La vida en un clic

Pedro Miguel Lamet. 

De la Revista  RS21.    

              Es verdad que Internet permite muchos contactos, pero quizás superficiales; que amplía la sociabilidad, pero que en el fondo crea muchos solitarios. Que rompe barreras internacionales, pero levanta muros de falsificación y/o mentira. Que permite la libertad de expresión y opinión al ciudadano de a pie, aunque también puede ser un sumidero de insultos y bajas pasiones. Como todo acceso a esa apetecida libertad, tiene su doble filo y riesgos, entre ellos el acceso a la pornografía, a comercios inconfesables y hasta a manuales de terrorismo. Pro la libertad puede y debe ser educada, no censurada e Internet lo permite de forma excelente. 

                Lo nuevo es que, según dicen, en un futuro muy próximo la gran memoria estará fuera de casa; colocaremos casi toda nuestra vida en una “nube”: colgaremos las fotos, los vídeos; ingresaremos la nómina en banca electrónica, guardaremos nuestros documentos en ingentes archivos virtuales. Todo en esa nube que no sabemos dónde está, pero que está ya en todas partes mientras nuestra mayor preocupación será saber si tal hotel o cual cafetería, donde quedamos con nuestro amigo/a para mostrarle las últimas fotos familiares o profesionales, dispone o no de Wi-Fi.

Primero fueron las grandes computadoras, luego el PC, más tarde el portátil, hoy el notebook y enseguida la tableta, mientras los teléfonos son verdaderos computadores de bolsillo que nos conectan al mundo. 

                Conclusión: Internet nos cambia la vida tanto o más como lo hizo la imprenta. ¿Positivamente?. Mi respuesta es que sí, siempre y cuando lo usemos tanto cuanto nos ayude para nuestros fines cabalmente humanos y lo aparquemos si nos desayuda. Las  máquinas están hechas para el hombre y no viceversa. El peligro es entrar en una casa y ver a los niños obsesos con la play, a papá con Internet y a la abuela o a la madre colgada de la tele. El logro de nuestro siglo va ser bien simple: la capacidad de saber apagar y encender las máquinas a tiempo, para dejar lugar al silencio. De Internet precisamente copio la siguiente frase: “La Red es el único lugar donde sólo hay voces e ideas, no colores de piel”. No es poco. 

                                                                                               De la Revista  RS21.