RECIBID ESPÍRITU SANTO – Fidel Aizpurúa

4 de mayo de 2026

Para iluminar una página del evangelio es suficiente, a veces, con tomar una simple expresión y darle profundidad con la reflexión.

Es que el evangelio de hoy afirma que Jesús sopló sobre el grupo de discípulos diciéndoles: “Recibid Espíritu Santo”. En griego, el Espíritu Santo es masculino (pneuma), pero en hebreo o arameo es femenino (ruaj). Por eso, la frase de Jesús suena así en su lengua: RECIBID LA ESPÍRITU SANTA. Esto puede parecer algo pintoresco, pero tiene su con qué.

Por influjo de la mentalidad patriarcal y del consiguiente machismo, en la Iglesia, como en la sociedad, todo se ha masculinizado, también el vocabulario. ¿Cómo sonaría si comenzáramos la eucaristía de este modo?: “En el nombre del Padre, del Hijo y de la Santa Ruaj. Amén” Así la comienzan algunas comunidades cristianas.

Esto nos lleva a plantear la cuestión de la mujer en la Iglesia, una vez más, desde un lado no solo de vocabulario, sino también desde la espiritualidad y desde la justicia:

  • Es lícita y comprensible la “revuelta” de las mujeres en la Iglesia:esa protesta pública que se hace todos los años a principios de marzo en la puerta de las catedrales para hacer visible la situación de desigualdad de las mujeres en la Iglesia.
  • Es lícita su aspiración al ministerio sacerdotal:no solamente por razones espirituales, sino también porque esa es la puerta principal para la gestión en igualdad.
  • Es lícito su anhelo de participar más en la gestión eclesial:no solamente en cargos de gestión o en tareas de colaboración, sino también en los ámbitos en los que se dirime el futuro de la Iglesia.

Muchas veces nos extraña la fidelidad de las mujeres a una Iglesia que las ningunea. Quizá sea por su tenacidad en querer seguir a Jesús en la fe común. Hemos de agradecer tal fidelidad y eso habría de ser argumento para hacerles justicia, para salir de ese “pecado histórico” que la Iglesia parece que no sabe cómo reparar.

Dicen los relatos evangélicos de multiplicación de panes que comieron varios miles de personas, “sin contar las mujeres y los niños” (Mt 14,21). Pues bien, hay que contar con las mujeres y los niños. Una Iglesia que tiene un déficit en igualdad, en esa medida no es la Iglesia de Jesús. Hemos de mirar muchas veces la imagen del papa León sentado en plano de igualdad con la arzobispa de Canterbury en su visita al Vaticano. Es una imagen saludable.

 Fidel Aizpurúa Donázar

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