Monseñor Infanti: «Este modelo económico produce pobreza legalmente aceptada».

«Podemos dar pasos históricos para cambiar este mundo y el sistema económico inhumano». La pobreza no solo es inmoral, también podría llegar a ser ilegal. Existe un grupo de ciudadanos que se ha propuesto lograr que se declare ilegal la pobreza. En ese sentido, uno de sus objetivos es que, a propósito del aniversario número 70 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, se entregue un pronunciamiento oficial al respecto de parte de Naciones Unidas. «Que haya, desde las leyes y las resoluciones municipales, una preocupación permanente para favorecer la dignidad de las personas, porque estamos enclavados en leyes que sí buscan empobrecer cada vez más a sectores importantes de personas», denuncia el religioso.

 

 

Obispos enfermos

Mi opinión personal es la de que una buena parte del episcopado español se tomó al pie de la letra aquello de que «doctores tiene la Iglesia», confundiendo el término «doctor», con el popular de «médico», y tal y como recientemente se hizo noticia en la diócesis vasca de San Sebastián, cuando su obispo decidió diagnosticar por su cuenta y riesgo «que la sociedad está enferma» aduciendo como prueba la proliferación de partidos políticos y su proporcionalidad nacida, y celebrada, el día de las pasadas elecciones. Pretender ejercer de esculapio o galeno de los demás precisamente cuando tantas y tan graves dolencias se detectan en la propia casa de la Iglesia, tan sagrada por naturaleza, no parece lógico ni consecuente.

 

 

LA NAVIDAD, “MUCHO RUIDO Y POCAS NUECES”

MIGUEL ESQUIROL VIVES

ECLESALIA, .- Otra vez Navidad, pero hoy ha perdido el sentido profundo que alguna vez tuvo. Se ha quedado vacía por dentro y ha sido suplantada por el Papa Noel y la Coca cola.

La Navidad, sin embargo, nos descubre algo muy importante, la unión de lo humano y lo divino. Jesús no necesitó un templo para nacer, nace en un establo, sin sacerdotes, sólo con sus padres, en un parto como tantos otros y la compañía de unos miserables pastores, verdaderos ángeles para aquella pobre familia. Leer más

Año de la misericordia

J. I. González Faus.
Redes Cristianas
Esa herramienta asombrosa que es el lenguaje humano tiene dos límites importantes: es insuficiente y no llega nunca a alcanzar la realidad a la que señala. Recuerdo cómo obsesionó esta constatación al gran poeta que fue J. Mª Valverde, en sus últimos años. Además, y quizá por eso, el lenguaje humano es tremendamente prostituible; y más, cuanto más alta sea la realidad que intenta designar (llevamos 4 años llamando austeridad -nombre de una virtud- a lo que es despojo -nombre de un derecho pisoteado-). Leer más

Navidad mística: Concebir a Dios, nacer de Dios (con Juan de la Cruz)

Blog de Xabier Pikaza
Religión Digital

Navidad es la celebración del Dios que nace como hombre (de los hombres). Cada uno somos así «belén», somos Nacimiento de Dios, quizá algo borroso (como la catedral de Salamanca en el espejo ondulado del río, que disloca un poco su figura sin desfigurarla).

Eso significa que los hombres «concebimos» a Dios y que Dios nace en nosotros (no simplemente porque le concebimos, como si fuera invento nuestro, que lo es), sino porque él es Dios , y nos da el poder de concebirle (es decir, de inventarle, es decir, de encontrarle, de invenio), en el sentido más profundo del término, inventándonos así y descubriéndonos a nosotros mismos.

Éste es un misterio de amor, que sólo en amor puede formularse, como sabe San Juan de la Cruz cuando dice: “Más vive el alma donde ama que en el cuerpo donde anima” (CB 8, 3).

Estas palabras constituyen la mejor definición de la Navidad, que es nacer y vivir en el amado: Dios en los hombres, los hombres en Dios, unos hombres en otros. El amante nace y habita en aquel a quien ama. Así nace Dios y así vive en nosotros.

Así vivimos nosotros en Dios: le concebimos, viviendo unos en otros, conforme a la palabra audaz y hermosa de San Juan de la Cruz, que ahora comentamos, siguiendo el texto de un libro dedicado al tema: Amor de Hombre, Dios enamorado . Animarse a nacer, nacer de nuevo, dar y recibir la vida, para compartirla: eso es Navidad

1. La Navidad es esta fiesta del Dios enamorado.

Vivir es quererse, comunicándose el aliento. Por eso, vivir en Navidad es un milagro: ¿Cómo mantenernos y seguir (animando nuestro cuerpo), si sabemos que nuestra realidad más honda se halla fuera de nosotros? ¿Cómo vivirá en sí la amante si tiene su vida en el Amado? (CB 8):

Mas ¿cómo perseveras,
¡oh vida! no viviendo donde vives,
y haciendo por que mueras,
las flechas que recibes,
de lo que del Amado en ti concibes?

¿Cómo perseveras…? La vida es un milagro, lo más frágil, lo más fuerte: (1) El amor es frágil, siempre inmerecido, transitorio, temeroso de la muerte, que al fin siempre llega. (2) El amor es duradero, poderoso, vencedor sobre la muerte, fuente de resurrección , como irá mostrando el resto del poema. Para situarlo mejor empezaremos retomando las tres palabras centrales de este canto:

2. Los versos del canto

1.Vida: “Mas ¿cómo perseveras, oh vida, no viviendo donde vives…?”. Estos versos definen al amante, hombre o mujer (como hacían los poemas de amor del renacimiento), presentándole como alguien que habita fuera de sí mismo, de manera que su misma existencia (su perseverancia) es un milagro.

Por eso, la amante se admira y pregunta: No sabe cómo puede vivir dislocada, fuera de su sitio. Todo amante es vagabundo, un pobre que no tiene donde reclinar su cabeza, pues sólo vive en el Amado, como SJC ha supuesto en Noche 8 y como afirma, en otra perspectiva, Mt 8, 20.

2. Muerte: “Y haciendo porque mueras las flechas que recibes…”. Un antiguo mito griego representa al Amor como un niño o joven ciego (con ojos vendados) que empuña el arco y dispara sus flechas, de un modo que parece descuidado, pero siempre certero. Así pudo verlo SJC en la escalera principal de su Universidad de Salamanca.

Las flechas del amor evocan la guerra más honda en que los hombres y mujeres se buscan, se hieren y se curan, perdiendo y ganando su vida. La amante sabe que la flecha de amor tendría que haberle matado y, sin embargo, ella vive.

3. Concepción: “De lo que del Amado en ti concibes”. Las flechas provienen de un amado que está dentro y penetran en el mismo corazón de la amante (como supone el signo de la transverberación de Santa. Teresa: estatua de Bernini, en Roma). Esas flechas provienen de fuera, viniendo de dentro: de la misma idea interna de la amante que concibe y engendra en sí al Amado. El conocimiento de amor se define y presenta, según eso, como fecundidad y concepción amorosa: mente y corazón de quien ama son todo el universo.

3. Navidad, concebir a Dios

La Biblia identifica conocimiento personal y encuentro enamorado: así dice que Adán “conoció” a su mujer y que ella dio a luz un hijo (Gen 4, 1). En esa línea se sitúa nuestra amante, diciendo que las flechas del Amor arquero le han fecundado, de forma que alumbra con dolor, aunque de un modo insuficiente: concibe de la idea del Amado (dentro) más que del Amado en sí (fuera). Pero ¿qué es dentro y es fuera? ¿Dónde vive ella en verdad? En ese contexto ha formulado San Juan de la Cruz su más honda verdad antropológica:

El alma más vive donde ama que en el cuerpo donde anima,
porque en el cuerpo ella no tiene su vida,
antes ella la da (vida) al cuerpo,
y ella vive por amor en lo que ama.
Pero, demás de esta vida de amor,
por el cual vive en Dios el alma que le ama,
tiene el alma su vida radical y naturalmente
– como también todas las cosas criadas –
en Dios, según aquello de San Pablo, que dice:
en él vivimos, y nos movemos y somos…
Y como el alma ve que tiene su vida natural en Dios
por el ser que en Él tiene,
y también su vida espiritual por el amor con que le ama,
quéjase y lastímase que puede tanto
una vida tan frágil en cuerpo mortal, que la impida
vivir una vida tan fuerte, verdadera y sabrosa
como vive en Dios por naturaleza y amor.
(Cf. Hech 17, 28. Coment 8, 3).

La forma exterior de este pasaje es poética en sentido simbólica y distingue una vida corporal, con el alma animadora (que alienta en el cuerpo), y una más alta o de Dios, donde encontramos a su vez dos planos, uno natural (ser en Dios, por inmersión de esencia) y otro espiritual (comunicarse en Dios, por comunión de amor, de gracia).

4. Navidad. Las tres vidas del hombre

Desarrollando esas intuiciones anteriores, podemos distinguir tres vidas, distintas y vinculadas:

1.Vida corporal, el regalo de la Vida. El hombre es viviente del mundo: alma “animadora” de un cuerpo emparentado con plantas y animales, en fragilidad y riesgo. Sin embargo, “el alma vive más donde ama que en el cuerpo donde anima”: está más cerca de aquellos con quienes comparte su afecto, que del cuerpo al que mueve; más vive en los amigos (sobre todo en el Amado) que en sí misma, como sabía el Cantar y como sabe nuestra amante, que es capaz de regalar su vida a los amigos (al Amado), muriendo por ellos, pues en ellos vive, en esperanza de resurrección.

2.Vida natural en Dios, inmersión divina. En este nivel, SJC comparte una teoría común del pensamiento teológico antiguo, presente incluso en muchos no cristianos (platónicos, estoicos…), que se trasluce en Hech 17, 28 («en Dios vivimos, nos movemos y somos») y en Jn 1, 4, citado por SJC («todo lo que fue hecho era Vida en Dios») . Esto significa que el hombre vive de una forma natural en Dios, pues Dios es Vida de todos los seres y, de un modo especial, de los hombres que se saben inmersos en su esencia .

3.Vida espiritual en Dios,
comunión de personas. En este nivel se despliega la vida más honda, en sentido dialogal o comunión de amor, como iremos indicando en lo que sigue. El hombre no está inmerso en lo divino por naturaleza (como en el plano anterior), sino que comparte en Dios (con Dios) la vida, en comunicación personal, de entrega, de regalo mutuo. En este nivel se sitúan las palabras centrales de SJC, que venimos comentando: “Más vive el alma donde ama que en el cuerpo donde anima, porque en el cuerpo ella no tiene su vida, antes ella la da al cuerpo, mientras que ella vive por amor en lo que ama”.

 

 

NAVIDAD: «DIOS ME NECESITA PARA HACERSE PRESENTE EN ESTE MUNDO» Fray Marcos

FE ADULTA

Jn 1, 1-18

El misterio de la encarnación que estamos celebrando es un misterio de amor. Por eso lo celebramos con la eucaristía que es el sacramento del amor. Si Dios me ama es porque es amor. Es decir, Dios, que es amor, está en mí. Ese amor es el fundamento de mi ser, o mejor es mi verdadero ser en lo que tiene de fundamento. Todo lo que no es Amor es secundario y accidental en mí. Dios está encarnado en todas sus criaturas y esa presencia es lo que les hace consistentes y lo que les da valor trascendente. El hombre puede descubrir esa realidad y vivirla conscientemente. Esa será su plenitud.

El comienzo del evangelio de Jn es un contrapunto al que hemos leído anoche de Lc. Con él, la liturgia intenta nivelar la balanza para que no nos quedemos en la paja del pesebre y lleguemos de verdad a la sustancia del misterio de Navidad. Los dos relatos están hablando de lo mismo, pero el lenguaje es tan diverso que apenas podríamos sospechar que se refieren a la misma realidad. Ni uno ni otro hablan con propiedad, porque lo que estamos celebrando no puede encerrarse ni en imágenes ni en conceptos.

En el evangelio de Jn que acabamos de leer, dice: “En la palabra había vida y la vida era la luz de los hombres”. No me explico por qué tenemos tantas dificultades para entender esto correctamente. El texto no dice que la luz me llevará a la Vida, sino al revés, es la Vida la que me tiene que llevar a la luz, es decir, a la comprensión. No es el mayor o mejor conocimiento lo que me traerá la verdadera salvación, sino la vivencia dentro de mí. Dios que es Vida está en mí y me comunica esa misma Vida; todo lo demás es consecuencia de este hecho. Lo que salga de mí, será la manifestación de esa Vida-salvación.

La encarnación sigue siendo el tema pendiente del cristianismo. Si no lo enfocamos como es debido, lo reducimos a una creencia sin peso alguno en nuestra vida real. El prólogo de Juan dice: “kai Theos en o Logos” y en latín: “et Deus erat Verbum”. En castellano podemos traducir: “y la Palabra era Dios” o “Dios era la Palabra”. Puede parecer que es lo mismo, pero en realidad expresan algo muy distinto. En el primer caso, se explica lo que es el Verbo, por lo que es Dios. En el segundo, se explica lo que es Dios por lo que es el Verbo. Es Dios el que se identifica con el ser humano Jesús. Si se hizo hombre en Jesús, es que se hace hombre en todos los seres humanos. Por el contrario, si es Jesús el que se hace Dios, nosotros quedamos completamente al margen de lo que allí pasó.

No se trata de limitar la singularidad de Jesús, sino de descubrir que todo lo que pasó en él, no es ajeno a cada uno de nosotros. Jesús hizo presente a Dios en un momento determinado de la historia, porque fue un ser histórico; pero la historia no afecta para nada a Dios. Dios no tiene sucesos. Lo que hace en un instante está siempre haciéndolo. Dios se está encarnando siempre. Por lo tanto no se trata de celebrar un acontecimiento pasado, sino de descubrir ese acontecimiento en el momento presente y vivirlo como lo vivió Jesús.

En la eucaristía, tomamos conciencia de nuestras limitaciones, patentes en nuestra manera de actuar. Si descubrimos la actitud de Dios para con nosotros, amor que nos acepta como somos, por lo que Él es, no por lo que somos nosotros, tomaremos conciencia de su presencia en lo hondo de nuestro ser y nos identificaremos con esa parte divina de nuestro ser. Desde ahí, intentaremos que nuestra vida esté de acuerdo con ese ser descubierto. Se trata de dejar que nuestro actuar, surja espontáneamente de nuestro verdadero ser. Si no descubrimos y nos identificamos con nuestro verdadero ser, nuestra vida cristiana seguirá siendo artificial y vacía de verdadero sentido cristiano.

Meditación-contemplación

¡navidad!, ¡navidad!
¡triste navidad!
trocada en folklore
y poquito más
de mi fondo espera
ser Natividad
porque estoy encinta
de Divinidad

 

Fray Marcos

 

 

El Papa insta a un «comportamiento sobrio» frente a una sociedad «ebria de consumo y de placeres»

El papa Francisco ofició este jueves su tercera misa del Gallo, ocasión que aprovechó para criticar el consumismo y la ostentación durante las festividades navideñas. «En una sociedad frecuentemente ebria de consumo y de placeres, de abundancia y de lujo, de apariencia y de narcisismo, Él nos llama a tener un comportamiento sobrio, es decir, sencillo, equilibrado, lineal, capaz de entender y vivir lo que es importante», resaltó durante su homilia.

 

ROPA Y COMIDA A LA BASURA

Es injusto quitar la tierra por millones de hectáreas a los países pobres del Sur para, con mano de obra esclava de los mismos, fabricar productos y obtener materias primas para consumir en los países ricos del Norte, que en el año 2014 hemos tirado a la basura 1.400.000 toneladas de comida útil. Como seres humanos y más como creyentes no podemos estar tranquilos mientras haya en el mundo un solo ser humano, o un solo ser vivo, muriendo injustamente de hambre, y que el planeta Tierra sea tan mal tratado que ya se ha convertido en un pobre más entre los empobrecidos del mundo, cuya pobreza daña más a los que menos tienen.

 

LOS RELATOS DE LA INFANCIA DE JESÚS ¿TEOLOGÍA O HISTORIA? y (II)

KOINONIA-FE ADULTA

4. ¿Quiso Lucas contar la concepción virginal de Jesús?
La anunciación y el nacimiento de Cristo los relata el evangelista Lucas. Lucas es considerado por la tradición como el evangelista ‘pintor’. Verdaderamente, en los capítulos 1-2 pinta un auténtico díptico. El díptico es un retablo propio de la época medieval, con dos semiventanas o alas en las que hay unas pinturas que se corresponden simétricamente. Así, Lucas 1-2 pinta la infancia de Juan el Bautista en perfecto paralelo con la infancia de Jesús. De un modo semejante procederá más tarde Mateo al trazar un paralelo entre Moisés y Jesús. Sin embargo, en cada uno de los puntos paralelos trata de mostrar Lucas que Cristo es superior a Juan el Bautista. Leer más

Eguberri eguna – Navidad C José A. Pagola

Eguberri eguna – C (Joan 1,1-18)

Evangelio del 25/dic/2015
por Coordinador Grupos de Jesús

(Joan 1,1-18)

EGUBERRIEN NOSTALGIA-LA NOSTALGIA DE LA NAVIDAD

Nostalgiaz beteak diren jaiak dira Eguberriak. Bakea abestu ohi da, baina ez dakigu nola eraiki. Zorionak opa izaten dizkiogu elkarri, baina gero eta zailagoa dirudi zoriontsu izatea. Opariak erregalatzen dizkiogu batak besteari, baina txera eta afektua dira behar ditugunak. Jainko haurrari abesten diogu, baina gure bihotzean itzaltzen ari da fedea. Bizitza ez da nahi izango genukeena, baina ez dakigu nola hobetu.

Ez da soilik Eguberritako sentimendu. Bizi osoa hartzen du nostalgiak. Ezerk ez ditu betetzen gure desioak. Ez da erabateko bakerik eman dezakeen aberastasunik. Ez da desio sakonenei erabat erantzuten ahal dien maitasunik. Ez da gure ametsak erabat asetzen ahal dituen arrakastarik. Ezinezkoa  da guztiek gu maitatzea.

Oso ondorio baikorrak izan ditzake nostalgiak. Bide ematen digu pentsatzeko, gaur eskura duguna eta gozatzen duguna baino harago doazela gure desioak. Gure existentziaren hodeiertza, ezagutzen dugun guztia baino handiagoa eta beteagoa den zerbaitera luzatzen laguntzen digu. Aldi berean, bizitzari ezin eman digunik ez eskatzen irakasten digu, harremanetatik ez espero izaten ezin eman digutenik. Nostalgiak ez digu bizitzen uzten soilik mundu honi kateaturik.

Gauza erraza da bizitzea, geure baitan taupadaka dugun infinituaren desioa itoz. Koraza batean hesitzen gara, ikusten eta ukitzen duguna baino haragokoa ikusteko sorgor bihurtzen garelarik. Eguberrietako jaiak, nostalgiaz bizirik, beste giro bat sortzen du: egun horietan hobeto hautematen da etxearen eta segurtasunaren premia. Bere bihotzarekin mailarik txikinean harremanetan jartzen denak, sumatzen du Jainkoaren misterioa dela bere azken zoria.

Norbait sinestedun bada, fedeak egun hauetan misterio hori bilatzera gonbidatzen du, ez lurralde arrotz eta iristezin batean, baizik haur jaioberri batengan. Gauza horretaraino da laua eta sinestezina. Jainkoagana hurbildu, haur batengan egin ohi dugun bezala behar dugu egin: era soilean eta zaratarik gabe; diskurtso handiosik gabe, bihotzari darizkion hitz xumez. Geure baitan dugun gauzarik hobena irekitzen diogunean egiten dugu topo Jainkoarekin.

Gure gizartean sortu ohi den giro arin eta azalekoa gorabehera, Eguberriak Jainkoagana hurbiltzeko aukera izan ditzakegu. Gutxienez, fede xumez eta bihotz garbiz bizi baditugu.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Navidad – C (Juan 1,1-18)

Evangelio del 25/dic/2015
por Coordinador Grupos de Jesús

LA NOSTALGIA DE LA NAVIDAD

La Navidad es una fiesta llena de nostalgia. Se canta la paz, pero no sabemos construirla. Nos deseamos felicidad, pero cada vez parece más difícil ser feliz. Nos compramos mutuamente regalos, pero lo que necesitamos es ternura y afecto. Cantamos a un niño Dios, pero en nuestros corazones se apaga la fe. La vida no es como quisiéramos, pero no sabemos hacerla mejor.

No es solo un sentimiento de Navidad. La vida entera está transida de nostalgia. Nada llena enteramente nuestros deseos. No hay riqueza que pueda proporcionar paz total. No hay amor que responda plenamente a los deseos más hondos. No hay profesión que pueda satisfacer del todo nuestras aspiraciones. No es posible ser amados por todos.

La nostalgia puede tener efectos muy positivos. Nos permite descubrir que nuestros deseos van más allá de lo que hoy podemos poseer o disfrutar. Nos ayuda a mantener abierto el horizonte de nuestra existencia a algo más grande y pleno que todo lo que conocemos.

Al mismo tiempo, nos enseña a no pedir a la vida lo que no nos pueda dar, a no esperar de las relaciones lo que no nos pueden proporcionar. La nostalgia no nos deja vivir encadenados solo a este mundo.

Es fácil vivir ahogando el deseo de infinito que late en nuestro ser. Nos encerramos en una coraza que nos hace insensibles a lo que puede haber más allá de lo que vemos y tocamos. La fiesta de la Navidad, vivida desde la nostalgia, crea un clima diferente: estos días se capta mejor la necesidad de hogar y seguridad. A poco que uno entre en contacto con su corazón, intuye que el misterio de Dios es nuestro destino último.

Si uno es creyente, la fe le invita estos días a descubrir ese misterio, no en un país extraño e inaccesible, sino en un niño recién nacido. Así de simple y de increíble. Hemos de acercarnos a Dios como nos acercamos a un niño: de manera suave y sin ruidos; sin discursos solemnes, con palabras sencillas nacidas del corazón. Nos encontramos con Dios cuando le abrimos lo mejor que hay en nosotros.

A pesar del tono frívolo y superficial que se crea en nuestra sociedad, la Navidad puede acercar a Dios. Al menos, si la vivimos con fe sencilla y corazón limpio.

José Antonio Pagola