Más allá de su heterogeneidad, los relatos evangélicos de resurrección son decisivos para alimentar nuestra fe en Jesús resucitado.
En Jn 20,1 se da, probablemente, el testimonio más antiguo del hecho resurreccional. Ahí se dice que Mª Magdalena VIO LA LOSA QUITADA. Sin enzarzarnos en valoraciones historicistas, la metáfora de la losa quitada habla de vida, libertad, horizonte. La resurrección ha quitado las enormes losas de la vida (las piedras que cerraban las tumbas judías eran muy pesadas, tanto en los sepulcros horizontales como en los verticales).
María lo ha entendido clara e inmediatamente: Jesús resucitado era el que vivía sin losa y empujaba a quien lo amaba a una vida similar, libre de cualquier servidumbre. Esto fue decisivo en la vida de los primeros cristianos. Su amor fiel a Jesús se transformaba en un dinamismo, una fuerza: se podía vivir sin losas que amargan la vida, sin opresiones que llevan a renegar de la existencia, sin temores que ensombrecen los días. Se abría un camino nuevo de vida ante la mirada atónita de quienes amaron a Jesús desde que lo conocieron.
¿Podemos tener nosotros hoy una experiencia similar de libertad, de vida y horizonte despejado? Sí, se puede vivir en el torbellino de la resurrección si se van quitando losas. ¿Cuáles? A modo de ejemplo:
- La losa de la soledad no deseada que ennegrece los días:y que echa en falta la presencia amiga de alguien que escuche, acompañe y ayude a disipar las sombras del alma.
- La losa de pobreza que deja su pesada huella en cuerpos y almas:losa con la que algunos viven desde niños y que les acompañará hasta el fin. No han tenido suerte porque quizá otros hemos tenido excesiva suerte, la suerte de los enriquecidos.
- La losa de la fe rutinaria que imposibilita el enamoramiento de Jesús:losa que hace irrelevante la fe y que anula las vibraciones del amor. Losa que vuelve raquítico y mediocre nuestro modo de ser cristianos.
La Pascua es un tiempo buenísimo para escuchar y renovar nuestra llamada a la libertad, a la fiesta, al gozo. Si, como decía el recordado papa Francisco “hay cristianos cuya opción parece ser la de una Cuaresma sin Pascua” sería preciso superar esa actitud y escuchar la llamada a la libertad que nos hace cada año la Pascua. El cristiano renueva en Pascua su voto de libertad ya que una fe carente de ella es intransmisible. El edificio de libertad se construye ladrillo a ladrillo.
Y será bueno unir a la libertad la ternura. Porque la fría losa quitada habla del cálido abrazo que reconforta. Aumentemos nuestro caudal de ternura en esta Pascua. Quizá nos han enseñado las normas para respetarnos, no es poco. Pero la vida necesita un poco más de calidez. Una Pascua cálida y reconfortante como lo es la presencia del resucitado en nuestro camino cristiano. No son solo palabras. Muchos cristianos viven de esta mística e incluso muchos no cristianos, a su manera, participan de estos anhelos. ¡Feliz Pascua!
Fidel Aizpurúa Donaza
