El evangelio del domingo pasado (Mt 25, 31-46) llama “benditos de mi Padre Dios” (bienaventurados) a los que saben compartir la vida con los demás: dan de comer al hambriento, acogen al exilado, ayudan al enfermo y al encarcelado.
Por el contrario, los malditos del fuego eterno (¡no malditos de Dios!) a los que se cierran en sí mismo y no acogen al pobre, no comparten la vida con el exilado y el desnudo, no visitan y acompañan al enfermo y al encarcelado.
Desde ese fondo se entienden estas bendiciones y maldiciones (bienaventuranzas y malaventuranzas) del hombre moderno, del siglo XXI.
Gracias, Pedro, por tu aportación. Lean y opinen los amigos del blog.
BENDICIONES DEL SIGLOS XXI
Pedro Zabala
Bienaventurados quienes antes de obedecer una norma justa, la hacen suya, porque se obedecerán a sí mismos.
Bienaventurados quienes saben desobedecer una norma gravemente injusta, porque han descubierto la con-sciencia que les convierte en sujetos morales.
Bienaventurados quienes se descubren arrodillados ante los poderosos y son capaces de erguirse, porque habrán recobrado su estatura normal de personas dignas.
Bienaventurados los DESECHABLES que no son rentables para el sistema, ni como productores ni como consumidores, porque son los primeros en el Reino del Abbá de Jesús.
Bienaventurados quienes descubren la mentira del relato de los poderosos, porque habrán aprendido a pensar críticamente.
Bienaventurados quienes descubren la memoria subversiva de la víctimas de la historia y la enhebran con el relato de los rebeldes del presente, porque labran la esperanza del futuro.
Bienaventurados los subversivos, porque al levantar la tramoya de los vencedores y saber mirar desde abajo, descubren que el sistema está desnudo.
Bienaventurados quienes son capaces de dialogar, escuchándolos, con quienes no piensan como ellos, porque superarán la tentación del fanatismo y descubrirán mejor la realidad.
Bienaventurados quienes saben abandonar las anteojeras de los prejuicios, porque sabrán buscar la verdad.
Bienaventurados quienes se quitan los tapones racionalistas que dificultan su audición, porque podrán captar los sonidos de la historia.
Bienaventurados quienes se deshabitúan al hedor que invade la sociedad, porque entonces descubrirán que la pestilencia no viene del suelo, sino que desciende de las cloacas de la cúpula.
Bienaventurados quienes se encaran con sus miedos, porque sabrán vencerlos y descubrirán que gracias a ellos los poderosos pueden cometer sus tropelías y será entonces cuando los de arriba tiemblen de verdad.
Bienaventurados quienes sean capaces de soñar con una tierra nueva, donde sus descendientes vivan en armonía con la naturaleza, porque empezarán a cambiar su vida.
Bienaventurados quienes superen el aislamiento individualista que los encierra en una soledad angustiosa, porque descubrirán la emoción gozosa de la comunidad.
Bienaventurados quienes dejan aflorar su DOLOR y se conduelen del ajeno, porque vibrarán de indignación que es el primer paso para su liberación.
Bienaventurados quienes, a partir de su indignación, se atrevan a PENSAR, porque habrán dado el segundo paso en esa vía.
Bienaventurados quienes, superando la impotencia individualista que nos encadena en la resignación, se atrevan a unir sus manos con todos los despiertos y se darán cuenta de que entonces ya PODEMOS.
Bienaventurados quienes pasen al ultimo escalón. el del HACER, porque serán la semilla de una TIERRA DONDE PONGA LIBERTAD.
MALDICIONES DEL SIGLO XXI
Pedro Zabala
Desgraciados quienes se creen dueños de su cuerpo porque acabarán convirtiéndolo en mercancía y no descubrirán el gozo de saber que SON un cuerpo.
Desgraciados quienes no reconocen sus propias dudas, porque acabarán en el dogmatismo.
Desgraciados quienes se creen poseedores de la verdad, porque acabarán tratando violentamente de imponerla.
Desgraciados quienes no superan el miedo a cometer errores, porque no avanzan en el camino hacia la verdad.
Desgraciados quienes, por orgullo, no piden ayudan cuando la necesitan, porque se niegan a admitir su fragilidad y pierden la ocasión de conocer a quienes los aman de verdad.
Desgraciados quienes van de víctimas por la vida, reclamando atención constante, porque se encontrarán sólos cuando de verdad necesiten cuidados.
Desgraciados quienes nos atrevemos a juzgar a los demás, porque desconocemos la interioridad de las personas y olvidamos nuestros propios fallos.
Desgraciados quienes ponen su autoestima en acumular bienes materiales, porque no han descubierto que la auténtica consiste en ser personas, sujetos libres, cuyo yo más íntimo es la relación con otros tús.
Desgraciados quienes no han superado al miedo a libertad, porque desconocen la felicidad de volar autónomamente en comunidad.
Desgraciados los que reducen la espiritualidad a la búsqueda de un silencio interior que les haga sentirse bien, sin comprometerse para aliviar a los sufrientes.
Desgraciados los que con las elucubraciones del mal allá, se resignan ante la injusticias de acá, sin luchar por la fraternidad que aúna justicia y libertad.
Desgraciados quienes no saben imitar al paciente Job, interpelando a Dios por el mal en el mundo, porque no descubrirán la auténtica oración.
Desgraciados quienes han convertido a Dios en un objeto al que tratan de definir, porque desconocen a ese Tú cuyo amor nos convierte en personas.
Desgraciados quienes han prostituido el nombre de Dios, porque lo han convertido en un ídolo que exige sacrificios humanos.
Desgraciados quienes han reducido la religión a dogma, rito y pito, porque han hecho del Evangelio una Mala Nueva.
Desgraciados los que matan, violan, empobrecen y arrebatan Derechos Fundamentales de sus hermanos, porque son MALDITOS del Abbá de Jesús.
