Los Calvarios y Tabores actuales

Atrio

 Es de sobra conocido cómo son muchos los “jesu-cristianos” que estamos apostando por recuperar un equilibrio, perdido los últimos decenios, entre el programa de las Bienaventuranzas (“¡Dichosos los pobres porque de ellos es el Reino de los cielos!”); la contemplación y relación con Dios en las transparencias de sus Tabores actuales (“¡qué bien se está aquí!”) y el compromiso por desalojar los Calvarios contemporáneos (“¡Dios mío, por qué me has abandonado!”).

      Y que lo hacemos intentando circular entre tales montes. En los primeros, para no perder nunca de vista el Norte o la estrella Polar de una espiritualidad y teología “jesu-cristianas”: los pobres y los crucificados en cada momento de la historia. En los segundos, para disfrutar de la presencia consoladora y estimulante de Dios y cargar las pilas. Y en los terceros, para erradicar o, por lo menos, ayudar a bajar a los parias de nuestros días de sus respectivas cruces o para impedir que existan, más allá de que haya que cuidar con particular esmero o acompañar a los quemados por una desmedida generosidad.

      Entiendo que no es posible renunciar a circular entre estos tres “ochomiles”. Pretender quedarse quieto en uno (casi siempre, el Tabor) es lo que se podría llamar “autocomplaciente consumismo espiritual”, probablemente, una variante de lo que, desde el punto de vista explicativo y teológico, es tipificable como extrapolación o fundamentalismo gnóstico…Leer más…(Jesús Martínez Gordo)