LOS RELATOS DE LA ASCENSIÓN Y SU INTERPRETACIÓN

FE ADULTA
Convendría consultar previamente los comentarios sobre la Ascensión incluidos con las LECTURAS: (Al final texto de hoy)

Nuestra mentalidad tiende inmediatamente a preguntarse ¿qué sucedió? Queremos ante todo saber dónde tuvo lugar este suceso, cuándo sucedió, y qué sucedió exactamente. Y esto es una mala postura previa para la lectura de cualquier texto. La pregunta correcta es «¿qué nos quiere decir el autor?» con este relato. Mirándolo desde este punto de vista, los textos son fuertemente coincidentes, mientras que desde nuestra curiosidad por el mero suceso parecen fuertemente divergentes.

El mensaje único de todos los textos es simple: Jesús exaltado como Señor encomienda a los discípulos su misión.

TEMA PRIMERO: LA EXALTACIÓN

Es el tema en que culmina el mensaje de la Resurrección. La Resurrección es presentada siempre como el triunfo sobre la muerte, la liberación del poder del mal. La Ascensión representa la exaltación definitiva, la consagración como Señor. Corresponde, por oposición, a la humillación que representa «despojarse de su condición divina», «hacerse pecado», «humillarse hasta la muerte y muerte de cruz». Es el triunfo último, la proclamación de Jesús Primogénito en quien se revela todo el designio de Dios: su aceptación de la voluntad de salvación del Padre, que pasa por la humillación para llegar a la plenitud.

La humillación es presentada con la simbología básica del «descenso»: «bajó del cielo», «descendió a los infiernos»… Paralelamente, la exaltación es presentada con la simbología básica del ascenso: «subió a los cielos». Pero esta exaltación no es simplemente la de un hombre. Es la manifestación definitiva del Hijo, y por tanto, es acompañada con los signos acostumbrados de las teofanías: la nube, la voz, los hombres de vestidos resplandecientes, la «situación definitiva» como Rey del Universo, «sentado a la diestra de Dios».

Encontramos por lo tanto en estos relatos el último acto de fe de los testigos en Jesús, el hombre lleno del Espíritu, que ha aceptado humillarse hasta la muerte y muerte de cruz por cumplir la voluntad de salvación del Padre, que ahora ocupa «su lugar», el que le corresponde por naturaleza.

Pero este simbolismo no termina en Jesús. Jesús es la revelación de Dios, en Él conocemos a Dios; y también la revelación del hombre, en Él conocemos quiénes somos. La Ascensión, como la resurrección y la cruz, se refieren a Jesús como persona y a Jesús como Primogénito, es decir, nos están diciendo también quiénes somos, qué es vivir.

La Sagrada Escritura, leída como «EL LIBRO», es un solo libro, con un argumento: El ser humano creado por Dios como Hijo suyo, apartado de su destino por el pecado (Libro del Génesis), ayudado por Dios para recuperar su condición de Hijo, consiguiéndolo finalmente (Resurrección-Ascensión-Apocalipsis). Este es el argumento de la historia humana, que es una Historia Sagrada, la historia de la pelea de Dios contra el pecado de los hombres, la historia de la Liberación, que empieza en el Paraíso como utopía soñada por Dios, y termina en la ciudad de Dios, del Apocalipsis, como sueño cumplido, como destino de la humanidad, triunfo de Dios.

La Ascensión es «colocar a Jesús donde debe estar», y es un acontecimiento profético, el anuncio de nuestra colocación en nuestro sitio, exaltados a la diestra de Dios, porque «aún no se ha manifestado lo que seremos; pero, cuando se manifieste, veremos a Dios cara a cara».

Es importante que nos acostumbremos a la lectura de los Evangelios superando nuestra propensión a quedarnos en los hechos físicos sensibles. Lo que importa siempre es el significado de los hechos, y eso es lo que constituye el interés fundamental del evangelista. En los relatos de la Ascensión nos preocupa mucho desde dónde despegó Jesús hacia los cielos y a dónde fue, pero lo que importa es que mi destino es Dios y Jesús revela la grandeza del ser humano capaz de alcanzar la divinidad.

TEMA SEGUNDO: LA MISIÓN

El esquema seguido por los evangelistas es un clásico en las «vocaciones de misión» de toda la escritura. Proponemos algunos ejemplos:

ÉXODO 3 JEREMÍAS 1 MATEO 28
Dios dice:»Yo soy el Dios
de tus padres… 

Vete, que Yo te envío al
Faraón para saques a mi
pueblo de Egipto…

Yo estaré contigo…»

«Antes de haberte
formado te conocía… 

Adondequiera que Yo
te envíe irás…

Yo estoy contigo…»

 

«Se me ha dado todo
poder… 

Id por todo el mundo
y anunciad…

Yo estoy con vosotros…»

 

La Misión aparece como el elemento fundamental de los relatos, que es precisamente lo que recoge el Evangelio de Juan en la aparición a los diez. Recordemos la narración de Juan.

«Jesús se presentó en medio de ellos y les dijo: «Paz a vosotros» Diciendo esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Y les dijo otra vez: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así os envío yo a vosotros». Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. A los que perdonéis los pecados…»

Juan presenta por tanto en una sola escena la constancia de la resurrección, la misión, y la infusión del Espíritu. Y, una vez más, comprobamos que el Evangelio de Juan recoge en síntesis lo fundamental del mensaje ya narrado por los demás.

CONCLUSIONES

La Ascensión no es un hecho físico. «Arriba» está la estratosfera, no la residencia de los dioses. Los astronautas no están más cerca de Dios. «Abajo» … ¿En qué dirección? ¿A partir del polo Norte o del Polo Sur? … «Descendió a los infiernos» significa lo mismo que «subió a los cielos», es decir, que humillado hasta la muerte y muerte de cruz, vive exaltado por el poder de Dios; que es Señor de la vida y de la muerte, del pasado y del presente. Es buena la simbología, porque nos ayuda a imaginar, cosas que nuestro conocimiento necesita. Pero no es bueno permanecer en la situación mental de los niños que confunden los símbolos con la realidad. Y es bueno recordar que el Cielo no es un lugar sino el encuentro con una Persona.

Los evangelistas nos proponen ante todo el resumen final de la fe: la fe en Jesucristo, Dios con nosotros Salvador, resumen de toda nuestra fe y fundamento de nuestra misión. Y eso es lo que sucedió, que en Jesús, la Palabra que estaba desde siempre en el seno del Padre, puso su tienda entre nosotros, despojándose de su rango, hecho obediente hasta la muerte y muerte de cruz, por lo cual Dios le exaltó y está sentado a la diestra de Dios, dejándonos a nosotros la fuerza de su Espíritu para que llevemos a cabo en el mundo la Misión que su Padre le encomendó. Esa es la realidad, el sentido verdadero de lo que los ojos vieron entonces, y nuestros ojos siguen viendo hoy.

A nosotros quizá no nos guste este modo de expresarse. Pero no se trata de que nos guste. Se trata de que la Palabra está siempre encarnada, y de que ésta es la manera de expresarse de aquellos hombres que fueron los que nos comunicaron la Palabra.

EL MENSAJE DE LA ASCENSIÓN

Hoy se nos invita a inaugurar el «tiempo de espera», que es la vida. Dios «no está». Dios no es una evidencia de los sentidos ni – quizá – de la razón. Pero la vida del hombre no es algo sin sentido. Es un tiempo entre dos presencias: entre Dios y Dios. «¿Qué hacéis ahí mirando al cielo?. Volverá«. La vida plantea al ser humano el profundo interrogante de su sentido. Religión es hallar el sentido de la vida en Dios. Así, se nos invita a encontrar el sentido de la vida en Jesús, mirando atrás, al presente y adelante.

Mirando atrás, porque Jesús es una realidad en el tiempo: una realidad histórica en la que aquellos hombres supieron ver la presencia de Dios: de eso son testigos los primeros discípulos: de la presencia en Jesús del Espíritu de Dios. Por tanto, se ha manifestado el Espíritu de Dios, se ha dejado ver el sentido de la vida. Así, el cristiano se define como creyente en Jesús: el que acepta que en Jesús se ha manifestado el Espíritu de Dios. La fe en la Ascensión no es aceptar que una persona voló a los cielos. Es aceptar que Jesús es el sentido de todo, la revelación de Dios y del sentido de la existencia: el Señor.

Mirando al presente, porque la aceptación de Jesús es la aceptación de la misión. Todos los textos terminan, de una u otra forma, en la Misión. Para eso se nos manifiesta Jesús. El sentido de la vida de los cristianos es diferente: constituidos en el nuevo pueblo de Dios, han sido elegidos para la misión, para dar a conocer a todos lo que han recibido. Se puede no aceptar la misión. Se puede no ser cristiano. El que acepta, es para convertirse en mensajero de Jesús.

Mirando al futuro: «Volverá». No se trata de la ingenua noción de que un día aparecerá físicamente entre resplandores a pedir cuentas. Está bien como imagen, pero nada más. «Volverá»: el mundo que vivimos, aparentemente ausente de Dios, va hacia El. Mi vida va hacia El. La humanidad va hacia El. Nosotros nos esforzamos por provocar el encuentro, cada uno el nuestro, y el de todos si es posible. Todos nuestros símbolos no son capaces más que de deformar lo que será el encuentro. Nadie puede describir, pintar, imaginar, simbolizar, a Dios. Nosotros solemos simbolizar la venida con luces, rayos, terremotos… cuando Jesús habló de Dios habló de pastores, médicos, viejecitas, sembradores, pescadores… Eso sí que lo entendemos.

En resumen: Creo en Jesucristo, el Señor, Revelación de Dios y del sentido de la vida: acepto la vida como misión recibida de El, para que todos los hombres le conozcan y salven su vida. Espero mi plenitud, y la de todas las cosas, en Él.

José Enrique Galarreta

 

COMENTARIOS A LAS LECTURAS:

HECHOS 1, 1-11 / EFESIOS 1, 17-23

Festividad de la Ascensión

HECHOS 1, 1-11

En mi primer libro, querido Teófilo, escribí de todo lo que Jesús fue haciendo y enseñando hasta el día en que dio instrucciones a los apóstoles que había escogido movido por el Espíritu Santo, y ascendió al cielo, Se les presentó después de su pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo, y apareciéndoseles durante cuarenta días les habló del reino de Dios. Una vez que estaban juntos les recomendó:

– No os alejéis de Jerusalén; aguardad a que se cumpla la promesa de mi Padre, de la que yo os he hablado. Juan bautizó con agua; dentro de pocos días vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo.

Ellos lo rodearon preguntándole:

– Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar la soberanía de Israel?

Jesús les contestó:

– No os toca a vosotros conocer los tiempos y las fechas que el Padre ha establecido con su autoridad. Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y hasta los confines del mundo.

Dicho esto lo vieron levantarse hasta que una nube se lo quitó de la vista: mientras miraban fijos al cielo. Viéndolo irse, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron:

– Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que os ha dejado para subir al cielo, volverá como le habéis visto marcharse.

Repasemos el conjunto de relatos y textos del NT en torno a la Ascensión para poder comprenderlos mejor.

MATEO

Para Mateo, no hay apariciones del Resucitado en Jerusalén. La «despedida de Jesús» se produce en Galilea, en un monte. No se señala cuándo. El final es:

«Se me ha concedido pleno poder en el cielo y en la tierra. Por tanto, id a hacer discípulos entre todos los pueblos, bautizadlos consagrándolos al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo y enseñadles a cumplir cuanto os he mandado. Yo estaré con vosotros siempre, hasta el fin del mundo.»

MARCOS (En el epílogo añadido)

Los discípulos novan a Galilea. La despedida se hace en el Cenáculo, en Jerusalén, el mismo domingo de resurrección. Jesús les da un mensaje de misión semejante el de Mateo. El texto termina así:

«El Señor Jesús, después de hablar con ellos, fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Ellos salieron a predicar por todas partes, y el Señor cooperaba y confirmaba el mensaje con las señales que les acompañaban.»

LUCAS (Lo hemos leído en el texto del evangelio de hoy)

Los discípulos no van a Galilea. La despedida se hace en el camino de Betania, el domingo de Resurrección. El último párrafo es:

«Después los sacó hacia Betania y, levantando las manos, los bendijo. Y, mientras los bendecía, se separó de ellos. Ellos se volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios»

JUAN (Primera conclusión)

La despedida se hace en el cenáculo, ocho días después del Domingo de Resurrección. El «discurso de despedida» se ha puesto ocho días antes, en la aparición sin Tomás. Dice:

«Paz a vosotros, como el Padre me envió, así os envío yo a vosotros.» Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a los que se los retengáis, les quedan retenidos.»

En la aparición con Tomás no hay discurso de misión. No se hace mención alguna a la «partida» de Jesús.

Tras la primera conclusión, se presenta a un grupo de discípulos pescando en el lago Genesaret. Jesús se manifiesta, come con ellos y confirma la misión de Pedro.

HECHOS (La primera lectura de hoy)

La despedida se hace desde el Monte de los olivos, cuarenta días después de la resurrección. Hay un sermón de misión y una descripción de la subida de Jesús al cielo, por los aires, con la promesa de que volverá.

Resumiendo las semejanzas y las diferencias:

Los cuatro evangelios y los Hechos constatan un sermón de Misión como final del mensaje de Jesús.

Mateo y Juan no hablan de la «partida» de Jesús, pero recogen la tradición de Galilea, mientras que…

Marcos, Lucas y Hechos describen la partida: «El Señor Jesús, después de hablar con ellos, fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios». «Y, mientras los bendecía, se separó de ellos.» Ambos sitúan la acción en Jerusalén y sus alrededores. HECHOS describe la partida como un despegar hacia las nubes.

El primer Marcos, Lucas y Juan (1ª conclusión) terminan el mismo domingo de la resurrección.

El final añadido a Marcos, Mateo y Juan (2ª conclusión) suponen un tiempo intermedio indefinido.

Hechos habla expresamente de cuarenta días.

El mismo Pablo, en 1Cor,15, nos da otra versión, y también diferente.

«Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales todavía la mayor parte viven y otros murieron. Luego se apareció a Santiago; más tarde, a todos los apóstoles. Y en último término se me apareció también a mí, como a un abortivo.»

Evidentemente, por todo ello, no nos encontramos ante la simple narración de un suceso, sino de algo más, del significado del suceso, de la fe en lo que sucede en el fondo de lo que se ve. En este sentido, no debemos olvidar algunas conclusiones claras:

• No es posible la reconstrucción de una «cronología de la resurrección y ascensión del Señor». No lo dan los textos.

• No es posible ignorar el carácter de «relatos de los sucesos de aquel fin de semana» que tienen los textos en las primeras escenas, junto al sepulcro, y el carácter de «profesiones de fe en Jesús-Señor» que van adquiriendo los relatos.

• Los textos de la Ascensión son de género literario «Teofanía», están escritos desde la intención de manifestar la Fe en Jesús Señor. Serían los textos propios de la Fiesta de Cristo Rey del Universo. Alguno de ellos tiene incluso fuerte carácter litúrgico.

• El hecho de que Juan los omita – en paralelismo con la omisión del mismo Juan del pasaje de la institución de la Eucaristía – nos muestra a las claras que hay en los evangelistas varias maneras de proclamar la Fe en Jesús Resucitado Señor.

En conclusión. Nos encontramos en la transición del relato de historia (la muerte de Jesús en la cruz y su entierro) y la proclamación de la Fe en Jesús Señor exaltado por Dios. Y todo ello, en la perspectiva de la Misión, y con la promesa del Espíritu.

EFESIOS 1, 17-23

[Por tanto, también yo, el enterarme de cómo creéis en el Señor Jesús y amáis a todos los consagrados, no ceso de dar gracias por vosotros y, recordándoos en mis oraciones pido…]

Que el Dios del Señor nuestro Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo, ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos, y cuál la extraordinaria grandeza de su poder para nosotros, los que creemos, según la eficacia de su fuerza poderosa que desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo, por encima de todo principado, potestad, fuerza y dominación, y por encima de todo nombre conocido, no sólo en este mundo, sino en el futuro.

Y todo lo puso bajo sus pies y lo dio a la Iglesia, como Cabeza, sobre todo. Ella es su cuerpo, plenitud del que lo acaba todo en todos.

La carta a los efesios, probablemente no es una carta, sino un tratado, redactado casi con seguridad por un discípulo de Pablo (el estilo es muy diferente del de las cartas de Pablo). Es uno de los textos del Nuevo Testamento más ricos en cuanto a su tema, que es fundamentalmente acerca de la Iglesia, nueva creación y humanidad nueva, edificio compacto y cuerpo en crecimiento, pueblo de Dios y esposa del Mesías. Predominan en la carta, más que los aspectos jurídicos, los místicos, la fuerza del Espíritu como fuente de la unidad de la Iglesia.

El texto de hoy pide luz para la esperanza; es un escrito que linda con las imágenes del Apocalipsis, pero lleno de ideas, tan sublimes que escapan un tanto a la explicación:

Cristo es presentado como manifestación de la fuerza poderosa de Dios, que le hace resucitar y subir al cielo, por encima de todo lo creado;

la Iglesia es la plenitud de la obra de Dios, la que completa a Cristo, cuerpo de Cristo, plenitud y consumación de todo.

Tenemos quizá la tentación de reducir los símbolos a realidades históricas: Cristo subiendo como un cohete y sentándose en un trono; la Iglesia con el Papa al frente reconocida y aclamada por todos los Estados del planeta…

Pero estos no son relatos de sucesos sino profesiones de fe. Son símbolos de la realidad espiritual, del triunfo de Dios y el triunfo de la humanidad, por el conocimiento y la conversión.