Navidad (A) – Fray Marcos

CREATOR: gd-jpeg v1.0 (using IJG JPEG v62), quality = 90

(Jn 1,1-18)

Dios se encarnó en Jesús, luego es en carnación. Se está encarnando siempre y en todos.

Anoche nos hablaban de un Niño, del pesebre, de pastores, de ángeles. En esta mañana de Navidad nos habla del Verbo, Palabra preexistente, de Dios eterno y trascendente. Es una prueba más de que nos encontramos ante algo indecible. Curiosamente termina diciendo exactamente lo mismo: y la PALABRA se hace carne, Niño.

Los dos relatos, como buenos subalternos, te colocan ante el misterio, pero el que tienes que torearlo eres tú. Solo tú puedes adentrarte en la realidad que está en ti, “más dentro de ti mismo que lo más íntimo de ti mismo”, como decía Agustín. Pero está ahí, y solo tú puedes descubrir ese tesoro y disfrutar de él y hacer que los demás también lo vean.

La encarnación solo tiene realidad dentro de ti, como solo tuvo realidad dentro de Jesús, no fuera en acontecimientos o fenómenos externo. Solamente dentro de ti y dentro del otro lo podrás encontrar. Buscarlo en otra parte es engañarte. El habernos convencido de que Dios está en la estratosfera y puntualmente en Jesús ha arruinado nuestra Vida.

Un señor que pasaba, ve a su vecino que está buscando algo enfrente de su casa. ¿Qué es lo que has perdido? La llave de mi casa. Yo te ayudaré a encontrarla. Pasa media hora y la llave no aparece. ¿Pero dónde la has perdido? Dentro de casa. ¿Entonces por qué la estás buscado aquí? Es que aquí hay más luz… Si no descubro lo que hay de Dios en mí, jamás lo descubriré ni en los acontecimientos ni en los demás ni en Jesús.

Aunque el domingo segundo de Navidad volvemos a leer este evangelio, voy a adelantar una frase: “kai Theos en o Lagos” y en latín: “et Deis erat Verbum”. La traducción puede ser: “y Dios era la Palabra” o “un ser divino era el proyecto”, puesto que en esta frase “Theos” no lleva artículo. En castellano también podemos traducir: “y la Palabra era Dios”.

Tomemos conciencia de que no se explica lo que es la Palabra por lo que es Dios, sino al revés, Se explica lo que es Dios por lo que es la Palabra, manifestada en un hombre, Jesús. Dios es el que se hizo hombre, y si se hizo hombre en Jesús, es que se hace hombre en todos los seres humanos. Verlo solo en Jesús es quedarse a medio camino.

Tomemos conciencia de que, si es Jesús el que se hace Dios, nosotros quedaremos al margen de lo que allí pasó. El despiste está asegurado y en ese error hemos vivido toda nuestra vida. Seguimos pensando en un Jesús convertido en Dios y no en que Dios se hizo carne. Aceptar esto nos llevaría a identificar lo divino y lo humano.

Seguimos diciendo que el hombre se ha hecho Dios, y hacemos decir al evangelio lo que nos interesa que digan no lo que en realidad dice. No es el hombre el que tiene que escalar las alturas del cielo para llegar a ser Dios, ha sido Dios el que se ha abajado y ha compartido su ser con lo más bajos del hombre, la carne. Eso significa la encarnación.

Por medio de Jesús, podemos llegar a saber lo que es Dios. Pero un Dios que no está ya en la estratosfera ni en los templos ni en el templo ni en la Ley ni en los ritos sino en el hombre. Pero debemos tomar conciencia de que no se encarna en lo más elevado, sino en lo más bajo, en aquello que nos une a todos, lo que nos pega a la tierra a lo caduco.

Las consecuencias de esta verdad en nuestra vida religiosa serían tan demoledoras que nos asustan; por eso preferimos seguir pensando en un Jesús que es Dios, pero dejando bien claro que eso no me afecta a mí directamente, sino solo como indirecta salvación que me tiene que venir de fuera. A lo más que aspiramos es a merecerla.

Hallarme has en ti, hallarte has en mí, decía Dios a Santa Teresa.