Joan Josep Tamburini
La polvareda levantada por la revelación de casos de pederastia en la Iglesia y la postura que tomó la Jerarquía ante ellos, están haciendo correr ríos de tinta. Muchos coinciden en culpar al celibato eclesiástico y religioso de este problema. De entrada diré que estoy conforme con el celibato eclesiástico opcional, ya que no es fundamental para el sacerdocio. No se adoptó, sino siglos después de Jesucristo. Pero atribuir la pederastia al celibato, me parece una simplificación y desviar el problema.
Todo el mundo sabe que muchos laicos son pederastas. Y que muchos de esos laicos están casados. El celibato puede ser causa de la pederastia…pero unido a otras causas, para mí, más importantes. La causa principal es la inmadurez de la persona. De la misma manera que no todos los esposos son maltratadores de sus mujeres, sino los inmaduros…
El grueso de los casos se produjeron en unos años en los que se ingresaba en el seminario a los 12 años. En una época en la que primaba la disciplina y la sexualidad era un tabú. ¿Sabían esos niños realmente lo que significaba el sacerdocio y su celibato? Pasaron años en un ambiente masculino, rígido, disciplinario, ¿ayudó eso a educar su afectividad?
Entiendo, aunque no comparto, que los obispos taparan esos casos. En unos momentos en los que la figura del sacerdote y de la iglesia debía ser de perfección sin fisuras, aquello les debió causar pánico. Tambien comprendo, que en algún caso, ante el arrepentimiento sincero del culpable, el obispo perdonara…Pero lo triste es, que en todos los casos se olvidó a las víctimas.
Hoy celebramos el día del Seminario. En toda Europa están bajo mínimos. Algún obispo y algún grupo apostólico vuelven al modelo anterior de seminario y, curiosamente, los tienen llenos. Pero, si la sociedad avanza cada vez más veloz hacia el futuro, ¿es volviendo atrás que resolvemos el problema?
Tiempos nuevos necesitan un modelo nuevo de sacerdote. Lo escribía Rollan en el post de ayer: "El que quiera ser el primero, que se coloque el último" Ese consejo lo dió Jesús a todos. El sacerdote ha de ser líder de su comunidad…pues debe colocarse el último, debe ser un servidor. Los libros de teología señalan la institución del sacerdocio con la Eucaristía de la Última Cena. Pues bien, en el Evangelio de Juan, la Eucaristía está reemplazada por el acto de Jesús de arrodillarse ante sus apóstoles y lavarles los piés.
El sacerdote ha de dirigir a sus fieles con su vida de servicio, no con privilegios. Célibe o casado, ha de ser una persona madura. Con una espiritualidad encarnada que le ayude a estar junto a sus hermanos sufrientes y en dificultades. Y no olvidemos lo que tantas veces parece que olvidamos: la vocación la da Dios. Es Él quien llama. No nuestra pastoral vocacional ni nuestras estructuras. Y Dios llama a quien quiere, ¿por qué no a una mujer?