Cambiar de Pastel

Antonio Zugasti
ATRIO

Hace cuarenta años que Erich Fromm, en la introducción de su excelente obra ¿Tener o Ser?, escribía: “El socialismo y el comunismo rápidamente cambiaron, de ser movimientos cuya meta era una nueva sociedad y un nuevo Hombre en movimientos cuyo ideal era ofrecer a todos una vida burguesa, una burguesía universalizada para los hombres y las mujeres del futuro. Se suponía que lograr riquezas y comodidades para todos………. Leer más

El papa Bergoglio en México: balance inicial

Leopoldo Cervantes-Ortiz
REDES CRISTIANAS
OBSERVATORIO ECLESIAL

La falta de tacto hacia los casi 20 millones de mexicanos que no comulgan con la iglesia católica contrasta con el triunfalismo, y hasta la cursilería, con que algunos sectores de esa confesión se expresaron a lo largo de los días que estuvo el papa en México.

A mis amigos/as de la Iglesia Valdense en este día tan significativo para ellos (17 de febrero de 1848) y para todos los cristianismos perseguidos de la historia

Con algunos eventos realizados en Ciudad Juárez, Chihuahua, en los límites con El Paso, Estados Unidos, concluyó la visita papal a México este 17 de febrero. “Qué bueno que vino, qué bueno que se va”: Leer más

La Cuaresma de la Palabra, Gabriel Mª Otalora

LA CUARESMA DE LA PALABRA
GABRIEL Mª OTALORA, gabriel.otalora@outlook.com

ECLESALIA.- La Palabra tiene que ocupar un lugar central en la vida de la comunidad cristiana como fuente directa de nuestra conversión personal y transformación evangélica. Según un estudio de opinión, el porcentaje de familias españolas que tienen una Biblia en casa apenas llega al 50%, pero el dato preocupante es que apenas un 2% la utilizan para una lectura asidua. La Palabra vino al mundo, y los suyos no la recibieron… Leer más

Garizumako 3. igandea C – 3º Domingo de Cuaresma, José A. Pagola

(Lukas 13,1-9)

Evangelio del 28/feb/2016
por Coordinador Grupos de Jesús

ZERTAN GARA GU? – ¿DÓNDE ESTAMOS NOSOTROS?

Ezezagun batzuek jakitera eman diote Jesusi ezen sekulako sarraskia egin dietela galilear batzuei tenpluaren barne sakratuan. Eragilea, beste behin, Pilato izan da. Hau iruditu zaie izugarriena: jende haren odola Jainkoari eskaintzen ari ziren animalien odolarekin nahasi izana.

Ez dakigu zergatik jo duten Jesusengana. Biktimekin bat egin dezan nahi ote dute? Halako heriotza iraingarria merezi izateko, zein bekatu beldurgarri egin duten argitu diezaien nahi ote dute? Eta bekatu egin ez badute, zergatik bide eman dio Jainkoak heriotza sakrilego honi bere tenpluan berean?

Jerusalemen izana den beste gertaera dramatiko bat gogora ekarriz erantzun die Jesusek: Siloeko urtegi ondoko harresiko dorrea erortzean zapaldurik hil diren hemezortzi pertsonen heriotza. Eta gertaera bi hauez baieztapen bera egin du Jesusek: biktima horiek ez ziren –esan die– gainerako jendea baino bekatariago. Eta ohar bera dagi bukatzeko: «bihotz-berritzen ez bazarete, guztiak galduko zarete».

Zer pentsatua ematen du Jesusen erantzun honek. Beste ezer baino lehen, uko egin dio zoritxarra Jainkoak eragindako zigorra delako sineskeria tradizionalari. Jainkoa ez da Jesusentzat epaile zorrotz bat, bere seme-alabak nola zigortuko dabilena, han eta hemen, bekatuen erantzuntzat, gaixotasunak, istripuak edo zoritxarrak bidaliz dabilena.

Ondoren, aldatu egin du haien ikuspegia. Ez da gelditu zoritxarren azken jatorriaren zoko-moko teorikoetan, biktimen erruaz edo Jainkoaren gogoaz hitz eginez. Aurrean dituen haiengana itzuli da, beren buruari begira jarrarazteko: gertaera hauetan Jainkoaren deia entzun behar dute, bihotz-berri daitezen eta bizieraz alda.

Gu geu, Haitiko lurrikara tragikoaz larriturik gara oraino. Nola irakurri tragedia hau Jesusen jarreratik? Dudarik gabe, lehen gauza ez da Jainkoa non den galdezka hastea, baizik non garan gu galdetzea. Konbertsiora bidera gaitzakeen galdera ez da hau: «zergatik bide eman dio Jainkoak zoritxar beldurgarri honi?», baizik «zergatik uzten dugu guk geuk hainbat jende miserian bizitzea, hain babesgabe bizitzea naturaren indarraren aurrean?».

Jainko gurutziltzatua ez dugu aurkituko urruneko jainko bati kontuak eskatuz, baizik biktimekin bat eginez. Ez dugu aurkituko haren axola-ezaz protesta eginez edo haren existentzia ukatuz, baizik mila eratan lan eginez Haitikoen eta mundu osokoen mina arintzeko. Orduan, agian, sumatuko dugu argi eta ilun artean Jainkoa biktimekin dela, haien betiko duintasuna defendatuz, eta gaitzaren kontra ari direnekin dela, haiei borrokan adore emanez.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

3 Cuaresma – C (Lucas 13,1-9)

Evangelio del 28/feb/2016
por Coordinador Grupos de Jesús

¿DÓNDE ESTAMOS NOSOTROS?

Unos desconocidos le comunican a Jesús la noticia de la horrible matanza de unos galileos en el recinto sagrado del templo. El autor ha sido, una vez más, Pilato. Lo que más les horroriza es que la sangre de aquellos hombres se haya mezclado con la sangre de los animales que estaban ofreciendo a Dios.

No sabemos por qué acuden a Jesús. ¿Desean que se solidarice con las víctimas? ¿Quieren que les explique qué horrendo pecado han podido cometer para merecer una muerte tan ignominiosa? Y si no han pecado, ¿por qué Dios ha permitido aquella muerte sacrílega en su propio templo?

Jesús responde recordando otro acontecimiento dramático ocurrido en Jerusalén: la muerte de dieciocho personas aplastadas por la caída de un torreón de la muralla cercana a la piscina de Siloé. Pues bien, de ambos sucesos hace Jesús la misma afirmación: las víctimas no eran más pecadores que los demás. Y termina su intervención con la misma advertencia: «si no os convertís, todos pereceréis».

La respuesta de Jesús hace pensar. Antes que nada, rechaza la creencia tradicional de que las desgracias son un castigo de Dios. Jesús no piensa en un Dios «justiciero» que va castigando a sus hijos e hijas repartiendo aquí o allá enfermedades, accidentes o desgracias, como respuesta a sus pecados.

Después, cambia la perspectiva del planteamiento. No se detiene en elucubraciones teóricas sobre el origen último de las desgracias, hablando de la culpa de las víctimas o de la voluntad de Dios. Vuelve su mirada hacia los presentes y los enfrenta consigo mismos: han de escuchar en estos acontecimientos la llamada de Dios a la conversión y al cambio de vida.

Todavía vivimos estremecidos por el trágico terremoto de Haití. ¿Cómo leer esta tragedia desde la actitud de Jesús? Ciertamente, lo primero no es preguntarnos dónde está Dios, sino dónde estamos nosotros. La pregunta que puede encaminarnos hacia una conversión no es «¿por qué permite Dios esta horrible desgracia?», sino «¿cómo consentimos nosotros que tantos seres humanos vivan en la miseria, tan indefensos ante la fuerza de la naturaleza?».

Al Dios crucificado no lo encontraremos pidiéndole cuentas a una divinidad lejana, sino identificándonos con las víctimas. No lo descubriremos protestando de su indiferencia o negando su existencia, sino colaborando de mil formas por mitigar el dolor en Haití y en el mundo entero. Entonces, tal vez, intuiremos entre luces y sombras que Dios está en las víctimas, defendiendo su dignidad eterna, y en los que luchan contra el mal, alentando su combate.

José Antonio Pagola

 

 

Una cultura cuyo centro es el corazón

Leonardo Boff

Enviado a la página web de Redes Cristianas

Nuestra cultura, a partir del llamado siglo de las luces (1715-1789) aplicó de forma rigurosa la comprensión de René Descartes (1596-1650) de que el ser humano es “señor y maestro” de la naturaleza y puede) disponer de ella a su antojo. Confirió un valor absoluto a la razón y al espíritu científico: Lo que no consigue pasar por la criba de la razón, pierde legitimidad. De aquí se derivó una severa crítica a todas las tradiciones, especialmente a la fe cristiana tradicional. Leer más

Francisco, contra la explotación laboral: «Dios pedirá cuenta a los esclavistas de nuestros días»

Jesús Bastante
Religión Digital

«El lucro y el capital no son un bien por encima del hombre, están al servicio del bien común»
Exhorta a trabajadores y empresarios a «negociar: siempre se pierde algo, pero ganan todos»
Todos estamos en el mismo barco, todos tenemos que luchar para que el trabajo sea una instancia de humanización y de futuro, un espacio para construir sociedad y ciudadanía

Francisco, en su discurso

Tras el encuentro con los presos, el Papa Francisco se reunió en Chihuahua con trabajadores, empresarios y gremialistas, y lanzó una dura andanada contra otra prisión, la de la explotación laboral, la del imperio del capital. Leer más

Pactaron que el papa no pusiera nombres a los hechos ni recibiera a víctimas

Redacción de Atrio

Durante esta visita a México hemos prestado mucha atención a los discursos del papa. Tal vez excesiva. Pero es justo publicar también las fragantes omisiones, parece que pactadas con anterioridad, que tuvo la visita. Lo hacemos con un artículo de un periodista mexicano con autoridad, que Rodrigo Olvera incluyó en uno de sus comentarios. En su Twiter @alvaro delgado añade más noticias de la visita y los 43 jóvenes desaparecidos en Ayotzinapa. AD.

Francisco en México: un infierno sin demonios

POR ÁLVARO DELGADO PUBLICADO: 15 FEBRERO, 2016
Proceso

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Jorge Bergoglio ha sido, en sus primeros tres días de visita a México, un Papa tibio.

Capturado por el gobierno de Enrique Peña Nieto, sometido a un riguroso guión y frivolizadas sus actividades por Televisa y TV Azteca –repletas sus transmisiones de predicadores–, el Papa Francisco, jefe máximo de la iglesia católica, ha nutrido sus discursos con generalidades y lugares comunes que contrastan con su reputación rebelde. Leer más

El papa advierte en México contra la miseria que empuja a emigrar

El viaje del papa Francisco ha logrado uno de sus grandes objetivos: confrontar a México consigo mismo. Cada parada de la visita ha puesto el dedo en la llaga de sus principales problemas: la pobreza, el narco, la migración. Todos fueron recapitulados en Ciudad Juárez. Allí, al pie de la frontera con EE UU, interpeló a los gobernantes: “¿Qué quiere dejar México a sus hijos? ¿Quiere dejarles una memoria de explotación, de salarios insuficientes, de acoso laboral?”. Les dijo que “uno de los flagelos más grandes a los que se ven expuestos sus jóvenes es la falta de oportunidades de estudio y de trabajo sostenible”. Que esa situación conduce a la pobreza. “Y esta pobreza”, añadió, “es el mejor caldo de cultivo para que caigan en el círculo del narcotráfico y de la violencia.

 

 

«La Cuaresma» 2016, Jesús Mª Urío

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

Enviado a la página web de Redes Cristianas

Los tiempos litúrgicos no son períodos estancos, que celebramos una vez al año, y se suceden uno tras de otro, con experiencias que ya no se repetirán. Esos períodos nos sirven para resaltar experiencias y vivencias existenciales que son, generalmente, frecuentes en la vida, que no avisan, y que no tienen reservado tiempo, cronológico o climatológico, en que esas experiencias sean más probables. Para entender muy fácilmente lo que quiero decir, es importante distinguir dos niveles en la vivencias existenciales:

1º, el nivel de la realidad. Por ejemplo, en ésta, la realidad, la experiencia del dolor, del fracaso, de la limitación, de la insatisfacción, sucede cuando llega, no tiene ni fechas, a no ser que sean el recuerdo de algo que ya sucedió con fecha y hasta hora, ni épocas. Pasa cuando pasa, por motivos y causas que pueden, o no, directa o indirectamente, tener relación con el sujeto que la padece.

2º, el nivel de la celebración. Éste sí, lo escoge la actividad humana. La alegría desbocada, la farra y el desenfreno puede suceder en multitud de ocasiones y de variables, pero los hombres nos ponemos de acuerdo para celebrarlos, por ejemplo, en los días previos al inicio de la cuaresma, en el carnaval. Lo mismo sucede con el nivel celebrativo de lo que he recordado en el párrafo anterior: el dolor, la enfermedad, el fracaso, la muerte, puede suceder en cualquier momento, pero lo celebramos, y ahora entramos en el ámbito de la Liturgia cristiana en un tiempo concreto, que llamamos la Cuaresma.

Cada tiempo litúrgico celebra una experiencia humana relevante, que a todos los seres humanos les llegará algún día. Así, afirmamos que en el Adviento celebramos el paso del tiempo, que nos empuja a determinados momentos, convertidos muchas veces en objetivos, como el acabar la carrera, el casarse, el comprar una casa, etc. Así como también el modo humano, profundamente variable de “pasar el tiempo”. En las parroquias que me han tocado en mi vida pastoral, desde que me ordené, hace ya 48 años, excepto una vez, en que no lo hice, siempre, con esa excepción, el primer Domingo de Adviento les cito la obra teatral de Samuel Beckett, “Esperando a Godot”, que nos ayuda a caer en la cuenta de lo que celebramos más profundamente en ese tiempo litúrgico, y que no es simplemente, como a veces afirmamos ingenuamente una preparación de la Navidad, sino un ejercicio consciente, meditado e iluminado por la Palabra de Dios, sobre nuestra manera de pasar el tiempo, y de esperar algún acontecimiento decisivo para nuestra vida. Entre otras cosas nos ayudará a discernir si perdemos o no el tiempo, como los que esperan desgraciadamente a Godot.

Siempre hemos oído que la Cuaresma es, mientras esperamos la Pascua, una seria reflexión sobre el dolor, el desasosiego, la incertidumbre, el fracaso, la vejez, la muerte. Evidentemente, sin el necesario y maravilloso contrapeso de la Pascua, el ejercicio cuaresmal sería inocuo y contraproducente. Pero el peligro es, como ha sucedido hasta nuestros días, exactamente hasta el Concilio Vaticano II, que el modo, las formas y tradiciones de celebrar la Cuaresma ha desviado la atención, del foco principal, a lo secundario y anecdótico. Todavía hay curas que el domingo pasado, informando de la celebración del miércoles de ceniza, alertaban a sus fieles de los detalles del cumplimiento del ayuno y la abstinencia, en un desprecio del Concilio, o en una actitud inconsciente y desinformada. Yo prefiero esta segunda alternativa.

Evidentemente, como me decía un feligrés, buena persona, pero burguesón y vividor él, con un cinismo soportable, porque era entre amigos, con aquello del asco, que se produce cuando abunda la confianza, pues me reconocía: “Me encanta la abstinencia de los viernes de Cuaresma, que mi abuela y mi madre lo ampliaban a todos los viernes del año, porque así teníamos un motivo magnífico para comer una buena merluza de pincho con almejas, y, en los buenos tiempos, una cazuela de angulas”. Por lo menos, aunque fuera cínicamente, ese antiguo amigo tomaba conciencia de la hipocresía que se puede encerrar en algunas prácticas de penitencia. Y no digamos cuando para librarse de alguna de ellas se podía pagar un tributo pecuniario.

La Cuaresma, como tiempo litúrgico cristiano, solo tiene sentido si la vivimos con la guía e iluminación de la Palabra de Dios, y con la cercanía de los hermanos de la Comunidad. Los sacrificios, sin la Palabra, y sin compartir solidariamente con los hermanos “las alegrías, los gozos, las amarguras y las desventuras”, no nos sirven para nada.

 

 

«NI LOS SENTIDOS NI LA RAZÓN PUEDEN PERCIBIR LO DIVINO», Fray Marcos

Escrito por  Fray Marcos
F
e Adulta

Lc 9, 28-36

Este domingo se nos proponen dos teofanías, una a Abrahán y otra a los tres apóstoles. En realidad, toda la Biblia es el relato de la manifestación de Dios. Se trata de leyendas construidas para fundamentar las creencias de un pueblo. La Alianza sellada por Abrahán con el mismo Dios es el hecho más importante de la epopeya bíblica. Hay un detalle muy significativo. Dios no llegó a la cita hasta que vino la noche y Abrahán cayó en “un sueño profundo y un terror intenso y oscuro”. Naturalmente, se trata  de experiencias internas. Es sintomático que la mayoría de las experiencias de Dios en el AT se relatan como sueños.

Tampoco la transfiguración debemos entenderla como una puesta en escena por parte de Jesús. El querer explicar el relato como si fuera una crónica de lo sucedido, es la mejor manera de hacer polvo el mensaje. No es verosímil que Jesús montara un espectáculo de luz y sonido, ni para tres ni para tres mil. El domingo pasado se proponía una espectacular puesta en escena (tírate de aquí abajo) como una tentación. No tiene mucho sentido que hoy se proponga como una “gracia” en beneficio de los tres apóstoles. Una cosa es la experiencia, y otra muy distinta el lenguaje mítico, en el que nos la cuentan.

Es clave para la comprensión del relato es la advertencia final. «Por el momento no dijeron nada de lo que habían visto». En el mismo relato de Mt y Mc, es Jesús quien les prohíbe decir nada a nadie «hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos». La conversación con Moisés y Elías era sobre el “éxodos de Jesús” (pasión y muerte). Seguramente se trata de un relato pascual. Todos los relatos evangélicos son pascuales. Me refiero a que en un principio se pensó como relato de resurrección pero con el tiempo se retrotrajo al tiempo de la vida de Jesús, para potenciar el carácter divino de Jesús y su conexión con el AT.

Se emplean los mismos elementos que utiliza el AT para relatar las teofanías de Dios. El monte, lugar de la presencia de Dios. El resplandor, signo de que Dios estaba allí. La nube en la que Dios se manifestó a Moisés y que después les acompañaba por el desierto. La voz que es el medio por el que Dios comunica su voluntad. El miedo que siente todo aquel que descubre la presencia de lo divino. Las chozas, alusión a la fiesta mesiánica en la que se conmemoraba el paso por el desierto, de la esclavitud a la libertad. Moisés y Elías son símbolos: La Ley y los Profetas, los dos pilares de la religiosidad judía. Conversan con Jesús, pero se retiran. Han  cumplido su misión y en adelante será Jesús la referencia última. Pedro pretende hacer tres chozas, para perpetuar el momento que creen interesante.

Se trata de una transfiguración. Cambió la figura, lo que pueden percibir por los sentidos. En lo esencial, Jesús siguió siendo el mismo. Fue la apariencia lo que los tres discípulos experimentaron como distinto. En Jesús, como en todo ser  humano, lo importante es lo divino que no puede ser percibido por los sentidos. En los relatos pascuales, se quiere resaltar que ese Jesús que se les aparece, es el mismo que anduvo con ellos en Galilea. El relato, referido a su vida, se dice lo mismo, pero desde el punto de vista contrario. Ese Jesús que vive con ellos es ya Cristo glorificado. Quiere demostrar que lo que descubrieron de Jesús después de su muerte, ya estaba en él durante su vida, pero no lo vieron.

La inmensa mayoría de las interpretaciones de este relato, apuntan a una manifestación de la “gloria” como preparación para el tiempo de prueba de al pasión. Además de fallar en el intento, esto sería una manifestación trampa. Cuando interpretamos la “gloria” como lo contrario a lo normal, nos alejamos del verdadero mensaje del evangelio. El sufrimiento, la cruz no puede ser un medio para alcanzar lo que no tenemos. En el sufrimiento está ya Dios presente, exactamente igual que en lo que llamamos glorificación.

Lo que llamamos “gloria de Dios” no tiene absolutamente nada que ver con lo que entendemos por gloria humana. En Dios, su “gloria” es simplemente su esencia,no algo añadido. Dios no puede estar ni ser glorificado, por la sencilla razón de que nunca puede estar ni ser sin gloria. Con nuestra mente no podemos comprender esto. Cuando hablamos de la gloria divina de Jesús, aplicándole el concepto de gloria humana, tergiversamos lo que es Jesús y lo que es Dios. Si en Jesús habitaba la plenitud de la divinidad, como dice Pablo, quiere decir que Dios y su “gloria” nunca se separaron de él. Jesús, como ser humano, si podría recibir gloria humana: cetros, coronas, solios, poder, fama, honores, etc. etc. Pero todo eso que nosotros nos empeñamos en añadirle no es más que la gran tentación.

El evangelio nos dice que no tenemos nada que esperar para el futuro. La buena noticia no está en que Dios me va a dar algo más tarde, aquí abajo o en un hipotético más allá, sino en descubrir que todo me lo ha dado ya (El reino de Dios está dentro de vosotros). En Jesús está ya la plenitud de la divinidad, pero está en su humanidad. La divinidad de Jesús no se puede percibir por los sentidos ni deducir de lo que se percibe. De fenómenos externos no puede venir nunca una certeza de la trascendencia, por muy espectaculares que parezcan.

Todo lo que Jesús nos pidió que superáramos, resulta que ahora lo volvemos a reivindicar con creces, solo que un poco más tarde. Renunciar ahora para asegurarlo después, y para toda la eternidad… Es la mejor prueba del valor que seguimos dando a nuestro falso yo, y de que seguimos esperando la salvación a nivel de nuestro ego. Jesús acaba de decir a los discípulos, justo antes de este relato, que tiene que padecer mucho; que el que quiera seguirle tiene que renunciar a sí mismo; Que el grano de trigo tiene que morir… Jesús nos enseñó que debemos deshacernos de la escoria de nuestro falso yo, para descubrir el oro puro de nuestro verdadero ser. Nosotros seguimos esperando de Dios, que recubra de oropel o purpurina esa escoria para que parezca oro.

Lo divino que hay en nosotras, no es lo contrario de las carencias que experimentamos. Es una realidad que ya somos y es compatible con las limitaciones de todo tipo (físicas, síquicas y morales), que son inherentes a nuestra condición de criaturas. Después de Jesús, es absurda una esperanza de futuro. Dios nos ha dado ya todo lo que podría darnos. Se ha dado Él mismo y no tiene nada más que dar (Sta. Teresa). Claro que esto da al traste con todas nuestras aspiraciones de “salvación”. Pero precisamente ahí debe llegar nuestra reflexión: ¿Estamos dispuestos a aceptar la salvación que Jesús nos propone, o seguimos empeñados en exigir de Dios la salvación que nosotros desearíamos para nuestro falso yo?

¡Escuchadle a él solo! Para los cristianos del siglo XXI, no es nada fácil cumplir esa recomendación. Seguimos, como Pedro, aferrados al Dios del AT. Yo diría: ¡Escuchad como Jesús escuchó!El cristianismo ha velado de tal forma el mensaje de Jesús, que es casi imposible distinguir lo que es mensaje evangélico y lo que es adherencia ideológica. Esa tarea de discernimiento es más urgente que nunca. Los conocimientos que hoy tenemos hacen, que podamos descubrir la cantidad de relleno que nos han vendido como evangelio. Jesús buscaba odres nuevos que aguantaran el vino nueva. Hoy son numerosos los odres, que esperan vino nuevo, porque no aguantan el vino viejo que les seguimos ofreciendo.

El hecho de que Moisés y Elías se retiraran antes de que hablara la voz, es una advertencia para nosotros que no acabamos de superar el Dios del AT. Jesús ha dado un salto en la comprensión de Dios que debemos dar nosotros también. En realidad, en ese salto consiste todo el evangelio. El Dios de Jesús es un Dios que es siempre y para todos amor incondicional. El Dios de Jesús nos desconcierta, nos saca de nuestras casillas porque nos habla de entrega incondicional, de amor leal, de desapego del Yo. El Dios del AT ha hecho una alianza al estilo humano y espera que el hombre cumpla la parte que le corresponde. Solo entonces, premia al que la cumple y castiga al que no la cumple.

Oración-contemplación

En el relato de hoy, los apóstoles ven al verdadero Jesús.
También tu verdadero ser es un diamante.
No te dejes engañar por las apariencias.
Ni tú ni los demás tenemos nada que cambiar en lo esencial.
…………………………

No tienes que arrancar nada de ti.
Todo lo que no es esencial, terminará por desprenderse.
Agudizar la vista interior para ver lo que eres,
más allá del oropel o del lodo que te cubre y oculta.
………………

Solo la meditación podrá iluminarte para ver la realidad.
No es fácil, pero es el único camino.
La iluminación llegará un día con la mayor naturalidad.
…………………….

 

Fray Marcos