¿Se puede esconder un peligro en la campaña por la nueva evangelización, tal como se está llevando?
Me temo que sí, en un doble aspecto: Ante todo, temo que esa llamada nueva evangelización esconda una nostalgia medievalizante.
Y en segundo lugar el peligro radicaría en perseguir ahora no tanto la proclamación del evangelio y la conversión de las almas como la recuperación del papel social que en siglos pasados tuvo la institución eclesiástica, con la tentación, tantas veces planteada en la historia del cristianismo, de convertir al pueblo desde el poder.