Ángel Oliver, Diario de Noticias, 21-10-2009
Como ablitero y, sobre todo, como creyente me da mucha pena que mi pueblo, Ablitas, sea noticia en los periódicos estos últimos días por una decisión que adopta el Sr. Obispo y que yo considero unilateral y con rebrotes de autoritarismo y nepotismo. Es más, me atrevería a decir que es anticomunitaria y antieclesial.
Porque prescindir, más todavía marginar y rechazar la colaboración de una persona que desde hace más de 20 años la viene prestando, generosa y desinteresadamente, entregando parte de su vida al servicio de la comunidad, seguro que no entra en los planes de Dios ni en los P. Conciliares del Vaticano II, ni en las comunidades de base de Navarra, ni por supuesto en la dinámica de la teología de la liberación, ni en persona alguna que sea capaz de reflexionar desde el Evangelio y enfrentarse a él con sinceridad y honradez. Ninguna persona que tenga sentido común.
Como si la imagen que tiene la Iglesia ante la sociedad fuera para tirar de largo y mirar el horizonte con sosiego, tranquilidad y satisfacción. Pues no está el horno para bollos y a la vista está. La Iglesia más que atraer, facilitar, ayudar y servir, en último término, lo que hace es dividir y crear sentimientos de lejanía y separación.
Lo que ha sucedido con la vecina de Ablitas Dolores Baigorri es sólo un eslabón más en la carrera de despropósitos y errores que está cometiendo la Iglesia en Navarra. A mí me gusta repetir el siguiente pensamiento: lo que se hace contra el sentido común y no se entiende, no está bien hecho ni va en la buena dirección.
Esta reciente historia de Dolores, unida y ligada a la del P. Santos Senosiaín, ex párroco de Ablitas, exterminado y expulsado también ipso facto, al parecer, sin ninguna razón de fundamento, indica a las claras cómo se las gasta la Iglesia. ¡Qué influencia clerical y qué poder de decisión ostentan, a veces, determinadas personas o personajes, a la hora de decidir el relevo, la sustitución o el envío a las tinieblas exteriores de la persona que no son de su agrado ni piensan como ellos!
Y lo más triste de estas historias es el mensaje de " imposición, ordeno y mando" que se pretende transmitir, con el expreso deseo y firme voluntad de cortar de raíz las iniciativas, tentativas pastorales, experiencias parroquiales, decisiones comunitarias y hasta planteamientos netamente personales y evangélicos por el solo y mero hecho de no agradar a los que dirigen, de forma tan arbitraria, y caciquil a veces, los destinos del pueblo de Dios.
Yo también fui víctima de esta misma situación- persecución por parte de la Iglesia , en los albores de la democracia, en los tiempos de D. José Méndez, D. José Mª Cirarda etc. Y las cartas credenciales, en forma de acusación , siempre son de la misma naturaleza: no se puede hacer política. Por coherencia y prudencia pastoral "no puedes presidir una boda civil y luego un funeral", decía Santos Villanueva, portavoz del obispo. ¡Qué finura y qué exquisitez! Y a renglón seguido: la sentencia, la condena y la expulsión.
En el caso concreto de Dolores el pretexto y la excusa es apelar a la prudencia pastoral. Pero en el fondo lo que subyace es, a juicio de la Iglesia, la contradicción e incompatibilidad entre el hecho de ser concejala y ejercer y desarrollar determinadas tareas propias de su cargo, como puede ser presidir una boda civil, además de características muy peculiares, y ejercer de creyente en la Parroquia de forma activa, adulta y coherente.
Yo pensaba que incompatible a la luz del Evangelio era y es explotar y hacerse rico a costa de los pobres y desgraciados; utilizar los cargos políticos en beneficio propio; colaborar con el fascismo y las dictaduras; colocarse en los primeros puestos de la iglesia y luego amargar la vida a los que tienes a tu alrededor; darse golpes de pecho y luego apuñalar por la espalda al vecino, al amigo, al compañero; comulgar, si es preciso todos los días y dejar tirados en la cuneta de la vida a gitanos, inmigrantes, pobres de solemnidad y toda la larga lista que conocemos de marginados y excluidos socialmente; ser rigurosamente exigente con el cumplimiento de ritos, normas, cánones y leyes eclesiásticas y no tanto en el respeto, la caridad y la justicia etc etc.
Y como botón de muestra más escandaloso, si cabe todavía y sólo a título referencial, sería la situación que mantiene nada más y nada menos que el Sr. Bono, presidente del Congreso de los Diputados: Se proclama católico, apostólico y romano y de comunión, creo semanal, y, a la vez, colabora eficazmente para que se aprueben leyes que, a juicio de la Iglesia, son no sólo antieclesiales sino antinaturales y de derecho divino. Y todavía no ha sido excomulgado ni, que se sepa, haya sido llamado al orden ni apercibido de nada. ¡Los poderosos son siempre los poderosos y los pobres, también para la Iglesia, son y siguen siendo los pobres de siempre!
¿De verdad es incompatible vivir la fe y la opción cristiana con ejercer de concejala, limitándose exclusivamente a posibilitar el ejercicio de unos derechos civiles? ¿Es que el sr. obispo no conoce, en profundidad, la talla humana y cristiana de Dolores? ¿Serán capaces de dar la cara las personas que, cobardemente, se ocultan y esconden en unas cartas anónimas? .
Pero me indigna todavía más el constatar que tanto el sr. obispo como su portavoz se escudan, con desconocimiento casi total de la trayectoria de esta persona y alegan, como motivación principal, la "coherencia y la prudencia pastoral" para defenestrar a una militante cristiana de tales características. ¡Con lo que está lloviendo en la Iglesia y los tiempos que corren! ¿La comunidad cristiana de Ablitas se puede permitir estos lujos?, ¿volverá a reunirse para celebrar la Eucaristía en paz, concordia y amistad como si nada hubiera pasado?
En esa relación de despropósitos, desaciertos y errores que está llevando a cabo el sr. obispo de Navarra, cabría reseñar también el profundo malestar del sacerdote jubilado D.Pedro Leoz cuando manifestaba: "La Diócesis no me paga mi pensión por venganza", es decir, por oponerse a las escrituraciones de bienes a nombre de la Iglesia Católica.
También deseo recordar lo que decían hace un tiempo más de 300 teólogos y responsables de comunidades de base: "La pérdida de credibilidad de la Institución Católica está alcanzando cotas preocupantes. Este descrédito puede servir de excusa a muchos que no quieren creer, pero es también causa de dolor y desconcierto para muchos creyentes". Mientras la jerarquía de la Iglesia Católica vaya por ese camino y no recupere su misión profética, como tarea de primera magnitud, la crisis eclesial alcanzará dimensiones insospechadas.
Deseo finalizar recordándole al sr. obispo dos problemas que le hice llegar a finales de julio, (no he recibido respuesta alguna), que yo considero no de mera prudencia pastoral sino de estricta justicia y dignidad. La jubilación de los sacerdotes y religiosos/as secularizados,"un grave problema todavía sin resolver", a pesar de que la FES (Federación Estatal de Secularizados) lleve más de 20 años luchando y peleando por dicha reivindicación. El sr. obispo conoce el problema y hasta la fecha no ha hecho nada, al menos que se sepa.
Que la Iglesia de Navarra, siguiendo el ejemplo y el camino emprendido por los obispos vascos pidiendo perdón por su silencio cómplice y rehabilitando a 14 sacerdotes asesinados por las tropas franquistas, haga también lo mismo y salde la deuda que tiene contraída desde hace 73 años con los católicos y la propia sociedad navarra. ¡Tánto cuesta pedir perdón!
Mi reflexión última sería la siguiente: Yo soy de los que piensan que Jesús no fue político, con el sentido tan peyorativo que hoy tiene, ni apolítico, pero predicó un reino de enormes implicaciones políticas. Es lo que ha tratado de llevar a la práctica la compañera Dolores, generosa y desinteresadamente, en su comunidad eclesial y en su pueblo de Ablitas.
Me duele, como a todos, cuando se hacen las cosas sin cabeza y sobre todo sin corazón.
(*) Miembro de la FES (Federación Estatal de Secularizados)