El Papa denuncia «la sociedad líquida y volátil» y pide educar a los hijos «en la austeridad»

(José M. Vidal).- El Papa Francisco abre el Congreso pastoral diocesano de Roma en su catedral de San Juan de Letrán. Y ofrece a los padres claves para la educación de sus hijos adolescentes: educar en lo concreto, evitar el consumismo, educar en la austeridad y conectarlos con sus mayores. Una educación con tres lenguajes: intelecto, corazón y manos. Para «proponer a los chavales metas altas y grandes retos».  Leer mas….

 

Sábado 15 de abril de 2017, Vigilia Pascual, Koinonía

Gén 1,1–2,2: Vio Dios todo lo que había hecho: y era muy bueno
Salmo 32: La misericordia del Señor llena la tierra
Rom 6,3-11: Cristo Resucitado ya no muere más
Lc 24,1-12: ¿Por qué buscan entre los muertos al que vive?

VIGILIA PASCUAL EN LA NOCHE SANTA

Gen 1,1–2,2: Vio Dios todo lo que había hecho: y era muy bueno
Sal 103: Envía tu espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.
Gn 22, 1-18: El sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe
Sal 15: Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.
Ex 14,15–15,1: Los israelitas en medio del mar a pie enjuto
Interleccional: Ex 15, 1-2.3-4.5-6.17-18: Cantaré al Señor, sublime es su victoria.
Is 54,5-14: Con misericordia eterna te quiere el Señor, tu redentor
Sal 29: Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.
Is 55,1-11: Venid a mí, y viviréis; sellaré con vosotros alianza perpetua
Interleccional: Is 12, 2-3.4.5-6: Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación.
Bar 3,9-15.32 – 4,4: Caminad a la claridad del resplandor del Señor
Sal 18: Señor, tú tienes palabras de vida eterna.
Ez 36,16-28: Derramaré sobre vosotros un agua pura, y os daré un corazón nuevo
Sal 41: Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío.
Rom 6,3-11: Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más
Sal 117: Aleluya, aleluya, aleluya.
Mt 28,1-10: Ha resucitado y va por delante de vosotros a Galilea

La vigilia pascual se inicia con la experiencia del fuego nuevo, y la luz que con este fuego va iluminando poco a poco el recinto sagrado. Nuestra historia ha sido de tinieblas y de muerte, una historia que parece no poder ver un camino de salida. Pero de la tumba vacía surge la luz, de la muerte surge el fuego-luz que anuncia que podemos creer en la vida, que podemos encontrar el camino en medio de la oscuridad, que la muerte no es la última palabra para el hombre. Por el fuego nuevo, por la luz del Cirio Pascual, por la luna llena que ilumina el firmamento en esta noche pascual, empezamos a experimentar en nuestra vida las consecuencias de la Resurrección de Jesús.

Las lecturas nos conducen desde la experiencia de la creación hasta la tumba vacía, porque Resurrección es agradecer los hermosos dones gratuitos de Dios que rodean nuestra existencia. Es vivir como el pueblo de Israel, la experiencia de la salida de la esclavitud a la libertad, una experiencia que pasa por el contacto con el agua del Mar Rojo y para nosotros por la de las aguas bautismales; un camino guiado por la columna de fuego y por la nube que conduce a Israel de la experiencia de muerte a la de la vida.

La Bendición del fuego nuevo

En medio de las tinieblas del pecado y de la muerte, la bendición del fuego nuevo tiene como finalidad proporcionar la llama para encender el cirio pascual, que representa a Cristo Resucitado. A medida que el cirio avanza se va iluminando el templo, y de la llama del cirio se van encendiendo las velas de los presentes en el templo; se disipan las tinieblas cuando se propaga la salvación a partir del Resucitado. El Cirio Pascual permanecerá todo el año en el templo, como símbolo memorial de la celebración pascual.

La proclamación de la Resurrección

El canto del Pregón pascual (Exultet), es el punto culminante de la liturgia de la luz. En él se proclama la propagación de la luz en el mundo que disipa las tinieblas del pecado, guía a los hebreos en la salida de Egipto, vuelve a los hombres a la gracia, devuelve la inocencia a los caídos y a los tristes la alegría, destierra los odios, prepara la concordia y doblega el orgullo.

La Liturgia de la Palabra

Las diferentes lecturas del Antiguo Testamento permiten contemplar a través de la historia de Israel cómo se ha propagado la luz salvífica desde la creación. Estas lecturas nos recuerdan también que la historia de la salvación es nuestra propia historia y exhortan al compromiso de todos y cada uno con esta historia.

Primera lectura: Génesis 1,1-2,2a: La Creación

El primer relato de la creación

Toda la creación es la obra del amor de Dios Padre que quiso preparar para el hombre un lugar hermoso y adaptado a su dignidad de imagen de Dios. Al ser humano le corresponde el compromiso de continuar y conservar esta creación.

Desde nuestra sensibilidad ecológica actual, esta lectura debería asumir de alguna manera toda la inabarcable visión que la ciencia nos ha dado sobre la naturaleza. Una buena proyección, que recorra las etapas del desarrollo de la cosmogénesis (hay muchos, y fácilmente localizables en internet) puede reemplazar con ventaja la simple proclamación oral de esta lectura. También, se puede sustituir, con ventaja, debidamente justificada la sustitución ante el público, por la lectura de la página neobíblica «Génesis 1, narrado hoy», de Manuel Gonzalo (http://servicioskoinonia.org/neobiblicas/articulo.php?num=022).

Segunda lectura: Génesis 22,1-18: El Sacrificio de Isaac

La lectura de la salvación de Isaac nos coloca frente a las exigencias de la experiencia de fe de Abraham: aceptar que sólo Dios sabe cómo dirige la historia de salvación. De la misma manera que para el pueblo de Israel, para nosotros nuestra historia se funda única y exclusivamente en la voluntad de aquél que libremente dispone de la historia, y en virtud de esa libertad dejó vivir a Isaac.

Tercera lectura: Éxodo 14,15-15,1 El Paso del Mar Rojo

Los israelitas eran esclavos en Egipto, eran un pueblo sometido a otro pueblo. Pero Dios vio la miseria y las penalidades del pueblo, escuchó sus clamores y le abre un camino de salvación al pueblo esclavo y salva a Israel del poder del faraón.

Cuarta lectura: Isaías 54,5-14: Con misericordia eterna te quiere el Señor

El Profeta Isaías nos describe con bellas figuras una vida nueva, esa nueva creación que Dios Padre llevó a su plenitud en su Hijo Jesús Resucitado.

El canto del Gloria

La alegría de la comunidad por la resurrección del Señor se expresa con el himno del Gloria, himno de acción de gracias que el pueblo entona al mismo tiempo que resuenan las campanas del templo y vuelve a escucharse la música. Con el canto de los ángeles estamos confesando que Jesús, el Mesías que fue crucifi¬cado, sigue viviendo porque fue resucitado por Dios quien lo ha glorificado por siempre.

Epístola, Romanos 6,3-11: Cristo, una vez resucitado ya no muere más

En la carta a los Romanos el apóstol Pablo nos enseña que por el bautismo también el cristiano pasa de la muerte a la vida. Ese misterio pascual de Jesús, misterio de muerte y resurrección es nuestro propio misterio, porque el cristiano, mediante el bautismo, está muerto al pecado y vivo para Dios. En Cristo Jesús el cristiano vive el misterio de Cristo muerto y resucitado cada día en los momentos de tristeza y gozo, de enfermedad y salud, cuando pecamos y sentimos que Dios Padre nos acoge con misericordia. Lo vivimos especialmente en los sacramentos. Cada sacramento que recibimos es una reactualización del misterio Pascual, y esto lo vemos muy clara en el texto de Romanos que acabamos de escuchar.

Salmo 117,1-2.16-17.22-23: Aleluya, aleluya, aleluya.

Sólo sentimientos de gratitud a Dios se experimentan al considerar su obra en Jesucristo. La piedra angular del templo de Jerusalén reconstruido, fue piedra de escándalo. Ahora un univer¬so nuevo construido sobre la piedra angular, Cristo, se ha establecido el día en que Jesús resucitó.

Evangelio: Lucas 24,1-12: No está aquí, ha resucitado.

La narración de la tumba vacía del Evangelio de Lucas pone en la boca de los ángeles vestidos de blanco, el significado de la Resurrección de Jesús para las mujeres que fueron al sepulcro al amanecer del primer día de la semana, y para todos nosotros: no podemos buscar a Jesús entre los muertos, porque está vivo, en medio de nosotros. Sólo nos corresponde descubrir el rostro de Jesús en las miles de personas que pasan por la calle, en los niños tristes y desnutridos, en las mujeres que necesitan un trozo de pan para ellas y sus hijos; en el hombre maloliente que está a nuestro lado en el templo, en todos los hombres y mujeres que por diferentes caminos buscan a Jesús.

La tumba vacía no es una prueba de la resurrección de Jesús, sino la pregunta que sólo tendrá respuesta cuando se logre vivir la experiencia de Jesús resucitado.

Los apóstoles no creyeron en lo que las mujeres les narraron. Entre los judíos las mujeres no eran personas creíbles: mucha mujer, mucha mentira, se afirmaba entre los judíos. Mientras habían vivido la experiencia de Jesús vivo, Pedro comprueba que la tumba está vacía, se asombra, pero no ha logrado vivir la experiencia pascual.

El evangelio de hoy está recogido en la serie «Un tal Jesús» (http://radialistas.net/category/un-tal-jesus/) de los hermanos López Vigil, en el capítulo 124. También el capítulo 123 sirve.

La liturgia bautismal

¿Qué mejor ocasión para ser incorporados a Cristo y para hacer memoria de nuestra incorporación a él, que la vigilia pascual? La Vigilia Pascual es también celebración bautismal: celebramos los bautismos, renovamos las promesas bautismales.

En este momento tenemos que tener en la mente la mejor explicación del bautismo, que se pueda dar, la. que nos ofrece el apóstol Pablo en la epístola a los romanos que se ha leído en la liturgia de la Palabra en la vigilia. San Pablo nos enseña que ser bautizados significa pasar con Cristo de la muerte a la vida y señala las consecuencias éticas de esta conformación con el destino histórico de Cristo: si hemos muerto con Cristo, ya no debemos pecar más, porque hemos entrado en una nueva vida.

La liturgia eucarística

Con los sentimientos de alegría que nos embargan, compartimos la Eucaristía, por medio de la cual realizamos el mandamiento que recibimos del Señor de hacer memoria de él: Haced esto para recordarme.

El recuerdo que ahora hacemos de Jesús, el Señor, no consiste en la pura evocación de una historia perdida en el pasado. Recordar ahora significa para nosotros hacer la experiencia de la vida nueva: Jesús, aunque ha muerto, vive para siempre. Jesús, así resucitado, está vivo desde Dios, el Padre, en medio de todo el cosmos. Cada vez que compartimos este pan y esta copa, como hermanos, queremos comulgar con la vida que Él vive y que Él quiere también para todos para siempre.

En el hemisferio norte, al que pertenece el escenario de la vida histórica de Jesús, la primavera llega ahora a su plenitud: estamos en lo que se llama el equinoccio de la primavera. La celebración de la resurrección de Jesús tiene por eso sabor a primavera; a agua fresca; a retoños que revientan por todas partes en las plantas; y olor a flores de todos los colores. La naturaleza nos quiere regalar también ella la impresión de un mundo en el que comienza a germinar la vida nueva. La celebración de la resurrección de Jesús tiene lugar también en el día de la luna llena: es la fiesta de la luz.

Con los cristianos de todos los tiempos queremos ver amanecer en esta fecha un mundo nuevo, que podrá hacerse realidad si nosotros asumimos el proyecto de Jesús de Nazaret, que es el evangelio. Dios es el fundamento de la permanencia de la vida aún desde la muerte, de una forma que no conocemos, y que no es expresable.

 

 

Viernes 14 de abril de 2017, Viernes Santo, Koinonía

Juan 18,1-19,42

Pasión de N.S. Jesucristo según san Juan

Comentario de la Pasión: Jn 18,1-19,42

La narración de la pasión según san Juan nos presenta la imagen de Jesús que el evangelista ha querido forjar a través de todo su evangelio: un Jesús que es la revelación del Padre, al mismo tiempo que en él se revela la plenitud del amor. Aún pendiente de la cruz su vida y su muerte es una victoria, porque «todo se ha cumplido» como era la voluntad del Padre.

Reflexión para hoy

La muerte ha sido el gran misterio que ha preocupado al ser humano a través de toda su historia. Porque aunque éste ha pretendido negar todas las verdades, sin embargo hay una que siempre le persigue y nunca ha podido rechazar: la realidad de la muerte. Ni siquiera los ateos más recalcitrantes se han atrevido a negar que ellos también han de morir.

Para el pagano la muerte era toda una tragedia; no tenían ideas claras sobre el más allá, por eso no obstante que admitían una existencia más allá de la tumba, dicha existencia estaba rodeada de oscuridad y enigmas. Además no todos admitían una vida después de la muerte porque ésta era un desaparecer total, el fin de todas las esperanzas, la frustración de todos los anhelos. Los mismos judíos aceptaban la resurrección pero la dilataban hasta el fin de la historia.

Para los discípulos la situación era muy desalentadora; ellos esperaban un Mesías terreno que iba a revivir las glorias del reinado de David y Salomón y he aquí que sus ilusiones se desvanecieron como la espuma. Esa sensación de desaliento está claramente expresada en uno de los discípulos de Emaús:

Nosotros esperábamos que sería él quien rescataría a Israel; mas con todo, van ya tres días desde que sucedió esto (Lc 24,21).

La muerte de Jesús había sido un acontecimiento trágico; sus enemigos habían logrado lo que querían, quitarlo de en medio. Los fariseos, porque había desenmascarado su hipocresía, los sacerdotes porque había denunciado la vaciedad de un culto formalista; los saduceos porque había refutado la negación de la resurrección; los ricos porque les había echado en cara la injusticia de sus actuaciones; los romanos porque pensaron que era un sedicioso.

Jesús murió abandonado por todos; sus discípulos huyeron, los judíos lo despreciaron; el Padre se hizo sordo a su clamor; esa tarde en la cruz colgaba el cuerpo de un ajusticiado, condenado por la justicia humana y rechazado por su pueblo. Parecía que el odio hubiera vencido sobre el amor; el poder sobre la debilidad de un hombre; la tinieblas sobre la luz; la muerte sobre la vida. Aquella tarde cuando las tinieblas cayeron sobre el monte Calvario parecía que todo había terminado y los enemigos de Jesús podían por fin descansar tranquilos.

Pero he aquí que en lo más profundo de los acontecimientos, la realidad era distinta. Jesús no era un vencido, sino un triunfador; no lo aprisionaba la muerte, sino que se había liberado de su abrazo mortal; lo que parecía ignominia se transformó en gloria; lo que muchos pensaban que era el fin, no era sino el comienzo de una nueva etapa de la historia de la salvación. La cruz dejó de ser un instrumento de tortura, para convertirse en el trono de gloria del nuevo rey y la corona de espinas que ciñó su cabeza es ahora una diadema de honor.

Al morir Jesús dio un nuevo sentido a la muerte, a la vida, al dolor. La pregunta desesperada del hombre sobre la muerte encontró una respuesta. Pero esto no significa que podamos cruzarnos de brazos y contentarnos con enseñar que la muerte de Jesús significó un cambio en la vida de la humanidad. Ese cambio debe manifestarse en nuestra existencia porque él no aceptó su muerte con la resignación de quien se somete a un destino ineludible, sino como quien acepta una misión de Dios. Por eso su muerte condena la injusticia de los crímenes y asesinatos, pero nos pide hacer algo contra la injusticia porque no solo condena la explotación de los oprimidos, sino que nos pide mejorar su situación; la muerte de Jesús no solo es un rechazo del abandono de las muchedumbres, sino que nos exige que nos acerquemos al desvalido.

Su muerte no es solamente un recuerdo que revivimos cada año, sino un llamado a mejorar el mundo, a destruir las estructuras de pecado; a restablecer las condiciones de paz; a construir una sociedad basada en la concordia, la colaboración y la justicia.

Jesús sigue muriendo en nuestros barrios marginados, en los soldados y guerrilleros que yacen en las selvas, en los secuestrados y prisioneros, en los enfermos y en los ignorantes. A nosotros nos toca hacer que se grito de desesperación que Jesús pronunció cuando dijo “Padre, por qué me has abandonado” se convierta en el grito de esperanza: “Padre en tus manos encomiendo mi espíritu”.

Siendo el evangelio de hoy todo el relato de la Pasión según san Lucas, pueden ser muchos los episodios de la serie «Un tal Jesús» que podrían ser escuchados. Puede elegirse en la página habitual: https://radialistas.net/category/un-tal-jesus

La serie «Otro Dios es posible», de los mismos autores, tiene un capítulo, el 85, que se titula «¿Los judíos mataron a Cristo?», que puede ser útil para suscitar un diálogo-debate sobre el tema. Su guión y su audio puede recogerse en www.emisoraslatinas.net/entrevista.php?id=180085 Hay varios otros varios guiones con temas relacionados, que se prestan a un debate-catequesis.

Recomendamos: «¿Cómo predicar hoy la cruz de nuestro Señor Jesucristo?», de Leonardo Boff, en «Pasión de Cristo, pasión del mundo» (ediciones en Sal Terrae de España, Indoamerican Press de Bogotá 1978, original portugués en Vozes, Petrópolis 1977). Es un texto corto que se presta muy bien para una reunión de estudio o reflexión del grupo bíblico o de toda la comunidad. Está disponible en la Revista Electrónica Latinoamericana de Teología, RELaT, nº 217: servicioskoinonia.org/relat/217.htm

 

 

 

Abendualdiko 1. igandea – 1º Domingo de Adviento, José A. Pagola

Ciclo A (Mateo 24,37-44)

Evangelio del 27/Nov/2016
por Coordinador Grupos de Jesús

BEGIAK IREKIRIK – CON LOS OJOS ABIERTOS

Lehen kristau-elkarteek urte oso zailak bizi zituzten. Erromako inperio handian galdurik, gatazka eta pertsekuzio artean, kristau haiek indarra eta arnasa bilatu ohi zuten, Jesusen berehalako etorriko zain eta haren hitz hauek gogoan: «Egon erne. Bizi esna. Eduki begiak irekirik. Egon adi».

Esna bizitzeko Jesusen hitz hauek esaten al digute guri zerbait?

Zer esan nahi du gaurko kristauentzat geure esperantza Jainkoagan ipintzea begiak irekirik?

Erabat eta behin betiko galtzen utzi behar ote dugu Jainkoak azkenean zuzenbidea egingo dien esperantza, geure mundu sekular honetan, inolako errurik gabe sufritzen ari diren biktima errugabe horien gehiengo handiari?

Hain juxtu, kristau-esperantza faltsutzeko erarik errazena horixe da: Jainkoagandik geuretzat betiko salbazioa itxarotea, bizkarra emanik orain berean munduan ageri den sufrimenari. Egun batean aitortu beharra izango dugu geure itsutasuna Kristo Epailearen aurrean: noiz ikusi zintugun goseak edo egarri, arrotz edo biluzik, gaixo edo preso, eta guk laguntzarik eman ez? Hau izango dugu geure azken solasa harekin, orain begiak itxirik bizi bagara.

Esnatu beharra dugu eta begiak ondo ireki beharra. Erne bizi beharra, geure probetxu kaxkarra eta kezkak baino harago ikusi ahal izateko. Kristauaren esperantza ez da jarrera itsu bat, ez da ahazten sufritzen ari direnez. Kristau-espiritualitatea ez datza nork bere barnera bakarrik begiratzean, kristauak adi du bihotza beren zorira utziak direnei begira.

Kristau-elkarteetan gero eta gehiago zaindu behar dugu, geure bizitzeko erak pobreez axolagabe bizitzera eta ahaztera eraman ez gaitzan. Ezin hesitu gara erlijioaren baitan, egunero goseak hiltzen ari direnen deiadarra ez entzuteko. Ez dugu zilegi geure errugabetasun-ilusioa elikatzea, geure lasaitasuna babestu eta zuritzeko.

Jainkoarekiko esperantza, lur honetan ezer espero gabe bizi direnez ahazten den hura, ez ote genuke hartu behar baikortasun faltsuko ikuspegi erlijiosotzat, kosta ala kosta bizitakotzat, baina inolako argitasunik eta erantzukizunik gabe? Norberaren betiko salbazioa sufritzen ari direnei atzea emanik bilatzea, ez ote litzateke salatu behar «haragoko hartara luzatutako egoismo» sotiltzat?

Segur aski, munduan bizi den egundoko sufrimenduaz nabari den sentiera koxkorra da gaur egungo kristautasuna zaharkiturik ikustearen zantzurik larrienetako bat. Frantzisko aita santua «Eliza pobreago eta pobreena» aldarrikatzen ari denean, bere mezurik garrantzizkoena eta interpelagarriena ari zaigu hots egiten ongizatearen lurraldeetako kristauei.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

1 Adviento

Ciclo A (Mateo 24,37-44)
Evangelio del 27/Nov/2016
por Coordinador Grupos de Jesús

CON LOS OJOS ABIERTOS

Las primeras comunidades cristianas vivieron años muy difíciles. Perdidos en el vasto Imperio de Roma, en medio de conflictos y persecuciones, aquellos cristianos buscaban fuerza y aliento esperando la pronta venida de Jesús y recordando sus palabras: «Vigilad. Vivid despiertos. Tened los ojos abiertos. Estad alerta».

¿Significan todavía algo para nosotros estas llamadas de Jesús a vivir despiertos?

¿Qué es hoy para los cristianos poner nuestra esperanza en Dios viviendo con los ojos abiertos?

¿Dejaremos que se agote definitivamente en nuestro mundo secular la esperanza en una última justicia de Dios para esa inmensa mayoría de víctimas inocentes que sufren sin culpa alguna?

Precisamente, la manera más fácil de falsear la esperanza cristiana es esperar de Dios nuestra propia salvación eterna mientras damos la espalda al sufrimiento que hay ahora mismo en el mundo. Un día tendremos que reconocer nuestra ceguera ante Cristo Juez: ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, extranjero o desnudo, enfermo o en la cárcel, y no te asistimos? Este será nuestro diálogo final con él si vivimos con los ojos cerrados.

Hemos de despertar y abrir bien los ojos. Vivir vigilantes para mirar más allá de nuestros pequeños intereses y preocupaciones. La esperanza del cristiano no es una actitud ciega, pues no olvida a los que sufren. La espiritualidad cristiana no consiste solo en una mirada hacia el interior, pues su corazón está atento a quienes viven abandonados a su suerte.

En las comunidades cristianas hemos de cuidar cada vez más que nuestro modo de vivir la esperanza no nos lleve a la indiferencia y el olvido de los pobres. No podemos aislarnos en la religión para no oír el clamor de los que mueren diariamente de hambre. No nos está permitido alimentar nuestra ilusión de inocencia para defender nuestra tranquilidad.

Una esperanza en Dios que se olvida de los que viven en esta tierra sin poder esperar nada, ¿no puede ser considerada como una versión religiosa de un optimismo a toda costa, vivido sin lucidez ni responsabilidad? Una búsqueda de la propia salvación eterna de espaldas a los que sufren, ¿no puede ser acusada de ser un sutil «egoísmo alargado hacia el más allá»?

Probablemente, la poca sensibilidad al sufrimiento inmenso que hay en el mundo sea uno de los síntomas más graves del envejecimiento del cristianismo actual. Cuando el papa Francisco reclama «una Iglesia más pobre y de los pobres», nos está gritando su mensaje más importante e interpelador a los cristianos de los países del bienestar.

José Antonio Pagola

 

 

LAS TAREAS DE LA PAZ

SOLASBIDE-PAX ROMANA

El 28 de mayo último la asociación Solasbide-Pax Romana celebró una jornada abierta de reflexión y debate bajo el título “Escuchándonos y dialogando para la paz aquí  y ahora. Creer en las tareas de la paz”. Las líneas que siguen son un resumen y recapitulación de las principales ideas que surgieron de ese diálogo.

La paz constituye un fenómeno muy complejo, multidimensional, es una de las más profundas aspiraciones humanas, un imperativo ético o religioso, un don de Dios o una tarea humana según las diversas visiones que conviven a nuestro alrededor. Leer más

TRES EJEMPLOS, UN ANUNCIO, Y DOS COMPLEMENTOS, José Luis Sicre

Cuando faltan pocos días para la Navidad, las lecturas nos ofrecen tres ejemplos excelentes para vivir el sentido de esta fiesta y un mensaje de esperanza.

El ejemplo de Isabel: alabanza, asombro, alegría

Aunque en el relato del evangelio la iniciativa es de María, poniéndose en camino hacia un pueblecito de Judá, los verdaderos protagonistas son Isabel, la única que habla, y Juan, el hijo que lleva en su seno. A través de su reacción y sus palabras expresa el evangelista Lucas los sentimientos que debe tener cualquier cristiano ante la presencia de Jesús y María: alabanza (“¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!”), asombro (“¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?”), alegría (“la criatura saltó de gozo en mi vientre”). Estos tres sentimientos se los inspira, según Lucas, el Espíritu Santo; ya que generalmente no lo tenemos tan presente como debiéramos, es este un buen momento para pedirle que infunda también en nosotros eso mismos sentimientos.

El ejemplo de María: fe

Las palabras de Isabel, que comienzan con una alabanza de María y de Jesús, terminan con otra alabanza de María: “¡Bendita tú que has creído!” Y esto debe hacernos pensar en la grandeza del misterio que celebramos. No es algo que se pueda entender con argumentos filosóficos ni demostrar científicamente. Es un misterio que exige fe. Y en ese camino misterioso, María se nos ofrece como modelo.

El ejemplo de Jesús: cumplir la voluntad de Dios

En la mentalidad del pueblo, y de gran parte del clero de Israel, lo más importante en la relación con Dios era ofrecerle sacrificios de animales y ofrendas. En el fondo latía la idea de que Dios necesita alimentarse como los hombres. Los profetas, y también algunos salmistas, llevaron a cabo una dura crítica a esta mentalidad: lo que Dios quiere no es que le ofrezcan un buey o un cordero, sino que se cumpla su voluntad. Esta idea la recoge el autor de la Carta a los Hebreos y la pone en boca de Jesús, completándola con otra idea propia: los sacrificios de animales no tenían gran valor, había que repetirlos continuamente. En cambio, cuando Jesús se ofrece a sí mismo, su sacrificio es de tal valor que no necesita repetirse. Los sacrificios de animales pretendían establecer la relación con Dios, sin conseguirlo plenamente. El sacrificio de Jesús establece esa relación plena al santificarnos.

Al mismo tiempo, el ejemplo de Jesús nos enseña a poner el cumplimiento de la voluntad de Dios por encima de todo, de acuerdo con lo que repetimos a menudo: “Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”.

Un anuncio

La primera lectura es un breve oráculo del libro de Miqueas, famoso porque lo cita el evangelio de Mateo cuando los magos de Oriente preguntan dónde debía nacer el Mesías. El texto se dirige a personas que han vivido la terrible experiencia de la derrota a manos de los babilonios, el incendio de Jerusalén y del templo, la deportación, la desaparición de la dinastía davídica. La culpa, pensaban muchos, había sido de los reyes, los pastores, que no se habían comportado dignamente y habían llevado a cabo una política funesta. En medio del desánimo y el escepticismo, el profeta anuncia la aparición de un nuevo jefe, maravilloso, que extenderá su grandeza hasta los confines del mundo y procurará la paz y la tranquilidad a su pueblo. Pero no será como los monarcas anteriores, será un nuevo David. Por eso no nacerá en Jerusalén, sino en Belén.

Complemento 1: sobre la visita de María a Isabel

Desde un punto de vista puramente histórico hay detalles extraños en este relato de Lucas. 1) María, embarazada, hace sola, sin la compañía de José, un viaje de tres o cuatro días desde Nazaret hasta un pueblo de la serranía de Judá cuyo nombre no se indica. Hoy día no sería muy raro; hace veinte siglos, mucho. 2) María no se queda hasta que nace el hijo de Isabel; se vuelve a Nazaret cuando su ayuda parece más necesaria.

Para comprender este relato hay que situarse en otra perspectiva. Durante el siglo I, los discípulos de Juan Bautista se habían extendido hasta la actual Turquía, y algunos de ellos se hicieron cristianos, según cuenta el libro de los Hechos. Pero muchos de ellos pensarían que el importante era Juan, que Jesús había ido a que lo bautizara. Y verían con cierto malestar cómo el grupo de los discípulos de Jesús aumentaba mientras el de ellos perdía importancia. En este contexto, la visita de María a Isabel adquiere un sentido especial: pretende que los discípulos de Juan tengan los mismos sentimientos que tuvieron Juan y su madre ante la presencia de Jesús: alabanza, asombro, inmensa alegría.

Complemento 2: sobre el oráculo de Miqueas

Aunque el texto es breve, el oráculo original era probablemente más breve todavía: se limitaba a anunciar un jefe de Israel nacido en Belén, que traería la paz y tranquilidad al pueblo. Esta promesa fue formulada en tiempos del exilio. Pero pasaban los años y no se cumplía. Entonces, para justificar el retraso, se añadieron unas extrañas palabras: “Los entrega hasta el tiempo en que la madre dé a luz, y el resto de sus hermanos vuelva a los hijos de Israel.” Antes de que aparezca el jefe es preciso tener un pueblo; hace falta que la madre (Judá o Jerusalén, concebidas como mujer) dé a luz muchos hijos y que los que habían sido deportados vuelvan a la tierra prometida. Cuando eso se cumpla, se realizará la promesa de un jefe ideal.

 

José Luis Sicre

 

 

 

* ORAR CON EL EVANGELIO: (Lc.3.1-6)

  • DOMINGO 2º DE ADVIENTO. DICIEMBRE 6 DE 2015
  • TODOS VERÁN LA SALVACIÓN DE DIOS.

El Evangelio de Lucas nos centra en Juan Bautista profeta que hace eco de Isaías,  que apareció poco antes que Jesús.

Parece ser que el joven Jesús de Nazaret, inquieto por el Reino de Dios, se fue al Jordán, donde estaba Juan, por la zona de Judea,  se bautizó y se volvió a Galilea. Sintió sin duda la fuerza divina, y empezó su anuncio del Reino de Dios.

Juan tuvo gran éxito y atrajo multitud de personas. Algunos de sus discípulos se fueron después con Jesús, pero otros continuaron con Juan. Fue el último profeta del A.T. Los nuevos tiempos del Reino de Dios empiezan con Jesús, no con él.

Características de Juan: Era muy austero. Mientras que a Jesús nos lo presentan como amigo de fiestas. (Lc.7.33-34). Su mensaje es de penitencia y conversión y anuncia “el castigo de Dios”, mientras que Jesús habla de BUENA NOTICIA, del AMOR DE DIOS el PERDÓN, “EL AÑO DE GRACIA” Y LA LIBERACIÓN, LA MISERICORDIA.

Lucas sitúa a Juan en un mundo pagano y bajo la fuerza del poder  político y religioso como cúspide. Y el que anuncia  la venida del Mesías.

Lucas que tiene en sus escritos gran sentido de la historia, descubre en todos los acontecimientos humanos la mano de Dios, que teje calladamente los hilos de nuestra liberación… Por eso a Juan y a Jesús los sitúa en la historia de entonces. Es tiempo de opresión y cautividad para el pueblo, pero también signo de universalidad y liberación para el mundo entero.

Pero brota: UN NUEVO GRITO EN EL DESIERTO. PREPARAD EL CAMINO AL SEÑOR.

Un hombre que no pertenece a ninguna jerarquía y que no posee poder ni dinero ni autoridad ninguna, es el único que es capaz de escuchar la PALABRA DE DIOS. Cuando una persona sincera es capaz de aprender a mirar la vida desde el pobre y del indefenso, se siente llamado a renovar su vida.

Escuchar a la persona que nos grita desde el desierto de su pobreza  (sea la que sea) es siempre escuchar una llamada a la CONVERSIÓN. Esa voz nos habla de ALLANAR, ENDEREZAR, IGUALAR. Sólo así podremos ver todos LA SALVACIÓN DE DIOS.

Hemos olvidado quizá que la vida se nos presenta a todos como un proyecto-tarea que hay que ir resolviendo día a día. Hay muchas personas que no tienen bien planeada la vida y les falta horizonte, coherencia, alegría… Lo que caracteriza o debe caracterizar al cristiano es que al dar un sentido a su vida y vivirla, tiene como punto de referencia a JESUCRISTO. De ahí la importancia de escuchar con atención la voz del profeta: “Preparad el camino al Señor”.

No basta el cambio interior; el camino y los senderos hacen referencia a algo que tiene relación con todos, a un mundo nuevo, a una nueva sociedad, al Reino de Dios. Es fácil sentir la impotencia ante la sociedad actual, pero la voz del profeta es un reto a todos. No se puede ver la SALVACIÓN DE DIOS si no hay CONVERSIÓN, sino hay CAMBIO, si no hay práctica del compartir y la solidaridad.

El profeta cristiano, no es un adivino, es el que no habla en nombre propio sino de Dios defendiendo con la fuerza de su Espíritu  a toda persona amenazada por la necesidad. Su deseo profético es profundo y universal, (escucha a Dios de quien es vocero).

Por eso la misión de la Iglesia nunca es cómoda ni fácil. Como Juan Bautista, tenemos que proclamar que se preparen los caminos del Señor. No para que cada uno ande a su antojo y en la dirección que más le plazca, sino para que la humanidad entera  pueda caminar hacia el encuentro de Dios y el encuentro de sí mismo por todos los caminos que Dios ha proporcionado.

La luz decimos, indica el camino, aleja el miedo y favorece la comunión. La luz es símbolo del gran Profeta JESUCRISTO, LUZ DEL MUNDO.

Por eso nosotros en esta 2ª semana encendemos la segunda luz.

ORANDO

Los profetas mantenían encendida la esperanza de Israel nosotros como un símbolo,
encendemos dos velas.
El viejo tronco está brotando, florece el desierto…

La humanidad entera se estremece porque Dios se ha sembrado en nuestra tierra. Que cada uno de nosotros, le abramos nuestra vida para que brote, para que florezca, para que nazca, y mantenga en nuestros corazones, encendida la ESPERANZA.

¡VEN PRONTO, SEÑOR! ¡VEN, SALVADOR!

SEGUIMOS  ORANDO, LO NECESITAMOS.

“PREPARAD EL CAMINO AL SEÑOR, ALLANAD SUS SENDAS”. (Lc.3,6.)

Jesús de Nazaret: De nuevo escuchamos la Palabra a través de Juan bautista, que nos dice:

“Preparad el camino al Señor”, allanad sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale.

Y todos verán:

“LA SALVACION DE DIOS”

Que no dejemos caer estas palabras en el “desierto” porque las hemos oído mucho y nuestras vidas no son camino recto por el que facilitemos Tu llegada.

Ayúdanos a no ser montes de egoísmo.

Que seamos “VALLES”  para CONVERTIRNOS cada día y recibir el “PERDÓN” y así cargarnos de frutos de justicia.

Somos responsables de que todos vean la SALVACIÓN, pero para ello tenemos necesidad cada uno de “enderezar lo torcido e igualar lo escabroso”, para crecer en ESPERANZA juntos, unidos a tu Fuerza. Y así poder decir con el salmista:

EL SEÑOR HA ESTADO GRANDE CON NOSOTROS Y ESTAMOS ALEGRES”

Ayúdanos, Jesús de Nazaret en este  Adviento, a “PONERNOS EN PIE”.

Ayúdanos para que nuestras comunidades, familias, grupos, Iglesia sigamos creciendo a pesar de nuestros fallos, pecados y omisiones y así imitando a Juan Bautista, seamos tus “precursores” en nuestro mundo. AMÉN. ZURIÑE

 

 

 

 

¿A DÓNDE VAMOS CON ESTA ECONOMÍA?

Juan B. Astigarraga

Las opiniones sobre las causas de la crisis y sobre la situación son contradictorias y muchas veces interesadas. E interesadas unas veces por motivos políticos, otras por presiones financieras. Tratamos en este artículo de acercarnos a la realidad con evidencias en la medida de lo posible. Es preciso hacer un recorrido desmitificador, por los caminos tortuosos en los que ha discurrido la crisis de la Gran Recesión que tanto ha hecho sufrir, y para ello debemos hacer tres etapas: Leer más

* ORAR CON EL EVANGELIO. (Mt.28.16-20)

  • LA SANTÍSIMA TRINIDAD. Mayo 31 de 2015.

La fiesta de hoy nos recuerda un punto central de nuestra fe.

Nos situamos en Galilea, allí donde Jesús realizó preferentemente su ministerio. Desde allí, son enviados los discípulos a anunciar el Evangelio y bautizar “en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo”
El envío tiene lugar en un monte (La Biblia sitúa a los acontecimientos importantes en un monte).

La misión a la que les envía es “hacer discípulos” que  es lo mismo que “Proclamad el Evangelio”
Es decir, hacer de quienes lo escuchan seguidores de Jesús de Nazaret. Personas que hagan de este seguimiento la pauta de sus vidas; teniendo en cuenta dos aspectos, que la palabra, sin el COMPROMISO es hueca, vacía  y el compromiso sin la palabra no es claro. Se trata de seguir el comportamiento de Jesús de Nazaret que da vida y explica su sentido con su Mensaje.

La tarea es hacer discípulos a todas las gentes”, “todos los pueblos.” El discípulo, el seguidor de Jesús no es una persona aislada, la Fe se vive en COMUNIDAD, Y LA Fe anuncia un Dios-Comunidad. (TRINIDAD) fiesta que hoy celebramos. Un Dios presente en la Historia por AMOR.

El discípulo (nosotros) es el que encarna, transmite, a través de gestos y palabras, el Evangelio de amor y justicia en la historia del día a día. Es decir en la vida diaria en la que está faltando lo más elemental. Desempleo, conflictos sociales, familiares, juveniles y por supuesto desconocimiento o rechazo de un DIOS AMOR.

El misterio de la Trinidad empapa nuestra vida. La vida cristiana consiste fundamentalmente: en desarrollar el Amor del Padre en nuestra historia, en vivir la amistad con el Hijo, hermano mayor de todos, Jesucristo y caminar según los impulsos y la luz de su Espíritu.

Por eso, el misterio, no hay que entenderlo, sino ASUMIRLO, CREERLO Y VIVIRLO. Así va creciendo la vida de nuestra FE

* ORACIÓN

Gracias Dios Padre, por infundir en nuestros corazones la alegría festiva de sentirte entre nosotros, regalándonos tu Amor y recordándonos tu promesa de seguir con nosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Danos tu mismo Espíritu para ser fieles nosotros, cumpliendo la promesa de vivir como hijos tuyos y seguidores de Jesús.

Que nuestro estilo de vida cristiana y nuestro amor mutuo sean un reflejo del Amor que tú compartes con Jesús, con el Espíritu y con cada una de tus criaturas.

Que sepamos cada día, anunciar el Evangelio, aunque surjan conflictos al estilo de Jesús y ser, como Él, constructores de comunidad, y saber estar al lado de los enfermos, pobres, marginados

Como Él seguir construyendo el REINO, aquí y ahora. AMÉN.

 

* SEGUIMOS ORANDO

Creo en Ti, Dios Padre. Creo en Ti, Dios Hijo. Creo en Ti, Dios Espíritu Santo

Pero aumentad mi fe.

Espero en Ti, Dios Padre, Espero en Ti, Dios Hijo. Espero en Ti Dios Espíritu Santo.

Pero aumentad mi esperanza.

Te amo Dios Padre. Te amo Dios Hijo Jesucristo, Dios y hombre verdadero.
Te amo Dios Espíritu Santo.
Pero aumentad mi amor.

Gloria al Padre. Gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo.

Gloria a la Santísima trinidad, como era en el principio, ahora y siempre,
por todos los siglos de los siglos. AMÉN. ZURIÑE

La cruz es la máxima expresión de Vida

Fray Marcos  –  VIERNES  SANTO  (B)

(Is 52,13-53,12) “Cuando entregue su vida como expiación, prolongará sus años”.

(Heb 4,14-5,9) “Él, a pesar de ser Hijo, aprendió sufriendo a obedecer”.

(Jn 18,1-19,42) Tú lo dices: soy Rey. Yo he nacido para ser testigo de la verdad.

La cruz es la máxima expresión de Vida. Ni es fácil ni es cómodo aceptar este planteamiento. La única manera de desplegar la Vida es muriendo.

Las tres partes en que se divide la liturgia de este viernes expresan perfectamente el sentido de la celebración. La liturgia de la palabra nos pone en contacto con los hechos que estamos conmemorando y su anuncio profético en el AT. La adoración de la cruz nos lleva al reconocimiento de un hecho insólito que tenemos que tratar de asimilar y desentrañar. La comunión nos recuerda que la principal ceremonia litúrgica de nuestra religión es la celebración de una muerte en la que podemos descubrir la Vida.

Se han dicho tantas cosas y tan disparatadas sobre la muerte de Jesús que no es nada fácil hacer una reflexión sencilla y coherente sobre su significado. Se ha insistido, y se sigue insistiendo tanto en lo externo, en lo “folklórico”, en lo sentimental, que es imposible olvidarnos de todo eso e ir al meollo de la cuestión. No debemos seguir insistiendo en el sufrimiento. No es el dolor lo que nos salva. Tampoco debemos apelar a la voluntad de Dios. Menos aún “sucedió para que se cumplieran las Escrituras”. Ese amor manifestado en el servicio a los demás es lo que demuestra su verdadera humanidad y, a la vez, su plena divinidad. Mientras el cristianismo siga siendo un ropaje exterior nos podemos sentir abrigados y protegidos, pero no nos cambia interiormente; y por tanto no nos salva.

¿Qué añade la muerte de Jesús a la buena noticia del evangelio? Aporta una increíble dosis de autenticidad. Sin esa muerte y sin las circunstancias que la envolvieron hubiera sido mucho más difícil para los discípulos dar el salto a la experiencia pascual. La muerte de Jesús es sobre todo un argumento definitivo a favor del AMOR. En la muerte Jesús dejó absolutamente claro que el amor era más importante que la misma vida. Aquí podemos y debemos encontrar el verdadero sentido de esa muerte.

La muerte de Jesús, como resumen de toda su vida, nos lo dice todo sobre su persona. También nos dice todo sobre nosotros mismos, si nuestro modelo de ser humano es el mismo que tuvo él. Además nos lo dice todo sobre el Dios de Jesús, y sobre el nuestro si es que es el mismo. Sobre Jesús nos dice que fue plenamente un ser humano. Que en él la encarnación fue absoluta. Una trayectoria humana que comenzó naciendo, como la de todos los hombres, nos demuestra que las limitaciones humanas, incluida la muerte, no impide al hombre alcanzar su plenitud. Esa plenitud la puso él en el amor incondicional y total.

La buena noticia de Jesús fue que Dios es amor. Pero ese amor se manifiesta de una manera insospechada y desconcertante. El Dios manifestado en Jesús es tan distinto de todo lo que nosotros podemos llegar a comprender que, aún hoy, seguimos sin asimilarlo. Como no aceptamos un Dios que se da infinitamente y sin condiciones, no acabamos de entrar en la dinámica de relación con Él que nos enseñó Jesús. El tipo de relaciones de toma y daca que desplegamos entre nosotros los humanos no puede servir para aplicarlas al Dios de Jesús. Por eso el Dios de Jesús nos desconcierta y nos deja sin saber a qué atenernos.

Un Dios que siempre está callado y escondido, incluso para una persona tan fiel como Jesús, ¿qué puede aportar a mi vida? Es realmente difícil confiar en alguien que no va a manifestar nunca lo que es. Es muy complicado tener que descubrirle en lo hondo de mi ser pero sin añadir nada a mi ser, sino constituyéndose en la base y fundamento de mi ser o, mejor, que es parte de mi ser en lo que tiene de fundamental.

Nos descoloca un Dios que es impasible al dolor humano, sin darnos cuenta de que al aplicar a Dios sentimientos lo estamos haciendo a nuestra propia imagen. Naturalmente, al hacerlo, nos estamos fabricando nuestro propio ídolo. Nuestra imagen de Dios siempre tendrá algo de ídolo, pero nuestra obligación es ir purificándola cada vez más.

Un Dios que nos exige deshacernos, disolvernos, aniquilarnos en beneficio de los demás, no para tener en el más allá un “ego” más potente (los santos) sino para quedar incorporados a su SER, que es ya ahora nuestro verdadero ser, no puede ser atrayente para nuestra conciencia de individuos y de personas. “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere permanece solo, pero si muere da mucho fruto”. Éste es el nudo gordiano que nos es imposible desenredar. Éste es el rubicón que no nos atrevemos a pasar.

La muerte de Jesús deja claro que su objetivo es imitar a Dios. Si Él es Padre nuestra obligación es la de ser hijos. Ser hijo es salir al padre, imitar al padre de tal modo que viendo al hijo se descubra y se conozca perfectamente cómo es el padre. Esto es lo que hizo Jesús, y ésta es la tarea que nos dejó si de verdad somos sus seguidores. Pero el Padre es amor, don total, entrega incondicional a todos y en todas las circunstancias. No solo no hemos entrado en esa dinámica, la única que nos puede asemejar a Jesús, sino que vamos en la dirección contraria cuando vamos buscando seguridades, incluso para el más allá.

A ver si tenemos claro esto: la muerte en la cruz no fue un mal trago que tuvo que pasar Jesús para alcanzar la gloria. Se trata de descubrir que la suprema gloria de un ser humano es hacer presente a Dios en el don total de sí mismo, sea viviendo, sea muriendo para los demás. Dios está solo donde hay amor. Si el amor se da en el gozo, allí está Él. Si el amor se da en el sufrimiento, allí está Él también. Se puede salvar el hombre sin cruz, pero nunca se puede salvar sin amor. Lo que aporta la cruz es la certeza de que el amor es posible aún en las peores circunstancias que podamos imaginar. No hay excusas.

El hecho de que no dejara de decir lo que tenía que decir ni de hacer lo que tenía que hacer, aunque sabía que eso le costaría la vida, es la clave para compren­der que la muerte no fue un accidente sino un hecho fundamental en su vida. Lo esencial no es la muerte sino la actitud fundamental de Jesús que le llevó a una fidelidad a toda prueba. El hecho de que le mataran podía no tener mayor importancia; pero el hecho de que le importara más la defensa de sus convicciones que la vida nos da la verdadera profundi­dad de su opción vital.

Cuando un ser humano es capaz de consumirse por los demás, está alcanzando su plena consumación. En ese instante puede decir: «Yo y el Padre somos uno». En ese instante manifiesta un amor semejante al amor de Dios. Dios está allí donde hay verdadero amor, aunque sea con sufrimiento y muerte. Si seguimos pensando en un dios de “gloria” ausente del sufrimiento humano será muy difícil comprender el sentido de la muerte de Jesús. Dios no puede abandonar a ningún ser humano y menos al que sufre.

Al adorar la cruz esta tarde debemos ver en ella el signo de todo lo que Jesús quiso trasmitirnos. Ningún otro signo abarca tanto ni llega tan a lo hondo como el crucifijo. Pero no podemos tratarlo a la ligera. Poner la cruz en todas partes, incluso como adorno, no garantiza una vida cristiana. Tener como signo religioso la cruz y vivir en el más refinado de los hedonismos indica una falta de coherencia que nos tenía que hacer temblar.

Aún tenemos que reflexionar mucho sobre esa muerte para comprender el profundo significado que tuvo para él y para nosotros. Su muerte es el resumen de su actitud vital y por lo tanto en ella podemos encontrar el verdadero sentido de su vida. Se trata de una muerte que lleva al hombre a la verdadera Vida. Pero no se trata de la muerte física sino de la muerte al “ego”, y por lo tanto a todo egoísmo. Éste es el mensaje que no queremos aceptar, por eso preferimos salir por peteneras y buscar soluciones que no nos exijan entrar en esa dinámica. Si nuestro «falso yo» sigue siendo el centro de nuestra existencia, no tiene sentido celebrar la muerte de Jesús; y tampoco tendrá sentido celebrar su “resurrección”.