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Las concentraciones celebradas este miércoles debían testimoniar que Ceuta no está sola. Miles de personas salieron a la calle para expresar su apoyo a una ciudad que lleva más de un mes soportando una presión humana, social y económica extraordinaria. Esa solidaridad es necesaria. Ceuta necesita recursos, protección, servicios públicos reforzados y una respuesta del Estado –no solo del Gobierno– a la altura de una crisis que ha desbordado sus capacidades.
Pero el resultado de las movilizaciones obliga a preguntarnos qué solidaridad se expresó y contra quién terminó dirigiéndose una parte del malestar. Junto a las legítimas reclamaciones de ayuda, se escucharon peticiones de expulsión colectiva, se presentaron las llegadas como una “invasión”, se corearon consignas contra las personas musulmanas. También fueron increpados y agredidos profesionales de RTVE y otros periodistas que cubrían los actos.
La concentración de Madrid, convocada formalmente por la Federación Española de Municipios y Provincias, reunió a unas 50.000 personas, según la Delegación del Gobierno. La llamada institucional de apoyo a Ceuta quedó desbordada en distintos momentos por proclamas como “invasores, expulsión” y peticiones de encarcelamiento del presidente. Tras el acto se produjeron enfrentamientos que terminaron con cuatro personas detenidas y cuatro policías heridos. En Valencia también se escucharon consignas contra los musulmanes… Leer más (Abraham Canales)