¿”RELIGIÓN A LA CARTA”?

Gonzalo Haya
Fe Adulta

1. La pregunta

¿Debe un cristiano cumplir íntegramente con su religión? La respuesta parecería obvia: si se reconoce como cristiano, debe cumplir con su religión; no vale una “religión a la carta”. Sin embargo muchos cristianos, al llegar a una edad adulta, hemos considerado injustificados algunos preceptos –impuestos con la amenaza de castigos eternos– como la obligación de la misa dominical, la confesión, la moral sexual, o la aceptación de dogmas incomprensibles. En algunos ambientes están ahuyentando a unos, y  me temo que a otros nos permiten olvidarnos del mensaje central del evangelio. Nos preocupamos más de las normas de la Iglesia que de las parábolas del evangelio. Leer más

REFORMA ECLESIAL. «ECCLESIA SEMPER REFORMANDA»

José Antonio Revuelta
Eclesalia
FE ADULTA

Reformadores los hubo siempre: civiles, que proponían proyectos a reyes y gobernantes para mejorar la nación. Y religiosos. A modo de ejemplos actuales podríamos señalar a algunos más profundos y radicales, cargados de buena voluntad: Yves Congar (+), Víctor Codina (SJ), John Shelby Spong (episcopaliano y obispo emérito de Newark /USA), José María Vigil (CMF) Comisión Teológica Internacional de la EATWOT /ASETT… y ¡el Papa Francisco! Leer más

Ante qué coyuntura nos encontramos

Redacción de Atrio

Para ayudar a que cada uno se sitúe en el aceleramiento histórico actual, ofrecemos este diagnóstico de Wim Dierckxsens, sociólogo-economista, de origen holandés, radicado en Costa Rica. La referencia nos llegó a través de Piensachile.

ALAI AMLATINA, Parece que hemos entrado en el Imperio del Caos, entendido como lo que resulta de la negativa a aceptar el propio declive hegemónico. Parece que Obama lidió con la decadencia de Estados Unidos, como Gorbachov en la ex URSS. Con la paliza que recibieron los Demócratas en EE.UU., los perdedores principales son los globalistas, con los banqueros de Wall Street (City Bank, los Rothschild, etc.) y sus empresas transnacionales que operan en los países emergentes así como los principales medios masivos bajo su control (CNN, etc.). Leer más

La descomposición del cristianismo

Religión Digital
José Mª Castillo

«El Evangelio no culpa a la gente, culpa a los pastores»
“El daño del clericalismo en la Iglesia”

Escribo esta breve nota el día 3 de diciembre, fiesta de san Francisco Javier. Acabo de leer el Evangelio que corresponde a la misa de hoy, el texto de Mt 9, 35 – 10, 1. 6-8. Y he recordado enseguida lo que el papa Francisco indicaba, hace pocos días: una de la cosa que más daño hace a la Iglesia es el clericalismo. El Evangelio afirma que Jesús, al ver a las pobres gentes de Galilea, «sentía compasión», le daba pena. Porque aquellas gentes andaban y vivían «como ovejas que no tienen pastor». Al decir esto, el Evangelio no culpa a la gente. Culpa a los «pastores», que, en el lenguaje de los profetas de la Biblia, eran los «sacerdotes». Leer más

«GRAN FIESTA SERÍA DESCUBRIR NUESTRO PROPIO SER LIMPIO E INMACULADO», Fray Marcos

Escrito por  Fray Marcos
Fe Adulta

Lc 1, 26-38

El verdadero ser de Jesús y María es exactamente el mismo que el nuestros. Dios te ha dado a ti exactamente lo mismo que a ellos, porque se te ha dado Él mismo totalmente. No te servirá de nada el escucharlo. Solo cuando lo experimentes, saltará por los aires el corsé que te aprisiona y te impide crecer y ser tú mismo. Haberlo descubierto en María y Jesús, es un salto de gigante, pero no es suficiente. Tampoco los razonamientos sirven de nada, pero voy a intentar darte alguno, a lo largo de este comentario.

La doctrina de la Inmaculada es un dogma, proclamado por Pío IX en 1854. Puede ser interesante recordar el proceso histórico que llevó a esta formulación. Ni los evangelios ni los Padres de la Iglesia hablan para nada de María inmaculada. La razón es muy simple, no se había elaborado la idea que hoy tenemos del pecado original. Así de sencillo. El concepto de pecado original, tal como ha llegado hasta nosotros, se debe a S. Agustín. Solo cuanto se creyó que todos los hombres nacían con una mancha o pecado (mácula), se empezó a pensar en una María in-maculada. Este pensamiento caló muy pronto en el pueblo sencillo, siempre abierto a todo lo que estimule su sensibilidad. En el siglo VII ya se celebraba una fiesta de la Inmaculada.

Hoy nos parece infantil la discusión que se mantuvo durante la Edad Media entre los “inmaculistas” y los “maculistas”. Entre los más de doscientos teólogos importantes, que no creían en la inmaculada, tal como se concebía en aquella época, encontramos a figuras tan destacadas y tan marinas como S. Bernardo, S. Alberto Magno, S. Buenaventura, Santo Tomás de Aquino. Esto nos muestra que lo que pensaban no tiene nada que ver con la mayor o menor devoción a Maria. S. Bernardo, el santo más devoto de María, dice en el año 1140: “esa invocación (Inmaculada) ignorada de la Iglesia, no aprobada por la razón y desconocida de la tradición antigua”.

Hay que dejar claro que la discusión se centraba en un punto muy concreto: La santificación de María, que nadie discutía, ¿se realizó en el “primer instante de su existencia” o “un instante después”? Fue Juan Duns Escoto el que, por fin, dio con el argumento decisivo. “A Dios le convenía que su madre fuera inmaculada. Como Dios, puede hacer todo lo que quiera. Lo que Dios ve como conveniente lo hace; luego Dios lo hizo” (y se quedó tan ancho). Ni la idea de Dios ni la idea de salvación ni la idea de pecado original que se manejaba en aquellas discusiones, puede ser sostenida hoy.

Aunque la realidad del pecado original es un dogma, los exégetas nos dan hoy una explicación del relato del Génesis que no es compatible con la idea de pecado original desarrollada por S. Agustín: “una taracasi física, que se trasmite por generación a todos”. Menos sostenible aún es que la culpa la tengan Adán y Eva. Hoy sabemos que no ha existido ningún Adán, creado directamente por Dios. El paso de los simios al “homo sapiens” ha sido mucho más lento de lo que habíamos creído. En ese proceso, no hay manera de colocar una línea divisoria que diferencie a un simio de un ser humano.

Si un usuario quema el motor de su coche por no ponerle lubricante, es ridículo pensar que por ese hecho, saldrán desde entonces de fábrica todos los coches chamuscados. El coche sale de fábrica ¡impecable! (fijaros como nos delata el lenguaje), pero tiene que empezar a rodar y ahí quedará patente que hay desgaste. Si el fallo se debiera a un defecto de fábrica, no solo el usuario no tendría ninguna responsabilidad sino que tendría derecho a una indemnización. En nosotros hay una parte divina, pero también hay un parte humana, demasiado humana, que termina por despistarnos.

El pecado, incluido el original, no es ningún virus que se pueda quitar o poner. El primer “fallo” (¿pecado?) en el hombre, es consecuencia de su capacidad de conocimiento. En cuanto tuvo capacidad de conocer y por lo tanto de elegir, falló. El fallo no se debe al conocimiento, sino a un conocimiento limitado, que le hace tomar por bueno, lo que es malo para él. La voluntad humana elige siempre el bien, pero ella no es capaz de discernir lo bueno de lo malo, tiene que aceptar lo que le propone el entendimiento. Lo que todos heredamos es esa limitación radical para conocer claramente el bien.

El concepto de pecado como ofensa a Dios, necesita una revisión urgente. Creer que los errores que comete un ser humano pueden causar una reacción por parte de Dios, es ridiculizarlo. Dios es impasible, no puede cambiar nunca. Es amor y lo será siempre y para todos. Al fallar, yo me hago daño a mí mismo y a los demás, nunca a Dios. Sea yo lo que sea, la oferta de amor por parte de Dios será siempre invariable. Pero esa oferta no la puede hacer Dios desde fuera de mí. Para Él no hay afuera. Lo divino es el fundamento, la base de mi propio ser. Ahí puedo volver en todo momento para descubrirlo y vivirlo.

El dogma dice: “por un singular privilegio de Dios”. En sentido estricto, Dios no puede tener privilegios con nadie. Dios no puede dar a un ser lo que niega a otro. El amor en Dios es su esencia. Dios no tiene nada que dar, o se da Él mismo o no da nada. Nada puede haber fuera de Dios. Además no tiene partes. Si se da, se da totalmente, infinitamente. Lo que nos dice Jesús es que Dios se ha dado a todos. Esto no quiere decir que María y Jesús no sean unos seres extraordinarios. Al contrario, desde aquí es desde donde podemos valorar la grandeza de su singularidad.

Ella fue lo que fue porque descubrió y vivió esa realidad de Dios en ella. Todo lo que tiene de ejemplaridad para nosotros se lo debemos a ella, no a que Dios le haya colmado de privilegios. Puede ser ejemplo porque podemos seguir su trayectoria y podemos descubrir y vivir lo que ella descubrió y vivió. Si seguimos considerando a María como una privilegiada, seguiremos pensando que ella fue lo que fue gracias a algo que nosotros no tenemos, por lo tanto, todo intento de imitarla sería vano.

Hablar de María como Inmaculada tiene un sentido mucho más profundo que la posibilidad de que se le haya quitado un pecado antes de tenerlo. Hablar de la Inmaculada es tomar conciencia de que en un ser humano (María) descubrimos algo, en lo hondo de su ser, que fue siempre limpio, puro, sin mancha alguna, inmaculado. Lo verdaderamente importante es que, si ese núcleo inmaculado se da en un solo ser humano, podemos tener la garantía de que se da en todos. Esa parte de nuestro ser que nada ni nadie puede manchar, es nuestro auténtico ser. Es el tesoro escondido, la perla preciosa.

Para descubrir esa realidad tienes que bajar hasta lo más hondo de tu ser. Descubrirás primero los horrores de tu falso yo. Será como entrar en un desván lleno de muebles rotos, ropa vieja, telarañas, suciedad. Al encontrarte con esa realidad, la tentación es salir corriendo, porque tendemos a pensar que no somos más que eso. Pero si tienes la valentía de seguir bajando, si descubres que eso que crees ser, es falso, encontrarás tu verdadero ser luminoso y limpio, porque es lo que hay de divino en ti.

La fiesta de María Inmaculada nos manifiesta la cercanía de lo divino en ella y en nosotros. En ella descubrimos las maravillas de Dios. Pero lo singular de María está en que hace presente a Dios como mujer, es decir, podemos descubrir en ella lo femenino de Dios. Para una sociedad que sigue siendo machista, debería ser un aldabonazo. María es grande porque descubrió y vivió lo divino que había en ella. No son los capisayos que nosotros le hemos puesto a través de los siglos, los que hacen grande a María sino haber descubierto su ser fundado en Dios y haber desplegado su feminidad desde esta realidad.

Meditación-contemplación

“Él nos eligió para que fuésemos inmaculados”, dice Pablo.
Esa elección es para todos sin excepción.
No es una posibilidad sino la realidad que me hace ser.
Descubrirla y vivirla, sí depende de mí.
………………….

No es nada fácil descubrir lo divino que hay en ti,
Porque está escondida bajo la ganga que creo ser.
Mi tarea, que puede durar toda una vida,
es apartar la suciedad y llegar hasta el tesoro.
………………….

Que nadie te convenza de que eres basura.
No dejes que nadie te desanime.
No basta con haber oído que el tesoro está ahí.
Es necesario experimentar y vivir esa presencia.
…………………………

 

Fray Marcos

 

 

Abendualdiko 3. igandea – A 3º Adviento – A, José A. Pagola

Mateo 11,2-11)

Evangelio del 11/Dic/2016
por Coordinador Grupos de Jesús

ZAURIAK SENDATU

Jesusen jarduerak nahasirik utzi zuen Joan Bataiatzailea. Honek Mesias bat espero zuen, munduan bekatua desegingo zuena Jainkoaren epai zorrotza ezarriaz, eta ez Mesias bat, zauriak sendatzera eta sufrimendua arintzera emanik biziko zena. Makeronteko presondegitik mezu bat bidali dio Jesusi: «Zu al zara etortzekoa dena ala beste baten zain bizi behar dugu?».

Profeta sendatzaile baten bere biziera kontatuz erantzun dio Jesusek «Esan Joani ikusten eta entzuten ari zaretena: itsuek ikusten dute eta ezinduak ibili dabiltza; lepradunak garbi gelditzen dira eta gorrek entzuten dute; hildakoak pizten dira eta behartsuei Berri Ona hots egiten zaie». Hauxe da egiazko Mesias: sufrimendua arintzera etorri dena, bizitza sanotzera eta behartsuei esperantzaren argia piztera.

Aita errukitsu batek bidali duela sentitu du Jesusek, gizon-emakume guztientzat mundu duinago eta zoriontsuago bat nahi duen Aitak. Horregatik, zauriak sendatzeari, oinazeak sanotzeari eta bizitza askatzeari emanik bizi da. Eta horregatik eskatu die guztiei: «Izan errukitsu, zuen Aita errukitsu den bezala».

Jesusek ez du uste Epaile zorrotz bat bezala bidalia denik, bekatariak juzgatzera eta mundua gaitzestera. Horregatik, ez da ariko jendeari beldurra nola sartuko zuzentasun zorrotz baten keinuak eginez; baizik eta bere adiskidetasuna eta barkazioa eskainiko die bekatariei eta prostituituei. Eta horregatik egin die guztiei erregu hau: «Ez epaitu eta ez zaituzte epaituko».

Jesusek ez du inor sendatu apeta hutsez edota sentsazionalismo baten bila. Errukiak eraginda sendatzen du: jende gaixo, lur jotako eta hautsi horren bizitza berregin nahi du. Horiek dira lehenak esperimentatzen, bizitza duin eta osasuntsu baten adiskidea dela Jainkoa.

Jesusek ez zuen sekula azpimarratu bere sendatzeen mirarizko izaerarik; ez zuen pentsatu sendatze horiek izango zirela munduan sufrimendua kentzeko errezeta erraz bat. Ezaugarri bezala aurkeztu zuen bere jarduera sendatzaile hori; hain juxtu, zein norabidetan jardun bere jarraitzaileei agertzeko, berak «Jainkoaren erregetza» deitzen zuen Aitaren egitasmo gizatartzaileari bideak irekitzeko.

Frantzisko aita santuak dio, zeregin premiazkoa dela «zauriak sendatzea»: «Garbi dakusat Elizak gaur egun egin behar duena zauriak sendatzeko gaitasuna agertzea dela, eta beroa, hurbiltasuna eta ondokotasuna eskaintzea bihotzei… Hau da lehenengo gauza: zauriak sendatzea, zauriak sendatzea». Ondoren dio: «jendearen kargua hartzea, bidelagun bihurturik samariar onak bezala igurtziz, garbituz eta kontsolatuz». Orobat dio: «jendearekin ibili gauez, solas egiten jakin eta, are gehiago, haien gauera eta ilunera jaitsiz bidea galdu gabe».

Bere eginkizuna ikasleei gomendatzean, Jesusek ez ditu imajinatzen doktore, hierarka, liturgia-jakitun edo teologo, baizik eta sendatzaile. Bikoitza izango dute beren egitekoa: Jainkoaren erregetza hurbil dela hots egin eta gaixoak sendatu.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

3 Adviento – A (Mateo 11,2-11)

Evangelio del 11/Dic/2016
por Coordinador Grupos de Jesús

CURAR HERIDAS

La actuación de Jesús dejó desconcertado al Bautista. Él esperaba un Mesías que extirparía del mundo el pecado imponiendo el juicio riguroso de Dios, no un Mesías dedicado a curar heridas y aliviar sufrimientos. Desde la prisión de Maqueronte envía un mensaje a Jesús: «¿Eres tú el que tenía que venir o hemos de esperar a otro?».

Jesús le responde con su vida de profeta curador: «Id a contar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, los cojos andan; los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia la buena noticia». Este es el verdadero Mesías: el que viene a aliviar el sufrimiento, curar la vida y abrir un horizonte de esperanza a los pobres.

Jesús se siente enviado por un Padre misericordioso que quiere para todos un mundo más digno y dichoso. Por eso se entrega a curar heridas, sanar dolencias y liberar la vida. Y por eso pide a todos: «Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo».

Jesús no se siente enviado por un Juez riguroso para juzgar a los pecadores y condenar al mundo. Por eso no atemoriza a nadie con gestos justicieros, sino que ofrece a pecadores y prostitutas su amistad y su perdón. Y por eso pide a todos: «No juzguéis y no seréis juzgados».

Jesús no cura nunca de manera arbitraria o por puro sensacionalismo. Cura movido por la compasión, buscando restaurar la vida de esas gentes enfermas, abatidas y rotas. Son las primeras que han de experimentar que Dios es amigo de una vida digna y sana.

Jesús no insistió nunca en el carácter prodigioso de sus curaciones ni pensó en ellas como receta fácil para suprimir el sufrimiento en el mundo. Presentó su actividad curadora como signo para mostrar a sus seguidores en qué dirección hemos de actuar para abrir caminos a ese proyecto humanizador del Padre que él llamaba «reino de Dios».

El papa Francisco afirma que «curar heridas» es una tarea urgente: «Veo con claridad que lo que la Iglesia necesita hoy es capacidad de curar heridas». Habla luego de «hacernos cargo de las personas, acompañándolas como el buen samaritano, que lava, limpia y consuela». Habla también de «caminar con las personas en la noche, saber dialogar e incluso descender a su noche y oscuridad sin perdernos».

Al confiar su misión a los discípulos, Jesús no los imagina como doctores, jerarcas, liturgistas o teólogos, sino como curadores. Siempre les confía una doble tarea: curar enfermos y anunciar que el reino de Dios está cerca.

José Antonio Pagola

 

 

Domingo 11 de diciembre de 2016, 3º de Adviento, Koinonia

2ª Lectura
Santiago 5,7-10

Manteneos firmes, porque la venida del Señor está cerca

Tened paciencia, hermanos, hasta la venida del Señor. El labrador aguarda paciente el fruto valioso de la tierra, mientras recibe la lluvia temprana y tardía. Tened paciencia también vosotros, manteneos firmes, porque la venida del Señor está cerca. No os quejéis, hermanos, unos de otros, para no ser condenados. Mirad que el juez está ya a la puerta. Tomad, hermanos, como ejemplo de sufrimiento y de paciencia a los profetas, que hablaron en nombre del Señor.

Evangelio:
Mateo 11,2-11

¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?

En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, le mandó a preguntar por medio de sus discípulos: «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?» Jesús les respondió: «Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios, y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el Evangelio. ¡Y dichoso el que no se escandalice de mí!»

Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan: «¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? ¿O qué fuisteis a ver, un hombre vestido con lujo? Los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis?, ¿a ver a un profeta? Sí, os digo, y más que profeta; él es de quien está escrito: «Yo envío mi mensajero delante de ti, para que prepare el camino ante ti.» Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan, el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él.»

La primera y la segunda lectura de hoy, del profeta Isaías y del apóstol Santiago, coinciden en el mensaje: merece la pena esperar, hay que esperar, debemos esperar, porque viene nuestro Dios, él mismo viene en persona, y trae el desquite… Hay que tener paciencia, porque es inminente su llegada, ya está a la puerta…

No dudamos de que esta forma de plantear la esperanza, de vivirla y de transmitirla, ha sido útil y muy eficaz para muchas generaciones anteriores a nosotros, pero tampoco dudamos de que hoy día, ese planteamiento pudiera no servir ya.

– Este motivo aducido clásicamente para fundamentar la esperanza de que Alguien viene, alguien va a irrumpir apocalípticamente en nuestra vida, incluso con inminencia, y de que nuestra esperanza consista en «esperar» (de espera, no de esperanza) su llegada… no resulta hoy ya plausible.

– Ese esquema conceptual según el cual Dios ha anunciado que vuelve, en una segunda venida que sellará el final del mundo, y que nosotros estamos por tanto en un tiempo intermedio, incierto y amenazado por la espada colgante (de Damocles) de esa sorpresa divina que llegará como la visita del ladrón… ha sido una imagen poderosa, que ha cautivado la atención de muchas generaciones, pero que hoy empieza ya a no funcionar.

– Esa idea de que debemos esperar que en el futuro Dios va a castigar a los malos… y así «poner las cosas en su sitio» y vengar las maldades de los que nos han hecho daño… probablemente fue muy efectiva en otro tiempo, como lo ha sido en pedagogía todo lo referente a los premios y castigos, las buenas y las malas notas, pero hoy ya muy pocas mentes lúcidas pueden aceptar que la pedagogía humana infantil pueda ser aplicada al misterio existencial del ser humano.

Aquellas generaciones tenían una comprensión del mundo míticamente religiosa, inserta en las coordenadas de la descripción del mundo que las mismas religiones habían elaborado: un mundo que consistía esencialmente en un «plan de Dios» para poner una prueba al ser humano y llevarlo a otra vida, mejor o peor según mereciera premio o castigo. Dentro de ese «pequeño mundo», dentro de esa cosmovisión religiosista que ocupó por milenios el imaginario de nuestros mayores, funcionaba el hablar de una segunda venida, de la prueba que Dios nos pone, de la amenaza que supone la posible sorpresa del Dios que viene e irrumpe en el mundo para finalizarlo e inaugurar otro eón, el de los premios ycastigos. Este imaginario religioso (tradicional, antiquísimo, milenario…) está agotándose, desapareciendo con las generaciones mayores, desvaneciéndose y perdiendo vivacidad y plausibilidad en las generaciones medias, y siendo rechazada en las generaciones jóvenes, en las que no logra ya implantarse. La transmisión de ese tipo de fe se está interrumpiendo.

En el nuevo imaginario o cosmovisión que muchos estamos adquiriendo, fundamentado en la nueva imagen que la cosmología y el conjunto actual de las ciencias nos ofrecen, ya no cabe concebir la realidad tan «antropocéntricamente» como para pensar que todo consiste y todo se reduce a «un plan que Dios ha hecho para probar al ser humano». Al ser humano actual no le resulta ya plausible una espiritualidad que le dice que él es el centro del cosmos, y que este cosmos «ha sido creado simplemente para servir de escenario al drama humano de su salvación ultraterrena»… Y no le resulta plausible tampoco que el misterio tan respetable del más allá sea asociado con y puesto al servicio de la amenaza de castigos o la promesa de premios…

¿Es posible ser cristiano sin aceptar estas imágenes que hoy sentimos como no incorporables a nuestra cosmovisión? Sí, lo es, al costo de purificar nuestra esperanza -y, más ampliamente, nuestra cosmovisión religiosa global- de aquellas imágenes propias de un tiempo que ya no es el nuestro.

En realidad, lo que importa es el contenido profundo, la experiencia espiritual, la dimensión de esperanza (en este caso), no el soporte de categorías, esquemas mentales, cosmovisiones apocalípticas o esquemas de concepción del tiempo de los que echaron mano nuestros antepasados. El cristianismo, a lo largo de su historia, ya ha abandonado muchas imágenes que en su tiempo fueron comunes, que luego se oscurecieron, y que finalmente nos resultaron inaceptables (de algunas de las cuales hoy incluso nos avergonzamos). Durante muchos siglos, el predominio del pensamiento estático, el supuesto de la ahistoricidad, y el desconocimiento del carácter evolutivo de todo, nos ha querido hacer pensar que no podemos cambiar nada, que debemos creer a la letra lo que expresaron nuestros mayores, sin remontarnos a revivir su misma experiencia profunda pero con libertad y creatividad, y que nada puede ser innovado. Pero la misma historia está ahí para mostrar lo contrario a quien sepa y quiera verlo. Y también está ahí el presente: son muchos ya, de hecho, los cristianos/as que «creen de otra manera».

El evangelio de Mateo nos presenta la llamada «prueba mesiánica». Juan el Bautista desde la cárcel manda emisarios para preguntarle a Jesús si es él el esperado o si deben esperar a otro. Jesús no responde con algunas pruebas teologicas, ni con citas bíblicas apologéticas, o con algunos dogmas o doctrinas, sino que se remite y remite a los consultantes a los puros hechos, que pueden ser «vistos y oídos»: «los ciegos ven, los inválidos andan, los leprosos quedan limpios… y a los pobres se les anuncia el Evangelio, la Buena Noticia». Estos «hechos», estas buenas noticias, son la prueba de identidad del Mesías. Y serán, tienen que ser, la prueba de identidad de quienes sigan al Mesías, al Xristós, o sea, los «cristianos». Sólo si nuestra vida produce esos mismos hechos, sólo si somos «buena noticia para los pobres», sólo entonces estaremos siendo seguidores de aquel Mesías, del Xristós, o sea, «cristianos».

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 45 de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil, titulado «Una pregunta desde la cárcel». El audio, el guión del texto, y su comentario bíblico-teológico, puede ser tomado de aquí: https://radialistas.net/article/45-una-pregunta-desde-la-carcel/

Respecto al tema de los premios y castigos eternos, repetimos aquella indicación bibliográfica para quienes puedan leerlo en inglés –mientras está a punto de salir en castellano en la colección «Tiempo axial» (http://tiempoaxial.org)–, el libro de John Shelby SPONG, Vida eterna: una nueva visión. Más allá de las religiones, más allá del teísmo, más allá de cielo e infierno, 232 pp, publicado en español por la editorial Abya Yala de Quito, en su colección «Tiempo axial» (http://tiempoaxial.org). El subtítulo lo dice todo sobre la intención y el enfoque de este libro.

 

 

El obispo de San Diego se enfrenta a Trump y promete una «movilización masiva» si deporta a los inmigrantes

(Cameron Doody).- En caso de deportaciones masivas, «movilización masiva» de la Iglesia. El obispo de San Diego, Robert McElroy, se ha enfrentado a Donald Trump, y ha calificado el plan del presidente electo de EE.UU. de expulsar a más de 10 millones de inmigrantes indocumentados como «un acto de injusticia que mancharía nuestro honor nacional». «La Iglesia nunca puede colaborar con un mal tan grave en nuestra sociedad», advierte

FE

Gerardo Villar
Fe Adulta

Estamos en momentos en que no sabemos cómo anunciar el evangelio y menos aún cómo conseguir que las personas lo acepten y queden enamoradas de Jesús de Nazaret.

Me parece interesante el reconocer la verdad de nuestra situación eclesial. Es un primer paso. Y si no sabemos, ya estamos en buen camino. La debilidad, la pequeñez es un paso gigante para vivir el Evangelio. Reconocer con sinceridad que hoy no interesa la fe. Leer más

Fidel Castro signo de contradicción

Equipo Atrio

Una (¿última? Vosotros diréis) consideración sobre la muerte de Fidel

Estas reflexiones no pretenden tomar partido ante la enorme diversidad de opiniones sobre el líder cubano. Uno de nuestros mejores analistas (Ignacio Ramonet) le ha dedicado unas líneas muy laudatorias. Otras mil voces se han cansado de repetir la palabra “dictador” y de proclamar que la historia no le absolverá, sin concretar mucho más. Aunque a alguno (como Vargas Llosa) temo yo que la historia le absolverá sólo por su gran calidad literaria, pero no por su ejemplaridad en ética sociopolítica. Leer más