Un Nobel para la disonancia: cuando la paz se convierte en ilusión

Religión Digital

«Hoy el premio se entrega no a quienes apaciguan el mundo, sino a quienes lo interpretan y lo instrumentalizan según los caprichos de la geopolítica»

Hay gestos que no solo sorprenden: cortan la memoria como un cuchillo, rasgan la historia y convierten la conciencia en un espejo roto. El Premio Nobel de la Paz otorgado a María Corina Machado pertenece a esa categoría de gestos que dejan un sabor amargo en la garganta. Desde fuera de América Latina, sin banderas ni pasiones, uno observa atónito: ¿cómo puede un premio concebido para honrar la paz recaer en alguien cuyo discurso se ha tejido sobre la confrontación, la polarización y la instrumentalización política?

La paz no es un trofeo. No se mide en aplausos ni se celebra con alfombras rojas. La paz es un mandato, un susurro del Evangelio: “Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mateo 5:9)… Leer más (José Carlos Enríquez Díaz)