Profetismo y Jerarquía en los Hechos de los apóstoles 1/2

Gonzalo Haya,
ATRIO

Gonzalo Haya lleva 40 años estudiando la potencia del Espíritu que se manifestó en Hechos. Su libro, continuamente reelaborado. se publicó primero en francés, luego en inglés y por fin en español: Impulsados por el Espíritu en Hechos de los Apóstoles. Volveremos sobre él. Pero hoy presentamos este primer artículo escrito especialmente para ATRIO.

Los Hechos de los apóstoles formaba un solo libro con el evangelio de Lucas, y en esta segunda parte se desarrolla la vida de las primeras comunidades desde Jerusalén hasta Roma, “hasta los confines del mundo” (Hch 1,8).

El problema principal que tuvo que superar la Iglesia en esa época fue justificar la incorporación de los gentiles sin imponerles ni la circuncisión ni la ley mosaica que Dios había impuesto como reconocimiento de su pueblo. ¿Podían los apóstoles anular de alguna manera esta imposición de Jahvé? ¿Dejó Jesús instrucciones concretas? ¿Cómo justifica Lucas esta exención de la ley? ¿Profetismo o Jerarquía? Veamos tres momentos significativos a este respecto.

Actitud respecto al templo. Pedro y Juan, la jerarquía de la nueva comunidad, van a orar al templo. Esteban, helenista, “lleno de y fe y Espíritu Santo”, el primer mártir cristiano, muere proclamando que “el Altísimo no habita en construcciones humanas”. Juan pondrá más tarde en boca de Jesús “Se acerca la hora en que no daréis culto al Padre ni en este monte ni en Jerusalén… los que dan culto verdadero adorarán al Padre con espíritu y lealtad” (Jn 4,21-23).

En este primer momento hay una discrepancia respecto al templo entre los judeocristianos y los helenistas, e incluso entre Juan y los demás apóstoles. La jerarquía, al menos en un principio, ni tiene instrucciones ni ve motivos para cortar con la oración en el templo. Son las circunstancias de los helenistas, a quienes el templo les resulta ajeno, las que impulsan al carismático Esteban a cortar con la más preciada tradición judía. Todavía no hay conflicto entre el profetismo y la jerarquía, pero ya hay oposición.

Pentecostés. El Espíritu Santo desciende sobre los apóstoles –sobre la jerarquía del naciente cristianismo- y ésta se enfrenta a la jerarquía del templo “Por tanto, entérese bien todo Israel de que Dios ha constituido Señor y Mesías a ese Jesús a quien vosotros crucificasteis”.

En este segundo momento el profetismo impulsa a la naciente jerarquía cristiana para que corte con la milenaria tradición que representa la jerarquía del templo. La misión del Espíritu, según Lucas, es guiar al pueblo de Dios en las encrucijadas de la Historia de la salvación. Se manifestó en los profetas, se manifestó en Jesús en el Jordán, y se manifiesta ahora en Pentecostés, en el nacimiento de la Iglesia.

Cornelio – Concilio de Jerusalén. Vamos a detenernos en este bloque narrativo porque constituye el punto central del libro (lo repite tres veces con ligeras variantes), y cumple el objetivo de Lucas: justificar la entrada de los gentiles sin pasar por la circuncisión y sin someterse a los preceptos de la ley mosaica.

La iglesia madre de Jerusalén exige la circuncisión antes del bautismo “porque si no se circuncidaban al uso mosaico, no podían salvarse” (Hch 15,1).

Pedro tiene una visión que le incita a comer los manjares prohibidos en la ley: “lo que Dios declara puro, tú no lo tengas por impuro” (Hch 10,9-16). Inmediatamente llegan los enviados del centurión Cornelio, y Pedro les acompaña, pero siente necesidad de justificarse: “sabéis que está prohibido a cualquier judío juntarse o visitar personas de otra raza, pero a mí Dios me ha enseñado a no considerar profano o impuro a ningún hombre” (Hch 10,28). “Comprendo verdaderamente que Dios no es parcial, antes acepta a quien lo respeta y procede honradamente, de cualquier nación que sea” (Hch 10,34-35).

Ya en casa de Cornelio, Pedro les hablaba sobre Jesús cuando el Espíritu Santo bajó sobre los oyentes (Hch 10,44-48) y hablaron en lenguas lo mismo que los apóstoles en Pentecostés. Pedro comprende “¿Puede alguien impedir que se bauticen con agua los que han recibido el Espíritu Santo igual que nosotros?” (Hch 10,47; 11,17).

Para Lucas el bautismo de Cornelio se debe a un suceso carismático -a una experiencia religiosa- sin embargo este hecho parece que no sienta precedentes. Lucas introduce aquí la actividad de Pablo, que tampoco exige la circuncisión y que suscita la reacción de los judeocristianos, “lo cual provocó una fuerte oposición de Pablo y Bernabé, y una discusión con ellos” (Hch 15,1-2. ). “Los apóstoles y los ancianos se reunieron para examinar el asunto. Y, como arreciaba la discusión, se levantó Pedro y les dijo…” (tercer relato del bautismo de Cornelio, Hch 15, 6-7).

Al final resuelve Santiago: “Simón ha descrito la primera vez que Dios proveyó a elegir de los paganos un pueblo que llevase su nombre. Esto concuerda con lo que anunciaron los profetas…Por tanto pienso que no hay que poner obstáculos a los paganos para que se conviertan a Dios……” (Hch 15,14-15.19).

El proceso de la admisión de los paganos sin pasar por la circuncisión si inicia, según Lucas, con un suceso carismático: la glosolalia de Cornelio manifiesta que han recibido el don del Espíritu Santo igual que los apóstoles en Pentecostés. Para validar y dar carácter general a esta experiencia religiosa se reúne el llamado concilio de Jerusalén. Santiago, cabeza de la comunidad madre de Jerusalén, hace ver la concordancia de este suceso con las Sagradas Escrituras. Y finalmente resuelve “Es decisión del Espíritu Santo y nuestra no imponeros más cargas que estas cosas imprescindibles” (la sangre y los alimentos ofrecidos a los ídolos; preceptos también abolidos más tarde)(Hch 15,28).

Suceso carismático, concordancia con las Escrituras, y aceptación de la comunidad. Este sería el proceso con el que Lucas justifica un paso tan radical como la superación de la ley revelada por Dios a Moisés. El profetismo rompe los esquemas establecidos –“El Espíritu sopla donde quiere, y no sabemos de dónde viene ni adónde va” (Jn 3,8)- pero, para asegurarnos de que se trata del Espíritu de Dios, debe concordar con la Escrituras y ser aceptado –“recibido”- por la comunidad.

La jerarquía es el servicio que cohesiona al pueblo de Dios en el camino trazado por Dios. La intervención del Espíritu mediante la profecía es el modo de conducir al pueblo en las encrucijadas imprevisibles de la Historia de la salvación.

Estos sucesos narrados e interpretados por Lucas ¿pueden servirnos como modelo para interpretar la situación actual de nuestras Iglesias? Para no alargarnos demasiado, dejaremos este tema para otro día.