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Maricarmen Abascal falleció dos semanas después de ser sacada de su casa en camilla. Su caso ha adelantado las elecciones y ha convocado una huelga general.
Maricarmen Abascal murió el 7 de octubre en el Hospital Gregorio Marañón. Tenía 87 años. Dos semanas antes, la habían sacado de su piso de Retiro en camilla, con un despliegue policial de operativo antiterrorista.
Vivía allí desde los 17. Setenta años. La misma casa donde murieron sus padres. La misma casa de la que salió para no volver.
Las imágenes dieron la vuelta al país: la camilla, los agentes, y cientos de jóvenes gritando «¡Maricarmen, no estás sola!» Una señora mayor, sola, despojada de su hogar, y una generación que no la conoce pero que sabe perfectamente lo que significa que te echen de donde vives.
Su abogada lo dijo sin adornos: «Si no llega a producirse el desahucio, su muerte no habría llegado tan rápido». A veces la justicia mata sin querer, pero mata.
Un contrato, una empresa y un laberinto que nadie quiere recorrer
Maricarmen pagaba unos 500 euros al mes. En 2018, el edificio fue comprado por Urbagestión. La empresa quiso subirle el alquiler a 1.600. Su pensión era de 1.400. Setenta años de vida no caben en una hoja de cálculo, pero el mercado no lee hojas de vida: lee contratos… Leer más (Evaristo Villar)