El virus cronifica la desigualdad

Diario el País

El contrato de alquiler de Nadia, de 42 años y vecina del popular barrio alicantino de Nou Alcolecha, venció hace medio año, justo cuando la cuarta ola del coronavirus empezaba a tocar a su fin. Su piso, destinado a alquiler social por una entidad bancaria, ha cambiado de manos, y su actual propietario, un fondo de inversión, les urge a abandonarlo. Pero allí sigue: “No tenemos dónde ir”, dispara a bocajarro la mujer bajo el quicio de la puerta de su casa. Las rentas en cualquier otra zona de la ciudad no bajan de los 350 euros, 100 más de lo que pagan ahora.

Tanto ella como su marido, ambos desempleados, están apuntados en una bolsa de viviendas de protección oficial “desde hace cuatro o cinco años”, sin éxito. La pareja vive con sus tres hijos, de siete, nueve y 12 años. Uno de ellos sufre una discapacidad, por lo que reciben una ayuda de 260 euros mensuales que suman a una ayuda autonómica que les han concedido en los últimos meses. Así sobreviven; así van tirando como pueden. “La pandemia nos ha dejado a todos muy mal: hay muchos problemas en el barrio, la gente no encuentra trabajo”. La crisis sanitaria y económica ha arrasado sus posibilidades. Llueve sobre mojado: la crisis anterior, la llamada Gran Recesión, fue mucho más dura en términos de desigualdad y riesgo de pobreza, quizá la enfermedad económica más preocupante de estos tiempos. Pero el Gran Confinamiento ha cronificado la patologíaLeer más…