Una fecha para Marcos / II

Salvador Santos

ATRIO

10. Perplejidad y miedo

Las dos palabras con que Marcos puso término a su escrito sorprenden y confunden. Se trata de un verbo en imperfecto seguido de una conjunción: ephoboûnto gár (“porque tenían miedo”) (Mc 16,8).

Lejos de presentar un final feliz, este cierre transmite desencanto.  Refleja la situación de unas personas congestionadas por las vacilaciones en un tiempo muy cercano a los acontecimientos que empujaron a Marcos a componer su relato.

Los seguidores del proyecto del Galileo permanecían entonces encapsulados en su decepción por el estrepitoso fracaso de aquel hombre a quien tenían como el líder mesiánico esperado.

11. Mujeres protagonistas

Las protagonistas a quienes están referidas estas dos palabras de Marcos son mujeres reales actuando en un entorno figurado. Marcos transmite un mensaje conjugando esos elementos. Da el nombre de las mujeres: María Magdalena, María la de Santiago y Salomé (Mc 16,1). Ellas poseen la clave que puede hacer saltar los cerrojos del error en que se halla encerrado el colectivo de seguidores. Pero las paraliza el miedo.

Pensando que el Galileo ha acabado en un sepulcro, habían acudido con perfumes al lugar que mejor representa un final irreversible. Pretenden disimular con apariencia de vida el hedor de una muerte cruenta e indeseada. Siguen pensando en Jesús como el líder davídico:

“¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado?” (16,6).

¡Y descubren que una tumba no es el lugar donde encontrarlo!

12. Cambio de ruta

Las mujeres no han hallado lo que buscaban: un cadáver. El vacío les mueve a reflexionar. Marcos describe la experiencia de esas mujeres sirviéndose de un personaje imaginario de aspecto triunfante y condición celestial que representa al mismo Galileo:

“vieron a un joven sentado a la derecha, envuelto en una vestidura blanca” (16,5).

Las mujeres, como el resto de discípulos, aguardaban la libertad a través de la consecución de un poder hegemónico. Comprenden, entonces, que esa es una vía muerta y que la liberación pasa por un cambio de ruta. La orientación acertada conduce a seguir los pasos del Galileo desde sus comienzos:

“Decid a sus discípulos y, en particular a Pedro: Va delante de vosotros a Galilea; allí lo veréis, como os había dicho” (16,7).

Esa andadura representa la manera de encontrarse con él. Ese fue el gran hallazgo de las mujeres. Aunque al principio les asustara la empresa y callaran, regresan conscientes de que algo ha cambiado en su manera de comprender. El miedo las inmoviliza, pero sus pensamientos discurren ahora en otra dirección.

Marcos concluyó de ese modo su relato como acicate para sus lectores. Los enfrentaba, así,  a sus propios temores proponiéndoles las vacilaciones que las mujeres tuvieron que superar. La realidad del evangelio de Marcos demuestra que las mujeres tuvieron el coraje de transmitir su experiencia sin olvidar declarar sus miedos. Fueron ellas quienes, con sus reflexiones vividas a tope, convencieron al resto de seguidores animándoles a dar el paso desde el miedo a la osadía.

Así acaba Marcos. No hay otros datos sobre apariciones del Galileo. No las consideró necesarias. Encontramos aquí el estrato más antiguo relacionado con este tema.

13. Evangelios recargados

A diferencia de Marcos, Mateo, Lucas y Juan cargan sus relatos de apariciones. Mateo corrige a Marcos. Mantiene la actitud miedosa en las mujeres, pero le añade una buena dosis de alegría para justificar la transmisión inmediata del encargo recibido del llamado en este caso: el ángel del Señor:

“Con miedo, pero con mucha alegría, se marcharon a toda prisa del sepulcro y corrieron a anunciárselo a los discípulos” (Mt 28,8).

El evangelio de Mateo habla de apariciones. Jesús se manifiesta a esas mismas mujeres (28,9-10) y, con solemnidad,  al grupo de los once (28,16-20).

Lucas, que duplica el número de mensajeros (ahora son dos; Lc 24,4), amplia también detalles, comentarios, nuevas apariciones. Jesús se presenta de improviso, come, conversa con el colectivo de discípulos, les argumenta. Este evangelista incorpora además una novedad: Cierra su escrito con una escena en la que imagina a Jesús siendo transportado hacia el cielo:

“…y levantando las manos, los bendijo. Mientras los bendecía, se separó de ellos y se lo llevaron al cielo” (Lc 24,51).

Juan se desborda y dedica dos capítulos (20 y 21) con escenas de encuentros y largos diálogos entre Jesús y diferentes personajes. Se trata de relatos repletos de simbolismos y elementos figurados, en sintonía con todo su escrito.

En estos tres evangelios (Mateo, Lucas y Juan) encontramos otros estratos bastante más alejados de los hechos. En comparación con el seco final de Marcos, muestran contextos muy distantes y distintos respecto al del primer evangelio escrito. El contraste entre ellos indica que Marcos fue terminado y puesto a disposición de las comunidades en tiempos muy anteriores al de los otros dos evangelios.

14. Justificación de los recargos…, pero recargos al fin

Los relatos de apariciones sirvieron, entre otras cosas, como procedimiento para reparar la imagen deteriorada de los discípulos durante su convivencia con el Galileo. Fue también la manera de perpetuar, una vez desaparecida la primera generación de adheridos al Proyecto, la experiencia de triunfo tenida por las mujeres y posteriormente por el resto de seguidores.

Si hubieran ocurrido en realidad tales apariciones, Marcos las habría incorporado a su escrito. No había razón para omitirlas. Representaban un argumento de extraordinario valor a favor del proyecto de vida que el Galileo había defendido hasta el final y que el texto explicaba.

Marcos es anterior a los imaginados relatos de apariciones.

Durante el período de tiempo transcurrido entre la salida a la luz del evangelio de Marcos y el origen de la tradición oral relativa a apariciones, los lectores de su evangelio no necesitaron de las citadas manifestaciones extra-históricas de Jesús para adherirse a su proyecto. Les bastaba el testimonio directo, la realidad de su propia experiencia y la fenomenal pedagogía de Marcos.

15. Lectores de Marcos

De igual modo, los lectores de Marcos tampoco precisaban idealizar el nacimiento y la infancia del Galileo. Les resultaba suficiente conocer el trecho entre el arranque real de su actuación hasta el momento en que le arrancaron la vida.

Ese era el trayecto a recorrer de nuevo (“va delante de vosotros a Galilea; allí lo veréis”); justo el que aquellas mujeres y el resto de discípulos habían transitado con él llenos de miedo, atrapados en ideologías nacionalistas y sobrados de ambiciones de poder.

La cuestión es: ¿se puede determinar la fecha aproximada en que los primeros lectores de Marcos recibieron su evangelio?