VERDADERAS MOTIVACIONES DE RUANDA EN SU IMPLICACIÓN EN EL ESTE DE LA RDC, según Steve Hege

“El objetivo estratégico de Ruanda es un Estado Federal autónomo en el este de la RDC, sobre el que mantendrá una influencia a la vez política, militar, económica y cultural”. “Ruanda está decidido a ganar; nada, ni siquiera las sanciones, le disuadirá antes de haber alcanzado este último objetivo”. Steve Hege
EXTRACTOS Y RESUMEN del testimonio («La devastadora crisis en el este de Congo») de Steve Hege* presentado el 11 de diciembre de 2012 ante el Subcomité de África, Salud Global y Derechos  Humanos del Congreso norteamericano.Subcommittee on Africa, Global Health, and Human Rights

La estrategia regional de Ruanda
Las implicaciones de Ruanda en la crisis que sacude su gran y rico vecino son evidentes (remontan a 1996 con la rebelión de la alianza de fuerzas democráticas para la liberación del Congo AFDL – de Laurent Désiré Kabila). Pero no sucede lo mismo con relación a su verdadera motivación. Oficialmente, Ruanda argumenta a menudo basándose en la amenaza – real o supuesta – que las milicias hutu ruandesas, activas en la región fronteriza del Kivu, representan. Un argumento que en 2012 no tiene ya el mismo peso que podía representar hace 15 ó 10 años.  Ruanda une “esta preocupación principal” a otras como los derechos de los tutsi congoleños, que por miles se han refugiado en su territorio desde hace años.
Sin embargo, en el transcurso de estos años y de distintos acontecimiento,  cada vez aparece con mayor claridad que Ruanda dispondría de una agenda oculta, y, en consecuencia, más difícil de descifrar. Muy probablemente, sus actuales maniobras con la nueva rebelión del M23 se inscriben en esta agenda, aunque, contra abundantes evidencias, Ruanda siga negando relación alguna con este movimiento rebelde. Porque, si uno se fija sólo en las cosas aparentes, encontrará difícilmente una razón por la que Ruanda está nuevamente implicado en la desestabilización de la RDC: las relaciones políticas y económicas entre los dos países  habían mejorado claramente y se habían estabilizado desde 2009, con la retirada de Laurent Nkunda por parte de Ruanda y posteriormente con el restablecimiento de relaciones diplomáticas; se realizaron esfuerzos militares sin precedente para combatir las FDLR y Ruanda, que colaboró en ello abiertamente, se felicitó por el hecho de que la capacidad de las FDLR había disminuido en gran medida; la RDC detuvo y transfirió a personas reclamadas por el Tribunal Internacional para Ruanda; la RDC se convirtió en 2010 en el primer país para la exportación de productos ruandeses en la región, etc.
Así pues, ¿por qué Ruanda persiste en desestabilizar la RDC? ¿Gana más con un Congo inestable que con un Congo pacificado? ¿Qué es lo que gana o ganará de verdad? ¿Por qué justamente ahora, en 2012? Estas preguntas y muchas otras  las plantea mucha gente, pero son raros los que pueden responder a ellas sin apasionamiento, de manera razonable y objetiva. El americano Steve Hege era, hasta el pasado 30 de noviembre, el coordinador del grupo de expertos sobre la RDC creado por el Consejo de Seguridad de la ONU para, entre otras cuestiones, controlar la aplicación del embargo de armas a los actores no-estatales en RDC; grupo que ha producido varios informes y documentos concretamente sobre la rebelión M23 y el apoyo del que se beneficia por parte de Ruanda. El 11 de diciembre pasado estaba invitado por el Sub-comité para África, la salud mundial y los derechos humanos del Comité para Asuntos africanos del Congreso americano, donde presentó “un testimonio” sobre su lectura y sus perspectivas con relación a “la devastadora crisis en el este de la RDC”, a partir de su experiencia personal sobre el tema. Su presentación (un documento de 11 páginas, disponible en inglés en PDF en http://foreignaffairs.house.gov/112/HHRG-112-FA16-WState-HegeS-20121211.pdf, es sin duda imperfecta – por ejemplo parece reducir enteramente la cuestión de la inestabilidad en la RDC a las veleidades ruandesas sin más, sin señalar apenas los problemas internos. De tal modo que algunos han considerado su análisis como “excesivo”. No obstante, tiene el mérito de responder de manera bastante coherente y plausible a la mayoría de las interrogantes sobre las motivaciones de la implicación de Ruanda en la desestabilización del este de la RDC desde hace años. La “estrategia regional” de Ruanda  no explica ella sola el caos congoleños, aunque tal estrategia se confirma y es evidente que constituye una “de las causas profundas” de la inestabilidad. Steve Hege nos muestra que las repetitivas crisis en el Kivi no son un problema entre congoleños, como a menudo se entiende, y que Ruanda juega una función que va más allá que la de ser “esponsor/patrocinador” de las rebeliones. A mi juicio, es una perspectiva que debe tomarse en serio por parte de los congoleños si quieren poner arreglo a la situación.
En cuanto a la teoría de un Estado Federal, la idea no es nada mala, al contrario. Steve Hege lo recuerda: la Constitución de febrero de 2006 consagró un Estado cuasi-federal (fuertemente descentralizado), con un número creciente de provincias e importantes competencias para ellas y para otras entidades territoriales descentralizadas. Pero, el problema reside en la puesta en práctica de esta Constitución debido a la incompetencia o mala voluntad de los dirigentes de Kinshasa, así como a la dejadez de la población. Lo que es inaceptable es una “cooptación” por parte de Ruanda de semejante sistema de Estado. Los congoleños deben desmontar semejante trampa. Descentralización, federalismo u otra solución, es ante todo asunto de los congoleños en exclusiva, según sean sus intereses y aspiraciones, y no una tarea emprendida desde el extranjero. Sigue en pie la pregunta: ¿Por el hecho de que Ruanda tenga una preferencia a favor del federalismo, deben los congoleños rechazarlo automáticamente? Yo no lo creo. Lo que es importante es que cuanto se haga lo sea por el interés superior del Congo y de los congoleños, guste ello o disguste a Ruanda o a otros países.
Dada la propaganda que Ruanda ha lanzado contra él para desacreditar las conclusiones del grupo de expertos de la ONU, se puede apostar a que algunos encuentren en este análisis razones para concluir que Steve Hege es un anti-ruandés, anti-tutsi empedernido, sin tratar de leer objetivamente su análisis. Tener prejuicios es una de las cosas más fáciles
Jean-Mobert N’Senga
24/12/2012
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EXTRACTOS Y RESUMEN del testimonio («La devastadora crisis en el este de Congo») de Steve Hege presentado el 11 de diciembre de 2012 ante el Subcomité de África, Salud Global y Derechos  Humanos del Congreso norteamericano.
Subcommittee on Africa, Global Health, and Human Rights
La estrategia regional de Ruanda
Si de verdad no son las reclamaciones ligadas a los acuerdos del 23 de marzo de 2009, ni el logro de un buen gobierno, ni la defensa de los derechos humanos, ni el tema de la anulación de las FDLR, ni la cuestión de los refugiados, ¿Qué es lo que realmente quiere Ruanda? Sólo una de las demandas de los rebeldes es susceptible de ofrecer una explicación consistente: es el federalismo. La implicación ruandesa en la rebelión del M23 se hace más comprensible si es entendida como un paso firme y calculado para engendrar la creación de un Estado federal autónomo en el este de la RDC. Se puede especular sobre si dicha implicación estaba justificada por razones de seguridad o de intereses económicos o por motivos de lazos étnicos y culturales, pero un Estado federal en el este de la RDC resumiría todas esas cuestiones.
Antes de las elecciones de noviembre de 2011, uno de los altos oficiales de información del gobierno ruandés  hablaba conmigo sobre posibles escenarios para la secesión del este del Congo. Afirmó, reflejando el pensamiento de muchos de sus colegas, que dado que el Congo era demasiado grande para ser dirigido desde Kinshasa, Ruanda debería apoyar la aparición de un Estado federal. “Goma – decía – debería estar ligada a Kinshasa del mismo modo que lo estaba Juba a Jartum antes de la independencia del Sur-Sudán”.
Está claro que no hay un pretexto o justificación inventada posteriormente lo que ha causado esta guerra, sino que más bien han sido los objetivos estratégicos regionales de Ruanda los que han motivado su implicación. Las negociaciones deberían evitar otras cuestiones y poner el acento en este elemento extremadamente importante. En nuestras reuniones oficiales (sobre nuestro informe) varios representantes ruandeses no ocultaron que la única solución (para el este del Congo) que tenían en mente era el federalismo. El día en que el M23 tomó Goma, los media pro-gubernamentales ruandeses comenzaron a exigir inmediatamente “el derecho a la autodeterminación”. En varias reuniones internas del M23, representantes ruandeses afirmaron abiertamente que el establecimiento de este Estado autónomo era el objetivo último de la rebelión. Posición compartida por mandos del M23, uno de cuyos portavoces ha declarado recientemente al New York Times: “Queremos más que la descentralización; queremos el federalismo”, para añadir: “los intereses del este de la RDC giran hacia África del este”. Un oficial ugandés, implicado también en el M23 en cooperación con los ruandeses, ha declarado: “(Los ruandeses) apuntan muy alto…No hay más que mirar al Sur-Sudán”.
La visión federalista profundamente enraizada de Ruanda forma parte de una estrategia geopolítica regional. Un Estado autónomo federal en el este del Congo consolidaría y garantizaría la ya amplia influencia de Ruanda en el ejército, así como en aspectos de orden político, económico y cultural. Una ambición y determinación firmes que han llevado a Ruanda a adoptar una estrategia basada en la desestabilización a largo plazo del este del Congo, minando todo esfuerzo de reconstrucción y estabilidad de la región con la esperanza de que la permanente inestabilidad engendraría reformas radicales. Este objetivo explica por qué Ruanda ha buscado sistemáticamente  presentar los grupos armados del este como si fueran un frente unido contra Kinshasa.
Por otra parte, los ruandeses han emprendido grandes esfuerzos en todos los frentes para dibujar un Congo como “un gran agujero negro”. Los diplomáticos ruandeses han declarado incesantemente que “el Congo seguía siendo un puro desorden, una causa perdida” y han insinuado que para salvarlo era indispensable un cambio estructural.
La opción del momento de la rebelión
La siguiente cuestión sería: ¿por qué ahora? Efectivamente los inicios del año 21012 constituían el momento propicio para dar un empujón definitivo hacia el objetivo estratégico de Ruanda. Casi todo el mundo, incluidos los ruandeses, esperaba que, tras el desacreditado proceso electoral de noviembre de 2011, el caos y la protesta se extenderían por todo el Congo, abriendo una brecha para la creación de un levantamiento en el este contra Kinshasa. Como Kabila había tejido lazos de unión con Ruanda en favor de la paz, se había convertido en tremendamente impopular en el este de la RDC, base electoral en 2006. El desafío para Ruanda era encontrar el medio para hacer girar la animosidad existente contra Kigali contra Kinshasa. Existía además un rival político serio en la persona de Vital Kamerhe, verdadero primer líder de la oposición en el este. Kabila debía atender a dos frentes opositores, el oeste lingaláfono, ya extremadamente hostil, que le trataba de “impostor ruandés”. El apoyo popular había disminuido incluso en Katanga  y en el Kivu Sur.
En segundo lugar, una mayor estabilidad en el este de la RDC podría acelerar el desarrollo de las capacidadesdel Estado y de las Instituciones estatales, lo que tendría como efecto la disminución progresiva de las posibilidades de un cambio o reforma radical del Estado. Además, los ruandeses temen que los congoleños establezcan en Kisangani un centro para tratamiento de minerales, lo que orientaría radicalmente lejos de Ruanda el comercio de los minerales del Kivu.
“La dejadez/indiferencia con relación al Congo” de la comunidad de donantes, que pagan anualmente una pesada factura para financiar la MONUSCO, es también una de las razones que podría justificar la propuesta de llevar a cabo soluciones radicales y definitivas. Me lo preguntó sinceramente  un diplomático occidental en medio de la crisis: “¿Tras tantos años de violencia, el este del Congo es de verdad una entidad viable? Quizás deberíamos comenzar a pensar en soluciones más radicales y duraderas para esta región”. Este sentimiento de desesperanza ha alcanzado tales niveles que el New York Times ha publicado una tribuna libre que preconizaba que “se dejara dislocar ese país”.
Antes del M23, se había expresado cada vez más la voluntad de no tolerar más los abusos e impunidad de Bosco Ntaganda, así como la presión para limitar la capacidad de mando paralelo de los miembros del exCNDP. Si Ntaganda fuera detenido, como lo exigen las organizaciones de defensa de derecho humanos, ello habría disminuido significativamente la influencia ruandesa y su poder militar en el este de la RDC. Por otra parte, tras 15 años, los ciclos de integración de antiguos rebeldes son cada vez menos aceptables, lo que obliga a realizar más pronto que tarde el último objetivo (el federalismo).
Por añadidura, muchos antiguos oficiales CNDP se resisten vehementemente a los intentos gubernamentales de trasladarlos fuera del Kivi y controla además mafias y redes de extorsión. Ello ha servido para la reconciliación entre mandos tutsi que han formado un frente común tras Ruanda para proteger sus intereses personales en los negocios, a pesar de que algunos de ellos estaban antes dispuestos a apoyar al disidente ruandés (contra Kagame) general Kayumba Nyamwasa
Finalmente, el rol protagonizado por ruandeses en el proceso de integración (en las FARDC) de exCNDP le ha ofrecido una especial ocasión para situarse como “hacedores de paz”, de manera que podrían influir en la adopción de una solución a la crisis: el federalismo. Desde el comienzo de la crisis, Ruanda ha reclamado a voz en grito “negociaciones políticas entorno a la gobernanza”.
Implicaciones en las negociaciones
¿Qué puede significar todo lo dicho en las negociaciones en curso? Si las aspiraciones geopolíticas de Ruanda son tan ambiciosas, ¿qué puede esperarse de las negociaciones, especialmente cuando ha manifestado estas semanas últimas que es superior en el campo de batalla? Si no se aborda la cuestión del federalismo, las otras cuestiones podrían resolverse, pero la probabilidad de que hubiera guerra no descendería. Muchos observadores hacen continuos llamamientos que se identifiquen y resuelvan las causas profundas de los ciclos de violencia en el este de la RDC, pero mencionan poco los objetivos estratégicos de Ruanda como causa primera. Kabila, por su parte, se siente en posición de fuerza si se trata de negociar el acuerdo del 23 de marzo, pero las negociaciones fracasarán inevitablemente si la cuestión del federalismo no se coloca en el centro de la agenda.
¿El federalismo es de verdad negociable en Kampala? ¿Los EEUU y otros Estados van a apoyar la solución del federalismo para el este de la RDC, a sabiendas de que se trata en primer lugar del objetivo de Ruanda? ¿Va a ser recompensado Ruanda por su persistencia? ¿Cómo el nacimiento de un Estado federal conducido desde el extranjero, al borde mismo de una secesión pura y simple, podría ser considerado internacionalmente como legítimo? ¿Puede haber negociaciones objetivas sobre semejante cuestión si tales negociaciones son conducidas por Uganda y Ruanda?¿Los ejemplos del Sur-Sudán y del norte de Mali pueden tener un impacto en las discusiones? Los diplomáticos, en general, sostienen que Ruanda debe formar parte de la solución. Los ruandeses se quejan de que se les señale con el dedo y sostienen que ellos forman `parte no del problema sino de la solución de la crisis actual. ¡Habría que conocer de qué solución se trataría!
« La solución » a esta crisis parece haber sido identificada antes de que se disparasen las primeras balas. Ruanda sabía qué solución quería proponer y necesitaba para ello orquestar una crisis lo suficientemente extendida como para justificar tal solución. Cuando el Estado congoleño y sus fuerzas de seguridad se defendieron perfectamente y batieron  a los rebeldes, los ruandeses tuvieron que intervenir abiertamente para conducir  directamente la crisis, desafiando la presión internacional en el momento en que su implicación se convertía en muy evidente.
Tomando cierta perspectiva con relación a las dinámicas actuales, el federalismo en sñi mismo aparece más bien como una buena propuesta, pero cuando es teledirigido por un Estado vecino que sacaría enorme provecho de ello, lo mínimo que puede decirse es que el federalismo puede ser problemático. Debería surgir de un debate político democrático en el interior de la RDC y exclusivamente entre congoleños, y no a través de negociaciones políticas orquestadas y facilitadas por Ruanda y algunos de sus aliados en Uganda.
La comunidad internacional parece querer escamotear la implicación de Ruanda y las terribles cargas de violaciones de derechos humanos por parte de algunos mandos del M23 para obtener una solución apresurada de “alto el fuego” y detener el enorme coste humanitario de esta guerra. En el plano militar, el ejército congoleño ha probado que es capaz de eliminar a los verdaderos amotinados, pero desde que Ruanda creó el M23 y desplegó su propio ejército al lado de los amotinados, la solución militar parece haberse excluido. Y además, la MONUSCO ha mostrado que no queríadesplegar sus tropas para enfrentarse a ejércitos extranjeros.
El M23 se ha situado en el norte de Goma con el fin de influir en las negociaciones. Ruanda está decidido a ganar; es consciente de que se trata de su última oportunidad. Podría proseguir la guerra hasta obtener lo que desea; los costes para Ruanda son ya lo suficientemente importantes como para que hoy se contente con algo inferior a su último objetivo
CONCLUSIÓN
La cuestión clave está en saber qué solución considerará Ruanda como suficiente para alcanzar su objetivo estratégico y que podría dejar la ventana abierta para progresar hacia el objetivo de que el este de la RDC refuerce su independencia  del Estado. ¿Le satisfaría a corto plazo a Ruanda una mayor integración económica regional? La integración regional es objetivamente muy positiva, pero debe basarse en Estados iguales (entre iguales) y en el respeto mutuo. La historia reciente prueba que la integración económica no disuadirá a Ruanda de seguir apuntando a su objetivo estratégico. El acercamiento en 2009 entre la RDC y Ruanda fue alabado internacionalmente, porque reconoció abiertamente y aceptó la influencia ruandesa en los Kivi. La lógica era que si Ruanda quedaba autorizado a establecer a través de la frontera proyectos económicos de manera abierta y transparente (encima de la mesa), ya no debería maniobrar en la sombra (bajo la mesa). Sin embargo, los estrategas ruandeses consideraron probablemente estas iniciativas como trampolines hacia el logre de su objetivo último, no como una culminación.
Por consiguiente, si el federalismo es en efecto lo que está fundamentalmente en juego, hay una necesidad clara de que se examine la descentralización como alternativa. Está prevista en la Constitución que también prevé el aumento del número de provincias. Potencialmente, un acuerdo negociado que acelerara el proceso de descentralización haciendo ver que podría conducir a un verdadero federalismo, constituiría un compromiso razonable.  Eso, si aceptamos que no existe una opción militar real capaz de disuadir la determinación de Ruanda de lograr sus objetivos. Sin embargo, un proceso así podría producir también resultados desastrosos. Así pues, el desafío mayor de semejante compromiso sería el acompañamiento cercano de tal proceso de descentralización por parte de los donantes, con vistas a aislar  las instituciones locales débiles de cualquier influencia externa o de una cooptación.
Por otra parte, cualquier proceso de descentralización en RDC debe priorizar igualmente el reforzamiento de la autoridad del gobierno en todo el país. La gran mayoría de los congoleños del este se identifican fuertemente son el Congo como única nación y no desean que su propia gobernanza sea un asunto en el que intervengan Estados vecinos. Quieren que Kinshasa dirija el este del Congo de manera preactivas, imparcial, eficaz y con un equilibrio respetuoso.
Otro aspecto importante de la disuasión frente a la cooptación ruandesa de un proceso congoleño de descentralización sería construir progresivamente a gran escala proyectos de infraestructuras y proyectos industriales para mejorar la independencia económica de la RDC frente a sus vecinos. Un ejemplo podría ser la renovación del aeropuerto de Goma.
En suma, el mejor escenario posible para la deletérea situación actual es, para la RDC, aprovechar las negociaciones en curso para afrontar directamente el deseo de Ruanda de un Estado federal en el este del Congo, convenciendo a Kigali que se puede realizar ese objetivo por medio de la legislación congoleña preexistente en materia de descentralización. La comunidad internacional debe apoyar sólidamente las instituciones centrales y provinciales y la infraestructura económica de la RDC con vistas a atenuar lentamente el molesto control y la intervención externos”.
* Steve Hege ha sido el coordinador del grupo de expertos de la ONU que presentó varios informes ante el Consejo de Seguridad sobre la rebelión M23 y la guerra en Kivu-Norte (este de la RDC)
Traducción/resumen del francés: Ramón Arozarena
“Crise à l’Est de la RCD: Les véritables motivations de l’implication du Rwanda » d’après Steve Hege
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Está disponible el documento completo del testimonio (11 páginas) en inglés en PDF en http://foreignaffairs.house.gov/112/HHRG-112-FA16-WState-HegeS-20121211.pdf