¿Necesitamos un voto de castigo?

Atrio

“La cólera ha llevado a votar por Le Pen”, dice Macron. Añadámosle: “y a la abstención más alta de los últimos 50 años, sobre todo entre gente joven”. De una manera u otra, nuestro sistema parece haber degenerado hasta obligarnos a elegir entre lo malo y lo peor (o si alguien es más optimista: entre lo regular y lo malo). Más me gusta la frase citada de Macron, que el optimismo imperturbable del señor Sánchez, que celebra el triunfo “de la democracia” en Francia, y nos permite “seguir bailando sobre la cubierta del Titanic”. Porque veamos cuál es esa democracia que ha triunfado.

1.- Si democracia significa derecho al voto para todos (¡que tanto costó conseguir!), eso requiere una vida digna para todos: porque la vida es de más valor que el voto. Y quien hambre o no tiene casa, no está para muchos otros votos. Pero de eso nada: y quien no se lo crea que vea los informes de Caritas. Ya constató Piketty cómo las clases pobres y miserables son las que más van dejando de votar. Pero parece que pensamos que “mejor para nosotros”.

2.- Cada vez es más frecuente y típico de nuestro sistema que las necesidades más primarias del ser humano se conviertan en fuente de enriquecimiento para unos cuantos. Eso es simplemente inicuo aunque pretendamos justificarlo con aquello de que “lo privado funciona mejor que lo público”. Sofisma puro porque ni uno el otro funcionan siempre igual. Unas veces gana uno y otras el otro…Leer más (José I. González Faus