ATRIO
Salvador Santos
1. El primer escrito estilo evangelio
Lo que debutó como un nuevo formato literario llamado evangelio esconde aún muchas de las huellas que el protagonista principal de la obra, el Galileo, dejó al pasar.
Queda un largo trecho hasta descubrir la envergadura histórica del texto de Marcos. La búsqueda de la fecha de composición del texto no es capricho inútil de eruditos. Determinarla implica contar con una ayuda de especial importancia en orden a descubrir esas pisadas.
2. ¿Fue escrito hacia el año 70?
Hasta hace unas pocas decenas de años parecía incontestable datar el escrito de Marcos en torno al año 70, fecha de la destrucción de Jerusalén a manos de las tropas del imperio dominante. La coincidencia entre los defensores de esa fecha no es total. Hay quienes ven más probable los años anteriores al 70 y quienes piensan en el período posterior a la finalización de la guerra.
Unos y otros encuentran el mejor apoyo a sus planteamientos en el capítulo 13 de Marcos, donde se habla de batallas, guerras, dolores, divisiones y muertes. En dicho contexto aparecen dos datos de especial relevancia utilizados como soporte de estos criterios de datación.
1. El anuncio hecho por el Galileo de la destrucción del templo:
“¿Ves esos grandes edificios? No dejarán ahí piedra sobre piedra que no derriben” (Mc 13,2).
2. Una señal avisadora de carácter cifrado donde el redactor abre un ventanuco para asomarse y lanzar también su advertencia al lector:
“Cuando veáis que el execrable devastador ha puesto el pie donde no tiene que hacerlo –téngalo presente el lector- entonces…” (13,14).
3. ¿Por qué no, otras fechas?
1. Si las palabras del Galileo pronosticando la destrucción del templo se toman como referencia para fechar el evangelio de Marcos en torno al año 70, estas otras palabras de Miqueas:
“Por vuestra culpa será arado Sión como un campo,
Jerusalén será una ruina;
El monte del Templo, un cerro de maleza” (Miq 3,12)
escritas hacia el año 700 a. de. J., obligarían a registrar el texto del profeta aproximadamente un siglo más tarde, cerca del año en que tuvo lugar la devastación del templo de Salomón, en el 586 a. de J.
2. El enigmático aviso:
“Cuando veáis que el execrable devastador ha puesto el pie donde no tiene que hacerlo”,
solo puede ser considerado como referencia directa y exclusiva a la entrada del ejercito romano en Jerusalén en el año 70 si antes se ha demostrado con otros argumentos ese sentido restrictivo de tal advertencia.
A mi juicio, estos supuestos esconden una fijación obsesiva en la fecha de la destrucción de Jerusalén, lo que comporta un doble riesgo:
- – el seguimiento de una clave equivocada para interpretar el capítulo 13 de Marcos.
- – el olvido de otros datos incluidos en este evangelio, muy útiles como indicadores de la fecha aproximada en que vio la luz el primer evangelio escrito.
4. Ampliando el campo de la búsqueda
Así pues, conviene liberarse del empecinamiento en el año 70 y explorar otros momentos históricos ajenos a la guerra judía y otros datos del texto distintos al capítulo 13. La recogida del fruto pasa por ojear el árbol en todo su alrededor, penetrar en su frondosidad y, si fuera preciso, incluso zarandear las ramas.
5. Marcos: Un “tapado” reconocido por todos desde el principio
El evangelio de Marcos fue favorablemente acogido por los primeros colectivos de adheridos al proyecto del Galileo. Su aceptación emanó del reconocimiento de su contenido. No necesitó ser atribuido a alguno de los más renombrados integrantes del grupo de Jesús. El anonimato de la obra demuestra su valía; también la de su autor, que ni siquiera se significó con una dedicatoria al estilo de la que da entrada al evangelio de Lucas.
Marcos se implantó en las primeras comunidades como texto fundamental. Tras años sirviendo de alimento para el crecimiento y consolidación de esos colectivos, Mateo y Lucas lo adoptaron como base sobre la que trabajaron sus escritos. Una gran parte de Mateo y Lucas es Marcos.
6. El brillo de Mateo y Lucas apaga a Marcos
A partir de ese hecho, Mateo y Lucas fueron cobrando protagonismo en la medida en que el evangelio más corto quedaba ensombrecido y pasaba a un segundo plano. Algún redactor posterior retocó a Marcos añadiéndole un apéndice (16,9-20) para recomponer un final que en esas fechas pareció inaceptable.
A pesar de ser ingrediente principal de los textos de Mateo y Lucas –si bien con algunos arreglos-, Marcos se diferenciaba notablemente de ellos. Tanto que empezó a ser juzgado como un texto desordenado. Así lo acreditan testimonios de personajes de la primera mitad del siglo II que trataron de defenderlo (ver artículo ¿Quién era Marcos?). Aun así, su descrédito no menguó. Lo prueba el hecho de que diferentes autores de los primeros siglos se vieran en la necesidad de transferirle autoridad. Lo hicieron aludiendo a que el evangelio de Marcos había sido compuesto a partir de la información directa de Pedro.
7. Un Pedro nuevo avaló a Marcos
Ese dato es más que probable. La estrecha relación entre Pedro y Marcos está atestiguada en Hech 12,12 y I Pe 5,13. Pero hay un argumento más silencioso aunque de mayor fortaleza: Pedro queda tan malparado en el texto de Marcos que solo su garantía pudo salvar quizás a este evangelio de la hoguera.
8. Marcos: dieciocho siglos olvidado
Con todo, el evangelio de Marcos fue durante dieciocho siglos el gran olvidado por los especialistas. Sus diferencias con los otros dos sinópticos jugaron en su contra. Ahora bien, esa desigualdad explica que Marcos había nacido en un tiempo muy anterior a Mateo y Lucas. Su distancia en el tiempo refleja dos épocas con dos contextos existenciales muy dispares.
9. En busca de una fecha para Marcos.
Pero, ¿de qué momentos históricos se trata? ¿En qué modo afectan a la interpretación de los textos? ¿Ayuda esta desemejanza para acercarnos a la historia del Galileo?
Para responder a estos interrogantes se impone un análisis exhaustivo y minucioso del texto de Marcos con el fin de hallar indicios de la fecha en que fue escrito. Quizá encontremos más información de la que damos por segura en una lectura superficial.