Pedro Miguel Ansó Esarte
Sospecho que la Literatura Bíblica es una caja inagotable de sorpresas. Ahí están, en el capítulo décimo del Evangelio de Lucas, esos deliciosos versículos de Marta y María. Seguro que los recordarán. En cierta ocasión Jesús fue a una aldea y entró en casa de María y Marta. La primera se sentó a los pies de Jesús para escuchar sus palabras; la segunda se distraía con el mucho trajín de la casa. Marta le invita a Jesús a recriminar a su hermana para que le eche una mano. Jesús le responde con unas enigmáticas palabras: “Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas: sólo una es necesaria”.
Tradicionalmente se ha interpretado este fragmento como una defensa de la actitud contemplativa (María) frente a otra más activa (Marta). Pero es muy difícil tratar de enfrentar dos actitudes cuando las dos nos son necesarias para la vida. Una actitud sería más pasiva y otra más activa, pero ¿qué significa ser activo y pasivo? Eric Fromm en “El arte de amar” nos explica que al hablar de actividad no se suele tener en cuenta la motivación. Por ejemplo, un señor que corriese como un loco tras las riquezas, mostraría una conducta pasiva puesto que sufre, se somete pasivamente e internamente a la acción de la codicia; mientras que un monje contemplativo podría tener en su meditación una elevada actividad. Así pues, por paradójico que parezca, la “pasividad de María” pudiera albergar una intensa actividad y la “actividad de Marta” pudiera denotar una intensa pasividad si actúa sometida a su inseguridad, a su deseo de ser querida, etc.
¿Entonces qué nos quiso decir el evangelista? ¿Quiénes están detrás de Marta y María? Pues ni más ni menos que nosotros mismos. ¿Qué son sino un desdoblamiento de nuestra condición? Hoy somos sobre todo Marta: andamos inquietos y nerviosos por tantas cosas: el prestigio social, el triunfo laboral, el coche, las redes sociales, las vacaciones, las rebajas, la crisis económica, los planes de jubilación, las prestaciones de la Seguridad Social, el presente en crisis, el futuro incierto…Y sin embargo estamos llamados a ser María (que por cierto, lleva el mismo nombre de la madre de Jesús): es decir, estamos llamados a escuchar la palabra de Jesús y a hacerla realidad con nuestra vida. Y ¿qué hay del enigma de esa “sola cosa necesaria”?. El texto inmediatamente anterior viene en nuestro auxilio echando un poco de luz, según el principio del comentario de textos que dice “todas las partes de un texto son solidarias entre sí”. Se trata de la parábola del buen samaritano que el lector acaba de leer y desde ahí entiende perfectamente lo que ahora lee.
La historia la saben ustedes muy bien: venía un hombre del África subsahariana a la península y las olas le hundieron la patera. Cuando salió a la orilla unos jóvenes, para divertirse, lo apalearon. Pasó un político y le dijo “si nos votas en la próximas elecciones, solucionaremos lo tuyo”. Pasó después un sacerdote, pero de miedo a que le manchara su sotana, lo miró de soslayo y continúo. Pero pasó un parado y lo recogió, lo curó y compartió su escasa prestación con él. Mutatis mutandis esto es lo que dice el Evangelio. En conclusión: Jesús nos señala cómo no hay otro modo de amar a Dios que haciéndonos prójimos de los caídos, es decir, próximos a los necesitados. Por fin hemos encontrado el significado de esa sola cosa necesaria de la que Jesús le hablaba a Marta. Y entonces, ¿qué importan cánones y ritos, liturgias, rezos y demás parafernalias en las que tantas veces andamos enredados y atascados por este mundo de las religiones?
Seguro que Jesús, si viviese hoy, nos echaría a todos una buena bronca por lo descentrados que andamos. ¡Estamos tan estimulados y despistados (fuera de pista) por tantas tonterías! Y ya podemos (hagamos un guiño a la primera Carta a los Corintios) defendernos en cinco idiomas, excavar montañas, dominar internet, tener un cuerpo escultural, una casa de ensueño, ir vestidos de pasarela, poseer el coche más veloz del mundo, ser maestros en el arte de la retórica, observar las normas con escrupulosidad… que si nos falta el amor, no nos servirá de nada. Andamos inquietos y nerviosos por tantas cosas, como Marta, pero las cosas importantes de la vida son muy poquitas. Jesús incluso dice que una sola: buscar el Reino de Dios y su justicia (que eso es en el fondo lo que hizo el buen samaritano). Si queremos ser cristianos de verdad, creo que no nos va a quedar otro remedio que ser un poco menos “martianos” y un poco más “marianos”.