Domingo 22 de noviembre – XXXIV del ordinario (Cristo Rey)

Lecturas
Dn 7, 13-14  
Sal 92, 1-2. 5  
Ap 1, 5-8  
Jn 18, 33b-37

 

PRIMERAS IDEAS

                Concluye el ciclo litúrgico B, para dar comienzo al C con el domingo próximo, primero del Adviento. Concluye con la solemnidad de Cristo Rey, como síntesis y meta de todo el recorrido cristiano del año. Antes de la reforma conciliar no era así, y el domingo de Cristo Rey era el último del mes de octubre, pero no el final del año litúrgico. Al colocarlo en el final se ha pretendido centrar o corregir el sentido de esta fiesta. Había sido creada en 1925 por el papa Pío XI, en un contexto y situación política concreta, y con referencias implícitas a la misma.

                El domingo próximo comienza el adviento de este año y sería bueno prever una preparación y celebración lo más cercana posible a nuestra realidad, y, desde ella, creadora de esperanza.

                La fiesta de Cristo Rey no es ajena al ambiente final, escatológico, con el que concluyen los años litúrgicos. La realeza, o mejor el señorío, de Cristo se manifestará al final, será la conclusión gloriosa de todo. Su afirmación es el punto central y culminante de la escatología cristiana. 1Cor 15, 25-28. Cristo “tiene que” reinar. Afirmación de fe, e incuestionable. Contenido final y confesante de toda fe cristiana en ese “tiene que”. La muerte reina sobre todos los humanos. Será la última vencida, y será  arrastrada ante Dios como fruto de la victoria de Cristo. Con la muerte vencida, todos los humanos, sometidos por ella, se ven también colocados ante Dios, el que será plenitud de todo.

                Nos movemos en uno de los principales, si no el principal, punto de controversia de la teología cristiana actual. La dificultad de compaginar el señorío de Cristo sobre toda la creación y la aceptación del poder salvador de otras religiones y aun fuera de ellas. No parece posible hoy prescindir o silenciar la afirmación de fe de “Cristo tiene que reinar” en la humanidad y el universo entero. Si en otras religiones hay caminos de salvación (vd NE y DH), ¿qué relación mantienen con Cristo Jesús? ¿Sigue siendo él y su reinado referencia última e insustituible para todos y cada uno de los salvados? Cambiando señorío o realeza por mediación, ¿es eludible la mediación de Cristo, el Señor? ¿Es posible que otros grandes hombres y mujeres de Dios establezcan mediación directa con él, sin intervención de Cristo Jesús? No parece que los cristianos puedan renunciar a este punto de su fe en la que es quicio. ¿Vale aquí también la diferencia explícito e implícito? ¿Es suficiente proclamación cristiana la realeza y señorío de Cristo sin su afirmación explícita o sin deducir las consecuencias de la misma? Cristo ejercería su señorío real, pero de forma implícita, sobre el resto de religiones; como sin decirlo expresamente (ni rechazarlo), pero siendo real y verdadera su mediación no dicha. ¿No es una solución en falso, pues las demás religiones y opciones quedan siempre por debajo de Cristo, pero lo silenciamos como por delicadeza o por miedo? “Y toda lengua proclame ¡Jesú-Cristo es Señor! para gloria de Dios Padre” (Flp 2, 11).

                Entre Señor y Rey, ¿qué título más adaptado a la cultura, al estilo de hoy? “Señor” fue uno de los títulos primeros y expresos sobre la divinidad de Jesús, frecuente sobre todo en la obra de Lucas. Ya en el S. I, el título Señor (Kyrios) se atribuía al emperador, colocándolo en cercanía con la divinidad. No parece posible separarlo de sus adherencias políticas y sociales. Pudiera pensarse que eran títulos más adecuados los de “Gran Esclavo”, “Universal Servidor”; pero no señalarían la ruptura de la resurrección y entronización en Dios del ajusticiado. Al hacerlo con títulos que así lo señalan, resulta imposible que no contengan adherencias del poder y el dominio.

 

                1ª lec de la profecía de Daniel. De su parte central, entre los capítulos 7-12. Una visión nocturna –nocturna, ¿facilita o entorpece la visión?- nos presenta a la figura central del texto, “un hijo de hombre”, que viene en las nubes y se presenta al anciano. De aceptar Jesús de Nazaret algún título, pudiera haber sido este. Quizá para la Escritura es un título más cercano a Dios que “hijo de Dios”. El “como un hijo de hombre” viene en nubes, sin origen concreto expreso, y se acerca a Dios. Hijo de Dios era título no sólo atribuido al rey de Israel (Sal 2), sino a otros reyes del entorno. Recordemos además la discusión en Jerusalén sobre la filiación divina del Mesías y el ser hijo de Dios (Mc 12, 37)

 

                2ª lec del libro del Apocalipsis, que significa “revelación”. Revelación de Juan para una iglesia que sufre persecución y celebra los misterios santos. Es continuación del saludo primero de Juan a las siete iglesias, deseando gracia y paz de parte del Espíritu y de Jesucristo. El “desarrollo” de ‘Jesucristo’ es la lectura de hoy. El Rey nos ha amado y nos ha hecho reyes y sacerdotes por amor. Todos han de mirar (un mirar que es intimidad en relación): los que lo aman y los que lo temen, porque lo atravesaron. Las palabras finales pertenecen a Dios, que todo lo abarca, y en todo se ha movido y se mueve hacia nosotros.

 

                3ª lec  del evangelio de Juan. Nos situamos en la narración de la pasión de Jesús. Un diálogo propio y característico  de este evangelista. No sucede en el exterior, sino dentro del Pretorio (en el interior, frente al exterior del  mundo. ¿El interior de las comunidades de Juan?). El punto de partida, corroborado por los otros evangelios: el título de rey para Jesús en boca de Pilato, certificado luego en el cartelón de la cruz. Casi un diálogo de lingüistas en torno a los términos, sus matices y su alcance real. Termina el diálogo, Pilato sale fuera y comienzan las burlas en torno a la realeza de Jesús. Y ¿si fuera esta segunda la verdadera?

 

PARA UNA POSIBLE HOMILÍA

                El Señor es Dios: él nos lumina (Sal 110). No es rey con criterios del mundo. Su reino no es de este mundo. Es rey para la verdad. Es tan la verdad de todo cuanto existe que esa verdad es la que lo constituye como rey de todo. Es rey que es agua, y que es luz y que es pan para vivir y que es pastor y que es esclavo y que es vida rebosante. Por eso es la verdad de las cosas, fluyendo entre nosotros. Sabemos por experiencia de su luz y su agua y su pan y su vida. Al saberlo y descubrirlo tan generoso e inagotable, sabemos que es rey y fuente de luz y de agua y de vida. Sabemos por experiencia de su estar por encima de todo, haciendo fluir, empapándolo todo. Su ser, tan originario, es ser realmente rey de cuanto vive y fluye y se mueve. Es rey del Espíritu. Es el Señor. Y nadie lo reconoce como tal, si no es por ese Espíritu que de él mana y todo lo inunda.

                Su reino no tiene que ver con los de este mundo, por civilizados que se presenten. Ni ejércitos, ni coacciones, ni miedo, ni impuestos, ni reverencias, ni castillos –ni interiores-, ni boato, ni pompa y circunstancia. Libertad, amor, ternura, debilidad por los malos y perdedores, son las claves de ese reino. Organizaciones, derecho, dicasterios, controles no son el reino. El reino es él y sólo él. Su comunidad lo intenta. Prefigura, hace interesante, provoca envidia por el reino, sin serlo. Señala qué y cómo es el reino, pero el horizonte último de cuanto señala es Jesús de Nazaret y sólo él. Su comunidad –y ojalá así fuera- sólo “”un recinto de verdad y de amor, de libertad, de justicia y de paz, un recinto donde seguir esperando” (vd Plegaria Eucarística V b), no en el que estar tranquilo y cómodo, como si se tratara de una situación consolidada.

                El reino está entre nosotros (Lc  17, 21). Hasta fuera de nosotros. Está por todas partes, empujando con fuerza, mientras la creación gime. Creciendo en sitios inesperados, en estercoleros de esta humanidad satisfecha y orgullosa, en rincones oscuros de olvido y soledad, en apartados donde se mantiene la esperanza aun en la misma sumisión. Está donde las razones para seguir esperando sin razones. ¿No lo veis, incluso oís, brotar manso y bello como la hierba? Se desarrolla en tanto amor y ternura silencioso que estremece la creación, en las búsquedas tercas de paz y de concordia, en los que vienen y van lejos, buscando eso, el Reino sin saberlo, y han de esperar en campos de refugiados. Entre nosotros. Come con publicanos y pecadores (Lc 15, 2), sabe de prostitutas que aventajarán a virtuosos  (. Está entre nosotros como semilla que se pudre y fructifica, como  antorcha en la noche, como joya inalcanzable, como levadura de otro pan, como el dinero perdido y necesario, como la pobre viuda generosa, como esterilla a los pies de todos, como paciente espera de quien busca.

                Está en nosotros, madura en nuestro interior, se apoya en el Espíritu. Nos hace dichosos en circunstancias bien adversas, en pobreza y paro y persecución, en mansedumbre y tersura de corazón. Dichosos en procurar la dicha a los demás. Tensos sólo ante la desesperanza. Está en nuestro interior, creciendo por años y días. En nosotros, incluso cuando nos desmoronamos y las fuerzas ceden o la memoria y la inteligencia nos abandonan. En nosotros siempre vigilantes, atentos a cuanto sucede, espabilados ante quien puede que esté llamando a la puerta para entrar y cenar con nosotros. En nosotros, como gozo y paz, consuela a todos y bendice a Dios.

                Venga a nosotros tu reino, Señor y Rey. Que tu reino nos alcance, nos invada, nos asalte y nos sumerja por fin. Que llegue tu reino. ¡Ven, Señor Jesús! Ven, y será tu reino.

Orar con el Evangelio

*           EL  ADVIENTO   MI  ADVIENTO 

*    Vamos a comenzar de nuevo el tiempo de ADVIENTO, comienzo del año Litúrgico, el año de la Iglesia
.
*    Tiempo de ADVIENTO. Tiempo de espera. El Señor está cerca. Viene.
*    Es un tiempo para enderezar las sendas y allanar los caminos.
*    Es un tiempo para despertar y velar.
*    La esperanza, en Adviento, es CONVERSIÓN, COMPROMISO. No basta con esperar pasivamente. El Reino de dios está cerca pero nos toca a nosotr@s, cristian@s, hacerlo visible ya.
*    Un anuncio, un grito nos llega:
*    ¡DESPERTAD!  Ya del sueño. ¡VIGILAD! ¡ ALEGRAOS!

*    El ADVIENTO, es un camino para buscar, para ir, para acercarnos más a Dios,
o para dejar y permitir que Dios llegue más a nosotr@s.
*    Una voz quiere despertar lo que duerme en cada persona:
*   “PREPARAD  EL  CAMINO  AL  SEÑOR”
*    Sabe a susurro, sabe a alarma que suena dentro del corazón…
¡Que  lo oigamos en nuestro interior!
                                                           

                             PREGÓN  DE  ADVIENTO 

*    Os anuncio que comienza ADVIENTO.
Alzad la vista, abrir bien los ojos, otead el horizonte;
daos cuenta del momento.
Captad los gritos y susurros, el viento, la vida.

 
*    Empezamos el ADVIENTO, y una vez más renace la esperanza en el horizonte.
Al fondo, clareando ya,
la NAVIDAD. Una NAVIDAD sosegada, encarnada, fraternal, solidaria, íntima, pacífica…
*    A veces también, superficial  violenta… pero siempre cargada de ESPERANZA.

*    Estad alerta y escuchad. Lleno de Esperanza grita Isaías.
“caminemos a la luz del Señor”.
     Con Esperanza pregona Juan Bautista:
     “CONVERTÍOS”, porque ya llega el Reino de Dios.
*    con la esperanza de tod@s los pobres de Israel,
de todos los pobres del mundo, susurra María su palabra de acogida:
    “HÁGASE  EN    SEGÚN  TU  PALABRA

*    ¡Alegraos!, saltad de júbilo. Poneos vuestro mejor traje.
¡Que se note!  VIENE DIOS.
Llenaos de ALEGRÍA, PAZ Y ESPERANZA.
Preparad el camino. Ya llega nuestro SALVADOR.
*    ¡VIENE DIOS!… y  ESTÁ A LA PUERTA.

             ¡Despertad a la Vida!.
                  Z  U  R  I  Ñ  E

 

ORAR CON EL EVANGELIO. (Jn. 18, 33b-37)

* DOMINGO XXXIV. T.O. –B-  (Noviembre 22 de 2009)

* JESUCRISTO,  REY  DEL  UNIVERSO

*           Hoy nos podemos preguntar: ¿Tiene futuro la verdad  en este mundo de hoy?.
*           ¿Serán la libertad y la verdad  flores raras en nuestra tierra?.
*           ¿Terminarán encontrándose la verdad de Jesús y la sed de verdad del ser humano?.
*           El Evangelio de hoy nos puede suscitar estas o parecidas preguntas, ante el interrogatorio de Pilato  y la respuesta que le da Jesús:
*           TÚ LO DICES. SOY REY”
*           HE VENIDO PARA DAR TESTIMONIO DE LA VERDAD”.

*                      O R A C I Ó N

*           Jesús, que tu respuesta suscite  en nosotr@s una admiración por la belleza de tu  testimonio  acerca de la Verdad. Jesús tu ofreces gratuitamente la Verdad a los más pobres, pero no la escondes ante los poderosos a pesar de que tu vida corra peligro.

*           Vemos que la verdad oficial se impone por la violencia. En cambio tu Verdad Jesús no se impone de otra manera que por la fuerza de la misma Verdad, que penetra suave y a la vez fuertemente en nosotr@s.

*           Tu Reinado, Jesús, nos lo enseñaste con tu vivir:
en el SERVICIO, en la ENTREGA  de la vida, y en la no VIOLENCIA.

*           Tú, Jesús eres el testigo de la verdad sobre la vida humana:
Has abrazado a l@s que estaban más desamparad@s;
*           Has compartido la mesa con tod@s;
            Has curado a muchos enferm@s;
            Has comunicado vida abundante.
            Nos has comunicado tu Espíritu, para que recemos al mismo Padre  que nos ama, sin distinciones de poder.
*         Nos has enseñado tu interés por to@s  , especialmente por l@s que más sufren.
*           Este modo de vida es tu REINO::
Reino de la Verdad y de la vida para tod@s. Reino de libertad, de justicia, de paz.

*           Señor, queremos pertenecer a tu Reino siempre; que no nos falte tu aliento, tu vida, tu Espíritu, para ser testigos de la Verdad,  de tu VERDAD, que es:
*           Amar especialmente a quienes lo necesitan.
            Liberar a los esclavizad@s por el mal.
            Dar gratis lo que hemos recibido gratis,
            Y construir el entendimiento y la paz.

*           Señor, Jesús, sabemos que para vivir tu VERDAD, hay que pararse, hacer silencio para escucharte y…con valentía, vivir y seguir  tu  Voluntad, que es la Voluntad de  nuestro Padre, Dios. AMÉN

*                      Z U R I Ñ E

Orar con el Evangelio (Mc. 13, 24-32)

                        DOMINGO XXXIII. T. O. – B – (Noviembre 15 de 2009)

*           Hay momentos en la vida en que todo parece que se vuelve del revés: el sol no ilumina, la luna no alumbra en las noches, las estrellas dejan de embellecer el cielo y se caen. El sol, la luna, las estrellas los astros son símbolo de muchas cosas que hacen dura la vida de los seres humanos y de los pueblos: el hambre, la injusticia, la enfermedad, el sin sentido de la vida.

*           ¿Qué hacer en esos casos?. ¿Será la angustia la única salida?. El Evangelio viene a nuestro encuentro con toda su capacidad de generar ESPERANZA. Jesús, que es la Palabra que no pasa nunca, nos asegura que viene, que está a la puerta. Es posible verle en la noche su presencia en medio de nosotr@s es una luz más potente que el sol y los astros.

                                            O R A C I Ó N

*           Seño, a esta promesa tan grande de tu venida,
cabe responder con la espera, con la vida levantada,
con la alegría que no se oscurece ni en la noche…
            Tu resurrección ha puesto el broche final a la historia;
han sido vencidos el mal y la muerte.

            La realidad definitiva será la victoria del bien, del amor, de la vida.

*           Incluso los que nos consideramos tuy@s, de tu Iglesia,
escandalizamos muchas veces: Nuestro afán de poder,
de no dejar pensar libremente,..

*           Pero gracias a ti, Señor, no han faltado ni faltan,
personas que nos reúnen en tu amor,
*           Que nos respetan como Tú.
*           Que nos dejan pensar y decidir fraternalmente.
*           Que nos curan y consuelan.

*           Tu Espíritu, Jesús, no deja de alentarnos:
             Nos recupera para la tarea del Reino.
             Nos recuerda lo esencial.
             Nos concede la libertad..
             Nos da el  coraje de ser tus testigos.
¿Seremos capaces de escucharte, de tener fe en tu Palabra?.

*           Señor Jesús, enséñanos a acompañar a personas
que no saben cómo salir de sus noches,
otras  que están a punto de perder la fe en la justicia, en la Iglesia.
*          Hay mucha dignidad escondida que espera salir a la luz. .

*           Señor, Jesús; sigue llenando de tu Espíritu a esas personas
que en nuestro camino, a veces oscuro, nos van señalando
el sendero de la vida, ensanchando el espacio de nuestra tienda,
llenando nuestro corazón de alegría. AMÉN.

*                      Z U R I Ñ E

Domingo 15 de noviembre – XXXIII del ordinario

Lecturas
5 de noviembre de 2009
Dn 12, 1-3  
Sal 15, 5-11  
Hb 10, 11-14. 18  
Mc 13, 24-32
 

PRIMERAS IDEAS

                El capítulo 13 de Mc nos marca con claridad las primeras reflexiones de este domingo. Serán en torno al final. Antes se conocía el conjunto como “postrimerías” (muerte, juicio, infierno, gloria). Eran títulos y nombres para un final desconocido, pero cierto hasta lo inexorable. Una constante de los humanos, sobre todo con el instrumento de las religiones: tantear, predecir, explorar los límites, el límite, de todas las cosas. De nosotros, de nuestras “construcciones” de todo tipo, del universo que nos rodea. Probablemente los humanos se hicieron y reconocieron como tales, cuando apartaron sus muertos, o algunos muertos, de la simple cadena biotrófica que aprovecha y se mantiene gracias a deshechos anteriores. Somos animales que separan y veneran a sus muertos. Con ese simple gesto, nos “trascendemos” y tratamos de romper la secuencia de vida y muerte.

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Domingo 8 de noviembre – XXXII del ordinario

Lecturas
1Re 17, 10-16  
Sal 145, 7-10  
Hb 9, 24-28  
Mc 12, 38-44
 

PRIMERAS REFLEXIONES

                Nos acercamos al final del año litúrgico correspondiente al ciclo B. Los textos, el otoño, el ambiente creado por más horas de oscuridad que de luz, acercan instintivamente a reflexiones sobre el final de tantas cosas, el final de todo. Hasta el mes comienza con fechas marcadas para el recuerdo entrañable de nuestros difuntos. Las celebraciones que nos quedan de este año litúrgico, incluida la de Cristo Rey, tienen un ambiente melancólico, un fondo escatológico, que sugieren límites y final.

                          Vanidad de vanidades. Vacío, humo, inconsistencia. Sutilezas de apariencia para el engaño. El barroco la simbolizaba en el espejo. Tan decorativo y brillante, tan vacío de nada propio, tan engañoso y hasta tan temible. La vanidad, tan vana y tan común. Dar buena imagen de nosotros mismos. Apoyar el aprecio que requerimos para seguir vivos en la imagen externa, en la apariencia. Provocar la admiración y hasta el elogio con sólo nuestra presencia, con nuestro porte. Pocas cosas más vanas, más inconsistentes. Surge precisamente al intentar llamar la atención sin nada que la merezca. Al no contener nada, necesita mantenerse como sea: bellas palabras, gestos elegantes, ropas aparentes; fotos, revistas, fama, publicidad de nuestro propio vacío. Vanidad, humo. Puede revestirse en su afán hasta de sus contrarios, y la miseria y desaliño terminan en formas camufladas de vanidad. Sólo que así tampoco hay nada dentro. Saludos, homenajes, premios, cofradías prescindibles, fajines, títulos honoríficos, prelaturas sin personal. Una lista interminable que tienta denominar como simple estulticia. Pero es tan frecuente que no puede ser sólo eso, tiene que encerrar y partir de algo más. Tanto culto a la apariencia. Como hablamos en torno al evangelio de hoy, habrá que aceptar que el mundo de lo religioso, incluso de lo cristiano, no sólo no le es ajeno, sino que puede fomentarla. Una nota o un interrogante final: ¿no es necesaria la atención y el cuidado de la propia persona, de su presentación y sus formas, como signo ineludible de un mínimo aprecio a sí mismo? La vanidad no tiene  que ver con el aprecio a sí mismo, sino con la provocación del aprecio de los demás. Una vez más, la unidad coherente entre lo exterior y lo interior de la persona, sirve de exorcismo para huir de la vanidad y del descuido. Y será higiénico repasar despacio el Qohelet y su escepticismo sobre cosas que verdaderamente valgan la pena.

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Orar con el Evangelio (Mc. 12, 38 – 44)

* DOMINGO  XXXII. T. O. – B – (Noviembre 8 de 2009) 

*           Hoy parece que cuando Jesús nos habla de “amar”,
no habla de ofrecer cosas sino de “
ofrecerse”.
            No nos hace libres la abundancia sino la
generosidad.
Y no la generosidad de cosas, sino de nuestras propias personas.
            Hoy tu Palabra, Señor, es una pregunta:
*          ¿Qué haces, por el Reino de  Dios?
 

*                  O R A C I Ó N

*           Señor, haznos generos@s como la viuda del templo
que entrega lo que tiene… no lo que le sobra…
Una viuda y pobre es un símbolo del desamparo;
una mujer que ha perdido el amor de su vida es una persona rota por la mitad;
y a este destrozo del corazón, se le une la carencia de bienes  para alimentarse
ella y  los suyos

            Que sepamos descubrir  las necesidades de las personas que nos rodean
y de las que están lejos y nos sintamos felices, compartiendo lo que tenemos.

*           Que sepamos fiarnos del Amor de  Dios, que siempre responde a quien se entrega, como respondió a la entrega de CRISTO, con la RESURRECCIÓN.

*           Señor, nos da miedo entregarnos a tu servicio; siempre nos estamos reservando algo; en el fondo no nos fiamos plenamente de Ti.

*           Y  tú, Señor, que observas la realidad de la vida, llamas a tus discípulos,
hoy a nosotr@s y nos invitas a ser como esta viuda: es la que más entrega a favor del Reino de Dios. Lo poco que tenía lo puso a disposición de Dios.

*           Es el programa viviente de tus seguidor@s: poner lo que tenemos al servicio del Reino.

*           Y nosotr@s, quizá, malgastando o escatimando tiempo, salud, cultura, dinero, trabajo, familia… Nos cuesta ponerlo todo a tu disposición, en favor de los demás.

*           Ayúdame, Señor, y ayúdanos a tod@s, a entregar lo  que somos  y tenemos
– todo regalo de tu bondad- para que tu Reino sea una realidad. AMÉN

*                      Z U R I Ñ E

 

 

Orar con el Evangelio (Mt. 5, 1 -12)

DOMINGO XXXI. T.O. – B – TODOS LOS SANTOS

*          Bienaventuranzas de la solidaridad  

* Felices los que siguen al Señor
por la senda del buen Samaritano
Los que se atreven a andar tras sus pasos.
A superar las dificultades del camino.
A vencer los cansancios de la marcha.
Los que al andar van trazando sendas nuevas
para que otros sigan, entusiasmados,
y continúen la obra del Señor.
Los que, atentos y presurosos, cambian su ruta
para salir al encuentro del Señor vivo en el que sufre,
tan presente en estos tiempos,
tan cercano para algunos, para otros tan lejano. 

*Felices los que dan la vida por los demás.
Los que trabajan duro por la justicia anhelada.
Los que construyen el Reino desde lugares remotos.
Los que, anónimos y sin primeras planas,
entregan su vida para que otros vivan más y mejor.
Los que con su diario sacrificio
abren huellas de humanidad nueva
en un mundo tan desigual  por el egoísmo neoliberal
del "dios-mercado". 

*Felices TODOS los que trabajan por los pobres.
Desde los pobres. Junto a los pobres.
Con corazón de pobre.
Contemplando a diario la hermana muerte temprana,
injusta, dolorosa, en los rostros de los niños olvidados,
sin salud, ni educación, ni juegos
(infancias robadas por milesen mi continente sufrido desde antaño).

*Felices los que viven solidarios
dejando el asfalto limpio y prolijo
para caminar los senderos pedregosos,  polvorientos
que entran al mundo de los que no cuentan
en los números o estadísticas de los ministerios de turno. 

*Felices los  que aman al hermano concreto.
Los que no se van en palabras
sino que muestran su amor verdadero
en obras de vida, de compañía y de entrega sincera.

*Felices los que enseñan,
los que intentan que todos aprendan
sin distinciones de color, piel o dinero.

*Felices los que comparten sus bienes
Dones-regalos del Buen Diospara vivir como hermanos
y demostrarlo en la práctica.
Los que no guardan con egoísmo
sino que brindan y comparten. AMÉN

         Z U R I Ñ E

TODOS LOS SANTOS. 1 de noviembre de 2009

Lecturas
Ap 7, 2-4. 9-14  
Sal 23, 1-6  
1Jn 3, 1-3  
Mt 5, 1-12ª
 

APROXIMACIONES A DÍA Y TEMA

                La santidad es la característica más exclusiva y más identitaria de Dios. “Yo el Señor vuestro Dios soy santo” (Lv 19, 2) “No hay santo como el Señor” (1S 2, 2). “porque sólo tú eres santo”, del himno litúrgico Gloria a Dios en el cielo. “Santo, santo, santo es el Señor” (Is 6, 3 y Ap 4, 8).

                Participando de ella, el primero e idéntico también, Jesús, el Ungido, el Señor. “El santo de Dios” (Lc 4, 34), reconocido -“sé quién eres”- hasta por los demonios (Mc 1, 24).

                Y nosotros, el pueblo de los santos. En los saludos o despedidas de las cartas de Pablo y su círculo, “los santos” corresponde a todos los bautizados. “Santos y fieles” en el saludo de Ef. En Ro, a los que forman parte de los santos” (1, 7) “a todos los santos que están con ellos” (16, 15). Sin multiplicar los textos, parece que para Pablo y sus primeros grupos, todos llevamos el título de santos por nuestra consagración bautismal.

                Si todos los fieles llevan el título de santos, los hombres buenos, limpios de corazón, generosos, profundamente unidos a Dios, ¿no serán también santos? Muchos discuten la expresión “cristianos anónimos” por inadecuada o excesivamente inclusiva. Y ¿santos anónimos, pues la santidad viene de Dios solo? Respecto a alguna religión hablamos con respeto de sus “santones”, ¿serán ajenos a la unión íntima con Dios, serán santos?

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Orar con el Evangelio (Mc. 10, 46-52)

*   DOMINGO XXX. T.O. –B – (Octubre 25 de 09)

*   Para ir a Jesús, a veces, necesitamos intermediarios.
En el evangelio, los que actúan entre Jesús y el ciego
tienen una doble actitud. Por un lado, le regañaban
para que no molestase a Jesús;  por otro lado le dicen:
“Ánimo, levántate que te llama”.
    Momento culminante de fe del ciego:
   Da un salto, deja el manto y se acerca a Jesús”
    Deja, todo lo que le impide ir a Jesús…
*  ¿QUÉ QUIERES QUE HAGA POR TI?
*   Maestro que pueda ver…
*  TU FE TE HA SALVADO”
*  Quedó curado… y  siguió a Jesús…               

ORACIÓN
   * A ti levantamos nuestros ojos, Padre Dios.
A ti elevamos nuestro  corazón
A ti encomendamos  nuestro ser, nuestra vida entera. 

*  Como los ojos del niñ@ pequeño que están pendientes
del padre y de la madre, así están nuestros ojos puestos en ti, Señor,
esperando tu amor, recibiendo la vida, seguros del perdón de quien ama. 

* Muchas veces somos como el ciego del camino:
 tenemos los ojos cerrados a la luz  que nos impide  ver lo bello
que hay a nuestro  alrededor.  
 

-Señor, nos ciegan tantas cosas:
es la vida con sus luces de colores;
es la comodidad y el deseo irresistible de placer;
es el dinero con sus cadenas que nos aprisionan.
Llega a nosotros cada día
ese mundo calculado y sin piedad de la propaganda.
Llega a nosotros cada día ese mundo de lo fácil,
de lo cómodo, …
y nos dejamos atrapar porque estamos ciegos.

* Señor, ábrenos  los ojos a tu vida.
Enséñanos a descubrir y a mirar
las cosas bellas que has puesto en nuestra vida.
Enséñanos  a ver lo bueno y bello 
que has puesto en las personas que viven
 a nuestro lado.
Queremos ver el mundo con ojos limpios.
Queremos abrir nuestros ojos a la luz de tu evangelio.
Queremos mirar la vida de frente y con sentido. 
 
Queremos que la fe sea antorcha en nuestro camino.
Queremos  verte y queremos  aprender
que la vida, el dolor y la muerte, sin tu luz son caos.

-Queremos poner los ojos en las cosas
y buscar en ellas tus huellas.
Señor, enséñame a ver.
Porque el pecado es tiniebla densa.
Señor, limpia nuestros ojos y nuestro corazón
para que podamos ver desde dentro.
¡SEÑOR!, ten misericordia de nosotros.
¡QUÉ VEAMOS!. AMÉN
                          
                     
Z U R I Ñ E