30º domingo T.O. Koinonía

4.2.7

Éxodo 22,20-26

Si explotáis a viudas y huérfanos, se encenderá mi ira contra vosotros

Así dice el Señor: «No oprimirás ni vejarás al forastero, porque forasteros fuisteis vosotros en Egipto. No explotarás a viudas ni a huérfanos, porque, si los explotas y ellos gritan a mí, yo los escucharé. Se encenderá mi ira y os haré morir a espada, dejando a vuestras mujeres viudas y a vuestros hijos huérfanos. Si prestas dinero a uno de mi pueblo, a un pobre que habita contigo, no serás con él un usurero, cargándole intereses. Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, se lo devolverás antes de ponerse el sol, porque no tiene otro vestido para cubrir su cuerpo, ¿y dónde, si no, se va a acostar? Si grita a mí, yo lo escucharé, porque yo soy compasivo.»

Salmo responsorial: 17

Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza.

Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza; / Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador. R.

Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío, / mi fuerza salvadora, mi baluarte. / Invoco al Señor de mi alabanza / y quedo libre de mis enemigos. R.

Viva el Señor, bendita sea mi Roca, / sea ensalzado mi Dios y Salvador. / Tú diste gran victoria a tu rey, / tuviste misericordia de tu Ungido. R.

1Tesalonicenses 1,5c-10

Abandonasteis los ídolos para servir a Dios y vivir aguardando la vuelta de su Hijo

Hermanos: Sabéis cuál fue nuestra actuación entre vosotros para vuestro bien. Y vosotros seguisteis nuestro ejemplo y el del Señor, acogiendo la palabra entre tanta lucha con la alegría del Espíritu Santo. Así llegasteis a ser un modelo para todos los creyentes de Macedonia y de Acaya. Desde vuestra Iglesia, la palabra del Señor ha resonado no sólo en Macedonia y en Acaya, sino en todas partes. Vuestra fe en Dios había corrido de boca en boca, de modo que nosotros no teníamos necesidad de explicar nada, ya que ellos mismos cuentan los detalles de la acogida que nos hicisteis: cómo, abandonando los ídolos, os volvisteis a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, y vivir aguardando la vuelta de su Hijo Jesús desde el cielo, a quien ha resucitado de entre los muertos y que os libra del castigo futuro.

Mateo 22,34-40

Amarás al Señor, tu Dios, y a tu prójimo como a ti mismo

En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?» Él le dijo: «»Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser.» Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo.» Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los Profetas.»

COMENTARIO A LOS TEXTOS:

La legislación de Israel estaba orientada a mitigar los efectos del empobrecimiento de

las grandes masas de campesinos. El exilio, el desplazamiento forzado por causa de la

guerra, la usura… se convertían en una amenaza para la convivencia y, sobre todo,

contradecían los fundamentos éticos del pueblo de Dios.

El «código de la alianza» hacía énfasis, no sólo en las rúbricas litúrgicas o en las

orientaciones religiosas, sino en la protección de los sectores más vulnerables de la

sociedad: forasteros, viudas, huérfanos, jornaleros y pobres en general. Los forasteros

porque, en la mayoría de los casos, eran exiliados de la guerra, que habían sufrido el

desplazamiento forzado y llegaban a las tierras de Israel sin otro recurso que sus propias

manos. La legislación recuerda los beneficios del éxodo y el cambio de situación del

pueblo hebreo que pasó de la servidumbre a la libertad. Las viudas y los huérfanos

estaban a merced de los parientes varones que detentaban el monopolio jurídico de la

tierra. Los jornaleros estaban a merced de los terratenientes que les pagaban cuando se

les venía en gana y no al terminar el día, como lo determinaba la Ley. El clamor de estas

personas se convertía en una preocupación del Dios liberador que no podía dejar impunes

a los opresores, explotadores y usureros.

Una persona del antiguo Israel, como Jesús, se sorprendería al ver que nuestra

sociedad se basa en la usura. Para ellos, los exagerados intereses de una deuda eran

una auténtica vergüenza. Y más se asustaría al saber que los grandes usureros gobiernan

las políticas de los países y determinan quién vivirá satisfecho y cuantos millones de

pobres morirán de hambre. La usura es, en la Biblia, un delito comparable sólo con el

asesinato. La usura es la mayor amenaza para la gente pobre que se ve obligada a

empeñar hasta la propia ropa para poder comer. La usura se origina en la injusta

percepción de los valores sociales, pues la ambición y la acumulación se convierten en el

objetivo de las relaciones sociales, quitándoles su carácter de gratuidad y solidaridad.

Esta situación queda consagrada igualmente en el plano internacional. Tan

consagrada, que se considera «natural» la situación de sometimiento absoluto con el que

las finanzas internacionales, impúdicamente especulativas, dominan la vida y el trabajo de

las mayorías de los distintos países, mediante la subida y la bajada, casi enteramente

caprichosa, de los intereses de «los mercados» internacionales. Hace unos años fue con

la famosa «Deuda Externa»: países enteros gravados con deudas que equivalían a

muchas veces su producto nacional bruto anual… es decir, que debían todo lo que podían

producir durante varios años; podríamos decir que, de alguna manera, se debían a sí

mismos. Y todo ello, proviniendo de unos préstamos que habían sido ofrecidos a intereses

bajísimos, pero «fluctuantes», intereses que una vez contraídas las deudas fueron

internacionalmente alzados hasta un 18%, cuando a lo largo de la historia tales intereses

nunca habían subido más allá de un 6%. En los préstamos personales sabemos cuándo

unos intereses comienzan a ser usureros. ¿Por qué no se sabe en qué cifra de interés

comienza la «usura» en el plano internacional? ¿No estamos viviendo una situación de

usura en el sistema financiero internacional? Solemos pensar que el mundo civilizado y

moderno es muy distinto de aquel mundo de masas pobres y de esclavos que no eran

dueños de sí mismos, pero la diferencia no es tan grande: las grandes estructuras de

injusticia son ahora mucho más complejas, sofisticadas y masivas, pero quizá muchas de

ellas no son menos injustas.

Pablo interpreta el paso de una mentalidad legalista y opresora, hacia una

mentalidad creativa y liberadora, como un cambio de la idolatría al culto al Dios verdadero,

al Dios de la Vida. Mientras los hebreos eran prisioneros de los interminables preceptos

de la Ley (la escrita y la oral), los así llamados paganos eran esclavos de la incesante

marea de modas de pensamiento y de religiones que les impedían descubrirse a sí

mismos como esclavos de la idolatría del imperio. Pablo propone a los gentiles no una

religión más, sino un nuevo estilo de vida donde el discernimiento, la gratuidad y la

conciencia de ser libres constituía el fundamento de la relación con Dios y con el prójimo.

El evangelio apunta, precisamente, en la misma dirección, al mostrarnos que, para

Jesús, el fundamento de la relación con Dios y el prójimo es el amor solidario. Jesús

sintetiza el decálogo y casi toda la legislación en su principio de amor fraternal y

recíproco.

Los juristas gustaban de probar los conocimientos que Jesús tenía sobre la Ley.

Para ellos el mandamiento más importante era la observancia del sábado. Ese día debían

dedicarse por completo al reposo y a escuchar la lectura de la Escritura. Con el tiempo

convirtieron esta ley en una carga que a duras penas soportaban los pobres.

El sábado había dejado de ser fiesta del Señor y se había convertido en un día

lúgubre, lleno de prescripciones ridículas que impedían a las personas movilizarse,

cocinar e incluso auxiliar al necesitado.

Cuando los juristas preguntan a Jesús por la ley más importante esperan que él

cometa un error y se pronuncie contra la Ley misma. Jesús se les adelanta y les hace ver

que en la Ley lo más importante es el amor a Dios y el amor al prójimo. El amor es el

espíritu mismo de la legislación divina.

Al colocar estos dos mandamientos como el eje de toda la Escritura, Jesús pone en

primer lugar la actitud filial con respecto a Dios y la solidaridad interhumana como los

fundamentos de toda la vida religiosa. Incluso, la adecuada interpretación de la Escritura

(la Ley y los Profetas) depende de que sean comprendidos y asumidos estos dos

imperativos éticos.

Nosotros vivimos hoy en sociedades que tienen muchas más normas que el pueblo

judío, incluso nuestras iglesias tienen extensas legislaciones. Vivimos también en un

mundo que tiene muchísimos más millones de pobres oprimidos bajo la usura

internacional, que los pobres oprimidos por los que clamaron los profetas. La Palabra de

Jesús que hoy recordamos y actualizamos en nuestra celebración es una invitación a

sacudir nuestra pasividad, a recuperar la indignación ética ante la situación intolerable de

este mundo llamado moderno y civilizado, y a volver a lo esencial del Evangelio, al

mandamiento principal, a los dos amores.

El evangelio de hoy no está dramatizado en la serie «Un tal Jesús». Puede acudirse

al portal de la serie (https://radialistas.net/serie-un-tal-jesus/) para escoger algún capítulo.