Siete pistas sobre el incierto futuro de Catalunya y España

Iñigo Sáenz de Ugarte
El Diario.es

La independencia como estado de ánimo

Hay dos requisitos necesarios para conseguir la independencia y separarse de un Estado. La primera es controlar un territorio, ser capaz de dictar el funcionamiento de la actividad social con independencia de lo que dicte la ley anterior. La segunda es obtener un reconocimiento internacional significativo, contar con aliados exteriores potentes con los que equilibrar las fuerzas. Ese segundo requisito sirve sobre todo para compensar las carencias del primero en el caso muy probable de que el Estado se decida a contraatacar. Leer más

Luteranos y católicos firman una declaración conjunta a los 500 años de la Reforma

(Jesús Bastante).- «Pedimos perdón por nuestros fracasos, las formas en que los cristianos han herido el Cuerpo del Señor y se han ofendido unos a otros durante los 500 años transcurridos desde el inicio de la Reforma hasta hoy». Así reza la ‘Declaración conjunta’ que la Federación Luterana Mundial y el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos han suscrito hoy «al finalizar el 31 de octubre de 2017, el año de conmemoración. Leer más…. común de la Reforma».

 

José Ignacio Calleja: «No es fácil para la Iglesia ‘mediar’ en Catalunya, pero, en todo lo que pueda, debe»

(José Ignacio Calleja*).- El encuentro de la política con la religión provoca todavía un mar de dudas sobre de qué se habla en cada situación. Cuando la convivencia social discurre por caminos de concordia, las sociedades modernas resuelven con soltura la legítima autonomía de cada uno de estos ámbitos. Cuando estalla, sin embargo, el conflicto político, más pronto que tarde aparece la religión como razón añadida al derecho de cada parte y, a la vez, como Iglesias donde buscar una mediación que facilite el encuentro de los adversarios-enemigos para evitar la barbarie. Los casos son innumerables y el último, más insinuado que articulado, entre los gobiernos de España y Cataluña, ahora mismo. Leer más….

 

Cataluña como problema de conciencia (I)

Román Díaz Ayala.- Leer más….Los actuales problemas que estamos sufriendo en toda España a causa del conflicto político  catalán se ha ido reconduciendo por los medios de comunicación como un conflicto de dos distintas identidades. Se ha de reconocer el éxito de quienes lideran la causa independentista. Y  tal problema identitario,  como un choque de dos culturas diferenciadas que no han podido convivir, sino por el sometimiento de la identidad catalana a la española centralista. Lo que empezó siendo un eslogan político-mediático: “España nos roba” nacido del pujolismo ha ido creando un imaginario colectivo de “España nos oprime” en todos los órdenes de la vida social y política por lo que para ser enteramente libres debe el pueblo de Cataluña, en base a su soberanía individual, única e indivisible organizarse en un Estado independiente que mediante una nueva legalidad apruebe una “Ley de Desconexión” con el Estado español.

 

CURAS DONOSTIARRAS DENUNCIAN POR ENÉSIMA VEZ LOS «DESMANES PASTORALES» DE SU OBISPO

(José Manuel Vidal).- Llegó, hace siete años a San Sebastián, donde fue recibido con la repulsa pública del 90% de su clero. Pero el obispo impuesto, José Ignacio Munilla, decidió responder a sus curas críticos con una política de «tierra pastoral quemada», en la que sólo tienen cabida los «suyos», curas y colaboradores en su mayoría «importados», que responden a su estilo de Iglesia piramidal. Pero, a pesar del paso del tiempo y del poder ejercido sin miramientos por parte del prelado, los curas críticos no tiran la toalla y vuelven a denunciar, una vez más, los «desmanes pastorales» de monseñor Munilla. «Por si alguien en Roma nos escucha», dicen entre esperanzados y desconfiados. Leer más….

 

«Nadie es más que nadie». Domingo 31 T.O. -A-, Fray Marcos

(Mal 2, 8-10)  ¿No tenemos todos un sólo Padre? ¿No nos creó el mismo Señor?

(1Tes 2, 7-13) «Os tratamos con delicadeza, como una madre a sus hijos.»

(Mt 23, 1-12) «No os dejéis llamar maestro ni jefe; no llaméis a nadie padre.»

«Nadie es más que nadie. Lo que nos diferencia es lo accidental, es decir, lo que no debía tener ninguna importancia para nosotros.»

Sigue el mismo discurso. Después de las controversias, Mt sigue hablando para su comunidad y poniendo en boca de Jesús lo que quiere decir él a aquellos cristianos. Su intención es hacer ver la diferencia entre el antiguo Israel y la nueva comunidad. En el relato de hoy, Jesús no habla a los fariseos, sino a la gente y a sus discípulos. Mt pide a su comunidad que no caiga en los mismos errores que critica. Su preocupación está justificada, porque el cristianismo cayó muy pronto en un fariseísmo peor que el judío.

Nos llevaría demasiado tiempo el explicar cada una de las frases que hemos leído. Vamos a revisar solo algunas. La verdad es que hoy no se necesita ninguna exégesis especializada. Se entiende todo perfectamente. Otra cosa es, que nos interese, de verdad, seguir las directrices del evangelio. De muchos, que se encuentran hoy sentados en cátedras, se podía decir lo mismo que el evangelio dice a los fariseos. ¡Qué poco han cambiado las cosas! El texto sigue teniendo hoy una rabiosa actualidad.

El ambiente reflejado en este texto, no es el del tiempo de Jesús, sino el de la comunidad de Mt. los furibundos ataques contra los fariseos que aparecen en los evangelios, seguramente no corresponden a Jesús, sino a una situación que comienza a partir de la destrucción del Templo en el año 70. Fue entonces cuando, desaparecido el sacerdocio y el culto, los fariseos se hicieron con el absoluto control del judaísmo e impusieron a todos su manera de pensar. Solo entonces decidieron expulsar del judaísmo a los cristianos y declararles formalmente herejes.

Lo que reflejan los evangelios es la reacción de los cristianos contra esos fariseos, que se mantuvo a través de los siglos. En el texto de hoy encontramos dos pistas para descubrir que esas palabras no las dijo Jesús: a) Nunca pudo decir que el único Señor era él mismo. b) La denominación de “hermanos”, que el evangelista pone en boca de Jesús, fue un distintivo de la primera comunidad cristiana. El saber que no lo dijo Jesús no resta un ápice la importancia de la advertencia a aquellas primeras comunidades.

Ellos no hacen lo que dicen. No es exacto que los fariseos fueran por definición “fariseos”. Eran cumplidores, pero su rigorismo en la interpretación de la Ley les obligó a disimular que eran incapaces de cumplirla, para poder seguir exigiendo a los demás lo que ellos no hacían. Pero el engaño mayor consistía en exigirles en nombre de Dios, unas prácticas que no les podían traer salvación, porque solo eran preceptos humanos.

Cargan a la gente con fardos pesados e insoportables. Eran 613 los preceptos que tenía que cumplir todo israelita para ser fiel a la Ley, según algunos, todos tenían la misma importancia. En ese fárrago de prescripciones, la vida humana quedaba aprisionada y las personas sumidas en una frustración alienante. Recordemos que Jesús había dicho: “Mi yugo es llevadero y mi carga ligera”.

Todo lo que hacen es para que los vea la gente. Cuando se pone la perfección en el cumplimiento de normas externas, solo caben dos salidas: En la medida que la alcances, la soberbia. Soy más que los demás y puedo mirarlos por encima del hombro. En la medida que no la alcanzas, la simulación. Lo que los demás piensen de mí es más importante que lo que soy realmente. De ahí el afán por exagerar todos los signos externos de religiosidad. Muchos cristianos de hoy estamos es esa misma dinámica.

Vosotros, en cambio… Aquí tenemos la clave del texto. La nueva comunidad no debe comportarse como los fariseos, sino desde la autenticidad. Esto es lo que quiere dejar claro Mt. El mensaje central del evangelio consiste en abandonar todo intento de superioridad y entrar en una dinámica de servicio incondicional a los demás. Cuando Jn habla del pecado del mundo, se refiere siempre al oprimir o al dejarse oprimir.

“No os dejéis llamar maestros, no llaméis a nadie padre, no os dejéis llamar jefes”. ¡Qué poco dura lo auténtico! Seguramente ya se empezaba a estructurar la comunidad y ya había, en aquella época, quien quería ser más que los demás. Los seres humanos somos capaces de remover el cielo y la tierra, con tal de justificar el estar pon encima de los demás y de alguna manera utilizarlos en beneficio propio.

El primero entre vosotros será vuestro servidor. Jesús exige lo que él vivió. El mismo Jesús comenta en otro lugar: “lo mismo que el Hijo de hombre no ha venida para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos”. Recordad que cuando Jn dice “dar su vida”, no emplea “zoe” ni “bios”, sino “psiques”. No está hablando de la vida biológica, que entregó en la cruz, sino de la vida sicológica (propiamente humana) que pone al servicio de los demás durante toda su andadura.

Ciertamente, a primera vista el principal reproche  se hace a los superiores. A ello nos empuja también la primera lectura. Sin duda ninguna la jerarquía debía hacer un serio examen de conciencia partiendo de estas palabras del evangelio y de otras que van en la misma dirección, pero los títulos se los damos nosotros. Una vez más debemos recordar que Jesús no lanza sus diatribas contra la autoridad, sino contra la autoridad que se ejerce como poder. El que quiera ser primero que sea el último y el servidor de todos.

La Iglesia empezó muy pronto a organizarse copiando en su estructura el organigrama del imperio. Poco a poco, le fue dando más importancia al poder, y terminó sacralizándolo, en contra del evangelio. Una vez que entró por esa dinámica, no ha visto la manera de salir de ella. Desde la Edad Media, se han alzado en todas las épocas voces en contra de la estructura de poder (jerarquía) de la Iglesia Romana. Nadie ha sido capaz de emprender con éxito esa renovación. Juan Pablo I lo anunció, pero no vivió para realizarla.

No toda la culpa la tienen los superiores. Un examen cuidadoso de la psicología humana, nos llevara a descubrir, que somos los inferiores los que tendemos a buscar el refugio de otras personas en las que depositamos la confianza para encontrar seguridad, a cambio de que nos liberen de las responsa­bilidades, aunque eso suponga un cierto grado de sumisión.  La carga de que me libero parece mayor de la que supone la sumisión. Esta es la trampa, porque actuando de esta manera renunciamos a la libertad responsable.

Obedecer órdenes no garantiza el cumplimiento de la voluntad de Dios. Ser fiel a Dios es ser fiel a ti mismo, a tu auténtico ser. Lo que Dios quiere de ti, te lo está diciendo Él desde dentro de ti mismo. Entre Dios y tú no puede haber intermediarios. Todo el que quiera doblegar tu voluntad en nombre de Dios, te está engañando. Es verdad que nunca podremos alcanzar la plenitud en soledad, pero los demás, todos los demás, tienen que ayudarme a descubrir el camino de esa plenitud, mostrándome el camino para alcanzarla o indicándome los errores que me lo puedan impedir.

 

Meditación

En el orden espiritual, nadie es más que nadie.

Todo lo que somos se lo debemos a Dios

Y Dios da a todos lo mismo porque se da Él mismo.

La energía para caminar ya la tengo.

Falta saber en qué dirección tengo que orientar mis pasos.

El que ya ha subido cumbre, puede mostrarme las dificultades.

 

José Ignacio Calleja: «Asistimos al secuestro de ‘España’ por fanáticos y tramposos»

Cuando el conflicto estalla hasta ser insostenible, la primera víctima es la verdad. ¿A quién la importa la verdad a estas alturas?

(José Ignacio Calleja, moralista).- La verdad que si leyera mil y un artículos de juristas y expertos sociales, ya no escribiría del mismo modo. Más aún, la lectura de casi todo sobre algo termina en la parálisis del pensamiento. Porque esto es lo primero: cuando el conflicto estalla hasta ser insostenible, la primera víctima es la verdad. ¿A quién la importa la verdad a estas alturas? Leer más

Urteko 31. igandea – Domingo 31 T. O. Ciclo A, José A. Pagola

A (Mateo 23,1-12)

Evangelio del 5 / Nov / 2017
por Coordinador – Mario González Jurado

DIOTENA EZ DUTE EGITEN – NO HACEN LO QUE DICEN

Haserre profetikoz mintzo da Jesus. Beraren hitzaldia, jendeari eta bere ikasleei zuzendua, Israelgo buruzagi erlijiosoei egindako kritika zorrotza da. Mateok laurogeigarren urte inguruan jaso du hori, kristau Elizaren gidariak antzeko jokabidean eror ez daitezen.

Ekar ote genitzake gaur gogora Jesusen akusazio horiek bakez, konbertsio-jarreraz, polemika antzuetarako gogorik gabe? Jesusen hitzak gonbita dira, gotzainek, apaizek eta eliz erantzukizunen bat dugun guztiok geure jarduerari berrikusi bat egin diezaiogun.

«Diotena ez dute egiten». Geure bekaturik handiena inkoherentzia dugu. Ez dugu bizi predikatzen duguna. Badugu botererik, baina aginpidea zaigu falta. Geure jokabideak gezurtatzen gaitu. Zuzendarien biziera ebanjelikoago baten etsenpluak giroa aldatuko luke kristau-elkarte askotan.

«Zama astun eta jasanezinak lotzen dituzte eta gizon-emakumeei lepoan ezartzen; berek, ordea, ez dute mugitzen hatz bat ere haiek eramateko». Egia da. Sarritan zehatz eta zorrotz izan ohi gara besteekin, ulerkor eta sentibera geure buruarekin. Jende xumea estutzen dugu geure eskakizunekin, eta ez diegu errazten Ebanjelioaren harrera. Ez gara Jesus bezalako, hura bere zama nola arinduko ibiltzen da, apal eta bihotz-xume da eta.

«Jendeak ikus ditzan egiten dute den-dena». Ezin ukatu dugu oso gauza erraza dela geure irudiari nola eutsiko bizitzea, ia beti besteen aurrean nola «ondo geldituko» bila. Ez gara bizi zokorik zokoena ikusten duen Jainko horren aurrean. Arduratsuago gara geure izen pertsonalaz.

«Lehen postuak dituzte atsegin eta lehen jarlekuak […] eta kalean agur egin diezaieten eta maisu deitu diezaieten». Lotsa ematen digu aitortzea, baina hori dugu gustuko. Tratu berezia eman diezaguten nahi izaten dugu, eta bilatzen, eta ez anaia edo arreba gehiago bezala. Ba ote gauza barregarriagorik, Jesusen lekuko bat kristau-elkarteak bereizi eta adeitasunez har dezan bila ibiltzea baino?

«Ez utzi maisu esan diezazueten […] ezta irakasle ere […] zeren bat bakarra baita zuen Maisua eta zuen Irakaslea: Kristo». Ebanjelioaren agindua ezin izan da argiagoa: uko egin tituluei, Kristori itzalik ez egiteko; norabidetu fededunen arreta harengana bakarrik. Zergatik ez du Elizak ezer egiten hainbat titulu, hainbat onura-bide, hainbat ohore eta duintasun-adierazpen ezabatzeko, argiago agertze aldera Jesusen aurpegi apal eta hurbila?

«Ez deitu inori zeuen aita lurrean, bakarra baita zuen Aita: zerukoa». Jesusentzat, Aita titulua hain bakarra, sakona eta bihozkoia da, non inork ez bailuke hartu behar titulu hori kristau-elkartean. Zergatik uzten dugu erabiltzen?

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

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31 Tiempo ordinario – A (Mateo 23,1-12)

Evangelio del 5 / Nov / 2017
por Coordinador – Mario González Jurado

NO HACEN
LO QUE DICEN

Jesús habla con indignación profética. Su discurso, dirigido a la gente y a sus discípulos, es una dura crítica a los dirigentes religiosos de Israel. Mateo lo recoge hacia los años ochenta para que los dirigentes de la Iglesia cristiana no caigan en conductas parecidas.

¿Podremos recordar hoy las recriminaciones de Jesús con paz, en actitud de conversión, sin ánimo alguno de polémicas estériles? Sus palabras son una invitación para que obispos, presbíteros y cuantos tenemos alguna responsabilidad eclesial hagamos una revisión de nuestra actuación.

«No hacen lo que dicen». Nuestro mayor pecado es la incoherencia. No vivimos lo que predicamos. Tenemos poder, pero nos falta autoridad. Nuestra conducta nos desacredita. Un ejemplo de vida más evangélica de los dirigentes cambiaría el clima en muchas comunidades cristianas.

«Atan cargas pesadas e insoportables y las ponen sobres las espaldas de los hombres; pero ellos no mueven ni un dedo para llevarlas». Es cierto. Con frecuencia somos exigentes y severos con los demás, comprensivos e indulgentes con nosotros. Agobiamos a la gente sencilla con nuestras exigencias, pero no les facilitamos la acogida del Evangelio. No somos como Jesús, que se preocupa de hacer ligera su carga, pues es humilde y de corazón sencillo.

«Todo lo hacen para que los vea la gente». No podemos negar que es muy fácil vivir pendientes de nuestra imagen, buscando casi siempre «quedar bien» ante los demás. No vivimos ante ese Dios que ve en lo secreto. Estamos más atentos a nuestro prestigio personal.

«Les gusta el primer puesto y los primeros asientos […] y que les saluden por la calle y los llamen maestros». Nos da vergüenza confesarlo, pero nos gusta. Buscamos ser tratados de manera especial, no como un hermano más. ¿Hay algo más ridículo que un testigo de Jesús buscando ser distinguido y reverenciado por la comunidad cristiana?

«No os dejéis llamar maestro […] ni preceptor […] porque uno solo es vuestro Maestro y vuestro Preceptor: Cristo». El mandato evangélico no puede ser más claro: renunciad a los títulos para no hacer sombra a Cristo; orientad la atención de los creyentes solo hacia él. ¿Por qué la Iglesia no hace nada por suprimir tantos títulos, prerrogativas, honores y dignidades para mostrar mejor el rostro humilde y cercano de Jesús?

«No llaméis a nadie padre vuestro en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el del cielo». Para Jesús, el título de Padre es tan único, profundo y entrañable que no ha de ser utilizado por nadie en la comunidad cristiana. ¿Por qué lo permitimos?

José Antonio Pagola

 

 

Domingo 5 de noviembre de 2017, 31º Ordinario, Koinonía

Mal 1,14b–2,2b.8-10: Se apartaron del camino
Salmo 130:
Guarda mi alma en la paz, junto a ti, Señor
1Tes 2,7b-9.13:
Deseábamos entregarles el Evangelio
Mt 23,1-12:
No hacen lo que dicen

Mateo 23,1-12

No hacen lo que dicenEn aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a sus discípulos, diciendo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen. Ellos lían fardos pesados e insoportables y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar. Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y ensanchan las franjas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias por la calle y que la gente los llame maestros.

Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar maestro, porque uno solo es vuestro maestro, y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo. No os dejéis llamar consejeros, porque uno solo es vuestro consejero, Cristo. El primero entre vosotros será vuestro servidor. El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»

Comentarios Evangélicos:

Malaquías es un profeta de la época postexílica, o sea, después de que a finales del siglo VI a.C. el pueblo judío que se hallaba en Babilionia retornara a Jerusalén. Su labor se concentró en cuestionar la política de los exiliados que comenzaron a expropiar a la gente que habitaba las tierras de Palestina y que llevaba allí más de medio siglo. La mayor parte de los exiliados estaban más preocupados por hacer fortuna y ocupar la mayor parte de tierra posible, que por reedificar los fundamentos éticos, sociales y fraternos del nuevo Israel.

Por su parte, los habitantes de la provincia de Judá, Galilea y Samaría se vieron sacudidos por una ola de agresivos repatriados que, disponiendo de cuantiosos capitales, pretendían apoderarse de la tierra tratando a la gente del país como extranjeros. Esta situación echó por tierra la esperanza de muchos profetas que esperaban que Israel hubiera cambiado su proceder después del exilio. Lo peor de todo era que esta manera abusiva y violenta de proceder era liderada por un grupo de levitas que se consideraban los propietarios de la auténtica religión de Israel.

El profeta Malaquías es muy directo en sus denuncias. Utiliza el mismo lenguaje ampuloso y rimbombante de las celebraciones litúrgicas para denunciar las arbitrariedades de la casta sacerdotal que se aprovecha de la ignorancia de la gente humilde de la provincia para cometer toda clase de atropellos. Lo peor de todo es que los que se presentan como baluartes de la Ley, no tengan ni el más mínimo sentido de justicia. No respetar el derecho de los pobres es violar la alianza del Señor, y ésta es una ofensa más grave que cualquier infracción ritual o disciplinaria.

La enseñanza de Jesús se orienta en esta misma dirección y pone en jaque las pretensiones de tantas personas que preocupándose por la ortodoxia descuidan los principios elementales de la justicia.

La catequesis se ha preocupado durante muchos siglos por transmitir la doctrina correcta, y por que la gente muriera como «hijos fieles de la Iglesia». Saber el catecismo, a poder ser de memoria, era muy importante. No apartarse lo más mínimo de «la fe de la Iglesia», era prácticamente lo más valorado. Este interés catequético es legitimo, pero es necesario preguntar: la catequesis que se preocupó tanto por la «doctrina correcta», la llamada «ortodoxia», se preocupó igualmente por la práctica correcta, la llamada «ortopraxis»?

El evangelio de Mateo es directo y tajante. Nos pide aceptar la ortodoxia pero siempre y cuando esté basada y fundamentada en la ortopraxis, es decir, en la práctica de la justicia. Pues, anunciar las doctrinas correctas, que todo el mundo acepta, es muy fácil. Lo difícil es practicarlas. Por eso, urge más revisar nuestras prácticas catequéticas que los sistemas doctrinales.

Durante mucho tiempo nuestra catequesis se limitó, en gran parte, a memorizar preceptos, doctrinas y fórmulas. El evangelio nos pide que, sin olvidar todo esto, nos preocupemos de realizar lo que ellas proponen. Lo fundamental de toda la doctrina cristiana, contenida en el evangelio, es la práctica comunitaria de la caridad expresada en una exigencia irrevocable de justicia. La comunidad cristiana existe para enunciar buenas noticias a la humanidad. Se convierte ella misma en buena noticia cuando transforma las realidades de muerte en caminos hacia la vida en abundancia y no cuando se anuncia a sí misma.

Por esta razón, la catequesis no puede convertirse en una transmisión individual de contenidos religiosos, sino en una práctica pedagógica comunitaria. La comunidad sólo puede enseñar y aprender con el ejemplo y la participación de todos sus integrantes, sin distinción de sexo, edad u oficio ministerial. Pues, mientras se trate de practicar y enseñar la justicia nadie está eximido de ser catequista y nadie está excluido de ser catecúmeno.

 

 

Lutero: V centario de la Reforma protestante (II y III)

(Saturnino Rodríguez).- Continuamos con la figura de Lutero y la Reforma protestante cuyo V Centenario (31 octubre 1517) celebran por primera vez unidas las iglesias cristianas Católica, Ortodoxa y Reformada (Evangélica o protestante), en esta 2ª parte continuando la 1ª parte de la Biografía las «Dietas» del emperador Carlos V y un breve Resúmen de la Teología y pensamiento de Lutero,que seguirá en la 3ª parte para acabar con una 4ª sobre «Ecumenismo camino de la Unión». Leer más