«No hay ciudadanos de primera o de segunda, sino hombres y mujeres iguales». El secretario general de Cáritas española, Sebastián Mora, trazó este mediodía las líneas rojas del compromiso por una sociedad más justa y solidaria. “No queremos quedarnos con los brazos cruzados”
Creo en la Vida
Joxe Arregi Diario de Noticias de Navarra
¿Y qué otra cosa es la fe pascual sino eso: creer en la Vida? Cuando digo creer, no digo profesar creencias. Digo vivir: digo confiar en sí mismo y en el otro a pesar de todo, digo rebelarse contra todos los poderes que asfixian, digo ponerse del lado del herido, digo ser humilde levadura que transforma y levanta la historia, digo respirar en paz cada noche y seguir caminando cada día a pesar del fracaso, de la cruz o de la muerte. Creer en la Pascua es una forma de vivir.
«Pascua» (pesah, «paso») llamaron los judíos a la liberación de la esclavitud bajo el faraón, a la travesía del desierto hacia la plena libertad, a la esperanza de la Tierra que mana leche y miel para todos. Pero miles de años antes que fiesta religiosa judía, la Pascua fue, sin ese nombre, la fiesta de la primavera de pastores y agricultores: fiesta de los corderos y de los campos de trigo. Fiesta de la vida y del pan. Leer más
¿Podemos todavía sonreír en medio del miedo y la consternación de nuestros días?
LEONARDO BOFF
ATRIO
En mi ya larga trayectoria teológica, desde el principio, en los años 69 del siglo pasado, han sido siempre centrales dos temas que representan singularidades propias del cristianismo: la concepción societaria de Dios (Trinidad) y la idea de la resurrección en la muerte. Si dejásemos fuera estos dos temas, no cambiaría casi nada en el cristianismo tradicional. Éste predica fundamentalmente el monoteísmo (un solo Dios) como si fuésemos judíos o musulmanes. Y en lugar de la resurrección prefirió el tema platónico de la inmortalidad del alma. Es una pérdida lamentable, porque dejamos de profesar algo especial, diría casi exclusivo del cristianismo, cargado de jovialidad, de esperanza y de un sentido innovador del futuro. Leer más
EL CRISTIANISMO DE MARÍA MAGDALENA
ECLESALIA, 22/04/14.- En su obra La Ciudad de las Damas, de principios del siglo XV, la escritora francesa Christine de Pisan constataba la disparidad entre la imagen negativa de los varones sobre las mujeres y el conocimiento que tenía de sí misma y de otras mujeres. Los varones afirmaban que el comportamiento femenino estaba colmado de todo vicio; juicio que en opinión de Christine demostraba bajeza de espíritu y falta de honradez. Ella, por el contrario, tras hablar con muchas mujeres de su tiempo que le relataron sus pensamientos más íntimos y estudiar la vida de prestigiosas mujeres del pasado, les reconoce el don de la palabra y una inteligencia especial para el estudio del derecho, la filosofía y el gobierno. Leer más
Advierten sobre las resistencias a Francisco
El cardenal Rodríguez Maradiaga dijo que hay una «sorda oposición». «¿Qué pretende este argentinito?» y «Hemos cometido un error». Son frases salidas de boca de algunos altos prelados del Vaticano y reveladas por el influyente cardenal hondureño Oscar Rodríguez Maradiaga, hombre cercano al Papa, en un discurso del 8 de abril en Florida ante un grupo de sacerdotes de la Orden de los Hermanos Menores, según informó la revista católica norteamericana National Catholic Reporter. Los dichos de Rodríguez Maradiaga, hombre de confianza de Francisco, coordinador del denominado G-8 -el grupo de ocho cardenales consultores de todos los continentes que lo están ayudando a reformar la curia y en el gobierno universal de la Iglesia-, son un fiel reflejo de las resistencias cada vez más fuertes que pueden percibirse contra Francisco.
Francisco y el presidente de El Salvador hablan de la canonización de Romero. El Papa, a favor de que continúe el proceso.
Francisco y el presidente de El Salvador, Salvador Sánchez Cerén, abordaron hoy la situación del proceso de canonización del arzobispo de San Salvador asesinado en 1980 Oscar Arnulfo Romero y la seguridad en el país.
Juan XXIII, un buen comodín para subir a los altares
EDITORIAL MES DE REDES CRISTIANAS
De acuerdo con el anuncio hecho por el papa Francisco el pasado 30 de septiembre de 2013, el 27 del presente mes de abril van a ser canonizados dos de los últimos pontífices muertos de la Iglesia católica, Juan XXIII (1958-1963) y Juan Pablo II (1978-2005).
Ya es la segunda vez que a Juan XXIII, el “papa bueno”, le toca hacer de comodín para la promoción a los altares de otros papas controvertidos. Antes, en su beatificación, hecha por Juan Pablo II en el año 2000, tuvo que acompañar a la nada agradable figura de Pio IX (1846-1878), el último papa rey que, entre el Syllabus y la declaración de su propia infalibilidad, se mostró rabiosamente antimoderno. Ahora, en su canonización, le acompaña la incómoda figura de Juan Pablo II. ¡Poca suerte está teniendo el bueno de Roncalli! Leer más
2º DOMINGO DE PASCUA: «PASCUA ES HACER NUESTRA SU MISMA VIDA», Fray Marcos
Escrito por Fray Marcos
FE ADULTA
Jn 20, 19-31
Si superamos la interpretación de la resurrección como la reanimación de un cadáver, se complica mucho la comprensión de la Pascua. La experiencia pascual es una vivencia que afectó vitalmente a los seguidores de Jesús, y por tanto cambió su manera de ver a Jesús y a Dios.
Es una falta de perspectiva exegética el creer que la fe de los discípulos se basó en las apariciones o en el sepulcro vacío. Los evangelios nos dicen más bien, que para «ver» a Jesús después de su muerte, hay que tener fe. El sepulcro vacío, sin fe, solo lleva a la conclusión de que alguien se lo ha llevado y las apariciones, a pensar en un fantasma.
La resurrección es el concepto con el que los primeros cristianos quisieron trasmitir la manera de ver a Jesús después de su muerte. Esa experiencia de que seguía vivo, y además les estaba comunicando a ellos mismos Vida, no era fácil de comunicar.
Antes de hablar de resurrección, en las comunidades primitivas, se habló de exaltación y glorificación. Primero se interpretó a Jesús como el juez escatológico, que vendría al fin de los tiempos a salvar definitivamente sin hacer ninguna referencia a la resurrección.
Otra cristología que se puede percibir en algunas comunidades primitivas, es la de Jesús como taumaturgo que manifestó con su poder, que Dios estaba con él. Para ellos los milagros eran la clave de la comprensión de Jesús. Esta cristología es muy criticada ya en los mismos evangelios, lo cual quiere decir que se quería contrarrestar su influjo.
Otra manera de explicar la experiencia pascual, que no habla de resurrección, es la que considera a Jesús como la Sabiduría de Dios. Sería el Maestro que conectando con la Sabiduría preexistente del AT, nos enseña lo necesario para llegar a Dios.
Estas maneras de entender a Jesús después de su muerte, fueron condensándose en la cristología pascual, que encontró en la idea de resurrección el marco más adecuado para explicar la vivencia de los seguidores de Jesús.
En ninguna parte de los escritos canónicos del NT se narra el hecho de la resurrección. La resurrección no puede ser un fenómeno constatable empíricamente; no puede ser objeto de nuestra percepción sensorial. Todos los intentos por demostrar la resurrección como un fenómeno constatable por los sentidos, están de antemano abocados al fracaso.
La experiencia pascual sí fue un hecho histórico. En los relatos pascuales se manifiesta el intento de comunicar a los demás una vivencia íntima, que es intransferible. Desde su universo conceptual fueron elaborando unos relatos que intentan convencer a los demás de lo que ellos estaban viviendo. Desde el nuevo paradigma en el que nos encontramos hoy, no podemos entender el mensaje que quieren trasmitir. Al entenderlo literalmente, tomamos los relatos por crónicas de sucesos y perdemos el verdadero mensaje.
Cómo llegaron los discípulos a esta convicción, no lo sabemos. tenemos que descubrirlo a través de nuestra propia vivencia de resurrección. Es imposible conocer lo que pudo suceder en el interior de cada uno de ellos. Pero es muy importante que lo planteemos, porque ese mismo proceso tiene que realizarse en nosotros, para entender la resurrección.
El relato que hemos leído hoy, fue escrito hacia el año cien, es decir 70 años después de morir Jesús. Como todos los relatos de apariciones, se ajusta al esquema teológico que es común a todos: una situación dada; aparición repentina; saludo; reconocimiento después de dudar; la misión. El querer entenderlo literalmente, nos priva del verdadero contenido. Es curioso que el relato de hoy no tenga en cuenta para nada el inmediato anterior del evangelio que leímos el domingo pasado. (Magdalena, Pedro y Juan en el sepulcro)
Reunidos el primer día de la semana. La creación del mundo había durado seis días. El séptimo descansó Dios. Jesús comienza la nueva creación el primer día de una nueva semana, es decir, el tiempo de otra creación, esta vez definitiva. Esta interpretación teológica vino después de la práctica que muy pronto se hizo común entre los cristianos. Los que seguían a Jesús, todos judíos, empezaron a reunirse después de terminar la celebración del Sábado. Al reunirse en la noche, era ya para ellos el domingo. En el texto se ve que en las comunidades, estaba ya consolidado el ritmo de las reuniones litúrgicas.
Se hizo presente en medio sin recorrer ningún espacio. Jesús había dicho: «Donde dos o más estén reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos». Él es para la comunicad fuente de vida, referencia y factor de unidad. La comunidad cristiana está centrada en Jesús y solamente en él. Jesús se manifiesta, se pone en medio y les saluda. No son ellos los que buscan la experiencia sino que se les impone.
Los signos de su amor (las manos y el costado) evidencian que es el mismo que murió en la cruz. No hay lugar para el miedo a la muerte. La verdadera vida nadie puede quitársela a Jesús ni se la quitará a ellos. La permanencia de las señales, indica la permanencia de su amor. La comunidad tiene la experiencia de que Jesús comunica vida.
«Sopló» es el verbo usado por los LXX en Gn 2,7. Con aquel soplo se convirtió el hombre barro en ser viviente. Ahora Jesús les comunica el Espíritu que da verdadera Vida. Termina así la creación del hombre. «Del Espíritu nace espíritu» (3,6). Esto significa nacer de Dios. Se ha hecho realidad la capacidad para ser hijos de Dios. La condición de hombre-carne queda transformada en hombre-espíritu.
La aclaración de que Tomás no estaba con ellos, prepara una lección para todos los cristianos. Separado de la comunidad no tiene la experiencia de Jesús vivo; está en peligro de perderse. Solo cuando se está unido a la comunidad se puede ver a Jesús.
Cuando los otros le decían que habían visto al Señor, le están comunicando la experiencia de la presencia de Jesús, que les ha trasformado. Les sigue comunicando la Vida, de la que tantas veces les ha hablado. Les ha comunicado el Espíritu y les ha colmado del amor que ahora brilla en la comunidad. Jesús no es un recuerdo del pasado, sino que está vivo y activo entre los suyos. Tenemos aquí otra enseñanza clave. Los testimonios nunca son suficientes, no pueden suplir la experiencia personal de la nueva Vida.
A los ocho días, es decir, en la siguiente ocasión en que la comunidad se vuelve a reunir. Jesús se hace presente en cada celebración comunitaria. El día octavo es el día primero de la creación definitiva. La creación que Jesús ha realizado durante su vida, el día sexto, y que tiene su máxima expresión en la cruz, llega a su plenitud en la Pascua. Tomás se ha reintegrado a la comunidad, allí puede experimentar el Amor.
¡Señor mío y Dios mío! La respuesta de Tomás es tan extrema como su incredulidad. Se negó a creer si no tocaba sus manos traspasadas. Ahora renuncia a la certeza física y va mucho más allá de lo que ve. Al llamarle Señor y Dios, reconoce la grandeza, y al decir mío, el amor de Jesús y lo acepta dándole su adhesión.
Dichosos los que crean sin haber visto. Todos tienen que creer sin haber visto, porque lo que se ve, no se cree. El reproche de Jesús se refiere a la negativa a creer el testimonio de la comunidad. Tomás quería tener un contacto con Jesús como el que tenía antes de su muerte. Pero la adhesión no se da al Jesús del pasado, sino al presente. Solo el marco de la comunidad hace posible la experiencia de Jesús vivo, resucitado.
Meditación-contemplación
Ya no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí. (Pablo)
Métete esto bien en la cabeza:
sin experiencia pascual, no hay cristiano posible.
Es necesario un proceso de interiorización de lo aprendido sobre Jesús.
…………………….
El difícil paso que dieron los discípulos de Jesús,
del conocimiento externo y sensorial a la experiencia viva,
es el paso que tengo que dar yo, del conocimiento teórico de Jesús,
a la vivencia interna de que me está comunicando su misma VIDA.
……………….
El Espíritu es el que da vida, la carne no sirve de nada.
El mismo Espíritu que descendió sobre él,
me está invadiendo a mí en cada momento.
Si dejo que él tome las riendas de mi ser, me hará vivir su misma Vida.
…………………….
Fray Marcos
*ORAR CON EL EVANGELIO.(Jn. 20,19-31)
*DOMINGO 2º DE PASCUA –A– ABRIL 27
* “Paz a vosotros… Recibid el Espíritu Santo. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.”
* “Con las puertas cerradas por miedo a los judíos”. Así estaban los discípulos tras la muerte de Jesús. Se sentían amenazados por haber sido discípulos del Nazareno.
Jesús lo cambia todo. Apareció en medio de ellos con el saludo que tenía por costumbre:
* “¡PAZ A VOSOTROS!”.
Nos dice el evangelio que los discípulos se llenaron de alegría y… no es de extrañar, porque si no hay Resurrección nuestra fe es hueca e inútil.
* Jesús vino de Misionero a la tierra y nos trajo la Buena Noticia de que Dios es Padre, es Amor, quiere que todas las personas se salven… Es entonces cuando Jesús dice a aquellos hombres atemorizados que “Como el Padre lo envió”, así los envía, como testigos de paz, y de perdón, y de alegría para todos los pueblos. Esta misión pasó de ellos a nosotros y tenemos que continuarla.
* Ser testigos de la Paz pide oponerse a toda guerra aunque otros la defiendan. Ser testigos de perdón nos lleva a perdonarnos entre nosotros y a decirles a los demás que Dios perdona y ama siempre.
Somos comunidad cristiana; nos une y reúne la fe en Jesús Resucitado. Por eso los signos de paz, alegría y perdón tienen que marcar nuestras celebraciones y nuestras actividades cotidianas.
* Los que nos consideramos creyentes vivimos a menudo, como los discípulos del evangelio,
“Con las puertas bien cerradas”, llenos de “miedo”, parece que no hemos experimentado al Resucitado.
Nuestras comunidades, grupos están a veces replegadas, ocultas sin dar testimonio; es como si no tuvieran alegría, perdón y vida que transmitir.
* Podemos decir que para los primeros discípulos la Resurrección fue una experiencia que los llenó de paz. En todas las apariciones del resucitado así se presenta:
*”PAZ A VOSOTROS”, “NO TENGÁIS MIEDO”
Es el encuentro con el Resucitado lo que transforma a estas personas y nos transforma a nosotros, El es el que nos llena de paz y alegría y nos llenará de su Espíritu para, allí donde estemos, vivir y dar testimonio del Mensaje de Cristo muerto y Resucitado.
- ORACIÓN
- “Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, y se puso en medio…” *
Sí Jesús resucitado, queremos orar, porque la oración es encuentro y necesitamos la experiencia de tu presencia que te adelantas y vienes a encontrarnos con tu «PAZ, ALEGRÍA, ESPERANZA».
Lo vemos hoy en tu Evangelio que estando cerrados y con miedo, llegas y los llenas de la Fuerza de tu Espíritu y se sienten amados, perdonados y llamados a la misión. Todo eso lo realizas en nosotros para que abramos las puertas de nuestros corazones y sin miedo vayamos a proclamar tu Mensaje de vida.
Te damos gracias porque estás presente entre nosotros, aunque a veces nos domine el miedo, la duda.
Tu presencia siempre anima a vivir con aquella generosidad y entusiasmo de las primeras comunidades cristianas. Ayúdanos a sentir, aquella alegría profunda de los discípulos cuando decían.
“¡HEMOS VISTO AL SEÑOR!”
Haznos Vivir la felicidad que Tú aseguras a cuantos se arriesgan a creer sin haberte visto.
Ayúdanos a reconocerte como Tomás y decirte cada día:
“¡SEÑOR MÍO Y DIOS MÍO!”
*ZURIÑE”
Paskoaldiko 2. Igandea, “JESUSEK DU ELIZA SALBATUKO-JESÚS SALVARÁ A LA IGLESIA”.
JESUSEK DU ELIZA SALBATUKO
Joan 20, 19-31
José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain
Jesus indarrez hil izanaz izuturik, etxe ezagun batean babestu dira ikasleak. Berriro elkarrekin dira, baina Jesus ez dute berekin. Inork bete ezin duen hutsune bat da elkarte horretan. Jesus falta zaie. Nori jarraitu orain? Zer egin hura gabe? «Iluntzen ari du» Jerusalemen; baita ikasleen bihotzean ere.
Etxe barruan dira, «ateak itxirik». Jada ez misiorik ez jomugarik ez duen elkartea da, bere baitan itxia, ez da gai harrerarik egiteko. Inork ez du buruan bideetara irteteko asmorik, Jainkoaren erreinua hots egin eta bizitza sendatzeko. Ateak itxirik, ezin hurbil zintezke jendearen sufrimenera.
Ikasleak «juduekiko beldurrak» jota dira. Beldurrak zurrundu duen elkartea da, jarrera defentsiboan. Etsaitasuna eta ukapena ikusten dute soilik alde guztietan. Beldur zarelarik, ez maita dezakezu mundua Jesusek maite zuen bezala, ezta arnasarik eta esperantzarik eman ere.
Bat-batean, Jesus berpiztuak hartu du iniziatiba. Bere jarraitzaileak beren onera ekartzera dator. «Etxean sartu eta haien erdian jarri da». Gure elkarte koxkor hori eraldatzen hasi da. Beldur izatetik, Jesusek ematen dien bake-jarrerara igaro dira. Gau ilunetik, Jesus bizi-bizirik ikusteko pozera igaro dira. Ateak itxirik izatetik, laster igaroko dira bihotza misiorantz irekitzera.
Bere konfiantza osoa jende gizajo harengan ezarriz hitz egin die Jesusek: «Aitak ni bidali nauen bezala, hala bidaltzen zaituztet nik zuek». Ez die esaten norengana hurbildu behar duten, ez zer hots egin behar duten, ez nola jokatu behar duten. Ikasia dute hori guztia beragandik Galileako bideetan barna. Jesus zer izan den, horixe izango dira beraiek munduan.
Ondotxo ezagutzen du Jesusek ikasleen ahulezia. Askotan aurpegiratu izan die beren fede eskas eta gorabeheratsua. Beraren Espirituaren beharra dute beren misioa bete ahal izateko. Horregatik egin die keinu berezi bat. Ez dizkie ezarri bere eskuak, ez ditu bedeinkatu gaixoekin egin izan duen bezala. Bere hatsa arnastu eta esan die: «Hartzazue Espiritu Santua».
Soilik, Jesusek salbatuko du Eliza. Soilik, Jesusek askatuko gaitu zurruntzen gaituzten beldurretatik, hautsiko ditu Jesus hesitu nahiz erabiltzen ditugun eskema aspergarriak, irekiko ditu mendeen joan-etorrian itxi izan ditugun hainbat eta hainbat ate, zuzenduko ditu desbideratu izan gaituzten hainbat eta hainbat bide.
Hau da eskatzen zaiguna: biziberritu dezagula askoz gehiago Eliza osoan Jesus berpiztuarekiko konfiantza, ekin diezaiogula beldurrik gabe gure parrokietan eta elkarteetan Jesus erdi-erdian ipintzeari, eta bildu ditzagula geure indarrak gaur egun haren jarraitzaileoi haren Espiritua esaten ari zaiguna entzuteko.
2 Pascua (A) Juan 20, 19-31
JESÚS SALVARÁ A LA IGLESIA
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com
ECLESALIA, 23/04/14.- Aterrados por la ejecución de Jesús, los discípulos se refugian en una casa conocida. De nuevo están reunidos, pero no está con ellos Jesús. En al comunidad hay un vacío que nadie puede llenar. Les falta Jesús. ¿A quién seguirán ahora? ¿Qué podrán hacer sin él? “Está anocheciendo” en Jerusalén y también en el corazón de los discípulos.
Dentro de la casa, están “con las puertas cerradas”. Es una comunidad sin misión y sin horizonte, encerrada en sí misma, sin capacidad de acogida. Nadie piensa ya en salir por los caminos a anunciar el reino de Dios y curar la vida. Con las puertas cerradas no es posible acercarse al sufrimiento de las gentes.
Los discípulos están llenos de “miedo a los judíos”. Es una comunidad paralizada por el miedo, en actitud defensiva. Solo ven hostilidad y rechazo por todas partes. Con miedo no es posible amar el mundo como lo amaba Jesús, ni infundir en nadie aliento y esperanza.
De pronto, Jesús resucitado toma la iniciativa. Viene a rescatar a sus seguidores. “Entra en la casa y se pone en medio de ellos”. La pequeña comunidad comienza a transformarse. Del miedo pasan a la paz que les infunde Jesús. De la oscuridad de la noche pasan a la alegría de volver a verlo lleno de vida. De las puertas cerradas van a pasar pronto a la apertura de la misión.
Jesús les habla poniendo en aquellos pobres hombres toda su confianza: “Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”. No les dice a quién se han de acercar, qué han de anunciar ni cómo han de actuar. Ya lo han podido aprender de él por los caminos de Galilea. Serán en el mundo lo que ha sido él.
Jesús conoce la fragilidad de sus discípulos. Muchas veces les ha criticado su fe pequeña y vacilante. Necesitan la fuerza de su Espíritu para cumplir su misión. Por eso hace con ellos un gesto especial. No les impone las manos ni los bendice como a los enfermos. Exhala su aliento sobre ellos y les dice: “Recibid el Espíritu Santo”.
Solo Jesús salvará a la Iglesia. Solo él nos liberará de los miedos que nos paralizan, romperá los esquemas aburridos en los que pretendemos encerrarlo, abrirá tantas puertas que hemos ido cerrando a lo largo de los siglos, enderezará tantos caminos que nos han desviado de él.
Lo que se nos pide es reavivar mucho más en toda la Iglesia la confianza en Jesús resucitado, movilizarnos para ponerlo sin miedo en el centro de nuestras parroquias y comunidades, y concentrar todas nuestras fuerzas en escuchar bien lo que su Espíritu nos está diciendo hoy a sus seguidores y seguidoras. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).
