Análisis postelectoral

Ignacio Escolar en eldiario.es

España es el país del 8M más masivo, el que tiene el récord en donaciones de órganos, uno de los primeros donde los homosexuales pudieron casarse. España es una sociedad abierta y tolerante, más moderna de lo que los propios españoles pensamos, bastante menos racista que otros países de Europa, uno de los lugares más seguros y menos violentos del planeta. España es una nación de naciones, y no está dispuesta a renunciar al Estado autonómico que le ha dado sus años más prósperos. España tiene una mayoría social progresista, y por eso la izquierda siempre gana cuando la participación es alta. España no es solo los barrios ricos de Madrid, y su prensa tan conservadora: es también Catalunya, y Euskadi, y Galicia, y Valencia, y Andalucía… Y por eso la radicalizada derecha nacionalista española se ha estrellado en su programa de máximos.

Esa España, este domingo, ha frenado a la extrema derecha. El miedo a Vox, y a un Partido Popular que ya les había abierto la puerta del Consejo de Ministros si se alzaba con la victoria, ha llenado las urnas de votos contra el racismo, contra el machismo, contra el fascismo y contra esa visión de España en la que solo caben unos pocos. La derrota de la derecha nacionalista española es tan incuestionable como la victoria del PSOE de Pedro Sánchez, que casi duplica al segundo partido en el Congreso.

Esa España a la que le preocupa más la lucha contra la violencia de género que el derecho a llevar armas es la que este domingo ha puesto pie en pared y ha cerrado las puertas del Gobierno a un tripartito de derechas, que era seguro si les daban los escaños. Una derecha que ya se había repartido hasta los ministerios sin hacerle ascos al referente en España de Marine Le Pen y Matteo Salvini. Leer más…