Monseñor Elizalde, un año después

(Txenti García).- El 12 de marzo del pasado año la Diócesis de Vitoria recibía al nuevo obispo con una ceremonia en la que se unían su consagración episcopal y su toma de posesión de la sede vitoriana sucediendo a monseñor Miguel Asurmendi. Ha pasado un año desde que D. Juan Carlos Elizalde asumió de forma efectiva el compromiso de presidir la comunidad cristiana de Vitoria. Era un desconocido, no estaba en «las quinielas». Las primeras sensaciones que provocó su llegada fueron, en una gran parte de la feligresía, expectación y esperanza en un obispo de la era del Papa Francisco, y en otra parte, cautela hasta ver sus primeros movimientos.   Leer más:

 

Garizumako 4. igandea – 4º Domingo de Cuaresma, José A. Pagola

A (Joan 9,1-41)

Evangelio del 26 / Mar / 2017
por Coordinador Grupos de Jesús

BAZTERTUENTZAT

Jaiotzez da itsua. Ez berak, ez gurasoek dute inolako errurik, baina bere zoria markatua du betiko. Jainkoak zigortu duen bekataritzat hartu du jendeak. Ikasleek galdetu diote Jesusi ea zeinena den bekatua: itsuarena berarena ala haren gurasoena.

Beste era batean begiratu dio Jesusek. Ikusi duen momentutik, hura bere zoritxarreko eskale-bizitzatik ateratzea erabaki du, jende guztiak gutxiesten badu ere, bekataritzat hartuz. Jainkoaren deia sentitzen du Jesusek: hain juxtu ere, baztertua eta umiliatua den jendea defenditzeko, onartzeko eta sendatzeko deia.

Itsuak, berak ere Jesusekin lan egin eta sendatze neketsu baten ondoren, lehen aldiz ikusi du argia. Jesusekin topo egin egin izanak kanbiatu egin du haren bizitza. Noizbait ere, gozatu ahal izango du bizitza duin batez, inoren aurrean lotsatu gabe.

Oker pentsatu du, ordea. Gidari erlijiosoek beharturik sentitu dira erlijioaren garbitasuna kontrolatzera. Haiek, berek dakite zein den bekatari eta zein bekaturik gabe. Haiek, berek erabakiko dute itsu izana elkarte erlijiosoan onartzekoa den ala ez.

Alabaina, sendatua izan den eskaleak argiro aitortzen du Jesus izan dela hurbildu zaiona eta sendatu duena; baina fariseuek uko egiten diote haserre bizian: «Guk badakigu gizon hori bekataria dela». Eskaleak Jesus defenditzeari eutsi nahi dio: profeta bat da, Jainkoagandik dator. Fariseuek ezin jasan dute: «Bekatupean jaio zinen burutik oinetara, eta gure irakasle izan nahi al duzu?».

Ebanjelariak dio: «kanpora bota zutela entzun zuenean, haren bila joan zen Jesus». Labur mintzatu dira biak. Jesusek galdetu dionean ea Mesiasengan sinesten duen, kanpora bota dutenak diotso: «Eta, nor da, Jauna, harengan sinets dezadan?». Hunkiturik erantzun dio Jesusek: Ez da zugandik urrun. «Bera ikusten ari zara; mintzo zaizuna, horixe da». Eta eskaleak: «Sinesten dut, Jauna».

Horrelakoa da Jesus. Beti bidera irteten zaie erlijioak ofizialki onartzen ez dituenei. Jesusek ez ditu zapuzten bere bila dabiltzanak eta maite dutenak, elkarte eta erakunde erlijiosoek zokoratzen badituzte ere. Gure elizetan lekurik ez dutenek leku berezi-berezia dute Jesusen bihotzean.

Zeinek eramango die, gaur egun, Jesusen mezu hori talde horiei, edozein momentutan gidari erlijioso itsuengandik kondena publiko zuzengabeak entzuten dituzten horiei?, gure eukaristietan bakean ezin jaunartu duten horiei?, Jesusekiko beren fedea beren bihotzeko isiltasunean, kasik era ezkutu eta klandestinoan, bizi beharrean gertatzen diren horiei?

Adiskide ezezagunok, ez ahaztu: kristauok uko egiten dizuegunean, bere harrera eskaintzen ari zaizue Jesus.

José Antonio Pagola

Itzultzailea: Dionisio Amundarain

4 Cuaresma – A (Juan 9,1-41)

Evangelio del 26 / Mar / 2017
por Coordinador Grupos de Jesús

PARA EXCLUIDOS

Es ciego de nacimiento. Ni él ni sus padres tienen culpa alguna, pero su destino quedará marcado para siempre. La gente lo mira como un pecador castigado por Dios. Los discípulos de Jesús le preguntan si el pecado es del ciego o de sus padres.

Jesús lo mira de manera diferente. Desde que lo ha visto solo piensa en rescatarlo de aquella vida de mendigo, despreciado por todos como pecador. Él se siente llamado por Dios a defender, acoger y curar precisamente a los que viven excluidos y humillados.

Después de una curación trabajosa en la que también él ha tenido que colaborar con Jesús, el ciego descubre por vez primera la luz. El encuentro con Jesús ha cambiado su vida. Por fin podrá disfrutar de una vida digna, sin temor a avergonzarse ante nadie.

Se equivoca. Los dirigentes religiosos se sienten obligados a controlar la pureza de la religión. Ellos saben quién no es pecador y quién está en pecado. Ellos decidirán si puede ser aceptado en la comunidad religiosa. Por eso lo expulsan.

El mendigo curado confiesa abiertamente que ha sido Jesús quien se le ha acercado y le ha curado, pero los fariseos lo rechazan irritados: «Nosotros sabemos que ese hombre es un pecador». El hombre insiste en defender a Jesús: es un profeta, viene de Dios. Los fariseos no lo pueden aguantar: «¿Es que también pretendes darnos lecciones a nosotros, tú que estás envuelto en pecado desde que naciste?».

El evangelista dice que, «cuando Jesús oyó que lo habían expulsado, fue a encontrarse con él». El diálogo es breve. Cuando Jesús le pregunta si cree en el Mesías, el expulsado dice: «¿Y quién es, Señor, para que pueda creer en él?». Jesús le responde conmovido: «No está lejos de ti. Ya lo has visto. Es el que está hablando contigo». El mendigo le dice: «Creo, Señor».

Así es Jesús. Él viene siempre al encuentro de aquellos que no son acogidos oficialmente por la religión. No abandona a quienes lo buscan y lo aman, aunque sean excluidos de las comunidades e instituciones religiosas. Los que no tienen sitio en nuestras iglesias tienen un lugar privilegiado en su corazón.

¿Quién llevará hoy este mensaje de Jesús hasta esos colectivos que, en cualquier momento, escuchan condenas públicas injustas de dirigentes religiosos ciegos; que se acercan a las celebraciones cristianas con temor a ser reconocidos; que no pueden comulgar con paz en nuestras eucaristías; que se ven obligados a vivir su fe en Jesús en el silencio de su corazón, casi de manera secreta y clandestina?

Amigos y amigas desconocidos, no lo olvidéis: cuando los cristianos os rechazamos, Jesús os está acogiendo.

José Antonio Pagola

 

 

 

Domingo 26 de marzo de 2017, Domingo 4º de Cuaresma, Koinonia


Evangelio de Juan 9,1-41

Fue, se lavó y volvió con vista

En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Y sus discípulos le preguntaron: «Maestro, ¿quien pecó, éste o sus padres, para que naciera ciego?» Jesús contestó: «Ni éste pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios. Mientras es de día, tenemos que hacer las obras del que me ha enviado; viene la noche, y nadie podrá hacerlas. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo.»

Dicho esto, escupió en tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego y le dijo: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado.» Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: «¿No es ése el que se sentaba a pedir?» Unos decían: «El mismo.» Otros decían: «No es él, pero se le parece.» Él respondía: «Soy yo.»

Y le preguntaban: «¿Y cómo se te han abierto los ojos?» Él contestó: «Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, me lo untó en los ojos y me dijo que fuese a Siloé y que me lavase. Entonces fui, me lavé, y empecé a ver.» Le preguntaron: «¿Dónde está él?» Contestó: «No sé.»

Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. Él les contestó: «Me puso barro en los ojos, me lavé, y veo.» Algunos de los fariseos comentaban: «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado.» Otros replicaban: ¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?» Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego: «Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?» Él contestó: «Que es un profeta.»

Pero los judíos no se creyeron que aquél había sido ciego y había recibido la vista, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron: «¿Es éste vuestro hijo, de quien decís vosotros que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?» Sus padres contestaron: «Sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego; pero cómo ve ahora, no lo sabemos nosotros, y quién le ha abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos. Preguntádselo a él, que es mayor y puede explicarse.» Sus padres respondieron así porque tenían miedo los judíos; porque los judíos ya habían acordado excluir de la sinagoga a quien reconociera a Jesús por Mesías. Por eso sus padres dijeron: «Ya es mayor, preguntádselo a él.»

Llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron: «Confiésalo ante Dios: nosotros sabemos que ese hombre es un pecador.» Contestó él: «Si es un pecador, no lo sé; sólo sé que yo era ciego y ahora veo.» Le preguntan de nuevo: ¿Qué te hizo, cómo te abrió los ojos?» Les contestó: «Os lo he dicho ya, y no me habéis hecho caso; ¿para qué queréis oírlo otra vez?; ¿también vosotros queréis haceros discípulos suyos?» Ellos lo llenaron de improperios y le dijeron: «Discípulo de ése lo serás tú; nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios, pero ése no sabemos de dónde viene.» Replicó él: «Pues eso es lo raro: que vosotros no sabéis de dónde viene y, sin embargo, me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino al que es religioso y hace su voluntad. Jamás se oyó decir que nadie le abriera los ojos a un ciego de nacimiento; si éste no viniera de Dios, no tendría ningún poder.»

Le replicaron: «Empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?» Y lo expulsaron. Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: «¿Crees tú en el Hijo del hombre?» Él contestó: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?» Jesús les dijo: «Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es.» Él dijo: «Creo, señor.» Y se postró ante él.

Jesús añadió: «Para un juicio he venido ya a este mundo; para que los que no ve vean, y los que ven queden ciegos.» Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le preguntaron: «¿También nosotros estamos ciegos?» Jesús les contestó: «Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado, pero como decís que veis, vuestro pecado persiste.»

COMENTARIO A LOS TEXTOS LITÚRGICOS:

El pueblo de Dios se planteó desde antiguo un gran problema: ¿cómo saber quién es el enviado de Dios? Muchos aparecían haciendo alarde de sus habilidades físicas, de su astucia, de su sabiduría, incluso, de su profunda religiosidad, pero era muy difícil saber quien procedía de acuerdo con la voluntad del Señor y quien quería ser líder únicamente para obtener el poder.

En la época de Samuel la situación era realmente complicada. El profeta, movido por el Espíritu de Dios, buscó un líder que sacara al pueblo del difícil atolladero de la crisis interna de las instituciones tribales y de la amenaza de los filisteos. Surgió Saúl, un muchacho distinguido, de buena familia y de extraordinaria complexión física. Los hebreos más pudientes lo apoyaron de inmediato, esperando que el nuevo rey lograra controlar el avance de los filisteos. Sin embargo, el nuevo rey en poco tiempo se convirtió en un tirano insoportable que agravó el conflicto interno y que, por sus constantes cambios de comportamiento, comprometió seriamente la seguridad de las tierras cultivables. Samuel, entonces, pensó que la solución era ungir un nuevo rey, una persona que se pudiera hacer cargo de la situación. La unción profética se convirtió, en aquel momento, en el medio por el cual se legitimaba la acción de un nuevo líder ‘salvador’ del pueblo. Siglos más tarde, los profetas se dieron cuenta de que no bastaba cambiar el rey para cambiar la situación, sino que era necesario buscar un sistema social que respetara los ideales tribales, lo que luego se llamo ‘el derecho divino’. Sin embargo, subsistió la idea de que el ‘líder salvador’ tenía que ser designado por un profeta reconocido. De este modo, la unción de los caudillos de Israel pasó a ser un símbolo de esperanza en un futuro mejor, más acorde con los planes de Dios.

En la época del Nuevo Testamento, el pueblo de Dios que habitaba en Palestina enfrentó un gran reto: ¿cómo hacer reconocer a Jesús como ungido del Señor? Aunque Jesús había conocido a Juan Bautista y, luego, había retomado su predicación, se cernía aún sobre él la duda, debido a su origen humilde, a la manera tan diferente de interpretar la ley y a su poca vinculación con el templo y sus rituales. Muchos se oponían a reconocer que él era un profeta ungido por el Señor, movidos simplemente por prejuicios culturales y sociales. La comunidad cristiana tuvo que abrirse paso en medio de estos obstáculos y proclamar la legitimidad de la misión de Jesús. Solamente quien conociera la obra del Nazareno, su entrañable amor a la vida, su dedicación a los pobres, su predicación del reinado de Dios, podía reconocer que él era el “ungido”, el “Mesías” (como se dice en hebreo), o el “Cristo” (como se dice en griego).

Las ‘señales y prodigios’ que Jesús actuó en medio de la gente pobre causaron gran impacto y, por esto, fueron motivo de controversia. Los opositores del cristianismo veían en las sanaciones que Jesús obraba, simplemente la labor de un curandero. Sus discípulos, por el contrario, comprendían todo su valor liberador y salvífico. Pues, no se trataba sólo de poner remedio a las limitaciones humanas, sino de devolverle toda la dignidad al ser humano. La persona que recuperaba la visión podía descubrir que su problema no era un castigo de Dios por los pecados de sus antepasados, ni una terrible prueba del destino. Era una persona que pasana de la desesperación a la fe y descubría en Jesús al profeta, al ungido del Señor. Su problema, una limitación física, se le había convertido en una terrible marca social y religiosa. Pero, el problema no era su limitación visual, sino la terrible carga de desprecio que la cultura le había impuesto. Jesús lo libera del insufrible peso de la marginación social y lo conduce hacia una comunidad donde lo aceptan por lo que él es, sin importar las etiquetas que los prejuicios sociales le habían impuesto.

En el evangelio se nos relata una especie de drama entre los vecinos del lugar donde el ciego solía pedir limosna, los fariseos que eran un grupo de judíos piadosos y cumplidores de la ley y los “judíos” en general, una expresión genérica con la que el evangelista designa a las altas autoridades religiosas del pueblo judío de la época de Jesús. Hasta los padres del ciego son involucrados en el drama.

Se trata de un verdadero «drama teológico», simbólico, de una gran belleza literaria. De ninguna manera se trata de laa crónica cuasiperiodística de un hecho histórico. No olvidemos que es Juan quien escribe, y que su evangelio se mueve siempre en un alto nivel de sofisticación, de recurso al símbolo y a la insinuación indirecta. Si tenemos que dirigir la palabra en la homilía, conviene no «contar» las cosas como quien cuenta hechos históricos tal cual, como si estuviera entreteniendo a unos niños. Los oyentes son adultos y agradecen que se les trate como a tales, y que quien que tiene la palabra en el ámbito litúrgico –donde por respeto nadie va a levantar la mano para contradecir–, no crea por eso que puede decir cualquier cosa, que «todo cuela» en ese ambiente.

En el «drama teológico» que hoy leemos, de Juan, el ciego se convierte en el centro. Todos se preguntan cómo es posible que un ciego de nacimiento sea ahora capaz de ver. Sospechan que algo grande ha sucedido, preguntan por el que ha hecho ver al ciego, pero no llegan a creer que Jesús sea la causa de la luz de los ojos del ciego. Un simple hombre como Jesús no les parece capaz de obrar tales maravillas. Menos aún habiéndolas obrado en sábado, día sagrado de descanso que los fariseos guardaban de manera escrupulosa. Y menos aún siendo el ciego un pobretón que pedía limosna al pie de una de las puertas de la ciudad. Todos interrogan al pobre ciego que ahora ve: los vecinos, los fariseos, los jefes del templo. Jesús se hace encontradizo con él, solidariamente, al enterarse de que lo han expulsado de la sinagoga. Y en este nuevo encuentro con Jesús el ciego llega a «ver plenamente», a «ver» no sólo la luz, sino la «gloria» de Dios, reconociendo en él al enviado definitivo de Dios, el Hijo del hombre escatológico, el Señor digno de ser adorado… Ese es el mensaje que Juan elabora y nos quiere transmitir narrando un drama «teológico» –como es su estilo– más que afirmando proposiciones abstractas, como hubiera hecho si hubiera sido de formación filosófica griega.

Al final del texto las palabras que Juan pone en labios de Jesús hacen explotar el mensaje teológico del drama: Jesús es un juicio, es el juicio del mundo, que viene a poner al mundo patas arriba: los que veían no ven, y los que no veían consiguen ver. ¿Y qué es lo que hay que ver? A Jesús. Él es la luz que ilumina.

No haría falta echarle metafísica y ontología griega a este drama judío… Es un lenguaje de «confesión de fe». La comunidad de Juan está «entusiasmada», llena de gozo y de amor, poseída realmente por el descubrimiento que ha hecho en Jesús. Sienten que Él les cambia el mundo, que ven las cosas al revés que antes, y que es en Él en quien Dios se les ha hecho patente. Y así lo confiesan. No hace falta más. La ontología que los siglos subsiguientes volcaron sobre el tema, es un añadido cultural, occidental, griego. Para el caso, sobra. Sobra para quien quiere creer, porque no está obligado a creer metafísica, sino sólo a establecer su relación con Jesús…

¿Qué significa hoy para nosotros? Lo mismo, sólo que a 20 siglos de distancia. Con más perspectiva, con más sentido crítico, con más conciencia de la relatividad (no digamos “relativismo”) de nuestras afirmaciones, sin fanatismos ni exclusivismos, sabiendo que la misma manifestación de Dios se ha dado en tantos otros lugares, en tantas otras religiones, a través de tantos otros mediadores. Pero con la misma alegría, el mismo amor y el mismo convencimiento.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 79 de la serie «Un tal Jesús», de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «El ciego de nacimiento». El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: http://radialistas.net/article/78-un-samaritano-sin-fe/ Puede ser escuchado aquí: http://radioteca.net/media/uploads/audios/%Y_%m/078.mp3

La serie «Otro Dios es posible» tiene un capítulo que puede ser útil para comentar este evangelio, el 31 («¿Dios hace milagros?») [http://radialistas.net/article/31-dios-hace-milagros/]. Para escucharlo, aquí: http://radioteca.net/media/uploads/audios/%Y_%m/31.mp3

 

Para la revisión de vida
Jesús dice que ha venido para “abrir un juicio”. Su vida y su testimonio nos emplazan con un desafío ante el que necesitamos pronunciarnos. Sugerencia: entrar en mí mismo, en oración profunda, encarándome con este ser-humano-que-es-juicio-de-Dios. Renovar y profundizar mi encuentro con Jesús. Sentirme desafiado por su vida y por su palabra. Aceptar gozoso el reto de vivir a la altura del desafío que nos hace.

Para la reunión de grupo
– La “selección” de David (primera lectura) para ser ungido es uno de los casos típicos en la Biblia –de los que hay muchos más- en el que “los caminos de Dios no son nuestros caminos”, ni sus criterios son los nuestros… Dios le dijo a Samuel: «Dios no mira como los hombres, que ven la apariencia. El Señor mira el corazón»(1Sm 16,7). Estudiemos y glosemos en grupo esas diferencias entre los criterios de Dios y los criterios de los humanos…

– Parece que Juan quisiera hacer énfasis en la ceguera especial que tienen las autoridades religiosas para admitir el milagro de Jesús. Quienes deberían ser los más lúcidos resultan los más ciegos. ¿Tiene este aspecto del evangelio de hoy alguna relevancia para nuestros días?

– La Organización Mundial de la Salud señala que hay discapacidades físicas, mentales y sensoriales, y que un 15% de la población mundial (más de mil millones de personas), padece alguna forma de discapacidad. Además, se calcula que entre 110 y 190 millones de personas mayores de 15 años tienen serias dificultades para funcionar en el medio en el que se desenvuelven. La cifra va en aumento por la longevidad de la población y las enfermedades crónicas. El panorama se torna desolador, pues la demanda de recursos a los gobiernos para este renglón presupuestario, queda permanentemente insatisfecha (déficit porcentual de 35 a 50 en los países desarrollados y de 76 a 85 en los demás). La ceguera, en sus diferentes grados, es una discapacidad bastante frecuente en nuestros medios. La OMS calcula que hay unos 285 millones de personas con discapacidad visual, de las cuales 39 millones son ciegas, y el resto presenta serias deficiencias visuales. Comentar

Para la oración de los fieles
– Para que la Iglesia abandone toda forma de autoritarismo y actúe llevando al mundo la luz que recibe del Evangelio. Oremos…

– Para que prevalezcan las personas y sus derechos sobre las leyes y las tradiciones. Oremos…

– Para que quienes dudan de la presencia de Dios entre nosotros, descubran su amor por el testimonio vivo y eficaz de la iglesia. Oremos…

– Para que caminemos como hijos de la luz, denunciando toda opresión, violencia e injusticia. Oremos…

– Para que el Señor. abra nuestros ojos y no vayamos nunca tras ningún “otro pastor”. Oremos…

– Para que nuestra comunidad, que comparte un mismo pan, comparta igualmente los demás bienes. Oremos…

Oración comunitaria
– Tú, Señor, que nos abres los ojos para que descubramos la hermosura de la creación y la grandeza de tu amor, ayúdanos a colaborar contigo para que todas las personas puedan alegrarse en su vida al ver tu luz. Nosotros te lo pedimos por Jesús, hijo tuyo y hermano nuestro. Amén

 

 

 

Posverdades eclesiásticas

Pepe Mallo
Enviado a la página web de Redes Cristianas

Poder clerical, Código canónico y Catecismo antes que Evangelio, celibato obligatorio, discriminación… principales posverdades arraigadas en la IglesiaLa época de la “posverdad”

Vocablo de moda, elegido como palabra del año 2016 por el Diccionario Oxford y admitido por gacetilleros y analistas. La verdad (o la posverdad) es que tal palabro necesita una definición conceptual precisa y rigurosa. Según el diccionario, el término designa el “fenómeno que se produce cuando los “hechos objetivos” tienen menos influencia en la formación de la opinión pública que la “emoción de las creencias personales”. O sea, que la objetividad importa mucho menos que las teorías o creencias que hacen que nos sintamos a gusto. Leer más

Una ética planetaria para un mundo globalizado

Benjamín Forcano
Atrio

Para este nuevo domingo de lectura reposada, un texto muy bien construido. Da gusto seguir el razonamiento y el ramillete de textos recogidos por el gran profesor y luchador que es Benjamín. AD.

Planteamiento del tema:
Voy a empezar por fijar bien el tema que vamos a tratar. Son varios los aspectos que conviene y deseo aclarar.
1º. Cuando hablo de una ética planetaria, me refiero a una ética válida para todo el mundo, sin distinción de raza, lengua, sexo o condición social.
2º. Cuando hablo de ética me refiero a unos principios básicos, intrínsecos a todo ser humano, que suponen una misma dignidad en todos y unos derechos inviolables y universales. Esta dignidad y estos derechos fueron proclamados y ratificados en el año 1948, en la Declaración Universal de los Derechos Humanos con el consenso de todos los pueblos: “Artículo 1: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”.  Leer mas….

 

 

Del proselitismo al silencio: cristiandad protegida y cristianismo perseguido

Juan Masiá Clavel, teólogo.- El filme reciente de Scorsese (Silencio, 2017) y su trasfondo en la novela Silencio (1966), de Endô Shûsaku (1923-1996), invitaban a reflexionar sobre el conflicto interior de la fe puesta a prueba en la encrucijada de “martirios y apostasías”. (cf. mis dos posts anteriores).

Pero el examen de conciencia sobre la memoria histórica del cristianismo misionero en sus encuentros y desencuentros con otras cuturas y religiones, aconseja reconocer honestamente las ambigüedades de la misión cristiana cuando la propagación de la fe olvida el respeto a las culturas, confunde la evangelización con el proselitismo y, en el peor caso, se deja utilizar por intereses colonizadores.··· Ver noticia ···

 

«POR LA RENUNCIA AL TRIUNFO», José Luis Sicre

José Luis Sicre
Fe Adulta

El tema común a las tres lecturas de este domingo es “por la renuncia al triunfo”. En la primera, Abrahán debe renunciar a su patria y a su familia, experiencia muy dura que sólo conocen bien los que han tenido que emigrar. Pero obtendrá una nueva tierra y una familia numerosa como las estrellas del cielo. Incluso todas las familias del mundo se sentirán unidas a él y utilizarán su nombre para bendecirse.

En la segunda lectura, Timoteo deberá renunciar a una vida cómoda y tomar parte en el duro trabajo de proclamar el evangelio. Pero obtendrá la vida inmortal que nos consiguió Jesús a través de su muerte.

En el evangelio, si recordamos el episodio inmediatamente anterior (el primer anuncio de la pasión y resurrección) también queda claro el tema: Jesús, que renuncia a asegurarse la vida, obtiene la victoria simbolizada en la transfiguración. Así lo anuncia a los discípulos: «Os aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán sin haber visto llegar a este Hombre como rey».

Esta manifestación gloriosa de Jesús tendrá lugar seis días más tarde. El relato podemos dividirlo en tres partes: la subida a la montaña (v.1), la visión (vv.2-8), el descenso de la montaña (9-13). Desde un punto de vista litera­rio es una teofanía, una manifestación de Dios, y los evangelistas utilizan los mismos elementos que empleaban los autores del Antiguo Testamento para describirlas. Por eso, antes de analizar cada una de las partes, conviene recordar algunos datos de la famosa teofanía del Sinaí, cuando Dios se revela a Moisés.

La teofanía del Sinaí

Dios no se manifiesta en un espacio cualquiera, sino en un sitio especial, la montaña, a la que no tiene acceso todo el pueblo, sino sólo Moisés, al que a veces acompaña su hermano Aarón (Ex 19,24), o Aarón, Nadab y Abihú junto con los setenta dirigentes de Israel (Ex 24,1). La presen­cia de Dios se expresa mediante la imagen de una nube espesa, desde la que habla (Ex 19,9). Es también frecuente que se mencione en este contexto el fuego, el humo y el temblor de la montaña, como símbolo de la gloria y el poder de Dios que se acerca a la tierra. Estos elementos demuestran que los evangelistas no pretenden ofrecer un informe objetivo, “histórico”, de lo ocurrido, sino crear un clima semejante al de las teofanías del Antiguo Testa­mento.

La subida a la montaña

Jesús sólo elige a tres discípu­los, Pedro, Santiago y Juan. La exclusión de los otros nueve no debemos interpretarla sólo como un privilegio; la idea principal es que va a ocurrir algo tan importante que no puede ser presen­ciado por todos. Se dice que subieron «a una montaña alta y apartada». La tradición cristiana, que no se contenta con estas indicaciones generales, la ha identificado con el monte Tabor, que tiene poco de alto (575 m) y nada de aparta­do. Lo evangelistas quieren indicar otra cosa: usan el frecuente simbolismo de la montaña como morada o lugar de revelación de Dios. Entre los antiguos cananeos, el monte Safón era la morada del panteón divino. Para los griegos se trataba del Olimpo. Para los israelitas, el monte sagrado era el Sinaí (u Horeb). También el Carmelo tuvo un prestigio especial entre ellos, igual que el monte Sión en Jerusalén. Una montaña «alta y apartada» aleja horizontalmente de los hombres y acerca verticalmente a Dios. En ese contexto va a tener lugar la mani­festación gloriosa de Jesús, sólo a tres de los discípulos.

La visión

En ella hay cuatro elementos que la hacen avanzar hasta su plenitud. El primero es la transformación del rostro y las vestiduras de Jesús. El segundo, la aparición de Moisés y Elías. El tercero, la aparición de una nube luminosa que cubre a los presentes. El cuarto, la voz que se escucha desde el cielo.

1. La transformación de Jesús la expresaba Marcos con estas pala­bras: «sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no es capaz de blanquearlos ningún batanero del mundo» (Mc 9,3). Mateo omite esta comparación final y añade un dato nuevo: «su rostro brillaba como el sol». La luz simboliza la gloria de Jesús, que los discípulos no habían percibido hasta ahora de forma tan sorprendente.

2. «De pronto, se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él». Moisés es el gran mediador entre Dios y su pueblo, el profeta con el que Dios hablaba cara a cara. Sin Moisés, humana­mente hablando, no habría existido el pueblo de Israel ni su religión. Elías es el profeta que salva a esa religión en su mayor momento de crisis, hacia el siglo IX a.C., cuando está a punto de sucumbir por el influjo de la religión cananea. Sin Elías habría caído por tierra toda la obra de Moisés. Por eso los judíos concedían especial importancia a estos dos personajes. El hecho de que se aparezcan ahora a los discípu­los (no a Jesús) es una manera de garantizarles la importancia del personaje al que están siguiendo. No es un hereje ni un loco, no está destruyendo la labor religiosa de siglos, se encuentra en la línea de los antiguos profetas, llevando su obra a plenitud.

En este contexto, las palabras de Pedro proponiendo hacer tres chozas suenan a simple despropósito. Pero son simple conse­cuencia de lo que dice antes: «qué bien se está aquí». Cuando el primer anuncio de la pasión, Pedro rechazó el sufrimiento y la muerte como forma de salvar. Ahora, en la misma línea, considera preferible quedarse en lo alto del monte con Jesús, Moisés y Elías que seguir a Jesús con la cruz.

3. Como en el Sinaí, Dios se manifiesta en la nube y habla desde ella.

4. Sus primeras palabras reproducen exactamente las que se escucharon en el momento del bautismo de Jesús, cuando Dios presentaba a Jesús como su siervo. Pero aquí se añade un imperativo: «¡Escuchadlo!» La orden se relaciona directamente con las anteriores palabras de Jesús, que han provocado tanto escán­dalo en Pedro, y con la dura alternativa entre vida y muerte que ha planteado a sus discípulos. Ese mensaje no puede ser eludido ni trivializado. «¡Escuchadlo!»

El descenso de la montaña

Dos hechos cuenta Mt en este momento: La orden de Jesús de que no hablen de la visión hasta que él resucite y la pregunta de los discípulos sobre la vuelta de Elías.

Lo primero coincide con la prohibición de decir que él es el Mesías (Mt 16,20). No es momento ahora de hablar del poder y la gloria, suscitando falsas ideas y esperanzas. Después de la resurrección, cuando para creer en Cristo sea preciso aceptar el escándalo de su pasión y cruz, se podrá hablar con toda libertad también de su gloria.

El segundo tema, sobre la vuelta de Elías, lo omite la liturgia.

Resumen

Este episodio no está contado en beneficio de Jesús, sino como experiencia positiva para los apóstoles. Después de haber escuchado a Jesús hablar de su pasión y muerte, de las duras condiciones que impone a sus seguidores, tienen tres experiencias complementarias: 1) ven a Jesús transfigurado de forma gloriosa; 2) se les aparecen Moisés y Elías; 3) escuchan la voz del cielo.

Esto supone una enseñanza creciente: 1) al ver transformados su rostro y sus vesti­dos tienen la expe­riencia de que su destino final no es el fracaso, sino la gloria; 2) al aparecérseles Moisés y Elías se confirman en que Jesús es el culmen de la historia religiosa de Israel y de la revela­ción de Dios; 3) al escuchar la voz del cielo saben que seguir a Jesús no es una locura, sino lo más conforme al plan de Dios.

 

José Luis Sicre