Renovarse o morir

Antonio Zugasti
ATRIO

Según Einstein, es absurdo hacer siempre las mismas cosas y esperar resultados distintos.  Parece que esto de Einstein es una idea bastante sensata, pero da la impresión de que en la izquierda no nos hemos enterado.  Llevamos más de siglo y medio diciendo prácticamente lo mismo.

Y no será porque estemos contentos con los resultados. Las batallas en las que creíamos haber obtenido un gran éxito: las revoluciones rusa y china, Vietnam, Cuba, los sandinistas… al fin han acabado en fracasos más o menos estrepitosos. Y los avances conseguidos por la socialdemocracia, con su vía del reformismo, se están convirtiendo en la huida desordenada de un ejército derrotado. Hoy, cuando el capitalismo presenta su cara más dictatorial, más irracional y más injusta, cuando una mayoría de ciudadanos se sienten brutalmente agredidos por el sistema capitalista, las fuerzas representativas de la  izquierda se mueven como un boxeador grogui por el ring, esperando sólo el golpe de gracia. Y esa gran masa de ciudadanos agredidos parece incapaz de encontrar unas ideas válidas en torno a las cuales movilizarse y organizarse.

Lo que sí reconozco que puede parecer muy discutible es eso de que el discurso de la izquierda no ha cambiado. Es cierto que sobre las ideas de socialismo, progreso, revolución, cambio social, etc. se han escrito miles de libros, se han desarrollado enconados debates y, de hecho, las fuerzas de izquierda se han dividido una y otra vez en mil opciones distintas. Pero ninguna de ellas ha logrado elaborar un proyecto de cambio que tuviera éxito y se consolidara en la realidad. A pesar de la imagen cada vez más tenebrosa del capitalismo (la imagen real, claro, no la que aparece en sus grandes medios de comunicación, los creadores de sueños y delirios) ninguna corriente del socialismo parece capaz de desarrollar un proyecto que pueda movilizar a las sociedades hacia una superación del capitalismo.

Tendremos que pensar que la incapacidad no está en las peculiaridades de cada una de las corrientes, sino en algo común a todas, en la raíz de la que nacieron todas ellas. Vemos que la mayor parte del pensamiento socialista deriva de la formidable obra intelectual de Carlos Marx. (Su opositora, la corriente anarquista impulsada por Mijail Bakunin, tiene claras deficiencias teóricas y una evidente dificultad para llevarla a la práctica, por lo que ha quedado relegada a una postura marginal.) No se puede negar que la obra de Marx es una gran aportación a la historia del pensamiento humano, y que su crítica del sistema capitalista es demoledora, pero eso no quiere decir que las líneas fundamentales propuestas para sustituir al capitalismo por una sociedad más justa y libre hayan resultado acertadas. En las líneas maestras del pensamiento de Marx se han inspirado los intentos más serios para derribar al capitalismo, pero ninguno lo ha conseguido. ¿No habría que buscar por otros campos los caminos para avanzar hacia la nueva sociedad?

Desde luego hay caminos que no valen, ni siquiera mantienen la dirección Cuando se abandonan las tesis de Marx, como hizo el PSOE en el Congreso Extraordinario de 1979, no fue para sustituirlas por otra forma de lucha contra el capitalismo, sino para aceptar los postulados capitalistas. Y prácticamente todas las “nuevas izquierdas” que se han presentado estos últimos tiempos, han seguido ese camino.

Actualmente, con algunos cambios menores para adaptarse a las circunstancias, la mayoría sigue repitiendo un discurso más o menos socialdemócrata, que hoy día convierte  a la izquierda en una fuerza conservadora. También se continúan oyendo apelaciones muy radicales a la revolución, pero suenan como todavía más antediluvianas. ¿Es que, manteniendo el objetivo de superar el capitalismo, no podemos plantearnos el cuestionar las líneas maestras por las que se ha movido el movimiento socialista en los dos últimos siglos?

El socialismo de inspiración marxista se apoya en una base radicalmente materialista. Es una de sus líneas maestras. El materialismo dialéctico y el materialismo histórico forman el núcleo duro de la filosofía marxista. Para esta el cambio debe venir por la revolución en la infraestructura económica.

Pero ese socialismo ha fracasado, porque a materialista, al capitalismo no le gana nadie. Puede vestirse de nazareno en una procesión o ir del brazo de los obispos en una manifestación antiabortista, pero el capitalismo es mucho más radical y profundamente materialista que el socialismo. El tipo humano que fomenta, el hombre unidimensional, el homo oeconomicus no tiene más dios que el dinero. Una verdadera oposición al capitalismo tendría  partir, pues, de un socialismo ético, de un socialismo basado en los valores auténticamente humanos, los valores del espíritu humano.