La crisis actual del concepto de Dios

(Fragmenta).- El antropólogo Lluís Duch acaba de publicar El exilio de Dios(Fragmenta), donde propone abordar la cuestión de Dios sin apriorismos y huyendo de visiones reductoras, cuando el debate entre creencia y ateísmo parece superado. «La aguda crisis actual de las Iglesias de nuestro tiempo es consecuencia directa», afirma Lluís Duch en el libro, «de la crisis de la imagen de Dios» en la tradición judeocristiana, crisis que el autor sitúa como resultado de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), la «confirmación de un proceso poderoso y muy acelerado de desoccidentalización».   Leer mas….

 

Jim Keenan, sj: «En este momento de confusión, el Papa está levantando una Iglesia como un faro en las tinieblas»

(José M. Vidal).- «El giro de Francisco a lo social es el imperativo evangélico». Jim Keenan, sj, profesor del Boston College y creador de una red mundial de moralistas, que acaba de ser recibida por el Papa y por varios dicasteros romanos. El reputado moralista americano cree que «frabcisco es un faro en medio de las tinieblas», defiende la ‘Amoris laetitia’ y la moral enriquecida por el bien hacer de los laicos en este ámbito.  Leer mas….

 

Sobre los obispos españoles

Faustino Vilabrille
Reflexión y Liberación

Hay ciegos con los ojos bien abiertos que no ven, porque ven lo que no deben, y no ven lo que deben ver Juan 9,1-41
Al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Y sus discípulos le preguntaron: “Maestro, ¿quién pecó: éste o sus padres, para que naciera ciego?” Jesús contestó: “Ni éste pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios. Mientras es de día tengo que hacer las obras del que me ha enviado: viene la noche y nadie podrá hacerlas. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mun­do”.    Leer mas….

 

Desconcertante Francisco

Celso Alcaina,
Atrio

Acabo de leer que el papa Francisco pretende canonizar en mayo a Francisco y Jacinta, dos de los niños videntes de Fátima. En el 2000 ya fueron beatificados por Juan Pablo II. Una curación de un niño brasileño justificaría esta canonización. En más de una ocasión me manifesté sobre canonizaciones y milagros. La última, en mi reciente libro ROMA VEDUTA. Llego a concluir que Francisco tuvo en su mano la ocasión para clausurar la Congregción de las Causas de los Santos. Leer más

Francisco se ha comprometido a fondo para erradicar los abusos sexuales de la Iglesia

Jesús Bastante en Religión Digital

«Que no quepa duda de que Francisco se ha comprometido a fondo para erradicar el flagelo del abuso sexual en la Iglesia». El cardenal Sean O’Malley, responsable de la comisión antipederastia vaticana, defendió la tolerancia cero del Papa contra los abusos a menores.

Durante la apertura del seminario sobre «Protección de abusos sexuales en hogares y escuelas», organizado por la Universidad Gregoriana de Roma, el religioso defendió que «la prioridad principal de la comisión son las víctimas. Las víctimas, primero», muy en la línea de lo defendido por la irlandesa Marie Collins, quien hace unas semanas decidió abandonar el grupo, tras la negativa de la Congregación para la Doctrina de la Fe de crear un tribunal para recoger las denuncias de las víctimas y de los obispos negligentes.

En su intervención, O’Malley valoró la acción reformadora del papa, pero no sólo en la estructuras de la Iglesia, «sino la de hacer cambiar los corazones», y anunció que seguirán estudiando y preparándose para que así sea. «Nuestro trabajo es el de proporcionar un ambiente seguro en toda institución católica», apuntó el purpurado.

En su discurso, O’Malley agregó que «no hay ninguna justificación en nuestros días para no aprobar normas concretas que protejan a nuestros hijos, jóvenes y mujeres».

«Estamos llamados a reformar y renovar todas las instituciones de nuestra Iglesia. Pero también estamos llamados por Dios a ser defensores fuertes en nuestras sociedades y en todas las institución públicas», agregó.

 

Plenaria electoral en la CEE. Sí que se ha visto algún que otro brillo de navaja

José Lorenzo en Vida Nueva

Cuando despertaron, la zarza aún humeaba. Iba a dar comienzo la Plenaria para la renovación de cargos al frente del Episcopado cuando, casi imperceptiblemente, se fue formando una pequeña nube sobre la mesa presidencial, de la que surgió una zarza ardiente. Lo demás debió ocurrir mientras dormían.

Al despertar, cada uno sabía ya cuál era su función y el lugar que ocupaba ahora en el renovado organigrama. El presidente asintió con gesto agradecido, el vicepresidente se puso a su servicio, el Ejecutivo se abrazó y los de la Permanente se entendieron sin decirse ni una palabra…

Pero no, realmente, la última Asamblea de los obispos españoles no discurrió por estos derroteros, como se creen algunos, empeñados en privar a estos hombres de sentimientos comunes en el resto de los mortales, como pueden ser las filias y fobias, las estrategias y los intereses comunes, eso sí, al servicio del Evangelio.

Ciertamente, la de Añastro no se ha convertido aún en la casa de las dagas voladoras, pero en las últimas semanas sí que se ha visto algún que otro brillo de navaja. Y si reparamos en algunos nombramientos, sobre todo en las comisiones episcopales, cuesta más creer en ese angelismo que nos quieren vender, que en un simple y muy humano intento de meter el dedo en el ojo de terceros.

Tampoco es para escandalizarse mucho. La fe de los sencillos pasa por encima de esto o la tocata y fuga de cardenales críticos con Francisco.

La comunión es fatigosa y, la unidad, un desiderátum que necesita recorrido y voluntad. Y aún tenemos lances recientes en nuestra Iglesia donde a los obispos se les veía fieramente humanos. Hubo un tiempo en que Guerra Campos se ausentaba de las plenarias que presidía Tarancón. No era nada personal. Solo que, con el purpurado levantino en Madrid y Pablo VI en Roma, nuestra Iglesia estaba en proceso de «protestantización», y sus organismos, «albergando la oposición al Magisterio». Como ven, nada nuevo…

 

 

En Tánger, aprendemos el Evangelio de los musulmanes y de los pobres

Luis Perniá entrevista a Santiago Agrelo en Utopía

Santiago Agrelo Martínez, es un franciscano español arzobispo de Tánger. Fue nombrado arzobispo de Tánger por Benedicto XVI en 2007, cuando era párroco en la diócesis de Astorga y profesor en el Instituto Teológico de Compostela.

Destaca por ser crítico con las políticas sobre extranjería del Gobierno del Partido Popular, incluidas las vallas con concertinas en las fronteras terrestres de Ceuta y Melilla.»En Tánger, aprendemos el Evangelio de los musulmanes y de los pobres».

El escándalo de los ricos, que ha llevado la desigualdad a extremos nunca vistos, ¿se solapa diciendo que son los inmigrantes los que vienen a aniquilar nuestro estado de bienestar?

Me vais a permitir que diga una locura: Y si así fuese, ¿qué?

Y continuaré haciendo preguntas insensatas: ¿Es que se ha de anteponer mi bienestar a la dignidad de los demás? ¿Es que mi bienestar se ha de mantener a costa del ejercicio de derechos fundamentales de otras personas? ¿Es que yo tengo derecho a mi bienestar y el otro ni siquiera lo tiene a estar?

Pero si de las preguntas en que me hago el loco paso a una observación en la que puedo hacer de cuerdo y muy racional, entonces diré que ese «vienen a aniquilar nuestro estado de bienestar» es un mantra que, repetido, cumple con su función de anestésico de las conciencias y de justificación de un crimen atroz, porque de política criminal se trata cuando hablamos de política migratoria de la Unión Europea o de España en particular: esa política es una condena a muerte para miles de personas inocentes.

Las bienaventuranzas, ¿son un escándalo?

Las bienaventuranzas son una locura de Dios y sólo a él se le podría ocurrir decir cosas semejantes. ¿He dicho Dios? Mejor si digo Jesús de Nazaret, que es lo mismo pero en carne y hueso.

Siempre me pareció más difícil explicar las bienaventuranzas que vivirlas. Si las vives, experimentas que son verdaderas. Si las explicas, te avergüenzas, al menos porque puede parecer cínico decirle a quien se sabe desgraciado que, en realidad, es un afortunado. Y, lo que es peor, puedes parecer un interesado distribuidor de opio para el pueblo de los excluidos.

Y hay algo más: siempre me pareció imposible hablar de las bienaventuranzas desde una situación existencial que no sea la que ellas consideran. Un rico no puede decir jamás: «Dichosos los pobres». Sería intolerable.

El que lo dijo, el Dios en carne y hueso, para poder decirlo, hubo de hacerse bienaventurado él también, entiéndase pobre, y hambriento de justicia, y perseguido y calumniado… Y esto no se puede decir sin escandalizar al personal.

El Reino de Dios, ¿es un escándalo?

Si por escandalosa se entiende una realidad que, por inesperada, nos sorprende y, por novedosa, nos descoloca, habrá que decir que el Reino de Dios es un escándalo.

Se le esperaba glorioso, y aparece despreciable. Se le deseaba fuerte, y se manifiesta débil. Se le soñaba poderoso, y aparece humilde. Se preparaban para él los justos, y llega para los pecadores. Se le podía suponer centrado en el templo, en los ritos, en las sinagogas, y se manifiesta como un Reino de Dios para los pobres.

Resulta que en el Reino de Dios se da la prioridad a los mancos en detrimento de los sábados, y son de casa las prostitutas y los ladrones, donde sólo teníamos previsto que entrasen los que pagan el diezmo de sus bienes, incluso de la ruda y del comino.

Decididamente, el Reino de Dios es un escándalo.

¿Qué significa Beliones a las puertas de Europa?

El de Beliones es otro tipo de escándalo, precisamente porque lo damos nosotros y no el Señor. Cuando es el Señor el que escandaliza, lo hace porque da la vida a quien no la tenía. Nosotros escandalizamos porque quitamos la vida a quien la tiene.

Beliones es un lugar de tortura para centenares de inocentes. Los cínicos dicen que los chicos están en ese tormento porque quieren: nadie los obliga a estar allí. He dicho ‘cínicos’, pues de cinismo se trata cuando se sugiere que alguien está voluntariamente en un lugar, a sabiendas de que está allí empujado por la necesidad.

Claro que a los cínicos se les podría decir que esos chicos están en Beliones porque tienen derecho a estar allí, y lo que hacen los torturadores es impedir el ejercicio de ese derecho; como tienen derecho a pedir asilo, como tienen derecho a ser protegidos y no maltratados; como tienen derecho a emigrar sin que nadie ponga vallas en su camino…

Beliones, que es un monte de Marruecos, es una vergüenza de Europa. ¡Una vergüenza de escándalo!

Ponerse a los pies de los pobres, ¿es un escándalo o un reto?

Para un discípulo de Jesús, «ponerse a los pies de los pobres» es un mandato que pertenece al corazón de la fe. Curiosamente, no figura en ningún credo y tampoco lo encontraríamos en ningún elenco de dogmas de la fe.

En el evangelio de Lucas se dice de Jesús de Nazaret que dio por cumplida en su persona la profecía de Isaías: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres». Y el evangelio de Juan nos permite contemplar, asombrados, que Jesús lava los pies de los discípulos. Y allí resuena el mandato: «Os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis».

Ver a Dios a nuestros pies y pensar que podemos tener otro oficio, otra vocación, otra religión, será sólo una manera de engañarse cada uno a sí mismo.

¿Qué decir de la política europea sobre refugiados? ¿Qué decir de la Iglesia española?

Si hablamos de política migratoria europea, la considero egoísta, miope, inicua y suicida.

Egoísta: decidida en nombre de la propia seguridad, del propio bienestar, de los propios privilegios. Los negreros de ayer no hemos renunciado a ser los negreros de hoy, los amos que hoy impiden salir de sus tierras a los mismos a quienes ayer se les impedía quedarse en ellas.

Miope: porque echa a las cunetas de la vida energías increíbles, corazones limpios, riqueza cultural, humana y también económica.

Inicua: porque discrimina, pisotea derechos fundamentales de las personas, excluye de bienes que a todos pertenecen, cierra caminos que todos tienen derecho a recorrer.

Suicida: no hace falta que lo explique: si hasta ahora hemos conseguido una Europa vieja -una Europa de viejos-, mañana mismo será una Europa de muertos.

 

 

Religión y apostasía. A propósito de “Silencio”

Joxe Arregi en Diario de Noticias de Navarra

Hace ya dos meses que dos matrimonios amigos fuimos a ver Silencio, de Scorsesse. Entretanto, ha desaparecido de las carteleras y de los medios que todo lo devoran. Todo lo devoramos sin haberlo saboreado y sin tiempo para digerir y nutrirnos. En cuanto a la película como tal, carezco de criterio competente para afirmar si es buena o mala, ni me interesa en este momento. Nos dio para una larga y sabrosa sobremesa, con discordancia de opiniones y concordia comensal: ¿Apostatan realmente los jesuitas Ferreira y Rodrigues o solo fingen hacerlo? Por lo demás, ¿es la película fiel a la historia? Y las grandes cuestiones de fondo: ¿Qué es fe? ¿Qué es apostasía?…

Pero antes de nada: ¿Qué movía a unos jóvenes jesuitas –o franciscanos y dominicos– europeos a embarcarse hacia las lejanas islas de Japón, con una lengua, unas tradiciones y una religión tan distintas de las suyas, mientras su propia Europa se desangraba en guerras de cristianos por cuestiones de dogmas y de poderes? Les movía sin duda la mejor voluntad, pero no la mejor inteligencia de la fe. Iban en nombre de Jesús, pero al amparo de monarcas y de ricos mercaderes. Les inspiraba el evangelio liberador de Jesús, pero estaban sujetos a su letra, convencidos de que la fe consiste en profesar el Credo, el evangelio se identifica con religión cristiana y la religión cristiana católica es la única verdadera. Creían con razón que el mensaje del evangelio es universal, pero ignoraban que el lenguaje y todas las formas en que lo expresaban eran –siguen siendo– radicalmente particulares. Embarcaban para enseñar lo que conocían, pero no para aprender lo que desconocían. Querían salvar a aquellas gentes, pero pensaban que la salvación era cosa del cielo después de la muerte, y que solo se podrían salvar quienes abrazaran sus creencias y recibieran su bautismo. Se exponían heroicamente a la tortura y la muerte, pero les confortaba la certeza de que obtendrían la corona suprema en lo más alto del cielo.

Eran mensajeros de Jesús. Solo que Jesús nunca pretendió fundar una religión, ni jamás se le pasó por la cabeza enviar a nadie a “convertir paganos”. Él se sintió profeta de Dios, de un mundo nuevo inminente, y, con un grupo de discípulos y discípulas, se fue a anunciarlo y vivirlo por caminos y aldeas. “Convertíos a la vida”, venía a decir.

Pero muy pronto el evangelio de la vida se convirtió en religión clerical, la Iglesia se alió con el imperio y los cristianos entendieron que Jesús los enviaba a cristianizar y, sin saberlo, a helenizar, romanizar y europeizar todo el mundo. Los profetas de un mundo nuevo se volvieron misioneros de la única religión que garantizaba el perdón de los pecados aquí y la vida feliz solo en el más allá.

En la nueva religión de los misioneros cristianos, muchos encontraron consuelo y libertad, la esperanza de sus vidas, y de buena gana apostataron de sus antiguas creencias y prácticas religiosas, incluso hasta morir torturados. Otros muchos, incontables, fueron sometidos contra su voluntad a una terrible disyuntiva: o apostatar o morir. Pero la Iglesia jamás ha proclamado mártires a cristianos disidentes o a quienes ella hizo morir por no apostatar de su religión o de su ateísmo.

A veces cambiaron las tornas, como en Japón a lo largo del siglo XVII, cuando el poder político impuso el budismo como religión de Estado, igual que los reyes europeos imponían su confesión católica, protestante o anglicana en sus reinos y en las tierras conquistadas. Muchos cristianos japoneses prefirieron entonces la muerte más terrible a la apostasía, mientras los monjes budistas cantaban mantras al Buda compasivo Amida, y ellos –los cristianos– se preguntaban por qué Dios callaba, sin atreverse a pensar que un Dios así no puede existir. Otros –como el Kichijiro del film– apostataron del cristianismo para salvar su vida, pero condenándose a vivir el resto de su vida carcomidos por la culpabilidad. El jesuita Rodrigues también apostata, pero solo por salvar a otros, y vive el resto de su vida en el remordimiento de haber pisado un fumie, una mera tablilla con la imagen de Jesús. Mucho antes que él había apostatado el padre Ferreira, y no solo para salvar a otros sino también para salvarse a sí mismo. Y no tuvo remordimientos por haberlo hecho. Vivió en paz. Vivió.

En nuestra sobremesa hubo discrepancias al respecto: ¿apostató el sabio padre Ferreira por convicción o solo fingió hacerlo? Para mí, el padre Ferreira es el modelo del cristiano maduro, libre de la religión. Es el único que no apostata en realidad. Pues toda religión, el cristianismo incluido, no es en el mejor de los casos sino una representación de la Vida, como el fumie no era sino una representación de Jesús. ¿No querría tu mujer que pisaras su imagen por salvar tu vida y la de tus hijos? Preferir la religión a la vida propia y ajena: eso es apostatar.

 

 

 

Jesús no ordenó a mujeres, pero es que tampoco ordenó a hombres

Engracia Vidal en Religión Digital

Quiero contestar al escrito del Sr. Arzobispo de Santiago y a Don Segundo Pérez en su comentario a la ordenación de Cristina Moreira. Es verdad que Jesús no ordenó a mujeres… pero también lo es que tampoco ordenó a hombres, por lo menos en el sentido, forma y condiciones que tienen hoy. Todo ha sido obra de la Iglesia que en la historia ha tenido el poder de estructurar los elementos que permitieron y permiten llevar a cabo la obra de Jesús.

La mujer, del siglo primero no podía ejercer el papel de representar a Jesús. Solo se le podía permitir al hombre. Ese mismo poder es el que tiene hoy la Iglesia para ir asumiendo el desenvolvimiento de la sociedad y el nuevo papel que representa la mujer, y solo en la medida en que lo asuma y desenvuelva será fiel a su Fundador. Recordemos a Pablo. «Ya no hay distinción de judío ni griego; ni de siervo ni libre; ni tampoco de hombre ni mujer; porque todos vosotros sois una cosa en Jesucristo» (Gálatas 2,8).

No puedo decir «yo no soy nadie para opinar», no. Como persona, aunque sea mujer, puedo y debo opinar. Como bautizada y por lo tanto cristiana, puedo y debo opinar. Como preocupada por mi formación humana y teológica, puedo y debo opinar.

Lamento que los hombres que rigen la Iglesia no reconozcan esta realidad y que en pleno siglo XXI nos sigan considerando sujetos de «segunda clase» y sin capacidad de opinar y colaborar a las decisiones en la Iglesia.

No se dan cuenta los señores obispos que en el siglo XXI, la mujer, en cuanto a su función en la sociedad, tiene las mismas posibilidades que el hombre, y que solo depende de su preparación y competencia, no de su sexo. ¿Es tan difícil de entender? ¿A quien se está perjudicando? A la mujer desde luego, pero sobre todo a la Iglesia-Institución que va quedando como discriminadora con las que no han nacido varones. ¿Es esto cristiano?

El argumento de que Jesús no lo hizo, no nos sirve. Jesús solo pudo hacer lo que la sociedad que el vivió podía comprender y practicar. La evolución humana ha sido, es y será. Y la fe nos hace ver a Dios en esta continuidad de su creación.

Por favor, señores masculinos, abran los ojos y miren…

 

El núcleo duro del Episcopado conserva Enseñanza, Clero, Vida Consagrada y Patrimonio, pero pierde Doctrina de la Fe

Religión Digital

(Jesús Bastante).- Frente a la «Iglesia en salida», la autoprotección. Los obispos españoles han optado por una Comisión Permanente con una mínia mayoría conservadora, fraguada días antes en una reunión en la que, según ha podido saber RD, una decena de obispos -auspiciados por Rouco Varela y su otrora delfín, Fidel Herráez-, elaboraron una estrategia que no supo entrever hasta el final, el sector moderado.  Leer mas….