Castillo: «El clero se apaga y eso, precisamente eso, nos enciende la luz de la esperanza»

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La palabra “clero” no aparece ni una sola vez en todo el Nuevo Testamento. El término “clero” viene del griego “kleros”, que significa “suerte”. Y se empezó a utilizar en la Iglesia durante el siglo tercero. Ya se encuentra en Tertuliano (Monogamia, 12) y más tarde lo retoma Cipriano (Epist. 14, 1), Se generalizó a partir de san Agustín (Enarratio in Ps. 67) (cf. A Forcellini, Totius Latinitatis Lexicon, vol. II, pg. 233; Henricus Spelthahn, Thesaurus Linguae Latinae, vol. III, 1340-1341; A Faivre, Lexikon für Theologie und Kirche, vol. VI, 131-133).
Pero fue el emperador Constantino el que recompensó al clero cristiano con privilegios adecuados. Pues eran los clérigos (y no el cristiano medio), los expertos en rituales; los que sabían cómo llevar a cabo el “culto del santo y celestial poder” (Carta de Constantino al obispo de Siracusa (Eusebio, Historia eclesiástica, 10. 3, 21, pg. 632. Cf. Peter Brown, Por el ojo de una aguja, Barcelona, Acantilado, 2016, pg. 99)… Leer más (José María Castillo)