Domingo 3 de Mayo, 4º de Pascua – A – Koinonía

Hechos 2,14a.36-41: Dios lo nombró Señor
Salmo 22:
 El Señor es mi pastor, nada me falta
1 Pedro 2,20b-25:
 Andan como ovejas perdidas
Juan 10,1-10:
 Yo soy la puerta de las ovejas

 Juan 10,1-10

Yo soy la puerta de las ovejas

En aquel tiempo, dijo Jesús «Os aseguro que el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ése es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el guarda, y las ovejas atienden a sus voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.» Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús: «Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon. Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante.»

COMENTARIO A LOS TEXTOS:

La 1ª lectura, tomada del libro de los Hechos, pertenece al discurso de Pedro, ante el pueblo reunido en Jerusalén, a raíz del hecho de Pentecostés. Después de interpretarles el fenómeno de las lenguas diversas en que hablaban los discípulos invadidos por el Espíritu Divino, Pedro evoca ante ellos la vida y la obra de Jesús, y les anuncia el «Kerygma», la proclamación solemne de la Buena Nueva, del Evangelio: Cristo ha muerto por nuestros pecados, ha sido sepultado y al tercer día Dios lo hizo levantarse de la muerte librándolo de la corrupción del sepulcro y sentándolo a su derecha, como habían anunciado los profetas. El texto es ya, evidentemente, una primera elaboración teológica del llamado «kerigma», o síntesis o núcleo de la predicación, no es lo que realmente pudo decir Pedro.

Lógicamente, esa formulación del kerigma está condicionada por su contexto social e histórico. No es que porque aparezca en el Nuevo Testamento ya haya de ser tenida como intocable e ininterpretable. Las palabras, las fórmulas, los elementos mismos que componen ese kerigma, hoy nos pueden parecer extraños, pueden incluso resultar ininteligibles para la mentalidad actual. Es normal, y por eso la comunidad cristiana tiene el deber de evolucionar, de recrear los símbolos. La fe no es un «depósito», donde estaría retenida y guardada, sino una fuente, un manantial, que se mantiene idéntico a sí mismo precisamente entregando siempre agua nueva.

En los países tropicales son casi desconocidos los rebaños de ovejas, cuidadas por su pastor. Eran y son muy comunes en el mundo antiguo de toda la cuenca del Mediterráneo. Muy probablemente Jesús fue pastor de los rebaños comunales en Nazaret, o acompañó al pastoreo a los muchachos de su edad. Por eso en su predicación abundan las imágenes tomadas de esa práctica de la vida rural de Palestina. En el evangelio de Juan la sencilla parábola sinóptica de la oveja perdida (Mt 18,12-14; Lc 15,3-7) se convierte en una bella y larga alegoría en la que Jesús se presenta como el Buen Pastor, dueño del rebaño por el cual se interesa, no como los ladrones y salteadores que escalan las paredes del redil para matar y robar. Él entra por la puerta del redil, el portero le abre. Él saca a las ovejas a pastar y ellas conocen su voz. La alegoría llega a un punto culminante cuando Jesús dice ser «la puerta de las ovejas», por donde ellas entran y salen del redil a los pastos y al agua abundante. Por supuesto que en la alegoría el rebaño, las ovejas, somos los discípulos, los miembros de la comunidad cristiana. La alegoría del Buen Pastor está inspirada en el largo capítulo 34 del profeta Ezequiel en el que se reprocha a las autoridades judías no haber sabido pastorear al pueblo, y Dios promete enviar para ello a un descendiente de David.

La imagen del Buen Pastor tuvo un éxito notable entre los cristianos quienes, ya desde los primeros siglos de la Iglesia, representaron a Jesús como Buen Pastor cargando sobre sus hombros un cordero o una oveja. Tales representaciones se conservan en las catacumbas romanas y en numerosos sarcófagos antiguos de distinta procedencia. La imagen sugiere la ternura de Cristo y su amor solícito por los miembros de su comunidad, su mansedumbre y paciencia, cualidades que se asignan convencionalmente a los pastores, incluso su entrega hasta la muerte, pues, como dice en el evangelio de hoy «el buen pastor da la vida por sus ovejas».

La imagen de «ovejas y pastores» ha de ser manejada con cuidado, porque puede justificar la dualidad de clases en la Iglesia. Esta dualidad no es un temor utópico, sino que ha sido una realidad pesada y dominante. El Concilio Vaticano I (1869) declaró: «La Iglesia de Cristo no es una comunidad de iguales, en la que todos los fieles tuvieran los mismos derechos, sino que es una sociedad de desiguales, no sólo porque entre los fieles unos son clérigos y otros laicos, sino, de una manera especial, porque en la Iglesia reside el poder que viene de Dios, por el que a unos es dado santificar, enseñar y gobernar, y a otros no» (Constitución sobre la Iglesia, 1870). Pío XI por su parte escribió: «La Iglesia es, por la fuerza misma de su naturaleza, una sociedad desigual. Comprende dos categorías de personas: los pastores y el rebaño, los que están colocados en los distintos grados de la jerarquía, y la multitud de los fieles. Y estas categorías, hasta tal punto son distintas entre sí, que sólo en la jerarquía residen el derecho y la autoridad necesarios para promover y dirigir a todos los miembros hacia el fin de la sociedad. En cuanto a la multitud, no tiene otro derecho que el de dejarse conducir y seguir dócilmente a sus pastores» (encíclica Vehementer Nos, 1906). La verdad es que estas categorías de «pastores y rebaño», a lo largo de la historia de la Iglesia han funcionado casi siempre –al menos en el segundo milenio– de una forma que hoy nos resulta sencillamente inaceptable. Hay que tener mucho cuidado de que nuestra forma de utilizarlas no vehicule una justificación inconsciente de es dualidad de clases en la Iglesia.

El Concilio Vaticano II (1962-65) supuso un cambio radical en este sentido, con aquella su insistencia en que más importante que las diferencias de ministerio o servicio en la Iglesia es la común dignidad de los miembros del Pueblo de Dios (el lugar emblemático sobre esto es el capítulo segundo de su declaración Lumen Gentium).

Como es sabido, en las últimas décadas se dio un retroceso claro hacia una centralización y falta de democracia. La queja de que Roma no ha valorado la «colegialidad episcopal» ha sido un clamor universal. La práctica de los Sínodos episcopales que se puso en marcha tras el Concilio, fue rebajada a reuniones meramente consultivas. Las Conferencias Episcopales Nacionales, verdaderos símbolos de la renovación conciliar, fueron declaradas por el cardenal Ratzinger como carentes de base teológica. Los «consejos pastorales» y los «consejos presbiterales» establecidos por la práctica posconciliar como instrumentos de participación y democratización, casi fueron abandonados, por falta de ambiente. La feligresía de una parroquia, o de una diócesis, puede tener unánimemente una opinión, pero si el párroco o el obispo piensa lo contrario, no hay nada que discutir en la estructura canónica clerical y autoritaria vigente actualmente en la Iglesia. «La voz del Pueblo, es la voz de Dios»… en todas partes menos en la Iglesia, pues en ésta, la única voz segura de Dios es la que declare la Jerarquía. Así la Iglesia se ha convertido –como ha repetido con frecuencia Hans Küng– en «la última monarquía absoluta de Occidente». A quien no está de acuerdo se le responde que «la Iglesia no es una democracia», y es cierto que no lo es, porque es mucho más que eso: es una comunidad, en la que todos los métodos participativos democráticos deberían quedarse cortos ante el ejercicio efectivo de la «comunión y participación». En semejante contexto eclesial, ¿se puede hablar de «el buen pastor y del rebaño a él confiado» con toda inocencia e ingenuidad? El Concilio Vaticano II lo dijo con su máxima autoridad: «Debemos tener conciencia de las deficiencias de la Iglesia y combatirlas con la máxima energía» (Gaudium et Spes 43).

En la Iglesia de Aquel que dijo que «quien quisiera ser el primero sea el último y el servidor de todos», en algún sentido, todos somos pastores de todos, todos somos responsables y todos podemos aportar. No se niega el papel de la coordinación y del gobierno. Lo que se niega es su sacralización, la teología que justifica ideológicamente el poder autoritario que no se somete al discernimiento comunitario ni a la crítica democrática. ¿Que la Iglesia no es una democracia? Es cierto, debe ser mucho más que una democracia. Y, desde luego: no ha de ser un «rebaño».

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 104 de la serie «Un tal Jesús» (https://radialistas.net/104-el-pastor-y-el-lobo/), de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «El pastor y el lobo».

 

 

 

La Iglesia de base cuestiona la negativa de la CEE a una renta básica permanente: «Nos parece una verdadera traición al Evangelio»

«Esta postura está en contra del mismo Papa Francisco, quien el pasado 14 de abril propuso un salario universal para las personas trabajadoras más humildes y sin derechos»

«Es una postura hipócrita, que olvida que la jerarquía de la Iglesia católica recibe todos los años, al menos, la subvención permanente de la casilla de la Iglesia»

Comunidades Cristianas Populares de Andalucía

Las Comunidades Cristianas Populares de Andalucía, seguidoras del mensaje de Jesús con más o menos acierto, constatamos que no es la coherencia la que prima en la Jerarquía de la Iglesia Católica oficial en España, ni siquiera en sus manifestaciones. Y esta vez en lo más elemental e incuestionable de la opción de Jesús, su opción por los pobres.  Se trata de la declaración del Secretario general de la Conferencia Episcopal Española (CEE), D. Luis Argüello,  en contra del Ingreso Mínimo Vital (IMV), en su modalidad permanente, que desea establecer a nivel nacional el gobierno español, aunque ahora de modo transitorio. Nos parece una verdadera traición al evangelio y que como se trata de una aportación al fin y al cabo política para que no se consiga esa ayuda a los pobres, no podemos menos que denunciarla:....Leer más

EL CRECIMIENTO DEMOGRÁFICO EN AFRICA

Publicación revista “Africana”
Ramón Arozarena

INTRODUCCIÓN

Los estudios, informes y análisis sobre demografía en el África subsahariana, coinciden en expresar preocupación e inquietud. “Bomba de relojería demográfica”, “Explosión demográfica”, “Crecimiento exponencial”, “Transición demográfica explosiva”, ”Desafío demográfico”, son los términos utilizados para describir la realidad actual y, sobre todo,  futura de África. Estos informes, como digo cargados de alarmas, van acompañados, a su vez, por otros que subrayan el rápido, y también alarmante, envejecimiento de la población europea, sobre todo, que califican de “suicidio demográfico”: una “implosión interna” (europea) frente a una “explosión externa” (africana). África subsahariana, en un escenario mundial caracterizado por una desaceleración del crecimiento demográfico, constituye una excepción: los estudios estiman que en 1960 los africanos representaban el 9% de la población mundial; representarán el 21% en 2050 y a finales del siglo XXI superarán el 30%, siendo, por añadidura, una población fundamentalmente joven. Quizás sea esta la razón por la que un informe de la Fundación ONE (del cantante BONO) se atreve a definir, no sin optimismo,  el siglo XXI como el SIGLO DE ÁFRICA, ya que, “si bien la evolución demográfica es el mayor desafío, puede también significar una suerte u oportunidad para el continente y beneficiarse así de un dividendo demográfico considerable”

En esta breves líneas introductorias, me permito avanzar una conclusión/predicción formulada por Stephen Smith  también en la introducción  de su libro “La huida hacia Europa “ (Ed. Arpa, 2019): “La joven África va a huir hacia el viejo Continente; esto se inscribe en el orden  de las cosas”.

  1. DATOS: LO QUE MUESTRAN Y PRONOSTICAN LAS CIFRAS

En todos los informes/artículos a los que he tenido acceso para documentar este escrito, se señala la necesidad de cierta prudencia a la hora del manejo de las cifras, dado que en muchos países subsaharianos no existe un riguroso y plenamente fiable sistema en la elaboración de estadísticas, censos, índices, etc… Leer más

DOMINGO 3º DE PASCUA (A) de Fray Marcos

(Hch 2,22-28) Pero Dios lo resucitó rompiendo las ataduras de la muerte.
(1 Pe 1,17-21) Por Cristo vosotros creéis en Dios, que lo resucitó y le dio gloria.
(Lc 24,13-35) Partió el pan y se lo dio. Se les abrieron los ojos y lo reconocieron.

 Lucas 24,13-35

Lo reconocieron al partir el pan

Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo. Él les dijo: «¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?» Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replico: «¿Eres tú el único forastero en Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí estos días?» Él les pregunto: «¿Qué?» Ellos le contestaron: «Lo de Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves: hace dos días que sucedió esto. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado: pues fueron muy de mañana al sepulcro, no encontraron su cuerpo, e incluso vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que les habían dicho que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron.»

Entonces Jesús les dijo: «¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?» Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura.

Ya cerca de la aldea donde iban, él hizo ademán de seguir adelante; pero ellos le apremiaron, diciendo: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída.» Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció. Ellos comentaron: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?» Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: «Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón.» Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

 A Jesús vivo se le hace presente: caminando junto al otro; viviendo la Escritura juntos; compartiendo el pan; en la comunidad reunida.

 

Por tercer domingo consecutivo se nos propone un relato enmarcado en el “primer día de la semana”. Estos dos discípulos pasan, de creer en un Jesús profeta pero condenado a una muerte destructora, a descubrirlo vivo y dándoles Vida. De la desesperanza, pasan a vivir la presencia de Jesús. Se alejaban de Jerusalén tristes y decepcionados; vuelven a toda prisa, contentos e ilusionados. El pesimismo les hace abandonar el grupo, el optimismo les obliga a volver para contar la gran noticia.

El relato de los discípulos de Emaús, es un prodigio de teología narrativa. En ella podemos descubrir el verdadero sentido de los relatos de apariciones. El objetivo de todos ellos es llevarnos a participar de la experiencia pascual que los primeros seguidores de Jesús vivieron. En ningún caso intentan dar noticias de acontecimientos históricos. Los dos discípulos de Emaús no son personas concretas, sino personajes. No quiere informarnos de lo que pasó una vez, sino de lo que está pasando cada día, a los discípulos de Jesús.

        Es Jesús quien toma la iniciativa, como sucede siempre en los relatos de apariciones. Los dos discípulos se alejaban de Jerusalén decepcionados por lo que había pasado a Jesús. Solo querían apartar de su cabeza aquella pesadilla. Pero a pesar del desengaño sufrido por su muerte y muy a pesar suyo, van hablando de Jesús. Lo primero que hace Jesús es invitarles a desahogarse, les pide que manifiesten toda la amargura que acumulaban. La utopía que les había arrastrado a seguirlo, había dado paso a la más absoluta desesperanza. Pero su corazón todavía estaba con él, a pesar de su horrible muerte.

        En este sutil matiz, podemos descubrir una pista para explicar lo que sucedió a los primeros seguidores de Jesús. La muerte les destrozó, y pensaron que todo había terminado; pero a nivel subconsciente, permaneció un rescoldo que terminó siendo más fuerte que las evidencias tangibles. En el relato de la conversión de Pablo, podemos descubrir algo parecido. Perseguía con ahínco a los cristianos, pero sin darse cuenta, estaba subyugado por la figura de Jesús y en un momento determinado, cayó del burro.

        La manera en que el relato describe el reconocimiento (después de haber caminado y discutido con él durante tres kilómetros) y la instantánea desaparición, nos indican claramente que la presencia de Jesús, después de su muerte, no es la de una persona normal. Algo ha cambiado tan profundamente, que los sentidos ya no sirven para reconocer a Jesús. Estos detalles nos vacunan contra la tentación de interpretar de manera física los detalles de los relatos que nos hablan de Jesús después de su muerte.

        Nosotros esperábamos… Esperaban que se cumplieran sus expectativas. No podían sospechar que aquello que esperaban, se había cumplido. Fijaros bien, como refleja esa frase nuestra propia decepción. Esperamos que la Iglesia… Esperamos que el Obispo… esperamos que el concilio… Esperamos que el Papa… Esperamos lo que nadie puede darnos y surge la desilusión. Lo que Dios puede darnos ya lo tenemos. El desengaño es fruto de una falsa esperanza. Por no esperar lo que Jesús da, la desilusión está asegurada

No es Jesús el que cambia para que le reconozcan, son los ojos de los discípulos los que se abren y se capacitan para reconocerle. No se trata de ver algo nuevo, sino de ver con ojos nuevos lo que tenían delante. No es la realidad la que debe cambiar para que nosotros la aceptemos. Somos nosotros los que tenemos que descubrir la realidad de Jesús Vivo, que tenemos delante de los ojos, pero que no vemos. Hay momentos y lugares donde se hace presente Jesús de manara especial, si de verdad sabemos mirar.

1) En el camino de la vida. Después de su muerte, Jesús va siempre con nosotros en  nuestro caminar. Pero el episodio nos advierte que es posible caminar junto a él y no reconocerlo. Habrá que estar mucho más atento si, de verdad, queremos entrar en  contacto con él. Es una crítica a nuestra religiosidad demasiado apoyada en lo externo. A Jesús ya no lo vamos a encontrar en el templo ni en los rezos sino en la vida real, en el contacto con los demás. Si no lo encontramos ahí, cualquier otra presencia será engañosa

         La concepción dualista que tenemos del mundo y de Dios nos impide descubrirle. Con la idea de un Dios creador que se queda fuera del mundo, no hay manera de verle en la realidad material. Pero Dios no es lo contrario del mundo, ni el Espíritu es lo contrario de la materia. La realidad es una y única, pero en la misma realidad podemos distinguir dos aspectos. Desde el deísmo que considera a Dios como un ser separado y paralelo de los otros seres, será imposible descubrir en las criaturas la presencia de la divinidad.

        2) En la Escritura. Si queremos encontrarnos con el Jesús que da Vida, tenemos en las Escrituras un eficaz instrumento. Pero el mensaje de la Escritura no está en la letra sino en la vivencia espiritual que hizo posible el relato. La letra, los conceptos no son más que el soporte, en el que se ha querido expresar la experiencia de Dios. Dios habla únicamente desde el interior de cada persona, porque el único Dios que existe, es el que fundamenta cada ser. Dios solo habla desde lo hondo del ser. Esa experiencia, expresada, es palabra humana, pero volverá a ser palabra de Dios si nos lleva a la vivencia.

        3) Al partir el pan: No se trata de una eucaristía, sino de una manera muy personal de partir y repartir el pan. Referencia a tantas comidas en común, a la multiplicación de los panes, etc. Sin duda el gesto narrado hace también referencia a la eucaristía. Cuando se escribió este relato ya había una larga tradición de su celebración. Los cristianos tenían ya ese sacramento como el rito fundamental de la fe. Al ver los signos, se les abren los ojos y le reconocen. Fijaos, un gesto es más eficaz que toda una perorata sobre la Escritura.

4) En la comunidad reunida. Cristo resucitado solo se hace presente en la experiencia de cada uno, pero solo la experiencia compartida me da la seguridad de que auténtica. Por eso él se hace presente en la comunidad. La comunidad (aunque sean dos) es el marco adecuado para provocar la vivencia. La experiencia compartida, empuja al otro en la misma dirección. El ser humano solo desarrolla sus posibilidades de ser, en la relación con los demás. Jesús hizo presente a Dios amando, es decir, dándose a los demás. Esto es imposible si el ser humano se encuentra aislado y sin contacto alguno con el otro.

        El mayor obstáculo para encontrar a Cristo hoy, es creer que ya lo tenemos. Los discípulos creían haber conocido a Jesús cuando vivieron con él; pero aquel Jesús que creían ver, no era el auténtico. Solo cuando el falso Jesús desaparece, se ven obligados a buscar al verdadero. A nosotros nos pasa lo mismo. Conocemos a Jesús desde la primera comunión, por eso no necesitamos buscarle. El verdadero Jesús es nuestro compañero de viaje, aunque es muy difícil reconocerlo en todo aquel que se cruza en nuestro camino.

Meditación

Caminó con ellos, discutió con ellos, pero no lo conocieron.

Ni teologías ni exégesis racionales, te llevarán al verdadero Jesús.

El único camino para encontrarlo es el que conduce al “corazón”.

Tenemos que abrir los ojos, pero no los del cuerpo.

Debemos agudizar la mente, pero no la racional.

 Si los ojos de nuestro corazón están abiertos,

lo descubriremos presente en todos y en todo.

Pazkoaldiko 3. igandea (A) 3º de Pascua. José A. Pagola

A (Lukas 24,13-35)

Evangelio del 26 / Abr / 2020
por 
Coordinador – Mario González Jurado

BI ESPERIENTZIA GILTZARRI – DOS EXPERIENCIAS CLAVE

Hainbat urteren ondoren, berez harrotu zen arazoa, egiazkoa benetan, kristau-elkarteetan. Pedrok, Maria Magdalenak eta gainerako ikasleek esperientzia oso «bereziak» bizi zituzten, heriotza ondoren bizirik agertu zitzaien Jesusekin topo eginez. Jesus berpiztuagan «sinestera» eragin zien esperientzia haiek. Baina jarraitzaileen taldera geroago hurbildu zirenek, nola esnatu eta elikatu behar zuten fede hori bera?

Hauxe dugu gaur egun geure arazoa ere. Guk ez ditugu bizi izan Berpiztuarekin lehen ikasle haiek bizi izan zituzten topo egiteak. Zein esperientzia izan genezake guk eskura? Horixe da Emausko bi ikasleen kontaerak planteatzen duena.

Beren etxera doaz biak, triste eta lur jota. Jesusekiko fedea itzali egin zaie. Jada ez dute ezer espero harengandik. Dena ustekeria hutsa izan da. Bere burua ezagutzera eman gabe, ondoren doakie Jesus. Harrapatu ditu eta haiekin doa. Honela agertu du Lukasek egoera: «Haiekin bide eginez zihoan Jesus, baina haien begiak ez ziren gai Jesus zela antzemateko». Zer egin dezakete beren ondoan haren presentzia bizia atzemateko?

Hau da, ordea, garrantzizko gauza: ikasle hauek ez direla Jesusez ahaztu: «hartaz hizketan ari dira eta eztabaidan»; gogora dakartzate haren «hitzak» eta haren «egintzak», profeta handiarenak; gertatu dena argitu diezaien utzi diote ezezagun hari. Ez zaizkie ireki begiak bat-batean, baina «bihotza sutan jartzen hasi zaie».

Horixe da geure elkarteetan behar dugun lehenengo gauza: Jesus gogora ekarri, haren mezuan eta haren jardueran murgildu eta sakondu, haren gurutzeko heriotza hausnartu… Bai, halakoren batean, Jesusek hunkitu egin gaitu, barneraino iritsi zaizkigu haren hitzak eta bihotza sutan jartzen hasi zaigu; seinalea, gure fedea esnatzen ari dela.

Ez da aski, ordea. Lukasen arabera, beharrezkoa dugu eukaristia-afariaren esperientzia. Artean nor den ez dakiten arren, bidaiari biek sentitu dute Jesusen beharra. On egin die hura bidelagun izateak. Ez dute nahi bertan behera utz ditzan: «Geldi zaitez gurekin». Gustura azpimarratu du Lukasek: «Jesus sartu zen haiekin gelditzeko». Afarikoan begiak ireki zaizkie.

Hauek dira bi esperientzia giltzarriak: haren mezua, haren jarduera eta haren bizitza osoa gogora ekartzean bihotza sutan dugula sentitu; eukaristia ospatzean sentitu, hura elikagai, adore eta kontsolamendu dugula. Horrela hazten da Elizan Berpiztuarekiko fedea.

Jose Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

3 Pascua – A (Lucas 24,13-35)

Evangelio del 26 / Abr / 2020
por 
Coordinador – Mario González Jurado

DOS EXPERIENCIAS CLAVE – BI EXPERIENTIA GILTZARRI

Al pasar los años, en las comunidades cristianas se fue planteando espontáneamente un problema muy real. Pedro, María Magdalena y los demás discípulos habían vivido experiencias muy «especiales» de encuentro con Jesús vivo después de su muerte. Experiencias que a ellos los llevaron a «creer» en Jesús resucitado. Pero los que se acercaron más tarde al grupo de seguidores, ¿cómo podían despertar y alimentar esa misma fe?

Este es también hoy nuestro problema. Nosotros no hemos vivido el encuentro con el Resucitado que vivieron los primeros discípulos. ¿Con qué experiencias podemos contar nosotros? Esto es lo que plantea el relato de los discípulos de Emaús.

Los dos caminan hacia sus casas, tristes y desolados. Su fe en Jesús se ha apagado. Ya no esperan nada de él. Todo ha sido una ilusión. Jesús, que los sigue sin hacerse notar, los alcanza y camina con ellos. Lucas expone así la situación: «Jesús se puso a caminar con ellos, pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo». ¿Qué pueden hacer para experimentar su presencia viva junto a ellos?

Lo importante es que estos discípulos no olvidan a Jesús; «conversan y discuten» sobre él; recuerdan sus «palabras» y sus «hechos» de gran profeta; dejan que aquel desconocido les vaya explicando lo ocurrido. Sus ojos no se abren enseguida, pero «su corazón comienza a arder».

Es lo primero que necesitamos en nuestras comunidades: recordar a Jesús, ahondar en su mensaje y en su actuación, meditar en su crucifixión… Si, en algún momento, Jesús nos conmueve, sus palabras nos llegan hasta dentro y nuestro corazón comienza a arder, es señal de que nuestra fe se está despertando.

No basta. Según Lucas es necesaria la experiencia de la cena eucarística. Aunque todavía no saben quién es, los dos caminantes sienten necesidad de Jesús. Les hace bien su compañía. No quieren que los deje: «Quédate con nosotros». Lucas lo subraya con gozo: «Jesús entró para quedarse con ellos». En la cena se les abren los ojos.

Estas son las dos experiencias clave: sentir que nuestro corazón arde al recordar su mensaje, su actuación y su vida entera; sentir que, al celebrar la eucaristía, su persona nos alimenta, nos fortalece y nos consuela. Así crece en la Iglesia la fe en el Resucitado.

José Antonio Pagola

 

Domingo 26 de Abril – 3º Domingo de Pascua. Koinonía

Hechos 2,14.22-33: No era posible que la muerte lo retuviera
Salmo 15:
 Señor, me enseñas el sendero de la vida
1 Pedro 1,17-21:
 Han sido redimidos por Cristo
Lucas 24,13-35:
 Le reconocieron al partir el pan

Lucas 24,13-35

Lo reconocieron al partir el pan

Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo. Él les dijo: «¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?» Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replico: «¿Eres tú el único forastero en Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí estos días?» Él les pregunto: «¿Qué?» Ellos le contestaron: «Lo de Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves: hace dos días que sucedió esto. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado: pues fueron muy de mañana al sepulcro, no encontraron su cuerpo, e incluso vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que les habían dicho que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron.»

Entonces Jesús les dijo: «¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?» Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura.

Ya cerca de la aldea donde iban, él hizo ademán de seguir adelante; pero ellos le apremiaron, diciendo: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída.» Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció. Ellos comentaron: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?» Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: «Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón.» Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

 Comentario a los textos: 

En la primera lectura, de los Hechos de los Apóstoles, encontramos a Pedro pronunciando su primera predicación pospascual, dirigida tanto a los judíos presentes como a todos los habitantes de Jerusalén. El sermón es de tipo «kerigmático» (referentea la predicación del núcleo fuerte del kerigma, del anuncio esencial), con la presentación de tres aspectos de la vida de Jesús, que componen el credo de fe más antiguo del cristianismo: un Jesús histórico, acreditado por Dios con milagros, prodigios y señales; su muerte a mano de las autoridades judías, y finalmente, su resurrección obrada por Dios para salvación de toda la humanidad.

Pedro termina su discurso con un sello de autenticidad: de todo esto, «nosotros somos testigos» (Hch 2,32). Creer en Jesús resucitado era reconocerlo como Mesías, lo que según las Escrituras, abría las puertas para su segunda venida y el fin del mundo. Esto explica las actitudes de recogimiento y miedo que llevan a los discípulos a encerrarse bajo llave. Sin embargo, Pentecostés cambia para siempre las cosas, pues antes que miedo por el fin del mundo, el Espíritu les indica que el mundo apenas comienza, y que la iglesia que acaba de nacer tiene el compromiso de contribuir en la reconstrucción de este mundo con la clave del amor. Así comenzó la Iglesia su misión, cambiando los miedos del fin del mundo, por la alegría, el optimismo y el compromiso de hacer que cada mañana el mundo nazca con más amor, justicia y paz.

La referencia a la primitiva comunidad cristiana nos hace descubrir la importancia que la praxis del amor y de la solidaridad tuvo en el surgimiento del cristianismo. No fue sin más una teoría, sino un cambio de vida, una praxis, una transformación social, lo que estaba en juego. Importante tenerlo presente, cuando tantos piensan que el cristianismo es cuestión de aceptar intelectualmente un paquete de verdades, teorías o dogmas.

En la segunda lectura, el apóstol Pedro hace un llamado a mantener la fidelidad a Dios aún en situaciones de destierro, desplazamiento, marginación o exclusión, porque Dios, en un nuevo Exodo, nos libera de una sociedad sometida a leyes injustas e inhumanas, que protegen sólo al que paga con oro o plata. Esta liberación fue asumida por Jesús con el sello de su propia sangre, como una opción de amor, consciente y voluntaria, por los hombres y mujeres del mundo entero. El precio que debemos pagar a Jesús por tanta generosidad, no es con oro ni plata, sino, dando vida a los hermanos que siguen muriendo, víctimas de la injusticia y la deshumanización. Eso será realmente «devolver con la misma moneda».

En el evangelio, dos discípulos, que no eran del grupo de los once (v. 33) se dirigen a Emaús. Probablemente se trata de un hombre y una mujer, casados, (también había mujeres discípulas), que regresaban a su pueblo natal frustrados por los últimos acontecimientos de la capital. Mientras conversaban, Jesús se acerca y comienza a caminar con ellos, al fin y al cabo es el Emmanuel. Pero ellos no pueden reconocerlo, sus ojos están cerrados. ¿Por qué? Porque en el fondo todavía tenían la idea de un mesías profeta-nacionalista, que conquistaría el mundo entero para ser dominado por las autoridades de Israel, un mesías necesariamente triunfador… Por eso, estaban viendo en la cruz y en la muerte del maestro, el fracaso de un proyecto en el cual habían puesto sus esperanzas.

Serán las Escrituras las primeras gotas que Jesús echa en los ojos del corazón de estos discípulos, para que puedan ver y entender que no es con el triunfalismo mesiánico, sino con el sufrimiento del siervo de Yavé, como se conquista el Reino de Dios; un sufrimiento que no es masoquismo, sino un cargar conscientemente con las consecuencias de la opción de amar a la humanidad, actitud difícil de entender en una sociedad dominada por un poder de dominio que mata a quien se interpone en su camino. Por la vida, hasta dar la misma vida, es el testimonio de Jesús ante sus dos compañeros.

El relato de los discípulos de Emaús es una pieza bellísima, evidentemente teológica, literaria. No es, en absoluto, una narración ingenua directa de un hecho tal como sucedió. Es una composición elaborada, simbólica, que quiere dar un mensaje. Y como todo símbolo, que no lleva adjunto un manual de explicación, permanece «abierto», es decir, es susceptible de múltiples interpretaciones. Y desde cada nuevo contexto social, en cada nueva hora de la historia, los creyentes se confrontarán con ese símbolo y extraerán nuevas lecciones…

En una página adjunta (http://servicioskoinonia.org/biblico/textos/emaus.htm) presentamos una glosa a este texto de Lucas, leído desde la situación psicológica de los «militantes latinoamericanos en los 90». La situación, actualmente, por fortuna, ha cambiado, pero las situaciones de depresión, de derrota y de desánimo, lamentablemente forman parte esencial de nuestra vida, por lo que puede ser interesante leer la interpretación que allí se ofrece del tema de Emaús desde América Latina. En todo caso, sugerimos su lectura más como una memoria de nuestro pasado, que algo correspondiente a la coyuntura de hoy.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 127 de la serie «Un tal Jesús», de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «Por el camino de Emaús». El guión, el audio y el comentario pueden ser tomados de aquí: https://radialistas.net/127-por-el-camino-de-emaus/

 

 

Francisco: «Es el momento de un salario universal para los trabajadores más humildes y sin derechos»

Abraham Canales, HOAC
Religión Digital

«Los movimientos populares son un verdadero ejército invisible que pelea en las más peligrosas trincheras (…), sin más armas que la solidaridad, la esperanza y el sentido de comunidad»
Francisco defiende los «sagrados derechos a tierra, techo y trabajo»
«Ahora más que nunca, son las personas, las comunidades, los pueblos quienes deben estar en el centro, unidos para curar, cuidar, compartir»

El papa Francisco se ha dirigido mediante carta, hoy Domingo de Resurrección, a los movimientos populares del mundo, haciendo  memoria de sus tres encuentros que «me hace bien, me acerca a ustedes, me hace repensar en tantos diálogos”; y para “recordar de modo especial y estar cerca” de las organizaciones de trabajadores y trabajadoras más empobrecidos, precarizados y excluidos, ante la dureza de la pandemia de la COVID-19.

Los movimientos populares “están ahí, poniendo el cuerpo (…) para hacer las cosas menos difíciles, menos dolorosas”. 

«Los movimientos populares son un verdadero ejército invisible que pelea en las más peligrosas trincheras (…), sin más armas que la solidaridad, la esperanza y el sentido de comunidad»…Leer más…

¿Por qué la sociedad española se sigue preguntando dónde está la Iglesia en esta pandemia?

José Manuel Vidal , Jesús Bastante
Religión Digital

«Incapaz de romper el techo de cristal de los grandes medios, la institución corre el riesgo de no formar parte del nuevo contrato social»
“No se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín”
«Son los ‘sanitarios del alma’, a los que nadie aplaude, pero ahí están aportando consuelo y esperanza. Hasta los obispos se están volcando, con todo tipo de iniciativas. Tanto espirituales, como solidarias»
«El trigo de la solidaridad y de la misericordia abunda en la Iglesia, pero, como no se da a conocer, permanece oculto»
«¿Qué le falta, pues, a la Iglesia española en este momento? Una gran campaña nacional, que ponga en valor lo muchísimo que está haciendo y que pase el cepillo entre sus fieles para contribuir a las necesidades del pueblo, especialmente de los más necesitados»
«A la Iglesia le hace falta un ‘Iván Redondo’ a la católica, un dircom que conozca a los periodistas, coma con los directores de medios, busque (y encuentre) líderes que participen en las tertulias, que generen información, que vuelvan a colocar a la institución en la agenda de los medios»… Leer más…

DOMINGO 2º DE PASCUA (A) de Fray Marcos

(Hch 2,42-47) Los creyentes vivían todos unidos y lo tenían todo en común.

(1 Pe 1,3-9) No habéis visto a Jesús y lo amáis; no lo veis y creéis en él…

(Jn 20,19- ¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.

 Solo en la comunidad podemos descubrir a Jesús vivo. Solo en el amor manifestado hay Vida, y no se manifiesta el Amor si no hay otro a quien amar.

Es esclarecedor que en los relatos pascuales Jesús solo se aparece a los miembros de la comunidad. O como es el caso de hoy, a la comunidad reunida. No hace falta mucha perspicacia para comprender que están elaborados cuando las comunidades estaban ya constituidas. No tiene mucho sentido pensar, como sugieren los textos, que el domingo a primera hora de la mañana o por la tarde ya había una comunidad establecida. Los exegetas han descubierto algo muy distinto.

“Todos lo abandonaron y huyeron”. Eso fue lo más lógico, desde el punto de vista histórico y teológico. La muerte de Jesús en la cruz perseguía precisamente ese efecto demoledor para sus seguidores. Seguramente lo dieron todo por perdido y escaparon para no correr la misma suerte. La mayoría de ellos eran galileos, y se fueron a su tierra a toda prisa. La muerte en la cruz no pretendía solo matar a la persona sino borrar completamente su memoria.

Hoy tenemos claro que en el origen del cristianismo, existieron dos comunidades, una en Judea (Jerusalén) y otra en Galilea. La de Jerusalén, parece ser que sustentada por sus familiares más cercanos y la de Galilea por sus discípulos que se volvieron a su tierra, decepcionados por la muerte de su maestro. Las dos siguieron trayectorias distintas y tenían muy diversas maneras de interpretar a Jesús. Más tarde surgió la de Pablo, que no procedían de ninguna de las dos y que se desarrollaron en la diáspora. Él mismo afirma que lo que enseña lo aprendió por revelación.

Cómo se fueron estructurando esas primeras comunidades, es una incógnita. Ese proceso de maduración de los seguidores de Jesús no ha quedado reflejado en ninguna tradición. Los relatos pascuales nos hablan ya de la convicción absoluta de que Jesús está vivo. Es una falta de perspectiva histórica el creer que la fe de los discípulos se basó en las apariciones. Los evangelios nos dicen que para “ver” a Jesús después de su muerte, hay que tener fe. El sepulcro vacío, sin fe, solo lleva a la conclusión de que alguien lo ha robado y las apariciones, a pensar en un fantasma.

 Esa experiencia de que seguía vivo, y además, les estaba comunicando a ellos mismos Vida, no era fácil de comunicar. Antes de hablar de resurrección, en las comunidades primitivas, se habló de exaltación y glorificación, del juez escatoló­gico, del Jesús taumaturgo, de Jesús como  Sabiduría. Estas maneras de entender a Jesús después de morir, fueron condensándose en la cristología pascual, que encontró en la idea de resurrección el marco más adecuado par explicar la vivencia de los seguidores de Jesús. En ninguna parte de los escritos canónicos del NT se narra el hecho de la resurrección. La resurrección no puede ser un fenómeno constata­ble empíricamente.

La experiencia pascual sí fue un hecho histórico. Cómo llegaron los primeros cristianos a esa experiencia no lo sabemos. En los relatos se manifiesta la dificultad del intento de comunicar a los demás esa vivencia, que está fuera del tiempo y el espacio. Fueron elaborando unos relatos que intentan provocar en los demás lo que ellos estaban viviendo. Para ello no tuvieron más remedio que encuadrarlos en el tiempo y el espacio que por sí no tenía.

Reunidos el primer día de la semana. Jesús comienza la nueva creación el primer día de una nueva semana. La práctica de reunirse el domingo se hizo común muy pronto entre los cristianos. Los que seguían a Jesús, todos judíos, empezaron a reunirse después de terminar la celebración del Sábado, que seguían manteniendo como buenos judíos. Al reunirse en la noche, era ya para ellos el domingo. El texto se ve que estaba ya consolidado el ritmo de las reuniones litúrgicas.

Se hizo presente en medio sin recorrer ningún espacio. Jesús había dicho: “Donde dos o más estén reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. Él es para la comunicad fuente de Vida, referencia y factor de unidad. La comunidad cristiana está centrada en Jesús y solamente en él. Jesús se manifiesta, se pone en medio y les saluda. No son ellos los que buscan la experiencia sino que se les impone. Después de lo que habían vivido, era imposible que pensaran en Jesús vivo.

 Los signos de su amor (las manos y el costado) evidencian que ese Jesús que están viendo es el mismo que murió en la cruz. Este es el objetivo de todos los relatos pascuales. Lo que ven no es un fantasma ni una elucubración o alucinación mental de cada uno.  El miedo que les había atenazado al ser testigos de su muerte en la cruz, desaparece. Ahora descubren que la verdadera Vida nadie puedo quitársela a Jesús ni se la quitará a ellos. La permanencia de las señales, indica la permanencia de su amor. La comunidad tiene la experiencia de que Jesús comunica Vida.

“Sopló» es el verbo usado por los LXX en Gn 2,7. Con aquel soplo se convirtió el hombre barro en ser viviente. Ahora Jesús les comunica el Espíritu que da la verdadera Vida. Queda completada así la creación del hombre. «Del Espíritu nace espíritu» (Jn 3,6). Ahora toman conciencia de lo que  significa nacer de Dios. Se ha Hecho realidad en Jesús y en ellos, la capacidad para ser hijos de Dios. La condición de hombre-carne queda transformada en hombre-espíritu.

La aclaración de que Tomás no estaba con ellos, prepara una lección magistral para todos los cristianos. Separado de la comunidad, es imposible llegar a la experiencia de un Jesús vivo; está en peligro de perderse. Solo cuando se está unido a la comunidad se puede ver a Jesús, porque solo se manifiesta en el amor a los demás que sería imposible si no hay alguien a quien amar. Nadie puede pensar en un amor intimista que pudiera existir sin hacerse efectivo en los demás.

Cuando los otros le decían que habían visto al Señor, le están comunicando la experiencia de la presencia de Jesús, que les ha trasformado. Les sigue comunicando la Vida, de la que tantas veces les había hablado. Les ha comunicado el Espíritu y les ha colmado del amor que ahora brilla en la comunidad. Jesús no es un recuerdo del pasado, sino que está vivo y activo entre los suyos. De todos modos queda demostrado que los testimonios no pueden suplir la experiencia personal.

A los ocho días, es decir, en la siguiente ocasión en que la comunidad se vuelve a reunir. Quiere dejar claro que Jesús se hace presente en cada celebración comunitaria. El día octavo es el día primero de la creación definitiva. La creación que Jesús ha realizado durante su vida, el día sexto, y que tiene su máxima expresión en la cruz, llega a su plenitud en la Pascua. Tomás se ha reintegrado a la comunidad, allí puede experimentar la presencia de Jesús y el Amor. 

 ¡Señor mío y Dios mío! La respuesta de Tomás es tan extrema como su incredulidad. Se negó a creer si no tocaba sus manos traspasadas. Ahora renuncia a la certeza física y va mucho más allá de lo que ve. Al llamarle Señor y Dios,  reconoce la grandeza, y al decir mío, el amor de Jesús y lo acepta dándole su adhesión. Naturalmente Tomas no es una persona concreta sino un personaje que representa a cada uno de los miembros de la comunidad que duda y supera esas dudas.

Dichosos los que crean sin haber visto. Todos tienen que creer sin haber visto. Lo que se puede ver no hace falta creerlo. Lo que Jesús le reprocha es la negativa a creer el testimonio de la comunidad. Tomás quería tener un contacto con Jesús como el que tenía antes de su muerte. Eso ya no es posible. Solo el marco de la comunidad hace posible la experiencia de Jesús vivo pero desde una perspectiva completamente nueva. Se trata de una presencia que renueva la persona.

Meditación

Sin experiencia pascual, no hay cristiano posible.

si no vivimos lo que vivió Jesús no le conocemos.

Es necesario un proceso de interiorización de lo aprendido sobre Jesús

El difícil paso que dieron los discípulos de Jesús,

Es el paso que tengo que dar yo, del conocimiento teórico de Jesús,

a la vivencia interna de que me está comunicando su misma VIDA.

Pazkoaldiko 2. igandea – 2º de Pascua (A) de José A. Pagola

POZA ETA BAKEA – ALEGRÍA Y PAZ

Ikasleei ez zitzaien erraza gertatu bizitzen ari zirena adieraztea. Narratzeak eskaintzen dituen baliabide-mota guztietara jotzen dute. Muina, halere, bat bera da izan beti: Jesus bizi da eta berekin dute berriro. Hau da funtsezkoa eta erabakitzailea. Bizi-bizirik berreskuratu dute Jesus.

Dei egin dienarekin egin dute topo ikasleek, kinka batean alde batera utzi duten harekin. Emakumeek beraien duintasuna defenditu duen hura besarkatu dute, adiskidetzat onartu dituen hura. Bera ikustean negarrari eman dio Pedrok: ez daki jada besteak baino gehiago maite duen; dakien gauza bakarra maite duela da. Maria Magdalenak bihotza ireki dio betirako liluratu duen hari. Behartsuek, emakume prostituituek eta ez-desiragarriek ondoan sentitu dute berriro, berarekin egin zituzten otordu ahaztezin haietan bezala.

Ez da izango jada Galilean bezala. Fedez bizitzen ikasi beharko dute. Beraren Espirituaz bete beharko dute. Beraren hitzak gogoratu beharko dituzte, beraren keinuak eguneratu beharko. Baina Jesus, Jauna, berekin dute, biziaz blai betiko.

Gauza bera sentitu dute guztiek: bake sakon bat, poz eutsiezin bat. Ebanjelio iturburuek, beti hain soil sentimenduez hitz egitean, behin eta berriz azpimarratu dute: Berpiztuak poza eta bakea eragin die bihotzean. Hain erdi-erdikoa da esperientzia hori non esan baitaiteke, ahoberokeriarik gabe, bake eta alaitasun hauetatik jaio zela Jesusen jarraitzaileen indar ebanjelizatzailea.

Non da gaur egun poz hori gure Elizan, batzuetan hain nekatua eta seriosa, irribarreari hain gutxi emana, bere erroreak eta mugak problemarik gabe aitortzeko hain umore eskaseko eta apaltasun eskasagoko ageri den Eliza honetan? Noiz arte jarraitzen ahal dugu geure irakaspenak defenditzen, beti hain era bateko eta aspergarrian; aldi berean, «Kristogan bizitzearen» poza esperimentatzen ez dugularik? Nor erakarriko du gure fedeak, batzuetan ezin badugu itxurarik ere egin hartaz bizi garela?

Eta Berpiztuaz bizi ez bagara, nork beteko du gure bihotza?, non elikatuko da gure poza? Eta, hari darion poza falta bada, nork komunikatuko die zerbait «berri eta onik» duda-mudak dituztenei?, nork erakutsiko du era biziago batean sinesten?, nork kutsatuko die esperantza sufritzen ari direnei?

Jose Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

2 Pascua – A (Juan 20,19-31)

por Coordinador – Mario González Jurado

ALEGRÍA Y PAZ – POZA ETA BAKEA

No les resultaba fácil a los discípulos expresar lo que estaban viviendo. Se les ve acudir a toda clase de recursos narrativos. El núcleo, sin embargo, siempre es el mismo: Jesús vive y está de nuevo con ellos. Esto es lo decisivo. Recuperan a Jesús lleno de vida.

Los discípulos se encuentran con el que los ha llamado y al que han abandonado. Las mujeres abrazan al que ha defendido su dignidad y las ha acogido como amigas. Pedro llora al verlo: ya no sabe si lo quiere más que los demás, solo sabe que lo ama. María de Magdala abre su corazón a quien la ha seducido para siempre. Los pobres, las prostitutas y los indeseables lo sienten de nuevo cerca, como en aquellas inolvidables comidas junto a él.

Ya no será como en Galilea. Tendrán que aprender a vivir de la fe. Deberán llenarse de su Espíritu. Tendrán que recordar sus palabras y actualizar sus gestos. Pero Jesús, el Señor, está con ellos, lleno de vida para siempre.

Todos experimentan lo mismo: una paz honda y una alegría incontenible. Las fuentes evangélicas, tan sobrias siempre para hablar de sentimientos, lo subrayan una y otra vez: el Resucitado despierta en ellos alegría y paz. Es tan central esta experiencia que se puede decir, sin exagerar, que de esta paz y esta alegría nació la fuerza evangelizadora de los seguidores de Jesús.

¿Dónde está hoy esa alegría en una Iglesia a veces tan cansada, tan seria, tan poco dada a la sonrisa, con tan poco humor y humildad para reconocer sin problemas sus errores y limitaciones? ¿Dónde está esa paz en una Iglesia tan llena de miedos, tan obsesionada por sus propios problemas, buscando tantas veces su propia defensa antes que la felicidad de la gente?

¿Hasta cuándo podremos seguir defendiendo nuestras doctrinas de manera tan monótona y aburrida, si, al mismo tiempo, no experimentamos la alegría de «vivir en Cristo»? ¿A quién atraerá nuestra fe si a veces no podemos ya ni aparentar que vivimos de ella?

Y, si no vivimos del Resucitado, ¿quién va a llenar nuestro corazón?, ¿dónde se va a alimentar nuestra alegría? Y, si falta la alegría que brota de él, ¿quién va a comunicar algo «nuevo y bueno» a quienes dudan?, ¿quién va a enseñar a creer de manera más viva?, ¿quién va a contagiar esperanza a los que sufren?

José Antonio Pagola