo martiri izatera deituak garenik; baina guztiak gara gonbidatuak geure mundu txiki honetako txoko bakoitzean duintasun-apur bat sortzera. Ustea galdurik den lagunari adiskidetasunezko keinu bat, bakarrik bizi denari irribarre gozo bat, etsipenak jotzen hasia denari hurbiltasun-keinu bat, bihotza estu duen bati poz txiki baten printza bat… ez dira gauza handiak. Jainkoaren Erreinuko hazi txikiak dira; guztiok gara gai horrelakorik ereiteko gizarte korapilatsu eta triste honetan, gauza xumeen eta onen xarma ahaztua duen gizarte honetan.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

 

11 Tiempo Ordinario – B (Marcos 4,26-34)

Evangelio del 14/06/15

por Coordinador Grupos de Jesús

PEQUEÑAS SEMILLAS

Vivimos ahogados por las malas noticias. Emisoras de radio y televisión, noticiarios y reportajes descargan sobre nosotros una avalancha de noticias de odios, guerras, hambres y violencias, escándalos grandes y pequeños. Los «vendedores de sensacionalismo» no parecen encontrar otra cosa más notable en nuestro planeta.

La increíble velocidad con que se difunden las noticias nos deja aturdidos y desconcertados. ¿Qué puede hacer uno ante tanto sufrimiento? Cada vez estamos mejor informados del mal que asola a la humanidad entera, y cada vez nos sentimos más impotentes para afrontarlo.

La ciencia nos ha querido convencer de que los problemas se pueden resolver con más poder tecnológico, y nos ha lanzado a todos a una gigantesca organización y racionalización de la vida. Pero este poder organizado no está ya en manos de las personas sino en las estructuras. Se ha convertido en «un poder invisible» que se sitúa más allá del alcance de cada individuo.

Entonces, la tentación de inhibirnos es grande. ¿Qué puedo hacer yo para mejorar esta sociedad? ¿No son los dirigentes políticos y religiosos quienes han de promover los cambios que se necesitan para avanzar hacia una convivencia más digna, más humana y dichosa?

No es así. Hay en el evangelio una llamada dirigida a todos, y que consiste en sembrar pequeñas semillas de una nueva humanidad. Jesús no habla de cosas grandes. El reino de Dios es algo muy humilde y modesto en sus orígenes. Algo que puede pasar tan desapercibido como la semilla más pequeña, pero que está llamado a crecer y fructificar de manera insospechada.

Quizás necesitamos aprender de nuevo a valorar las cosas pequeñas y los pequeños gestos. No nos sentimos llamados a ser héroes ni mártires cada día, pero a todos se nos invita a vivir poniendo un poco de dignidad en cada rincón de nuestro pequeño mundo. Un gesto amistoso al que vive desconcertado, una sonrisa acogedora a quien está solo, una señal de cercanía a quien comienza a desesperar, un rayo de pequeña alegría en un corazón agobiado… no son cosas grandes. Son pequeñas semillas del reino de Dios que todos podemos sembrar en una sociedad complicada y triste, que ha olvidado el encanto de las cosas sencillas y buenas.

José Antonio Pagola

 

Contra el papanatismo clerical, sensatez

Antonio Gil de Zúñiga,
Atrio

Tras haberme tragado, por deber profesional, toda la ceremonia para beatificar a Oscar Romero, me creo autorizado a decir que lo que aquí escribe Antonio es el mejor comentario a ese enorme despliegue clerical en El Salvador que ha hecho escapar a Jon Sobrino. AD.

“Pobres” es una palabra que se ha puesto de moda tanto en el ámbito social-político como en el clerical. En el primero es una realidad obscena; en el segundo, es una realidad lingüística fruto del papanatismo clerical, puesto que los aires que vienen de Roma, del papa Francisco, soplan en otras direcciones desconocidas hasta ahora y que nos hablan de los pobres. Leer más

El Papa piensa en verde

Francisco piensa en verde. El primer Papa del Sur dedicará su próxima encíclica -la primera atribuible exclusivamente a él, pues Lumen Fidei, firmada por él, es obra de su antecesor- a la ecología y al cuidado del medio ambiente. Se trata del primer texto de este calado -forma parte del Magisterio de la Iglesia, y compromete la infalibilidad papal- escrito por un pontífice.

 

«EL CORAZÓN DE LA EUCARISTÍA ES LA ENTREGA», Enrique Martínez Lozano

Escrito por  Enrique Martínez Lozano

Mc 14,12-16.22-26

Parece que no es posible desvelar el sentido del lenguaje críptico del comienzo de este texto, que introduce el relato de la cena última de Jesús con sus discípulos. ¿Qué significan el detalle del hombre del cántaro y todo ese modo enigmático de hablar de los preparativos? Se nos escapa. No ha faltado quien ha querido ver en todo ello un modo de hacer «clandestino», propio de quienes son perseguidos. Otros buscan distintos simbolismos. Quizás lo más sensato sea reconocer que carecemos de datos suficientes para hacer una lectura adecuada del texto en cuestión.

Lo que importa al autor del evangelio es mostrar el sentido de la verdadera Pascua –«cuando se sacrificaba el cordero pascual»– que, según él, se va a realizar en Jesús.

En la pascua judía («pésaj«), el «paso» (literalmente, «salto») de la esclavitud de Egipto a la liberación se celebraba en la cena anual, en la que se comía el cordero. En ese mismo día, Marcos presenta a Jesús como aquel en quien sucede la «nueva pascua», el paso de lo viejo a lo nuevo, de la muerte a la vida. Y lo enmarca en el contexto de una comida.

Compartir la comida era un signo poderosamente elocuente de amistad e intimidad, que creaba o fortalecía entre quienes la compartían un sentimiento de solidaridad. El evangelio muestra a Jesús comiendo con distintos grupos de gente, particularmente con personas consideradas «pecadoras». Aunque ello le acarreara el reproche y la condena por parte de la autoridad religiosa y los doctores de la ley, él vivía las comidas como expresión del mismo «Reino de Dios» que anunciaba.

Pero en esta cena hay algo más. En el marco del final inminente, Jesús aparece desvelando el sentido que da a su muerte: la entrega de su vida. Va a ser «entregado» por uno de los suyos, pero realmente es él mismo quien se «entrega», como pacto o alianza de vida.

Con el pan, pronuncia la «bendición» (eulogia), según la costumbre judía, acompañando a las palabras: «Tomad, esto es mi cuerpo», que probablemente, en el arameo original, serían: «Tomad, esto soy yo». Ya que no se refiere a la «materialidad» del cuerpo, como a cierta teología muy posterior le gustaría insistir, sino a toda su persona. Ofrecer su cuerpo equivale a ofrecer su persona. Comer el pan significa, por tanto, comulgar con Jesús –tomarlo a él y a su mensaje como referencia y criterio de vida- y alimentarse/fortalecerse con él.

A continuación, al tomar la copa, pronuncia, no ya la «bendición», sino la «acción de gracias» –fórmula griega para nombrar la eucaristía-, con estas palabras: «Esta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos».

La «sangre» significa también la misma persona, en cuanto entregada a la muerte. Y simboliza la «nueva alianza», que viene a sustituir a la del Sinaí. Pero la escena, como señala Mercedes Navarro, «se aleja del significado sacrificial inmediato que ordinariamente se le suele dar, pues la bebida de la copa implica comunión en la bendición, en la acción de gracias en este caso».

Si el término «eucaristía» significa «acción de gracias», el contenido del gesto –a través del cual Jesús expresó el sentido que dio a su vida y que quería dar a su muerte- se condensa en una palabra: entrega…, hasta dar la vida.

 

Enrique Martínez Lozano

www.enriquemartinezlozano.com

 

«Kristoren gorputz-odolak – LA CENA DEL SEÑOR», José A. Pagola

JAUNAREN AFARIA

Markos 14,12-16.22-26

Evangelio del 07/06/15
por Coordinador Grupos de Jesús


Ikerketa soziologikoek ezin ukatuzko datuz nabarmentzen dute: mendebaldeko gure elizetako kristauak alde batera uzten ari dira igandeko meza. Ospakizun hori, mendetan barna moldatuz joan den eran, ez da gai haien fedea elikatzeko, ezta Jesusen elkartearekin lotura egiteko ere.

Hau da, ordea, gauzarik harrigarriena: meza «galtzen» uzten ari garela eta gertaera horrek ez duela sorrarazten gure artean inolako erreakziorik. Halere, ez ote da eukaristia kristau-bizitzaren bihotza? Nolatan geldi gintezke planto eginik, ezeri ekiteko kemenik gabe? Nolatan dago hierarkia hain isil, hain geldi? Nolatan ez dugu fededunok geure kezka agertzen indar eta samin handiagoz?

Mezarekiko berotasun-falta handituz doa, baita hartan erantzukizunez eta duda-mudarik gabe parte hartzen jarraitzen dutenen artean ere. Gutxiengo hauen ereduzko leialtasuna da kristau-elkarteei eusten diena; baina mezak bizirik jarraitu ote lezake, gaur egungo erritua betetzea segurtatzen duten neurri babesle batzuk direla medio?

Saihestu ezinekoak dira galderak: ez ote du behar Elizak bere bihotzean, egungo liturgiak eskaintzen diona baino Jaunaren afariaren esperientzia biziago eta haragituago bat? Hain seguru ote gara ondo egiten ari garela Jesusek bere oroigarri guk egitea nahi zuen hura?

Hainbat mendetarik hona errepikatzen ari garen liturgia hori ote da gaur egungo fededunei hobekien lagundu diezaiekeena afari gogoangarri hartan Jesusek egin zuen hura egiten? Hartan mamitzen, laburbiltzen eta agertzen baita nola eta zertako bizi eta hil zen Jesus. Meza hori ote da gehienik erakar gaitzakeena Jesusen ikasle bezala bizitzera, Aitaren erreinuarekiko Jesusek izan zuen egitasmoaren zerbitzari izatera?

Badirudi, dena dagoela gaur meza eraberritzearen kontra. Halaz guztiz, gero eta premiazkoagoa izango da eraberritze hori, Elizak Jesusekin bizi-harremanak izanez bizi nahi badu. Luzea izango da bidea. Eraldatzea daitekeen gauza izango da, Elizak indar handiagoz sentituko duenean hau: Jesusez oroitu beharra eta haren Espirituaren arabera bizi beharra. Horregatik, gaur ere erantzukizun handiagoz jokatzea izango da: ez, meza alde batera uztea, baizik Jesu Kristogan bihotz-berritzera eraginez bizitzea.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

 

Cuerpo y Sangre de Cristo – B (Marcos 14,12-16.22-26)

Evangelio del 07/06/15
Publicado el 01/ jun/ 2015

por Coordinador Grupos de Jesús

LA CENA DEL SEÑOR

Los estudios sociológicos lo destacan con datos contundentes: los cristianos de nuestras iglesias occidentales están abandonando la misa dominical. La celebración, tal como ha quedado configurada a lo largo de los siglos, ya no es capaz de nutrir su fe ni de vincularlos a la comunidad de Jesús.

Lo sorprendente es que estamos dejando que la misa «se pierda» sin que este hecho apenas provoque reacción alguna entre nosotros. ¿No es la eucaristía el centro de la vida cristiana? ¿Cómo podemos permanecer pasivos, sin capacidad de tomar iniciativa alguna? ¿Por qué la jerarquía permanece tan callada e inmóvil? ¿Por qué los creyentes no manifestamos nuestra preocupación con más fuerza y dolor?

La desafección por la misa está creciendo incluso entre quienes participan en ella de manera responsable e incondicional. Es la fidelidad ejemplar de estas minorías la que está sosteniendo a las comunidades, pero ¿podrá la misa seguir viva solo a base de medidas protectoras que aseguren el cumplimiento del rito actual?

Las preguntas son inevitables: ¿No necesita la Iglesia en su centro una experiencia más viva y encarnada de la cena del Señor que la que ofrece la liturgia actual? ¿Estamos tan seguros de estar haciendo hoy bien lo que Jesús quiso que hiciéramos en memoria suya?

¿Es la liturgia que nosotros venimos repitiendo desde siglos la que mejor puede ayudar en estos tiempos a los creyentes a vivir lo que vivió Jesús en aquella cena memorable donde se concentra, se recapitula y se manifiesta cómo y para qué vivió y murió? ¿Es la que más nos puede atraer a vivir como discípulos suyos al servicio de su proyecto del reino del Padre?

Hoy todo parece oponerse a la reforma de la misa. Sin embargo, cada vez será más necesaria si la Iglesia quiere vivir del contacto vital con Jesucristo. El camino será largo. La transformación será posible cuando la Iglesia sienta con más fuerza la necesidad de recordar a Jesús y vivir de su Espíritu. Por eso también ahora lo más responsable no es ausentarse de la misa, sino contribuir a la conversión a Jesucristo.

José Antonio Pagola