Comunidades Eclesiales de Base, cincuenta años de presencia entre los predilectos de Dios. 3 art.

Luis Miguel Modino en Religión Digital

La Iglesia de base ha retomado el aliento en los últimos tiempos, se percibe que hay más ganas de seguir apostando por una forma de ser Iglesia más comprometida, más pobre y para los pobres.

El X Encuentro Continental de las CEBs (Comunidades Eclesiales de Base), que ha tenido lugar en Luque, Paraguay, del 13 al 17 de septiembre con el lema «Las CEBs caminando y el Reino Proclamando«, ha sido una prueba de que esa Iglesia que apuesta por hacer realidad el Reino goza de buena salud. Leer más

Domingo 16 de octubre de 2016, 29º Ordinario, Servicios Koinonia

SERVICIOS KOINONIA

Lucas 18, 1-8

Dios hará justicia a sus elegidos que le gritan:

En aquel tiempo, Jesús, para explicar a sus discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola: «Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres.

En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle: «Hazme justicia frente a mi adversario.»

Por algún tiempo se llegó, pero después se dijo: «Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está fastidiando, le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara.»»

Y el Señor añadió: «Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?»

Jesús propuso esta parábola para invitar a sus discípulos a no desanimarse en su intento de implantar el reinado de Dios en el mundo. Para ello, además de trabajar duro, deberán ser constantes en la oración, como la viuda lo fue en pedir justicia hasta ser oída por aquél juez que hacía oídos sordos a su súplica. Su constancia, rayana en la pesadez, llevó al juez a hacer justicia a la viuda, liberándose de este modo de ser importunado por ella.

Esta parábola del evangelio tiene un final feliz, como tantas otras, aunque no siempre suele suceder así en la vida. Porque, ¿cuánta gente muere sin que se le haga justicia, a pesar de haber estado de por vida suplicando al Dios del cielo? ¿Cuántos mártires esperaron en vano la intervención divina en el momento de su ajusticiamiento? ¿Cuántos pobres luchan por sobrevivir sin que nadie les haga justicia? ¿Cuántos creyentes se preguntan hasta cuándo va a durar el silencio de Dios, cuándo va a intervenir en este mundo de desorden e injusticia legalizada? ¿Cómo permite el Dios de la paz y el amor esas guerras tan sangrientas y crueles, el demencial armamento militar, el derroche de recursos que destruyen el medio ambiente, el hambre, la desigualdad creciente entre países y entre ciudadanos?

En medio de tanto sufrimiento, al creyente le resulta cada vez más difícil orar, entrar en diálogo con ese Dios a quien Jesús llama “padre”, para pedirle que “venga a nosotros tu reinado”. Desde la noche oscura de ese mundo, desde la injusticia estructural, resulta cada día más duro creer en ese Dios presentado como omnipresente y omnipotente, justiciero y vengador del opresor.

O tal vez haya que cancelar para siempre esa imagen de Dios a la que dan poca base las páginas evangélicas. Porque, leyéndolas, da la impresión de que Dios no es ni omnipotente ni impasible –al menos no ejerce como tal-, sino débil, sufriente, “padeciente”; el Dios cristiano se revela más dando la vida que imponiendo una determinada conducta a los humanos; marcha en la lucha reprimida y frustrada de sus pobres, y no a la cabeza de los poderosos.

El cristiano, consciente de la compañía de Dios en su camino hacia la justicia y la fraternidad, no debe desfallecer, sino insistir en la oración, pidiendo fuerza para perseverar hasta implantar su reinado en un mundo donde dominan otros señores. Sólo la oración lo mantendrá en esperanza.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 74 de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil, titulado «El juez y las viudas». El guión del capítulo, y su comentario, puede ser tomado de aquí:https://radialistas.net/article/74-el-juez-y-las-viudas

A quienes tienen una mentalidad «moderna», en la que ya no imaginamos a Dios como un alguien que está «ahí afuera», y «ahí arriba» manejando los acontecimientos de este mundo, el sentido de la oración clásica de petición se nos ha ido transformando. En un primer momento damos menos valor a la oración de petición: descubrimos su carácter «egoísta», y su intención de «utilizar a Dios», «servirse» de él más que de servirle. Llega un momento en que asimilamos esta situación de estar en el mundo sin un «Dios tapa-agujeros» y le vemos menos sentido a estar recurriendo a él a cada instante. Vamos tratando de asumir este estar en el mundo «etsi Deus non daretur» (Grotius), como si dios no existiera. O, como dijo Bonhoeffer: nos sentimos «llamados a vivir ante Dios pero sin dios», es decir, sin poder echar mano de Él; el Dios verdadero quiere que seamos adultos, que asumamos nuestra propia responsabilidad.

La oración continúa teniendo sentido, obviamente, pero «otro sentido» que el de andar estableciendo transacciones («yo te doy para que tú me des») con el «dios de ahí arriba», que supuestamente va a mejorarnos la salud, o a facilitarnos alguna dificultad del camino removiendo los obstáculos. La oración es otra cosa, es para otra finalidad, y sigue siendo bien necesaria, como la respiración, pero no sirve para remediar problemas ni hacer milagros. Por otra parte, «después de Copérnico y Newton, ya no hay milagros». Aunque, en el mundo de Einstein y de la física cuántica todo es un sorprendente milagro…

Con una «segunda ingenuidad», cabe permitirnos una forma leve (light) de oración de petición: aquella forma de oración en la que sabemos que no pretendemos realmente una «transacción» con Dios, ni ponerlo de nuestro lado (que en el fundo es querer influir a Dios, hacerle cambiar de actitud), sino simplemente permitirnos expresar ante Dios y ante nosotros mismos nuestras inquietudes. Como un desahogo personal, con una forma «teísta» de «hablar con el Misterio», como un modo de colocar nuestras preocupaciones en el contexto de la voluntad de Dios y de consolidar nuestra búsqueda de esa voluntad.

Sobre la oración de petición y su necesaria reconsideración, ya se ha escrito mucho y probablemente lo hemos estudiado bien. Lo que nos toca ahora es irnos haciendo más y más consecuentes. Adultos responsables, que tratan de vivir consecuentemente «ante Dios, sin Dios», entregados totalmente a la causa, apasionados, sin utilizar atajos fáciles.

 

 

 

Urteko 29. igandea – 29 domingo T. O., Jose A. Pagola

– C (Lukas 18,1-8)

Evangelio del 16/Oct/2016
por Coordinador Grupos de Jesús

SUFRITZEN ARI DIRENEN DEIADARRA – EL CLAMOR DE LOS QUE SUFREN

Emakume alargunaren eta eskrupulorik gabeko epailearen parabola hau, beste hainbat bezala, kontakizun irekia da; oihartzun desberdinak eragin ditzake entzuleengan. Lukasen arabera, etsi gabe otoitz egiteko deia da; aldi berean, gonbita da gau eta egun dei egiten diotenei Jainkoak justizia egingo diela konfiantza izatera. Zer oihartzun izan lezake gaur egun gu baitan kontakizun dramatiko honek, beren zoriaren menpe zuzengabeki utziak ditugun hainbeste biktima gogoratzen digularik?

Tradizio biblikoan, bakarrik eta babesik gabe bizi den pertsonaren sinbolo gorena da emakume alarguna. Parabolako emakume honek ez du defendituko duen senarrik, ez seme-alabarik. Ez du sostengurik, ez gomendiorik. Soilik, beraz abusatzen duten etsaiak ditu, eta erlijiorik eta kontzientziarik gabeko epaile bat, zeini bost axola baitzaio inoren sufrimendua.

Emakumeak eskatzen duena ez da nahikera bat. Zuzenbidea du eskatzen soilki. Hauxe da epailearen aurrean behin eta berriz irmoki egiten duen protesta: «Egidazu justizia». Zuzengabeki zapalduak diren guztien eskaria da. Jesusek bereei esaten zienaren ildoko oihua da: «Bila ezazue Jainkoaren erreinua eta haren zuzentasuna».

Egia esan, Jainkoak du azken hitza eta egingo die justizia gau eta egun eskatzen diotenei. Hori da Kristok, heriotza zuzengabetik Aitak piztu duen hark, gu baitan esnatu duen esperantza. Baina, ordu hori iritsi bitartean, inork entzuten ez diela, oihuka bizi direnen deiadarra etengabea da.

Gizarteko gehiengo batentzat itxarote-gau amairik gabea da bizitza. Erlijioek salbamena hots egiten dute. Jesus gurutziltzatuagan gizon egindako Jainkoaren Maitasunaren garaipena aldarrikatzen du kristautasunak. Bitartean, milioika gizakik beren haurrideen gogorkeria eta Jainkoaren isiltasuna esperimentatzen du soilik. Eta, askotan, sinestedunak berak gara Aita den haren aurpegia, geure geurekoikeria erlijiosoz estaltzen dugularik.

Nolatan ez digu entzunarazten, noizbait ere, Jainkoarekiko geure komunikazioak zuzengabeki sufritzen ari direnen deiadarra eta mila eratako haien oihu hau: «Egiguzue justizia»? Otoitz egitean, Jainkoarekin benetan topo egiten badugu, nolatan ez gara gai indartsuago entzuteko Aitaren bihotzera iristen diren zuzentasun-eskariak?

Fededun guztiak interpelatzen gaitu parabolak. Geure debozio partikularrak indartzen jarraitu behar ote dugu, sufritzen ari direnez ahazturik? Jainkoari otoitz egiten jarraitu behar ote dugu hura geure interesen zerbitzari egin nahiz, munduan diren zuzengabekeriak bost axola zaizkigula? Baina otoitz egitea, hain juxtu, geure buruaz ahaztea eta, Jainkoarekin bat, guztientzat mundua zuzenago egiten saiatzea balitz?

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

9 Tiempo ordinario – C (Lucas 18,1-8)

por Coordinador Grupos de Jesús

EL CLAMOR DE LOS QUE SUFREN

La parábola de la viuda y el juez sin escrúpulos es, como tantos otros, un relato abierto que puede suscitar en los oyentes diferentes resonancias. Según Lucas, es una llamada a orar sin desanimarse, pero es también una invitación a confiar en que Dios hará justicia a quienes le gritan día y noche. ¿Qué resonancia puede tener hoy en nosotros este relato dramático que nos recuerda a tantas víctimas abandonadas injustamente a su suerte?

En la tradición bíblica la viuda es símbolo por excelencia de la persona que vive sola y desamparada. Esta mujer no tiene marido ni hijos que la defiendan. No cuenta con apoyos ni recomendaciones. Solo tiene adversarios que abusan de ella, y un juez sin religión ni conciencia al que no le importa el sufrimiento de nadie.

Lo que pide la mujer no es un capricho. Solo reclama justicia. Esta es su protesta repetida con firmeza ante el juez: «Hazme justicia». Su petición es la de todos los oprimidos injustamente. Un grito que está en la línea de lo que decía Jesús a los suyos: «Buscad el reino de Dios y su justicia».

Es cierto que Dios tiene la última palabra y hará justicia a quienes le gritan día y noche. Esta es la esperanza que ha encendido en nosotros Cristo, resucitado por el Padre de una muerte injusta. Pero, mientras llega esa hora, el clamor de quienes viven gritando sin que nadie escuche su grito, no cesa.

Para una gran mayoría de la humanidad la vida es una interminable noche de espera. Las religiones predican salvación. El cristianismo proclama la victoria del Amor de Dios encarnado en Jesús crucificado. Mientras tanto, millones de seres humanos solo experimentan la dureza de sus hermanos y el silencio de Dios. Y, muchas veces, somos los mismos creyentes quienes ocultamos su rostro de Padre velándolo con nuestro egoísmo religioso.

¿Por qué nuestra comunicación con Dios no nos hace escuchar por fin el clamor de los que sufren injustamente y nos gritan de mil formas: «Hacednos justicia»? Si, al orar, nos encontramos de verdad con Dios, ¿cómo no somos capaces de escuchar con más fuerza las exigencias de justicia que llegan hasta su corazón de Padre?

La parábola nos interpela a todos los creyentes. ¿Seguiremos alimentando nuestras devociones privadas olvidando a quienes viven sufriendo? ¿Continuaremos orando a Dios para ponerlo al servicio de nuestros intereses, sin que nos importen mucho las injusticias que hay en el mundo? ¿Y si orar fuese precisamente olvidarnos de nosotros y buscar con Dios un mundo más justo para todos?

José Antonio Pagola

 

 

EL SACRAMENTO DE LA COMUNIDAD

MIGUEL ÁNGEL MESA BOUZAS

ECLESALIA.- Una comunidad se recrea cada día en la mesa de la vida, del compartir, de la intimidad, de sentirnos unidos por el anhelo renovado de una auténtica fraternidad y amistad.

La comunidad nace de una llamada que se escucha desde distintas realidades existenciales, que se nos comunica por medio de otros, que se metaboliza y discierne en lo hondo de nosotros mismos. Leer más

El azobispo de Madrid, Carlos Osoro, nuevo cardenal de la Iglesia

El Papa Francisco anuncia la creación de 13 nuevos purpurados.  Tras la solemne misa del Jubileo mariano, el Papa rezó el ángelus, impartió la bendición apostólica y anunció el nombramiento de 13 nuevos cardenales electores en el consistorio que se celebrará el 19 de noviembre. Entre ellos el español Carlos Osoro, arzobispo de Madrid. Los nuevos purpurados proceden de los cinco continentes y de 11 países. También anunció  la creación de 4 cardenales no electores, entre ellos un sacerdote albanés.

 

Haití, a la espera de la llegada de la ayuda internacional

Haití continúa evaluando los severos daños y las víctimas provocadas por el paso del huracán Matthew, y espera la ayuda internacional para enfrentar la crisis que todavía mantiene zonas del país incomunicadas. Según el último balance provisional dado a conocer este sábado por Protección Civil, Matthew dejó a su paso 336 muertos, cuatro desaparecidos, 211 heridos y 61.537 personas en albergues. Sin embargo, fuentes de organismos de socorro y autoridades locales aseguran que las víctimas mortales sobrepasan los 800.

 

“Aquí en Alepo solo quedan los pobres, aquellos que no tienen adónde ir”

En Alepo, escenario de una de las batallas más duras de la guerra civil, aún quedan decenas de miles de civiles, tanto en la zona bajo dominio del régimen de Bachar el Asad como en la parte controlada por los rebeldes. No tienen dinero para huir. La Alepo actual es una sombra de lo que era hace solo cinco años: la mayor ciudad y el corazón económico del país. La guerra civil siria, que comenzó hace cinco años y medio, ha causado la muerte de más de 300.000 personas, 5 millones de sirios han buscado refugio en el extranjero, y más de 7 millones son desplazados internos.

 

LA VOZ QUE PUDO OIRSE Y NO SE OYÓ EN LOS SÍNODOS DE LA FAMILIA: Una reflexión a partir de Amorís laetitia

Jesús Mª López Sotillo en Religión Digital

Ha transcurrido ya algo más de medio año desde que se hizo pública la Exhortación Apostólica Postsinodal «Amoris Laetitia». Desde entonces son multitud los comentarios que ha suscitado. También ha habido ocasión de comprobar cómo algunos obispos y sacerdotes han hecho de forma ostentosa caso omiso de las recomendaciones pontificias que contiene. La llamada de Francisco a tratar las «situaciones irregulares» en torno a la familia de forma individualizada parece que no les incumbe. Su invitación a ofrecer en cada caso a los afectados una salida pastoral acorde a sus circunstancias concretas da la sensación de que no fuera dirigida también a ellos. Leer más

V Centenario de la Reforma de Lutero. ¡De rabiosa actualidad!

Editorial Redes Cristianas

El año próximo hará 500 años que, en un 31 de octubre, según dice la leyenda, Lutero clavó su escrito sobre las indulgencias en la puerta de la iglesia del castillo de Wittenberg. Se considera el inicio de la Reforma protestante, hecho trascendental para la historia europea y mundial. Lutero planteaba, una vez más, la necesaria Reforma de la Iglesia católica. Desde la Baja la Edad Media y hasta bien entrado el Renacimiento habían sido muchos los movimientos con propuestas de Reforma, la mayoría movidos por un espíritu sincero, pero habían fracasado. Leer más

¡ATRÉVETE A VIVIR TU PROPIA VIDA! de Fray Marcos

Escrito por  Fray Marcos
FE ADULTA

Lc 17, 11-19

Una vez más, el texto nos recuerda que Jesús va de camino hacia Jerusalén, donde se enfrentará al poder del templo, lo que le llevará a la muerte y a la plenitud como ser humano en la entrega total. En esa subida se va haciendo presente la salvación, no solo al final del camino, como nos han hecho creer. Jesús sale al encuentro de los oprimidos y esclavizados de cualquier clase. Se preocupa de todo el que encuentra en su camino y tiene dificultades para ser él mismo. Sin la compasión de Jesús, el relato sería imposible.

Dice un proverbio oriental: cuando el sabio apunta a la luna, el necio se queda mirando al dedo. Al seguir empleando títulos de relatos como: la oveja perdida, el hijo pródigo, los diez leprosos, etc., nos quedamos en el dedo y no descubrimos la luna a la que apuntan. Al relato de hoy le deberíamos llamar: diez leprosos son curados, uno se salva. En el relato vemos con toda claridad que la fe abarca no solo la confianza, sino la respuesta, la fidelidad. Es la respuesta que completa la fe que salva. La confianza cura, la fidelidad salva. Mientras el hombre no responde con su propio reconocimiento y entrega, no se produce la verdadera liberación. Una vez más queda cuestionada nuestra fe.

El protagonista es el que volvió. La lepra era el máximo exponente de la marginación. La lepra es una enfermedad contagiosa que era un peligro para la sociedad entera. Pero al no tener clara la diferencia entre lepra y otras infecciones de la piel, se declaraba lepra cualquier síntoma que pudiera dar sospecha de esa enfermedad. Muchas de esas infecciones se curaban espontáneamente y el sacerdote volvía a declarar puro al enfermo. A esta manera de actuar puramente defensiva, Jesús quiere oponer una fe-confianza que debe cambiar también la actitud de la sociedad. Al tomar como referencia la salvación del samaritano, está resaltando la universalidad de la salvación de Dios; pero sobre todo está criticando la idea que los judíos tenían de una relación exclusiva y excluyente con Dios.

No tiene por qué tratarse de un relato histórico. Los exegetas apuntan más bien, a una historia encaminada a resaltar la diferencia entre el judaísmo y la primera comunidad cristiana. En efecto, el fundamento de la religión judía era el cumplimiento de la Ley. Si un judío cumplía la Ley, Dios cumpliría su promesa de salvación. En cambio, para los cristianos, lo fundamental era el don gratuito e incondicional de Dios; al que se respondía con el agradecimiento y la alabanza. “Se volvió alabando a Dios y dando gracias”. Tenemos datos más que suficientes para afirmar que la liturgia de las primeras comunidades estaba basada toda ella en la acción de gracias (eucaristía) y la alabanza divina.

Distinguimos 7 pasos: 1º.- Súplica profunda y sincera. Son conscientes de su situación desesperada y descubren la posibilidad de superarla. “Jesús, maestro, ten compasión de nosotros. 2º. – Respuesta indirecta de Jesús. “Id a presentaros a los sacerdotes”. Ni siquiera se habla de milagro. 3º.- confianza de los diez en que Jesús puede curarlos. “Mientras iban de camino” 4º.- en un momento del camino quedan limpios. 5º.- Reacción espontánea de uno. “Viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios y dando gracias”. 6º.- Sorpresa de Jesús, no por el que vuelve, sino por los que siguieron su camino. “Los otros nueve, ¿dónde están? 7º.- Confirmación de una verdadera actitud vital que permite al samaritano alcanzar mucho más que una curación. “Levántate, vete, tu fe te ha salvado”.

En este relato encontramos una de las ideas centrales de todo el evangelio: La autenticidad, la necesidad de una religiosidad que sea vida y no solamente programación y acomodación a unas normas externas. Se llega a insinuar que las instituciones religiosas pueden ser un impedimento para el desarrollo integral de la persona. Todas las instituciones tienden a hacer de las personas robots, que ellas puedan controlar con facilidad. Si no defendemos nuestra personali­dad, la vida y el desarrollo individual termina por anularse. El ser humano, por ser a la vez individual y social, se encuentra atrapado entre estos dos frentes: la necesidad de las instituciones, y la exigencia de defenderse de ellas para que no lo anulen.

Solo uno volvió para dar gracias. Solo uno se dejó llevar por el impulso vital. Los nueve restantes (se supone que eran judíos), se sintieron obligados a cumplir lo que mandaba la ley: presentarse al sacerdote para que le declarara puro y pudieran volver a formar parte de la sociedad. Para ellos, volver a formar parte del organigrama religioso y social, era la verdadera salvación. Los nueve vuelven a someterse al cobijo de la institución; van al encuentro con Dios en el templo en los ritos. El Samaritano creyó más urgente volver a dar gracias. Fue el que acertó, porque, libre de las ataduras de la Ley, se atrevió a expresar su vivencia profunda. Este encuentra la presencia de Dios en Jesús. Es más importante responder vitalmente al don de Dios, que el cumplimiento de unos ritos externos.

La verdadera salvación para el leproso llega en el reconocimiento y agradecimiento del don. Los otros nueve fueros curados, pero no encontraron la verdadera salvación; porque tenían suficiente con la liberación de la lepra y la recuperación del entramado religioso. Estamos ante la disyuntiva: salvación material o salvación espiritual. Sin darnos cuenta nos sentimos inclinados a buscar la salvación en las seguridades y a conformarnos con ella. Incluso no tenemos ningún reparo en meter a Dios en nuestra propia dinámica y convertirle en garante de la salvación que nosotros buscamos, la material.

El cumplimiento de una norma, solo tiene sentido religioso cuando estamos de verdad motivados desde el convencimiento. Jesús no dio ninguna nueva ley, solo la del amor, que no puede ser nunca un mandamiento. Ese valor relativo que Jesús dio a la Ley, le costó el rechazo frontal de todas las instancias religiosas de su tiempo. Jesús tuvo que hacer un gran esfuerzo por librarse de todas las instituciones que en su tiempo como en todo tiempo, intentaban manipular y anular a la persona. Para ser él mismo, tuvo que enfrentarse a la ley, al templo, a las instancias religiosas y civiles, a su propia familia. Incluso una institución tan básica como la familia puede anular a la persona e impedirle que sea ella misma.

El seguimiento de Jesús es una forma de vida. La vida escapa a toda posible programación que le llegue de fuera. Lo único que la guía es la dinámica interna, es decir, la fuerza que viene de dentro de cada ser y no el constreñimiento que le puede venir de fuera. La misma definición de Aristóteles lo expresa con toda claridad. Vida = «motus ab intrinseco» (movimiento desde dentro). No basta el cumplir escrupulosamente las normas, como hacían los fariseos, hay que vivir la presencia de Dios. Todos seguimos teniendo algo de fariseos.

Un ejemplo puede aclararnos esta idea. Cuando se vacía una estatua de bronce, el bronce líquido se amolda perfectamente a un soporte externo, el molde; la figura puede salir perfecta en su configuración externa, solo le falta una cosa, la vida. Eso pasa con la religión; puede ser un molde perfecto, pero acoplarse a él, no es garantía ninguna de vida. Y sin vida, la religión se convierte en un corsé, cuyo único efecto es impedir la libertad. Todas las normas, todos los ritos, todas las doctrinas son solo medios para alcanzar la vida espiritual.

Al celebrar la misa, no sé si somos conscientes de que “eucaristía” significa acción de gracias. Además, en ella repetimos más de quince veces “Señor ten piedad”, como los diez leprosos. La gloria es reconocer y agradecer a Dios lo que Él es. El evangelio de hoy tenía que ser un acicate para celebrar conscientemente esta eucaristía. Que de verdad sea una manifestación comunitaria de agradecimiento y alabanza. Antiguamente tenía gran importancia litúrgica la celebración de las Témporas en los primeros días de Octubre. Eran unos días de acción de gracias que tenían mucho sentido para la gente sencilla del campo. Al finalizar la recolección de los frutos, se le daba gracias a Dios por todos sus dones.

 

Meditación-contemplación

“Se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias”.
Se trata del último paso del acto de fe.
La confianza produce la curación, pero la fidelidad produce la salvación.
Sería una pena que yo me conforme con la curación.
…………….

La respuesta interior al don personal de Dios,
produce el verdadero milagro de la liberación.
La identificación con el Otro, me libera de la opresión de los otros.
En los demás puedo encontrar seguridades. En Dios encontraré libertad.
………………

Sin reconocimiento del don, no puede haber respuesta.
La principal tarea del ser humano es ese descubrimiento,
que nos llevará a una entrega incondicional en fidelidad.
Mi existencia depende, en cada instante, de Él.
……………………

 

Fray Marcos