MÁS SOBRE PALABRAS GASTADAS

Religión Digital

Con frecuencia notamos que, a la hora de expresar nuestras vivencias, las palabras se nos quedan muy pobres. O resultan ambiguas. Que sea así parece inevitable: tanto la palabra como el concepto son incapaces de dar razón de toda la riqueza y amplitud de lo real.

El motivo es muy simple: al pensar y al nombrar algo, inevitablemente lo objetivamos; dado que la mente y la palabra funcionan a partir de un modelo dual, todo aquello a lo que nos referimos queda irremediablemente convertido en “objeto” separado. Con el añadido de que ese objeto, así delimitado, es visto y nombrado desde una perspectiva concreta, quedando otras relegadas. La conclusión es patente: El acercamiento mental a lo real es siempre objetivante, separador y parcial (relativo).

Si bien todas las palabras participan de ese carácter pobre y ambiguo, algunas de ellas parecen haber sido especialmente “maltratadas” por un uso tan excesivo como inadecuado. Cuando eso ocurre, terminan vacías de significado –por ejemplo, ¿qué decimos cuando decimos “amor”?- o provocan automáticamente malestar o rechazo.

Ahí entra la palabra “espiritualidad”. Y eso mismo parece haber sucedido con la palabra “Dios”, tal como reconocía Martin Buber: “«Dios»…  Ninguna palabra ha sido tan manchada ni machacada… Generaciones de hombres han rasgado la palabra con sus partidismos religiosos; han matado o muerto por ella; lleva las huellas digitales y la sangre de todos ellos”.

En no pocos ambientes, la palabra “Dios” provoca incomodidad, malestar o rechazo. Porque en muchos oídos suena a engaño, manipulación, mentira u opresión: lo que, debido a ella, han padecido muchas personas.

Frente a esos equívocos, es bueno empezar reconociendo algo elemental: la palabra “Dios” no es Dios. No se está necesariamente más cerca de “Dios” por utilizar ese término. Y quizás necesitemos dejar de usarlo para poder rescatar su contenido.

Ante el Misterio, parece que la actitud adecuada pasa por recuperar el Silencio, el Asombro, la Admiración, la Adoración, la Gratitud, el Sobrecogimiento, la Unidad de todo, el Amor…, para dejarnos contagiar por él, percibir que nos constituye –el Misterio es la Mismidad de todo lo que es– y dejarnos vivir la Amplitud en la que nos reconocemos.

 

Enrique Martínez Lozano

 

 

CARTA A DIOS, EL GUÍA DE NUESTRO CAMINAR

Coincidiendo con el ochenta aniversario de Marià Corbí hemos querido recuperar este texto, publicado en la obra colectiva:
Cincuenta cartas a Dios (PPC, 2006)

Dios, me piden que te escriba una carta. Pero, ¿cómo escribirte una carta a ti, que no eres “otro” de mí? Solo mi necedad y mi pobreza, que son el enclaustramiento en mí mismo, me hacen sentirme a mí como “otro” de ti y a ti como “otro” de mí.

Desde mi juventud te busqué, y los caminos que he recorrido han ido siempre por donde ni esperaba ni era capaz de imaginar. Cada tramo del camino fue distinto de mi expectativa. Leer más

La sociedad del cansancio y del abatimiento social

Leonardo Boff
ATRIO

Hay una discusión en todo el mundo sobre la “sociedad del cansancio”. Ha sido formulada principalmente por un coreano que enseña filosofía en Berlín, Byung-Chul Han, cuyo libro con el mismo título acaba de ser publicado en Brasil (Vozes 2015). El pensamiento no siempre es claro y, algunas veces, discutible, como cuando afirma que el “cansancio fundamental” está dotado de una capacidad especial para “inspirar y hacer surgir el espíritu” (cf. Byung-Chul Han, p. 73). Independientemente de las teorizaciones, vivimos en una sociedad del cansancio. En Brasil además de cansancio sufrimos un desánimo y un abatimiento atroces. Leer más

Política según Francisco

MARTÍN PÉREZ MILLÁN*,
martin.perez.millan@gmail.com

ECLESALIA, Hoy, luego de dos años y medio de pontificado, es posible apreciar como inequívocamente política la decisión tomada por el colegio cardenalicio de haber elegido al ex cardenal Bergoglio. Para revitalizar a la Iglesia se precisaba construcción y conducción política, y un talante no contaminado por los centros tradicionales de poder.

El Pontífice argentino ha desplazado el centro de gravedad desde Europa hacia América, lo que repercute en la mirada que hace la institución bimilenaria a temas y contenidos no sólo de corte moral, sino también económico, político y social. Para ejemplificar, no hace falta más que repasar sus clarividentes alocuciones ante el Congreso en los Estados Unidos y los Movimientos Populares en Bolivia. Leer más

El escandaloso caso de la desigualdad en España: el papel de los salarios

Javier Doz
Presidente de la Fundación 1 de Mayo de Comisiones Obreras

España registra 13,5 millones de personas en riesgo de pobreza o exclusión social. La pérdida media del poder adquisitivo de los salarios españoles fue del 5,3% entre 2009 y 2014, porcentaje que muestra hasta qué punto los salarios se han convertido con la crisis en factor de desigualdad. ¿Sería mucho pedir que un programa integral de acción por el empleo de calidad y contra las desigualdades sociales y la pobreza se sitúe en el centro del debate político y del programa del nuevo Gobierno? Leer más

¿SABOREAMOS EL VINO DE CANÁ EN LA BODEGA?, Marifé Ramos

Fe Adulta

Jn 2, 1-11

Vamos a acercarnos al evangelio de este domingo desde dos perspectivas complementarias:

En primer lugar a través de las costumbres de la época, como si fuésemos invitados de la boda y observáramos atentamente todo lo que ocurre.

A continuación nos acercaremos a través de la teología que utiliza san Juan a lo largo de su evangelio. Esta perspectiva nos ayudará a comprender que este texto es más teológico que histórico.

En este evangelio se nos presentan siete signos (traducidos como milagros) entre los capítulos 2,1 y 12,50, que forman un bloque llamado “Libro de los signos”. Los siete signos reenvían a la idea de una nueva creación. Juan nos dice a lo largo de esos capítulos que se está produciendo algo nuevo y esa novedad es mucho más importante y profunda que el supuesto milagro.

Cada uno de los signos va acompañado de una explicación teológica para que comprendamos mejor su sentido y no nos quedemos en las apariencias, en el envoltorio del regalo.

Costumbres de la época:

Caná era una aldea de Galilea. El evangelio de Juan la nombra varias veces; por ejemplo, después de expulsar a los mercaderes del templo y del encuentro con la samaritana, Jesús volvió a Caná (4, 46-53). Natanael era de allí (21, 2).

La boda era uno de los acontecimientos más importantes de la vida social de Israel. Era una ocasión para hacer alianzas entre familias. A menudo se casaban entre primos hermanos, o el tío con la sobrina, etc., así la herencia no salía de la familia.

Muchas veces se concertaba la boda  a través de arduas negociaciones, por lo que su  celebración era como el broche final.

A veces los padres de familia comprometían a sus hijos cuando todavía eran niños y esperaban a que los chicos tuvieran 13 años y las chicas 12 para celebrar el matrimonio. En buena parte el sentido de la vida de los adolescentes consistía en casarse y tener hijos. Así engrandecían el pueblo y experimentaban la bendición de Dios. Tenían tanta importancia social y religiosa las bodas que no existía un término equivalente a “celibato”.

La celebración podía durar una semana. Se reunían las familias (en un sentido muy  amplio) y las amistades.  Los invitados solían aportar víveres para contribuir a los gastos que suponía comer y beber en abundancia durante esos días. Cuando había una boda se suspendían los ayunos religiosos habituales.

María estaba invitada y se le nombra como “madre de Jesús”. Muchas veces se silenciaba el nombre propio de las mujeres y se hacía alusión a un hombre que les servía  de referencia: eran madres de…, o hijas de…, o esposas de…

No se nombra a José. Cuando un padre de familia moría solía ocupar su puesto en los actos de la vida pública el hijo varón primogénito. ¿Habría muerto?

El vino tenía mucha más importancia que la que tiene ahora. En determinadas estaciones no era fácil encontrar agua potable y abundante en los manantiales, por lo que el vino era imprescindible como bebida habitual. En los viajes se solía llevar un cuerno de un animal, vaciado como si fuera una cantimplora, y lleno de vino (pensemos en texto del buen samaritano). Salvo que la pobreza lo impidiera, cada familia intentaba tener en casa algunas cántaras de vino para su propio consumo.

Era impensable que en una boda en la que había mayordomo y sirvientes se acabara el vino, ni por falta de previsión ni por tacañería. Había familias que se endeudaban para celebrarla por encima de sus posibilidades; era un honor “tirar la casa por la ventana” en estas ocasiones. Las bodas eran una de las pocas ocasiones que tenía la gente sencilla de comer y beber en abundancia. Se recordaban y se hablaba de ellas.

Si se había acabado el vino ¿se podía conseguir inmediatamente, en abundancia, en una aldea? ¿Una mujer invitada a la boda es la que se tuvo que encargar de solucionar el problema? ¿Ella se dirigió a los sirvientes? De acuerdo con las costumbres de la época el texto hace aguas.

Juan nos presenta de nuevo el término “mujer” en boca de Jesús, cuando está en la cruz y le dice a María: “Mujer, he ahí a tu hijo” (19, 26). Nos está dando pistas muy claras que nos conducen a una interpretación teológica del texto, como veremos más adelante.

Las tinajas para guardar el agua solían ser de barro (como nuestros botijos), pero el barro podía guardar impurezas, por eso había también grandes tinajas de piedra que se consideraban más puras y apropiadas para conservar un agua que era imprescindible en las ceremonias de purificación.

¿Quién vivía en una casa de una aldea, en la que había  tinajas con capacidad para 600 litros de agua para purificarse? No deja de ser curioso este dato. Nos indica que la boda se celebra en una casa en la que se da mucha importancia a la purificación ritual y tienen tinajas de piedra, muy caras, que cumplen estrictamente con las normas religiosas.

En la casa había mayordomo y sirvientes, es una familia rica. Si fuera un hecho histórico, si se tratara de la narración de un suceso, no tendría sentido que fuera el novio el que hubiera guardado el vino bueno para el final y el mayordomo no lo supiera.

Además, Juan nos habría contado el alboroto que tendría que haberse producido con el cambio y cómo los invitados a la boda habrían caído  rendidos a los pies de quien había hecho un milagro tan grande. También tendríamos testimonios extra bíblicos, porque 600 litros de agua convertida en vino dan mucho que hablar, sin embargo ni siquiera los otros tres evangelistas nombran la boda de Caná.

Si nos hemos quedado con la imagen del cambio del agua en vino, como clave de este evangelio, creo que no lo hemos entendido. Es como si hubiéramos presenciado un espectáculo de magia y saliéramos comentándolo con otros asistentes.

Interpretación teológica:

El versículo 11 nos da la clave para acercarnos al texto por esta vía, para recuperar la Buena Noticia que encierra:

· Jesús comenzó sus signos.

· Manifestó su gloria.

· Creció la fe de los discípulos en él.

La presencia de Jesús, María y los discípulos son símbolo de la comunidad cristiana. Es decir, Juan nos anuncia un signo en medido de la comunidad, en un contexto de celebración, de fiesta. María ya no es sólo la madre de Jesús, tiene otra consideración, es un prototipo, es la madre universal. Es la mujer.

En la perspectiva teológica el vino era uno de los signos que mostraban que había llegado el tiempo mesiánico, tras unos siete siglos de espera. ¡Eso sí que era motivo de fiesta y celebración! El vino expresa la vida de Jesús, compartida y entregada (su sangre).

Para Juan “la hora” no se refiere al tiempo cronológico, sino a la hora de Dios, al momento apropiado (se utiliza el término kairós). Ni siquiera su madre puede marcar a Jesús esa hora en la que tendrá que entregar su vida plenamente.

Hay una imagen actual que puede ayudarnos  a entender el dinamismo de esa “hora de Dios”: los surfistas. Si saben mirar con atención las olas y ven que se acerca una  grande y apropiada se suben en ella y aprovechan su impulso, su fuerza, para llegar muy lejos, casi sin esfuerzo. Sería absurdo querer surfear en dirección contraria de la ola o intentar llegar lejos cuando el mar está en calma.

¿Cómo buscamos lo signos que nos ayudan a captar “la hora de Dios” en nuestra vida? ¿Cómo aprovechamos la “ola” de la voluntad de Dios para llegar a vivir experiencias y compromisos que serían imposibles con nuestras propias fuerzas?

En la teología de Juan ya no tenía sentido el agua para purificarse, porque la presencia de Jesús (resucitado) implicaba fiesta, banquete, un vino bueno que es nuevo. El agua de las purificaciones se había transformado en un vino bueno que alegraba a las familias y a los pueblo.

Pero era preciso probarlo, saborearlo. Muchos hombre y mujeres místicos describen la experiencia de bajar a lo más profundo de su ser como la bajada y estancia en una bodega en la que saborean un vino añejo y experimentan una comunión profunda con el Dios que les habita. Leer el evangelio de hoy con esta clave puede transformar nuestra vida.

En consonancia con otros textos del evangelio de Juan vemos que ya no hay que ir al pozo a buscar el agua (diálogo con la samaritana);  ya no hay que llenar tinajas para la purificación, porque en nuestras propias entrañas hay un río de agua viva que conduce a la vida eterna.

“El que beba del agua que yo le daré no tendrá más sed, sino que el agua que yo le daré se convertirá en él en fuente que brote para la vida eterna” (Juan 4, 14) “El que tenga sed que venga a mí y beba…” (4, 37)

Como vemos, si quitamos el envoltorio de las costumbres, este texto nos enseña claves para vivir el discipulado. La teología de Juan es mucho más profunda que lo que sugieren unos hechos extraordinarios en una boda.

¿Y si traducimos el texto en forma de parábola?

Hacía meses que no llovía en la zona y los manantiales se iban secando uno tras otro. La gente del pueblo guardaba en sus casas algunos cántaros con agua y la utilizaban con mucha prudencia, como un bien precioso y escaso.

El domingo, en la homilía, el sacerdote explicó el evangelio de las bodas de Caná. Al acabar la Misa invitó a  la gente a que pasara a la sacristía:

– Vamos a sacar las botellas con agua bendita que hay en el armario. Haremos sopa y café para las familias más pobres del pueblo. Hace frío y les vendrá bien.

Así lo hicieron. Ese día el pueblo entendió el evangelio mucho mejor que otros domingos.

 

Marifé Ramos González

http://www.mariferamos.com/

 

 

La difícil revolución de una ‘modernidad líquida’

Redacción de Atrio,

Estaba yo esta mañana sin presentar nada en ATRIO para la reflexión, aburrido de la política española y sin saber qué elegir entre otros muchos temas de una humanidad sangrante. Y ha sido nuestra Mª Pilar quien me ha enviado este interesante artículo de hoy en El País. ¡Gracias, Pili! A esto llamo yo hacer ATRIO entre todos.AD

Zygmunt Bauman: “Las redes sociales son una trampa”

Es la voz del ‘precariado’. El sociólogo denuncia la desigualdad y la caída de la clase media. Y avisa a los indignados de que su experimento puede tener corta vida

Entrevista realizada por RICARDO DE QUEROL, El País

Su último libro: Estado de crisis Leer más

Urteko 2. igandea – 2 Tiempo ordinario, José A. Pagola

C (Joan 2,1-11)
Evangelio del 17/ene/2016
por Coordinador Grupos de Jesús

SEINALEEN HIZKUNTZA – LENGUAJE DE GESTOS

Joan ebanjelariak ez du esan Jesusek «mirariak» edo «mirakuluak» egin zituenik. «Seinaleak» izena eman die Joanek; hain zuzen ere, gure begiek ikus dezaketena baino sakonagora garamatzaten keinuak direlako. Zehazki, Jesusek egin dituen seinaleek hari begira jartzen gaituzte eta haren indar salbatzailea aurkiarazten digute.

Seinale guztien hasiera da Galileako Kanan gertatua. Bere bizitza guztian Jesusek burutu dituen seinale guztien prototipoa. «Ura ardo bihurtze» horretan eskaini digu Jesusek giltza, berak dagien salbazio-eraldaketaren mota ulertzeko; baita, haren izenean, haren jarraitzaileek eskainiko dutenarena ere.

Eztei baten markoan gertatu da guztia; jairik gizatarrenaren markoan, maitasunaren sinbolo adierazkorrenaren, Jainkoak gizakiarekin egin duen elkartze behin betikoa iradokitzeko Bibliaren tradizioko imajinarik hobenaren markoan. Jesu Kristoren salbazioa honela behar dute bizi eta eskaini haren jarraitzaileek: haiek huts gertatzen direnean, hau da, «ardorik gabeko» eta zoriontasun osoaren gure gogoa betetzeko ez-gai direnean, giza jaiak bete-beteko egiten dituen jai bezala, alegia.

Besterik ere iradokitzen du kontakizun honek. Orduan bakarrik har dakioke urari ardo-gustua: juduek beren burua garbi egiteko harrizko sei urontzi handitan izan ohi duten eta, Jesusen hitzari jarraituz, haietatik aterea denean. Harrizko harlauzatan idatzia den legearen erlijioa agortua da jada: hura ez da gai gizakia garbi egiteko. Jesusek dakarren maitasunaz eta biziaz liberatu beharra da erlijio hori.

Jendea ezin da ebanjelizatu nolanahi. Jesusen indar eraldatzailea komunikatzeko ez dira aski hitzak, beharrezkoak dira keinuak. Ebanjelizatzea ez datza hitz egite hutsean, ez predikatze eta irakaste hutsean, are gutxiago juzkatzean, mehatxu egitean edo gaitzestean. Premiazkoa da eguneratzea, leialtasun sortzailez, Jesusek egin ohi zituen seinaleak; hain juxtu, landa-jende haren bizitza latza gozatzeko, Jainkoagandiko alaitasuna gizarteratuz, Jesusek egiten zituen seinaleak eguneratu beharra dugu.

Gaur egungo jende askori Elizaren hitza bost axola dio. Aspertu egiten da gure ospakizunetan. Elizagandik seinale hurbilagokoak eta adiskidetsuagoak nahi ditu, bizitzako sufrimendua eta laztasuna eztitzeko kristauengan gaitasun handiagoa ikusi ahal izateko.

Zein ibiliko da berri gozagarri ez den zerbaiten bila? Nagusiki, ebanjeliora jauntxokeria eta mehatxua erabiliz jotzen bada? Jesu Kristo jende askok bizitzeko indar eta eragin bezala espero du, eta era zentzuzkoagoz eta pozgarriagoz bizitzeko bide bezala. Soilik, «erlijio geldoa» eskaintzen bazaie, ezin dastatu ahal izango dute Jesusek kutsatu ohi zuen jai-alaitasun hura, eta urrunduz jarraituko du jendeak.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

2 Tiempo ordinario – C (Juan 2,1-11)
Evangelio del 17/ene/2016

por Coordinador Grupos de Jesús

LENGUAJE DE GESTOS

El evangelista Juan no dice que Jesús hizo «milagros» o «prodigios». Él los llama «signos» porque son gestos que apuntan hacia algo más profundo de lo que pueden ver nuestros ojos. En concreto, los signos que Jesús realiza, orientan hacia su persona y nos descubren su fuerza salvadora.

Lo sucedido en Caná de Galilea es el comienzo de todos los signos. El prototipo de los que Jesús irá llevando a cabo a lo largo de su vida. En esa «transformación del agua en vino» se nos propone la clave para captar el tipo de transformación salvadora que opera Jesús y el que, en su nombre, han de ofrecer sus seguidores.

Todo ocurre en el marco de una boda, la fiesta humana por excelencia, el símbolo más expresivo del amor, la mejor imagen de la tradición bíblica para evocar la comunión definitiva de Dios con el ser humano. La salvación de Jesucristo ha de ser vivida y ofrecida por sus seguidores como una fiesta que da plenitud a las fiestas humanas cuando estas quedan vacías, «sin vino» y sin capacidad de llenar nuestro deseo de felicidad total.

El relato sugiere algo más. El agua solo puede ser saboreada como vino cuando, siguiendo las palabras de Jesús, es«sacada» de seis grandes tinajas de piedra, utilizadas por los judíos para sus purificaciones. La religión de la ley escrita en tablas de piedra está exhausta; no hay agua capaz de purificar al ser humano. Esa religión ha de ser liberada por el amor y la vida que comunica Jesús.

No se puede evangelizar de cualquier manera. Para comunicar la fuerza transformadora de Jesús no bastan las palabras, son necesarios los gestos. Evangelizar no es solo hablar, predicar o enseñar; menos aún, juzgar, amenazar o condenar. Es necesario actualizar, con fidelidad creativa, los signos que Jesús hacía para introducir la alegría de Dios haciendo más dichosa la vida dura de aquellos campesinos.

A muchos contemporáneos la palabra de la Iglesia los deja indiferentes. Nuestras celebraciones los aburren. Necesitan conocer más signos cercanos y amistosos por parte de la Iglesia para descubrir en los cristianos la capacidad de Jesús para aliviar el sufrimiento y la dureza de la vida.

¿Quién querrá escuchar hoy lo que ya no se presenta como noticia gozosa, especialmente si se hace invocando el evangelio con tono autoritario y amenazador? Jesucristo es esperado por muchos como una fuerza y un estímulo para existir, y un camino para vivir de manera más sensata y gozosa. Si solo conocen una «religión aguada» y no pueden saborear algo de la alegría festiva que Jesús contagiaba, muchos seguirán alejándose.

José Antonio Pagola

 

 

 

«Jaunaren Bataioa – Bautismo del Señor», José A. Pagola

C (Lukas 3,15-16.21.22)
por Coordinador Grupos de Jesús

ESPIRITUALITATE BERRIA – NUEVA ESPIRITUALIDAD

«Espiritualitatea» ez da hitz jatorra. Batzuei baliorik ez duen zerbait iradokitzen die, bizitza errealetik at dagoen zerbait. Zertarako dateke on? Axola duena gauza zehatza da, gauza praktikoa, materiala, eta ez espiritualik ezer.

Halaz guztiz, pertsonaren «espiritua» baliozkotzat emana da egungo gizartean, zeren haren bizitzako gauzarik sakonena eta erabakitzaileena adierazten baitu: hura animatzen duen sua, haren inspirazio sakonena, gainerakoei kutsatzen diena, pertsona hori munduan ezartzen ari dena.

Espirituak arnasten ditu gure egitasmoak eta konpromisoak, eratzen ditu balioez gure horizontea eta gure esperantza. Nolakoa gure espiritua, halakoa gure espiritualitatea. Eta halakoak izanen dira gure erlijioa eta gure bizitza osoa ere.

Lehen kristauek guri eskualdatu testuek agertzen digute ezen «mugimendu espiritual» indartsu bezala bizi zutela Jesu Kristorekiko fedea. Jesusen Espirituaren bizilekutzat zuten bere burua. Espiritu horrengan bataiatua izan dena bakarrik da kristau. «Kristoren Espiritua ez duena ez da haren ikasle». Espiritu horrek arnasturik, beste era batean bizi zuten guztia.

Haien baitan lehenik aldatzen den gauza Jainkoarekiko esperientzia da. Ez dira bizi jada «esklaboen espirituaz»,Jainkoarekiko beldurraz estu, baizik «seme-alaben espirituaz», Aitak baldintzarik gabe eta mugarik gabe maite dituela sentituz. Jesusen Espirituak bihotz barnetik eginarazten die oihu hau: Abba, Aita! Esperientzia hau da Jesusen elkarteetan kide guztiek lortu beharko luketen lehenengo gauza.

Erlijioa bizitzeko era ere aldatu egin da haiengan. Beren burua ez dute sentitzen jadanik «legearen gatibu», arauen eta aginduen mendeko, baizik maitasunak askaturiko. Ezagutu zuten zer den «espiritu berriaz» bizitzea, maitasunaren deia entzunez, eta ez «letra zaharraren arabera», betebehar erlijiosoak betetzeari emanik. Horra guztion artean kristau-elkarteetan zaindu eta sustatu beharko genukeen bizigiroa, baldin eta Jesus bezala bizi nahi badugu.

Orobat aurkitu zuten Jainkoarekiko kultuaren benetako edukia. Aitari atsegin zaiona, ez dira maitasunik gabeko errituak, baizik «espirituaren eta egiaren arabera» bizi gaitezen. Jesusen espirituaren eta haren ebanjelioaren egiaren arabera bizitako bizia da kristauentzat beren benetako «kultu espirituala».

Ez genuke ahaztu behar Tartsoko Paulok bere elkarteei esaten zien hau: «Ez itzali zeuen baitan Espiritua». Itzalia den elizak, Kristoren espiriturik gabe denak, ezin bizi du, ez komunikatu, haren egiazko Berritasuna. Ezin dastatu du, ez kutsatu, haren Berri Ona. Kristau-espiritualitatea zaintzea gure erlijioa biziberritzea da.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Bautismo del Señor –

C (Lucas 3,15-16.21.22)
por Coordinador Grupos de Jesús

NUEVA ESPIRITUALIDAD

«Espiritualidad» es una palabra desafortunada. Para muchos solo puede significar algo inútil, alejado de la vida real. ¿Para qué puede servir? Lo que interesa es lo concreto y práctico, lo material, no lo espiritual.

Sin embargo, el «espíritu» de una persona es algo valorado en la sociedad moderna, pues indica lo más hondo y decisivo de su vida: la pasión que la anima, su inspiración última, lo que contagia a los demás, lo que esa persona va poniendo en el mundo.

El espíritu alienta nuestros proyectos y compromisos, configura nuestro horizonte de valores y nuestra esperanza. Según sea nuestro espíritu, así será nuestra espiritualidad. Y así será también nuestra religión y nuestra vida entera.

Los textos que nos han dejado los primeros cristianos nos muestran que viven su fe en Jesucristo como un fuerte «movimiento espiritual». Se sienten habitados por el Espíritu de Jesús. Solo es cristiano quien ha sido bautizado con ese Espíritu. «El que no tiene el Espíritu de Cristo no le pertenece». Animados por ese Espíritu, lo viven todo de manera nueva.

Lo primero que cambia radicalmente es su experiencia de Dios. No viven ya con «espíritu de esclavos», agobiados por el miedo a Dios, sino con «espíritu de hijos» que se sienten amados de manera incondicional y sin límites por un Padre. El Espíritu de Jesús les hace gritar en el fondo de su corazón: ¡Abbá, Padre! Esta experiencia es lo primero que todos deberían encontrar en las comunidades de Jesús.

Cambia también su manera de vivir la religión. Ya no se sienten «prisioneros de la ley», las normas y los preceptos, sino liberados por el amor. Ahora conocen lo que es vivir con «un espíritu nuevo», escuchando la llamada del amor y no con «la letra vieja», ocupados en cumplir obligaciones religiosas. Este es el clima que entre todos hemos de cuidar y promover en las comunidades cristianas, si queremos vivir como Jesús.

Descubren también el verdadero contenido del culto a Dios. Lo que agrada al Padre no son los ritos vacíos de amor, sino que vivamos «en espíritu y en verdad». Esa vida vivida con el espíritu de Jesús y la verdad de su evangelio es para los cristianos su auténtico «culto espiritual».

No hemos de olvidar lo que Pablo de Tarso decía a sus comunidades: «No apaguéis el Espíritu». Una iglesia apagada, vacía del espíritu de Cristo, no puede vivir ni comunicar su verdadera Novedad. No puede saborear ni contagiar su Buena Noticia. Cuidar la espiritualidad cristiana es reavivar nuestra religión.

José Antonio Pagola

 

 

EL ELEMENTO EXTRAÑO

José María Casillo

El hecho religioso introduce un elemento extraño en la vida. Un elemento ajeno a la realidad constatable, demostrable, palpable. Es una realidad empíricamente ajena a lo real. Y prueba de ello es que no tenemos instrumentos comprobatorios, que demuestren de forma indiscutible e incuestionable, científicamente probatoria de que la religión es un componente esencial y propio de la vida. De la realidad de la vida. No existe ni semejante argumento, ni instrumento alguno que nos puede hacer patente la evidencia de lo que jamás ha sido evidente. Ni puede serlo.

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