Sólo el 16% de los jóvenes andaluces se preocupan por la religión

Consideran a la Iglesia una «piedra» en la que tropiezan para llegar a Dios. Gervilla ha explicado que «lo grave y hasta escandaloso» es que la Iglesia, como institución, sea ahora un elemento más de colaboración en esta «descristianización» de la sociedad española.

Una investigación encabezada por Enrique Gervilla, catedrático de Teoría e Historia de la Educación de Granada, ha puesto de manifiesto que la Iglesia, como institución, supone hoy un impedimento para que muchos jóvenes se acerquen a Dios, pese a que esa haya sido su función primordial y única.

Investigadores del Departamento de Pedagogía de la Universidad de Granada, dentro del grupo «Valores Emergentes, Educación Social y Políticas Educativas», han llevado a cabo el estudio entre los meses de mayo y junio de 2017 en todas las universidades de Andalucía.

Para ello, se ha hecho un muestreo probabilístico por conglomerados seleccionando en las Facultades de Educación Pública andaluza a grupos de primero del Grado de Educación Primaria, que tienen un «efecto multiplicador» ya que, al ser los educadores del futuro, podrán transmitir sus actitudes, creencias y valores.

La alta estimación de los valores afectivos, morales e individuales manifiesta una juventud con una gran personalidad y muy preocupada por la justicia, la humanización y las relaciones cordiales y afectivas.

Los valores ecológicos, corporales y sociales, también con valores superiores a la media, revelan la importancia que otorgan los futuros educadores a la ecología, a la salud y a las relaciones y problemas sociales.

La puntuación de los valores instrumentales, estéticos e intelectuales, inferiores a la media, ponen de manifiesto unos jóvenes poco materialistas, poco interesados en el arte y la belleza.

Los valores políticos y religiosos, los últimos de la jerarquía, y a bastante distancia de los anteriores, sobre todo el valor religioso, muestran la despreocupación de los jóvenes por la política, y la indiferencia y rechazo a las cuestiones religiosas.

Entre las conclusiones y sugerencias, la investigación ha puesto de manifiesto que la «descristianización» de la sociedad es un hecho evidente, y de modo progresivo, en todas las capas sociales.

Los jóvenes, desde hace años, se encuentran alejados de la Iglesia y, actualmente, la religión para muchos de ellos ocupa los últimos lugares en una escala de valoración de las cosas importantes de la vida (16%), y ya sólo un 40% se define como católico.

Gervilla ha explicado a Efe que «lo grave y hasta escandaloso» es que la Iglesia, como institución, sea ahora un elemento más de colaboración en esta «descristianización» de la sociedad española.

Se trata por tanto de una contradicción con su misión evangélica, pues no sólo no contribuye a que los jóvenes encuentren a Dios, sino que es un obstáculo para muchos de ellos.

Además, las personas más visibles de la institución, caso de sacerdotes, monjas u obispos, son «puentes rotos o piedras» en las que tropiezan muchos jóvenes para llegar a Dios.

A partir de estos resultados, el estudio señala que los colegios de la Iglesia y las clases de religión necesitan entre otras cuestiones una reforma urgente puesto que hay que «educar de otra manera».

Redacción de Religión Digital, 7 de enero de 2018

 

 

Francisco llama a Castillo: «Quiero agradecerle lo que usted está haciendo por mí»

Este lunes 8 de enero, a las 20 h. y cuando menos me podía imaginar semejante cosa, sonó en el teléfono de mi casa una llamada sin número, de origen desconocido. Yo ni descolgué el teléfono. A los pocos instantes, la llamada se repitió. Venía del Vaticano. Y quien me llamaba era el Papa. Me puse nervioso. No sabía si aquello era una broma de cualquier insensato o quizá el reclamo de una agencia de publicidad.

Pronto salí de dudas. Era claramente la voz del Papa Francisco, que notó enseguida mis vacilaciones. Y me dijo con su voz clara y precisa: «Soy el papa«. Cosa que repitió dos o tres veces, ante mi evidente inseguridad, turbación…, ¿qué sé yo?

¿Por qué me llamó? Me figuro que todo se debe a una cosa muy simple. Hace unos días, en un Encuentro (celebrado en Madrid) de periodistas de asuntos religiosos, pude saludar a un importante amigo personal de Jorge Mario Bergoglio, que, en los pocos minutos que pudimos hablar, me aseguró que le llevaría en mano al Papa el último libro que he publicado, La Religión de Jesús. Comentario al Evangelio diario, para el presente año. El libro está dedicado al Papa Francisco. Y esto – me figuro yo – es lo que ha motivado la llamada papal. Aunque la verdad es que el Papa no me hizo mención alguna, ni de este libro, de ningún otro asunto.

Francisco fue derechamente – en los diez minutos que duró la conversación – a lo que él quería. Que fueron dos cosas. Primero: «Quiero agradecerle lo que Usted está haciendo por mí». Cosa que me sorprendió, dado que bien poco es lo que yo puedo ayudar al Papa. Y lo principal que me dijo y en lo que me insistió varias veces: «Rece Usted por mí. Porque lo necesito mucho». Me llamó la atención la insistencia del Papa en este ruego. Sin duda alguna, el Papa Francisco se siente necesitado y pide oraciones para que la fuerza del Señor le ayude a salir adelante.  Leer mas…

 

En la codificación de los derechos en la Iglesia, la mujer ni se menciona

José María Castillo en Religión Digital

La desigualdad en derechos, dignidad y seguridad de las mujeres respecto a los hombres, en España al menos, va en aumento. El dato aterrador de la cantidad creciente de mujeres que son maltratadas, amenazadas y asesinadas por los hombres, en nuestro país, es elocuente y preocupante. Y conste que las religiones – y nuestra Iglesia en concreto – tienen una dosis importante de responsabilidad en este patético asunto. Leer más

La iglesia debe entrar en el mundo moderno

Javier Monserrat en Fronteras CTR

¿Qué significa la Era de la Ciencia para la metafísica, para el teísmo, el ateísmo, para las religiones y para el cristianismo? Aceptar que el universo moderno no es un universo de patencia-de-la-Verdad, sino un universo enigmático nos coloca en la incertidumbre metafísica de no saber si su fundamento último es Dios o un puro mundo sin Dios. Leer más

Un espacio todavía por descubrir

Xabier Melloni en Cristianisme i Justícia

Ante los acontecimientos de los últimos meses en Cataluña, las valoraciones e interpretaciones que hemos hecho han sido partir del propio posicionamiento. De entrada no puede ser de otra manera, porque no vemos la realidad tal como es, sino tal como somos. No existe una realidad objetiva y una percepción subjetiva, sino que en el mismo momento de percibir la realidad ya estamos configurándola y co-creándola desde nuestras categorías. Leer más

Domingo 2º Tiempo Ordinario – Fray Marcos

Seguimiento a Jesús

(1 Sam 3,10-19) Habla Señor que tu siervo escucha.

(1 Cor 6,13-20) Por tanto, ¡glorificad a Dios (también) con vuestro cuerpo!

(Jn 1,35-42) Fueron, vieron y, aquel mismo día, se quedaron a vivir como él.

Solo será cristiano el que sigue a Jesús el Cristo. Para vivir como él será necesario conocer cómo piensa y cómo actúa.

En este 2º domingo del tiempo ordinario nos sigue hablando del comienzo. Juan acaba de presentar a Jesús como el cordero de Dios que quita el pecado del mundo e Hijo de Dios. En lo que hemos leído, sigue poniendo en boca de los distintos personajes otros títulos de Jesús: Rabí, Mesías. En los que siguen y no vamos a leer, se refiriere a aquel de quien han hablado la Ley y los Profetas, para terminar diciendo Natanael: Tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel. Por fin, el mismo Jesús habla del Hijo de Hombre. Jn hace un despliegue de títulos cristológicos al principio de su evangelio para dejar clara la idea que tiene de Jesús. Naturalmente es una reflexión de una comunidad de finales del siglo I. El próximo domingo leeremos la llamada de los primeros discípulos en Mc y no tiene nada que ver.

Este es el cordero de Dios. El cordero pascual no tenía valor sacrificial ni expiatorio. Era símbolo de la liberación de la esclavitud, al recordar la liberación de Egipto. El que quita el pecado del mundo no es el que carga con nuestros crímenes, sino el que vine a eliminar la injusticia. No viene a impedir que se cometa, sino a evitar que el que la sufra sea anulado como persona. En el evangelio de Jn, el único pecado es la opresión. No solo condena al que oprime, sino que denuncia también la postura del que se deja oprimir. Esto no lo hemos tenido claro los cristianos, que incluso hemos predicado el conformismo y la sumisión. Nadie te puede oprimir si no te dejas.

La frase del Bautista no es suficiente para justifica la decisión de los dos discípulos. Para entenderlo tenemos que pensar en un conocimiento más profundo de lo que Jesús es. Antes había dicho que Jesús venía hacia Juan. Ahora nos dice que Jesús pasaba. Nos está indicando que le adelanta, que pasa por delante de él. “El que viene detrás de mí…”

Siguieron a Jesús, indica mucho más que ir detrás de él, como hace un perro siguiendo a su dueño. “Seguirle” es un término técnico en el evangelio de Jn. Significa el seguimiento de un discípulo, que va tras las huellas de su maestro, es decir, que quiere vivir como él vive. “Quiero que también ellos estén conmigo donde estoy yo” (17,24). Es la manera de vivir de Jesús lo que les interesa. Es eso lo que él les invita a descubrir.

¿Qué buscáis? La verdadera relación no puede comenzar hasta que Jesús se da la vuelta y les interpela. La pregunta tiene mucha miga. Jn quiere dejar claro que hay maneras de seguir a Jesús que no son las adecuadas. La pregunta: ¿Dónde vives? aclara la situación; porque no significa el lugar o la casa donde habita Jesús, sino la actitud vital de éste. ¿En qué marco vital te desenvuelves? Porque nosotros queremos entrar en ese ámbito. Jesús está en la zona de la vida, en la esfera de lo divino.

No le preguntan por su doctrina, sino por su vida. No responde con un discurso, sino con una invitación a la experiencia. A esa pregunta no se puede responder con una dirección de correos. Hay que experimentar lo que Jesús es. ¿Dónde moras? Es la pregunta fundamental. ¿Qué puede significar Jesús para mí? Nunca será suficiente la respuesta que otro haya dado. Jesús es algo único e irrepetible para mí, porque le tengo que ver desde una perspectiva única e irrepetible, la mía. La respuesta dependerá de lo que yo busque en Jesús.

Venid y lo veréis. Así podemos entender la frase siguiente: “Vieron dónde (cómo) vivía y aquel mismo día se quedaron a vivir con él” (como él). No tiene mucho sentido la traducción oficial (y se quedaron con él aquel día), porque el día estaba terminando (cuatro de la tarde). Los dos primeros discípulos todavía no tienen nombre; representan a todos los que intentan pasar al ámbito de lo divino, a la esfera donde está Jesús.

Serían las cuatro de la tarde, no es una referencia cronológica, no tendría la menor importancia. Se trata de la hora en que terminaba un día y comenzaba otro. Es la hora en que se mataba el cordero pascual y la hora de la muerte de Jesús. Nos está diciendo que algo está a punto de terminar y algo muy importante está a punto de comenzar. Se pone en marcha la nueva comunidad, el nuevo pueblo de Dios que permite la realización cabal de hombre. Son modelo del itinerario que debe seguir todo discípulo de Jesús.

Lo que vieron es tan importante que les obliga a comunicarlo a los demás. Andrés llama a su hermano Simón para que descubra lo mismo; hablándole del Mesías (Ungido) hace referencia a la bajada y permanencia del Espíritu sobre Jesús en el bautismo. Unos versículos después, Felipe encuentra a Natanael y le dice: hemos encontrado a Jesús. Estas anotaciones nos están diciendo cómo se fue formando la nueva comunidad.

Fijando la vista en él. Lo mismo que Juan había fijado la vista en Jesús. Indica una visión penetrante de la persona. Manifiesta mucho más que una simple visión. Se trata de un conocimiento profundo e interior. Pedro no dice nada. No ve clara esa opción que han tomado los otros dos, pero muy pronto va hacer honor al apodo que le pone Jesús: Cefas, piedra, testarudo; que se convertirá en fortaleza, una vez que se convenza.

En la Biblia se describen distintas vocaciones llamativas de personajes famosos. Eso nos puede llevar a pensar que si Dios no actúa de esa manera, no hay vocación. En los relatos bíblicos se nos intenta enseñar no como actúa Dios, sino cómo respondieron ellos a la llamada de Dios. El joven Samuel no tiene idea de cómo se manifiesta Dios, ni siquiera sabe que es Él quien le llama, pero cuando lo descubre se abre totalmente a su discurso. Los dos discípulos, buscan en Jesús la manifestación de Dios y la encuentran.

Dios no llama nunca desde fuera. La vocación de Dios no es nada distinto de mi propio ser; desde el instante mismo en que empiezo a existir, soy llamado por Dios para ser lo que mi verdadero ser exige. En lo hondo de mi ser, tengo que buscar los planos para la construcción de mi existencia. Dios no nos llama en primer lugar a desempeñar una tarea determinada, sino a una plenitud de ser. No somos más por hacer esto o aquello, sino por cómo lo hacemos.

El haber restringido la “vocación” a la vida religiosa es un reduccionismo inaceptable. Cuando definimos ese camino como “camino de perfección”, estamos distorsionando el evangelio. La perfección es un mito que ha engañado a muchos y desilusionado a todos. Esa perfección, gracias a Dios, no ha existido nunca y nunca existirá. Mientras seamos humanos, seremos imperfectos, a Dios gracias. Los “consagrados” constituyen un tanto por ciento mínimo de la Iglesia, pero son el noventa y nueve por ciento de los declarados “santos”. Algo no funciona.

El único baremo para calibrar lo humano es el grado de humanidad. Hemos colocado en los altares a personas que fueron completamente inhumanas. Eso sí, llegaron al séptimo cielo y fueron capaces de hacer milagros. La verdadera humanidad solo se potencia por las relaciones humanas. El marco privilegiado de las relaciones humanas es la familia. Si seguimos pensando que unos padres que tienen que preocuparse de la familia están en peores condiciones que un clérigo para desplegar su humanidad, algo fundamental está fallando.

Meditación

El primer paso en la vida espiritual será saber lo que busco.

Aunque no puedes saber lo que vas a encontrar,

tienes que tener bien clara la dirección en la que debes ir.

Debes conocer cómo se desplegó en Jesús lo humano y lo divino.

Cómo se identificó plenamente con Dios y con el hombre

Lo que es Jesús solo lo descubrirás viviendo lo que él vivió.

 

 

 

 

 

 

Urteko 2 igandea / Domingo 2º Tiempo ordinario – José A. Pagola

-B (Joan 1,35-42)

Evangelio del 14 /Ene / 2018

por Coordinador – Mario González Jurado

ZEREN BILA GABILTZA?

Joanen ebanjelioan Jesusek jaulki dituen lehen hitzek nahasirik utzi gaituzte; izan ere, hondo-hondora doaz eta gure bizitzaren sustraiak berak ukitzen dituzte. Berari jarraitzen hasi diren Bataiatzailearen bi ikasleei esan die Jesusek:«Zeren bila zabiltzate?».

Ez da gauza erraza galdera xume, zuzeneko, oinarrizko honi erantzutea, gurea bezalako kultura «itxi» baten barnetik; izan ere, kultura horrek ematen du, baliabideez bakarrik arduratzen dela, gauza guztien azken helburuaz ahazturik. Zeren bila gabiltza zehazki?

Batzuentzat, «supermerkatu bat» da bizitza (D. Sölle); axola zaien gauza bakarra mila gauzak eskuratzea da, haiekin beren bizitza pixka bat goxatzeko. Beste batzuentzat, ihes nola egingo da guztia: gaixotasunari, bakardadeari, tristurari, gatazkari edo ikarari. Baina ihes egin, norantz?, norenganantz?

Beste batzuek jada ezin dute gehiago. Nahi dutena, berak bakarrik utz ditzaten da. Gainerakoez ahaztu eta guztiek ahaztuak izan. Beraiek inortaz ez arduratu eta beraiez inor ez arduratu.

Gehienok eguneroko geure premiak nola beteko gabiltza eta geure desio koxkorrak nola beteko borrokan. Baina, horiek guztiak beteko balira ere, aserik geldituko ote litzateke gure bihotza? Aserik geldituko ote litzateke gure egarria: kontsolamendu, askapen eta zoriontasun betearen egarria?

Hondo-hondoan, ez ote gabiltza gizon-emakumeok geure egoera nola hobetuko, apur bat bakarrik? Ez al dugu antsiatzen inongo egitasmo politiko edo sozialek, inolaz ere, ezin eman digun zerbait?

Esaten da, gaurko gizon-emakumeak ahaztu egin direla Jainkoaz? Egia, ordea, beste hau da: pertsona batek, bere buruari ondradu samar galdetzen dionean, ez duela gauza erraza «infinituaren nostalgia» bere bihotzetik kentzea.

Nor naiz ni? Izaki txikitxo bat, halabeharrez espazioaren eta denboraren zatirik txikieneko batean sortua, bizitzara jaurtia berehala ezerezean galtzeko, nondik aterea izan bainaiz inolako arrazoirik gabe, sufritzeko bakarrik? Hori ote da dena? Ez da besterik?

Gizakiak egin dezakeen gauzarik ondraduena «bila» ibiltzea da. Ez ixtea ate bakar bat ere. Ez uko egitea dei bakar bati ere. Jainkoaren bila ibiltzea, agian bere indarren eta bere fedearen azken hondarrekin. Agian bere eskastasunetik, bere estutasunetik, bere etsipenetik.

Jainkoak ez du maite ezkutaketan jolas egitea, ez zaio ezkutatzen zinez bila dabilkionari. Bilatze horretan berean dago jada Jainkoa. Are gehiago. Bera aurkitu ahal izatea ematen dio doi-doi beraren bila dabilenari. Hona zer dioen Jaunak Isaiasen liburuan: «Aurki nazaten utzi diet nitaz galdezka ari zirenei. Aurki nazaten utzi diet nire bila ez zebiltzanei beraiei. Esan nuen: “Hemen nauzu, hemen nauzu”» (Isaias 65,1-2).

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

 

¿QUÉ BUSCAMOS?

-B (Juan 1,35-42)

Evangelio del 14 /Ene / 2018

Las primeras palabras que Jesús pronuncia en el evangelio de Juan nos dejan desconcertados, porque van al fondo y tocan las raíces mismas de nuestra vida. A dos discípulos del Bautista que comienzan a seguirlo Jesús les dice:«¿Qué buscáis?».

No es fácil responder a esta pregunta sencilla, directa, fundamental, desde el interior de una cultura «cerrada» como la nuestra, que parece preocuparse solo de los medios, olvidando siempre el fin último de todo. ¿Qué es lo que buscamos exactamente?

Para algunos, la vida es «un gran supermercado» (D. Sölle), y lo único que les interesa es adquirir objetos con los que poder consolar un poco su existencia. Otros lo que buscan es escapar de la enfermedad, la soledad, la tristeza, los conflictos o el miedo. Pero escapar, ¿hacia dónde?, ¿hacia quién?

Otros ya no pueden más. Lo que quieren es que se les deje solos. Olvidar a los demás y ser olvidados por todos. No preocuparse por nadie y que nadie se preocupe de ellos.

La mayoría buscamos sencillamente cubrir nuestras necesidades diarias y seguir luchando por ver cumplidos nuestros pequeños deseos. Pero, aunque todos ellos se cumplieran, ¿quedaría nuestro corazón satisfecho? ¿Se habría apaciguado nuestra sed de consuelo, liberación y felicidad plena?

En el fondo, ¿no andamos los seres humanos buscando algo más que una simple mejora de nuestra situación? ¿No anhelamos algo que, ciertamente, no podemos esperar de ningún proyecto político o social?

Se dice que los hombres y mujeres de hoy han olvidado a Dios. Pero la verdad es que, cuando un ser humano se interroga con un poco de honradez, no le es fácil borrar de su corazón «la nostalgia de infinito».

¿Quién soy yo? ¿Un ser minúsculo, surgido por azar en una parcela ínfima de espacio y de tiempo, arrojado a la vida para desaparecer enseguida en la nada, de donde se me ha sacado sin razón alguna y solo para sufrir? ¿Eso es todo? ¿No hay nada más?

Lo más honrado que puede hacer el ser humano es «buscar». No cerrar ninguna puerta. No desechar ninguna llamada. Buscar a Dios, tal vez con el último resto de sus fuerzas y de su fe. Tal vez desde la mediocridad, la angustia o el desaliento.

Dios no juega al escondite ni se esconde de quien lo busca con sinceridad. Dios está ya en el interior mismo de esa búsqueda. Más aún. Dios se deja encontrar incluso por quienes apenas le buscamos. Así dice el Señor en el libro de Isaías: «Yo me he dejado encontrar por quienes no preguntaban por mí. Me he dejado hallar por quienes no me buscaban. Dije: “Aquí estoy, aquí estoy”» (Isaías 65,1-2).

José Antonio Pagola

 

2º Domingo del Tiempo ordinario 14 de enero de 2018 – Koinonia

1Sm 3,3b10.19: Habla, Señor, que tu siervo escucha
Salmo 39: Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad
1Cor 6,13c-15a.17-20: Sus cuerpos son miembros de Cristo
Jn 1,35-42: Vieron donde vivía y se quedaron con él

Vieron dónde vivía y se quedaron con él

En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice: «Éste es el Cordero de Dios.» Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta: «¿Qué buscáis?» Ellos le contestaron: «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?» Él les dijo: «Venid y lo veréis.» Entonces fueron, y vivieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice: «Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo).» Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro).»

COMENTARIO A LOS TEXTOS BÍBLICOS:

La primera y la tercera lecturas se complementan presentándonos el tema de «la vocación»: la vocación del pequeño Samuel en la primera, y la vocación o el llamado de Jesús a sus primeros discípulos.

El libro de Samuel nos presenta la infancia del joven Samuel en el templo al cual fue consagrado por su madre en virtud de una promesa. El niño duerme, pero una voz lo llama. Creyendo que es la voz de su maestro Elí, con ingenua obediencia se levanta el niño tres veces en la noche acudiendo a su llamado. Samuel no conoce aún a Yahvé, pero sabe de la constancia en la obediencia, y sabe acudir al llamado, una vez más, aun cuando en las primeras ocasiones le parecía haberse despertado en vano. Elí comprendió que era Yahvé quien llamaba al niño y le enseñó entonces a crear la actitud de escucha: “Habla señor, que tu siervo escucha”.

La vida actual está llena de ruido, palabras que van y vienen, mensajes que se cruzan y con frecuencia los seres humanos perdemos la capacidad del silencio, la capacidad de escuchar en nuestra interioridad la voz de Dios que nos habita. Dios puede continuar siendo aquel desconocido de quien hablamos o a quien afirmamos, creer pero con quien pocas veces nos encontramos en la intimidad del corazón, para escuchar contemplativamente.

Este texto sobre Samuel niño se ha aplicado muchas veces al tema de la “vocación”, palabra que, obviamente, significa “llamado”. Toda persona, en el proceso de su maduración, llega un día –una noche- a percibir la seducción de unos valores que le llaman, que con una voz imprecisa al principio, le invitan a salir de sí y a consagrar su vida a una gran Causa. Esas voces vagas en la noche, difícilmente reconocibles, provienen con frecuencia de la fuente honda que será capaz más tarde de absorber y centrar toda nuestra vida. No hay mayor don en la vida que haber encontrado la vocación, que es tanto como haberse encontrado a sí mismo, haber encontrado la razón de la propia vida, el amor de la vida. No hay mayor infortunio que no encontrar la razón de la vida, no encontrar la Causa con la que uno vibra, la Causa por la que vivir (que siempre es, a la vez, una causa por la que incluso merece la pena morir).

Pablo, en su carta a los corintios, nos recuerda que el cuerpo es templo, y que toda nuestra vida está llamada a unirse a Cristo, por lo que es necesario discernir en todo momento, qué nos aleja y qué nos acerca al plan de Dios. Por que la relación con Dios, no hace referencia solamente a nuestra experiencia espiritual sino a toda la vida: el trabajo, las relaciones humanas, la política, el cuidado del cuerpo, la sexualidad… En todo momento en cualquier situación debemos preguntarnos si estamos actuando en unidad con Dios y en fidelidad a su plan de amor para con todo el mundo.

En el evangelio de hoy, Juan nos relata en encuentro de Jesús con los primeros discípulos que elige. Es un texto del evangelio, obviamente simbólico, no un relato periodístico o una “crónica” de aquellos encuentros. Todavía, algunos de los símbolos que contiene no sabemos interpretarlos: ¿qué quiso Juan aludir, al especificarnos que… “serían las cuatro de la tarde”? Hemos perdido el rastro de lo que pudo tener de especial aquella hora concreta como para que Juan la detalle.

Dos discípulos de Juan escuchan a su maestro expresarse sobre Jesús como el “cordero de Dios”, y sin preguntas ni vacilaciones, con la misma ingenuidad que el joven Samuel que hemos contemplado en la primera lectura, «siguen» a Jesús, es decir, se disponen a ser sus discípulos, lo que conllevará un cambio importante para sus vidas. El diálogo que se entabla entre ellos y Jesús es corto pero lleno de significado: “¿Qué buscan?”, “¿Maestro donde vives?”, ”Vengan y lo verán”. Estos buscadores desean entrar en la vida del Maestro, estar con él, formar parte de su grupo de vida. Y Jesús no se protege guardando las distancias, sino que los acoge sin trabas y los invita nada menos que a venir a su morada y quedarse con él.

Este gesto simbólico se ha comentado siempre como una de las condiciones de la evangelización: no basta dar palabras, son precisos también los hechos; no sólo teorías, sino también vivencias; no «hablar de» la buena noticia, sino mostrar cómo la vive uno mismo, en su propia carne estremecida de gozo. O sea: una evangelización completa debe incluir una visión teórica, pero sobre todo tiene que ser un testimonio. El evangelizador no es un profesor que da una lección, sino un testigo que ofrece su propio testimonio personal. El impacto del testimonio de vida del maestro, conmueve, transforma, convence a los discípulos, que se convierten en testigos mensajeros.

Seguir a Jesús, caminar con él, no puede hacerse sino por haber tenido una experiencia de encuentro con él. Las teorías habladas –incluidas las teologías–, por sí solas, no sirven. Nuestro corazón –y el de los demás– sólo se conmueve ante las teorías vividas, por la vivencia y el testimonio personal.

En la vida real el tema de la vocación no es tan fácil ni tan claro como lo solemos plantear. La mayor parte de las personas no pueden plantearse la pregunta por su vocación, no pueden «elegir su vida», sino que han de aceptar lo que la vida les presenta, y no pocas tienen que esforzarse mucho para sobrevivir apenas. El llamado de Dios es, ahí, el llamado de la vida, el misterio de la lucha por la sobrevivencia y por conseguirla del modo más humano posible. Este llamado, la «vocación» vivida en estas difíciles circunstancias de la vida, son también un verdadero llamado de Dios, que debemos valorar en toda su dignidad.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 5 de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil. El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1100005 Puede ser escuchado aquí: http://www.untaljesus.net/audios/cap05b.mp3

 

Osoro pasa página rouquista y lo apuesta todo a la primavera de Francisco

Los nuevos auxiliares comparten el modelo de Iglesia que el Papa promueve desde Roma y Osoro, desde Madrid. Más decidido, más valiente, más arriesgado, más libre y más ‘franciscano’ que nunca, ha comenzado a escenificar su punto de inflexión en Madrid con sus tres nuevos auxiliares.

Su natural prudente y bondadoso le llevó a esperar tres años antes de pasar página. Y sólo ahora, tras patearse la diócesis de arriba abajo, se va a ver al auténtico cardenal de Madrid, Carlos Osoro. Más decidido, más valiente, más arriesgado, más libre y más ‘franciscano’ que nunca, ha comenzado a escenificar su punto de inflexión en Madrid con sus tres nuevos auxiliares.

Con esta elección, Osoro inicia la etapa postRouco en Madrid. Le ha mimado (con ático incluido), ha respetado las poltronas de muchos de los suyos, le ha tratado con elegancia y exquisitez. Pero, pagada la deuda de la cortesía hacia su antecesor, el cardenal madrileño se dispone a cambiar de rumbo y remar mar adentro.

Con velas desplegadas. Sin pesos muertos ni motores gripados. Con alegría, ternura y misericordia. Sin nostalgias del pasado, poderes o privilegios. Abandonando la Iglesia fortaleza de las seguridades y de los principios innegociables, para navegar hacia una Iglesia samaritana y hospital de campaña.

Y para construirla ha optado, una vez más, por una Iglesia de todos y para todos. Una Iglesia que suma. Todos los obispos, cuando toman posesión de una nueva diócesis, siempre dicen que quieren ser de todos. Al cabo de poco tiempo, se les olvida la promesa y se centran en sus grupos-estufas, que les dan calor, les bailan el agua, les llenan la catedral y les ofrecen una tranquila zona de confort.

Cuando llegó a Madrid, Don Carlos también dijo lo de ser obispo de todos, pero, además, lo cumplió. A eso se dedicó, en cuerpo y alma, desde hace tres años. Sin un minuto de respiro. Sin un momento de descanso. Desde la mañana a la noche, todos los días de la semana y, por supuesto, los fines de semana. Sin vida propia, con una agenda a rebosar e, incluso, sin cuidarse físicamente.

Se dejó la piel en iglesias, hospitales, cárceles, colegios, casas…No dice nunca (o casi) no a nada ni a nadie. Y, cuando tiene que llorar (especialmente por las incomprensiones de los de dentro), se va a su capilla y se arrodilla ante la Purísima. O se para a acariciar, antes de salir o de entrar, a la Virgen con el niño, que tiene junto a la puerta.  Leer mas…


 

Al-Azhar invita a los musulmanes a celebrar la Navidad con los cristianos coptos

Tras el atentado contra otra Iglesia en Egipto. La institución suní condena el acto terrorista «traicionero» que causó una decena de muertos.

Estas acciones van en contra de la «unidad de la patria», más que de los fieles de una religión determinada, y por ello la respuesta debe ser «el amor y la amistad que unen a musulmanes y cristianos»

El jeque de Al-Azhar, institución de referencia del islam suní, Ahmed al Tayeb, pidió hoy a los musulmanes egipcios que celebren la Navidad con sus «hermanos» cristianos, después del ataque contra una iglesia al sur de El Cairo, en el que han muerto siete personas, y que ha sido reivindicado por el Estado Islámico.

Según la agencia de noticias oficial MENA, Al Tayeb condenó este acto terrorista «traicionero» contra una iglesia en el barrio de Heluán, al sureste de El Cairo, en el cual fallecieron seis fieles y un oficial de la Policía.

El clérigo musulmán recalcó que «la frecuencia de estos ataques terroristas terribles contra los hermanos coptos en los días de fiesta tienen unos objetivos claros».

En su opinión, estas acciones van en contra de la «unidad de la patria», más que de los fieles de una religión determinada, y por ello la respuesta debe ser «el amor y la amistad que unen a musulmanes y cristianos».

Al Tayeb invitó a todo el pueblo egipcio a mostrar esa unidad participando en las celebraciones de la Navidad copta, el próximo 7 de enero, según el rito ortodoxo.

También el presidente egipcio, Abdelfatah al Sisi, condenó la acción y transmitió sus condolencias a las familias de las víctimas de este «ataque terrorista que golpeó un lugar sagrado, en el momento en el que los cristianos egipcios están celebrando la Navidad».

Destacó que los «intentos desesperados de los terroristas no van a disminuir la determinación y la unidad nacional del pueblo egipcio, sino que van a aumentar su voluntad de seguir por el camino para derrotar el terrorismo y el extremismo en todo el país».

El Ministerio de Interior egipcio anunció el fallecimiento de siete personas, incluido un oficial de la Policía, a manos de un hombre que intentó irrumpir en la iglesia de Mar Mina para hacer explotar una bomba y que anteriormente había matado a tiros a dos personas en un comercio cercano.

Redacción de Religión Digital, 30 de diciembre de 2017