32º DOMINGO T.O., «EL VALOR DE ESTA VIDA PARA LA VIDA», José E. Galarreta

Escrito por  José Enrique Galarreta
FE ADULTA

Lc 20, 27-38

El texto se sitúa en la última semana de Jesús, en Jerusalén y en el Templo, donde se produce la última predicación de Jesús, continuamente hostigado por los Fariseos, Doctores y Sacerdotes.

Es llamativa y significativa la semejanza de los Sinópticos en estos relatos. Los exponemos esquemáticamente a continuación.

Los tres evangelistas presentan el mismo relato, y los tres en el mismo contexto:

MARCOS 11 y ss.

MATEO 21 y ss.

LUCAS 19,28 y ss.

Entrada mesiánica en Jerusalén

Entrada mesiánica en Jerusalén

Entrada mesiánica en Jerusalén

Enseña en el Templo

La higuera estéril

La Higuera estéril

Ataque de Sacerdotes y ancianos

Ataque de sacerdotes y ancianos

Ataque del Sanedrín

Parábola de los dos hijos

Parábola de viñadores homicidas

Parábola de viñadores homicidas

Parábola de viñadores homicidas

Parábola del festín nupcial

El tributo al César

El tributo al César

El tributo al César

La resurrección (saduceos)

La resurrección (saduceos )

La resurrección (saduceos)

El Mayor Mandamiento

El mayor Mandamiento

Contraataque de Jesús

Contraataque de Jesús

Contraataque de Jesús

Invectivas contra los escribas

Invectivas contra los escribas

Invectivas contra los escribas

El óbolo de la viuda

El óbolo de la viuda

Lamentación por Jerusalén

Anuncio destrucción del Templo

Anuncio destrucción del Templo.

Anuncio destrucción del Templo

Nuestro texto de hoy se inscribe por tanto en un contexto polémico: «La última y definitiva» polémica de Jesús con las autoridades político-religiosas. Después de esto, viene el complot para prender a Jesús y los relatos de la Pasión.

Ya ha se han dado los enfrentamientos de Jesús con los fariseos (el tributo al César). Ahora viene el ataque de los saduceos.

Los saduceos son ante todo miembros de la aristocracia sacerdotal, y forman una corriente tanto religiosa como política. Dominan el Sanedrín y entre ellos se elige al Sumo Sacerdote. Defienden una conducta más libre y mundana que los fariseos, y están abiertos a colaborar con los poderes extranjeros.

En su teología no entra la inmortalidad. Por eso, el caso que presentan es un tanto cínico. Jesús lo advierte y (como tantas veces) no contesta directamente a lo que le preguntan sino a lo esencial, a lo que deberían haber preguntado.

Cuando los saduceos se retiren, atacarán los escribas (el primer mandamiento). Los escribas son los «sabios», los doctores, encargados de la custodia, interpretación y enseñanza de «La Ley». Suelen ejercer su función en la Sinagoga o en el Templo. Haciendo un paralelo con nuestro tiempo, se les podría llamar «los teólogos» de la época.

En ambos casos, se propone a Jesús una prueba. En varios lugares del evangelio aparece la expresión «para tentarle». Los «Sabios» de Israel o bien intentan desprestigiarle ante el pueblo, o bien comprobar simplemente su sabiduría. Jesús se muestra invencible, incluso bajando al terreno de la increíble casuística rabínica a que dan lugar los innumerable preceptos de la Ley.

La prueba es, en este caso, sobre quisicosas legales. Otras veces en cambio las preguntas afectan a la esencia de la Ley. En el caso presente, Jesús no entra en el tema. Dice, casi expresamente, que «el cielo es otra cosa».

Es importante tener en cuenta que, en este y otros casos, Jesús emplea la terminología, los conceptos y creencias habituales en el mundo que le rodea, sin que esto signifique que los avale. (Así, en las nociones de «premio-castigo», «el fin de los tiempos»… y otros muchos).

Para un lector poco informado puede resultar complicado distinguir entre el mensaje de Jesús y su utilización de los conceptos y modos acostumbrados en su entorno. Pero es, naturalmente, el conjunto del mensaje de Jesús el que define el valor y la importancia de cada afirmación concreta. (Aplicable igualmente al diverso valor de cada parte del A.T.)

Jesús se muestra invencible en lo dialéctico, en el terreno preferido de sus adversarios: la casuística acerca de la Ley. Es sorprendente que los doctores y los sacerdotes le llamen «Maestro», a él, el «inculto» carpintero de Nazaret (¿pura ironía malintencionada?).

El tema concreto es la vida eterna, llamada «resurrección», pero, por encima de él, hay en estos capítulos un mensaje global claro y más importante: Jesús es la Nueva Ley, el Nuevo Templo. Se ha cumplido la Promesa, termina la Antigua Alianza. El que vea que su cumplimiento es Jesús entrará en lo Nuevo.

A propósito de tres temas concretos, se está planteando el rechazo de Jesús por parte de los jefes del pueblo. Las tinieblas rechazarán la luz. (Y éste será tema fundamental en Marcos y en Juan).

Jesús aprovecha la oportunidad que le brindan los Saduceos para entrar en el tema de fondo, la «resurrección», la vida después de la muerte, que importa mucho más que la casuística presentada.

Es un ejemplo típico, y una denuncia. Aquellos hombres han invertido el sentido de la Palabra de Dios. En vez de estudiarla como un mensaje de salvación, la utilizan para su propio prestigio y para satisfacción de curiosidades intelectuales que poco o nada tienen que ver con su verdadero sentido.

Utilizar la Palabra. Es una tentación ancestral de Israel: usar la Palabra para mis propios fines, para mi Ciencia, para mi Prestigio, para mi Consuelo, para sentirme Privilegiado. Utilizar la Palabra es utilizar a Dios para mis intereses.

La Palabra se nos ha dado para exigirnos más que a nadie y para transformarnos en Palabra viviente, para que los hombres puedan creer. No se puede transmitir la Palabra más que siendo fieles a sus exigencias.

Israel se apoderó de Dios. Y el mensaje último de estos relatos es:»El Templo será destruido», es decir, no hay «Dios-para-vosotros», no es «vuestro Dios», no «reside entre vosotros» en sentido exclusivo. Dios no está con Israel para Israel, sino para el mundo, y si Israel lo «utiliza» para sí mismo, Dios no está con Israel.

«El Templo será destruido» es la mayor blasfemia que se puede decir a un Israelita que ha entendido que Dios está ahí como seguridad del pueblo.

La aplicación a la Iglesia y a nuestra espiritualidad es evidente. Nosotros y la Palabra. Solemos tener dos tentaciones:

1. Inventar la Palabra. No podemos ir alegremente a la Escritura para ver qué se me ocurre. Ni jugar con la Palabra. La Escritura tiene un sentido, y en eso, en lo que dice el autor, está (o puede estar) la Palabra.

No pocas veces acudimos a la lectura de la Escritura como a un libro mágico, a través de cuyas frases Dios me dirige un mensaje oportuno para el momento en que vivo. El cristiano es un «oyente de la Palabra» habitual, no ocasional, vive de la Palabra siempre, no simplemente acudiendo a ella como a un recetario para casos de emergencia.

2. Dios de vivos. No caigamos en los mismos errores que acabamos de denunciar. La Palabra de Dios no nos ha dicho «cómo» es la inmortalidad, la Resurrección, el Cielo.

La misma palabra «resurrección» es engañosa: dada la evidencia de la muerte corporal, y la nebulosa de aquella cultura sobre el compuesto humano (cuerpo-mente-alma-espíritu), la palabra «resurrección» evoca una imagen física del cuerpo, nuevamente animado por el «espíritu» (el soplo de Dios), que se levanta, por la fuerza de Dios, después de morir.

Son imágenes, maneras de visibilizar las creencias. Tampoco hoy tenemos ideas claras sobre el ser completo del hombre; recurrimos a Pitágoras y Platón y hablamos de cuerpo-alma, pero esto no es Palabra de Dios sino una teoría filosófica con muchos problemas, y con la ventaja de que no tenemos otra mejor.

Pero lo que se nos ha comunicado es un mensaje religioso, no antropológico: «no morirás» significa que la vida humana es más que la vida visible, material, temporal.

«Cómo puede ser eso», no se nos ha comunicado. Y recurrimos a los símbolos. Pablo lo define como una gestación: aún no hemos sido dados a luz. La muerte como parto, como liberación, como llegada a la Vida. Otra imagen es el Pueblo Peregrino en el desierto, que camina hacia la Patria, hacia la Casa del Padre. Y lo que importa es llegar.

Todas las imágenes son buenas, aunque todas insuficientes. («Ni ojo vio, ni oído oyó, ni naturaleza alguna puede imaginar lo que Dios reserva para sus elegidos» Romanos 8,18.)

No puede concebirse siquiera la enseñanza de Jesús sin una referencia expresa a «la vida eterna». Creo que a veces se hace una lectura muy reductiva de la «escatología» de Jesús, limitándola a «la llegada inminente del fin de los tiempos».

Lo que está más claramente presente en Jesús es la llegada cierta del fin del tiempo de cada persona y, como consecuencia, el valor de esta vida para La Vida.

Para explicar esto hemos construido muchas imágenes, pero la mejor imagen de la relación entre esta vida y La Vida está sin duda en las «parábolas vegetales» de Jesús: la relación entre la semilla y la cosecha. Se siembra en la tierra, parece que la semilla muere, pero germina y da fruto centuplicado.

Por esto, la relación entre esta vida y la otra de ninguna manera destruye el valor de esta vida. Al revés, esta vida queda revalorizada, puesto que el resultado de lo que hacemos en esta vida es definitivo, es para siempre. Pablo lo dijo muy bien:

«cuando esto corruptible se revista de incorruptibilidad, y esto mortal se revista de inmortalidad, entonces se cumplirá lo que está escrito: «¿Dónde está, muerte, tu victoria…?» (1 Cor. 15,53)

Todo esto tiene aplicación a la persona y a la humanidad. Sembrar vida eterna no es simplemente un tema individual; construir la humanidad aquí es sembrar la humanidad eterna.

Dar de comer al hambriento, atender al que fue asaltado por ladrones… es decir, crear aquí una humanidad liberada de males no es el final, porque todo esto acaba en la muerte, pero es la siembra, que florecerá en cosecha definitiva.

¿Cómo puede ser eso? Volvamos a la fidelidad a la Palabra y al reconocimiento de que solamente sabemos lo que la Palabra nos ha dicho. «No se puede ver a Dios sin morir» significa que solamente en La Vida contemplaremos la verdad entera.

En palabras de Juan: «Aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que cuando se manifieste seremos semejantes a Él, porque le veremos cara a cara» (I Jn. 3,2)

Pero la esencia del mensaje es más profunda. ¿Por qué creemos en la vida más allá de la muerte? Porque creemos en Abbá. Como siempre, como todo, esta es la fuente de toda la fe. Si creemos en Jesús aceptamos, ante todo, su mensaje sobre Dios. Dios no es el ingeniero todopoderoso que crea una máquina y cuando se estropea la tira, sin más.

Dios es la Madre que engendra hijos por amor y por amor trabaja por sacarlos adelante. A nuestras madres, se les mueren los hijos. A nosotros se nos mueren los padres, los amigos… porque no somos todopoderosos. Si lo fuéramos, no se nos morirían. Pero nosotros creemos en Abbá, todopoderoso.

Creemos en el Amor Todopoderoso. Y al amor todopoderoso no se le mueren los hijos.

Cuando recitamos el Credo decimos: «creo en Dios Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra». Y no lo decimos bien, porque esto, con la mentalidad de Jesús, significa: «Creo que el Todopoderoso Creador del cielo y de la tierra es mi papá».

Nuestra fe en la vida después de la muerte es sencillamente confianza en Abbá.

José Enrique Galarreta

*ORAR CON EL EVANGELIO.(lLc.20.27-38)

*DOMINGO XXXII. T.O-C- Noviembre 10
* Cada domingo la comunidad cristiana proclama la fe en la Resurrección y en la plenitud de vida en Dios.
Jesús nos habla de la Resurrección distinguiendo entre “esta vida” y “la futura”, para indicar que no se trata de una continuidad de la vida actual en un tiempo sin límite. Se trata (si podemos hablar así) del nacimiento a la vida totalmente nueva y en plenitud que Dios nos concederá renovados y en comunión con El.
* Jesús, ante la pregunta que le hacen, los saduceos que son sus enemigos, para “atraparlo” con el fin de ridiculizar las enseñanzas de Jesús. (Los saduceos son en aquél tiempo, figura de poder, materialistas, dominadores). La respuesta que les da Jesús, sigue como dos caminos. Por un lado les dice que la vida futura de los resucitados es una vida transfigurada (son hijos de Dios) No es continuidad de esta vida.
Por otro, la respuesta de Jesús está en Dios ya dicho por Moisés con autoridad a los judíos: “Dios es un Dios de vivos no de muertos”.
* Si de las manos de Dios han brotado la vida y el ser humano, y en esas manos estamos. Si Dios es nuestro Padre misericordioso, lo normal es pensar en una vida para siempre y feliz junto a Él. Dios origen y meta de nuestra vida, es también, la garantía de nuestra esperanza. Esta esperanza de la Resurrección es parte integral y esencial de la fe cristiana y no podemos ocultarla. Hay que proclamarla.
* Por eso en todas las Eucaristía unidos decimos:
“ANUNCIAMOS TU MUERTE, PROCLAMAMOS TU RESURRECCIÓN”…

• ORACIÓN

Jesús nos dice: “YO SOY LA RESURRECCIÓN Y LA VIDA el que cree en mí no morirá para siempre”
¿Creemos de verdad esto?
La respuesta a esta pregunta es lo principal de nuestra fe y fe es creer, confiar, fiarnos de Jesús.
La fe en la Resurrección es causa de nuestra alegría. Él, Jesús de Nazaret es la Vida por eso nosotros la queremos vivir con entrega.
Tu Palabra, Señor es nuestra luz, nuestra vida y toda nuestra ilusión está en lo que tú nos dices.
Pase lo que pase, creemos en Ti; en tus manos nos sentimos seguros.
Queremos vivir ahora la vida con alegría y entrega, como un don a compartir y entre todos seguir construyendo el Reino que es ahora y aquí, para luego gozarlo en plenitud llegando a tus brazos al final de este camino.
Ayúdanos, Jesús de TODOS, a vivir dando gracias por tu amor gratuito con nosotros y haciendo el bien ayudándonos mutuamente. AMÉN
* SEGUIMOS ORANDO
*Jesús Resucitado, con tu vida hemos descubierto el amor pleno del Padre: para el todos estamos vivos. Cuando Tú nos hablas de “Vida y Resurrección”, sales a nuestro encuentro en lo cotidiano, nos propones un mensaje que lleva a la libertad, a la entrega desinteresada.
Necesitamos, Jesús de Nazaret, abrirnos a esa luz de participar plenamente en la resurrección, pero sabiendo que el camino es la vida presente, vivida en coherencia y fidelidad, ya que el “martirio” (sufrimientos y dificultades), nos hacen superar el materialismo y comodidad que nos impiden llegar a la vida plena que Tú nos ofreces. Tú vida, Jesús Salvador, es nuestro camino: no hay miedo al Dios que nos ama siempre; queremos como Tú, responder a ese Amor sin medida. Tú y el Padre sois uno mismo y siempre nos acompañáis en el camino. La confianza en vuestro Amor a todos. Queremos que nos mantengan firmes en la lucha de cada día; sólo al final nos vendrá, la perfección, la resurrección y la vida plena.
AYÚDANOS, JESÚS RESUCITADO. AMÉN
* ZURIÑE

32. IGANDEA URTEAN ZEHAR, «NORBERAREN ERABAKIA-DECISIÓN DE CADA UNO», José A. Pagola

NORBERAREN ERABAKIA

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio

Lukas 20, 27-38

Eclesalia.- Jesus ez zen saiatu betiko biziaz asko hitz egiten. Ez zuen inor engainatu nahi, heriotzaz harako biziaz irudipenezko deskripzioak eginez. Alabaina, haren bizitza guztiak eragiten digu esperantza izatera. Sufrimena arinduz bizi da eta jendea beldurretik liberatuz. Jainkoaz guztizko konfiantza kutsatzen du. Bere grina, bizitza guztientzat gizakoiago eta zoriontsuago egitea du, guztien Aitak nahi duen bezala.

Soilik, piztuerari buruzko fedea barregarri jarri nahian, saduzearren talde bat hurbildu zaionean, atera zaio Jesusen bihotz fededunari bere bizitzaren sostengu eta arnasa duen konbentzimendu hau: Jainkoa «ez da hildakoen Jainko bat, baizik eta bizidunena, harentzat denak baitira bizidun».

Xumea du bere fedea. Egia da, geure pertsona hildakoengatik negar egiten dugula guk, hiltzean, hemen lurrean galdu egin ditugulako; Jesusi, ordea, ezin zaio burutik pasatu ere, Jainkoari hartaraino maite dituen bere seme-alabak hiltzen zaizkiola. Ezinezkoa da hori. Haiekin bere bizia partekatzen jarraitzen du Jainkoak, ulertezineko bere maitasunean onartuak baititu.

Gure aldi honen ezaugarririk kezkagarriena esperantza-krisia da. Azken Etorkizunaren ikuspegia galdua dugu, eta bizitzaldi honetako itxaropen txikiak ez dira gauza gu kontsolatzeko. Esperantza-falta hau hainbat jenderengan bizitzaren konfiantza-falta eragiten ari da. Ezerk ez du pena merezi. Aise sortzen da orduan guztizko nihilismoa.

Esperantza-faltaren aldi hau, ez ote zaigu eragozten ari guztioi, fededun eta fedegabe, barnean ditugun galderarik errotikoenak egitea? Askok dudan jarri duten Jainko hori, aski jendek alde batera utzia duen Hori, baina jende askok galdegai duen Hori, ez ote dugu geure azken oinarria, bizitzan errotiko konfiantzaren sostengu izan dezakeguna? Bide guztien akaberan, gure gurari guztien hondoan, gure galdekizun eta borroken barnean, ez ote dago Jainkoa, bila gabiltzan salbazioaren azken Misterio gisa?

Fedea hor ari zaigu gelditzen, geure barneko txokoren batean kuzkurturik, garrantzi txikiko gauza bezala, aldi honetan jada zaintzea merezi ez duen gauza bezala. Hala ote da? Egia esan, sinestea ez da gauza erraza, baina zaila da ez sinestea ere. Bitartean, bizitzaren azken misterioa oihuka ari zaigu eskatzen erantzun argi eta erantzukizunezko bat.

Norberaren erabakia da erantzun hau. Erabat ezabatu nahi ote dut neure bizitzatik heriotza baino harago doan esperantza oro, bizitzen lagunduko ez ligukeen sasi-ilusioa balitz bezala? Ala, bihotza irekirik eduki nahi dut bizitzaren azken Misterioaren aurrean, konfiantzaz espero izanik hortxe aurkituko dudala orain dagoeneko bilatzen dudan erantzuna, harrera eta betetasuna?

32 Tiempo ordinario (C) Lucas 20, 27-38

DECISIÓN DE CADA UNO

ECLESALIA, 06/11/13.- Jesús no se dedicó a hablar mucho de la vida eterna. No pretende engañar a nadie haciendo descripciones fantasiosas de la vida más allá de la muerte. Sin embargo, su vida entera despierta esperanza. Vive aliviando el sufrimiento y liberando del miedo a la gente. Contagia una confianza total en Dios. Su pasión es hacer la vida más humana y dichosa para todos, tal como la quiere el Padre de todos.

Solo cuando un grupo de saduceos se le acerca con la idea de ridiculizar la fe en la resurrección, a Jesús le brota de su corazón creyente la convicción que sostiene y alienta su vida entera: Dios “no es un Dios de muertos, sino de vivos, porque para él todos son vivos”.

Su fe es sencilla. Es verdad que nosotros lloramos a nuestros seres queridos porque, al morir, los hemos perdido aquí en la tierra, pero Jesús no puede ni imaginarse que a Dios se le vayan muriendo esos hijos suyos a los que tanto ama. No puede ser. Dios está compartiendo su vida con ellos porque los ha acogido en su amor insondable.

El rasgo más preocupante de nuestro tiempo es la crisis de esperanza. Hemos perdido el horizonte de un Futuro último y las pequeñas esperanzas de esta vida no terminan de consolarnos. Este vacío de esperanza está generando en bastantes la pérdida de confianza en la vida. Nada merece la pena. Es fácil entonces el nihilismo total.

Estos tiempos de desesperanza, ¿no nos están pidiendo a todos, creyentes y no creyentes, hacernos las preguntas más radicales que llevamos dentro? Ese Dios del que muchos dudan, al que bastantes han abandonado y por el que muchos siguen preguntando, ¿no será el fundamento último en el que podemos apoyar nuestra confianza radical en la vida? Al final de todos los caminos, en el fondo de todos nuestros anhelos, en el interior de nuestros interrogantes y luchas, ¿no estará Dios como Misterio último de la salvación que andamos buscando?

La fe se nos está quedando ahí, arrinconada en algún lugar de nuestro interior, como algo poco importante, que no merece la pena cuidar ya en estos tiempos. ¿Será así? Ciertamente no es fácil creer, y es difícil no creer. Mientras tanto, el misterio último de la vida nos está pidiendo una respuesta lúcida y responsable.

Esta respuesta es decisión de cada uno. ¿Quiero borrar de mi vida toda esperanza última más allá de la muerte como una falsa ilusión que no nos ayuda a vivir? ¿Quiero permanecer abierto al Misterio último de la existencia confiando que ahí encontraremos la respuesta, la acogida y la plenitud que andamos buscando ya desde ahora? (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

*ORAR CON EL EVANGELIO:(Lc.19.1-10)

DOMINGO XXXI. T.O-C- 3 NOVIEMBRE

* El relato de Zaqueo es una página ejemplar del modo de actuar evangélico. Es la denuncia de todo tipo de sectarismo por un lado, y modelo de discernimiento por otro.
Es aleccionadora la actuación de Zaqueo, un hombre con una posición social en Jericó, rico propietario, jefe de recaudadores, pero “bajo de estatura” en todo su vivir. Zaqueo sabe reaccionar y dar un giro nuevo a su vida. Busca algo diferente. Siente la necesidad de encontrarse con Jesús, acoge su mensaje y toma la única decisión que le puede salvar..
* Jesús hace lo que cree que debe hacer, por encima de críticas y murmuraciones. Y Zaqueo es “pescado” con sensibilidad exquisita. El que “quería ver” fue visto. La curiosidad y admiración le llevan a un cambio radical. Zaqueo, al sentirse apreciado por Jesús, y tratado con normalidad, descubre que puede “elevar su estatura” y se reencuentra con la alegría de vivir.
* Cuando Zaqueo subió a la higuera para ver a Jesús, probablemente no pensaba en las consecuencias de su acto de curiosidad. Zaqueo se convierte y es signo esperanzado de una nueva sociedad.
* “Levantó Jesús la visa y le dijo:: ¡Zaqueo!… Baja enseguida: Hoy tengo que alojarme en tu casa. Él, bajó enseguida y lo recibió muy contento.
Zaqueo se puso en pie y le dijo a Jesús; “Mira la mitad de mis bienes se la doy a los pobres y si a alguien le he sacado dinero se lo devolveré cuatro veces”.
• Jesús le contestó” Hoy ha llegado la salvación a esta casa”.
• Vale la pena tener el deseo que tenía Zaqueo de conocer a Jesús. Y es necesario que sepamos buscarle donde el propio Jesús nos indica: en “nuestra casa”, es decir, en nuestra interioridad personal, donde la Palabra de Dios puede resonar con toda su fuerza.

ORACIÓN
Jesús de Nazaret. También nosotr@s nos identificamos con Zaqueo, porque somos
“Bajos de estatura”
y necesitamos salir de nuestra “pequeñez”, es decir de la falta de generosidad hacia l@s demás.
Quieres “alojarte en nuestra casa” es decir, en nuestro interior.Deseas nuestra conversión y cambio, para que nuestras vidas sean transformadas y poder afirmar de nuevo:
“Hoy ha sido la salvación de esta casa”.
Reconocemos que sin tu ayuda, no podemos superar nuestra fragilidad y pequeñez. Pero, Tú a tod@s perdonas porque eres amigo de la vida.
Esta es nuestra esperanza, Jesús de Nazaret, y nuestro propósito de conversión. AMÉN

SEGUIMOS ORANDO

Señor, Tu me estas llamando. Y yo tengo miedo de decirte que sí. Tu me buscas y yo trato de esquivarte.
y así no acabo de entender que es lo que deseas de mi.
Tú esperas una entrega completa. Es cierto, y yo a veces estoy dispuesto a realizarla en la medida de mis fuerzas.
Tu gracia me empuja por dentro y en esos momentos todo me parece fácil.
Pero bien pronto me planto, vacilo. Dame fuerzas, Ilumíname en la elección de lo que Tú deseas. Estoy dispuesto, Señor. AMÉN
*ZURIÑE

31 DOMINGO T.O., «ESTÁS SALVADO EN LA MEDIDA QUE COMPARTAS» Fray Marcos

Escrito por Fray Marcos

FE ADULTA

Lc 19, 1-10

Una vez más se manifiesta la actitud de Jesús hacia los «pecadores», pero hoy de una manera muy concreta. Nos está diciendo cómo tenemos que comportarnos con los que hemos catalogado como malos. Está denunciando nuestra manera de proceder equivocada, es decir, no acorde con el espíritu de Jesús. Solo Lucas narra este episodio. No sabemos si es un relato histórico; pero que lo sea o no, no es lo importante, lo que importa es la manera de narrarlo y las enseñanzas que quiere trasmitirnos, que son muchas.

Es importante recordar que Lucas es el evangelista que más insiste en la imposibilidad de que los ricos entren en el Reino. Unos versículos antes, acaba de decir Jesús: ¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el Reino de Dios! En este episodio resulta que llega la salvación a un rico que además es pecador público. Sin duda Lucas está reflejando la situación de su comunidad, en la que se estaban ya incorporando personas ricas que daban el salto del seguimiento sin tener que abandonar su situación social y su trabajo. La única exigencia es salir de la injusticia y pasar a compartir lo que tienen con los que no tienen nada.

En el relato hay que presuponer más cosas y más importantes de las que dice: ¿Por qué Zaqueo tiene tanto interés en conocer a Jesús, aunque sea de lejos? ¿Cómo es que Jesús conoce su nombre? ¿Cómo tiene tanta confianza Jesús para autoinvitarse a hospedarse en su casa? ¿Qué diálogo se desarrolló entre Jesús y Zaqueo para que éste haga una promesa tan radical y solemne? Solo las respuestas a estas preguntas darían sentido a lo que sucedió. Pero es precisamente ese itinerario interno de ambos, que no se puede expresar, el que marca la relación profunda entre Jesús y Zaqueo.

La reflexión de este domingo conecta con la del domingo pasado: el fariseo y el publicano. ¿Os acordáis? El creernos seguros de nosotros mismos nos lleva a despreciar a los demás, a no considerarlos; sobre todo, si de antemano los hemos catalogado como «pecadores». Incluso nos sentimos aliviados porque no alcanzan la perfección que nosotros creemos haber alcanzado, y de esta manera podremos seguir mirándolos por encima del hombro. «Todos murmuraban diciendo: ha entrado a comer en casa de una pecador».

Zaqueo era jefe de publicanos y además, rico. Pecador, por colaboracionista y por el modo de adquirir las riquezas. Tiene deseos de conocer a Jesús, pero, ¿cómo se podía atrever a acercarse a él? Todos le señalarían con el dedo y le dirían a Jesús que era un pecador. Podemos imaginar la cara de extrañeza y de alegría que pondría cuando oye a Jesús llamarle por su nombre; lo que significaría para él, que alguien, de la categoría de Jesús, no solo no le despreciase, sino que le tratara incluso con cariño. Zaqueo se siente aceptado como persona, recupera la confianza en sí mismo y responde con toda su alma a la insinuación de Jesús. Por primera vez no es despreciado por una persona religiosa. Su buena disposición encuentra acogida y se desborda en total apertura a la verdadera salvación.

Una vez más utiliza Lucas la técnica literaria del contraste para resaltar el mensaje. Dos extremos que podíamos denominar Vida-Muerte. Vida en Jesús que manifiesta lo mejor de sí mismo abriéndose a otro ser humano con limitaciones radicales que le impiden ser él mismo. Vida en Zaqueo que, sin saber muy bien lo que buscaba en Jesús, descubre lo que le restituye en su plenitud de humanidad y lo manifiesta con la oferta de una relación más humana con aquellos con los que había sido más inhumano. Muerte en la multitud que, aunque sigue a Jesús físicamente, con su opacidad impide que otros lo descubran. Muerte en «todos», escandalizados de que Jesús ofrezca Vida al que solo merecía desprecio.

A la vista del resultado de la manera de actuar de Jesús, yo me pregunto. ¿Hemos actuado nosotros como él, a través de los dos mil años de cristianismo? ¿Cuántas veces con nuestra actitud de rechazo truncamos esa buena disposición inicial y conseguimos desbaratar una posible liberación? Al hacer eso, creemos defender el honor de Dios y el buen nombre de la Iglesia. Pero el resultado final es que no buscamos lo que estaba perdido y, como consecuencia, la salvación no llega a aquellos que sinceramente la buscan. Como Zaqueo, hoy muchas personas se sientes despreciadas por los dirigentes religiosos, y además, los cristianos con nuestra actitud, seguimos impidiéndoles ver al verdadero Jesús.

Muchas personas que han oído hablar de Jesús quisieran conocerlo mejor, pero se interpone la «muchedumbre» de los cristianos. En vez de ser un medio para que los demás conozcan a Jesús, somos un obstáculo que no deja descubrirlo. ¡Cuánto tendría que cambiar nuestra religión para que en cada cristiano pudiera descubrirse a Cristo! Estar abiertos a los demás, es aceptar a todos como son, no acoger solamente a los que son como yo. Si la Iglesia propone la actitud de Jesús como modelo, ¿por qué se parece tan poco nuestra actitud a la de Jesús? Ya lo dice el refrán: Una cosa es predicar y otra dar trigo.

Siempre que se ha consumado una división entre cristianos (cisma), habría que preguntarse quién tiene más culpa, el que se equivoca pero defiende su postura con honradez o la intransigencia de la iglesia oficial, que llena de desesperanza a los que piensan de distinta manera y les hace tomar una postura radical. Lutero por ejemplo, no pretendía una separación de Roma, sino una purificación de los abusos que los jerarcas de la iglesia estaban cometiendo. ¿Quiere decir esto que Lutero era el bueno y el Papa y los cardenales malos? Ni mucho menos; pero con un poco más de comprensión y un poco menos de soberbia, se hubiera evitado una división que tanto daño ha hecho al cristianismo.

Hacer nuestro el espíritu de Jesús es caminar por la vida con el corazón y los brazos siempre abiertos. Estar siempre alerta a los más pequeños signos de búsqueda. Acoger a todo el que venga con buena voluntad, aunque no piense como nosotros; incluso aunque esté equivocado. Estar siempre dispuestos al diálogo y no al rechazo o la imposición. Descubrir que lo más importante es la persona, no la doctrina ni la norma ni la ley.

No acogemos a los demás, no nos paramos a escuchar, no descubrimos esa disposición inicial que puede llevar a una auténtica conversión. Acogida con sencillez tenía que ser la postura de los seguidores de Jesús. Apertura incondicional a todo el que llega a nosotros con ese mínimo de disposición, que puede reducirse a simple curiosidad, como en el caso de Zaqueo; pero que puede ser el primer paso de un auténtico cambio. No terminar de quebrar la caña cascada, no apagar la mecha que todavía humea, ya sería una postura interesante; pero hay que ir más allá. Hay que tratar de restablecer y vendar la caña cascada, tratar de avivar la mecha que se apaga.

El final del relato no tiene desperdicio: «He venido a buscar y salvar lo que estaba perdido». ¿Cuándo nos meteremos esto en la cabeza? Jesús no tiene nada que hacer con los perfectos. Solo los que se sienten perdidos, podrán ser encontrados por él. Esto no quiere decir que Jesús tenga la intención de restringir su misión. Lo que deja bien manifiesto es que todos fallamos y todos necesitamos ser recuperados. Claro que solo el que tiene conciencia de estar enfermo estará dispuesto a buscar un médico.

La salvación de la que aquí se habla no es conseguir el cielo en el más allá, sino repartir y compartir en el aquí y ahora. Pero esta lección no nos interesa ni como individuos ricos ni como iglesia. Para nosotros es preferible dejar las cosas como están y predicar una salvación para el más allá que nos permita mantener los privilegios de que gozamos aquí y ahora. En realidad no nos interesa el mensaje de Jesús más que en cuanto podamos manipularlo.

Meditación-contemplación

«El hijo de Hombre ha venido a salvar lo que estaba perdido».

Solo lo que está perdido, necesita ser buscado.

Solo el que se siente enfermo irá a buscar al médico.

Solo si te sientes extraviado te dejarás encontrar por él.

……………..

No se trata de fomentar los sentimientos de culpabilidad.

Tampoco de sentirse «indigno pecador».

Se trata de tomar conciencia de la dificultad del camino

y sentir la necesidad de ayuda para alcanzar la meta.

………………

Se trata de sentir la fuerza de Dios en lo hondo de mi ser.

Pero también de buscar y aceptar la ayuda de los demás,

que van un poco por delante y saben por dónde debo caminar.

Si me empeño en caminar en solitario, seguro que me perderé.

……………..

Fray Marcos

31. IGANDEA URTEAN ZEHAR, «JESUSENTZAT ITXAROPENIK GABEKO KASURIK EZ-PARA JESÚS NO HAY CASOS PERDIDOS»

JESUSENTZAT  ITXAROPENIK GABEKO KASURIK EZ-PARA JESÚS NO HAY CASOS PERDIDOS

31. IGANDEAN ZEHAR, Lk. 19, 1-10

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

ECLESALIA, 30/10/13 Jesusek sarritan jartzen gaitu erne arrisku honetaz: diruaren saihets ezineko lilurak harrapaturik gelditzeko arriskuaz, alegia. Pertsona baten bizitza hondatzeraino irits daiteke ongizate materiala ase ezineko moduan opa izateak. Ez da beharrezkoa oso aberats izatea. Jesusen arabera, «zure altxorra non, zure bihotza han».

Gizatasuna hondatzeko diruak duen arriskuaren ikuspegi hau ez da Galileako Profeta haserretuaren baliabide bat. Askotariko azterketek miatu dute diruaren botere galgarri hori, buru-babeserako pultsio edo bulkada sakonen indarrari lotua den aldetik, segurtasunaren bilatzea eta gure bizitzaren hondatzea den aldetik.

Halaz guztiz, Jesusentzat, diruak sortzen duen lilura hori ez da sendaezineko gaixotasun bat. Daitekeena da haren esklabotzatik askatu eta biziera sanoago bat hastea. Aberatsa ez da «esperantzarik gabeko kasu bat». Oso argitzailea da Lukasen kontakizuna, Jesusek Jerikoko gizon aberats batekin egindako topo egiteaz eman diguna.

Hiria zeharkatzean, eszena bitxi baten aurrean gertatu da Jesus. Altuera txikiko gizon bat pikondo batera igo da, Jesus igarotzean hurbiletik ikusteko. Ezezaguna dugu gizona. Aberats bat da, «zerga-biltzaileen buruzagi» boteretsu bat. Jerikoko jendearentzat, pertsona mespretxagarria, zerga-biltzaile ustela eta eskrupulurik gabea, kasik guztiak bezala. Talde erlijiosoentzat, berriz, «bekatari bat» da, ezin konbertitu bat, salbazio orotatik baztertua.

Alabaina, Jesusek proposamen harrigarria egin dio: «Zakeo, jaitsi berehala, zure etxean hartu behar dut ostatu eta». Bekatari batek bere etxean onar dezan nahi du Jesusek, guztiek mespretxatzen duten gizon honek bizi duen diru- eta botere-munduan onar dezan. Berehala jaitsi da Zakeo eta poz-pozik onartu du Jesus. Ez du beldurrik pobreen Defendatzaileari bere bizitzan sartzen uzteko.

Lukasek ez du azaltzen zer gertatu zen etxe hartan. Hau diosku soilik: Jesusekin izandako harremanak errotik aldarazi duela Zakeo aberatsa. Erabaki sendoa hartu du. Aurrerantzean gogoan izango ditu pobreak: haiekin partekatuko ditu bere ondasunak. Gogoan izango ditu abusatuz biktima egin dituenak ere: gainezka itzuliko die ostu diena. Haren bizitzan, zuzentasuna eta maitasun solidarioa ezarri ditu Jesusek.

Jesusen hitz miresgarri hauekin bukatu du Lukasek kontakizuna: «Salbazioa sartu da gaur etxe honetan. Abrahamen semea da hau ere. Galdurik zenaren bila eta halakoa salbatzea etorri baita Gizonaren Semea». Aberatsak ere konberti daitezke. Dena da posible Jesusekin. Ez dezagula ahaztu hori sekula. Bila etorri da Jesus eta salbatzera guk agian galbidean jartzen dugun hura. Jesusentzat ez da esperantzarik gabeko kasurik.

31 Tiempo ordinario (C) Lucas, 19 1-10

PARA JESÚS NO HAY CASOS PERDIDOS
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com
ECLESALIA, 30/10/13.- Jesús alerta con frecuencia sobre el riesgo de quedar atrapados por la atracción irresistible del dinero. El deseo insaciable de bienestar material puede echar a perder la vida de una persona. No hace falta ser muy rico. Quien vive esclavo del dinero termina encerrado en sí mismo. Los demás no cuentan. Según Jesús, “donde esté vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón.

Esta visión del peligro deshumanizador del dinero no es un recurso del Profeta indignado de Galilea. Diferentes estudios analizan el poder del dinero como una fuerza ligada a pulsiones profundas de autoprotección, búsqueda de seguridad y miedo a la caducidad de nuestra existencia.

Sin embargo, para Jesús, la atracción del dinero no es una especie de enfermedad incurable. Es posible liberarse de su esclavitud y empezar una vida más sana. El rico no es “un caso perdido”. Es muy esclarecedor el relato de Lucas sobre el encuentro de Jesús con un hombre rico de Jericó.

Al atravesar la ciudad, Jesús se encuentra con una escena curiosa. Un hombre de pequeña estatura ha subido a una higuera para poder verlo de cerca. No es desconocido. Se trata de un rico, poderoso “jefe de recaudadores”. Para la gente de Jericó, un ser despreciable, un recaudador corrupto y sin escrúpulos como casi todos. Para los sectores religiosos, “un pecador” sin conversión posible, excluido de toda salvación.

Sin embargo, Jesús le hace una propuesta sorprendente: “Zaqueo, baja en seguida porque tengo que alojarme en tu casa”. Jesús quiere ser acogido en su casa de pecador, en el mundo de dinero y de poder de este hombre despreciado por todos. Zaqueo bajó en seguida y lo recibió con alegría. No tiene miedo de dejar entrar en su vida al Defensor de los pobres.

Lucas no explica lo que sucedió en aquella casa. Sólo dice que el contacto con Jesús transforma radicalmente al rico Zaqueo. Su compromiso es firme. En adelante pensará en los pobres: compartirá con ellos sus bienes. Recordará también a las víctimas de las que ha abusado: les devolverá con creces lo robado. Jesús ha introducido en su vida justicia y amor solidario.

El relato concluye con unas palabras admirables de Jesús: “Hoy ha entrado la salvación en esta casa. También este es hijo de Abraham. Porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido”. También los ricos se pueden convertir. Con Jesús todo es posible. No lo hemos de olvidar nadie. El ha venido para buscar y salvar lo que nosotros podemos estar echando a perder. Para Jesús no hay casos perdidos. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

* TODOS LOS SANTOS

ORAR CON EL EVANGELIO.(Mt. 5.1-12ª)

* El texto que leemos hoy se adentra al más allá humano, cuando el futuro, que siempre es Dios para nosotros, adquiere plenitud e intensidad y sentido. Así en esta plenitud están los que no has precedido y desde ella nos alientan a vivir los compromisos que nos dice el Evangelio: Las Bienaventuranzas. Bienaventurados son los que arriesgan aquí en su vivir. Los santos son los que ya lo han vivido. Y Mateo nos dice en 5,45: “Vosotros sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial; otros traducen por “sed buenos”. Todos estamos llamados a la santidad, esta es una realidad que la Iglesia como comunidad, no ha olvidado nunca.
* Los cristianos hemos deformado muchas veces la vida de los santos. Si eran santos, no podían ser humanos y tenían que hacer cosas rarísimas…. Pero los santos eran y son mucho más normales que todo eso. Fueron y son, personas como cualquiera de nosotros que, sencillamente, se pusieron en manos de Dios y le dejaron hacer.
* Entonces, ¿cómo podemos llegar nosotros a la santidad? Participando de la misma vida de Dios, dejándonos llevar por él, llenar por Él, siguiendo el modelo en Jesucristo. Cosa que no nos resulta fácil en nuestra vida y eso suele ser lo que nos mueve a acudir a los santos la mayoría de las veces… como para “arrancarles” favores que nos faciliten la vida; rara vez les pedimos “dame fortaleza en la dificultad como tuviste tu, dame confianza en medio de la oscuridad, dame interés por los pobres y necesitados, tiempo y energía para servir a los hermanos más pobres como lo hiciste tu…” a lo que sí nos ayuda Dios (y sus intermediarios, los santos) es a afrontar la vida con fe y con esperanza.
* Los santos vivieron las actitudes de las Bienaventuranzas, con un estilo evangélico proclamado por Jesús de Nazaret y por eso han alcanzado tal META; y por eso mismo nos invitan, nos animan y nos ayudan, a vivir también nosotros con estilo evangélico, el espíritu y la letra de las Bienaventuranzas.
* Hoy, fiesta de todos los santos, día sobre todo, para descubrir, sentir la Santidad del único Santo a través de quienes, habiendo sido personas como nosotros, han llegado a participar de la santidad de Dios. Día para fortalecer nuestra esperanza al ver a tantos hermanos nuestros que, con grandes dificultades y durezas consiguieron vivir evangélicamente y han alcanzado la plenitud de la vida junto a dios. Y día para ratificar nuestro compromiso de bautizados, de luchar por el Reino, trabajar por la paz y la justicia, por el bien de todos, especialmente por los más pequeños, los pobres y los más necesitados, conscientes de que ése y sólo ése, es el camino para ser perfectos, como nuestro Padre Celestial es perfecto.
* Bienaventuranza significa el deseo de felicidad y de alegría. Ese es el deseo de Dios Padre para sus hij@s. Eso nos ofrece Jesús de Nazaret y es el reto y tarea que debemos afrontar.
ORACIÓN
Te damos gracias Dios y Padre de Jesucristo y nuestro, porque nos has creado para la vida y la felicidad compartida con todos los que tu amas.
Gracias porque has puesto en nosotros el deseo de buscarte
Ayúdanos a buscarte y a buscar el bien y la felicidad de todos por los caminos que tu Palabra, y sobre todo tu Hijo Jesucristo, nos indican
Que no nos cansemos ante las dificultades y dudas, sino que tengamos la valentía de creer en la fuerza de tu Amor y tu Misericordia.
Ayúdanos a vivir de tal modo que el mundo de hoy pueda creer que de veras vale la pena seguir el proyecto vivido por JESÚS DE NAZARET. CAMINO, VERDAD Y VIDA. AMÉN.

SEGUIMOS ORANDO
Jesús de Nazaret, lo sabemos: Seremos bienaventurad@s, cuando curemos las heridas del herman@, cuando repartamos consuelo y esperanza.
*Seremos bienaventurad@s, cuando llenemos nuestros cestos y cántaros, compartiendo con tod@s el agua y el pan.
* Seremos bienaventurad@s, Señor, cuando vivamos tú Palabra y tu misma vida sin más., perdonando y amando a tod@s. compartiendo tu Bondad. AMÉN. ZURIÑE
* BIENAVENTURANZAS DE LA
REILUSIÓN
Felices quienes pueden ver y valorar los pequeños-grandes milagros que se producen cada día en nuestro mundo, desde el amanecer hasta la puesta de sol.
Felices quienes son capaces de prescindir de todo lo que les ata, porque ya son libres.
Felices quienes se bañan cada mañana en las aguas ardientes de la ternura y la alegría.
Felices quienes renacen cuando perciben que aún conservan destellos del niño o la niña que llevan dentro.
Felices quienes se reenamoran cada mañana y reinventan los besos, las flores, las palabras, las miradas.
Felices quienes oran sin prisa, sin método, como si conversaran con su mejor amigo.
Felices quienes sienten la amistad como un perfume siempre fresco, cuya fragancia les embriaga.
Felices quienes derraman una lágrima ante la imagen de una mujer maltratada.
Felices quienes descubren al atardecer de cada día qué es lo necesario y qué lo superfluo en su existencia.
Felices quienes siguen soñando, recuerdan sus sueños e intentan hacerlos realidad.
Felices quienes, cuando les aumentan el sueldo, analizan cuánto más pueden compartir.
Felices quienes se detienen en el sendero de la vida, miran a su alrededor con serenidad y continúan caminando.
Felices quienes se reservan cada día unos momentos de silencio para entrar gozosos en su corazón.
Felices quienes beben en las fuentes de la Palabra y de los acontecimientos cotidianos.
Felices quienes no se dejan abatir por los problemas, ni se complacen excesivamente en sus éxitos.
Felices quienes se conmueven y luchan por eliminar la miseria, el odio y la injusticia.
Felices quienes mantienen la esperanza, a pesar de tanta muerte, hambre y violencia.
Felices quienes celebran con gozo las pequeñas e importantes victorias de los pobres.
Felices quienes tejen con paciencia y firmeza a su alrededor redes de solidaridad.
Felices quienes intentan descubrir en los demás lo positivo que tienen y disculpan sus errores.
Felices quienes llenan su corazón de amor por la Madre Tierra y la cuidan con ternura.
Felices quienes mantienen una búsqueda permanente del Misterio en lo profundo de su corazón y en los demás.
Felices quienes vibran de gozo con su comunidad y se encuentran vacíos cuando están lejos de ella.
Felices quienes son vulnerables, lloran, gozan y se mantienen fieles, cercanos a los afligidos.
Felices quienes son perseguidos por seguir tercamente la estrella de la utopía.
Felices quienes han descubierto que su cadena original de ADN y la de la humanidad es el amor y la solidaridad.
Felices quienes trabajan por la paz en su vida y luchan a la vez por la justicia en el mundo.
Felices quienes han descubierto que la pobreza no libera, pero los empobrecidos sí.
Felices quienes se siguen asombrando, siguen jugando, riendo, contemplando, agradeciendo, acariciando, sintiendo.
Felices quienes saben contemplar y reconocer las huellas, el paso, los sentimientos que el buen Padre y Madre Dios va sembrando en su propia vida.
Felices quienes continúan fieles al amor de Dios manifestado en Jesús, pero abiertos al viento del Espíritu que sopla donde quiere, nos invita a ser libres, sin saber nunca hacia dónde nos encaminará. AMÉN (De Angel Mesa)
ZURIÑE

30 DOMINGO T.O.,»EL PECADO SUPREMO, CREERSE SIN PECADO» Fray Marcos

Escrito por  Fray Marcos
FE ADULTA

Lc 18, 9-14

Hoy el contexto literario no tiene importancia. En cambio es vital el contexto social y religioso en que se desarrolla la parábola.

Fariseo, para nosotros tiene, de entrada, una connotación muy negativa; sería una persona falsa, artificial e hipócrita, que lo único que busca es que los demás lo tengan por bueno, sin importarle nada serlo o no. Con esta idea es imposible entender el evangelio de hoy. No, el fariseo del tiempo de Jesús era un hombre piadoso y muy religioso. En realidad era el grupo más religioso y más fiel a la Ley. Hacía mucho más de lo que la Ley exigía, precisamente para garantizar su cumplimiento. Solo si tenemos en cuenta esto, podemos descubrir el profundo alcance de la parábola.

Publicano era en tiempo de Jesús, un judío que se dedicaba a cobrar los impuestos que la potencia ocupante exigía. Parece que la palabra telwnhs (telonés) hacía referencia a los que tenían su puesto en las entradas de las ciudades o en las fronteras para cobrar las tasas establecidas. No era un «moscamuerta» como parece indicar el evangelio. Eran considerados pecadores públicos por dos razones. Primero, porque colaboraban con el imperio romano, y ningún judío podía reconocer otra autoridad que no fuera la de Dios. Segundo, porque se veían obligadas a cobrar más de lo establecido porque no tenían otra retribución.

La introducción a la parábola es esclarecedora: «…por algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de si mismos y despreciaban a los demás». Habría muchos fariseos que, siendo cumplidores de la Ley, ni se creían seguros ni despreciaban a los demás. Y habría publicanos que ni se sentían pecadores ni pedían perdón por sus culpas.

La elección de un fariseo y un publicano, sin matizaciones, no es inocente. Como en el caso del buen samaritano, tiene la intención de herir donde más les duele a los fariseos. Seguramente este matiz se debe a la comunidad cristiana una vez rotos los lazos con el judaísmo oficial.

La parábola no necesita explicación alguna. Se entiende perfectamente. El mensaje es revolucionario donde los haya. Trastoca toda la religiosidad de cualquier época. El bueno, el santo es rechazado por Dios. El pecador es aceptado. Esto será siempre un escándalo para los piadosos. Ningún cristiano de hoy sería capaz de presentar una hoja de servicios como la del fariseo del evangelio. Y sin embargo, no le sirve de nada. Ni siquiera en teoría hemos aceptado esta enseñanza. Un «buen» fariseo cumplidor sigue siendo el modelo.

Naturalmente, el fariseo no es rechazado por cumplir la Ley, sino a pesar de cumplirla escrupulosamente. Es rechazado por su actitud más profunda que se manifiesta en tres puntos:

1.- Se cree bueno.

2.- Desprecia a los demás porque no lo son.

3.- Pasa factura a Dios.

Tampoco el publicano es aceptado por obrar mal, sino por su actitud ante Dios:

1.- Reconoce su pecado.

2.- Pide perdón.

3.- Descubre la necesidad de un Dios que tenga compasión.

4.- Confía en ese Dios.

El mensaje es claro. Todas las buenas obras del mundo no sirven de nada si me llevan a una actitud de soberbia o simplemente me hace sentirme mejor que los demás. Esta segunda actitud nos afecta a todos.

Lo verdaderamente importante es descubrir lo que cada uno de nosotros tenemos de fariseo y de publicano. Las dos figuras conviven siempre. De entrada, no hay nadie absolutamente bueno ni absolutamente malo. Pero la mayoría no descubrimos lo que tenemos de malo y nos creemos por encima de los demás. En cambio el que descubre lo malo en sí mismo, está en mejores condiciones para adoptar la postura del publicano que le llevó a ser aceptado por Dios.

Lo más importante no es que consigamos ser perfectos cumplidores sino una actitud de humildad ante Dios y ante los demás. Esto no es nada fácil.

Como individuos estamos todos los días repitiendo la oración del fariseo explícita o implícitamente. Nos creemos con derecho a señalar con el dedo a los demás. Lo más mezquino de esta actitud es precisa¬mente que involucra al mismo Dios en ella: «Te doy gracias…» En realidad, lo que queremos decir es que es el mismo Dios el que tiene que estar agradecido.

No es en primera instancia orgullo ni hipocresía, sino falta absoluta de fe-confianza en Dios. No necesitamos confiar en Dios porque nuestras obras merecen más de lo que Dios nos puede dar. En el fondo, somos ateos porque no necesitamos a Dios para nada.

Como grupo, nunca ha habido tantas sectas en la Iglesia. La tendencia al capillismo de todo pelaje no es más que consecuencia de nuestro fariseísmo. Creemos que nuestra visión del cristianismo es la única auténtica y rechazamos a todo el que no la acepta.

Podemos despreciar a los demás porque son demasiado conservadores y siguen viviendo la religión como en la Edad Media. Pero también rechazamos a otros grupos porque se han embarcado en experimentos novedosos que considero contrarios a la norma.

De la misma manera que el fariseo rechaza a Dios cuando desprecia al publicano, el publicano rechaza al Dios de Jesús cuando desprecia al fariseo. Los dos peligros nos acechan constantemente.

Como iglesia, nos sentimos en posesión de la verdad, y despreciamos a los que no piensan o no actúan como nosotros. Hemos sido a través de la histeria los más intransi-gentes, los más acusadores, los más fanáticos, los más inquisidores, los más fariseos. Nos hemos sentido con derecho a juzgar a todo el mundo y a condenar a todo el que no es de los nuestros. Ninguna otra religión se sintió nunca más segura de sí misma, y ninguna ha despreciado más a las demás. Llegamos a decir (y muchos aún lo mantienen): «fuera de la Iglesia no hay salvación». Ninguna otra frase puede resumir mejor nuestro talante.

Estamos en una situación muy parecida a la que dio origen al fariseísmo allá por el sigo III y II antes de Cristo. El profetismo terminó con un fracaso estrepitoso y había que buscar otra manera de dar confianza a la gente. La utopía fue imposible, hay que volver a la ley. La garantía de la salvación está en el cumplimiento escrupuloso de la Ley.

La década de los sesenta y setenta fue una época de profetismo. Gandi, Lutero King, Oscar Romero, Ellacuría, la teología de la liberación, Juan XXIII, el concilio Vaticano II. Todas las expectativas se estrellaron contra la cruda realidad. El ser humano ha perdido la esperanza en la posibilidad de un mundo mejor. Es el mejor caldo de cultivo del fariseísmo. Nada de aventuras; volvamos al cumplimiento estricto de la Ley. No te preocupes del otro. Sálvate a ti mismo. Lo importante es cumplir la «voluntad de Dios». Despreciar a los demás que no cumplen esta voluntad es también la voluntad de Dios.

La causa de esta actitud no es más que un desconocimiento del hombre y un desconocimiento de Dios. O mejor, sacar las últimas conclusiones de un conocimiento demasiado racional de Dios y del hombre.

Tenemos que descubrir y denunciar con valentía que seguimos vendiendo como evangelio lo que no es más que el ideal griego de perfección, que los padres griegos identificaron con el evangelio. Para aquellos filósofos, la perfección consistía en que la parte superior de hombre, la razón llevara las riendas de la persona. Que nada escapara al control racional. Que apetitos, pasiones, sentidos, fueran regidos y controlados por la mente. Dejarse llevar del instinto era la mejor señal de embrutecimiento. Solo los que conseguían este objetivo podían considerarse plenamente humanos.

El gran peligro de este planteamiento es que en la medida que uno consigue ese objetivo, se siente superior a los demás y los desprecia.

Pero hay ago todavía peor: que no se alcance, a pesar de tenerlo como objetivo; entonces llega la necesidad de simulación. Hacer ver a los demás que lo has alcanzado, se convierte en el objetivo fundamental (fariseísmo de hoy).

Lo que nos dice Jesús está en la antípoda de este planteamiento. El seguidor de Jesús no es el «perfecto», sino el que necesita a un Dios que le ame sin merecerlo. «Las prostitutas, los pecadores os llevan la delantera en el Reino de Dios». No por ser pecadores, sino por reconocerlo humildemente y no despreciar a nadie.

Meditación-contemplación

«Ten compasión de este pecador».

Ninguna otra actitud puede alcanzar el favor de Dios.

Todo lo que soy depende del amor gratuito de Dios.

Este es el mayor de los consuelos.

……….

No tengo que preocuparme de méritos y virtudes.

Simplemente tengo que responder a un amor incondicional y eterno.

Lo que verdaderamente importa, nada ni nadie me lo puede arrebatar.

Los fallos se humanizan al reconocerlos.

………………

Si llegas a descubrir por experiencia (no de oídas) ese amor de Dios,

responderás amando como Dios te ama.

No sólo a Dios, sino a todos aquellos a quienes Él ama.

Este es el único mandamiento.

…………

Fray Marcos

 

*ORAR CON EL EVANGELIO:(Lc.18.9-14)

•DOMINGO XXX.T.O. –C-27 de OCUBRE

* En este domingo, Lucas en su evangelio, sigue metiéndonos en el “camino” de Jesús a Jerusalén y cómo en este camino va dando a sus discípul@s enseñanzas sobre la oración. El domingo pasado se nos decía el modo de hacerla: “sin desanimarse”, con “perseverancia”. Con “confianza”. Hoy se nos habla del espíritu, las actitudes con las que hay que orar.
Dios está con quien lo necesita. “Cuando uno grita, el Señor lo escucha y lo libra de sus angustias”, así lo vimos la semana pasada con la viuda.
Jesús, nos tiene acostumbrados al contraste en sus parábolas. La de este domingo del fariseo y publicano nos hace presente lo ridícula y desechable que es para Jesús la hipocresía. El fariseo, (como todos ellos en aquellos tiempos) teniéndose por justo (podía serlo), se sentía seguro de sí mismo y “despreciaba a l@s demás”. En cambio el publicano: Se humilla ante Dios y reconoce su pecado.
Sabemos que esto sucedió en tiempos de Jesús, y puede suceder en los nuestros.
Dios no puede perdonar a un engreído como el fariseo, y está siempre dispuesto a perdonar a un pecador como el publicano. Está siempre cerca del pobre, del necesitado. Esto no es ir contra las buenas obras, que siempre pide Jesús en el evangelio, es ir contra la soberbia humana que a veces se disfraza con las buenas obras. Yo hago, yo doy, yo… sin descubrir la gratuidad de Dios.
• Este domingo es una buena ocasión para examinar nuestra actitud cuando oramos. Porque puede suceder que, sin saberlo o sin quererlo, estemos orando “al estilo del fariseo”.
• La oración nunca es un yo aislado. El Dios cristiano se hace invocar como Padre “nuestro”. Y aunque esté en silencio, en escucha, siempre en nosotr@s hay un sentimiento fraternal. Aquí estoy Señor… pero luego volvemos con la gene, con los grupos, con la vida, para seguir anunciando y construyendo el Reino de Dios, aquí y ahora.
La oración es sin duda una gracia, un don y hay que pedirlo, por eso es necesario un esfuerzo, un querer orar un acoger para abrirse a la gracia. La oración cristiana brota de una vida al estilo del evangelio, creer como Jesús creía, siempre pensando en los demás. Toda nuestra vida (aunque agitada) nos dispone para la oración, pero no olvidemos, que la oración, nos dispone para la vida. El cristiano ora porque cree, pero a veces nos sentimos pobres y limitad@s y tenemos que pedir como los discípulos: Señor, auméntanos la fe”
• “Ven en ayuda de mi incredulidad”. “Señor, yo creo, pero aumenta mi fe”
• ORACIÓN
• Hacemos nuestra la oración del publicano que por su humildad, salió justificado:
¡Oh Dios!, ten compasión de nosotr@s que estamos llen@s de incoherencias, que queremos y
no podemos, nos proponemos y no llegamos, decimos y vemos la necesidad de la oración, y no oramos…
Ten compasión de nosotr@s, porque no hacemos florecer todo lo que tú has puesto dentro de nosotr@s en bien de los demás… Perdona que no saquemos bastante tiempo para disfrutar de tu AMOR Y AMISTAD
Quisiéramos no caer en fariseísmos, no juzgar a nadie. Sentirnos pobres.
Ten compasión de nuestra fragilidad, sigue invitándonos a tener vida en abundancia para seguir construyendo aquí y ahora tu Reino.
Somos pobres, pequeñ@s, incoherentes, pero ¡contigo todo lo podemos! Sigue enseñándonos a orar, a confiar a perseverar, a ayudar. Y que puedas decir después de nuestra oración.
“Ir en paz, habéis salido justificad@s” AMÉN – ZURIÑE
ORACIÓN DE UN PRESO DE LA CARCEL DE PAMPLONA
Te rezo, señor, desde la cárcel.
Supongo que mi súplica logrará atravesar todas las puertas y todas las rejas.
A Ti “¡qué suerte”! podemos rezarte en todas partes, porque tú siempre nos acompañas. Incluso estás preso con nosotros.
Acuérdate de mí, Señor, y de todos mis compañeros de prisión.
Acuérdate de nosotros, aunque algunas veces sólo nos acordemos de ti para blasfemarte.
Tú, Señor, júzganos con tu justicia. No hagas caso de las condenas que nos han puesto los hombres jueces, que en nada se parecen a Ti.
Enséñanos a vivir en paz; no nos hagamos la vida imposible; que no nos mueva el rencor, ni la envidia, ni la falsedad, ni la traición.
Acuérdate de nosotros cuando vamos midiendo el patio paso a paso, y deja en nosotros unas palabras de amistad y comprensión mutua.
Enciérrate con nosotros en la celda, vela nuestros sueños, para que al menos en sueños vivamos la libertad. Te hablamos de la libertad, Señor, porque Tú sabes que para nosotros es el don máximo y más cotizado; que siempre pensemos en nuestra libertad.
Que sepamos ganarnos la libertad, Señor, y que al recuperarla, consigamos vivirla en paz, sin perjudicar a nadie.
Cierra las cárceles, Señor, porque sólo son escuela de dolor, de soledad, de desesperación, de odio, de violencia.
Danos a todos, señor, el don del amor, de tu amor; que nos haga compartir; que nos ayude a perdonar; que nos llene el vacío de nuestros corazones; que nos haga sonreír aunque tengamos ganas de llorar.
También en las cárceles queremos amarte.
Muéstranos primero tu amor. Hazlo visible entre nosotros.
(De la revista Galería mes de Septiembre)
Sin duda, este preso, quedaría justificado por Jesús. Salvado.
ZURIÑE

30. IGANDEA URTEAN ZEHAR, ¿Quién soy yo para juzgar? / Nor naiz ni inor juzgatzeko?

Jose Antonio Pagola

Lk. 18, 9-14

Nor naiz ni inor juzgatzeko?/ ¿Quién soy yo para juzgar?

Fariseuaren eta zerga-biltzailearen parabolak, batetik, uko handia eragin ohi du kristau askorengan fariseuaren kontra, Jainkoaren aurrean harro eta bere buruaz seguru agertu den horren kontra; bestetik, berezko sinpatia-edo sortu ohi du zerga-biltzailearen alde, bere bekatua apal-apal aitortu duen horren alde. Paradoxikoki, kontakizunak sentimendu hau eragin lezake gugan: «Eskerrak, ene Jainko, fariseu hau bezalakoa ez naizelakoa».

Parabolaren mezua zuzen hartu ahal izateko, kontuan izan behar dugu hau: Jesusek ez du kontatu fariseuen taldekoak kritikatzeko, baizik beste hauen kontzientziari astindu bat emateko: «beren burua zintzotzat emanik, beren buruaz seguru sentitu eta gainerakoak mespretxatzen zituztenak». Hauen artean, egia esan, gure egun hauetako hainbat katoliko ikusten dugu.

Fariseuaren otoitzak haren barne jarrera agertzen digu: «Ene Jainko! Eskerrak zuri besteak bezalakoa ez naizelako». Zer otoitz-mota da gainerakoak baino hobeago sentitzen zarela adierazten duen hau? Legearen betetzaile leiala den fariseu bat bera ere bizi daiteke jarrera galdu honetan. Gizon honek zintzo jotzen du bere burua Jainkoaren aurrean eta, hain juxtu, horregatik bihurtu da epaile, bera bezalako ez direnak mespretxatu eta kondenatzeko.

Zerga-biltzaileak, aldiz, hau bakarrik du esaten: «Ene Jainko! Izan erruki bekatari honetaz». Gizon honek apal-apal aitortu du bekatari dela. Ezin goratu du bere burua bere bizitzagatik. Jainkoaren errukiari gomendatzen dio bere burua. Ez da inorekin konparatu. Ez du inor juzgatu. Egiaz bizi da bere eta Jainkoaren begi bistan.

Kritika sarkorra da parabola; argitan jartzen du engainuzko jarrera erlijioso bat, Jainkoaren aurrean geure errugabetasunaz seguru bizitzen uzten digun bat, ustezko geure gailentasun moraletik kondenatzen dugularik guk geuk bezala pentsatzen edo jarduten ez duen beste edonor.

Ebanjeliotik urrun diren gorabehera historiko eta joera triunfalistek tentazio horretarako joera ezarri dute, modu berezian, katolikoengan. Horregatik, jarrera autokritikoaz irakurri behar dugu parabola: Zergatik uste dugu agnostikoak baino hobeak garela? Zergatik sentitzen gara Jainkoagandik hurbilago bizi garela ez-betetzaileak baino? Zer dago bekatarien konbertsiorako egiten diren zenbait otoitzen hondoan? Zer esan nahi du gainerakoen bekatuak ordaintzeak, geu Jainkoagana konbertituz bizi ez bagara?

Duela gutxi, kazetari baten galderari erantzunez, Frantzisko aita santuak esan zuen: «Nor naiz ni gay bat juzgatzeko?» Ia jende guztia harriarazi dute haren hitz horiek. Itxuraz, inork ez zuen espero Aita Santu katoliko batengandik halako erantzun xume eta ebanjeliko bat. Halaz guztiz, horixe da benetan Jainkoaren aurrean bizi den baten jarrera.

¿Quién soy yo para juzgar?

La parábola del fariseo y el publicano suele despertar en no pocos cristianos un rechazo grande hacia el fariseo que se presenta ante Dios arrogante y seguro de sí mismo, y una simpatía espontánea hacia el publicano que reconoce humildemente su pecado. Paradójicamente, el relato puede despertar en nosotros este sentimiento: “Te doy gracias, Dios mío, porque no soy como este fariseo”.

Para escuchar correctamente el mensaje de la parábola, hemos de tener en cuenta que Jesús no la cuenta para criticar a los sectores fariseos, sino para sacudir la conciencia de “algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás”. Entre estos nos encontramos, ciertamente, no pocos católicos de nuestros días.

La oración del fariseo nos revela su actitud interior: “¡Oh Dios! Te doy gracias porque no soy como los demás”. ¿Que clase de oración es esta de creerse mejor que los demás? Hasta un fariseo, fiel cumplidor de la Ley, puede vivir en una actitud pervertida. Este hombre se siente justo ante Dios y, precisamente por eso, se convierte en juez que desprecia y condena a los que no son como él.

El publicano, por el contrario, solo acierta a decir: “¡Oh Dios! Ten compasión de este pecador”. Este hombre reconoce humildemente su pecado. No se puede gloriar de su vida. Se encomienda a la compasión de Dios. No se compara con nadie. No juzga a los demás. Vive en verdad ante sí mismo y ante Dios.

La parábola es una penetrante crítica que desenmascara una actitud religiosa engañosa, que nos permite vivir ante Dios seguros de nuestra inocencia, mientras condenamos desde nuestra supuesta superioridad moral a todo el que no piensa o actúa como nosotros.

Circunstancias históricas y corrientes triunfalistas alejadas del evangelio nos han hecho a los católicos especialmente proclives a esa tentación. Por eso, hemos de leer la parábola cada uno en actitud autocrítica: ¿Por qué nos creemos mejores que los agnósticos? ¿Por qué nos sentimos más cerca de Dios que los no practicantes? ¿Qué hay en el fondo de ciertas oraciones por la conversión de los pecadores? ¿Qué es reparar los pecados de los demás sin vivir convirtiéndonos a Dios?

Recientemente, ante la pregunta de un periodista, el Papa Francisco hizo esta afirmación: “¿Quién soy yo para juzgar a un gay?”. Sus palabras han sorprendido a casi todos. Al parecer, nadie se esperaba una respuesta tan sencilla y evangélica de un Papa católico. Sin embargo, esa es la actitud de quien vive en verdad ante Dios

José Antonio Pagola