Domingo 12 T.O. «NO LES TENGÁIS MIEDO». Rosario Ramos

Fe Adulta
COMENTARIO AL EVANGELIO Mt 10, 26-33

El Evangelio de este domingo es un pequeño fragmento que forma parte del gran discurso que Jesús realiza, en intimidad, a sus amigos con los que va a compartir su proyecto de “nueva humanidad”. Mateo va aumentando la profundidad y densidad de las instrucciones que les va ofreciendo para que vean con claridad, no solo cómo vivir sino las consecuencias de esa forma de vivir; de alguna manera se trata de hacerles conscientes de los riesgos implícitos y explícitos que corren por ser coherentes y vivir con autenticidad su adhesión al movimiento de Jesús. No les ofrece una vida fácil, popular, sino que resultarán incómodos para aquellos que buscan una vida diferente, más superficial, materialista, ideologizada o deshumanizada. Por todo ello serán rechazados e incomprendidos.

Comienza el texto con una expresión muy potente: “no les tengáis miedo” y, que, posteriormente, repite con la misma fuerza. Parece que este texto pone de manifiesto una realidad humana que todos vivimos en muchos momentos de nuestra vida: el miedo. El miedo aparece en este texto en dos direcciones; por un lado, el miedo a lo exterior, a cómo van a reaccionar los demás por las palabras, opciones de vida, espiritualidad, denuncias y anuncios de lo que realmente da sentido a la vida y, por otro, el miedo interior a no hacer pie y a experimentar un vacío insoportable, zozobra, duda, desconfianza.

El miedo exterior es una consecuencia del miedo interior. Ese miedo interior nace de situarse ante la vida dejando que los pensamientos, creencias, heridas, vacíos existenciales, dirijan nuestras opciones y decisiones. Se buscan certezas tangibles, que nos calmen inmediatamente la ansiedad de no sentirnos ante la vida con seguridad y con control. Cuando se conecta con el espacio interior donde todo es movimiento, luz, bondad, libertad, fuerza, se descubre la potencia de Dios que no es “un otro” sino el origen de la existencia cuya presencia sostiene la vida y la impulsa a desplegarse en toda su riqueza. Por eso, “no hay nada encubierto que no se descubra, ni nada reservado que no llegue a saberse”.

Es esencial apoyarnos CON CONFIANZA en lo profundo de lo que somos, ser más conscientes de que es nuestra verdadera vida, nuestro polo positivo y que no puede ser aniquilado por nada ni por nadie; nuestro verdadero ser no está hecho de mano humana sino del soplo divino que nos crea a cada instante: “no temáis a los que matan el cuerpo, pero al alma no pueden matarla”.

La pregunta de fondo que nos plantean estos versículos nos invita a pararnos con toda honestidad: ¿Qué dirige mi vida el miedo o la confianza? A veces nos condiciona el miedo a los juicios externos, al fracaso, a la pérdida de estatus, a no encajar, a la soledad no elegida. El Evangelio no desprecia estos temores, sino que ofrece una salida más honda: ser conscientes de que nuestra vida está hecha de una esencia amorosa que hasta nuestros cabellos tiene contados. No tengamos miedo porque nuestra dignidad es renovada a cada instante. Vivamos desde la confianza que nos da sabernos conectados a ese Dios que nos invita a ser creíbles y coherentes ante el mundo.

FELIZ DOMINGO

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