Adela Cortina: «O sacamos los arrestos éticos, o muchos quedarán en el camino»

EFE
Religión Digital
La filósofa y catedrática de Ética explica que hay que decidir si se quiere una sociedad unida en la que trabajen todos juntos para que la gente esté mejor, o una marcada por la separación y el ir «unos contra otros»

«No se trata de hacer una jugada corta», sino de «construir el futuro»

«Tenemos que sacar todos nuestros arrestos éticos y morales y enfrentarnos al futuro con gallardía, porque si no mucha gente va a quedar sufriendo por el camino, y a eso no hay derecho», advierte la filósofa y catedrática de Ética Adela Cortina ante la pandemia de coronavirus.

En una entrevista con EFE, Cortina (Valencia, 1947) asegura que la sociedad va a «cambiar radicalmente» después de esta crisis, que habrá «un antes y un después» y que para poder salir delante se va a necesitar toda «la capacidad moral» y todo el «capital ético» de cada uno.

Plantearnos el futuro y decidir unidad o disgregación

La catedrática de Ética de la Universitat de València destaca que los seres humanos… Leer más…

El Papa se suma al «alto el fuego global e inmediato en todos los rincones del mundo» propulsado por Naciones Unidas

Jesús Bastante
Religión Digital

El Papa se suma al «alto el fuego global e inmediato en todos los rincones del mundo» propulsado por Naciones Unidas

«Nuestro compromiso conjunto contra la pandemia lleve a todos a reconocer nuestra necesidad de fortalecer los lazos fraternales como miembros de la única familia humana”

«¡Los conflictos no se resuelven con la guerra! Es necesario superar los antagonismos y contrastes a través del diálogo y la búsqueda constructiva de la paz”

«Dios no nos creó para la tumba, nos creó para la vida, hermosa, buena, alegre”

El Papa Francisco se sumó este mediodía al llamamiento lanzado por el secretario general de la ONU para un «alto el fuego global e inmediato en todos los rincones del mundo», al menos durante el tiempo que dure la pandemia. “La actual emergencia del COVID-19 no conoce fronteras” apuntó durante el rezo del Angelus, celebrado, en estos días de confinamiento, en la Biblioteca del Palacio Apostólico… Leer más…

DOMINGO DE RAMOS -(A)- de Fray Marcos

(Mt 21,1-11) Mira a tu rey que viene a ti, humilde, montado en un pollino.
(Is 50,4-7) Ofrecí la espalda a los que me golpeaban…
(Flp 2,6-11) “Tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos”.
(Mt 26,14-27,66) Pasión según San Mateo.

Jesús nos salvó viviendo. Aunque podemos considerar su muerte en la cruz como la definitiva expresión de su actitud vital.

Hoy la liturgia comienza con el recuerdo de la entrada “triunfal” en Jerusalén. Es muy difícil precisar el sentido exacto que pudo dar Jesús a la entrada en Jerusalén de ese modo tan peculiar. Seguramente no coincidió con la interpretación que le dieron sus discípulos y la gente que le seguía. Cuando se fijaron por escrito estos relatos, ya habían pasado cuarenta o cincuenta años, y sus seguidores habían cambiado radicalmente la comprensión de Jesús. En estos textos se han mezclado datos históricos, prejuicios sobre el Mesías y tradiciones del AT sobre otra clase de mesianismo que no era el oficial.

Con los datos que tenemos no podemos pensar en una entrada “triunfal”. Si era política, no lo hubiera permitido el poder romano. Si era religiosa, no lo hubiera permitido el poder religioso. Ambos tenían medios más que suficientes para actuar contra una manifestación masiva. Mucho más en Pascua, que era momento de máxima alerta política y religiosa. No cabe duda de que algo pasó históricamente, pero no debemos imaginarlo como un acto espectacular sino como un acto profético desplegado por pocas personas. De hecho todos los grupos de peregrinos llegaban en ambiente festivo: ¡Que alegría cuando me dijeron…!

Seguramente se trató de una muestra de adhesión por parte del pequeño grupo que acompañaba a Jesús, a los que posiblemente se unieron otros que venían de Judea y Galilea. Recordemos que la subida a la fiesta de Pascua se hacía siempre en grupos numerosos, en los que se manifestaba el júbilo por acercarse a la ciudad santa y al Templo. Los gritos son intentos de dar una explicación a lo que estaba ocurriendo. Lo mismo los mantos y ramos expresan la actitud de los que seguían a Jesús.

La inmensa mayoría del pueblo estuvo siempre del lado de los jefes. Estos son los que piden la muerte de Jesús. No tiene sentido insistir en que el mismo pueblo que lo aclama hoy como Rey, pida el viernes su crucifixión. Tampoco podemos minimizar el número de los seguidores de Jesús. Los evangelios nos dicen que en varias ocasiones los dirigentes no se atrevieron a detenerle en público por el gran número de seguidores. El hecho de que lo detuvieran de noche con la ayuda de un traidor, indica el miedo de los dirigentes.

Pasión y muerte de Jesús

Pocos aspectos de la vida de Jesús han sido tan manipulados como su muerte. Llegar a pensar que a Dios le encanta el sufrimiento humano y que por lo tanto no solo hay que aceptarlo, sino buscarlo voluntariamente, ha sido tal vez la mayor tergiversación del Dios de Jesús. Desde esta perspectiva, es lógico que se pensara en un Dios que exige la muerte de su propio hijo para poder perdonar los pecados de los seres humanos. Esta idea es lo más contrario a la predicación de Jesús sobre Dios que pudiéramos imaginar.

1º La muerte de Jesús no fue ni exigida, ni programada, ni permitida por Dios. El Dios de Jesús no necesita sangre para poder perdonarnos. Seguir hablando de la muerte de Jesús como condición para que Dios nos libre de nuestros pecados, es la negación más rotunda del Dios de Jesús. Esa manera de explicar el sentido de la muerte de Jesús no nos sirve hoy de nada, es más, nos mete en un callejón sin salida. La muerte de Jesús, desvinculada de su predicación y de su vida no tiene el más mínimo valor o significado.

2º La muerte en la cruz no fue el paso obligado para llegar a la gloria. El domingo pasado veíamos que la muerte biológica no quita ni añade nada a la verdadera Vida. Con Vida plena puede uno estar muerto, y en la misma muerte biológica puede haber plenitud de Vida. Jesús murió por ser fiel a Dios. Jesús quiso dejar claro, que seguir amando como Dios ama, es más importante que conservar la vida biológica. No murió para que Dios nos amara, sino para demostrar que ya nos ama, con un amor incondicional.

A Jesús le mataron porque estorbaba a aquellos que habían hecho de Dios y la religión un instrumento de dominio y opresión de los más débiles. La muerte de Jesús no se puede separar de su profetismo, es decir, de su denuncia de la injusticia; sobre todo la que se ejercía en nombre de la Ley y el templo. Su opción por los pobres y excluidos fue su mensaje fundamental. Esta actitud, defendida en nombre de Dios, resultó inaguantable para los que sólo buscaban su interés y mantener sus privilegios.

Al demostrar que para él el amor era más importante que la vida biológica, Jesús nos enseña el camino hacia la Vida definitiva que no es afectada por la muerte física. Ese camino nos lleva a la plenitud humana, que no está en asegurar nuestro “ego”, ni aquí ni en un más allá, sino en alcanzar la plenitud del amor que nos identifica con Dios. Amando como Dios ama potenciamos nuestro verdadero ser y lo llevamos al máximo de sus posibilidades. La única cualidad exclusiva del hombre es la capacidad de entrega.

Tenemos que descubrir la presencia de ese Dios en nuestro sufrimiento, en nuestra misma muerte. No podemos seguir buscando nuestra plenitud en el triunfo y en la gloria. La prueba de esta incomprensión es que seguimos preguntando: ¿Por qué tanto sufrimiento y tanta muerte? ¿Dónde está el Dios Padre? Seguimos pensando que el dolor y la muerte son incompatibles con Dios. Un Dios que no nos dé seguridades, no nos interesa. Un Dios que no garantice la permanencia del yo egoísta no nos interesa.

Está claro que una parte de nosotros está con los dirigentes judíos y no quiere saber nada del  dolor y de la muerte. “No quiero cantar ni puedo…” Otra parte de nosotros se siente atraída por ese hombre que viene a manifestar la verdadera Vida y que en ese camino hacia la plenitud, no da ninguna importancia a la vida terrena. En el fondo de nosotros mismos, algo nos dice que Jesús tiene razón, que el único camino hacia la Vida es aceptar la muerte. Pero despegarnos de nuestro “yo” sigue siendo una meta inalcanzable.

Si tomamos concencia de que Jesús llegó al grado máximo de humanidad cuando fue capaz de amar por encima de la muerte, descubriremos donde está la verdadera Vida. El secreto está en descubrir que no puede haber Vida si no se acepta la muerte. También la muerte física, pero sobre todo la muerte a nuestro “ego” individualista. Jesús nos enseña que estamos aquí para deshacernos de todo lo que hay en nosotros de terreno, de caduco, de material, para que lo que hay de Divino se manifieste en Unidad-Amor.

A través de discursos racionales, por muy brillantes que estos sean, nunca podré entender el mensaje de Jesús. Solamente profundizando en lo más hondo de mí mismo, llegaré a comprender el sentido profundamente humano de mi existencia. Lo paradójico es que cuando descubra mi verdadera humanidad, entenderé lo que tengo de divino y se producirá la unidad de todo mi ser. En la recuperación de la unidad de lo que no era más que un dualismo maniqueo, encontraré la verdadera armonía, paz y felicidad.

Meditación

Escucha con atención la Pasión, pero ve más allá del relato.

Deja que te empape el misterio de la VIDA, manifestado en Jesús.

Su muerte es el signo inequívoco del amor absoluto.

La VIDA es más fuerte que la muerte en Jesús y en todo el que la viva.

La VIDA está ya en ti, pero puede que no la hayas descubierto.

Aprovecha estos días para ahondar en tu propio pozo y descubrirla.

Para profundizar

 Vivir lo que vamos a celebrar no es tan sencillo

Llevamos tanto tiempo acomodándolo

Que resulta imposible llenarlo de sentido

Entra Jesús triunfante y va a la muerte

Pero nadie aceptamos que es muerte de verdad

Y la hemos convertido en un salvoconducto

Para alcanzar la gloria que es lo nuestro

Esa necesidad de gloria es concesión al ego

Que de manera astuta se sale con la suya

La muerte por amor es la meta absoluta

Aniquilado el ego, solo queda lo eterno

Ni Jesús entregado necesita otra gloria

Ni nosotros encontrar otra meta

Si el Dios de Jesús hubiera organizado el calendario

Solo había una fiesta: la del Viernes

Jesús allí consuma su carrera

Y allí alcanza la Gloria pues no hay otra

Dar otra gloria a Jesús es engañarnos

Dos mil años y aún vivimos en la inopia

Entregarme sin esperar un premio

Será mi meta pues he llegado al límite

Seguir buscando cinco pies al gato

Será frustrante pues solo tiene cuatro

Si intentas comprender lo que has leído

Es que aún estás muy lejos de vivirlo

No rumies más y quédate en silencio

Tal vez descubras la esencia de lo humano.

Erramu igandea – Domingo de Ramos -(A)- (Mateo 26,14-27,66) de José A. Pagola

Evangelio del 05-Abr-2020
por Coordinador – Mario González Jurado

EZ ZAITEZ JAITSI GURUTZETIK

Ebanjelioen kontaerak dioenez, Jesus gurutziltzatuaren aurretik igarotzen zirenek iseka egiten zioten, eta, beraren sufrimenaz barre eginez, bi iradokizun sarkastiko egiten zizkioten: Jainkoaren Semea bazara, «salba ezazu zeure burua» eta «jaitsi zaitez gurutzetik».

Horixe da, zehazki, gure erreakzioa sufrimenduaren aurrean: geure burua salbatu, geure ongizatea bakarrik kontuan hartu eta, ondorioz, heriotza saihestu, bizitza guztian sufriaraz gaitzakeen guztia nola urrunduko ibili. Gu bezalakoa izango ote da Jainkoa ere? Kontuan bere burua eta bere zoriona bakarrik duen norbait?

Jesusek ez dio erantzun iseka ari zaizkionen probokazioari. Ez du hitzik esan. Ez da argibiderik emateko ordua. Isiltasuna du bere erantzun guztia. Mespretxua agertzen diotenentzat begirunea eta, batez ere, errukia eta maitasuna den isiltasuna da.

Isiltasuna hautsi, aldarri erdiragarriaz Jainkoari dei egiteko bakarrik hautsi du Jesusek isiltasuna: «Ene Jainko, ene Jainko, zergatik utzi nauzu eskutik?». Ez dio eskatu salba dezan gurutzetik eraitsiz. Soilik, ez dadila ezkuta, ez dezala bera bakarrik utzi heriotzako ordu horretan, mutur-muturreko sufrimendu horretan. Eta Jainkoa, beraren Aita, isilik gelditu da.

Jainkoaren isiltasun hori hondoraino adituz bakarrik ikusten ahal dugu beraren misterioaren apur bat. Jainkoa ez da izaki boteretsu eta garaile bat, lasaka eta zoriontsu bat, giza sufrimenduaz axolagabe bat, baizik eta Jainko isila, ahaltasun gabea eta umiliatua, gurekin batean sufritzen duena oinazea, iluna eta heriotza bera.

Horregatik, Gurutziltzatua kontenplatzean, gure erreakzioa ezin izan da iseka eta mespretxua, baizik eta konfiantzazko eta esker oneko otoitza: «Ez zaitez jaitsi gurutzetik. Ez gaitzazu utzi bakarrik geure atsekabean. Zertarako izango genuke on gure sufrimendua ezagutuko ez lukeen Jainko bat? Nork ulertzen ahal liguke?».

Norengan jartzen ahal lukete esperantza ezkutuko hainbat eta hainbat kartzelatako torturatuek? Norengan jartzen ahal lukete esperantza hainbat eta hainbat emakume umiliatu eta bortxatuk, inolako defentsarik gabek? Zeri heltzen ahal liokete gaixo kroniko eta hilzorikoek? Nork eskaintzen ahal liekete kontsolamendurik hainbat gerla, terrorismo, gose eta miseriatako biktimei? Ez. Ez zaitez jaitsi gurutzetik, zeren, geure ondoan «gurutziltzaturik» zu sentitzen ez bazaitugu, «galduago» gertatuko baikara.

Jose Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Domingo de Ramos – A (Mateo 26,14–27,66)

Evangelio del 05 / Abr / 2020

por Coordinador – Mario González Jurado

NO TE BAJES DE LA CRUZ

Según el relato evangélico, los que pasaban ante Jesús crucificado se burlaban de él y, riéndose de su sufrimiento, le hacían dos sugerencias sarcásticas: si eres Hijo de Dios, «sálvate a ti mismo» y «bájate de la cruz».

Esa es exactamente nuestra reacción ante el sufrimiento: salvarnos a nosotros mismos, pensar solo en nuestro bienestar y, por consiguiente, evitar la cruz, pasarnos la vida sorteando todo lo que nos puede hacer sufrir. ¿Será también Dios como nosotros? ¿Alguien que solo piensa en sí mismo y en su felicidad?

Jesús no responde a la provocación de los que se burlan de él. No pronuncia palabra alguna. No es el momento de dar explicaciones. Su respuesta es el silencio. Un silencio que es respeto a quienes lo desprecian y, sobre todo, compasión y amor.

Jesús solo rompe su silencio para dirigirse a Dios con un grito desgarrador: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?». No pide que lo salve bajándolo de la cruz. Solo que no se oculte ni lo abandone en este momento de muerte y sufrimiento extremo. Y Dios, su Padre, permanece en silencio.

Solo escuchando hasta el fondo este silencio de Dios descubrimos algo de su misterio. Dios no es un ser poderoso y triunfante, tranquilo y feliz, ajeno al sufrimiento humano, sino un Dios callado, impotente y humillado, que sufre con nosotros el dolor, la oscuridad y hasta la misma muerte.

Por eso, al contemplar al Crucificado, nuestra reacción no puede ser de burla o desprecio, sino de oración confiada y agradecida: «No te bajes de la cruz. No nos dejes solos en nuestra aflicción. ¿De qué nos serviría un Dios que no conociera nuestros sufrimientos? ¿Quién nos podría entender?».

¿En quién podrían esperar los torturados de tantas cárceles secretas? ¿Dónde podrían poner su esperanza tantas mujeres humilladas y violentadas sin defensa alguna? ¿A qué se agarrarían los enfermos crónicos y los moribundos? ¿Quién podría ofrecer consuelo a las víctimas de tantas guerras, terrorismos, hambres y miserias? No. No te bajes de la cruz, pues, si no te sentimos «crucificado» junto a nosotros, nos veremos más «perdidos».

José Antonio Pagola

Domingo 5 de Abril – Domingo de Ramos -(A). Servicios Koinonía

LECTURAS DEL DOMINGO DE RAMOS:

Isaías 50,4-7: No me tapé el rostro ante los ultrajes
Salmo 21: ¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?
Filipenses 2,6-11: Se humilló, por eso Dios lo ensalzó sobre todo
Mateo 27,11-54 (o 26,14–27,66): Pasión de N. S. Jesucristo

Comentario a los textos bíblicos:

De entrada, pedimos disculpas a quienes buscarán aquí un comentario bíblico-litúrgico «normal» -que esperamos podrán encontrar fácilmente en la red-. Esta vez nosotros vamos a tratar de hacer un comentario pensando en aquellas personas que -como también nosotros ante el comentario que teníamos ya redactado- se sienten mal ante ese ámbito de conceptos bíblicos que se repiten y enlazan indefinidamente sin salir de un ambiente en el que muchos de nosotros -que pensamos como personas seculares, de la calle, con las preocupaciones diarias de la vida- nos sentimos incómodos.

En efecto, muchos de nuestros comentarios bíblicos al uso, todo ese conjunto de conceptos e imágenes que se manejan en las homilías, pareciera que se mueven en «otro mundo», un mundo propio de referencias bíblicas intrasistémicas, que funcionan con una lógica particular diferente, y que están de antemano inmunizadas contra toda crítica, porque, en ese ambiente bíblico-litúrgico al que están destinados, en las homilías, los «fieles» deben recibirlo todo sin chistar, sin siquiera preguntar, y, mejor aún, sin espíritu crítico y «con mucha fe». Quienes tenemos una fe más o menos crítica, una fe que no quiere dejar de ser de personas de hoy y de la calle, nos preguntamos: ¿es posible celebrar la semana santa de otra manera? ¿Así como buscamos «otra forma de creer», hay «otra forma de acoger y celebrar la semana santa»?

Veamos. Comencemos preguntándonos: ¿qué sienten, qué sentimos, ante la semana santa, muchas personas creyentes de hoy?

Muchos creyentes adultos (trabajadores, profesionales de las más variadas ramas, y también intelectuales, o simples personas cultas) se sienten mal cuando en semana santa entran en una celebración, captan el ambiente, y escuchan la predicación. Se ven de pronto sumergidos en un mundo de conceptos, símbolos, referencias bíblicas que giran en torno a la «Redención», algo que fuera del templo uno nunca se encuentra en ningún otro dominio de la vida: la «Redención». Lo que celebramos en semana santa -así perciben en el templo- es el gran misterio de todos los tiempos, lo más importante que ha ocurrido desde que el mundo es mundo: la «Redención»… El «hombre» fue creado por Dios (sólo en segundo término la mujer, según la Biblia), pero ésta, la mujer, convenció al varón para que comieran juntos una fruta prohibida por Dios. Aquello fue la debacle del plan de Dios, que se vino abajo, se interrumpió, y hubo de esperar hasta ser sustituido por un nuevo plan, el plan de la Redención, para redimir al ser humano que está en «desgracia de Dios» desde la comisión de aquel «pecado original», debido a la infinita ofensa que dicho pecado infligió a Dios.

Ese nuevo plan, de Redención, exigió la «venida de Dios al mundo», mediante su encarnación en Jesús, para así «asumir nuestra representación jurídica ante Dios y pagar» por nosotros a Dios una reparación adecuada por semejante ofensa infinita. Y es por eso por lo que Jesús sufrió indecibles tormentos en su Pasión y Muerte, para «reparar» aquella ofensa y redimir así a la Humanidad, y consiguiéndole el perdón de Dios y rescatándola del poder del demonio bajo el que permanecía cautiva.

Ésta la teología sobre la que se construyen y giran la mayor parte de las interpretaciones de la semana santa. Y éste es el ambiente ante el que muchos creyentes de hoy se sienten mal, muy mal. Sienten que se asfixian. Se ven trasladados a un mundo, que nada tiene que ver ni con el mundo real de cada día, ni con el de la ciencia, el de la información, o el del sentido más profundo de su vida. Por este malestar, otros muchos cristianos no sólo se han marchado de la semana santa tradicional, sino que se han alejado de la Iglesia. ¿Hay otra forma de entender la Semana Santa, que no nos obligue a transitar por esta teología en la que tantos ya no creen?

Ante todo, hay que decir -para alivio de muchos- que efectivamente, se puede no creer en tal teología. No se trata de ningún «dogma de fe» (aunque lo fuera, tampoco ello la haría creíble). Se trata de una genial construcción interpretativa del misterio de Cristo, debida a la intuición de san Anselmo de Canterbury, que, desde su visión del derecho romano, construyó, «imaginó» una forma de explicarse a sí mismo el sentido de la muerte de Jesús. Estaba condicionado por muchas creencias propias de la Edad Media, e hizo lo que pudo, y lo hizo admirablemente: elaboró una fantástica interpretación que cautivó las mentes de sus coetáneos tanto, que perduró hasta el siglo XX. Habría que felicitar a san Anselmo, sin duda.

El Concilio Vaticano II es el primer momento eclesial que supone un cierto abandono de la hipótesis de la Redención, o una interpretación de la significación de Jesús más allá de la Redención. Por supuesto que en los documentos conciliares aparece la materialidad del concepto, numerosas veces incluso, pero la estructura del pensamiento y de la espiritualidad conciliar van mucho por otro camino. El significado de Jesús para la Iglesia posconciliar -no digamos para la Iglesia con espiritualidad de la liberación- deja de pasar por el pecado original, por los terribles sufrimientos expiatorios de Jesús y por la genial «sustitución penal satisfactoria» ideada por Anselmo de Canterbury, la redención… Desaparecen estas referencias, y cuando sorpresivamente se oyen, suenan extrañas, o incluso suscitan rechazo. Es el caso de la película de Mel Gibson, que fue rechazada por tantos espectadores creyentes, no por otra cosa que por la imagen del «Dios cruel y vengador» que daba por supuesta, imagen que, evidentemente, hoy no sólo ya no es creíble, sino que invita vehementemente al rechazo.

¿Cómo celebrar la semana santa cuando se es un cristiano que ya no sintoniza con esas creencias medievales? Uno se siente profundamente cristiano, admirador de Jesús, discípulo suyo, seguidor de su Causa, luchador por su misma Utopía… pero se siente mal en ese otro ambiente asfixiante de las representaciones de la pasión al nuevo y viejo estilo de Mel Gibson, de los viacrucis, los pasos de las procesiones de semana santa, los cristos sangrantes flagelados y crucificados, las meditaciones las siete palabras, las horas santas que retoman repetitivamente las mismas categorías teológicas del san Anselmo del siglo XI… estando como estamos en el siglo XXI…

Bajo la semana santa que oficialmente se celebra, no dejan de estar, allá, lejos, bien adentro de sus raíces ancestrales, las fiestas que los indígenas originarios ya hacían sus celebraciones sobre la base cierta del equinoccio astronómico. Se trata de una fiesta que ha evolucionado muy diferentemente en cada cultura, y muy creativamente, al ser heredada de un pueblo a otro, y al contagiarse de una religión a otra. Una fiesta que fue heredada y recreada también por los israelitas nómadas como fiesta del cordero pascual, y después transformada por los israelitas sedentarios como fiesta de los panes ácimos, en recuerdo y como reactualización de la Pascua, piedra angular de la identidad israelita… Fiesta que los cristianos luego cristianizaron como la fiesta de la Resurrección de Cristo, y que sólo más tarde, con el devenir de los siglos, en la oscura Edad Media, quedó opacada bajo la interpretación jurídica de la redención…

¿Por qué quedarse, pues, prendidos de una interpretación medieval, cautivos de una teología y una interpretación que no es nuestra, que ya no nos dice nada, y que podríamos abandonar porque ya cumplió su papel? ¿Por qué no sentirse parte de esta procesión tan humana y tan festiva de interpretaciones y hermenéuticas, de mitos y «grandes relatos» incesantemente renovados y recreados, y aportar nosotros también a esta trabajada historia nuestra propia parte, lo que nos corresponde hoy, con creatividad, responsabilidad y libertad? No podemos dejar de pensar que «Otra semana santa es posible»… ¡y urgente, y legítima también!

No vamos a desarrollar aquí una nueva interpretación de estas fiestas. Bástenos ahora cumplir una pretensión doble: aliviar a los que se sentían culpables por desear que «otra semana santa fuera posible», por una parte, y, por otra, de invitar a todos a la creatividad, libre, consciente, responsable y gozosa. No en todas partes o en cualquier contexto será posible, pero sí lo será en muchas comunidades concretas. Si no lo es en la mía, podría serlo en alguna otra comunidad más libre y creativa que tal vez no esté muy lejos de la mía… ¿por qué no preguntar, por qué no buscarla?

—

Aunque los señalaremos concretamente en los próximos días, recordamos que los temas de la Pasión de Jesús están recogidos ampliamente en la serie «Un tal Jesús», principalmente en los episodios 106 a 126. Los audios y los guiones de estos episodios pueden recogerse libremente de http://radialistas.net/category/un-tal-jesus/ Por su carácter dramatizado, y por la mentalidad crítica con la que ya pudo ser escrita hace treinta y cinco años, la serie «Un tal Jesús» presenta, de un modo muy pedagógico, la visión de la vida de Jesús desde la perspectiva de la teología de la liberación.

– La serie «Otro Dios es posible», de los mismos autores, tiene un capítulo, el 85, titulado «¿Los judíos mataron a Cristo?», que puede ser útil para suscitar un diálogo-debate sobre el tema. Su guión puede recogerse de http://radialistas.net/article/85-los-judios-mataron-a-cristo/ y su audio de: http://radioteca.net/media/uploads/audios/%Y_%m/85.mp3

Para el simple estudio de la continua sucesión de interpretaciones de las fiestas a lo largo de la historia de Israel, se puede recurrir a Fiesta en honor de Yavé, de Thierry MAERTENS (disponible en la biblioteca de Koinonía: servicioskoinonia.org/biblioteca).

Como bibliografía en la que recuperar lo mejor de la visión clásica de la teología respecto a la pasión y muerte de Jesús desde la perspectiva de la liberación, recomendamos el excelente libro de BOFF Pasión de Cristo, Pasión del mundo (Sal Terrae en España, Indoamerican Press en Colombia, Vozes en Brasil… disponibilizado también en varios puntos de la red). Del mismo autor, el artículo 217 en la RELaT (servicioskoinonia.org/relat/217.htm): Cómo anunciar hoy la Cruz de nuestro señor Jesucristo.

No obstante, la recuperación que la teología de la liberación (TL) hizo de esta temática se queda corta hoy. La TL releyó la visión tradicional cristiana desde la perspectiva histórica y reinocentrista y desde la opción por los pobres, sí, pero dejó simplemente a un lado lo que no supo cómo recuperar, y no sometió a crítica los supuestos profundos de la visión clásica; simplemente los ignoró. En ese sentido, la propuesta de la TL no fue integralmente nueva, sino una «propuesta nueva que en parte mantenía los mismos fundamentos»… Hoy esos fundamentos están en crisis, y ahora sólo nos puede servir una propuesta realmente nueva, es decir, desde presupuestos nuevos, por ejemplo: sin «dos pisos», sin el histórico pecado original, sin un Dios-theos ahí fuera que se pueda ofender gravemente por un supuesto pecado humano, sin un Dios antropomórfico que pueda exigir «reparación para con su dignidad ofendida», sin unos mitos entendidos como narraciones históricas literales…

En este sentido, es el obispo John Shelby SPONG quien con más claridad y valentía está proponiendo reinterpretar el cristianismo desde una superación radical de este «mito básico cristiano», como lo llama él: cfr. el capítulo «Cambiando el mito básico cristiano» de su reciente libro «Un cristianismo nuevo para un mundo nuevo» [http://tiempoaxial.org] (Editorial Abya Yala [htpt://www.abyayala.org], Quito enero 2011). Véase un capítulo de ese libro, explícitamente sobre el tema de la redención, en la RELaT [http://servicioskoinonia.org/relat] titulado «Jesús como rescatador y redentor: una imagen que debe desaparecer» [http://servicioskoinonia.org/relat/380.htm].

También: Problemas en torno a la idea de expiación/satisfacción, de Robert J. DALY, en «Selecciones de Teología» 47/188(2008)310-324 (disponible en el portal de la revista «Selecciones de Teología», [http://www.seleccionesdeteologia.net]).

Acabaremos recordando que, como es obvio, la problemática de la Redención no es del Domingo de Ramos, ni siquiera de la semana santa… sino de todo el cristianismo; afrontarla tratando de «agarrar valientemente el toro por los cuernos» no es tarea para un domingo ni para una semana, sino para todo el año… Pero el domingo de ramos es una buena ocasión para plantearlo más detenidamente. Lo dejamos en manos de ustedes, lectores individuales y comunidades lectoras…

 

 

¿Dónde está la religión en estos tiempos de pandemia?

Victorino Pérez – Armonía en la diversidad
Religión Digital

¿Dónde está la religión? Se preguntaba Suso de Toro, amigo y colega en las páginas de opinión del diario gallego Nós. “¿Dónde está la religión?… en un momento en que estamos obligados a encarar con ansiedad la enfermedad y la muerte”. Y el conocido escritor gallego hablaba de un “vacío importante”.

Yo contestaba en mi columna de este miércoles –en el breve espacio de los dos mil caracteres– que la religión está en la vida de cada día, en la de mujeres y hombres que ríen y que lloran, en los que sufren y desesperan y en los que los atienden, en los que encuentran y dan razones para vivir en tiempos de desaliento. Una religión bien viva sobre todo cuando está imbuida de espiritualidad, y –para los cristianos– de Evangelio, más que de dogmatismos y normas infumables, de rituales rígidos, trasnochados e intolerantes, de autoritarismo y formas jerárquico-patriarcales.

La religión –añadía– está en estos días y siempre en la  atención solícita y amorosa a los enfermos y a los más indefensos y desgraciados de este mundo, a los últimos y a los que ven de cerca a la muerte; está en una “ética samaritana”, como recordaba recientemente  Frei Bento. Leer más…

Aceptémoslo, el estilo de vida que conocíamos no va a volver nunca

Redacción de Atrio

Vamos ya por la segunda semana de confinamiento y seguimos con la creciente sensación de irrealidad. En cifras de muertos ya España e Italia han superado a China. En contagiados en dos o tres días EE.UU. habrá conseguido ponerse a la cabeza. Todos los gobiernos del mundo, excepto Holanda; Suecia y algún otro, por diferente estrategia sanitaria o por irresponsabilidad supina, han tomado medidas de confinamiento y cese de actividades no necesarias, como en España. Hasta India lo ha impuesto hoy para más de mil millones de ciudadanos. No sé si queda quien crea que estamos siendo víctimas no de un virus que es como otras gripes sino víctimas de una paranoia mundial o de unas estrategias del golpe por Shock. Lo que hoy nos planteamos es cuánto va durar el gran confinamiento y el paro económico. Hoy me ha llegado un intento de predicción a nivel mundial, que parece serio, que coincide con la relativa relajación que empieza a darse en China y que se basa en que hasta otoño del año que viene no habrá vacuna fiable contra la pandemia. Ahí os lo dejo para que lo comentéis y saquéis consecuencias. Leer más…

Domingo 5º de Cuaresma (A) Fray Marcos

(Ez 37,12-14) Os infundiré mi espíritu y viviréis.

(Rom 8,8-11) No estáis en la carne, sino en el espíritu, que habita en vosotros.

(Jn 11,1-45) Yo soy la resurrección y la Vida. El que cree en mí tendrá Vida.

Ya tengo la  verdadera VIDA aquí y ahora. Si tomamos conciencia de que la VIDA ya está en nosotros, la preocupación por la vida no sería agobiante.

Lázaro es un personaje simbólico que nos representa en nuestra condición de criaturas limitadas, invitadas a superar los límites. Con la misma palabra “vida”, se hace referencia a conceptos tan diferentes que es difícil interpretarlos bien. De hecho, se puede dar la muerte en una vida fisiológica sana Y se puede dar la Vida con una salud deteriorada. No podemos tergiversar el texto hasta hacerle decir lo contrario de lo que quiere decir. Es indispensable que tratemos de dilucidar de qué Vida y de qué muerte estamos hablando.

En el relato de hoy, todo es simbólico. Los tres hermanos representan la nueva comunidad. Jesús está totalmente integrado en el grupo por su amor a cada uno. Unos miembros de la comunidad se preocupan por la salud de otro. La falta de lógica del relato nos obliga a salir de la literalidad. Cuando dice Jesús: “esta enfermedad no acabará en la muerte sino para revelar la gloria de Dios”; y al decir: “Lázaro está dormido: voy a despertarlo”, nos está indicando el verdadero sentido de todo el relato.

Si seguimos preguntando si Lázaro resucitó o no, físicamente, es que seguimos muertos. La alternativa no es, esta vida, solamente aquí abajo u otra vida después, pero continuación de esta. La alternativa es: vida biológica sola, o Vida definitiva durante esta vida y más allá de ella. Que Lázaro resucite para volver a morir unos años después, no soluciona nada. Sería ridículo que ese fuese el objetivo de Jesús. Es realmente sorprendente, que ni los demás evangelistas, ni ningún otro escrito del NT, mencione un hecho tan espectacular como la resurrección de un cuerpo ya podrido.

Jesús no viene a prolongar la vida física, viene a comunicar la Vida de Dios que él mismo posee. Esa Vida anula los efectos catastróficos de la muerte biológica. Es la misma Vida de Dios. Resurrección es un término relativo, supone un estado anterior de vida física. Ante el hecho de la muerte natural, la Vida que sigue, aparece como renovación de la vida que termina. “Yo soy la resurrección” está indicando que es algo presente, no futuro y lejano. No hay que esperar a la muerte para conseguir Vida.

Para que esa Vida pueda llegar al hombre, se requiere la adhesión a Jesús. A esa adhesión responde él con el don del Espíritu-Vida, que nos sitúa más allá de la muerte física. El término “resurrección” expresa solamente su relación con la vida biológica que ya ha terminado. “Quién escucha mi mensaje y da fe al que me mandó, posee Vida definitiva” (5,24). Esto quiere decir que todo aquel que tenga una actitud como la que tuvo Jesús en su vida, participa de esa Vida. Esa Vida es la misma que vive Jesús.

Jesús corrige la concepción tradicional de “resurrección del último día”, que Marta compartía con los fariseos. Para Jn, el último día es el día de la muerte de Jesús, en el cual, con el don del Espíritu, la creación del hombre queda completada. Esta es la fe que Jesús espera de Marta. No se trata de creer que Jesús puede resucitar muertos. Se trata de aceptar la Vida definitiva que Jesús posee y puede comunicar al que se adhiere a él. Hoy seguimos con la fe para el más allá de Marta, que Jesús declara insuficiente.

¿Dónde le habéis puesto? Esta pregunta, hecha antes de llegar al sepulcro, parece insinuar la esperanza de encontrar a Lázaro con Vida. Indica que son ellos los que colocaron a Lázaro en el sepulcro, lugar de muerte sin esperanza. El sepulcro no es el lugar propio de los que han dado su adhesión a Jesús. Al decirles: “Quitad la losa”. Jesús pide a la comunidad que se despoje de su creencia. Los muertos no tienen por qué estar separados de los vivos. Los muertos pueden estar vivos y los vivos, muertos.

 Ya huele mal. La trágica realidad de la muerte se impone. Marta sigue pensando que la muerte es el fin. Jesús quiere hacerle ver que no es el fin; pero también que sin  muerte no se puede alcanzar la verdadera Vida. La muerte sólo deja de ser el horizonte último de la vida cuando se asume y se traspasa. “Si el grano de trigo no muere…” Nadie puede quedar dispensado de morir, ni el mismo Jesús. Jesús invita a Nicodemo a nacer de nuevo. Ese nacimiento es imposible sin morir antes a todo lo que creemos ser.

Al quitar la losa, desaparece simbólicamente la frontera entre muertos y vivos. La losa no dejaba entrar ni salir. Era la señal del punto y final de la existencia. La pesada losa de piedra ocultaba la presencia de la Vida más allá de la muerte. Jesús sabe que Lázaro había aceptado la Vida antes de morir, por eso ahora está seguro de que sigue viviendo. Es más, solo ahora posee en plenitud la verdadera Vida. “El que cree en mí, aunque haya muerto vivirá”. La Vida es compatible con la muerte.

Es muy importante la oración de Jesús en ese momento clave. Al levantar los ojos a “lo alto” y “dar gracias al Padre”, Jesús se coloca en la esfera divina. Jesús está en comunicación constante con Dios; su Vida es la misma Vida de Dios. No se dice que haya pedido nada. El sentido de la acción de gracias lo envuelve todo. Es consciente de que el Padre se lo ha dado todo, entregándose Él mismo. La acción de gracias se expresa en gestos y palabras, pero en Jesús manifiesta una actitud permanente.

Al gritar: ¡Lázaro, ven fuera! Esta confirmando que el sepulcro donde le habían colocado, no era el lugar donde debía estar. Han sido ellos los que le han colocado allí. El creyente no está destinado al sepulcro, porque aunque muere, sigue viviendo. Con su grito, Jesús quiere mostrar a Lázaro vivo. Los destinatarios del grito son ellos, no Lázaro. Ellos tienen que convencerse de que la muerte física no ha interrumpido la Vida. Entendido literalmente, sería absurdo gritar para que el muerto  oyera.

Salió el muerto con las piernas y los brazos atados. Las piernas y los brazos atados muestran al hombre incapaz de movimiento y actividad, por lo tanto, sin posibilidad de desarrollar su humanidad (ciego de nacimiento). El ser humano, que no nace a la nueva Vida, permanece atado de pies y manos, imposibilitado para crecer como tal ser humano. Una vez más es imposible entender la frase literalmente. ¿Cómo pudo salir, si tenía los pies atados? Parecía un cadáver, pero estaba vivo.

Lázaro ostenta todos los atributos de la muerte, pero sale él mismo porque está vivo. La comunidad entera tiene que tomar conciencia de su nueva situación, que escapa a toda comprensión racional. Por eso se utiliza la gran metáfora “Desatadlo y dejadlo que se marche”. Son ellos los que lo han atado y ellos son los que deben soltarlo. No devuelve a Lázaro al ámbito de la comunidad, sino que le deja en libertad. También ellos tienen que desatarse del miedo a la muerte que paraliza. Ahora, sabiendo que morir no significa dejar de vivir, podrán entregar su vida con plena libertad como Jesús.

Meditación

El relato nos invita a pasar de la muerte a la Vida.

Se trata de la Vida que no termina, la definitiva.

Es la misma Vida de Dios, comunicada al hombre.

Es la ÚNICA VIDA que lo inunda todo.

No es algo que Dios nos da o deja de darnos.

Es Dios comunicándonos su mismo ser.

Su ser es el fundamento de nuestro verdadero ser.

Jesús nos invita a descubrir y a vivir esa realidad.            

 Para profundizar

 Todo discurso sobre Dios es analógico

Entendido literalmente, te llevará al absurdo (piensa en el credo)

“VIDA”, la gran metáfora para tocar al Dios incognoscible

La vida biológica es pálido reflejo de la que a Dios atañe

Confundirlas es arruinar el gigantesco esfuerzo

Con todo, sigue siendo metáfora de aquella Realidad que no abarcamos

La VIDA no es un ser, es movimiento, manifestado en borbotones múltiples

Sin que podamos adivinar su esencia, esa VIDA  nos lanza al infinito

La VIDA (Dios) es total, sin fronteras y puede dar sentido a mi efímera vida

Ni la vida biológica de Jesús ni la de Lázaro merecerían atención alguna

Si no estuviera en juego la otra VIDA

Se trata de la misma VIDA de Dios que es absoluta

A la que ni la muerte puede afectar en nada

El texto quiere decir que estará siempre en el vivo y el muerto

El relato habla de mí, que vivo en la materia,

Para que me esfuerce por descubrir la VIDA,

Creer en Jesús es hacer mía esa VIDA

Y asegurar la eternidad desde este instante.

La palabra “resurrección” nos traicionó en seguida.

Era una metáfora radical y profunda

Y la tomamos en sentido literal biológico.

Así nos alejamos del mensaje pascual

Y nos enfrascamos en la visión carnal del acontecimiento.

Lázaro muerto vive en la auténtica VIDA

Jesús crucificado vive en la VIDA de Dios

Que siempre desplegó en su vida caduca.

Garizumako 5. igandea (A) (Joan 11,1-45) José A. Pagola

Evangelio del 29 / Mar / 2020
por Coordinador – Mario González Jurado

ATE BAT ZABALIK

Harrapatuegi gauzka «honakoago» [oraingo mundu] honek, «haratago» [geroko mundu] hartaz arduratu ahal izateko. Nahasten eta esklabotzen gaituen bizi-erritmoak mendean harturik, eguneroko albisteen eta gertaeren informazio itogarriak josirik, garapen teknikoak eskura jartzen dizkigun erakargarritasunez liluraturik, ematen du, ez dugula mugitzeko leku dugun «bizitza hau» baino zeruertz zabalagoren beharrik.

Zertan pentsatu «beste bizitza batean»? Ez ote da gauza zentzuzkoagoa, gure indar guztiak mundu honetan geure bizitza ahalik hobekien antolatzen eralgitzea? Ez al genuke saiatu behar oraingo bizitza hau eman ahal guztian bizitzen, gainerako guztia isilik utziz? Ez al da hobe bizitza hau onartzea beraren iluntasun eta enigmekin, eta «haratagoko» hura alde batera uztea, ezertan ere ezagutzen ez dugun misterio denez?

Halaz guztiz, gaur egungo gizakiak, beste aro guztietakoak bezala, badaki norberaren izatearen hondoan badela ezkutuan galdera bat, erantzuteko seriosagoa eta zailagoa dena: zer izango da gu guztion eta gutako bakoitzaren azkena? Gure ideologia edo fedea edozein delarik ere, aurrez aurre dugun zinezko problema geure geroa dugu. Zein azken dugu zain?

Peter Berger-ek errealismo sakonaz gogoratu digu: «gizarte oro, azken batean, aurrez aurre heriotza duen gizon-emakumeen talde bat da». Horregatik, hain justu, heriotzaren aurrean ageri ohi da argienik «egungo zibilizazioaren egia, –gauza kuriosa– ez baitaki zer egin heriotzarekin, hau ezkutatzen saiatu baizik eta iskin egin baizik ahalik gehien beraren erronka tragikoari.

Sakonagoa ematen du pertsona batzuen jarrerak; Eduardo Chillidarenak, adibidez, behin batean hitz hauek jaulki baitzituen: «Heriotzaz, arrazoiak esaten dit erabatekoa dela. Arrazoiaz, arrazoiak esaten dit mugatua dela».

Hemen dugu kokatu behar fededunaren jarrera, bai baitaki aurre egiten, errealismoz eta errespetuz, heriotzaren bazterrezineko gertaerari, baina Kristo piztuagan duen errotiko konfiantzatik jokatzen duelarik. Konfiantza bat, «kanpotik» ezin ulertu dena eta, noizbait, bere izatearen hondoan Jesusen hitz hauek aditu dituenak bakarrik bizi dezakeena: «Neu naiz piztuera eta bizia». Sinesten al duzu hau?

Jose Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

5 Cuaresma – A (Juan 11,1-45)

Evangelio del 29 / Mar / 2020
por Coordinador – Mario González Jurado

UNA PUERTA ABIERTA

Estamos demasiado atrapados por el «más acá» para preocuparnos del «más allá». Sometidos a un ritmo de vida que nos aturde y esclaviza, abrumados por una información asfixiante de noticias y acontecimientos diarios, fascinados por mil atractivos que el desarrollo técnico pone en nuestras manos, no parece que necesitemos un horizonte más amplio que «esta vida» en la que nos movemos.

¿Para qué pensar en «otra vida»? ¿No es mejor gastar todas nuestras fuerzas en organizar lo mejor posible nuestra existencia en este mundo? ¿No deberíamos esforzarnos al máximo en vivir esta vida de ahora y callarnos respecto a todo lo demás? ¿No es mejor aceptar la vida con su oscuridad y sus enigmas, y dejar «el más allá» como un misterio del que nada sabemos?

Sin embargo, el hombre contemporáneo, como el de todas las épocas, sabe que en el fondo de su ser está latente siempre la pregunta más seria y difícil de responder: ¿qué va a ser de todos y cada uno de nosotros? Cualquiera que sea nuestra ideología o nuestra fe, el verdadero problema al que estamos enfrentados todos es nuestro futuro. ¿Qué final nos espera?

Peter Berger nos ha recordado con profundo realismo que «toda sociedad humana es, en última instancia, una congregación de hombres frente a la muerte». Por ello, es ante la muerte precisamente donde aparece con más claridad «la verdad» de la civilización contemporánea, que, curiosamente, no sabe qué hacer con ella si no es ocultarla y eludir al máximo su trágico desafío.

Más honrada parece la postura de personas como Eduardo Chillida, que en alguna ocasión se expresó en estos términos: «De la muerte, la razón me dice que es definitiva. De la razón, la razón me dice que es limitada».

Es aquí donde hemos de situar la postura del creyente, que sabe enfrentarse con realismo y modestia al hecho ineludible de la muerte, pero que lo hace desde una confianza radical en Cristo resucitado. Una confianza que difícilmente puede ser entendida «desde fuera» y que solo puede ser vivida por quien ha escuchado, alguna vez, en el fondo de su ser, las palabras de Jesús: «Yo soy la resurrección y la vida». ¿Crees esto?

José Antonio Pagola

 

Domingo 29 de marzo 5º Cuaresma- (A) Koinonía.

Ezequiel 37,12-14: Les infundiré mi espíritu
Salmo 129: Señor viene la misericordia, la redención copiosa
Romanos 8,8-11: El Espíritu habita en ustedes
Juan 11,1-45: Yo soy la resurrección y la vida

Ezequiel 37,12-14

Os infundiré, mi espíritu, y viviréis

Así dice el Señor: «Yo mismo abriré vuestros sepulcros, y os haré salir de vuestros sepulcros, pueblo mío, y os traeré a la tierra de Israel. Y, cuando abra vuestros sepulcros y os saque de vuestros sepulcros, pueblo mío, sabréis que soy el Señor. Os infundiré mi espíritu, y viviréis; os colocaré en vuestra tierra y sabréis que yo, el Señor, lo digo y lo hago.» Oráculo del Señor.

Salmo responsorial: 129

Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa.

Desde lo hondo a ti grito, Señor; / Señor, escucha mi voz; / estén tus oídos atentos / a la voz de mi súplica. R.

Si llevas cuentas de los delitos, Señor, / ¿quién podrá resistir? / Pero de ti procede el perdón, / así infundes respeto. R.

Mi alma espera en el Señor, / espera en su palabra; / mi alma guarda al Señor, / más que el centinela la aurora. / Aguarde Israel al Señor, / como el centinela la aurora. R.

Porque del Señor viene la misericordia, / la redención copiosa; / y él redimirá a Israel / de todos sus delitos. R.

Romanos 8,8-11

El espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros

Hermanos: Los que viven sujetos a la carne no pueden agradar a Dios.Pero vosotros no estáis sujetos a la carne, sino al espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo. Pues bien, si Cristo está en vosotros, el cuerpo está muerto por el pecado, pero el espíritu vive por la justificación obtenida. Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros.

Juan 11,1-45

Yo soy la resurrección y la vida

En aquel tiempo, [un cierto Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta, su hermana, había caído enfermo. María era la que ungió al Señor con perfume y le enjugó los pies con su cabellera; el enfermo era su hermano Lázaro.]

Las hermanas mandaron recado a Jesús, diciendo: «Señor, tu amigo está enfermo.» Jesús, al oírlo, dijo: «Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.» Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo, se quedó todavía dos días en donde estaba. Sólo entonces dice a sus discípulos: «Vamos otra vez a Judea.»

[Los discípulos le replican: «Maestro, hace poco intentaban apedrearte los judíos, ¿y vas a volver allí?» Jesús contestó: «¿No tiene el día doce horas? Si uno camina de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo; pero si camina de noche, tropieza, porque le falta la luz. Dicho esto, añadió: «Lázaro, nuestro amigo, está dormido; voy a despertarlo.» Entonces le dijeron sus discípulos: «Señor, si duerme, se salvará.» Jesús se refería a su muerte; en cambio, ellos creyeron que hablaba del sueño natural. Entonces Jesús les replicó claramente: «Lázaro ha muerto, y me alegro por vosotros de que no hayamos estado allí, para que creáis. Y ahora vamos a su casa.» Entonces Tomás, apodado el Mellizo, dijo a los demás discípulos: «Vamos también nosotros y muramos con él.»]

Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. [Betania distaba poco de Jerusalén: unos tres kilómetros; y muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María, para darles el pésame por su hermano.] Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá.» Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará.» Marta respondió: «Sé que resucitará en la resurrección del último día.» Jesús le dice: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?» Ella le contestó: «Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.»

[Y dicho esto, fue a llamar a su hermana María, diciéndole en voz baja: «El Maestro está ahí y te llama.» Apenas lo oyó, se levantó y salió adonde estaba él; porque Jesús no había entrado todavía en la aldea, sino que estaba aún donde Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban con ella en casa consolándola, al ver que María se levantaba y salía deprisa, la siguieron, pensando que iba al sepulcro a llorar allí. Cuando llegó María adonde estaba Jesús, al verlo se echó a sus pies diciéndole: «Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano.»]

Jesús, [viéndola llorar a ella y viendo llorar a los judíos que la acompañaban,] sollozó y, muy conmovido, preguntó: «¿Donde lo habéis enterrado?» Le contestaron: «Señor, ven a verlo.» Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban: «¡Cómo lo quería!» Pero algunos dijeron: «Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que muriera éste?» Jesús, sollozando de nuevo, llega al sepulcro. Era una cavidad cubierta con una losa. Dice Jesús: «Quitad la losa.» Marta, la hermana del muerto, le dice: «Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días.» Jesús le dice: «¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?» Entonces quitaron la losa. Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo: «Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado.» Y dicho esto, gritó con voz potente: «Lázaro, ven afuera.» El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo: «Desatadlo y dejadlo andar.»

Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

Muchos pueblos de la tierra, en el pasado y en el presente, se han visto forzados a abandonar su tierra, a marchar al exilio. Sus habitantes forman las legiones de desplazados y refugiados que, hoy por hoy, las Naciones Unidas, a través de su Alto Comisionado para los Refugiados (ACNUR), se esfuerzan por atender. Para un desplazado no hay peor desgracia que morir lejos del paisaje familiar, de la tierra nutricia, del suelo patrio. El profeta Ezequiel, en la primera lectura, afronta esta situación viviéndola con su pueblo de Judá, hace 26 siglos: comienzan a morir los ancianos, los enfermos, los más débiles, lejos de Jerusalén, de la tierra que Dios prometiera a los patriarcas, la tierra a la cual Moisés condujera al pueblo, la que conquistara Josué. Al dolor por la muerte de los seres queridos se suma el de verlos morir en suelo extranjero, el de tener que sepultarlos entre extraños.

Pero la voz del profeta se convierte en consuelo de Dios: Él mismo sacará de las tumbas a su pueblo, abrirá sus sepulcros y los hará volver a la amada tierra de Israel. Su pueblo conocerá que Dios es el Señor cuando Él derrame en abundancia su Espíritu sobre los sobrevivientes.

En el Antiguo Testamento no aparece claramente una expectativa de vida eterna, de vida más allá de la muerte. Los israelitas esperaban las bendiciones divinas para este tiempo de la vida terrena: larga vida, numerosa descendencia, habitar en la tierra que Dios donó a su pueblo, riquezas suficientes para vivir holgadamente. Más allá de la muerte sólo quedaba acostarse y «dormir» con los padres, con los antepasados; las almas de los muertos habitaban en el “sheol”, el abismo subterráneo en donde ni si gozaba, ni se sufría.

Sólo en los últimos libros del Antiguo Testamento, por ejemplo en Daniel, en Sabiduría y en Macabeos, encontramos textos que hablan más o menos confusamente de una esperanza de vida más allá de la muerte, de una posibilidad de volver a vivir por voluntad de Dios, de resucitar. Esta esperanza tímida surge en el contexto de la pregunta por la retribución y el ejercicio de la justicia divina: ¿Cuándo premiará Dios al justo, al mártir de la fe, por ejemplo, o castigará al impío perseguidor de su pueblo, si la muerte se los ha llevado? ¿Cuándo realizará Dios plenamente las promesas a favor de su pueblo elegido? Algunas corrientes del judaísmo contemporáneo de Jesús, como el fariseísmo, creían firmemente en la resurrección de los muertos como un acontecimiento escatológico, de los últimos tiempos, un acontecimiento que haría brillar la insobornable justicia de Dios sobre justos y pecadores. Los saduceos, por el contrario, se atenían a la doctrina tradicional, les bastaba esta vida de privilegios para los de su casta, y consideraban cumplida la justicia divina en el “status quo” que ellos defendían: el mundo estaba bien como estaba, en manos de los dominadores romanos que respetaban su poder religioso y sacerdotal sobre el pueblo.

La segunda lectura está tomada de la carta de Pablo a los romanos, considerada como su testamento espiritual, redactada con unas categorías antropológicas complicadas, muy alejadas de las nuestras, que nos inducen fácilmente a confusión. El fragmento de hoy está escogido para hacer referencia al tema que hemos escuchado en la 1ª lectura: los cristianos hemos recibido el Espíritu que el Señor prometía en los ya lejanos tiempos del exilio, no estamos ya en la “carne”, es decir -en el lenguaje de Pablo-: no estamos ya en el pecado, en el egoísmo estéril, en la codicia desenfrenada. Estamos en el Espíritu, o sea, en la vida verdadera del amor, el perdón y el servicio, como Cristo, que posee plenamente el Espíritu para dárnoslo sin medida. Y si el Espíritu resucitó a Jesús de entre los muertos, también nos resucitará a nosotros, para que participemos de la vida plena de Dios.

El pasaje evangélico que leemos hoy, la «reviviscencia» de Lázaro, narra el último de los siete “signos” u “obras” que constituyen el armazón del cuarto evangelio. Según Juan, antes de enfrentarse a la muerte Jesús se manifiesta como Señor de la vida, declara solemnemente en público que Él es la resurrección y la vida, que los muertos por la fe en Él revivirán, que los vivos que crean en Él no morirán para siempre….

Bonita la escena, bien construido el relato, tremendas y lapidarias las palabras de Jesús, rico en simbolismo el conjunto… pero difícil el texto para nosotros hoy, cuando nos movemos en una mentalidad tan alejada de la de Juan y su comunidad. A nosotros no nos llaman tanto la atención los milagros de Jesús como sus actitudes y su praxis ordinaria. Preferimos mirarlo en su lado imitable más que en su aspecto simplemente admirable que no podemos imitar. No somos tampoco muy dados a creer fácilmente en la posibilidad de los milagros. Para la mentalidad adulta y crítica de una persona de hoy, una persona de la calle, este texto no es fácil. (Puede ser más fácil para unas religiosas de clausura, o para los niños de la catequesis infantil).

En la muy sofisticada elaboración del evangelio de Juan, éste es el «signo» culminante de Jesús, no sólo por ser mucho más llamativo que los otros (nada menos que una reviviscencia) sino porque está presentado como el que derrama la gota que rompe la paciencia de los enemigos de Jesús, que por este milagro decidirán matar a Jesús. Quizá por eso ha sido elegido para este último domingo antes de la semana santa. Estamos acercándonos al climax del drama de la vida de Jesús, y este hecho de su vida es presentado por Juan como el que provoca el desenlace final.

La causa de la muerte de Jesús fue mucho más que la decisión de unos enemigos temerosos del crecimiento de la popularidad de un Jesús taumaturgo, como aquí lo presenta Juan. Este puede ser un filón de la reflexión de hoy: «Por qué muere Jesús y por qué le matan» (remitimos para ello a un artículo clásico de Ignacio Ellacuría, en http://servicioskoinonia.org/relat/125.htm). El episodio 102 de la famosa serie «Un tal Jesús» (https://radialistas.net/102-el-amigo-muerto/) también interpreta este pasaje de Juan en relación con la «clandestinidad» a la que Jesús tendría que someterse sin duda en el último período de su vida.

Otro tema puede ser el de la fe o del creer en Jesús, con tal de que no identificar la «fe» en «creer que Jesús puede hacer milagros» o «creer en los milagros de Jesús». La fe es algo mucho más serio y profundo. Podría uno creer en Jesús y creer que el Jesús histórico probablemente no hizo ningún milagro… No podemos plantear la fe como si un «Dios allá arriba» jugase a ver si allá abajo los humanos dan crédito o no a las tradiciones que les cuentan sus mayores referentes a los milagros que hizo un tal Jesús… La fe cristiana tiene que ser algo mucho más serio.

Y un tercer tema, todavía más complejo para nuestra reflexión, puede ser el de la resurrección. Precisamente porque, la de Lázaro no fue una resurrección. Lógicamente, a Lázaro simplemente se le dio una prórroga, una «propina», un suplemento… de esta misma vida. Un «más de lo mismo». Y el Lázaro «resucitado» -como tantas veces se lo mal llamó- tenía que volver a morir. Porque en esta vida concreta, «vivir es morir». Cada día que vivimos es un día menos que nos queda de vida, un día más que hemos gastado de nuestra vida, un día que morimos… Por lo que resucitar-resucitar… tiene que ser otra cosa que volver a la misma situación, volver a las andadas.

Aquí habría que subrayar que es bien probable que en la cabeza de la mayor parte de nosotros, la idea de «resurrección» que hay es una idea equivocada, un poco por la misma razón por la que decimos que Lázaro es «mal llamado resucitado»: porque pensamos, o mejor dicho, «imaginamos» la vida resucitada un poco como «prolongación, suplemento, continuación…» de ésta de ahora. Y no. No es sólo que la diferencia será que «aquella vida no se acaba», o que «no tiene necesidades materiales» porque «allí serán como los ángeles del cielo»… No; es que se trata realmente de «otra cosa».

Nuestra llamada «fe en la resurrección» no es un creer que hay un «segundo piso» al que subimos tras la muerte y que allí «continuaremos viviendo»… aunque sea con cuerpos espirituales… Todas estas «imágenes» pueden ser dejadas de lado. También aquí, yo puedo creer en lo que denominábamos «resurrección» sin aceptar la interpretación facilona de que Dios nos creó aquí primero para luego llevarnos a un lugar definitivo… Muchos pueblos primitivos han pensado esto, que ha sido una forma de interpretación de la vida humana que ha funcionado y ha hecho su servicio, en unos contextos culturales pasados. Pero hoy, si queremos escuchar a la ciencia y seguir anclados en «creencias» típicas de las religiones de la edad agraria… es necesario hacer un esfuerzo de renovación, y aceptar ascéticamente un «no saber/no poder expresar» bien el misterio que es la Vida, el misterio en que creemos…

Pero es un tema demasiado importante y demasiado sutil como para ponernos a hablar de la resurrección de Lázaro como modelo de la nuestra, sin necesidad de más preámbulos… Es más complejo el problema. Sobre la transformación de las condiciones de credibilidad de las religiones en este nuevo tiempo sugerimos la lectura de los artículos 352 (http://servicioskoinonia.org/relat/352.htm), de Mariano CORBÍ, y 344, de Amando ROBLES (http://servicioskoinonia.org/relat/344.htm). Sobre la necesidad de «despedirse del piso de arriba», recomendamos la lectura del capitulo de igual título del libro de Roger LENAERS «Otro Dios es posible [http://tiempoaxial.org/#10]. Y sobre la resurrección, en un plan más netamente teológico, recomendamos la lectura de TORRES QUEIRUGA, «Repensar la resurrección» (Trotta, Madrid 2003). Hay también un número de la revista CONCILIUM dedicado a la resurrección (noviembre 2006). La Agenda Latinoamericana’2011 [http://latinoamericana.org/digital] trae un artículo titulado «¿Pero hay o no hay otro mundo ahí arriba?» [ http://servicioskoinonia.org/agenda/archivo/obra.php?ncodigo=729] accesible en su archivo digital [http://servicioskoinonia.org/agenda/archivo]. La serie «Otro Dios es posible, de los hermanos LÓPEZ VIGIL aborda el tema de la resurrección en la entrevista 98 [http://radialistas.net/article/98-resucito/], titulada «¿Resucitó?». Y recomendamos un libro completo también sobre el tema, muy rompedor: Vida Eterna: una nueva visión: más allá de las religiones, más allá del teísmo, más allá de cielo e infierno, de John Shelby Spong (tiempoaxial.org).

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 102 de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. LÓPEZ VIGIL, titulado «El amigo muerto». El audio, el guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: https://radialistas.net/102-el-amigo-muerto/