Antes de la visita del Papa Francisco a México, expresé que tenía gran esperanza pero al mismo tiempo un temor a la desilusión. Ambas cosas se vieron cumplidas de algún modo. Mi esperanza de que el Papa hablara fuerte tuvo su positiva respuesta. Francisco habló claro y fuerte sobre la desigualdad, la injusticia, la violencia contra la gente más pobre, la corrupción. Pero, luego de escucharlo hablar en Brasil y en los Estados Unidos y de leer sus mensajes en el Vaticano, sentí una gran desilusión. Creí que Francisco sería también más directo ante ciertas circunstancias que aquí vivimos. Francisco ha dicho lo que tenía que decir. Francisco ha creído en nosotros. Francisco, nos ha lanzado el reto, pero El Papa debería dejar de ser jefe de Estado.
Europa: Nuestra verguenza
No son los inmigrantes ni los refugiados los que van a hundir la idea de Europa, sino la innoble utilización del indudable problema que plantean. ¡Vergüenza! Vergüenza es lo que los Pueblos, las gentes de Europa, tienen que transmitirles a los Dirigentes Europeos. Pero primero deben sentir, ellos mismos vergüenza. Es necesario echarles en la cara nuestra vergüenza y reprocharles su hipocresía, gritarles bien alto que sabemos que nos están vendiendo a las Multinacionales, a esas 62 personas que se creen los dueños del mundo.
El Papa acude al funeral de la recepcionista de Santa Marta
El Papa Francisco acudió esta mañana al funeral de Miriam Wuolou, una de las recepcionistas la Casa Santa Marta, que falleció la semana pasada en su domicilio. La mujer, de 34 años de edad, estaba embarazada de siete meses y sufría diabetes. Oró durante 20 minutos y depositó una docena de rosas.
Francisco contra cierta mafia episcopal
No hay nada que atente más contra la credibilidad de la Iglesia católica que la “plaga” de la pederastia del clero.Benedicto XVI lo sabía y, para atajarla, llegó a ofrecerse como chivo expiatorio y a cargar sobre él con toda la “suciedad” acumulada por la institución. Fue el ahora Papa emérito el que pasó de la dinámica del encubrimiento a la de la “tolerancia cero”.
“Spotlight”: el periodismo contra la barbarie
Blog de JESUS BASTANTE
Religión Digital
Se ha estrenado en las salas de nuestro país “Spotlight”, película que aborda la investigación llevada a cabo por periodistas del Boston Globe y que destapó el escándalo de abusos sexuales a menores en Massachusetts y la complicidad de la estructura eclesial contra centenares de depredadores de niños (249 sólo en esta diócesis, tal y como recoge la investigación). Miles de niños y niñas fueron violentados ante el silencio cómplice de toda una comunidad, y el encubrimiento del cardenal Law, todavía hoy “desterrado” en el Vaticano para no enfrentarse, como debiera según los hechos, ante la Justicia. Leer más
Francisco y la geopolítica neopastoral
Por Arsinoé Orihuela Ochoa
La jornada de Veracruz
No es desconocida la acción pastoral católica con fines políticos. Esa acción tiene antecedentes milenarios. Y está preñada de conocimientos logísticos, discursivos, operativos etc., que más de algún mandatario de Estado debe añorar. Más no se puede ignorar que la actual cúpula de la Iglesia católica arreció esa acción, con resultados políticos notoriamente óptimos. Francisco es el operador estrella de esa acción concertada. Y los éxitos no son pocos. Por cierto que América Latina tiene prohibido olvidar –independientemente de simpatías religiosas o políticas personales– que en otra época esa acción desembocó en escenarios de colonización e inquisición fratricida.
En sólo tres años de «gestión», el Papa Francisco consiguió posicionar a la Iglesia en foros, espacios e instancias políticas otrora vetadas para la curia romana. Cabe recordar que Jorge Mario Bergoglio desempeñó un papel protagónico en el restablecimiento de relaciones diplomáticas Estados Unidos-Cuba, que constituye un esfuerzo histórico para poner fin a más de medio siglo de enemistad entre los dos gobiernos; encabezó una jornada mundial en oposición a la guerra en Siria, y contribuyó a sembrar un cuestionamiento categórico en relación con los planes militares e intervencionistas de EU y Francia en el país árabe; allanó el terreno para una reconciliación milenaria entre la Iglesia católica romana y la ortodoxa rusa; promovió encuentros con líderes espirituales ajenos a la órbita católica, como aquella reunión que sostuvo con el actual presidente de Irán, Hasán Rouhani, un político chiita de ideología islamista moderada; normalizó las relaciones con China –donde «más de 99 por ciento no son católicos»–; y en su visita a México, logró transgredir el precepto constitucional de laicidad y recibir un trato de jefe de Estado, cosechando así la primera visita de un pontífice a la sede del poder Ejecutivo mexicano (aunque es cierto que en esto último tiene más responsabilidad el anfitrión oficial).
Dice el refrán que «a río revuelto ganancia de pescadores». Fue un acierto redondo la histórica elección del jesuita argentino, que por cierto, es el primer Papa no europeo en mil 300 años. En el contexto de la crisis de Estados Unidos, que algunos analistas consignan como el fin de una era unipolar y el advenimiento de la multipolaridad, la Santa Sede apostó por recoger los cascajos de un orden derruido. Francisco representa esa voluntad del Vaticano por recuperar el poder de influencia que alguna vez invistió, en una coyuntura donde una multiplicidad de centros de autoridad se disputan el timón de los cambios civilizatorios en curso. Pero la Iglesia sabe que ese mando sólo es asequible en comunión con otros grupos de poder. Esto explica el carácter genérico de las críticas que profiere Francisco en relación con el desempeño de la clase política y el empresariado. El discurso del jerarca católico apunta a la renovación moral de las élites, y no a una condena de la persistencia del elitismo o a un distanciamiento de la Iglesia con los poderes constituidos.
No es accidental que a los actos de la gira papal en México solamente asistieran personajes notables e influyentes –empresarios, funcionarios públicos de alto rango, dueños de los medios de comunicación–, contraviniendo flagrantemente el discurso pastoral socialmente sensible del dirigente católico. Al respecto, Emiliano Álvarez de Morena observa: «Vemos con preocupación la aceitada logística gubernamental y la connivencia de los medios de comunicación con la administración de Peña Nieto para hacer creer a la sociedad católica –que en México se estima que es cerca del 87 por ciento de la población–, que las causas del gobierno son las mismas que las de Jorge Bergoglio».
Llama la atención la polivalencia del discurso de Francisco, cuya fortaleza radica justo en las múltiples interpretaciones que permite, y que coincidentemente llega a tener eco entre los círculos progresistas así como entre los cónclaves políticos más recalcitrantemente conservadores. Es cierto que el actual jefe de la Iglesia católica ha dado muestras de sensibilidad social en sus discursos, y de cierta oposición a la anuencia del clero católico con el poder y los poderosos. Sin embargo, esos discursos rara vez atienden situaciones concretas, y esa retórica ambigua, que no es fortuita, abona a la anestesia política de ciertos sectores de la sociedad católica.
Por añadidura, este comportamiento tiene su correlato en las trayectorias internas de la Santa Sede. Hasta ahora, no ha habido reparación para las víctimas de pederastia sacerdotal ni castigo para los perpetradores con sotana. De acuerdo con algunos testimonios, la comisión pontificia de previsión de delitos sexuales, creada por el propio Francisco, es sólo una cortina de humo para seguir encubriendo a los abusadores sexuales. Juan Carlos Cruz Chellew, víctima de abuso clerical, dice: «La Santa Sede es un nido de víboras… El Papa no ha cumplido sus promesas, tiene un discurso muy bonito, pero no ha cambiado nada, al contrario, ha empeorado. Han creado una estructura vaticana para aplicar protocolos que sigan encubriendo a los abusadores y protegiendo a sus superiores».
En su visita a México, otra omisión que invita a poner en tela de juicio la presunta benevolencia desinteresada, o socialmente comprometida del pontífice, es el silencio en torno a dos siniestros nacionales de alto impacto e interés para la sociedad mexicana: los 43 desaparecidos de Iguala y los feminicidios de Juárez. La omisión no fue sólo discursiva, sino también por acción resuelta. Lucía Baca, integrante de la Plataforma de Víctimas de Desaparición en México relata: ‘‘Intentamos llegar a él, pero fue imposible… Me di cuenta que el Papa estaba secuestrado por el gobierno mexicano, porque tienen miedo de que nos acerquemos y le platiquemos todo lo que ha pasado en el país… ya que ha sido un Papa crítico y solidario, teníamos esperanzas de que aquí diera un mensaje fuerte. Sólo mencionó a la violencia de forma genérica; parece que en el discurso también desaparecieron a nuestros hijos’’ (http://www.jornada.unam.mx/2016/02/19/opinion/005a1pol).
La acción pastoral de Francisco está teñida de claroscuros. Por un lado, la creciente presencia del pontífice en tribunas y episodios de gran calado político, y por otro, los silencios, omisiones e incurias en relación con temas sociales ásperos, sugieren que la presente agenda programática e ideológica del Vaticano responde más a un esfuerzo concertado por recuperar influencia en la arena política internacional, que a una iniciativa genuina de cambiar en forma y fondo los destinos de la Iglesia católica. Cabe refrendar lo sostenido en otra ocasión: «Parece que el nombramiento de un latinoamericano tiene como finalidad contener la ola de conversiones en la región que concentra la población católica más nutrida del mundo –cerca del 42 por ciento–. La Iglesia echa mano de un cardenal argentino para frenar el estallido de conversiones, poner en marcha una política de reevangelización global y regional, y revitalizar la influencia política del Vaticano, especialmente en la América católica».
Los momentos clave de la visita del Papa a México
Francisco es conocido por súbitas fugas del protocolo y por hacer declaraciones inesperadas; en México sacudió a la clase política y al clero
Cuando el máximo jerarca de la iglesia católica visita un país, lo que se espera de él es que lleve a sus fieles un mensaje de esperanza, particularmente cuando se trata de naciones azotadas por la pobreza, la violencia y la desigualdad. El discurso eclesiástico siempre es de consuelo ante los flagelos, casi nunca sobre sus causas, pero Francisco sorprendió en más de una ocasión durante su agotadora gira por México. Estos fueron los momentos clave:
Más allá de los humanos
En Arroa Behea luce un sol radiante. El sauce reverdece. El petirrojo y la malviz cantan. Una madre joven columpia a su hijita, una y otra vez, suavemente. Llega el tren y luego se va, tra-ca-ta-tá, tra-ca-ta-tá… La madre y la niña siguen jugando. El mundo parece pura armonía, y el ser humano su gloria, su corona, su ángel de la guarda. Con razón canta el salmo judío: “Lo coronaste de gloria y dignidad”.Todos los salmos no bastan para cantar tanta belleza sublime, tanta paz. Misterio del mundo, Gracia de ser. Leer más
«LA CONVERSIÓN QUE PIDE EL EVANGELIO», E. MTNEZ LOZANO

Escrito por Enrique Martínez Lozano
FE ADULTA
Lc 13, 01-09
El presente relato, exclusivo de Lucas, plantea una reflexión sobre la conversión, en forma de parábola, tomando pie de unos sucesos dramáticos que habían conmocionado a la población.
Para entender la «novedad» de la respuesta de Jesús, es preciso conocer que, en la mentalidad judía, la enfermedad y el mal, en general, eran consecuencia del propio pecado. La ausencia de mal, por el contrario, era considerada signo de la bendición divina.
Jesús se desmarca de esa idea tradicional, desatando el nudo «religioso» entre sufrimiento y pecado. Al haber anudado ambas realidades, quienes sufrían cualquier calamidad se convertían automáticamente en objeto de juicio condenatorio por parte de los demás y ellos mismos se veían abocados a un angustiante sentimiento de culpabilidad y desesperanza. La desgracia los limitaba; la culpabilidad terminaba hundiéndolos.
Es sabido que la autoridad tiende con facilidad a generar sentimientos de culpa, porque un sujeto culpabilizado se convierte en alguien sumiso y dispuesto a seguir los dictados del superior. Desde los papás que amenazan al hijo con no quererlo si no hacen lo que le mandan, hasta la religión que habla de castigos, lo que se está buscando –consciente o inconscientemente- es «obediencia» y sumisión.
La culpabilidad, sin embargo, hace daño. Entre ella, que suele acabar en el hundimiento, y la irresponsabilidad que infantiliza y, en forma de autojustificación, fortalece el narcisismo, la actitud sana es la responsabilidad, como sentimiento maduro de quien entiende la vida como «respuesta» –ésa es su etimología- coherente con las distintas situaciones que se le presentan.
Es la responsabilidad la que produce pesar y dolor en las ocasiones en que, alejándonos de la fidelidad a lo mejor de nosotros mismos, provocamos daño a los otros o a nuestro medio. Pero ese pesar doloroso –a diferencia de la culpabilidad- no paraliza ni hunde, sino que moviliza para el cambio.
Así entendido, me parece que es sano desenmascarar radicalmente cualquier sentimiento de culpabilidad de un modo tajante:
«Somos responsables de todo aquello en lo que intervenimos
y de aquello otro que omitimos,
pero no somos culpables de nada».
Es a esta responsabilidad a la que podemos asociar con la conversión que pide el evangelio. Porque el «perecer» de que habla no hay que entenderlo en clave de amenaza ni castigo, sino sencillamente como la consecuencia de una actitud y un comportamiento desajustados.
Por decirlo de un modo simple: si no somos responsables –si no respondemos humanamente a los diferentes desafíos que la vida nos presenta-, nos estamos cerrando la salida, creando infelicidad para nosotros mismos, haciendo la convivencia imposible y destruyendo el planeta; es decir, estamos provocando nuestro propio desastre.
A eso precisamente apunta la parábola de la higuera plantada en la viña. Parece que, como trasfondo, estaría un rito habitual que consistía en acercarse a un árbol para convencerle, hacha en mano, de que fructificara el próximo año, amenazándolo con cortarlo si esto no ocurría.
La parábola, sin embargo, pone también de relieve la paciencia del viñador. A pesar de llevar «tres años» –un tiempo «definitivo»- sin dar fruto, todavía el viñador sigue confiando en ella, a la vez que le ofrece todos los cuidados con esmero: «cavaré alrededor y le echaré estiércol».
Jesús parece subrayar la paciencia divina, porque comprende y respeta el momento y el ritmo de cada persona. Conocedor del corazón humano, sabe de los condicionamientos de todo tipo que pesan sobre él:
· sufrimientos pendientes o no elaborados,
· mecanismos de defensa puestos en marcha a lo largo de la vida para poder sobrevivir,
· ignorancia básica de quiénes somos y de lo que nuestro ser quiere vivir…
Necesitamos tiempo y paciencia para crecer en lucidez y en consciencia, así como en libertad interior –frente a los propios miedos y necesidades-, para poder ser coherentes y fieles a lo mejor de nosotros mismos.
Desde esa fidelidad, todo empieza a cobrar sentido: nos abrimos a quienes somos y vamos construyendo relaciones armoniosas. Eso es lo que significa, según el evangelio, «dar fruto», y que queda admirablemente sintetizado en las palabras de Jesús: «Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo» (evangelio de Lucas 6,36).
Por eso, cuando la religión ha olvidado (olvida) este principio tan elemental, se ha pervertido: ha generado demasiado sufrimiento y ha provocado ateísmo. Se ha alejado de su núcleo espiritual, que no es otro que la compasión y la libertad, para convertirse en «religión de poder», centrada en la norma, el credo, el rito o el miedo.
En esta misma dirección señalan las sabias palabras del Dalai Lama, en el relato de Leonardo Boff.
Cuenta el teólogo Leonardo Boff, una de las figuras sobresalientes de la teología de la liberación, que, en una ocasión, le preguntó al Dalai Lama:
«Santidad, ¿cuál es la mejor religión?».
El Dalai Lama hizo una pequeña pausa, sonrió y le contestó:
«La mejor religión es la que te aproxima más a Dios, al Infinito. Es aquella que te hace mejor».
Para salir de la perplejidad ante tal respuesta, volvió a preguntarle:
«¿Qué es lo que me hace mejor?».
El respondió:
«Aquello que te hace más compasivo, más sensible, más desapegado, más amoroso, más humanitario, más responsable, más ético… La religión que consiga hacer eso de ti es la mejor religión».
Y Boff concluye:
«Hasta el día de hoy estoy rumiando su respuesta sabia e irrefutable. No me interesa, amigo, tu religión, o si tienes o no tienes religión. Lo que realmente me importa es tu conducta delante de tu semejante, de tu familia, de tu trabajo, de tu comunidad, delante del mundo».
No hay otro criterio más acertado: «La mejor religión es la que hace mejores personas». O, como dijo el propio Dalai Lama, en otra ocasión, «mi religión es la compasión». Una respuesta totalmente «cristiana», porque fue eso –y no otros supuestos «intereses religiosos»- lo que Jesús vivió y enseñó.
De Jesús son palabras tan inequívocas como éstas:
«No todo el que me diga «¡Señor, Señor!» entrará en el reino de Dios, sino el que cumpla la voluntad de mi Padre» (evangelio de Mateo 7,21).
O, citando a Oseas:
«Misericordia quiero, y no sacrificios» (Mateo 12,7).
Y, con toda rotundidad:
«Lo que hayáis hecho a estos mis hermanos, me lo hicisteis a mí… Lo que no hicisteis a uno de estos más pequeños, no me lo hicisteis a mí» (Mateo 24,40.45).
No podía haber otro criterio para aquél, a quien se definió de esta forma: «Pasó por la vida haciendo el bien» (Hechos de los Apóstoles 10,38).
Sin falsos o trasnochados espiritualismos, aquí se halla lo decisivo del cristianismo: lo que cuentan no son los «discursos religiosos», sino «hacer el bien», en lo que coincide la llamada «regla de oro», presente en todas las grandes tradiciones de sabiduría: «Tratad a los demás como queréis que ellos os traten a vosotros» (Mateo 7,12).
En una época de «ocaso religioso», debido a un cambio en el «nivel de conciencia» –las formas religiosas conocidas son deudoras de estadios anteriores-, me parece importante centrarse en la sabiduría espiritual que está en el origen de todas aquellas tradiciones.
Enrique Martínez Lozano
www.enriquemartinezlozano.com
MISERICORDIA I, II Y III
Pienso escribir bastante sobre este tema, pero sin plan preconcebido. Lo pienso hacer según me vayan viniendo los asuntos, y, después, los matices. Este artículo de hoy se debe a que ayer, 3 de febrero, tuvimos reunión de arciprestazgo, donde hablamos largo y tendido sobre este tema, planteado, como es lógico, desde una perspectiva pastoral, es decir, viniendo de los que venía, con una impronta indudable de profesionalidad, o de carácter administrativo. Se trataba, sobre todo, de organizar los encuentros, los turnos de confesores, y los diferentes medios para animar, informar, y realizar este año del jubileo de la Misericordia. Leer más


