¿Es complicado ser cristiano?

José María Garcia Mauriño.- Todo el mundo sabe que ser cristiano o cristiana es mucho más que ir a Misa los domingos y no robar ni matar. “Creer es comprometerse”, y lo complicado es el compromiso de los cristianos. ¿A qué nos comprometemos? Es algo muy personal, no es una obligación impuesta por las normas más o menos dogmáticas de la Iglesia. Lo difícil es el compromiso serio con las personas empobrecidas. Es una característica de las personas creyentes sean de derechas o de izquierdas, el ocuparse y preocuparse por la pobreza, por las desigualdades sociales, por los últimos de la sociedad.  Leer más….

 

Fray Francisco Rafael de Pascual ocso: «El colapso en el que nos encontramos es anticipo y presagio de muerte»

Antonio Aradillas
Religión Digital

«Solo una reforma profunda y urgente podrá impedir que se eche el cerrojazo»

(Con fundadas certezas y la propia experiencia, presiento que, tratar este tema con el diccionario de la RAE en la mano, facilitará su lectura y entendimiento, descartando además sobresaltos ociosos, llenos de peligros y nada simpáticos: «Monje»ó «individuo que pertenece a una orden monacal, o a una congregación religiosa, y que vive en comunidad, sujeto a unas reglas y dedicado a la vida contemplativa». Leer más

D O M I N G O 3 2 T.O. -(A)-, «Despertar o seguir dormido, esa es la cuestión», Fray Marcos

(Sab 6, 13-16) Ven la sabiduría los que la aman, la encuentran los que la buscan
(1 Tes 12-17) “No queremos que ignoréis la suerte de los difuntos”.
(Mt 25, 1-13) “Las que estaban preparadas entraron… y se cerró la puerta”.

Despertar o seguir dormido, esa es la cuestión. Iluminar significa arder, consumirte en beneficio de los demás.

En los tres domingos que quedan vamos a leer todo el capítulo 25 de Mt (el último, antes del relato de la pasión). Los tres episodios que en él se narran (diez doncellas, los talentos y juicio definitivo) siguen siendo advertencias a su comunidad, con el fin de poner en guardia a los cristianos de las consecuencias definitivas de sus actitudes vitales. Dios no puede hacer ya nada. La pelota está en nuestro tejado y depende de nosotros que la juguemos o no, que la jugamos  bien o mal. En cualquier caso, pitarán el final del partido.

Los textos de estos últimos domingos de año litúrgico nos invitan a despertar, a estar preparados. Por fortuna, ya no pensamos en ese Dios vengativo que está al acecho para ver como puede cogernos en un renuncio y condenarnos. Ya no se oye la tremenda frase: “Dios te coja confesado”, que es un insulto a Dios y a todo el mensaje de Jesús.  Dios no nos espera al final del camino para someternos a un juicio. No, Dios es el principio y está en nosotros todos los instantes de nuestra vida para que podamos llevarla a plenitud.

Hoy no tiene sentido meter miedo: No sabéis el día ni la hora. ¡Temblad! Y eso que, en el ciclo (A) nos libramos de textos apocalípticos, que son todavía más terroríficos. No es la muerte la que tiene que dar sentido a nuestra vida, sino al revés, solo viviendo a tope, se aprende a morir. Aunque solo os quedara un segundo de vida, haríais mal en pensar en la muerte. Sería mucho más positivo el vivir plenamente  ese segundo. La muerte ni quita ni añade nada; el sentido debemos dárselo a la vida, mientras estamos de pie.

Recordad, Después de un año o más, de desposorios, se celebraba la boda, que consistía en conducir a la novia a la casa del novio, donde se celebraba el banquete. Esta ceremonia no tenía ningún carácter religioso. El novio, acompañado de sus amigos y parientes iba a casa de la novia para conducirla a casa de su propia familia. En su casa le esperaba  la novia con sus amigas, que la acompañarían. Todos estos rituales empezaban a la puesta del sol y tenían lugar de noche, de ahí la necesidad de las lámparas.

La importancia del relato no la tiene el novio ni la novia, ni siquiera los acompañantes. Lo que el relato destaca es la luz. La luz es más importante que las mismas muchachas, porque lo que determina que entren o no entren en el banquete es que tengan o no tengan el candil encendido. Una acompañante sin luz no pintaba nada en el cortejo. Ahora bien, para que dé luz una lámpara, tiene que tener aceite. Aquí está la madre del cordero. Lo importante es la luz, pero lo que hay que procurar es el aceite.

Jesús había dicho: Yo soy la luz del mundo. Y también: vosotros sois la luz del mundo. El ser humano es luz cuando ha desplegado su verdadero ser; es decir, cuando trasciende y va más allá de lo que le pide su simple animalidad. No es que nuestra condición de animales sea algo malo, al contrario, es la base para alcanzar nuestra plenitud, pero si no vamos más allá cercenamos nuestras posibilidades de humanidad.

La primera lectura nos puede ayudar a encontrar el sentido de la parábola. La verdadera Sabiduría es encontrar el sentido de la vida. Dar sentido a la vida es más importante que la vida misma. Ese sentido no viene dado, tenemos que buscarlo. Esa es la tarea específicamente humana. Nuestra vida puede quedar malograda como vida humana. Esa es la advertencia de la parábola. Hay que estar alerta, porque el tiempo pasa. Hay que despertar, porque de lo contrario, perderás la oportunidad de ser tú.

¿Cuál es el aceite que arde en la lámpara? Si acertamos con la respuesta a esta pregunta, tenemos resuelto el significado de la parábola. En (Mt 7,24-27) se dice: Todo aquel que escucha estas palabras mías y las pone por obra, se parece al hombre sensato que edificó su casa sobre roca. Y todo aquel que no las pone por obra, se parece al necio que edificó sobre arena. La luz, son las obras. El aceite que alimenta la llama, es el amor. El ser sensato no depende de un conocimiento mayor sino de la plenitud de Vida.

Así se entiende que las sensatas no compartan el aceite con las necias. No es egoísmo. Es que resulta imposible amar en nombre de otro. Nuestra lámpara no puede arder con aceite prestado. Dar sentido a la vida no se puede improvisar en un instante. Solo con lo que hay de Dios en mí, descubierto, reconocido, desplegado, puede considerarse encendido nuestro ser. Ese despliegue constituye la Sabiduría de la que nos hablaba la primera lectura. Sin esa llama, seremos irreconocibles incluso para el mismo Dios.

Interpretar la parábola en el sentido de que debemos estar preparados para el día de la muerte, es tergiversar el evangelio. El esperar una venida futura de Jesús, es pura mitología que nos lleva a un callejón sin salida. La parábola no hace especial hincapié en el fin, sino en la inutilidad de una espera que no va acompañada de una actitud de amor y de servicio. Las lámparas deben estar encendidas siempre; si esperamos a prepararlas en el último momento, toda la vida transcurrirá carente de sentido.

Obsesionados por la “salvación eterna” y para el más allá, hemos interpretado esta parábola como una advertencia de preparación para la muerte, o peor aún, para el juicio. Nada más lejos del sentido del relato. Si el aceite es el amor, que hace funcionar la vida cristiana, no podemos pensar en el último día para que tenga sentido. Hay que buscar una interpretación más de acuerdo a todo el mensaje de Jesús.

La venida de Jesús al final de los tiempos, es una imagen escatológica que no podemos tomar al pie de la letra; tiene un significado mucho más profundo. Jesús, con su muerte en la cruz, consumió todo su aceite en una llamarada que sigue iluminándonos. El don total de sí mismo trasformó todo lo humano en divino. Allí culminó su “historia” porque solo permanecerá identificado con Dios, y Dios está fuera del tiempo y del espacio.

Los cristianos cayeron en la trampa de entender la segunda venida de Jesús de una manera temporal. Nosotros seguimos esperando esa segunda venida en la que no se hablará de cruz, sino de gloria para todos. No nos gusta cómo terminó Jesús su paso por la tierra. Esta es la causa por la que hemos inventado un futuro a nuestro gusto para él y para nosotros. Nos sentiríamos muy a gusto si volviera lleno de gloria y nos comunicara a los “buenos” esa misma gloria. Esta visión raquítica, la hacemos desde nuestro falso yo, que nunca aceptará el desaparecer, mucho menos consumirse en beneficio de los demás.

Si de queremos dejar de ser necios y empezar a ser sensatos, debemos desplegar nuestra vida desde otra perspectiva. Tenemos que abandonar todo proyecto de glorificación, sea en este mundo o sea en el otro, y entrar por el camino del servicio a los demás hasta la entrega total. El aceite solo da luz a costa de consumirse. Si aceptamos el programa del evangelio solo porque nos han prometido una “gloria”, la cosa no puede funcionar. Estamos completamente equivocados si pretendemos alzarnos con el santo y la limosna.

 

Meditación-contemplación

“Yo soy la luz del mundo”.

Su experiencia de Dios, fue su lámpara encendida.

Dentro de ti debes descubrir el aceite.

Si prende, dará luz que alumbrará tus pasos.

Tú eres la lámpara, el aceite y la luz.

Nadie te lo puede prestar, porque es tu propia vida.

 

¿Qué hacemos con las naciones?

POR DANIEL INNERARITY
Diario de Noticias

Los conflictos se vuelven irresolubles cuando caen en manos de quienes los definen de manera tosca y simplificada; desde el momento en el que los problemas políticos se reducen a cuestiones de legalidad u orden público, cuando aparece una idea de legalidad que invita a los jueces a hacerse cargo del asunto, en cuanto se enfrenta un nosotros contra ellos de los que se ha eliminado cualquier atisbo de pluralidad y todos los matices de la pertenencia…, a partir de entonces todo está perdido hasta que no recuperemos una descripción del problema que lo acepte en toda su problematicidad. Leer más

Mi itinerario teológico: Un balance a los 65 años

ARREGI

Koinonía


 

Agradecemos muy cordialmente al autor su amable permiso para publicar esta síntesis, muy resumida (como al 50%) del texto original del mismo título publicado, en José Antonio BADIOLA (ed.), Esperamos porque confiamos. En el 50 aniversario de la Facultad de Teología de Vitoria-Gasteiz, Editorial Eset, Vitoria-Gasteiz, 2017, pp. 951-987.

A final del curso 2017-2018 me jubilaré. Por eso, cuando José Antonio Badiola, el Decano, me extendió la amable invitación para que escribiera una colaboración con ocasión de las Bodas de Oro de la Facultad de Teología de Vitoria-Gasteiz, pensé que se me ofrecía una oportunidad para hacer un balance de mi itinerario teológico, por pobre que sea. Leer más

La unidad de España, bien moral. ¿Qué significa eso?

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

Enviado a la página web de Redes Cristianas

El cardenal Cañizares, (Antonio Cañizares Llovera (Utiel, Valencia, 15 de octubre de 1945), suele afirmar frecuentemente ese aserto, y parece decirlo convencido, porque ha sido muy, ¡muchísimo!, reiterativo. A mí también me gusta que se mantenga la unidad de España, me parece algo bueno, provechosos para todos, mucho más positivo que lo contrario, que sería la división, más útil más barato, mas bonito, y mucho más sencillo y ventajoso: y, por todos esos motivos, mucho más lógico. Leer más

LA MENTE Y LA REALIDAD

I. EL MUNDO QUE TOMAMOS POR REAL ES UNA CREACIÓN DE LA MENTE

La mente no puede captar lo real, porque la trasciende por completo. Lo más que puede hacer es elaborar sistemas de creencias a partir de lo que constituye su primer postulado: la idea del propio yo.

El resultado es que todas las personas creen estar en la verdad. Y en cierto modo es así: cada una tiene la suya. Sin embargo, ninguna “verdad” sustentada por la mente es real. Es solo una construcción mental, que proyecta “fuera” lo que ella percibe. Y de esa manera crea un mundo acorde con sus propias creencias, juicios, preferencias…, para terminar concluyendo que eso es verdad. Y ciertamente lo es para quien se halla en ese nivel, pero no tiene nada que ver con lo real. Leer más

Urteko 32. igandea – 32 Tiempo ordinario, -A- José A. Pagola

– A (Mateo 25,1-13)

Evangelio del 12 / Nov / 2017
por Coordinador – Mario González Jurado

PIZTU FEDE AHITUA – ENCENDER UNA FE GASTADA

Lehen kristau-belaunaldia konbentziturik bizi izan zen Jesus, Jaun berpiztua, laster batean itzuliko zela biziaz blai. Ez zen, ordea, horrelakorik izan. Pixkana, Jesusen jarraitzaileek prestatu beharra izan zuten luzaro zain-zain bizitzeko.

Ez da zaila irudikatzea buruan sortuko zitzaizkien galderak. Nola eutsi bizirik hasiera hartako espirituari? Nola bizi esna Jauna etorri arte? Nola elikatu fedea itzaltzen utzi gabe? Eztei batean gertatuaz Jesusek esandako kontakizun batek erantzuna asmatzen lagundu zien.

Hamar neskatilak, andregaiaren adiskidek, beren argi-ontziak piztu zituzten eta senargaiari harrera egiteko prestatu ziren. Ilunabarrean, senargaia andregaia hartzera iritsiko denean, biei lagunduko diete senargaiaren etxera eramango dituen segizioan, han ospatuko baita eztei-otordua.

Bada xehetasun bat narratzaileak hasieratik nabarmendu nahi izan duena. Neskatilen artean bost zentzudunak dira eta oso begiratuak; berekin hartu dute olioa argiontziak elikatzeko su-lama beheratu ahala. Beste bostak tuntunak dira eta axolagabeak; ahaztu egin dira olioa hartzeaz, argi-ontziak itzaltzeko arriskuarekin.

Laster jabetuko dira beren okerraz. Senargaia atzeratu egin da eta ez da iritsi gauerdia arte. Harrera egitera joateko deia entzun dutenean, zentzudunek elikatu dute nork bere argi-ontziko su-lama olioz, eta lagun egin diote senargaiari jai-gelara sartuz. Tuntunek ez dakite zer egin, lantuka hasi baizik: «Itzaltzen ari zaizkigu argi-ontziak». Olio bila joan direlarik, eztei-gelara iritsi dira baina atea itxia dago. Beranduegi.

Iruzkingile askok olioaren sinboloari ezkutuko esanahi bat bilatu nahi izan dio. Berotasun espiritualaz mintzo ote da Jesus?, maitasunaz?, bataioko graziaz?… Agian, sinpleagoa da haren desira handia gogoratzea: «Lurrera sua ekartzera etorri naiz, eta zer nahi izan nezake erre dadin baizik?» Gure fedea gehiago esnatzeko, ba ote da ezer hoberik Jesusekin harreman biziak izatea baino?

Ez ote da zozokeria handia fede ahitua gorde nahi izatea, Jesusen suaz ez bada? Ez ote da kontraesan bat kristau garela uste izatea, haren egitasmoa ezagutu gabe eta haren bizierak erakartzen gaituela sentitu gabe?

Zorrotz, kalitate berri bat ezarri beharra dugu harekiko harremanei. Zaindu beharra gure bizitzaren erdigunean hura bera jartzen lagunduko digun guztia. Energiarik ez galtzea haren Ebanjeliotik zabartzen eta urruntzen gaituen ezertan. Igandero geure fedea harrotzea Jesusen hitzak hausnartuz eta biziro harekin bat eginez. Ezin eraldatu ditu inork ere gure kristau-elkarteak Jesusek bezala.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

32 Tiempo ordinario – A (Mateo 25,1-13)

Evangelio del 12 / Nov / 2017

por Coordinador – Mario González Jurado

ENCENDER
UNA FE GASTADA

La primera generación cristiana vivió convencida de que Jesús, el Señor resucitado, volvería muy pronto lleno de vida. No fue así. Poco a poco, los seguidores de Jesús se tuvieron que preparar para una larga espera.

No es difícil imaginar las preguntas que se despertaron entre ellos. ¿Cómo mantener vivo el espíritu de los comienzos? ¿Cómo vivir despiertos mientras llega el Señor? ¿Cómo alimentar la fe sin dejar que se apague? Un relato de Jesús sobre lo sucedido en una boda les ayudaba a pensar la respuesta.

Diez jóvenes, amigas de la novia, encienden sus lámparas y se preparan para recibir al esposo. Cuando, al caer el sol, llegue el novio a tomar consigo a la esposa, los acompañarán a ambos en el cortejo que los llevará hasta la casa del esposo, donde se celebrará el banquete nupcial.

Hay un detalle que el narrador quiere destacar desde el comienzo. Entre las jóvenes hay cinco «sensatas» y previsoras que toman consigo aceite para alimentar sus lámparas a medida que se vaya consumiendo la llama. Las otras cinco son unas «necias» y descuidadas que se olvidan de tomar aceite, con el riesgo de que se les apaguen las lámparas.

Pronto descubrirán su error. El esposo se retrasa y no llega hasta medianoche. Cuando se oye la llamada a recibirlo, las sensatas alimentan con su aceite la llama de sus lámparas y acompañan al esposo hasta entrar con él en la fiesta. Las necias no saben sino lamentarse: «Que se nos apagan las lámparas». Ocupadas en adquirir aceite, llegan al banquete cuando la puerta está cerrada. Demasiado tarde.

Muchos comentaristas tratan de buscar un significado secreto al símbolo del aceite. ¿Está Jesús hablando del fervor espiritual, del amor, de la gracia bautismal…? Tal vez es más sencillo recordar su gran deseo: «Yo he venido a traer fuego a la tierra, ¿y qué he de querer sino que se encienda?». ¿Hay algo que pueda encender más nuestra fe que el contacto vivo con Jesús?

¿No es una insensatez pretender conservar una fe gastada sin reavivarla con el fuego de Jesús? ¿No es una contradicción creernos cristianos sin conocer su proyecto ni sentirnos atraídos por su estilo de vida?

Necesitamos urgentemente una calidad nueva en nuestra relación con él. Cuidar todo lo que nos ayude a centrar nuestra vida en su persona. No gastar energías en lo que nos distrae o desvía de su Evangelio. Encender cada domingo nuestra fe rumiando sus palabras y comulgando vitalmente con él. Nadie puede transformar nuestras comunidades como Jesús.

José Antonio Pagola

 

 

Domingo 12 de noviembre de 2017, 32º Ordinario, Koinonía

Sab 6,12-16: Encuentran la sabiduría quiénes la buscan
Salmo 62:
Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío
1Tes 4,13-17:
A los que han muerto en Jesús, Dios los llevará con él

Mateo 25,1-13

¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «Se parecerá el reino de los cielos a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: «¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!» Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas: «Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas.» Pero las sensatas contestaron: «Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis.» Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: «Señor, señor, ábrenos.» Pero él respondió: «Os lo aseguro: no os conozco.» Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora.»

En estos domingos «finales» del año litúrgico, los textos nos dirigen una invitación a reflexionar sobre el «final» de toda existencia. Éste final es considerado no sólo como la meta en que la vida adquiere realización o acabamiento, sino también como la meta del caminar histórico colectivo del ser humano y de la realidad toda. Semanas para contemplar este aspecto ineludible de nuestras vidas.

La primera lectura, del Libro de la Sabiduría, es un himno que canta los maravillas de la Sabiduría. Ésta sale al encuentro de quienes la buscan, de quienes la aman, y ella misma se muestra. La sabiduría es una cualidad, una manera en que Dios se manifiesta a quienes realmente le buscan. La única condición para que este encuentro se llegue a dar, es estar abierto a la sabiduría, buscarla; como se busca a Dios. (Importante darse cuenta de que la Sabiduría es presentada en este libro como «personificada», pero no «hipostasiada»: la personificación es simplemente una figura literaria, una forma de hablar).

Por su parte Pablo, en la carta a los Tesalonicenses, intenta responder las dudas de algunos hermanos que han ingresado hace poco a la comunidad. Estos hermanos consideran desfavorecidos a los difuntos porque iban a estar ausentes de la cercana venida del Señor. Pablo reafirma la enseñanza que él recibió. Los que murieron en Jesús estarán presentes con él en el último día. Ellos resucitarán en primer lugar y los que quedemos seremos llevados al Señor. Por que si creemos que Jesús murió y resucitó, Dios llevará consigo a quienes murieron en Jesús, pues para Pablo en el bautismo, expresión de conversión, nos sumergimos en la muerte del Señor para resucitar con él; así mismo quienes murieron con Cristo resucitan con él porque han participado del camino, del seguimiento, y la alegría por continuar anunciando la Utopía de Dios, que llamamos Reino. Terreno difícil para distinguir lo que es sustancia de nuestra fe –o de nuestra esperanza- sin confundirla con una cosmología o mitología del tiempo y de la cultura helenista que no era la de Jesús… teniendo en cuenta que la cosmología o representación de la vida y la muerte en la cultura de la sociedad en que vivió Jesús tampoco son para nosotros «Palabra de Dios»…

El evangelio del día de hoy nos trae la parábola de las diez vírgenes, prudentes y necias, que estaban esperando al novio. Recordemos que el reino de Dios también es simbolizado con un banquete de bodas… «El novio» designa a Jesús mismo (Mateo 9,15).

La parábola nos enseña que el final de cada persona depende del camino que ella escoja, y que de alguna manera, la muerte es consecuencia de la vida –prudente o necia– que se ha llevado. Muchachas necias son las que han escuchado el mensaje de Jesús pero no lo han llevado a la práctica. Muchachas prudentes son las que lo han traducido en su vida, por eso entran al banquete del Reino. De esta manera, la lectura del evangelio se enmarca en la preocupación de los cristianos recién convertidos de la comunidad de Tesalónica, Grecia, (los Tesalonicenses), la preocupación por el final de los tiempos.

La parábola es una seria llamada de atención para nosotros. «ustedes velen, porque no saben el día ni la hora«. No dejen que en ningún momento se apague la lámpara de la fe, porque cualquier momento puede ser el último. Estén atentos, porque la fiesta de la vida está teniendo lugar ya, ahora mismo. El Reino está ya aquí. Enciendan las lámparas con el aceite de la fe, con el aceite de la fraternidad, de la caridad mutua. Nuestros corazones llenos así de luz nos permitirán vivir la auténtica alegría aquí y ahora. Los demás, los que viven a nuestro alrededor se verán también iluminados, conocerán también el gozo de la presencia del Novio esperado. Jesús nos pide que nunca nos falte ese aceite en nuestras lámparas.

Ciertamente tenemos que aprovechar el momento presente, pero para construir fraternidad, no para buscar de manera egoísta nuestro propio bienestar. Las vírgenes necias pusieron otro aceite en sus lámparas: el que sólo sirve para alumbrar egoístamente nuestro camino. No pudieron entrar en la fiesta de la boda. Y si hubiesen entrado no hubiesen entendido absolutamente nada. En la fiesta de la hermandad los que sólo miran por su propio interés se aburren.

Sería bueno preguntarnos de qué tipo es el aceite que alimenta nuestras lámparas. Sería bueno examinar cómo trabajamos día a día para aumentar la intensidad de nuestro fuego, y de nuestras reservas. ¿O acaso desperdiciamos las ocasiones de crear fraternidad, de amar y servir a los hermanos?

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 70 de la serie «Un tal Jesús», de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «Con las lámparas encendidas». El audio, el guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: https://radialistas.net/article/70-con-las-lamparas-encendidas/

 

3 DE CADA 10 JÓVENES ESPAÑOLES AFIRMAN QUE LA IGLESIA ES LA INSTITUCIÓN EN LA QUE MENOS CONFÍAN

Jesús Bastante.- La confianza de los jóvenes españoles en las instituciones religiosas está bajo mínimos. Según el último Barómetro 2017 de ProyectoScopio elaborado por el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud de la FAD, un 32,8% de los jóvenes de nuestro país de entre 15 y 29 años consideran que las religiosas son las instituciones en las que menos confían. La Iglesia es, según esta encuesta, la segunda institución que genera menos confianza entre los jóvenes españoles.   Leer más….