África y, en menor medida, Asia, frenan el desplome de fieles y clero en Europa

RD/EFE

Según los datos actualizados a 2019, el número de católicos era de 1.344.403.000 personas, con un aumento total de 15.410.000 respecto al año anterior y con un subida que interesa a todos los continentes, excepto Europa, donde se registraron 292.000 menos y al igual que en el año pasado

Los católicos en Europa descienden vertiginosamente y en 2019 fueron 292.000 menos, mientras que los religiosos y religiosas sólo aumentan en África y Asia, según el último anuario estadístico de la Iglesia católica que publica la agencia para las Misiones, FIDES.

Según los datos actualizados a 2019, el número de católicos era de 1.344.403.000 personas, con un aumento total de 15.410.000 respecto al año anterior y con un subida que interesa a todos los continentes, excepto Europa, donde se registraron 292.000 menos y al igual que en el año pasado.

Los bautizados aumentan en África (8.302.000) y en América (5.373.000), seguidos por Asia (1.909.000) y Oceanía (18.000).

El porcentaje mundial de católicos ha aumentado con respecto al año precedente alcanzando el 17,74 %, con la disminución siempre en Europa (0,05) y ha permanecido sin variación en Oceanía (26,34 %)…Leer más…

Una refriega católica no apta para los débiles de corazón

Atrio

Massimo Faggioli resalta la manera como el papa Francisco pone en el centro de la renovación de la Iglesia el olvidado Vaticano II. Muchos de nosotros vivimos el breve pontificado de Juan XXIII y creímos que del Concilio iba a salir una nueva Iglesia. Los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI se encargaron de bien de enlatarlo en una falsa reforma del Código de Derecho Canónico (1983) que siguió siendo tan clerical y jerárquico como el anterior y de un Catecismo de la Iglesia (1992), que recogía alguna expresión de la letra del Concilio, pero mataba su espíritu. Habíamos perdido la esperanza de verdadera iglesia, grupo de seguidores del Nazareno. Francisco nos abre una rendija y un proyecto para el itinerario sinodal 20102023. Yo estoy con él. ¿Y vosotros? AD.

La lucha del Papa por restablecer el lugar central del Vaticano II en la vida de la Iglesia y de quienes luchan por detenerlo.

El Papa Francisco sabe causar revuelo con sus declaraciones.

Pero incluso cuando el actual obispo de Roma dice cosas que no deberían ser de interés periodístico, son objetivamente relevantes en el contexto de la asediada Iglesia católica de hoy.

Un ejemplo: el Papa dijo recientemente que el Concilio Vaticano II (1962-65) moldeó su visión teológica y pastoral. Lo hizo en el prefacio de un nuevo libro llamado Fraternità segni dei tempi , que fue coescrito por el cardenal Michael Czerny, uno de sus compañeros jesuitas y alto funcionario del Vaticano, y Christian Barone, un sacerdote y teólogo italiano. La traducción al inglés se llama, Todos hermanos, Signo de los tiempos: La enseñanza social del Papa Francisco . Será publicado en 2022 por Orbis Books…Leer más…(Massimo Faggioli )

DOMINGO 30º T.O. (B) – Fray Marcos

(Jer 35,15-22) El Señor salva a su pueblo; entre ellos hay ciegos y cojos…

(Heb 5,1-6) Puede comprender al ignorante, pues él está envuelto en debilidades.

(Mc 10,46-52) ¿Qué quieres que haga por ti? Maestro, que pueda ver.

 No te dejes engañar, Tú puedes ver. Tu lazarillo ve menos que tú pero te ha convencido de que no ves, para seguir controlándote.

Sale Jesús de Jericó, camino de Jerusalén. Hoy no hay enseñanza añadida, el mimos relato entraña la lección. Lo encontramos en los tres sinópticos. Lucas sitúa el relato antes de entrar en Jericó. Mateo habla de dos ciegos pero el relato es el mismo. Estamos en la última escena, antes de entrar en Jerusalén. Después de este relato el evangelio da un quiebro. Lo acontecido en Jerusalén está más cerca del relato de la pasión que de lo narrado hasta aquí.

Este relato tiene poco que ver con los anteriores que propone Marcos. Le llama; le pregunta qué es lo que quiere; admite el título de Hijo de David; no lo aparta de la gente; la curación no va acompañada de ningún gesto; no le manda guardar silencio. Una vez que Marcos ha dejado claro que el camino hacia el Reino es la entrega hasta la muerte, ya no hay lugar para los malentendidos. No tiene sentido mandar callar ni rechazar el título de Mesías. Como suele pasar en los evangelios todo son símbolos. No debemos interpretarlos literalmente.

Al borde del camino. Bartimeo es el símbolo de la marginación, está fuera del camino, tirado en la cuneta, sin poder moverse, viendo cómo los demás pasan y dependiendo de ellos. El ciego tenía ya asignado su papel, pero no se resigna. Sigue intentando superar su situación a pesar de la oposición de la gente. “Hijo de David” era un título equivocado; suponía un Mesías que se impondría con la fuerza. Ya no le importa, no le manda callar.

Le regañaban para que se callara. Los demás no quieren saber nada de los problemas del ciego. En la situación en que te encuentras no tienes derecho a protestar. Aguanta y cállate. Era el sentir del pueblo judío. “La gente” significa, la inmensa mayoría de los cristianos que siguen a Jesús, pero no descubren la necesidad de emprender un nuevo camino. Una vez más aparece la sutil ironía de Marcos: los que seguían a Jesús eran un obstáculo para que el ciego se acercara a él. Los más cercanos a Jesús siguen sin ver.

¡Llamadlo! En menos de una línea se repite tres veces el verbo llamar. La llamada antecede siempre al seguimiento Jesús valora la situación de distinta manera. Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús. Al menor síntoma de acogida, el ciego da un salto. Un ciego debía andar a tientas y con cuidado. Ahora confía y da el salto, aunque no ve. El manto representa lo que había sido hasta el momento, que se convierte en un estorbo. Todas sus esperanzas están ahora puestas en Jesús. Este es el verdadero milagro, que se realiza antes del milagro.

¿Qué quieres que haga por ti? Qué va a querer un ciego. La pregunta que le hace Jesús es la misma que, el domingo pasado, hacía a Santiago y Juan. La pregunta es idéntica, pero la respuesta es completamente distinta. Los dos hermanos quieren “sentarse” junto a Jesús en su gloria. El ciego quiere ver para “caminar” con él. La diferencia no puede ser más abismal. ¿De verdad quiero salir de mi ceguera? O me encuentre tan a gusto con ella.

¡Que pueda ver! Jesús provoca este grito. En toda la Biblia, el “ver” tiene casi siempre connotaciones cognitivas. Ver significa la plena comprensión de aquello que es importante. Este grito es el centro del relato, siempre que no nos quedemos en lo físico. Se trata de ver el camino que conduce a Jerusalén para poder seguirlo. El camino del servicio que conduce hacia el Reino. De ahí la respuesta de Jesús: ¡Anda! El objetivo final no es la visión, sino la adhesión a Jesús y el seguimiento. Una lección para los discípulos que no terminan de ver.

Tu fe te ha curado. Una vez más, la fe-confianza es la que libera. Solo él ve a Jesús. Solo él le sigue por el camino que lleva a la entrega total en la cruz. Marcos deja bien claro que una respuesta auténtica a la llamada de Jesús, será siempre cosa de minorías. La multitud que seguían a Jesús sigue ciega. Todos estos domingos venimos viendo la falta total de comprensión de los discípulos. No habían ni siquiera atisbado la propuesta de Jesús. Solo después de la experiencia pascual ven a Jesús y le  siguen.

       Y lo seguía por el camino. El ciego, una vez que descubrió a Jesús le sigue en el camino hacia Jerusalén. Antes estaba al borde, es decir fuera del camino. El relato de una ceguera material es el soporte de un mensaje teológico: Jesús es capaz de iluminar el corazón de los hombres que están ciegos. Los discípulos demuestran una y otra vez, su ceguera. Un ciego tirado en el camino, ve. Antes de ver, espera el falso “Mesías davídico”. Después descubre al auténtico Jesús, que va hacia la entrega total en la cruz, y le sigue.

 Ya en la lectura de Jeremías encontramos el mismo mensaje: Dios salva un resto de su pueblo. No salva a los poderosos, ni a los sabios, ni a los perfectos sino a los ciegos y cojos, preñadas y paridas. Es decir a los débiles. No es el ciego el que está hundido en la miseria. La verdadera miseria está en los que mandan callar al ciego. Lo repetimos todos los días. ¡Que se callen los miserables! ¡Que eliminen los mendigos de las calles! No nos dejan vivir en paz. No ver la miseria que hay a nuestro alrededor es la única manera de vivir tranquilos.

La evolución ha sido posible gracias a que la vida ha sido despiadada con el débil. El evangelio establece un cambio sustancial en esa marcha. Jesús trastoca esa escala de valores, que aún prevalece hoy. Se daba por supuesto que Dios rechazaba todo lo defectuoso.  Nietzsche no pudo soportar ese cambio, porque creía que el evangelio exaltaba la mezquindad. Nunca fue capaz de descubrir el valor de un ser humano a pesar de sus limitaciones. La esencia de lo humano no está en la perfección sino en la misma persona.

La actitud de Jesús fue un escándalo para los judíos de su tiempo y sigue siéndolo para nosotros hoy. Jesús no solo se acercó a los ciegos, cojos y tullidos; también se acercó a los pecadores públicos, a las prostitutas, a las adúlteras. Lucas, después de este relato, inserta el de Zaqueo que expresa lo mismo, pero con relación a los impuros. Nosotros seguimos creyendo que los pecadores son también  rechaza por Dios, pero nos preceden en el Reino.

La escala de valores que nos propone el evangelio, no sólo es distinta, sino radicalmente opuesta a la que los humanos manejamos todavía hoy. Entendemos al revés el evangelio cuando pensamos: Qué grande es Jesús, que de una persona despreciable, ha hecho una persona respetable. El evangelio dice lo contrario, esa persona ciega, coja, manca, sorda, pobre, andrajosa, marginada, pecadora; esa que consideramos un desecho humano, es preciosa para Dios. Y por lo tanto es preciosa para Jesús. ¡Nos queda aún mucho por andar!

 Meditación

Grita desde lo hondo de tu ser una y otra vez:

¡Que pueda ver! ¡Que pueda ver!…

¡Pero si puedes ver! Solo tienes que abrir los ojos.

El ojo interior también está hecho para ver.

Descubre la causa de tu ceguera.

Urteko 30. igandea – B José A. Pagola

(Markos 10,46-52)

por Coordinador – Mario González Jurado

evangelio, Pagola

OIHU GOGAIKARRI BAT

Jesus Jerikotik irten da Jerusalemerako bideari ekiteko. Bidelagun ditu ikasleak, baita jende gehiago ere. Bat-batean oihuak entzun dituzte. Eskeko itsu bat da, bide-ertzetik Jesusi deika: «Daviden Seme, erruki zaitez nitaz!”

Itsutasunak ez dio uzten gainerakoek bezala bizitzaz gozatzen. Ezin joango da inoiz ere Jerusalemera erromes. Gainera, itxi egingo lizkiokete tenpluko ateak: itsuak ezin sartu ziren eraikin sakratuan. Bizitzatik bazterturik, jendeak marjinaturik, Jainkoaren ordezkariek ahazturik, Jesusi errukia eskatzea gelditzen zaio soilik.

Ikasleak eta jarraitzaileak haserretu dira. Oihu haiek eten egin diete Jerusalemerantz lasai bide egitea. Ezin entzun diote soseguz Jesusi hitz egiten. Gogaikarri dute behartsu hura. Isilarazi egin behar dute. Horregatik, «askok egin zion errieta isil zedin».

Oso bestelakoa da Jesusen erreakzioa. Ezin jarraitu dio bere bideari gizon haren sufrimenduari ez entzunarena eginez. «Gelditu da», geldiarazi du talde osoa eta itsuari dei egiteko esan die. Bere jarraitzaileek ezin jarraitu dute beraren ondoren sufritzen ari direnen deia entzun gabe.

Sinplea da arrazoia. Mila eratan azaldu du Jesusek, paraboletan, erreguetan eta esaera bakanetan: sufritzen dutenak dira Jainkoaren begiratuaren eta bihotzaren erdigune. Horregatik eskaintzen die berak bere harrera, horregatik die kasu egiten lehentasuna eskainiz. Bere bizitza, beste ezer baino lehen, bizitzak gaizki tratatu dituenentzat du edota zuzengabeki tratatuak direnentzat, esperantzarik gabe bizitzera utziak direnentzat.

Gogaikarri gertatzen zaizkigu gaizki bizi direnen oihuak. Sumindu gaitzake ebanjelioaren orrietan etengabe halakoekin topo egiteak. Baina ez dugu zilegi ebanjelioaren mezua «urardotzea». Ez da Jesusen Elizarik sufritzen ari direnei entzun gabe.

Geure bidean ditugu. Edozein unetan aurkitzen ahal ditugu. Geugandik oso hurbil edo urrunago. Laguntza eskatzen digute eta errukia. Kristau-jarrera bakarra Jesusek itsuarekin izan duena da: «Zer nahi duzu nik zuri egitea?» Honek izan beharko luke Elizaren jarrera sufritzen ari direnen munduan: zer nahi duzu nik zuri egitea?

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

 

UN GRITO MOLESTO

Jesús sale de Jericó camino de Jerusalén. Va acompañado de sus discípulos y más gente. De pronto se escuchan unos gritos. Es un mendigo ciego que, desde el borde del camino, se dirige a Jesús: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!».

Su ceguera le impide disfrutar de la vida como los demás. Él nunca podrá peregrinar hasta Jerusalén. Además, le cerrarían las puertas del templo: los ciegos no podían entrar en el recinto sagrado. Excluido de la vida, marginado por la gente, olvidado por los representantes de Dios, solo le queda pedir compasión a Jesús.

Los discípulos y seguidores se irritan. Aquellos gritos interrumpen su marcha tranquila hacia Jerusalén. No pueden escuchar con paz las palabras de Jesús. Aquel pobre molesta. Hay que acallar sus gritos: Por eso «muchos le regañaban para que se callara».

La reacción de Jesús es muy diferente. No puede seguir su camino ignorando el sufrimiento de aquel hombre. «Se detiene», hace que todo el grupo se pare y les pide que llamen al ciego. Sus seguidores no pueden caminar tras él sin escuchar las llamadas de los que sufren.

La razón es sencilla. Lo dice Jesús de mil maneras, en parábolas, exhortaciones y dichos sueltos: el centro de la mirada y del corazón de Dios son los que sufren. Por eso él los acoge y se vuelca en ellos de manera preferente. Su vida es, antes que nada, para los maltratados por la vida o por las injusticias: los condenados a vivir sin esperanza.

Nos molestan los gritos de los que viven mal. Nos puede irritar encontrarlos continuamente en las páginas del evangelio. Pero no nos está permitido «mutilar» su mensaje. No hay Iglesia de Jesús sin escuchar a los que sufren.

Están en nuestro camino. Los podemos encontrar en cualquier momento. Muy cerca de nosotros o más lejos. Piden ayuda y compasión. La única postura cristiana es la de Jesús ante el ciego: «¿Qué quieres que haga por ti?». Esta debería ser la actitud de la Iglesia ante el mundo de los que sufren: ¿qué quieres que haga por ti?

José Antonio Pagola

Domingo 24 de Octubre 30º T.O. (B) – Koinonía

Jeremías 31,7-9: Seré un Padre para Israel
Salmo 125:
 El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres
Hebreos 5,1-6:
 Tú eres Sacerdote eterno
Marcos 10,46-52: 
Maestro, que pueda ver

Guiaré entre consuelos a los ciegos y cojos

Así dice el Señor:/ «Gritad de alegría por Jacob,/ regocijaos por el mejor de los pueblos:/ proclamad, alabad y decid:/ El Señor ha salvado a su pueblo,/ al resto de Israel./ Mirad que yo os traeré del país del norte,/ os congregraré de los confines de la tierra./ Entre ellos hay ciegos y cojos,/ preñadas y paridas:/ una gran multitud retorna./ Se marcharon llorando,/ los guiaré entre consuelos:/ los llevaré a torrentes de agua,/ por un camino llano en que no tropezarán./ Seré un padre para Israel,/ Efraín será mi primogénito.»

Salmo responsorial: 125

El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres.

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión, / nos parecía soñar: / la boca se nos llenaba de risas,/ la lengua de cantares. R.

Hasta los gentiles decían: / «El Señor ha estado grande con ellos.» / El Señor ha estado grande con nosotros, / y estamos alegres. R.

Que el Señor cambie nuestra suerte, / como los torrentes del Negueb. / Los que sembraban con lágrimas / cosechan entre cantares. R.

Al ir, iba llorando, / llevando la semilla: / al volver, vuelve cantando, / trayendo sus gavillas. R.

Hebreos 5, 1-6

Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec

Hermanos: Todo sumo sacerdote, escogido entre los hombres, está puesto para presentar a los hombres en el culto a Dios: para ofrecer dones y sacrificios por los pecados. Él puede comprender a los ignorantes y extraviados, ya que él mismo está envuelto en debilidades. A causa de ellas, tiene que ofrecer sacrificios por sus propios pecados, como por los del pueblo. Nadie puede arrogarse este honor: Dios es quien llama, como en el caso de Aarón. Tampoco Cristo se confirió a sí mismo la dignidad de sumo sacerdote, sino aquel que le dijo: «Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy», o, como dice otro pasaje de la Escritura: «Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec.»

Marcos 10, 46-52

Maestro, haz que pueda ver.

En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó con sus discípulos y bastante gente, el ciego Bartimeo, el hijo de Timeo, estaba sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar: «Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí.» Muchos lo regañaban para que se callara. Pero él gritaba más: «Hijo de David, ten compasión de mí.» Jesús se detuvo y dijo: «Llamadlo.» Llamaron al ciego, diciéndole: «Ánimo, levántate, que te llama.» Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús. Jesús le dijo: «¿Qué quieres que haga por ti?» El ciego le contestó: «Maestro, que pueda ver.» Jesús le dijo: «Anda, tu fe te ha curado.» Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.

COMENTARIO A LOS TEXTOS:

El libro de Jeremías nos muestra un aspecto de la manifestación de Dios al que no estamos acostumbrados: la ternura. Dios nos ama sin importar si vamos por la vida como ciegos o cojos, es decir, si a duras penas podemos caminar, o si apenas vemos o presentimos por dónde vamos. Dios nos ama, así estemos en un estado de vulnerabilidad o debilidad absoluta, como lo puede estar una mujer encinta o una madre que recién ha alumbrado a su hija. Dios nos ama incluso si hemos huido de él y nos hemos refugiado en el último confín de la tierra. Y la razón de ese amor no es otra que la de sentirnos hijos suyos, la de habernos engendrado por su amor, la de hacernos partícipes de su reino. Una de las insistencias de Jesús era la de vivir la experiencia amorosa de Dios como la esencia sobre la que se funda y funde nuestra vida; y no porque ello estuviera a tono con la sensibilidad religiosa de su tiempo.

El salmo empalma bien con la primera lectura y nos muestra cómo la magnificencia de Dios consiste en el rescate y redención de su pueblo. La experiencia del exilio ya no es la de vivir en un país extranjero, sino la de sentir que ningún lugar del mundo es extraño al proyecto transformador de Dios.

La segunda lectura, de la carta a los Hebreos, afianza y confirma esa dimensión del poder de Dios manifestado como compasión y misericordia. Jesús consagra nuestra vida a Dios por medio de su vida y su Palabra. Él redime nuestras faltas y nos encamina por una experiencia en la que convertimos en fortalezas nuestras infaltables debilidades humanas. Él nos ofrece un camino de redención que supera el puro precepto religioso, la simple justificación sentimental o un vacío racionalismo abstracto. Dios es el que llama, y nosotros somos quienes podemos responderle. Ya no queremos un gurú o un experto en religión, sino un hermano o una hermana que camine con nosotros y nos ayude a realizar esa vocación por la cual nos hemos hecho cristianos.

El evangelio de Marcos narra la curación del ciego Bartimeo, el último «milagro» de Jesús narrado por Marcos. Tradicionalmente este pasaje se ha incluido en el género milagro, pero si se lo examina bien, carece de algunos elementos típicos de este género, como por ejemplo el gesto de curación o la palabra sanadora. Estamos, más bien, ante un relato, basado tal vez en un hecho histórico, que sobre todo quiere acentuar la importancia de la fe como fundamento del discipulado.

El relato, dentro de su sobriedad, está «cargado de detalles», que, sin duda, han sido puestos en el relato con segunda intención, para facilitar una interpretación y unas aplicaciones concretas. Marcos nos indica el lugar donde sucede este episodio: a la salida de Jericó, la ciudad de las palmeras en medio del desierto de Judá, la puerta de entrada en la tierra prometida (cf Dt 32,49; 34,1), paso obligado para los peregrinos que venían de Galilea, por el camino del Jordán, a Jerusalén, ciudad de la que dista algo más de 30 kilómetros. La Jericó del tiempo de Jesús estaba situada al suroeste de la mencionada en el AT. Había surgido en torno a la lujosa residencia invernal construida por Herodes.

Hay, además, una alusión explícita –aunque suene un tanto genérica– al nombre del ciego: Bar-timeo, «hijo de Timeo»; Mateo y Lucas no mencionarán este detalle. Junto con el de Jairo, es el único nombre propio que aparece en Marcos antes de iniciar el relato de la pasión. Algunos piensan que esto es debido al hecho de que probablemente este hombre formó parte de la comunidad cristiana palestinense.

El protagonista es un hombre ciego, doblemente pobre, por tanto. Lv 19,14, Dt 27,18, Is 59,9 son textos que nos ayudan a comprender la situación de los ciegos en Israel. La liturgia ha establecido un nexo entre este evangelio y la primera lectura de Jeremías porque en ambos casos se habla de un acontecimiento gozoso para los ciegos.

El diálogo comienza con una petición de Bartimeo, de hondo trasfondo veterotestamentario (cf Os 6,6), y que la liturgia eucarística ha incorporado en el acto penitencial: “ “Ten compasión de mí”. La petición va precedida por el título mesiánico de hijo de David. Esta es la única vez que aparece este título en el evangelio. Posteriormente el ciego le llamará “rabbuní” (término que solemos traducir por “maestro” y que el original de Marcos no traduce).

La gente lo manda callar para que no moleste. Este mandato no tiene nada que ver con el “secreto mesiánico” tan típico de Marcos, ya que aquí quien manda callar no es Jesús sino la gente. Cuando el ciego se entera de que Jesús lo llama, “ “soltó el manto” y, de un salto, se acercó a Jesús. Este detalle aparece también en 2Re 7,15. Es una manera de indicar el interés que produce el acontecimiento.

El diálogo posterior se narra de una manera esquemática: pregunta “ (¿Qué quieres que haga por ti?) , petición “ (“Maestro, que pueda ver”) y respuesta “ (“Anda, tu fe te ha curado”) . Como hemos dicho, faltan el gesto y las palabras de la curación. El acento recae en la fuerza de la fe. Ésta es la que permite pasar de la tiniebla a la luz, del borde del camino al interior del camino, de la pasividad de quien mendiga a la actividad de quien sigue a Jesús hasta el final.

Hoy se habla mucho de las terapias sanadoras a través de la medicina natural, de las técnicas psicológicas, de tradiciones budistas, de los flujos de energía… y de los problemas sicosomáticos, que se curan de un modo también psico-somático… Los milagros se desnudan y se nos hacen mucho más explicables, mucho más del día a día. La vida está llena de «milagros» para quien sabe llevarla, por quien la lleva con coraje, con «fe». La «inteligencia emocional» (cfr. Daniel Goleman), la «inteligencia ecológica» (del mismo autor), la «inteligencia espiritual» (cfr. Danah Zohar), el holismo, la sinergia… nos trasladan a un «realismo mágico» aparentemente muy realista. La fe mueve montañas, ya lo dijo Jesús. Los milagros de nuestra fe no tienen por qué ser milagros-milagros, estrictamente sobrenaturales… Al menos, muchos de los de Jesús de Nazaret parece que no lo fueron, y los nuestros de hoy día todavía es más difícil que lo sean. Tal vez necesitemos simplemente «educar los ojos» con esa inteligencia emocional, ecológica, espiritual (no en la visión lineal en la que nos educaron en el viejo paradigma)… y volver a echar mano de la fe, del «coraje de existir» (Tillich).

El evangelio de hoy no está dramatizado en la serie «Un tal Jesús».

VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS

La pandemia y consecuencias
La sinodalidad en la iglesia católica

“De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna y brotan las hojas sabéis que el verano está cerca”

Redes Cristianas va a celebrar del 23 al 24 de octubre su VII Encuentro General trienal, previsto inicialmente para finales del pasado 2020 en La Laguna (Tenerife) y que, en esta ocasión, la pandemia ha obligado a aplazar. Debido a que la anormalidad aún no ha desaparecido del ambiente y preocupación de la gente, el evento será vía internet y mantendrá abiertas las inscripciones hasta 10 de mismo mes de octubre en la siguiente dirección  (https://forms.gle/3CtTnKy9GAtTsDoN6).

Para quienes pretenden estar al tanto de por dónde van las cosas social, política y religiosamente en este país (y en el mundo en general) en momentos de tanta incertidumbre como el actual, tenemos que decir que no se trata de un hecho menor. Redes Cristianas, donde se coordinan más de 200 colectivos estatales con fuerte vinculación exterior —singularmente la UE y América Latina— es, ciertamente, un buen catalizador de lo que nos está pasando y de por dónde van las apuestas con futuro…Leer más…

De Hans Küng a la Iglesia en salida de Francisco

«El camino de Hans Küng no fue fácil. en 1979 la Santa Sede le retiró la licencia a Küng para enseñar teología católica por un cuestionamiento que hace en su libro ‘¿Infalible? Una pregunta'»

«A pesar de lo anterior considero que hay muchas cosas que debieran ser consideradas en el quehacer teológico de Küng, algunas de estas ideas pueden ser rescatadas de su libro ‘Lo que yo creo'»…Leer más…(Manlio Fabio Altamirano Fajardo)

¿A qué espera la Iglesia española para destapar a sus abusadores e indemnizar a las víctimas?

Religión Digital

«Algunos episcopados siguen sin querer reconocer que los abusos sexuales, de poder y de conciencia fueron un paradigma sistémico en el que vivió la Iglesia católica durante siglos»

«el director editorial de la cadena Cope, el cielino José Luis Restán que no cree que “ninguna otra institución haya hecho jamás” el esfuerzo de “responsabilidad, humillación, arrepentimiento y búsqueda de reparación” de la Iglesia católica…»

«La institución hace como los políticos: se justifica y echa balones fuera, en vez de asumir sus pecados y sus delitos. Con el consiguiente descrédito en la imagen y en la credibilidad social de la institución»

«Los obispos españoles cobardean en tablas, porque la inmensa mayoría ha vivido en el sistema del encubrimiento y son incapaces de dar el salto a las tres medidas concretas que les pide el Papa ante la plaga de los abusos: transparencia, responsabilidad y rendición de cuentas»

“Es el momento de la vergüenza”. Partía el alma ver al Papa Francisco, triste, decepcionado e indignado, confesar públicamente, en la audiencia del pasado miércoles, que ya está bien, que es hora de que los obispos limpien sus iglesias de la pederastia, pidan perdón y coloquen a las víctimas “en el centro”, porque será la única manera de que la Iglesia vuelva a ser una “casa segura para todos”…Leer más…(José Manuel Vidal)

DOMINGO 29º (B) – Fray Marcos

(Is 53,10-11) Cuando entregue su vida, verá su descendencia, prolongará años

(Heb 4,14-16) Un sumo sacerdote probado en todo, exactamente como nosotros.

(Mc 10,32-45) Entre vosotros, nada de eso: El que quiera ser grande sea servidor

Consumirse sirviendo es la máxima gloria. No se trata de sacrificarse para conseguir un premio; se trata de alcanzar mi ser absoluto.

Sigue el camino hacia Jerusalén. Al anunciar Marcos tres veces la pasión, está mostrando la rotundidad del mensaje. Al proponer después de cada anuncio, la radical oposición de los discípulos, resalta la dificultad de entenderle. A continuación del primer anuncio Pedro dice a Jesús que, de pasión y muerte, ni hablar. Después del segunda, lo discípulos siguen discutiendo quién era el más importante. Hoy al tercer anuncio de la pasión los dos hermanos pretenden sentarse uno a su derecha y otro a su izquierda ‘en su gloria’.

Uno a tu derecha y otro a tu izquierda. Le llaman maestro, pero le dicen lo que tiene que hacer. Los dos hermanos están pidiendo los primeros puestos en el reino terreno que Jesús va a instaurar. Pero aunque estuvieran pensando en el reino escatológico, estarían manifestando el mismo afán de superioridad. Ya decíamos el domingo pasado que la actitud egoísta es la misma, se pretendan seguridades para el más acá o para el más allá.

No sabéis lo que pedís. Se refleja una diferencia abismal de criterios. Jesús y los discípulos están en distinta longitud de onda. Con esta frase, Marcos está proponiendo una sutil proyección sobre el momento mismo de la muerte de Jesús. Si tenemos en cuenta que, para Jesús, el lugar de la gloria es la cruz, le estarían pidiendo que vayan con él a la muerte. Curiosamente, todos los evangelios nos dicen que, efectivamente, había en aquel momento uno a su derecha y otra a su izquierda, pero eran malhechores comunes.

Los otros diez se indignaron. Señal inequívoca de que todos estaban deseando los mismos puestos. El resto de los discípulos tenían las mismas ambiciones que los dos hermanos, pero eran cobardes y no tenían la valentía de manifestarlo. Normalmente en la protesta por lo que hace otro podemos manifestar el deseo de hacer lo mismo. La inmensa mayoría de los cristianos seguimos intentando utilizar a Dios en nuestro provecho.

Los jefes de los pueblos lo tiranizan… Es impresionante el resumen de la manera de utilizar el poder en el mundo. Jesús no crítica ni la democracia ni la monarquía; critica a las personas que ejercen el poder oprimiendo. Jesús da por supuesto que en el ámbito civil, lo normal, es ejercer el poder tiranizando a los demás. ¡Qué distinto lo que propone Jesús! «Nada de eso» sino lo contrario: Servir. Una lección difícil de aprender.

El Hijo de hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir. Ahora no son los jefes de los sacerdotes los que le quitan la vida, sino que es él el que la entrega libremente. Este cambio de perspectiva en muy importante para el sentido general. Al decir que da su vida, el texto griego no dice “zoe” ni “bios” sino “psyche”, que no significa exactamente vida, sino lo humano, lo psicológico, la persona. Dar su vida, no significaría morir, sino poner su humanidad al servicio de los demás mientras vive.

Hoy muy probablemente en la homilía se criticará a la Iglesia porque no sigue el evangelio huyendo de todo poder y sirviendo a todos. Los entes de razón no son sujetos de reacciones humanas. Somos las personas con nombre y apellidos las que seguimos actuando sin tener en cuenta el evangelio. En muy pocos siglos los cristianos volvieron a considerar correcto lo que Jesús había criticado tan duramente en los evangelios.

El evangelio nos dice, por activa y por pasiva, que el cristiano es un ser para los demás. Si no entendemos esto, no hemos comprendido el a b c del cristianismo. Pero este mensaje es también la x, porque es la incógnita más difícil de despejar, la realidad más camuflada bajo la ideología justificadora que siempre segrega toda religión institucionalizada. Somos cristianos en la medida que nos damos a los demás. Dejamos de serlo en la medida que nos aprovechamos de ellos, de cualquier forma, para estar por encima de ellos.

Este principio básico del cristianismo no ha venido de ningún mundo galáctico. Ha llegado hasta nosotros gracias a un ser humano en todo semejante a nosotros. Lo descubrió en lo más hondo de su ser. Al comprender lo que Dios era en él, al percibirlo como don total, Jesús hizo el más profundo descubrimiento de su vida. Entendió que la grandeza del ser humano consiste en esa posibilidad que tiene de darse como Dios se da.

En ese don total, encuentra el hombre su plena realización. Cuando descubre que la base de su ser es el mismo Dios, descubre la necesidad de superar el apego al falso yo. El ego es siempre falso porque es una creación mental, por eso necesita estar siempre afianzándose. Liberado del “ego”, se encuentra con la verdadera realidad que es. En ese momento, su ser se expande y se identifica con el Ser Absoluto. El ser humano se hace uno con Él. No va más. Ni Dios puede añadir nada a ese ser. Es ya una misma cosa en él.

Mientras no haga este descubrimiento, estaré en la dinámica del joven rico, de los dos hermanos y de los demás apóstoles: buscaré más riquezas, el puesto mejor y el dominio de los demás. Si acepto darme a todos por programa­ción, será a regañadientes y esperando una recompensa, aunque sea espiritual. Estoy buscando potenciar mi “ego”. Tampoco se trata de sufrir, de humillarse ante Dios o ante los demás, esperando que me lo paguen con creces. La máxima gloria será vivir y desvivirse en beneficio de los demás.

Los evangelios están escritos desde una visión mítica. En el relato no se cuestiona que Jesús se sentará en su trono ni que habrá alguien a su derecha y a su izquierda. La expresión tan repetida en los evangelios: “reino de Dios” o “reino de los cielos, no debemos entenderla como una realidad que existe en alguna parte sino como una metáfora de lo que Dios es en todos. La mejor prueba es que, a renglón seguido, nos dice que la gloria consiste en el servicio, en el amor manifestado no en ningún gobierno.

El objetivo último de Jesús fue entregarse, deshacerse en beneficio de los demás. Su consumación en la identificación con Dios, fue idéntica realidad a su consumición en favor de los demás. No tiene sentido que lo hiciera esperando una recompensa de gloria. La superación de yo y la identificación con Dios es su máxima gloria. No puede haber más. No hay un Dios que glorifique ni un Jesús glorificado. Cuando Jesús dice. “Yo y el Padre somos uno”, está manifestando que ha llegado a la plenitud de ser.

Meditación

Opresión, tiranía, sometimiento, esclavitud, servidumbre.

Entre vosotros nada de eso, dice Jesús.

Pero todo eso lo encontramos en cada uno de nosotros.

La larga lucho que tuvo Jesús con sus discípulos

es la misma que tenemos que llevar a cabo

cada uno de nosotros contra nuestro falso yo.

Urteko 29. igandea – B (Markos 10,35-45)

HANDIAK DIRA, BEREK EZ JAKIN ARREN

Beraien izena ez da ageri ohi egunkarietan inoiz ere. Inork ez die aurretik pasatzen uzten inon ere. Ez dute, ez titulu, ez kontu korronte inbidiagarririk, baina handiak dira. Ez dute aberastasun handirik, baina badute diruz ezin erosi den zerbait: onberatasuna, harrera-gaitasuna, txera eta errukia premian denarentzat.

Pilo bateko gizon-emakumeak dira, inork ere baliorik doi-doi ematen dion oinezko jendea, baina bizitza beren ingurumenean maitasuna eta txera jarriz bizi dutenak. Jende xumea eta onbera, eskua luzatuz eta on eginez bakarrik bizitzen dakitenak.

Harrokeria zer den ez dakien jendea, asmo handi-mandirik ez duena. Gizon-emakumeak, une egokian aurkitzen dituzunak, aupada-hitz bat, begiratu bihozkoi bat, esku hurbil bat behar duzunean.

Aita xume eta onak dira, seme-alaba txikiei entzuteko, berauen ehunkada galderei erantzuteko, berauen jokoetan gozatzeko eta berauen ondoan bizitzako alderik onena birtopatzeko astirik hartzen dutenak.

Ama nekaezinak dira, etxea bero eta pozgarri egiten dutenak. Preziorik ez duten emakumeak, bai baitakite ematen beren seme-alabei beharrezkoen dutena geroari konfiantza osoaz aurre egiteko.

Senar-emazteak dira, beren maitasuna egunez egun heldutasunera eramaten dakitenak, amore ematen ikasiz, bestearen zoriona eskuzabal zainduz, batak besteari barkatuz eguneroko ehunkada sesio koskorretan.

Jende ezezagun hau da mundua bizigarriago eta bizitza gizatiarrago egiten duena. Hauek dute airea garbi eta arnasgarri bihurtzen gure gizartean. Hauez esan du Jesusek handiak direla, gainerakoen zerbitzura bizi direlako.

Jendea: berek ez dakite, baina berauen bizitzari esker zabaltzen da gure kaleetan eta etxeetan energiarik antigoalekoena eta zinezkoena: maitasunaren energia. Mundu honetako basamortuan, batzuetan hain ez bizigarria, zeinetan ematen baitu areriotasunak eta mutur joka ibiltzeak bakarrik dutela lekurik, oasi txiki izaten da jende hau, adiskidetasuna, konfiantza eta elkar laguntza ernetzeko bide. Ez dira nahaspilatzen diskurtso eta teorietan. Hau dute berena: isil-isilik maitatzea eta laguntza eskaintzea premian denari.

Gerta dakieke inoren esker onik ez jasotzea sekula santa. Agian, ez zaie egingo omenaldi handirik. Baina gizon-emakume hauek handiak dira, gizatiar direlako. Horretan datza berauen handitasuna. Berauek dira Jesusen jarraitzailerik hobenak, berau bezala, mundua duinago eginez bizi baitira. Berek jakin gabe, Jainkoaren erreinuari bide irekitzen ari dira.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

29 Tiempo ordinario – B (Marcos 10,35-45)

SON GRANDES, AUNQUE NO LO SEPAN

Nunca viene su nombre en los periódicos. Nadie les cede el paso en lugar alguno. No tienen títulos ni cuentas corrientes envidiables, pero son grandes. No poseen muchas riquezas, pero tienen algo que no se puede comprar con dinero: bondad, capacidad de acogida, ternura y compasión hacia el necesitado.

Hombres y mujeres del montón, gentes de a pie a los que apenas valora nadie, pero que van pasando por la vida poniendo amor y cariño a su alrededor. Personas sencillas y buenas que solo saben vivir echando una mano y haciendo el bien.

Gentes que no conocen el orgullo ni tienen grandes pretensiones. Hombres y mujeres a los que se les encuentra en el momento oportuno, cuando se necesita la palabra de ánimo, la mirada cordial, la mano cercana.

Padres sencillos y buenos que se toman tiempo para escuchar a sus hijos pequeños, responder a sus infinitas preguntas, disfrutar con sus juegos y descubrir de nuevo junto a ellos lo mejor de la vida.

Madres incansables que llenan el hogar de calor y alegría. Mujeres que no tienen precio, pues saben dar a sus hijos lo que más necesitan para enfrentarse confiadamente a su futuro.

Esposos que van madurando su amor día a día, aprendiendo a ceder, cuidando generosamente la felicidad del otro, perdonándose mutuamente en los mil pequeños roces de la vida.

Estas gentes desconocidas son los que hacen el mundo más habitable y la vida más humana. Ellos ponen un aire limpio y respirable en nuestra sociedad. De ellos ha dicho Jesús que son grandes porque viven al servicio de los demás.

Ellos mismos no lo saben, pero gracias a sus vidas se abre paso en nuestras calles y hogares la energía más antigua y genuina: la energía del amor. En el desierto de este mundo, a veces tan inhóspito, donde solo parece crecer la rivalidad y el enfrentamiento, ellos son pequeños oasis en los que brota la amistad, la confianza y la mutua ayuda. No se pierden en discursos y teorías. Lo suyo es amar calladamente y prestar ayuda a quien lo necesite.

Es posible que nadie les agradezca nunca nada. Probablemente no se les harán grandes homenajes. Pero estos hombres y mujeres son grandes porque son humanos. Ahí está su grandeza. Ellos son los mejores seguidores de Jesús, pues viven haciendo un mundo más digno, como él. Sin saberlo, están abriendo caminos al reino de Dios.

José Antonio Pagola