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Sin ánimo de ponerle deberes -porque León XIV, el Papa llegado del mestizaje americano y de las periferias, seguro que los tiene bien claros-, la Iglesia y el mundo entero miran hoy al balcón de San Pedro con esperanza y expectación. El nuevo pontífice, Robert Prevost, asume el timón en un momento de cambio de época, no solo de época de cambios y después de suceder a Francisco, un Papa Magno, que puso en marcha la primavera de la Iglesia. Pero los desafíos que hereda, y que la comunidad católica le plantea, son tan urgentes como ineludibles.
1. Concretar la sinodalidad en la vida real
El proceso sinodal, legado de Francisco, pide ahora aterrizar en la base: parroquias y diócesis con consejos pastorales verdaderamente decisorios, no meramente consultivos. Es la hora de pasar del discurso a la práctica, de la escucha a la corresponsabilidad real, para que el Pueblo de Dios sea sujeto activo y no mero espectador de la vida eclesial. León XIV debe impulsar estructuras donde la voz de los laicos, mujeres y jóvenes tenga peso real en las decisiones, y donde la sinodalidad deje de ser un lema para convertirse en el modo habitual de caminar juntos… Leer más (José Manuel Vidal)