Dos varas de medir en moral social y personal

El Papa, y lo que va de la moral de los preservativos a la del sistema financiero

José Ignacio Calleja, profesor de Moral social en Vitoria  (Religión Digital  24 de noviembre de 2010)

 

El sistema financiero provocan víctimas incontables, pero lo malo es su uso; el condón, en moral personal, salva a menudo víctimas incontables, pero es malo en sí

 El pequeño paso del Papa, en cuanto a la justificación en algunos casos del preservativo, es muy importante. Visto en su contexto, el Papado de la Iglesia Católica, la excepción es muy importante. Sobre todo por lo que representa en una teología y magisterio moral amparados en el Papa para igualar y absolutizar todas las normas de la concepción moral cristiana. Ese igualarlo todo en moral cristiana, y absolutizarlo a continuación como de "ley natural", además de pereza mental, provoca una deshumanizacion de la moral en mil supuestos. Así que bienvenido sea el pequeño cambio o "la matización".



Pero, pensando y hablando con honestidad, vivir la sexualidad humanamente, con la dignidad moral de otras opciones decisivas del ser humano, es lo que nos toca a los humanos. De eso hay que hablar moralmente. Y ahí, el preservativo, nunca es el problema. Seamos serios en lo moral.

En este sentido, les propongo un "juego". Vayan a la última encíclica social, Caritas in veritate (2009) y lean el número 36, y donde dice "mercado, "economía" y "finanzas" lean "condón" y verán que el texto pasa a decir "es verdad que el mercado puede orientarse en sentido negativo, pero no por su propia naturaleza, sino por una cierta ideología que guía en este sentido… En efecto, la economía y las finanzas, al ser instrumentos, pueden ser mal utilizados cuando quien los gestiona tiene sólo referencias egoístas. De esta forma, se puede llegar a transformar medios de por sí buenos en perniciosos. Lo que produce estas consecuencias es la razón oscurecida del ser humano, no el medio en cuanto tal. Por eso, no se deben hacer reproches al medio o instrumento sino al hombre, a su conciencia moral y a su responsabilidad personal y social".

O sea, que en moral social cristiana, si el sistema financiero está causando más daños y males humanos que cualquier otra estructura humana, y su mercado libre de finanzas, es una dictadura de poder omnímodo, opaco y sin control, el problema es su uso.

No admite los controles democráticos y tasas fiscales mínimas que lo moralicen en algo, se lleva por delante a países enteros, entrando y saliendo de su deuda como Pedro por su casa; acude, al modo de los tiburones, allí donde hay sangre para hacer más sangre y negocio en ese lugar, ¡lo tienen por oficio!, habla de contagio entre economías cuando es, pura y llanamente, depredación de los más débiles por estas voraces empresas de dinero sin control alguno, pues bien, el problema moral es su uso;esta estructura socio-económica no es mala en sí, -dice la DSI-, ni añade con rotundidad, al menos, por qué de hecho es tan injusta y, por ende, inaceptable en el día a día; no, aquí, en moral social cristiana, lo malo es "su uso"; además no siempre, sino "en no pocos casos", y sobre todo, lo malo es el corazón humano falto de valores morales.

Ese sistema financiero y sus mercados provocan víctimas incontables, pero lo malo es su uso en no pocos casos, y el preservativo o condón, en moral personal, salva a menudo víctimas incontables, pero es malo en sí; aquí no hay distingos, ni casos y casos. A buen entendedor pocas palabras. ¡Señor, Señor, tenemos que mejorar moralmente, está claro, y no parece tan difícil a la luz de la razón y de la fe!