Debemos integrar en nosotros a Marta y a María. Sin la acción, la
contemplación será fatua ilusión. Sin la contemplación, la acción será
programación estéril.
Ya me gustaría tener una mayor capacidad de persuasión, porque vamos a
tratar un teme crucial en toda verdadera espiritualidad. En todos los
tiempos ha habido falsos místicos que se contentaron con meditar sin
preocuparse por los demás. Y en todos los tiempos ha habido una falsa
dedicación a los demás sin una verdadera meditación profunda.
Este relato lo narra solamente el evangelio de Lucas, pero encontraría un
marco más adecuado en el de Juan. En Juan todos los relatos son simbólicos y
es inútil buscar el ellos informaciones históricas de lo que pudo pasar.
Esto pasa con el relato que comentamos.
Para interpretarlo correctamente el primer obstáculo es seguir pensando en
una historia de dos hermanas. El relato es una parábola en toda regla. Marta
y María son personajes que encarnan los dos aspectos de un verdadero
seguimiento de Jesús.
La contemplación y la acción son dos hermanas. Pero además son gemelas, es
decir, nacidas del mismo óvulo y, por lo tanto, idénticas. Pero es que,
además, son siameses, es decir, están unidas por partes esenciales de su
cuerpo. Separarlas sería asesinarlas a las dos. Aunque a través de la
historia del cristianismo se ha intentado separarlas con frecuencia.
No tiene ningún sentido haber sacado de este relato, una distinción entre la
vida contemplativa y la vida activa. Mucho menos si, en vez de distinción,
lo que se pretende es una oposición. Tampoco aparece por ninguna parte la
pretendida superioridad de la vida contemplativa sobre la vida activa. Si
son inseparables no puede haber superioridad.
Tampoco es correcto el interpretar este evangelio como fundamento para
defender un cristianismo a dos velocidades: 1ª los de la vida contemplativa:
2ª los que se dedican a la vida activa. Parece que el primero que levantó
esta falsa liebre fue Orígenes, y durante 18 siglos hemos seguido corriendo
detrás de un señuelo de trapo sin entidad alguna.
Toda contemplación que se quede ensimismada en ella mismo sin empujar a la
acción sería una ensoñación ilusoria. Y toda acción que no tenga su origen
en una auténtica contemplación no pasaría de una programación que en nada
enriquecería a la persona. En ningún caso puede haber una contemplación sin
acción, ni acción sin contemplación
El principal escollo para aceptar esta interpretación es que tenemos una
idea equivocada de la contemplación. Pensamos que contemplar es cosa solo de
místicos que adentran en experiencia sobrehumanas. Este es un error que
tenemos que superar. Todo el que busca descubrir lo esencial de sí mismo en
lo hondo de su ser. Está contemplando.
Estas ideas no son novedosas. Al principio del S. XV, el Maestro Eckhart,
explicando este pasaje del evangelio, lo dejó meridianamente claro. Decía
que Marta aventajaba a María en el seguimiento de Jesús, porque María estaba
aprendiendo, pero Marta estaba poniendo en practica lo que ya había
aprendido. Una intuición que pasó desapercibida durante siglos.
Para terminar una observación muy simple. La contemplación de la que aquí
hablamos no consiste en un mayor conocimiento de las realidades
trascendentes ni de el mensaje de Jesús. Aquí contemplar significa bajar a
lo honde del ser y descubrir nuestra esencia.