Herrieliza-Redes Cristianas les desea feliz año 2016

A la confianza de nuestros lectores seguiremos respondiendo en el 2016 con nuestra fidelidad sincera y sentida a los principios básicos que rigen nuestra labor: profesionalidad, independencia y pluralidad

Feliz año 2016! Urte berri on! El deseo no por repetido deja de ser sincero. Leer más

“Hacia un modelo de cura no clerical”. Iglesia, comunidades y ministerios

Moceop
Religión Digital

«Sin esos grupos vivos que comparten su fe no hay Iglesia»

(Moceop).- Tras casi cuarenta años de recorrido compartido (7 congresos internacionales, 7 latinoamericanos y otros muchos nacionales), el Movimiento internacional de curas casados en su actual configuración como Federación Latinoamericana y Federación Europea, tras haberse reunido en un congreso en Guadarrama (Madrid, España), bajo el lema «Curas en unas comunidades adultas», hemos decidido hacer público este comunicado. Leer más

«PREGUNTAS DE AÑO NUEVO», José A. Pagola

Hoy comenzamos un «año nuevo». ¿Cómo será?, ¿qué espero yo del nuevo año?, ¿qué deseo de verdad?, ¿qué es lo que necesito?, ¿a qué dedicaré mi tiempo más precioso e importante?, ¿qué sería para mí algo realmente nuevo y bueno en este año que hoy comienza?

¿Viviré de cualquier manera, pasando de una ocupación a otra, sin saber exactamente qué quiero ni para qué vivo, o aprenderé a distinguir lo importante y esencial de lo que es secundario? ¿Viviré de forma rutinaria y aburrida, o aprenderé a vivir con espíritu más creativo?

¿Seguiré este año alejándome un poco más de Dios o empezaré a buscarlo con más confianza y sinceridad? ¿Seguiré un año más mudo ante él, sin abrir mis labios ni mi corazón, o brotará por fin de mi alma maltrecha una invocación pequeña, humilde pero sincera?

¿Viviré también este año preocupado solo por mi bienestar o sabré preocuparme alguna vez de hacer felices a los demás?, ¿a qué personas me acercaré?, ¿sembraré en ellas alegría, o contagiaré desaliento y tristeza? Por donde yo pase, ¿será la vida más amable y menos dura?

¿Será un año más, dedicado a hacer cosas y más cosas, acumulando egoísmo, tensión y nerviosismo o tendré tiempo para el silencio, el descanso, la oración y el encuentro con Dios?, ¿me encerraré solo en mis problemas o viviré tratando de hacer un mundo más humano y habitable?

¿Seguiré con indiferencia las noticias que día a día me llegarán desde los países del hambre?, ¿contemplaré impasible los cuerpos destrozados de las gentes de Irak o los ahogados de las pateras?, ¿seguiré mirando con frialdad a los que vienen hasta nosotros buscando trabajo y pan? ¿Cuándo aprenderé a mirar a los que sufren con corazón responsable y solidario?

Lo «nuevo» de este año no nos vendrá de fuera. La novedad solo puede brotar de nuestro interior. Este año será nuevo si aprendo a creer de manera nueva y más confiada, si encuentro gestos nuevos y más amables para convivir con los míos, si despierto en mi corazón una compasión nueva hacia los que sufren.

 

José Antonio Pagola

 

 

«Eguberri ondoko 2. igandea – 2º domingo después de Navidad», José A. Pagola

C (Juan 1,1-18)
Evangelio del 03/ene/2016
por Coordinador Grupos de Jesús

JESUS BERRESKURATU – RECUPERAR A JESÚS

Fededunok irudi asko eta askotarikoak izan ohi ditugu Jainkoaz. Haurtzarotik hartaz ikusmoldea eginez joan gara; horretan, batez ere, katekistei eta predikariei entzun izan dugunak baldintzatu gaitu, eta etxean eta ikastetxean irakatsi digutenak, edota ospakizun eta egintza erlijiosoetan bizi izan dugunak.

Jainkoaz sortu izan ditugun irudi hauek guztiak ez-beteak dira eta eskasak; behin eta berriz, bizitzan, irudi horiek garbi egiten saiatu beharra izan dugu. Ezin ahaztu dugu hori. Joanen ebanjelioak biribilki gogorarazi digu biblia-tradizio osoa kutsatzen duen konbentzimendu hau: «Jainkoa ez du inork inoiz ikusi».

Teologoak asko mintzo dira Jainkoaz, gehiegi ere bat, gehienetan: ematen du dena dakitela hartaz; egiaz, ordea, teologo bakar batek ere ez du ikusi Jainkoa. Gauza bera esan behar da predikariez eta gidari erlijiosoez: segurtasun ia erabatekoaz mintzo ohi dira; ematen du ezen beren barruan ez dutela inolako dudarik; egiaz, ordea, haietako inork ez du ikusi Jainkoa.

Beraz, nola garbi egin Jainkoaz ditugun irudiak, haren misterio santua ez desitxuratzeko? Joanen ebanjelio berak gogorarazten digu Jainkoaz kristau-fedeak duen  konbentzimendua zertan sostengatzen den. Jesusek bakarrik, Jainkoaren Seme bakarra den horrek «eman du ezagutzera». Inon ez digu agertzen Jainkoak bere bihotza, ez erakusten bere aurpegia Jesusen baitan bezala.

Jainkoak ez digu agertu bere burua irakaspen eta formula teologikoez, baizik Jesusen maitasun-bizitzaz, haren portaeraz eta mezuaz, heriotzarainoko bere buru-eskaintzaz eta piztueraz. Jainkoagana hurbildu nahi badugu, gizonagana hurbildu beharra dugu zeinengan atera baitzaigu bidera.

Kristautasunak, Jesusi ezjakinarena egin eta hura alde batera uzten duenean, egiazko Jainkoaz urruntzeko arriskua bizi ohi  du; gainera, haren ordez, irudi nahasgarriak hartzeko arriskua izan ohi du: haren aurpegia desitxuratzen duten irudiak; beste mundu bat, libreagoa, zuzenagoa eta haurridetsuagoa eraikitzeko egitasmoan parte hartzea eragozten diguten irudiak. Horregatik dugu hain premiatsua Jesus berriro geure egitea.

Ez da aski Jesus teoriaz edo doktrinaz aitortzea. Guztiok dugu ebanjelioetara era zehatzagoan eta bizi-giroan hurbilduz Jesus ezagutu beharra, haren egitasmoaren ildoari atxiki beharra, haren espirituak anima gaitzan utzi beharra, Aitarekin dituen harremanetan bat egin beharra, egunez egun hari hurbiletik jarraitu beharra. Horixe da bere fedea garbi eginez bizi den elkarte baten zeregin zoragarria.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

2 domingo después de Navidad – C (Juan 1,1-18)
Evangelio del 03/ene/2016
por Coordinador Grupos de Jesús

RECUPERAR A JESÚS

Los creyentes tenemos múltiples y muy diversas imágenes de Dios. Desde niños nos vamos haciendo nuestra propia idea de él, condicionados, sobre todo, por lo que vamos escuchando a catequistas y predicadores, lo que se nos transmite en casa y en el colegio o lo que vivimos en las celebraciones y actos religiosos.

Todas estas imágenes que nos hacemos de Dios son imperfectas y deficientes, y hemos de purificarlas una y otra vez a lo largo de la vida. No lo hemos de olvidar nunca. El evangelio de Juan nos recuerda de manera rotunda una convicción que atraviesa toda la tradición bíblica: «A Dios no lo ha visto nadie jamás».

Los teólogos hablamos mucho de Dios, casi siempre demasiado; parece que lo sabemos todo de él: en realidad, ningún teólogo ha visto a Dios. Lo mismo sucede con los predicadores y dirigentes religiosos; hablan con seguridad casi absoluta; parece que en su interior no hay dudas de ningún género: en realidad, ninguno de ellos ha visto a Dios.

Entonces, ¿cómo purificar nuestras imágenes para no desfigurar de manera grave su misterio santo? El mismo evangelio de Juan nos recuerda la convicción que sustenta toda la fe cristiana en Dios. Solo Jesús, el Hijo único de Dios, es «quien lo ha dado a conocer». En ninguna parte nos descubre Dios su corazón y nos muestra su rostro como en Jesús.

Dios nos ha dicho cómo es encarnándose en Jesús. No se ha revelado en doctrinas y fórmulas teológicas sublimes sino en la vida entrañable de Jesús, en su comportamiento y su mensaje, en su entrega hasta la muerte y en su resurrección. Para aproximarnos a Dios hemos de acercarnos al hombre en el que él sale a nuestro encuentro.

Siempre que el cristianismo ignora a Jesús o lo olvida, corre el riesgo de alejarse del Dios verdadero y de sustituirlo por imágenes distorsionadas que desfiguran su rostro y nos impiden colaborar en su proyecto de construir un mundo nuevo más liberado, justo y fraterno. Por eso es tan urgente recuperar la humanidad de Jesús.

No basta con confesar a Jesucristo de manera teórica o doctrinal. Todos necesitamos conocer a Jesús desde un acercamiento más concreto y vital a los evangelios, sintonizar con su proyecto, dejarnos animar por su espíritu, entrar en su relación con el Padre, seguirlo de cerca día a día. Esta es la tarea apasionante de una comunidad que vive hoy purificando su fe. Quien conoce y sigue a Jesús va disfrutando cada vez más de la bondad insondable de Dios.

José Antonio Pagola

 

«DIOS ES ENCARNACIÓN Y AL ENCARNARSE SE HACE PALABRA, EXPRESIÓN DE SU SER», Fray Marcos

Jn 1, 1-18

Por dos veces en este corto tiempo de Navidad, nos propone la liturgia este evangelio. Ni en dos ni en diez homilías agotaríamos el contenido de esta página de la Escritura; sin duda la más sublime que se haya escrito nunca. Por eso mismo es tan difícil de comprender. Cualquier explicación que demos, será siempre provisional y limitada porque solo la experiencia interior nos puede aproximar y nunca llegaremos a comprender del todo.

La tercera frase podría traducirse por “un ser divino era el proyecto”, puesto que “Theos” no lleva artículo. Ese inconsciente cambio de perspectiva, demuestra la dificultad que seguimos teniendo para aceptar, en toda su dimensión, el misterio de la encarnación. No terminamos de creernos que Dios se ha hecho hombre, y hacemos decir al evangelio lo que no dice. Haciendo Dios a Jesús nos dispensamos de aceptar a un Dios fundido con lo humano. No es el hombre el que tiene que escalar las alturas del cielo, ha sido Dios el que se ha abajado y ha compartido su ser con el hombre. Eso es lo que significa la encarnación. Por medio de Jesús, podemos llegar a saber lo que es Dios. Pero un Dios que no está ya en la estratosfera, ni en los templos sino en el hombre en todo ser humano.

«… estaba junto a Dios«: Esta frase expresa a la vez dos cosas: Proximidad y distinción. El (pros ton theon) sería: estaba «junto a», «vuelto hacia» Dios. El adverbio «pros» puede tener sentido estático o dinámico, de compañía o de movimiento. El sentido más aproximado sería: En íntima unión con Dios, Fruto de una relación, sin considerarlo absolutamente idéntico a Él. Recordemos que el mismo Jn nos dice: «El Padre es mayor que yo». Aunque también dice: «Yo y el Padre somos uno». Para un judío era imposible aceptar otro ser equiparado a Dios. Para ellos Dios era el único y totalmente otro. En cambio para los griegos, el peligro estaba en interpretar la existencia de otro ser igual a Dios como politeísmo. La primera comunidad cristiana se desarrolló entre las dos culturas. Y tuvo mucha dificultad para expresar la realidad de Jesús en relación a Dios.

“En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres”. Otro texto que solemos entender al revés. La ilumina­ción viene precisamente porque ha llegado la Vida. Esta idea va más allá de la mentalidad judía. Para ellos la Ley era la luz que ilumina y salva. Sin luz (Ley) no podía haber vida (salvación). La idea de que la Vida es anterior a la luz, es clave para entender el evangelio de Juan. Dios por medio de la Palabra, comunica la Vida, y es esta Vida la que da luz, la que permite la comprensión de lo que es Jesús y de lo que es Dios. Se entiende mal a Jn, si se quiere ver en Jesús un maestro de verdades que dan vida. Jesús es dador de Vida, porque nos hace descubrir la que el Padre le ha dado a él.

Vino a su casa, pero los suyos no la acogieron. Con frecuencia nos pasamos por alto esta seria advertencia repetida tres veces en distintos versículos. En Jesús se hizo patente esa presencia de Dios, pero a pesar de ello, muy pocos de los que estaban a su alrededor fueron capaces de descubrir esa presencia. Hasta a los más íntimos, que vivieron con él durante años, les costó Dios y ayuda descubrir la realidad de Jesús. Hoy la culpa de que el mundo siga sin reconocer a Jesús, la tenemos los que decimos seguirle. Hablamos demasiado de Jesús, pero la verdad es que a la hora de vivir como él, dejamos mucho que desear. Si todos los que nos llamamos cristianos viviéramos como él vivió, todo cambiaría.

“Pero a cuantos le recibieron les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre”. Recibir a Cristo significa creer en él, identificarse con él, repetir la actitud y la relación con Dios que él mismo tuvo. “Les dio poder para ser hijos de Dios”, no quiere decir que, desde fuera se haya añadido algo a lo que eran. Se trata de un descubrimiento y vivencia de una realidad que está en todos y cada uno de los seres humanos. No se trata de negar la originalidad de Jesús. Jn deja muy clara la diferencia entre ser Hijo referido a Jesús y ser hijos, referido a nosotros. Determinar esa diferencia es una de las claves para poder entender todo el mensaje de Juan. «Subo a mi Padre y vuestro Padre…»

En el AT, el título de hijo de Dios se aplicaba: a) A los ángeles. b) Al rey. c) Al pueblo judío en su conjunto. Ninguna de estas ideas sirve para comprender lo que Juan quiere decir. Los primeros cristianos “Hijo de Dios” lo entienden en sentido mesiánico, el enviado a cumplir una tarea de salvación. Nada que ver con la generación ni con su identidad sustancial con la divinidad. El mensaje de Jn va más allá de todo lo que podemos encontrar en el AT y en la primera comunidad sobre un Mesías Salvador. Este lenguaje es fruto de setenta años de experiencia mística cristiana y muestra una comprensión de Jesús que no podían tener los apóstoles ni sus primeros seguidores.

A pesar de lo dicho, la raíz de la idea de Hijo que Jn quiere trasmitirnos, hay que buscarla en la Sabiduría de los libros sapienciales. Como veíamos en la primera lectura de hoy, la Sabiduría, existía antes de la creación, participaba de la vida divina y era el agente de la creación y salvación. Esta idea unida a la cristolo­gía mesiánica da origen a la genial visión de Juan: «Hijo de Dios» o simplemente «el Hijo». El ser preexistente, vuelto hacia el Padre, que se hace carne para llevar a cabo el encargo (proyecto) del Padre: hacernos hijos. Para la mentalidad semita, hijo es aquel cuya actividad corresponda a la del Padre. En el 5,19 dice Jesús: «Un hijo no puede hacer nada que no vea hacer al Padre».

Tenemos aquí una perspectiva nueva para entender lo que quiere decir el NT con los conceptos de Padre e Hijo. Para un semita, era verdadero hijo el que obedecía en todo al Padre; el que salía al padre. Cuando a una persona se le quería introducir en el ámbito de la familia se le llamaba hijo. Lo más importante de ser hijo, no es la dependencia biológica, sino actuar como el padre actúa. Que Jesús es Hijo de Dios no lo adivinamos porque comprendamos su naturaleza, sino por ver que actúa como Dios. Nacer de Dios sería actuar como Dios. El seguimiento nos capacita para actuar como Dios. Esto es lo que hizo Jesús.

“Estos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios”. Jn no da ninguna importancia a la procedencia biológica de Jesús. Después de dejar clara su preexistencia, comienza su evangelio con el verdadero nacimiento, el del Espíritu. Dice el Bautista: “Yo he visto al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma y permanecía sobre él”. Aquí se deja claro que la generación biológica no tiene ninguna importancia. Lo que verdaderamente importa es nacer de Dios. A Nicodemo le dice Jesús: “Hay que nacer de agua y de Espíritu”; “Lo que nace de la carne es carne…”

“Y la Palabra se hizo carne…” Carne es el hombre sometido a su debilidad, pero susceptible de recibir el Espíritu. Carne no es lo contrario de espíritu, sino la posibilidad de que el espíritu se manifieste. En la antropología judía no existía el concepto de alma y cuerpo. Para ellos el ser humano era un todo indivisible; pero se podía descubrir en él distintos aspectos: hombre carne, hombre cuerpo, hombre alma, hombre espíritu. Cuando nos dice que “se hizo carne”, quiere decir que la Palabra asumió la humanidad en su totalidad hasta lo más bajo del ser humano. Quiere decir que la revelación definiti­va de Dios, no es una sombra, un sueño, una ilusión óptica, sino una realidad tangible.

La revelación de Dios no es una enseñanza, sino su misma persona. Al hacerse carne, la Palabra ni dejó de ser Palabra, ni dejó de ser Dios. Al contrario, al hacerse carne la Palabra desarrolla su función al máximo. La finalidad de la palabra es comunicar. En la encarnación Dios se comunica de modo insuperable. En la encarnación la Palabra sigue siendo Dios, pero manifestado, Dios-con-nosotros. El hombre entero es la nueva localización de la presencia de Dios. Ya no debemos buscar a Dios en la tienda del encuentro ni el templo, sino en el hombre.

 

Meditación-contemplación

La luz brilla más en la tiniebla.
Es la tiniebla la que necesita de la luz.
Nos pasamos la vida maldiciendo de las tinieblas que nos rodean,
pero hacemos muy poco por iluminar esa tiniebla.
………………………

Tu vida es la que tiene que ser luz que ilumina.
La Vida de Dios que te atraviesa
tiene que reflejarse en todo momento.
Mientras más oscuridad haya, más preciosa será tu luz.
……………………

La lámpara no tiene que hacer nada para iluminar,
solo dejar que la corriente le atraviesa.
No pienses que eres tú el que tienes que iluminar.
Es la Vida de Dios la que se hace luz en ti.
…………………

 

Fray Marcos

 

Monseñor Infanti: «Este modelo económico produce pobreza legalmente aceptada».

«Podemos dar pasos históricos para cambiar este mundo y el sistema económico inhumano». La pobreza no solo es inmoral, también podría llegar a ser ilegal. Existe un grupo de ciudadanos que se ha propuesto lograr que se declare ilegal la pobreza. En ese sentido, uno de sus objetivos es que, a propósito del aniversario número 70 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, se entregue un pronunciamiento oficial al respecto de parte de Naciones Unidas. «Que haya, desde las leyes y las resoluciones municipales, una preocupación permanente para favorecer la dignidad de las personas, porque estamos enclavados en leyes que sí buscan empobrecer cada vez más a sectores importantes de personas», denuncia el religioso.

 

 

Obispos enfermos

Mi opinión personal es la de que una buena parte del episcopado español se tomó al pie de la letra aquello de que «doctores tiene la Iglesia», confundiendo el término «doctor», con el popular de «médico», y tal y como recientemente se hizo noticia en la diócesis vasca de San Sebastián, cuando su obispo decidió diagnosticar por su cuenta y riesgo «que la sociedad está enferma» aduciendo como prueba la proliferación de partidos políticos y su proporcionalidad nacida, y celebrada, el día de las pasadas elecciones. Pretender ejercer de esculapio o galeno de los demás precisamente cuando tantas y tan graves dolencias se detectan en la propia casa de la Iglesia, tan sagrada por naturaleza, no parece lógico ni consecuente.

 

 

LA NAVIDAD, “MUCHO RUIDO Y POCAS NUECES”

MIGUEL ESQUIROL VIVES

ECLESALIA, .- Otra vez Navidad, pero hoy ha perdido el sentido profundo que alguna vez tuvo. Se ha quedado vacía por dentro y ha sido suplantada por el Papa Noel y la Coca cola.

La Navidad, sin embargo, nos descubre algo muy importante, la unión de lo humano y lo divino. Jesús no necesitó un templo para nacer, nace en un establo, sin sacerdotes, sólo con sus padres, en un parto como tantos otros y la compañía de unos miserables pastores, verdaderos ángeles para aquella pobre familia. Leer más

Año de la misericordia

J. I. González Faus.
Redes Cristianas
Esa herramienta asombrosa que es el lenguaje humano tiene dos límites importantes: es insuficiente y no llega nunca a alcanzar la realidad a la que señala. Recuerdo cómo obsesionó esta constatación al gran poeta que fue J. Mª Valverde, en sus últimos años. Además, y quizá por eso, el lenguaje humano es tremendamente prostituible; y más, cuanto más alta sea la realidad que intenta designar (llevamos 4 años llamando austeridad -nombre de una virtud- a lo que es despojo -nombre de un derecho pisoteado-). Leer más

Navidad mística: Concebir a Dios, nacer de Dios (con Juan de la Cruz)

Blog de Xabier Pikaza
Religión Digital

Navidad es la celebración del Dios que nace como hombre (de los hombres). Cada uno somos así «belén», somos Nacimiento de Dios, quizá algo borroso (como la catedral de Salamanca en el espejo ondulado del río, que disloca un poco su figura sin desfigurarla).

Eso significa que los hombres «concebimos» a Dios y que Dios nace en nosotros (no simplemente porque le concebimos, como si fuera invento nuestro, que lo es), sino porque él es Dios , y nos da el poder de concebirle (es decir, de inventarle, es decir, de encontrarle, de invenio), en el sentido más profundo del término, inventándonos así y descubriéndonos a nosotros mismos.

Éste es un misterio de amor, que sólo en amor puede formularse, como sabe San Juan de la Cruz cuando dice: “Más vive el alma donde ama que en el cuerpo donde anima” (CB 8, 3).

Estas palabras constituyen la mejor definición de la Navidad, que es nacer y vivir en el amado: Dios en los hombres, los hombres en Dios, unos hombres en otros. El amante nace y habita en aquel a quien ama. Así nace Dios y así vive en nosotros.

Así vivimos nosotros en Dios: le concebimos, viviendo unos en otros, conforme a la palabra audaz y hermosa de San Juan de la Cruz, que ahora comentamos, siguiendo el texto de un libro dedicado al tema: Amor de Hombre, Dios enamorado . Animarse a nacer, nacer de nuevo, dar y recibir la vida, para compartirla: eso es Navidad

1. La Navidad es esta fiesta del Dios enamorado.

Vivir es quererse, comunicándose el aliento. Por eso, vivir en Navidad es un milagro: ¿Cómo mantenernos y seguir (animando nuestro cuerpo), si sabemos que nuestra realidad más honda se halla fuera de nosotros? ¿Cómo vivirá en sí la amante si tiene su vida en el Amado? (CB 8):

Mas ¿cómo perseveras,
¡oh vida! no viviendo donde vives,
y haciendo por que mueras,
las flechas que recibes,
de lo que del Amado en ti concibes?

¿Cómo perseveras…? La vida es un milagro, lo más frágil, lo más fuerte: (1) El amor es frágil, siempre inmerecido, transitorio, temeroso de la muerte, que al fin siempre llega. (2) El amor es duradero, poderoso, vencedor sobre la muerte, fuente de resurrección , como irá mostrando el resto del poema. Para situarlo mejor empezaremos retomando las tres palabras centrales de este canto:

2. Los versos del canto

1.Vida: “Mas ¿cómo perseveras, oh vida, no viviendo donde vives…?”. Estos versos definen al amante, hombre o mujer (como hacían los poemas de amor del renacimiento), presentándole como alguien que habita fuera de sí mismo, de manera que su misma existencia (su perseverancia) es un milagro.

Por eso, la amante se admira y pregunta: No sabe cómo puede vivir dislocada, fuera de su sitio. Todo amante es vagabundo, un pobre que no tiene donde reclinar su cabeza, pues sólo vive en el Amado, como SJC ha supuesto en Noche 8 y como afirma, en otra perspectiva, Mt 8, 20.

2. Muerte: “Y haciendo porque mueras las flechas que recibes…”. Un antiguo mito griego representa al Amor como un niño o joven ciego (con ojos vendados) que empuña el arco y dispara sus flechas, de un modo que parece descuidado, pero siempre certero. Así pudo verlo SJC en la escalera principal de su Universidad de Salamanca.

Las flechas del amor evocan la guerra más honda en que los hombres y mujeres se buscan, se hieren y se curan, perdiendo y ganando su vida. La amante sabe que la flecha de amor tendría que haberle matado y, sin embargo, ella vive.

3. Concepción: “De lo que del Amado en ti concibes”. Las flechas provienen de un amado que está dentro y penetran en el mismo corazón de la amante (como supone el signo de la transverberación de Santa. Teresa: estatua de Bernini, en Roma). Esas flechas provienen de fuera, viniendo de dentro: de la misma idea interna de la amante que concibe y engendra en sí al Amado. El conocimiento de amor se define y presenta, según eso, como fecundidad y concepción amorosa: mente y corazón de quien ama son todo el universo.

3. Navidad, concebir a Dios

La Biblia identifica conocimiento personal y encuentro enamorado: así dice que Adán “conoció” a su mujer y que ella dio a luz un hijo (Gen 4, 1). En esa línea se sitúa nuestra amante, diciendo que las flechas del Amor arquero le han fecundado, de forma que alumbra con dolor, aunque de un modo insuficiente: concibe de la idea del Amado (dentro) más que del Amado en sí (fuera). Pero ¿qué es dentro y es fuera? ¿Dónde vive ella en verdad? En ese contexto ha formulado San Juan de la Cruz su más honda verdad antropológica:

El alma más vive donde ama que en el cuerpo donde anima,
porque en el cuerpo ella no tiene su vida,
antes ella la da (vida) al cuerpo,
y ella vive por amor en lo que ama.
Pero, demás de esta vida de amor,
por el cual vive en Dios el alma que le ama,
tiene el alma su vida radical y naturalmente
– como también todas las cosas criadas –
en Dios, según aquello de San Pablo, que dice:
en él vivimos, y nos movemos y somos…
Y como el alma ve que tiene su vida natural en Dios
por el ser que en Él tiene,
y también su vida espiritual por el amor con que le ama,
quéjase y lastímase que puede tanto
una vida tan frágil en cuerpo mortal, que la impida
vivir una vida tan fuerte, verdadera y sabrosa
como vive en Dios por naturaleza y amor.
(Cf. Hech 17, 28. Coment 8, 3).

La forma exterior de este pasaje es poética en sentido simbólica y distingue una vida corporal, con el alma animadora (que alienta en el cuerpo), y una más alta o de Dios, donde encontramos a su vez dos planos, uno natural (ser en Dios, por inmersión de esencia) y otro espiritual (comunicarse en Dios, por comunión de amor, de gracia).

4. Navidad. Las tres vidas del hombre

Desarrollando esas intuiciones anteriores, podemos distinguir tres vidas, distintas y vinculadas:

1.Vida corporal, el regalo de la Vida. El hombre es viviente del mundo: alma “animadora” de un cuerpo emparentado con plantas y animales, en fragilidad y riesgo. Sin embargo, “el alma vive más donde ama que en el cuerpo donde anima”: está más cerca de aquellos con quienes comparte su afecto, que del cuerpo al que mueve; más vive en los amigos (sobre todo en el Amado) que en sí misma, como sabía el Cantar y como sabe nuestra amante, que es capaz de regalar su vida a los amigos (al Amado), muriendo por ellos, pues en ellos vive, en esperanza de resurrección.

2.Vida natural en Dios, inmersión divina. En este nivel, SJC comparte una teoría común del pensamiento teológico antiguo, presente incluso en muchos no cristianos (platónicos, estoicos…), que se trasluce en Hech 17, 28 («en Dios vivimos, nos movemos y somos») y en Jn 1, 4, citado por SJC («todo lo que fue hecho era Vida en Dios») . Esto significa que el hombre vive de una forma natural en Dios, pues Dios es Vida de todos los seres y, de un modo especial, de los hombres que se saben inmersos en su esencia .

3.Vida espiritual en Dios,
comunión de personas. En este nivel se despliega la vida más honda, en sentido dialogal o comunión de amor, como iremos indicando en lo que sigue. El hombre no está inmerso en lo divino por naturaleza (como en el plano anterior), sino que comparte en Dios (con Dios) la vida, en comunicación personal, de entrega, de regalo mutuo. En este nivel se sitúan las palabras centrales de SJC, que venimos comentando: “Más vive el alma donde ama que en el cuerpo donde anima, porque en el cuerpo ella no tiene su vida, antes ella la da al cuerpo, mientras que ella vive por amor en lo que ama”.